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Ocurre sencillamente que, quienes se dedicaron durante parte de la década de los noventa y lo que va de esta a desprestigiar por medio de la rebaja de contenidos y la instauración de una escuela ludico-festiva en la enseñanza pública piden ahora dignidad para la misma. Si, esa misma que ellos mismitos se encargaron de llenar de borricos ágrafos y sin valores mientras se vanagloriaban en público y en privado de rellenar papeles con una extraña y hortera jerga para travestirse de ilustrados creyendo que dicho aborto literario sustituía al trabajo y al esfuerzo diario del alumno, al que armaron con un extraño derecho de pernada consistente en un cóctel en el que se mezclaban, bien agitaditos la irresponsabilidad ante los actos, la falta de respeto al profesor y los imprescindibles cuatro suspensos y tira palante, eso si, con buen rollo. Supieron de su error al apoyar la LOGSE gracias al treinta por ciento del alumnado que tira su vida al garete al no poder tan siquiera los estudios mínimos. Serán mano de obra barata y carne de subvención pues tampoco serán buenos trabajadores habiéndose formado (?) en las aulas constructivistas logsianas que despreciaron desde el primer momento el esfuerzo y el mérito, al que eliminaron creyendo que de esa manera eliminaban la diferencia, que ya es bien sabido que todos somos iguales ¿no?. Clientela para ellos que supuestamente viven de “los obreros”. Un Chollo. Por eso, y a pesar de reconocer que la LOGSE fue un fracaso, han cambiado de ropa al cadáver y nos lo han traído otra vez rebautizándolo con el nombre de LOE, que es más de lo mismo con la salvedad de que, entre otras cosas, se suprimen los exámenes de Septiembre dejando muy clarito y visible entre la selva de la jerga psicopedagógica que impregna la nueva Ley que van a incidir en el esfuerzo. Menos esfuerzo para trabajar el esfuerzo. Así funcionan. Orwelliano ¿verdad? Lanzaron la piedra para hacer daño a un sistema público que funcionaba relativamente bien (nada del otro mundo pero digno) y han tropezado con el escudo de unos padres que eligen para sus hijos centros donde se practique cierta jerarquía intelectual y amor por la cultura, cosas que, al parecer se dan hoy por supuestas en centros privados y concertados. El hundimiento de la escuela pública, a ellos debida, propicia la demanda de centros privados y concertados. Tan mal les está comenzando a salir que la piedra que lanzaron viene rebotada hacia ellos con fuerza por un escudo llamado libertad de elección de centro, que pertenece a los padres y contra lo que, por supuesto, están dispuestos a atentar seduciendo mediante halagos y prebendas a un sector del profesorado que tiene tanta responsabilidad como ellos. Responsabilidad adquirida bien por omisión de socorro a la cultura y al trabajo bien hecho, o bien por colaboración no sólo necesaria, sino imprescindible en concretar la grotesca obra logsiana de escuela y pensamiento único. No estoy ya a estas alturas del artículo en meterme en su penúltima obra, una asignatura sólo apta para quien de verdad no entiende lo que es la libertad ni educar en base a ella. Una deformidad pseudofilosófica que plantea no sólo que el alumnado reciba la visión del mundo del partido en el poder y contra toda ética universal, sino que además se encarga de amordazar al discrepante mediante suspenso. Y con esto último llegamos al punto donde vuelve la exigencia, pero que el espejismo no les confunda. Seguirán ahí con la misma matraca del dinero, donde el engañado cree que está la clave del buen funcionamiento del sistema. ¿No se dieron cuenta de que el esfuerzo es gratis?
Resulta que ahora vemos como una epidemia de centrismo, que ya me dirán ustedes qué es, invade el espacio político pepero. El supuesto centrismo se autodefine como moderado, dialogante y no se cuantas cosas más, salvo, eso sí, si hay alguien dentro del partido con suficientes redaños como para adoptar una politica coherente y clara de oposición. Entonces el centrismo ya no dialoga ni se modera y se origina un terremoto politico mientras en la acera del frente se apresuran a comprar palomitas. Después de lo que ha llovido en los últimos cuatro años, de lo que hemos visto, de los ríos desbordados de tinta que corrieron sin posibilidad de trasvase alguno y de hallarnos ante una crisis económica ante la que el mismísimo Alan Greespan se escandaliza mientras aquí oponemos a chikilicuatre, resulta que todo sigue igual. Es hora de preguntarse si Mariano Rajoy, con esta actitud, hubiera sido capaz de ganar las elecciones del 96, las de los cinco millones de parados, que se adjudicó Aznar justito. Aznar tuvo la suerte de que calara en la gente aquella frase lapidaria del “váyase”. Que se le va a hacer, nuestro país es así. Aquello, y el demérito del contrario fueron entonces suficientes. Poco más hubo. Sin embargo, los últimos cuatro años no han sido mejores que aquella etapa, pues si bien la economía se recupera si se deja en buenas manos, el daño moral y el aborregamiento de las masas (por todos los canales posibles, educación incluida) tarda mucho más en irse por empaparlo todo. ¿Y cual es el análisis del centrismo? Sencillo. Como no hemos podido dar la vuelta al resultado por no apretar el acelerador a fondo, ahora lo suyo es levantar el pie y disfrazarnos de abuelita. El centrismo es sumisión a las ideas preconcebidas del rival y acatamiento de los clichés sociatas sin entrar al fondo del asunto. Con el centrismo, se da la impresión de que cierta parte del PP cree que debe pedir perdón por algo, y pedírselo nada menos que a los que han chalaneado con la ETA, iniciado una desigualdad real entre españoles en función de donde vivan y desprestigiado a nuestro país ante la comunidad internacional hasta límites vergonzantes, por poner tres ejemplos en los últimos cuatro años. Y piensan los centristas que acariciando al tigre no se nos va a mostrar agresivo, que es lo grave. ¿Cuál es la alternativa? No pondré nombres. La alternativa es defender ideas, que es el suelo fértil de las grandes victorias, las que duran. Esto no se arregla cambiando caras y asfaltando la carretera que traza el adversario. Y mientras eso siga así el PP estará condenado a ser el bombero circunstancial de los incendios sociatas hasta que no nos quede monte. En resumen, ¿qué importa más? ¿hacer política y ser fiel a uno mismo y a sus votantes o vivir cómoda y sumisamente de ella?
¿Qué hizo mal el PP para caer derrotado? Sinceramente creo que el PP no jugó sus bazas desde el principio y la sensación que de que existía un doble discurso dentro del partido llegó en exceso a la gente. Teniendo en cuenta la marea mediática que acompaña el PSOE, plena de buenismo, dogma fácil, humor barato y verborrea digerible para el electorado LOGSE, que en éstas elecciones sobrepasaba el millón y medio de nuevos votantes, lo cierto es que Zapatero se puede permitir cometer muchos más errores que Rajoy, al que se los amplificarán siempre de manera inversamente proporcional a la gravedad del mismo. Frente al problema palpable de que el PSOE cuenta con lo manipulado y manipulable (la educación, donde el PP no metió la patita hasta que fue demasiado tarde) a la vez que con el aparato manipulador (sus medios afines) y creador de una atmósfera orwelliana a la par que anestésica en la sociedad, especialmente entra los más jóvenes, el partido de Rajoy deberá empezar de nuevo por la base. No es posible oponerse a una mayor autonomía de las regiones españolas y a abrir un debate sobre el modelo territorial de España y al mismo tiempo entrar en el juego en Valencia y Andalucia, sin entrar en la constitucionalidad de los Estatutos aprobados ni en el posible parecido del Estatuto andaluz con el catalán. Tampoco casa bien el discurso de la responsabilidad individual con adoptar las formas y el discurso socialista en ciertos aspectos del proteccionismo estatal sobre el colectivo. El PP necesita elaborar su discurso de nuevo, que no puede ser otro que el que corresponde a la ideología de un partido liberal conservador y defenderlo en toda circunstancia por difícil que esta sea. El oportunismo sólo puede tener malas consecuencias en las filas populares pues se percibe como indefinición y cinismo. Y el mensaje llega, vaya que si. Rajoy tiene a un partido fuerte detrás, más fuerte que hace un mes y no se podrá decir que en esta legislatura estará solo en los grandes temas de Estado. Rosa Díez y su escaño están dispuestos a dar batalla a pesar de algún Savater que otro. Pero si el PP comete el error de caer en esa leyenda urbana del voto moderado adoptando el discurso fofo y hasta ñoño del buenismo y fotocopiando el discurso del adversario, no podrá hacer otra cosa que perder de nuevo frente al original, que encima socialmente sale más barato. Rajoy estaba acertado cuando hablaba de certidumbre. Que esa certidumbre llegue señores, porque cuando España entre en la, probablemente, mayor crisis económica e identitaria que haya conocido en décadas (que lo hará), se necesitará a alguien que la ofrezca. Y eso sólo se puede conseguir con coherencia y con un discurso duro, sobre todo contra los responsables que se empecinan en llevarnos al borde del precipicio. Si la batalla ideológica entre el liberalismo y los ingenieros de almas se ha de dar es mejor que comience cuanto antes. Pero señores del PP, den la batalla, estén a la altura y sepan qué defender. A estas alturas y tras recibir un aperitivo de cuatro años de miseria moral y desprestigio social del discrepante, y con el agravante de verse respaldados en las urnas (como si al socialismo le hiciera falta una legitimación extra) ya debería estar claro contra quien nos la jugamos.
Cuatro años de nada, pues nada había, salvo insultos al PP, a determinados medios de comunicación y a las victimas del terrorismo, y cuatro años de inestimable ayuda a quienes también se dedicaban a insultar a los mismos, que era barato, desde sus lobbys vergonzosos y profundamente interesados. El de los titiriteros fue el ultimo en sumarse. Soy consciente de que ha de celebrarse un debate electoral para, dicen, que la gente perfile su voto. Ni que decir tiene que sólo con estar presente Zapatero I “el crispador” sale ganando. Se que hay que hacerlo, pero como nos podemos tomar en serio un debate entre una persona de sobresaliente, con las ideas claras, con los proyectos (buenos o malos) claros y con sensatez necesaria para ser un buen presidente y otra que no esconde nada pues no tiene nada que esconder. Eso es lo malo del PSOE, no hay nada, ni bueno ni malo (y me refiero al campo de las propuestas). Nada. Ni que decir tiene que tras sus últimas y amigables palabras en la cadena amiga con su compañero de secta, Zapatero se ha descubierto como un ser dañino, que cree poder manejar los sentimientos de las masas en base a dramatizar, o lo que es lo mismo, a hacer teatro. Gustave Le Bon ya advertía en (1894) en su libro “psicología de las masas” de la imposibilidad de igualar razón y sentimiento, pues la primera no tendría nada que hacer ante una persona que, refugiada en la masa viera aumentado su poder, suficiente entonces para combatir a la razón sin la necesidad de entrar en el debate. Superadas algunas de sus tesis (dicen), lo cierto es que uno de los pilares del partido socialista es la intimidación. Puede ser física e incluso violenta si llega al caso (14-M), o puede ser de tipo moral con un simple: ¿Cómo puedes decir eso? Que es como no aceptar la discrepancia y mostrar temor ante la persona que, saliéndose de la masa piensa por si misma. De no existir personas valientes que plantan cara estaríamos ya coqueteando con un totalitarismo primero moral (dictadura de lo políticamente correcto) y por tanto autolegitimado para emprender causas mayores. Hay quien desde el PP se ha empeñado en estos cuatro últimos años de entenderse con aquellos que, hiciera los guiños que hiciera, iban a mirarle con desprecio. Si, hablo de Gallardón. Me detengo en comentar un último capítulo sobre la manifestación de la federación de gays y lesbianas ante una sede del PP en el día de hoy. Lo sorprendente es que dicha organización, como se ve, muy poco proclive al PP, está subvencionada por Gallardón a través del Ayuntamiento de Madrid ¿con qué sentido? ¿con qué objetivo? ¿para qué lo necesitan? ¿Cuál es su “obra”? Ni que decir tiene que, pese a algún apoyo popular, tal tropa va a seguir insultando y descalificando al PP, pues no saben hacer otra cosa. Seguirán pensando en “sus” derechos de adopción y obviarán los del niño (lo importante) a contar con las figuras de padre y madre. Y parece ser que estar en desacuerdo con ellos se ha vuelto peligroso en los tiempos que corren. “Por evitar la guerra habéis aceptado el deshonor, y tendréis deshonor y guerra” decía Churchill al entonces primer ministro británico Chamberlain, quien había buscado una salida negociada con los nazis tratando así de apartar a su país de la II Guerra Mundial. Ya nos hemos asomado a ver lo que se cuece en el otro lado. Manipulación del sentimiento, arenga a las masas, confusión, falsedad y, llegado el caso, no olvidemos la siempre importante intimidación, que en algunos pudiera provocar mala conciencia al echar el voto del PP. No busquemos más, no hay nada más. Y ante eso sólo vale olvidarse de la razón por un momento y plantarse a decir que los liberales hemos vuelto y estamos dispuestos para la batalla, que no de las ideas pues en el otro lado no las hay, sino de la propaganda y el descrédito al contrario. Muy triste es que la política tenga que acabar así, sumida en la más profunda estupidez. Infinitamente más triste para Rajoy que para Zapatero, pero que le vamos a hacer. Y no podemos tener Fe en que Zapatero entre en lo puramente ideológico, pues en ese caso estaría perdido. Sentimiento frente a razón, es lo que parece haber. Y creo que todo el mundo sabe cual de las dos ha hecho posible progresar el hombre.
Ése ha sido el tono conciliador y positivista usado por Álvaro de Luna, conocido titiritero, para “defender la alegría”, como luego vienen a cantar el resto de esbirros zapateriles. Niños prodigio y estómagos bien alimentados del franquismo, hijos de aristócratas y hasta de toreros y, no olvidemos, alguna rosita blanca por ahí suelta, que ahora dicen representar a “la cultura” de la misma manera que el Frente Popular decía representar “al pueblo”, que, como es bien sabido, no incluía al discrepante ni a los curas, a los que asesinaban, bien a sangre fría, o bien en las checas con premeditación y sadismo espeluznantes. He ahí por tanto su fórmula totalitaria de origen: el grado de oposición a nosotros es directamente proporcional a lo facha que es el divergente. Y a todos nos gusta “la cultura” y somos del “pueblo” ¿verdad? Por supuesto la mayoría de ellos no vende ni el palo de una escoba. Por eso, verles ahí, apoyando la negociación con la ETA, el mamoneo con los nacionalismos a consta de las comunidades más pobres, los reconocimientos a chequistas y demás amigos de los “paseos” como García Atadell, que, siempre según ellos, lucharon contra el fascismo, por medio de una ley de desmemoria histórica produce bochorno, si no se interpreta como una operación destinada a conseguir (perdón, a no perder) el chollo que asegure una buena jubilación, que es para lo que están algunos. Interpretan pues la cultura como un mercado (ya lo decían los del cánon digital) cuando la cultura es, o debiera ser, la expresión más altruista de la condición humana. Se identifican así sin saberlo como asalariados de “Z”, el de las cejas. No les gusta la cultura, sino vivir a todo tren. No nos equivoquemos, de la canción dedicada por Victor Manuel al caudillo en 1966 “un gran hombre”, a la gracieta de las cejas de Z cambia el patrón del cortijo, nunca las bocas a alimentar a consta de quitárselo “al pueblo”, al que para eso representan y salvan de las garras de los agoreros. No podía faltar en los firmantes del mismo manifiesto de apoyo a Z el célebre doctor Montes, al que cualquier día el clan de la ceja dedica otro concierto a favor de la sedación letal y héroe nacional para la izquierda y por desgracia para algunos a los que han quitado ya el derecho a protestar de forma definitiva. Cualquier día de estos nos lo colocan de ministro de sanidad, que al fin y al cabo, el de justicia lo lleva Bermejo ¿no? No esperen más, el PSOE nunca tuvo más que esto: marketing, falsedad, confusión y, llegado el momento intimidación y acogotamiento, todo ello bien agitado en la coctelera de la hipocresía de un partido que siempre estuvo al servicio de los ricos, de los caciques y desaparecido durante el franquismo, cuando no inmerso en él algunos. En efecto, pocos socialistas hay que puedan presumir de algo loable contra Franco. ¿Y donde está Enrique Múgica en ese patético video? Es ésta la verdadera educación para la ciudadanía. Tratar de imbécil e inculto al que vote a la derecha por parte de quienes nada tienen que decir, que salen de un armario distinto al de Zerolo (bueno, algunos no) y con un olor a naftalina y totalitarismo rancio y fecal de izquierdas que tira de espaldas. Ése era el respeto y la tolerancia que ellos proclamaban y el que me empujan a tener hacia ellos ¿se me ha notado mucho?
Aborto para todos, eutanasia para todos (menos para De Juana Chaos), sedaciones para todos y anticlericalismo fanático a chorros, la única civilización con la que no se quieren aliar al parecer los valedores del derecho a lo torcido. Es la España de los rulos de colores y la bata estampada, la del cigarrillo mal apagado en el portal, la del “a ver si me dan una paguilla” (con los impuestos de los que trabajan), caciquil, zafia, vulgar, ignorante hasta las cachas y consumidora de dogmas precocinados desde la taberna sociata. Los mismos que creen que el doctor Montes es un héroe que hizo lo que debía son los mismos que jamás se pondrían en sus manos. Son los que “creen” en la LOGSE mientras mandan a sus hijos a colegios privados, los que dicen a una victima del terrorismo que traguen con una situación con la que ellos no podrían ni sabrían vivir, los solidarios del “¿y yo que?”, los que piensan que hay que “sedar” a la Iglesia mientras saludan genuflexos a la Junta Islámica que, por supuesto, les quiere. Son también los del “no soy violento pero a mi que no me toquen los cojones”, los del “¡yo soy el más humilde y nadie más humilde que yo!” y tantas y tantas miserias typical spanish reunidas en torno al buenismo hortera comandado por el vendedor de crecepelo de Mortadelo. Llevan un tiempo atosigando al discrepante con el fin de hacer válida la máxima del cordón sanitario subvencionado, que es la expresión titiritera del pacto del Tinell, para testar si la barahúnda intelectualmente zombi del “pásalo”, consumista hasta las cejas, es capaz de sacar las cacerolas (y el móvil ultimo modelo) de sus cocinas para ladrar “asesinos” a los únicos que se oponen al totalitarismo de estos ingenieros de almas.
Ya sabemos la desesperanza y el hastío que causa comentar las declaraciones sin cabeza y llenas de clichés de la camarilla progre, pero lo cierto es que así nos ahorran tener que entrar al análisis, si es que pudiera haberse salvado alguna declaración de la trituradora del absurdo, propia de la moral hueca que predican estos valedores de la trola. Después de años aún les quedan ganas de entrar en casas ajenas a intentar adecentar la situación para acomodarla a la deontología del rojeras guay, lo cual casa magníficamente con su totalitarismo legitimador de la buena gente, esto es, con su reparto periódico y discrecional de carnés de demócrata. En este caso, y para deleite de algún escritor costumbrista, han recurrido al clásico de arreglar la cochiquera pepera, que últimamente andaba algo mugrienta. Vuelven los buenos tiempos por tanto. No se les ha ocurrido otra cosa a los de “Pepiño productions” que montar alharacas de plaza de pueblo para lamentar que Alberto Ruiz Gallardón, a quien nunca acabaron de expedir el carné (a pesar de sus esfuerzos) por equivocarse de ventanilla, se ha quedado fuera de las listas del PP. “La derecha radical controla el PP” dicen ya desde el andurrial sociata, bien secundados, no vayan a dudar, por la prensa afín, que es mucha. Para mayor afrenta y escarnio, el PP ha ido a colocar en sus listas de número dos por Madrid a un ricachón que un día tuvo la descabellada idea de defender a sus accionistas ante una OPA hostil, nauseabundamente politizada, y que no ofrecía ni la tercera parte de lo que realmente valía cada acción, dividendos incluidos, en lugar de callar, coger el dinero y salir pitando. De manera que así nos han dejado claro qué es lo que molesta en el partido de “Z” el mentiroso: que alguien se les ponga delante. Eso no se puede tolerar. Pepiño mientras a lo suyo: “el tiburón del capitalismo sale de la madriguera”. Titula así el maestro de teología del Papa en su blog, (si, Pepiño escribe) a quien realmente le da igual lo que salga de la madriguera mientras huela a “eau de Chacón” y que se acaba de enterar que los doberman muerden si te enfrentas a ellos. Una pena que Blanco, “Z”, (el que mintió, no olvidemos), Rubalcaba, (el que no dice la verdad) y el séquito no puedan votar ya más a Gallardón ¿o no pensaban hacer eso?
Esto debiera ser algo que Pepiño Blanco debería defender al proclamarse al día siguiente no solo cristiano, sino cristiano “indignado” por las declaraciones de la jerarquía eclesiástica. Me encantó cuando dijo que “la obligación de quien habla en nombre de Cristo, y yo soy cristiano, es no contar mentiras porque eso es pecado”. ¿Cuántos pecados llevas tú encima Pepiño? Yo te doy una pista: he perdido la cuenta de los días que llevas sin pedir perdón a un poliomielítico que tuvo la idea de acudir a una manifestación de la AVT en Sevilla, a quien acusaste de hacerse pasar por victima. Mentiste luego pecaste Pepiño. Como pecados tuyos se me vienen bastantes más a la cabeza, muchos también relacionados con la AVT, pero no es de buen gusto alargar mucho éste artículo. Si ya nos referimos al partido de Pepiño, hablar de mentiras es como el pan nuestro de cada día en ese cristiano partido (y franciscano, no hay más que ver a la vicepresidenta) que por desgracia nos desgobierna. Sólo haría falta pensar en Rubalcaba (el del encuentro fortuito) para entender el verdadero significado de la palabra mentira. Sentimos decir que a Pepiño no le van bien las cosas como cristiano. No se entera de que hay un ministro de sanidad favorable a la eutanasia. No se entera del matrimonio gay ni de la adopción de niños por personas del mismo sexo, camuflado como derecho del colectivo gay a ser padres pasando por alto el derecho del niño a tener padre y madre. Tampoco le oímos quejarse con la introducción por decreto de la moral sociata camuflado del pomposo e hipócrita nombre de “educación para la ciudadanía”, negando el derecho a decidir de los padres. Esto no es todo, pero negar este tipo de derechos es negar derechos humanos. Incluso se han sentado a negociar con quien no respete el derecho humano más elemental: el del derecho a la vida. Los socialistas en su tiempo nos bombardearon con las bondades del aborto, del divorcio y de la eutanasia y nadie ha osado preguntar hasta ahora si somos más felices que antes excepto la Iglesia. En diversas exposiciones “artísticas” se ha humillado (previa subvención de ayuntamiento socialista) a los cristianos creyentes a través de biblias pornográficas y demás casposidades de mal gusto dignas de la España del chándal con tacones. Ni que decir tiene que las teles amigas de Z se burlan de los creyentes y de los símbolos con descaro y desvergüenza mientras la tribu les ríe la gracia. ¿Y ahora van a pedir ellos a la Iglesia que rectifique por celebrar un acto en defensa y apoyo de aquello en lo que creen? ¿y tu te defines cristiano Pepiño? ¿Qué tienes que ver tú con Ortega Lara? ¿por qué no alzabas la voz cuando todas estas cosas ocurrían? “Dan ganas de borrarse” dice el citado, como si ser cristiano fuera sacarse el carné de progre. Se nota que no han entendido nada. |
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