Editado por Eduardo de Lácara
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viento de poniente

..................................................por Jorge D. Casamayor, escritor


Alarma social

El sector inmobiliario es, desde hace varios años, motivo recurrente en las cabeceras de los periódicos. Antes, hablando de las espectaculares subidas de precios, ahora, de sus bajadas.

El mensajero hace tiempo que se tornó en provocador de acontecimientos más que en relator de los hechos, pues el público ha resultado especialmente dócil a sus llamadas a rebato.

Resulta que hasta hace unos meses la consigna era “compre ahora un piso, porque van a subir mucho más”, con lo cual se propició la anunciada escalada de precios. Obviamente lo sensato hubiera sido esperar a que el torbellino amainase, pero nadie quiso ser el último y corrió veloz a comprar; como todos.

Ahora, después de un batacazo sin precedentes en el sector, ha venido eso de que “no compre ahora, porque van a bajar más”, siendo que ya se han producido ajustes brutales que dejan los precios al nivel de hace un lustro. Porque es ahora cuando realmente es el momento propicio para comprar. 

El consumidor que haga caso de estos iluminados, puede estar seguro de que siempre llegará a destiempo, lo cual, sin embargo, no es óbice para que no aprenda de la experiencia y evite volver a caer en los mismos errores.

Durante los últimos meses, la solicitud de licencias de nueva construcción ha tenido una caída que augura un número exiguo de nuevas viviendas en condiciones de salir al mercado. La bolsa de viviendas en venta es inmensa pero, por eso mismo, es el momento de comprar.

Los compradores se retrajeron de golpe y sostenidamente durante meses, lo cual indica que, a estas alturas, también hay ya una bolsa de demanda potencial expectante.

Cualquier detalle puede dar el pistoletazo de salida hacia la normalización del sector: una bajada significativa del euro, la constatación -como está ocurriendo estos días- de que Estados Unidos ya ha superado su crisis inmobiliaria (la que, por cierto, desencadenó su extensión por medio mundo) etc.

El FMI publica ahora un informe desfasado; ese ajuste del quince al veinte por ciento que vaticina para España, ya se ha dado. Pero es portada, con lo cual retrasará la marcha normal de los acontecimientos.

La oportunidad de hacer una buena compra, la tienen ahora los que decidan lanzarse ya a ella. Los que esperen a que se lo anuncien las portadas de los periódicos, se encontrarán con los precios en ascenso. Como siempre.



Las aguas, en su cauce

Esta segunda quincena de marzo ha sido especialmente tranquila en cuanto a noticias políticas se refiere. Es algo que se agradece, pero que no es nada extraño. Y no solo porque las vacaciones hayan desplazado para otras fechas los acontecimientos, sino porque el periodo post-electoral trae esta sensación de resaca y hastío hacia lo que ha sido absorbente y apasionante hasta, tan solo, unas semanas antes.

Es el momento adecuado para que las aguas vuelvan a su cauce. Ya no hay lugar para crispaciones ni acusaciones; ya pasó el momento de los reproches. Los pecados de la legislatura pasada han sido valorados por los ciudadanos y ellos ya han dictado su veredicto. Las elecciones traen la absolución al vencedor tal como si de un paso por el confesionario se tratara.

España va a llegar al 2011, después de treinta y cuatro años de democracia, con 12 años de gobiernos de centro-derecha y 22 años de gobierno socialista (la UCD de Suárez es más precedente ideológico del P.P. de ahora que aquella Alianza Popular). Un desequilibrio en tiempos desproporcionado que daña al equilibrio, al progreso, e incluso a la estética.

Pero no nos engañemos; España es mayoritariamente de izquierdas, como demuestran esos doce millones de votantes socialistas o comunistas contra esos diez millones de populares, por mucho que la relación de fuerzas no se corresponda con la relación de años en el poder. 

Uno hubiera querido dedicarse los próximos cuatro años a criticar las cosas que el P.P. hiciera mal desde el Gobierno, pero no será así. Tendremos que seguir zarandeando epistolarmente a Zapatero y a sus huestes. Mejor para ellos, señal de que están donde quieren estar.

Cabría la posibilidad de mudar la crítica hacia lo que han hecho mal los perdedores. Tarea fácil porque ha sido mucho: desde su pésima planificación mediática, con excepción de Madrid o Valencia o su resistencia a la renovación de iconos fracasados, hasta su demencial singladura en Cataluña. ¡Ay, Vidal-Cuadras! ¡Cuánto te echamos de menos!

Pero es una posibilidad que no contemplaré. Al fin y al cabo sus errores solo les afectan a ellos, mientras que los del Gobierno nos afectan a todos.



17 de marzo de 1808: El Motín de Aranjuez

De los preámbulos de la Guerra de la Independencia, ninguno tan próximo a ella ni tan determinante como el conocido “Motín de Aranjuez”, primer golpe de estado de nuestra historia.

Aunque la tradición lo presenta como un levantamiento popular espontáneo, la historia describe las manipulación, los dineros repartidos y la participación del partido fernandino para hacer caer a Godoy y abdicar a Carlos IV a favor de su hijo Fernando VII.

Procedimiento que, si bien entonces resultó innovador, a tenor de los resultados se instauró definitivamente en nuestro solar.

El patrón del alzamiento cívico instigado por quienes resultarán finalmente favorecidos por ello, se repetirá a lo largo de los doscientos años siguientes con machacona insistencia, presentándose siempre como algo legítimo por el hecho de partir del pueblo.

Argumento falaz si se efectúa saltándose la legalidad, y además con el agravante de que los resultados de semejante acción popular indefectiblemente han llevado al fracaso.

Desgraciadamente, el hecho de que algo sea deseado por una mayoría de ciudadanos no concluye indefectiblemente con que sea algo bueno. Al menos, no lo ha sido habitualmente en estos pagos. Debería existir una correlación entre el número de quienes desean algo y la bondad intrínseca de ese algo, pero no la hay. El bien, como la verdad, son independientes del número de quienes crean en ellos.

Aquel alzamiento popular -el primero que llevó un rey al trono- llevó al trono al peor rey que España ha tenido en quince siglos.  Desde el tiempo de los visigodos ningún monarca creó tanto odio y división entre sus súbditos, ninguno cambió de bandería en tantas ocasiones mandando al cadalso hoy a los amigos de ayer, ninguno se humilló ni fue tan servil con el invasor como él, nadie dejó a su muerte una herencia de guerras civiles a lo largo de medio siglo, nadie hizo méritos como él para pasar a la posteridad con el sobrenombre de el rey felón.

Ese fue el resultado de la voluntad popular. Ese fue “El deseado”

En estos tiempos en que se nos llena la boca con expresiones como “voluntad popular”, “el pueblo ha hablado” “el pueblo lo ha querido así” y tantos etcéteras, bueno es recordar estas cosas, no sea que acabamos confundiendo lo que quiere la mayoría con lo que conviene a la mayoría.

Aunque sea solo a nivel intelectual. Aunque sea solo para mantener un respetuoso escepticismo.


Así vota España

Está claro que quien sale elegido en una votación popular se merece todo el respeto de quienes ni le han votado, ni siquiera entienden por qué ha sido votado.

Por mucho que su ejecutoria se te antoje nefasta, por muchos deméritos valores que le lastran. 

Por mucho que hayas estado en contra de su candidatura, por mucho que hayas dicho y hecho. Por evidentes que te parezcan sus perniciosos efectos.

Aunque nos parezca patético, aunque nos avergüence que nos represente.

El veredicto de las urnas pone a cada uno en su sitio. Después de él, ya no hay opción para pensar que si uno es discrepante, está en lo cierto él, y que los demás son los equivocados.

Craso error.

El esperpento para unos es innovación para otros. Nadie puede atribuirse el monopolio de la razón. Aunque no nos guste, aunque no lo comprendamos.

La victoria en el recuento de votos desautoriza a los críticos por pertinaces y obsesivos que hayamos acabado siendo.

Urge la cura de humildad.

Ni modo, que dicen en mi querido México.

España votó el sábado y Rodolfo Chiquilicuatre irá a Eurovisión.

¿Creían que hablaba de otra cosa? Malpensados...

Lo que oyen..., aunque quizá pocos de ustedes le conocieran, como me ocurrió a mí hasta este sábado.

Cuando mis hijos me lo contaron y me mostraron un vídeo ya no tuve duda sobre el resultado de la otra votación: la del domingo.

España vota así. Reconócetelo .-me dije.

Y me sentí un extraterrestre.

CHIKILICUATRE Y ZAPATERO ganadores en este fin de semana.



Unas elecciones decisivas

De nuevo los españoles nos disponemos a votar y, como en otras ocasiones recientes en nuestra historia, nos jugamos mucho en el resultado de las urnas.

En 1984 era necesario que la izquierda alcanzara el poder -después de 55 años de estar marginada- para consolidar una democracia que todavía se tambaleaba. En 1996 era necesaria la alternancia, porque el estado de corrupción alcanzado tras catorce años seguidos de gobierno socialista hacía imprescindible una regeneración de la vida pública.

En ambas ocasiones los resultados fueron satisfactorios: se propició el cambio vivificador porque entonces, como hoy, no estaba solo en juego la mayor o menor solvencia como gestores de dos líderes, sino la reorientación nacional ante flagrantes pérdidas del rumbo político.

Hoy estamos en una nueva encrucijada: cuatro años de presidencia de Zapatero han  servido para poner en peligro la propia esencia de la Nación Española, que empezó siendo “discutida y discutible” y pasó a legislarse –Estatuto de Cataluña- y a pactarse –negociación política con ETA- violentando su estructura y haciendo peligrar su integridad.

Si la punta del iceberg asoma en el hostigamiento a la Corona -que nos une-; en la persecución de la lengua común -que nos comunica-; y en el vergonzoso arrinconamiento a la bandera -que nos representa-; el sustrato ideológico de la disgregación está sembrado, y en él destacan las peligrosas cargas de profundidad lanzadas contra nuestro futuro materializadas en planes de estudios que tergiversan nuestra historia, se inmiscuyen en nuestra conciencia, ridiculizan la tradición  y que atentan contra la unidad.

Todo ello en unos momentos convulsos en el que, cual si en un nuevo siglo XIX se tratara, los sentimientos nacionalistas afloran en toda Europa exigiendo modificaciones de fronteras que corrijan agrupaciones artificiales surgidas tras la Segunda Guerra Mundial. Pero no es el romanticismo de entonces el que mueve a sus líderes, sino el revanchismo étnico.

Ahora más que nunca España necesita de un Gobierno que apueste por la vertebración del Estado. Los retos del siglo XXI no pueden afrontarse desde discusiones de vecindario, pugnas segregacionistas y patios privados para el medro personal de políticos de pacotilla. Necesitamos afrontar el futuro con la fuerza que da la unidad, esa que Zapatero ha roto comprando tiempo a cambio de concesiones suicidas.

Por eso son decisivas estas elecciones: porque nos jugamos en ellas más que en ninguna otra desde la Transición.  


El poder de los indecisos

Las encuestas siguen dando un poder a los indecisos capaz de decidir el resultado. A escasos días de las elecciones, su número es todavía suficientemente abultado como para provocar cualquier vuelco.

Sin embargo, nada parece augurar que pueda producirse ningún cambio sustancial en la intención de voto. Dudo de que los indecisos, hoy por hoy, tengan ningún poder.

Después de cuatro años todos hemos tenido tiempo y ocasión de tomar partido. No hay ya ases en la manga para asestar el golpe definitivo ni fuegos de artificio con los que distraer al personal. Todos tenemos muy claro cuáles es la disyuntiva.

Resulta que a pesar de la precampaña, la campaña y los debates, lo que se nos ofrece ya ha estado en el escaparate durante toda la legislatura, por lo que ya no hay nada nuevo que ofrecer a adictos y a adversarios.

Durante el segundo debate, Zapatero ha puesto en la balanza el número de víctimas del terrorismo “¿... prefiere una política antiterrorista con 4 víctimas mortales, como ésta, o con 238, como la anterior...?” preguntaba. Y sin embargo ¡estaba acusando a Rajoy de hacer política a costa del terrorismo!

¿Cabe mayor bajeza moral? .- Te preguntas. 

Pero seguro que a muchos de sus seguidores les habrá parecido un razonamiento lúcido.

Se han enzarzado en una discusión sobre si la en primera pregunta de Rajoy desde la Oposición se habló ya de Economía, y Zapatero insistió en negarlo. Inmediatamente la ofreció El Mundo en Internet: ” ... en temas como el IVA, la financiación autonómica ... la privatización de Televisión, los 100 euros, el mando único, el cálculo de las pensiones,...”

¡Economía! Salta uno; pero ni con el texto en la mano convences a tu vecino de que el que miente es el Presidente.

En fin ¡son tantos los ejemplos de cómo lo mismo es visto de forma diferente por dos sujetos similares!

Dicen que los indecisos tienen la palabra, pero yo lo dudo.

Si a estas alturas, con todo lo que ha corrido durante estos cuarenta y ocho meses por esta pobre piel de toro, uno aún es indeciso, lo más previsible es que el día nueve se quede mudo.



La resaca del debate

En el día de después, los comentarios -como siempre- son para todos los gustos, y uno se sorprende de que lo que considera evidente, lo palpable, lo demostrado, resulte irreal para el vecino; y que su percepción sea diametralmente opuesta a la nuestra.

Para mí fue un debate intenso, apasionado y de gran nivel; del que resultó apabullante vencedor en la primera parte Rajoy y que le faltó en la segunda rematar la faena al colocarnos como colofón una edulcorada fantasía carente de rigor, de vigor y de emoción, como quizá pretendía.

Lástima. Una victoria a los puntos que pudo ser un K.O.

Pero de ahí a atribuírsela a Zapatero como hacen algunos medios -afines al Gobierno- y bastantes encuestas, hay un mundo. Un mundo que no alcanzo a comprender.

Ocurre que en esta legislatura se ha conseguido dejar solo al P.P. Hoy he oído a una conocida, votante socialista de toda la vida, que le había defraudado Zapatero, así que votaría IU. He oído a una joven -recién arrojada al paro- irritada por el desprecio de Zapatero a su deterioro económico al afirmar lo bien que iba la economía, que votaría a IU. He oído a un amigo que, al menos en tiempos tuvo carné del PSOE, decir que le había avergonzado Zapatero cuando volvió a Irak, al 11-M, y a Alianza Popular..., votará a IU.  Y así un puñado más de ejemplos.

Tal parece que el vencedor del debate haya sido Llamazares, pues al no haber tenido oportunidad de caer en el ridículo con sus argumentos trasnochados, va a recoger los frutos caídos de la izquierda. Porque eso sí, para todos ellos, cualquier cosa vale antes de votar a la derecha.

Pues sí, el P.P. va a estar solo como lo está desde hace cinco años. Un trago duro para alcanzar el poder, pero quizá una oportunidad.

Recuerdo en estos días el fiasco de la operación “Frente Popular” de Almunia. Aquella asociación electoral PSOE- IU fue un auténtico fracaso. El centro, en cualquier país moderno, es el espectro que acoge a un mayor contingente de ciudadanos. Y España no es una excepción.

Esta operación de todos “contra el P.P.” ha sido muy práctica hasta hoy pero, ¿lo será el 9 de marzo? Quiero creer que no. En pura lógica debería pasar factura.

Por ejemplo, posiblemente los andaluces vuelvan a votar a Chaves en las andaluzas  -ya se sabe, más vale malo conocido...- pero, ¿no les rechinará la conciencia al votar en la generales al socio de Ezquerra Republicana de Catalunya?

El próximo lunes tendremos nuevo debate. Supongo que ahí sí que oiremos hablar de programas. Y supongo también una vez finalizado todos daremos como vencedor a quien ya teníamos predeterminado.

Pero por curioso que resulte, el resultado del desencanto por Zapatero no se trasladará a Rajoy. Se perderá en la abstención o en el apoyo a partidos marginales.
Después de estos cuatro años de confrontación Iglesia-Estado, de acusar de mentir desde la mentira, de “cordón sanitario” que aísle a la derecha, de desmemoria histórica, los españoles ya hemos entrado en la etapa del voto visceral. Poco ha poco nos han hecho perder la ecuanimidad.

Yo, al menos, ya empiezo a dudar de que la tengamos.



El iluminado

El PSOE ha decidido centrar su campaña electoral en la figura de su líder Rodríguez Zapatero.

Es lo lógico, ya que no hay programa que defender, pues está claro que todas sus propuestas están centradas en dar cheques-regalo a colectivos que puedan justificar el titular del día siguiente. Aunque eso sí, con la suficiente ambigüedad, cambios de criterio, desmentidos y matizaciones para que a las pocas jornadas, la dádiva quede mutilada.

Tampoco hay ideario político. El Socialismo que hemos conocido después de la Transición, defensor de la unidad de todos los españoles, orgulloso de nuestra historia, intransigente ante la barbarie terrorista, ha sido arrinconado para sustituirlo con uno cómplice de extremismos secesionistas. Su asociación con Esquerra Republicana de Catalunya es, quizá, el ejemplo más elocuente.

Naturalmente que en esas condiciones no pude salir a la palestra y decir al electorado: ¡votadnos para cumplir el programa de ERC!

Así que simplemente piden el voto para ZP. El líder iluminado que llevará al país a las cimas más altas de bienestar. El líder mejor valorado en las encuestas del CIS; el único que aprueba alcanzando un 5,36 mientras que Rajoy sólo llega al 3,95. Un valor seguro.

Pero ocurre que resulta poco creíble que nos lleve a ese bienestar cuando estamos perdiendo cada día parte del que teníamos cuando él llegó a donde está. Ocurre que durante los cuatro años que ha estado en el poder ha llevado adelante la política más errática de la Democracia, cambiando radicalmente de criterio en asuntos fundamentales en función de personalísimas percepciones; incumpliendo una y otra vez compromisos adquiridos a diestra y siniestra.
 
Ha conseguido grandes resultados: ser marginado por los grandes en Política Exterior, la mayor subida del paro en treinta años en Política Económica, la mayor desconexión y pérdida de solidaridad en Política Territorial desde la institución de las Autonomías, alcanzar el mayor fracaso escolar de Europa en Política Educativa, reabrir las heridas de una guerra fraticida, enemistarse con la jerarquía de la confesión religiosa mayoritaria, el mayor grado de dependencia del Judicial al Ejecutivo desde la Dictadura... ¿Seguimos?  

Resulta esperpéntico que el mayor valor que pueda esgrimir una formación política sea el hombre que ha dilapidado el prestigio de su Partido y de su País.

Pero esperpéntico o no, todo demuestra que los españoles le siguen valorando mayoritariamente como el líder que prefieren.

Dice la vieja sentencia: “los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”. ¿Será?



Caída libre

Que la economía española está en caída libre solo lo niega el Gobierno.

Sabe de su culpabilidad al provocarla y de su incompetencia para frenarla, por eso, cual delincuente atrapado con “las manos en la masa”, niega lo evidente. Y vista su trayectoria durante la legislatura, muchos lo atribuyen a la ceguera, al cinismo o a su congénita afición a la mentira.

Pero por esta vez no estoy entre ellos: es simple cuestión de responsabilidad mal entendida, porque su irresponsabilidad le lleva a omitir lo más importante: elaborar un puñado de medidas para afrontarla.

Sabe que la mejor forma de salir de una crisis es recuperar la confianza de los consumidores. Por un lado se critica a la sociedad de consumo, pero por otro, en cuanto en consumo cae, todos a palmar.

En economía nos movemos por expectativas más que por realidades. El insistente anuncio de una crisis acaba por provocarla. La percepción colectiva de que se está superando, logra erradicarla.

El ejemplo más reciente lo hemos visto al contemplar cómo consiguió arruinar al sector inmobiliario -y minorando el patrimonio de cada propietario individual- gracias a toda la parafernalia montada desde el Ministerio de la Vivienda. Es una de las grandes obras de este Gobierno. Claro que no reparó en el paro que se iba a provocar, primero directamente a los implicados en ese sector, y luego, en efecto cascada, sobre toda la economía nacional.

Pero es que la confianza hay que ganársela con hechos, no con dichos.

¿Dónde está plan de choque -inminente para ser eficaz- en inversión pública? ¿Dónde unos incentivos fiscales agresivos para la inversión privada?

Sin hablar de atacar los problemas endémicos en la comercialización de los componentes de la “cesta de la compra” cuyas subidas de precios han multiplicado en tres o cuatro veces el de la inflación, y que son los que más directamente afectan a los ciudadanos.

Repartir cheques-regalo (por nacimiento, por alquiler a jóvenes, los cuatrocientos euros aún no sabemos a quién...) no es hacer política, es hacer de Papá Noel. Jocoso pero puntual: hay que ir a las raíces de los problemas, no basar su cura en dar un superficial ungüento a algún que otro damnificado.

Ahora pasan factura errores pasados, desde la alocada política inmigratoria denunciada hasta la saciedad por la oposición en los dos primeros años de legislatura, hasta las veleidades con el gasto público, olvidando la apuesta por la productividad en beneficio prebendas hacia los partidos minoritarios que apoyaban con sus votos éste o aquél sinsentido.

En un mes tendremos que decidir quien nos da más confianza para superar la crisis. Hasta ahora las encuestas sólo nos han dicho quién resulta más simpático.
 
   


El minuto

Bueno, pues ya ha llegado “el minuto” oportuno del que nos hablaba la Vicepresidenta para que el Gobierno inste la ilegalización de ANV y de PCTV.

Tenía que ser a cuarenta días de los comicios, pues hasta ese paso debería revestir carácter electoralista. No importa que desde el 2006 la policía hubiera puesto en las manos del Ejecutivo las pruebas que motivaban su exclusión: entonces lo pedía el P.P. y no se le podía dar la razón, entonces aún se confiaba en la paz...,entonces..., eran otros tiempos.

Ahora toca retirar las pruebas del delito, intoxicar a la opinión pública con las versiones menos vergonzantes de sus andanzas y confiar en el voto visceral de los adictos y en la amnesia colectiva de los indecisos.

Es lamentable que hasta cuando adoptan una medida en la dirección correcta, lo sea motivada exclusivamente por miedo a perder el poder.

Porque lejos de hacer política de Estado, todo lo que ha ejecutado estos cuatro años Zapatero ha sido estrategia electoralista.

El eje central ha sido vender a la ciudadanía que el partido de la oposición era un auténtico apestado. Para ello, se ha aliado con los extremismos y con los separatismos, concediéndoles todo aquello que pudiera herir la sensibilidad de quienes se sintieran patriotas, o cristianos. De ese modo, cualquier censura a su política, tenía una fácil -y falaz- contrarréplica acusando a sus detractores de proceder de los residuos de aquel lejano nacional-catolicismo.

Hemos llegado a una situación surrealista. Resulta que a estas alturas hemos tenido que defender frente a nuestro propio Gobierno nuestra bandera, la unidad de la patria, nuestra lengua, nuestra libertad de conciencia...

Así de simple. Nos han vendido la lucha de siempre: el progreso contra el pasado; la racionalidad contra los prejuicios.

Y así de falso, porque nunca se legisló más irracionalmente hacia la regresión como en este cuatrienio.

No sé si el haber estado estos cuarenta y ocho meses preparando su permanencia en la Moncloa le dará resultado. Lo que sí es evidente es que hoy los españoles tenemos más problemas y más graves que cuando él llegó al poder.

Y eso solo quiere decir que ha sido un pésimo gestor, un mal gobernante y un desestabilizador de nuestra convivencia.

Aunque ande aprovechando minutos de oro como el de hoy para corregir errores.


Jorge D. Casamayor, escritor
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