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tribuna libre
.............................................por Ángel Ruíz Cediel, escritor
Alcalá de Henares, terror laboral

Hay en Alcalá de Henares algunas multinacionales que están obteniendo enjundiosos beneficios a costa de la crisis.
Mala cosa es que padezcamos la crisis que padecemos, y peor todavía que por su causa haya millones de desempleados, no faltando familias que tienen a todos sus miembros en el paro; pero que haya empresas que se beneficien de ello y usen permanente la amenaza del despido para extorsionar a sus trabajadores –y tanto más cuando no ha habido una merma considerable de negocio-, es algo absolutamente intolerable pero que, desgraciadamente, está sucediendo ante los ojos de todo el que lo quiere ver. Y no se trata de empresas pequeñas con uno o dos trabajadores que tiene sobre sí la espada de Damocles del cierre –lo que tampoco justificaría el atropello laboral-, sino que estoy refiriéndome a potentes multinacionales de mucho márquetin y publicidad y sobradamente conocidas por todos, sin excepción.
Así la cosa, ello es que cuando se inició la crisis contaba en plantilla de una de estas truculentas multinacionales con casi cuatrocientos trabajadores, el volumen de negocio desde entonces no ha bajado de forma significativa, pero hoy apenas si quedan algo menos de cien trabajadores, los cuales han de hacer, por miedo al despido, jornadas mucho más extensas de las legales, doblar turnos, trabajar fines de semana, no descansar los días ni las horas prescritos por ley, no cobran las horas extras que hacen, se les han bajado los sueldos, y…, ¡chitón!, que si no hay despido. Mismo negocio, trabajadores sin derechos, menos sueldos, más horas laborales, silencio so pena de despido: negocio redondo.
Primeras vendedoras degradas de categoría porque se quedaron embarazadas o porque tuvieron la osadía de solicitar una reducción de jornada para atender a sus niños –con la consiguiente reducción de salario, por supuesto-, amedrentamientos de los jefes o directores del tipo “quien prefiera a la familia que al trabajo que lo diga, y será despedido ahora mismo”, o el tener la certeza, por lo sucedido con otros trabajadores, de que si se reclama lo que corresponde por derecho o se protesta cualquier orden de los jefes, por desquiciada o loca que sea, uno puede considerarse ipso facto formando fila en el INEM, son situaciones que estos trabajadores viven cada día pero que no pueden denunciar, por una parte porque los sindicatos ni están ni se los espera, y por otra, porque, en cualquier caso, se podrían considerar despedidos en el momento, y a ver cómo alimentan a su familia o hacen frente a los pagos que les permiten tener un techo para cobijarse. Terror laboral en estado puro, en fin.
La presión que soportan estos trabajadores no es fácilmente comprensible por quienes jamás han experimentado lo que es el miedo, ero es algo terrible que viven desde la mañana hasta la noche y día tras día, sin verle un horizonte final. Se saben abandonados a su suerte por los sindicatos, por los pomposos políticos que priman a estas empresas sobre cualquier derecho de los trabajadores –ambos dos partidos mayoritarios han realizado imponentes mítines en la ciudad, llenándoseles a los oradores la boca de grandilocuentes y falsas palabras de justicia social-, y por la misma ley, la cual no remedia su situación ni se digna a hacer una investigación a fondo con la discrección necesaria para quien se manifieste con franca verdad no sea castigado. Y no es algo que desconozca la autoridad competente, porque casi cien trabajadores activos, y casi trescientos despedidos en poco más de dos años, son demasiadas voces en una ciudad semejante como para que no haya llegado a los oídos de incluso los sordos. Pero como si nada; nadie ha movido ni un dedo, porque a nadie, a ninguna autoridad, le importa la realidad a pie de calle, los problemas de los ciudadanos, sino que sólo se interesan un poco ellos nada más para pedirles con mentiras el voto que a ellos les permitirá seguir viviendo como duques, aunque de espaldas a la realidad.
No son pocas las multinacionales que Alcalá de Henares y en toda España están sacando enjundiosos beneficios de la crisis mediante la explotación laboral más salvaje y el pánico más espantoso de los trabajadores, si bien cuentan con la inestimable ayuda de unas falsarias autoridades que interesadamente miran para otro lado. Sorprende mucho, especialmente por cuanto muchas de estas empresas han sido montadas con alfombra roja, siéndoles regalados los terrenos en que se ubican y habiendo obtenido exenciones fiscales insultantes durante años y años, entretanto los empresarios españoles han de bregar con lo peor y más dictadorzuelo de la contraparte. Pero si esto sorprende, y lo hace mucho, causa todavía más estupor que otros trabajadores –jefecillos de medio pelo o gerentuchos de mucha soberbia y poco sueldo-, se hayan convertido en implacables martillos de herejes para los trabajadores de menor rango, cual si ellos no lo fueran también o pertenecieran a la casta de los brahmanes. Y nada que ver. Llegada su hora, serán despedidos con la misma impiedad como los despojos que son, sólo que contando en sus casos con el cerrado aplauso de todos aquellos a los que pisotearon sin piedad durante su imperio del terror.
Algo urgente y expedito tendrían que hacer las autoridades para poner a estos truhanes en sus sitios, que es ni más menos que de patitas en el desempleo al que ellos han enviado a cientos, y a estas multinacionales en aquel país de la poderosa Europa de la que provienen o, mejor todavía, en las Chimbambas Orientales -siempre después de ejemplarizadoras sanciones-, a ver qué tal se les da. Bueno sería un castigo que siente precedente porque, lamentablemente, esto se está convirtiendo en el pan nuestro de cada día, y, de no frenarse ya y por la vía del modelo ejemplarizador, es probable que dentro de poco, en estas empresas sin escrúpulos se les dote a estos jefezuelos sin escrúpulos de látigos, a fin de que traten a esos aterrorizados trabajadores como los verdaderos que esclavos que son.
España, Alcalá de Henares: sol y asquito.
Diez razones, como poco, para no votar

¿Realmente importa quién nos gobierne?
Que estamos hartos, como sociedad, del PSOE, es algo tan obvio que ni siquiera voy a plantear sino como axioma, pues, pareciendo no haber tenido la ciudadanía bastante con la lamentable y ruinosa etapa de Felipe González, se les dio a los socialistas una segunda oportunidad con Zapatero y hemos tenido exactamente más de lo mismo, resultando un hartazgo generalizado en todo igual o peor a la etapa anterior, ya que incluso los propios socialistas abandonan en masa su propio partido. Sin embargo, la cuestión verdadera que debemos plantearnos, es la siguiente: ¿Puede hacerlo otro mejor?... Y el resultado de mi discernimiento es que no, basándome en las razones que apunto a continuación:
1. No disponemos de ningún dato objetivo que nos asegure fehacientemente que los candidatos a gobernar están en sus cabales o tienen la formación necesaria para hacerlo. La democracia real que tenemos, al fin, otorga poder absoluto a quien sea designado para el cargo político que sea, y, en consecuencia, tan legal será que perpetre despropósitos como que nos embarque en guerras o hunda la economía, y no se podrá hacer nada por evitarlo, como muy bien sabemos.
2. En la realidad actual, el ejerció de la política goza de total impunidad, no importa lo mal que se haga o los daños que perpetre a un segmento de los ciudadanos o a la totalidad de la nación. No existen responsabilidades administrativas o penales reales por ejercer inadecuada o perversamente un cargo político. Los elegidos, como muy bien sabemos ahora que el poder está cambiando de manos, no sólo se retiran a una jubilación dorada o a empleos de mucha retribución y pompa a cargo del contribuyente -que de ninguna manera merecen, sino todo lo contrario-, no importa si lo que hicieron, como en muchos casos resulta muy evidente, parece haber sido saquear el Estado para sí o para terceros.
3. No existe garantía de que los políticos no usen sus cargos para beneficio propio, de sus deudos o testaferros, o de su partido. Esto ni siquiera merece mayor explicación.
4. No podemos elegir a quien pensamos que puede ser un buen cargo público, sino que lo hacemos entre unas listas en las que, con seguridad, aunque nos gusten unos nos desagradan los demás, ya sea por demostrada incompetencia, por conocida inmoralidad o por enajenación delirante de la realidad.
5. No hay democracia interna en los partidos, de modo que en sus listas, ni siquiera en quien ostenta el cargo de Secretario General, es elegido el mejor, sino el más tiburón, aquél que sabe mover los hilos, conspirar y ejercer presiones sobre el conjunto del partido. Finalmente, todos los candidatos que figurarán en las listas electorales, son elegidos a dedo por quien ostenta el poder de la Secretaría General, aspirando a ser líder o cargo democrático quienes no lo son.
6. Ninguno de los candidatos es el mejor de los posibles, con seguridad absoluta, porque el entramado interno de los partidos se basa en el poder de las “familias” y no en la promoción de los mejores. Si quien ha de ocupar un cargo público de mucha relevancia es quien más y mejor sabe dar puñaladas a sus compañeros de partido, ¿qué podemos esperar de su gobierno?...
7. Es prácticamente imposible que entienda las necesidades de la ciudadanía quien no ha padecido los problemas y necesidades de la ciudadanía, ni solucionar los problemas del Estado quien no está cualificado para ello o su estabilidad psicológica está seriamente dañada. La actual clase política, además de estar conformada por señoritos que jamás han padecido ni penado, no saben en su mayoría qué es pasar necesidad, sobrevivir con un salario vergonzante como los que tenemos, estar sometido al arbitrio o capricho de empresarios, autoridades holgazanas o tener que reverenciar sinvergüenzas oficiales de toda clase.
8. No hay garantía alguna de que un gobernante pueda soportar las presiones y servidumbres del poder, ya internas o externas. Es más, seguro que no puede hacerlo. En lo interno, ya hemos visto que finalmente izquierdas y derechas sirven a los mismos señores; y en lo externo, también, aunque en este caso internacionales. Ni somos independientes, ni siquiera dueños o usufructuarios de nuestro propio destino.
9. No cambiará el poder que dimane de las urnas las leyes que consideró incluso inconstitucionales cuando estaba en la oposición, cual si hubiera un acuerdo secreto para que un partido aprobara lo que el otro no puede hacer. Los despropósitos socialistas quedarán como leyes –SGAE, segregación de género, aborto, etc.-, cuando más eficaz y mejor sería derogar esas leyes… mafiosas o criminales en algunos casos, según mi entender, que lavarse las manos dejando la pelota en el tejado de un TC que ellos mismos manejan y que aprobarán lo que les digan que aprueben y reprobarán lo que les digan que reprueben.
10. No hay democracia, ni dentro de los partidos, ni en la independencia de los poderes del Estado ni en los asuntos capitales o la promulgación de las leyes. Sólo hay democracia para supuestamente elegir un partido que ni siquiera está obligado a cumplir su propio programa, de modo que cuando alcanza el poder puede hacer lo que dé la real gana.
Ya gobernó el PSOE buena parte de la democracia, y ya gobernó el PP, y el resultado no es bueno. Por otra parte, tenemos miles de años de protohistoria e Historia, y la cosa sigue manga por hombro. Desde la cúspide de la sociedad a su base más humilde, es tan vergonzante y ridícula la organización social, que es un puro insulto a la inteligencia, y con los sucesivos gobiernos, más que mejorar, empeoramos…, pero tienen argumentos para lo uno y lo otro: si las cosas van bien, es por su mérito; si mal, es culpa de otros. Los mismos partidarios son talibanes a quienes la moralidad o la ética les viene ancha de sisa, pues que fanáticamente protegen a sus peores y más corruptos delicuentes, y a la vez son capaces de rasgarse las vestiduras por eso mismo en los adversarios.
Ni hay justicia social, ni hay siquiera equidad o equilibrio. Por poner un ejemplo, si dos ciudadanos –uno rico y otro pobre- cometen la misma infracción, es casi seguro que sólo se castigará al pobre, bien sea porque el otro tiene “contactos” o porque es intocable, como los bramanes; pero aun en el caso de que los dos fueran castigados lo serían con lo mismo, si bien la sanción para el pobre puede representar la mitad o todos sus ingresos mensuales, entretanto para el rico apenas si sería una cuestión anecdótica, insignificante. La Justicia no es sino un pomposo nombre que en España se le otorga a la injusticia.
Las evidencias dictan que el desequilibrio es de tal magnitud, que el mismo Estado carece de legitimidad. Quienes son españoles han tenido que ceder sus derechos y rebajar sus aspiraciones por una supuesta mal entendida solidaridad con los inmigrantes, y conceptos como patriotismo fueron denigrados hasta el insulto. Hoy, tal y como dije entonces, se usa precisamente ese término, patriotismo, para que sean los pobres y los ciudadanos de a pie quienes sangren por el Estado, mueran por el él y sigan rebajando sus aspiraciones y derechos. En las buenas, en fin, malo para los ciudadanos –nadie de la ciudadanía de a pie se benefició de los años de bonanza- y en las malas, también. Ser español parece ser sólo bueno a la hora de votar a los pillos.
Resumen: con mi voto, que no cuente ninguno. No me importa qué tan mal lo hagan: no será ni con mi voto ni con mi consentimiento. Allá cada cual. Para mí la democracia no es sino el gobierno de los que engañan al pueblo. Sólo puedo creer en la deontocracia, y eso es algo que jamás verán implantada mis ojos.
¿Otra vez armas de destrucción masiva?...

La OIEA hace público un informe, que no se sabe si es una coartada para que los halcones norteamericanos e israelíes puedan atacar impunemente Irán.
Escarmentados en lomo ajeno –Iraq bien valía una guerra para muchos, so pretexto de las armas de destrucción masiva que no tenía-, los organismos dependientemente independientes como la OIEA han perdido toda credibilidad, especialmente cuando sus diagnósticos coinciden con los de los halcones que ven en la guerra la solución a todos sus problemas, así de empleo (van a terminar incluso con los empleados) como de esta crisis de los tramposos.
No creo que sea conveniente que Irán tenga armas nucleares, pero tampoco que las tenga ningún otro país, y, quienes tratan de impedir que las tenga, son precisamente quienes sojuzgan al mundo gracias a su poderío nuclear. Las potencias atómicas lo son precisamente por sus armas, nada más; ninguna otra cosa de sus países los faculta como potencias de ninguna clase. Así la cosa, no es extraño que para no perder su posición privilegiada muevan sus hilos, así el títere ONU como el guiñol OIEA, para tratar de producir una sensación de desasosiego en la población, justificando así la impunidad de un ataque que no sólo es mentiroso y artero, sino profundamente inmoral, si es que no criminal. A quienes pudieran verse tentados de caer en la trampa de sentir pánico porque Irán tuviera armas nucleares, sería bueno recordarles que ninguna potencia nuclear del mundo usó éstas jamás con fines bélicos, excepto EEUU en Hiroshima y Nagashaki contra poblaciones civiles, y Gran Bretaña estuvo a punto de hacerlo contra Buenos Aires, allá por cuando la Guerra de las Malvinas. Quienes se instituyen en la conciencia del mundo son, ya se ve, quienes están dispuestos a lo que sea -incluso a lanzar armas nucleares contra poblaciones civiles- para seguir siendo los amos.
No hay credibilidad alguna, pues, en las voces que alarman sobre peligros que no existen, excepto en la mollera de los halcones israelíes o norteamericanos. Es más, si Irán consiguiera un arma nuclear o diez, jamás las utilizaría contra Israel, entre otras cosas porte esta nación que supuestamente no tiene armas nucleares, dispone de más de 300 misiles armados con cabezas nucleares, incluyendo al misil Jericó, recientemente desarrollado con capacidad para alcanzar Teherán, pues que ello conllevaría su propia extinción. Y esto sí que es peligroso, porque el Estado de Israel pretende desde tiempos inmemoriales extenderse hasta más allá del Tigris y el Eúfrates, y su único enemigo con capacidad de respuesta ante una expansión semejantes es, curiosamente, Irán, porque Siria ya vemos cómo está…, tan oportunamente.
Pero no es exclusivamente la cuestión místico-política de Israel el único desencadenante de este conflicto que tanto tiempo llevan persiguiendo, sino que también forma parte de la guerra por los recursos que se desató en todo el planeta desde hace años, e Irán es extremadamente rica en ellos. Sin embargo, Irán no es Iraq, y tanto los halcones israelíes como los norteamericanos lo saben a ciencia cierta, razón por la cual llevan ya algunos años preparando una fórmula que no les haga necesario pisar suelo persa, escarmentados de la experiencia de Afganistán e Iraq.
Que ahora, cuando todos los ejercicios y armas estratégicas y defensivas de la coalición previsiblemente agresora han sido puestas a punto, venga la OIEA con esta archiconodida letanía que suele preceder al fuego que cae del cielo sobre países inocentes, no deja de ser algo terriblemente sintomático. Es como haber entrado en un bucle del tiempo y repetir lo ya vivido, con la única diferencia de que en este conflicto, si se llegara a desatar, se van a tocar demasiadas fibras sensibles, demasiados intereses estratégicos de muchas potencias y demasiados orgullos como para que, o sí o sí, no derive en una guerra global tal, que elimine de un solo embate casi todos los problemas de superpoblación, crisis y desempleo de medio mundo.
El avispero en el que está radicado Irán hace de todo punto imposible una victoria militar convencional, lo mismo que hace inviable un teatro de operaciones en el que la Infantería o la Caballería puedan jugar papel alguno. Estamos hablando, casi con absoluta seguridad, de una guerra estratégica con armas no convencionales. En un primer estadio, es posible que el armamento que se emplee sea más o menos convencional, pero no se debe obviar que en todos los Estados Mayores de las potencias implicadas –Irán, China, Rusia, Paquistán, India, etc.- éste es un escenario largamente estudiado y planeado, y, en consecuencia, es de esperarse que algunos actores, o todos, sepan de antemano que la escalada es inevitable y tengan preparados planes de contingencia con recursos no convencionales. Un previsible segundo estadio, después o al mismo tiempo del inicio de las hostilidades convencionales y sus igualmente convencionales respuestas, estaría determinado por acciones o golpes de mano no convencionales en la retaguardia, tal vez usando artefactos nucleares –bombas sucias-, químicos o bacteriológicos, para lo cual Irán cuenta con toda una legión de organizaciones en todo el mundo occidental que pueden haber sido dotados para el caso. Esto, o sí o sí, desembocaría inevitablemente en la confrontación entre potencias nucleares en un tercer estadio, ya sea por venganza o por estrategia de expansión de esos ataques terroristas, con todo lo que ello conlleva de holocausto. Y todo esto, claro, si es que antes ciertas potencias nucleares próximas no se alinean con Irán, debido a su dependencia crítica del petróleo y el gas iraní.
Una agresión de castigo por parte de Occidente, produciría en las primeras horas no sólo un derrumbe inmediato de las bolsas y una detención instantánea total de todas las exportaciones, sino que, si el conflicto se alargara, y ya no digamos si Occidente perdiera el primer embate, supondría el colapso de la práctica totalidad de Occidente, ya tocado profundamente por la crisis que estamos viviendo, lo que no dejaría más escapes que la confrontación total.
El informe de la OIEA, en consecuencia, atufa a trampa como la iraquí, y esto se respalda en que este agresivo dictamen que ha hecho público en estas fechas, coincide en el tiempo con la conclusión de la cobertura europea del llamado paraguas nuclear –que no lo será, seguro-, de los numerosos bunkers que masivamente han construido todas las potencias implicadas y de los ejercicios militares y puesta a punto de armas estratégicas no convencionales, las cuales previsiblemente podrán ser usadas –armas climáticas, geológicas, químicas y biológicas-, y de las cuales es de suponerse también que los potenciales adversarios no carezcan y hayan sido convenientemente desplegadas.
Los movimientos sociales tienen en estos días un justo y muy merecido fin para moverse, no oponiéndose a una guerra ya iniciada, sino enfrentándose al problema antes de que las puertas del infierno se abran. Y las bisagras, ya chirrían. Nunca habrá mejor motivo para movilizarse, independientemente del credo político o del segmento social al que se pertenezca, porque pudiera ser que alguien esté cavando una fosa para el género. En cualquier caso, y aun suponiendo que se tratara nada más de una guerra de barrio, demasiado dolor hay en juego y demasiadas consecuencias trágicas nos traerán a todos como para permanecer indiferentes. Lo más inteligente y lo más moral, es fortalecer decididamente la paz antes de que se desvanezca.
Que se besen, que se besen

Al superpublicitado debate televisivo entre los candidatos de los partidos mayoritarios, sólo le faltaron luz íntima y música romántica para acompañar sus arrullos de amor.
“¡Que se besen, que se besen!”, podrían hacer coreado en los momentos álgidos del debate los escasos pero imprescindibles asistentes, todos ellos periodistas encargados de difundir la consolidación del romance a los cuatro vientos; “Sin novedad en el Alcázar”, podría haber saludado épicamente el candidato Rubalcaba a quien ya admitía como su Presidente cuando se dieron la mano, aunque el protocolo pseudoizquierdista impidió este recio laconismo heroico-castrense; o “alcanzados los últimos objetivos marcados por El Club, le entrego un país rendido y una masa ciudadana claudicante”, hubiera podido decir el siniestro señor Rubalcaba cuando alcanzaron ambos tertulios el clímax del amor amado y le entregaba las flores rojas de su pasión (sin la mano del PSOE, por supuesto).
Como teatrillo, el debate no estuvo mal. La interpretación de los actores, pichí, pichá, ni cayó en lo grotesco ni rozó lo sublime, aunque tampoco pudieron los intérpretes sacar a relucir su mucho talento, porque el guión –¡siempre el dichoso guión!- no daba para más, era conocido de todo de telespectador con un poquitín de cultura y pecaba de excesivos y manidos recursos a una artificiosidad tan tópica como redundante. Lo de siempre, en fin, aunque en esta ocasión se hicieran ímprobos esfuerzos por investirle de una pátina de cortesía o de un leve barniz de clase que se desdecía a sí mismo, más que nada porque ni Rubalcaba daba el perfil de Tenorio ni Rajoy el de Ángel de Amor o el de Paloma Mía que respira tanto amor. Los jubilados, tal vez, por otorgarles la edad el inapreciable bien de la indulgencia, o quién sabe si los niños, por carecer de experiencia y ser todo nuevo a sus ojitos recientes, hayan sido los únicos que disfrutaron verdaderamente con el teleteatro, quién sabe si llegando a humedecer el limo sus ojuelos con el tibio deslizar de una esquiva lágrima.
¡Ah, el teatro!... ¡Qué seríamos sin él! Como en un remanso de paz y armonía, que apenas si mereció un par de reproches entre cultivadas criaturas, instalaron a la audiencia en un éter ajeno al orbe de lo vivido. Buenas intenciones, buenos deseos, buen espectáculo, aunque, eso sí, un poco chabacano, ya digo, por lo impropio de los papeles que debían encarnas los actores. En lo cavernosamente vacuo pero florido de sus mensajes e interpretaciones, sin duda no pocos espectadores pudieron echar al olvido el encono y el sufrimiento de siete años de sinsabores y tropelías continuadas, figurando los actores ante la audiencia que, en el fondo, todos los políticos son buenos, y, pelillos a la mar, pueden amarse los que parecieron enemigos, que puede haber paz y concordia y amor del bueno entre ellos y nosotros, y, hasta quién sabe si sexo entre quienes parecieron que se odiaban… por exigencias del papel, pero que, como en un melodrama de sainete, el colofón de la despedida arrimaba y fundía en un enlace de sentido amor en el que odio, por fin, era humillantemente derrotado.
Buena la intención, ya digo, de los guionistas, de esa mano oscura -negra, más bien- que escribió siete años de ignominia con torcida caligrafía, perpetrando desafueros, abusos, sinvergonzonería, corrupción, atropellos, manguncia y saqueo por doquier, para, con no tan diestro arte, resolverlo todo en un sí pero no, o un no pero sí, que líricamente aproximó los piquitos de los tórtolos –que se amaban sin saberlo, figuradamente- hasta que casi se funden en un sentido beso que bien hubiera podido aunar sus almas como aleados estaban las interpretaciones ejercidas en siete años de encarnar un papel que sólo perseguía este final carnavalesco.
Hubiera sido plausible un poco más de docta maestría a la hora de resolver el nudo de la comedieta que presenciamos, pero se ve que el autor, esa mano negra que escribió el guión de esta etapa, de estas dos legislaturas ignominiosas, no daba para más y que su talento se había secado al prescribir y arracimar tal cantidad de atropellos y barbaries en tan sólo siete años, desnudando de derechos y de posibilidades a todo un país, poniendo lo de abajo arriba y lo de arriba abajo (excepto de quienes muy arriba estaban, que son los de las manos negras, los que escriben los guiones), y convertir a casi cincuenta millones de almas en poco menos que tontuelos timados con justeza. En fin, que llegó extenuado al desenlace final, y se le notaba. Demasiado mal tenía concentrado el papel que le tocó interpretar al actor que encarnaba el papel de Tenorio pseudoizquierdista, por otra parte necesario porque no hubiera sido creíble que tales maldades las perpetrara la dulce Paloma Mía sin que la sociedad reventara en mil pedazos o se derrumbara estrepitosamente la credibilidad de la opereta, y esto es algo que restó mucho realismo a la escena del sofá, notándose en exceso que las interpretaciones eran forzadas, que las lunas de las fes y los remedios eran de tela pintada y que el horizonte se tenía de un regusto a trampa o estafa mucho más que chabacano que, más pronto que tarde, dejará un poso de desencanto terminal en quien tenga las meninges en un uso regular o use la cabeza para otra cosa que para transpirar.
En resumen, más que teatro fue entremés, aunque tal vez suficiente como para que, una vez confirmados los desastres, desafueros perseguidos, mermas consolidadas de derechos y demás tropelías, el respetable trague con la artificiosidad del truco y se dé por satisfecho con el cambio previsto –como con Felipe González-, de manera que, al menos en apariencia, se logró todo lo que se perseguía: hundir más a los más débiles, pero que son muchos más, desmembrar a la masa sostenedora del espectáculo de la Mano Negra y vivir en la próxima legislatura, acto teatrero arto conocido por todos, una etapa de confirmación, sacrificio y renuncias que no hará a la población más libre, ni con mejor futuro, ni siquiera con más posibilidades de resolver sus problemas, aunque contenta, eso sí, por haber descendido de golpe un montón de escalones –si no pisos- en sus derechos a cambio de un cambio que no cambiará nada.
No; no cantó el Faisán, ni salieron a escena las corruptelas andaluzas, catalanas o blancuzcas, ni siquiera figuró ni de pasada el perdón vergonzante a los pistoleros o la segregación de género o la perversión de todos los valores morales que tan importante papel jugaron en otros actos anteriores de esta misma tragicomedia, y en buena parte fue así, porque, a juicio del negro autor, no era necesario. Ahí está precisamente lo precipitado del final, lo artificioso del acabijo, su falta de credibilidad y la promesa implícita de que el próximo episodio, segunda parte nunca buena de este manido libreto, será como otros actos ya vividos y como otros tantos que viviremos cuando se precise meter la tijera del recorte de libertades y derechos. Una obra para ingenuos, en fin, que apenas si merece dos o tres aplausos, aunque cada cual de los miembros de la audiencia se los daría a los actores y guionistas, seguro, en distintos lugares de sus cuerpos.
La memoria de los peces

Como con los famosos, cuando llega la hora de valorar a un político, el electorado sólo parece recordar lo último que hizo.
Se dice que los peces carecen de memoria, pero queda saber si la tienen todos los votantes. A tenor del exagerado número de votos que parece va a recibir el PSOE –alrededor de un 30%-, parece que buena parte del electorado en absoluto tiene capacidad de recuerdo, porque dudo mucho que tal ingente cantidad de ciudadanos les fuera a votar si recordaran todos y cada uno de sus despropósitos, abusos de poder, escándalos, casos de corrupción y atropellos a los derechos civiles y de los trabajadores. Sería sencillamente imposible de creerse que hubiera tantos fanáticos en el país o tantos malintencionados, por lo que, tirando por la corta y la benevolente, debemos concluir que nada más que son desmemoriados, a fin de no perder la fe en nuestros propios compatriotas.
Durante estos últimos meses del año suelo recopilar todos los artículos editados a lo largo de él, para aglutinarlos en el libro electrónico correspondiente, y, como con el resto de mi obra, no sólo ponerlo al alcance de los lectores para que puedan adquirirlo, sino también colgarlo en mi web para que, quien lo desee, pueda leer íntegramente mi obra. En este sentido, uno puede, de un solo vistazo, recorrer la realidad anual desde el punto de vista de todo aquello que fue noticia y más me llamó la atención o me produjo gozo o preocupación de alguna clase, y escribí sobre ello. Es una especie de testimonio de la actualidad, de memoria impresa en tinta electrónica.
Revisando estos artículos publicados en 2011, y aún remontándome a los demás sobre Nacional publicados desde 2006, ahora que coincide con las elecciones generales, no he podido sino caer en la reflexión de qué clase de país queremos y qué clase de futuro esperamos como conjunto ciudadano, y me encuentro un poco perdido. No hace falta tener mucho sentido común para, hojeando estos artículos –corroborados por la cruda realidad posterior a los hechos-, comprender que la llamada etapa Zapatero ha sido un incólume desvarío continuo. Buena parte de los electores –parece que alrededor de un 30%-, piensa, sin embargo, votar al mismo partido que los ha perpetrado, acaso recordando nada más los últimos despelotes, como el caso Blanco, el Faisán, la paz tramposa de ETA o fruslerías por el estilo, cual si en todo lo demás no hubiera pasado nada. Recomiendo a estos desmemoriados una somera lectura de algunos de estos artículos –en mi web es completamente gratuito-, para que fortalezcan, ya que no con medicinas o rabitos de pasas, la terrible sucesión no de desaciertos, sino de atropellos. Si se hiciera, votar a quien ha perpetrado todo esto, no sería sino cooperación necesaria para perpetrar el dolo, un daño tan horrible que el colectivo de la sociedad tardará decenios –que acaso ni tengamos- en sufragarlo. Eso sí, todos estos pillines se licencian con honores, con jubilaciones de oro y/o con puestos de dominancia que les asegurarán una vida de lujo y regalo, sin contar que muchos de ellos entraron en el poder con una mano delante y otra detrás, y se alejan del poder con hígado bien forrado. Así paga España a quien la dañan, entretanto a quienes la sostienen no cesa de darles palos.
No son sólo los artículos publicados, sin embargo. Hace años, cuando todavía no había iniciado mi etapa como articulista, escribí “Sangre Azul (El Club)” –también puede leerse íntegra y gratuitamente en mi web-, en la cual, so pretexto de un argumento que no viene al caso, croniqué el día a día usando los titulares de las noticias de, entre otras etapas, la de Felipe González, allá por cuando durante 13 lamentables y terribles años nos asoló el PSOE y perdimos buena parte de las conquistas civiles logradas contra la Dictadura. También es recomendable su lectura. A veces, no es necesario atrapar a la bacteria o al virus que produce una enfermedad y visualizarlo en el microscopio para poder diagnosticarla, sino que basta con los síntomas. Entonces, con sentencias –que las hubo- y sin ellas, España fue saqueada, y ahora, también. Sólo basta para comprenderlo cómo quedó España entonces, casi en bancarrota moral y económica, y cómo ha quedado ahora, en bancarrota moral y económica, en ambos casos con la práctica totalidad de los miembros de los gabinetes bajo sospecha (cierta, sin duda) de atropellos diversos, y en ambos casos con la certeza moral de que sólo se conocían los pormenores, de los cuales se fueron/van de rositas, y quedando los pormayores en esa fosa común del olvido colectivo. Basta para comprender esto, pues que para muestra vale un botón, ver cómo han quedado las cuentas de allá donde ha gobernado el PSOE, sea un ayuntamiento, una comunidad autónoma o la misma nación. Quien no lo vea, no es porque no pueda, sino porque no quiere, porque los síntomas de la enfermedad son los del saqueo, pues no hay rincón de España donde no aúllen las tropelías.
Siempre que sostenido que el PSOE no es un partido más, sino uno armado por los poderes negros para confundir a las izquierdas, recibiendo a cambio carta blanca para cometer cualquier clase de desafuero. Así lo entendí, y no soy el único, porque recientemente el Sindicato Unificado de la Guardia Civil (SUGC) también parece haberlo hecho, y ha presentado demandas ante el supremo no sólo contra don José Blanco por el caso que todo el mundo conoce, sino también contra Zapatero y Felipe González y, por extensión, contra el mismo PSOE, por toda una resma de delitos entre los que se encuentra el cohecho, sustracción de fondos públicos, tráfico de influencias, enriquecimiento ilícito, una buena porción de casos que van desde la prostitución al cobro de comisiones o a la legislación interesada, y, como guinda que colma el pastel, la de banda organizada para perpetrar delitos. Sin duda, ellos tienen las pruebas de lo que para muchos de nosotros son síntomas o sospechas, porque lo sucedido entonces y ahora cuadra como hecho a medida con lo que el SUGC demanda. La pregunta del millón es, ¿sólo lo vemos unos pocos y los demás están ciegos?... La respuesta, quizás, haya que derivarla a la memoria, y ya sabemos que ésta, para las cosas del sufrimiento, suele ser escasa, en buena medida como un sistema de protección para la supervivencia del individuo.
Quienes denunciamos con nuestras opiniones estos hechos entonces y ahora, que consideramos contrarios al interés general de la ciudadanía y que en estos momentos se concretan en demandas muy específicas, solemos ser etiquetados por los fanáticos del partido como “derechistas”, “franquistas” o epítetos peores, cuando no somos amenazados e incluso proscritos (como escritor puedo dar testimonio de ello, pues a pesar de mi currículo véase dónde estoy), entrando a figurar en las listas negras del poder –su tramposo poder-. Y nada que ver. No; decir la verdad, nuestra verdad, mi verdad, no conlleva ser de derechas o de izquierdas –ningún escritor que se precie lo es, porque supondría renunciar a su independencia-, antes bien, es aportar a la ciudadanía lo que uno aprecia y ve, escribiéndolo, para que quede un testimonio gráfico que evite que la sociedad tenga la memoria de los peces.
La Madre de todas las Guerras

La práctica totalidad de los analistas políticos y militares dan por seguro un pronto ataque a Irán.
Cada hora que pasa se potencia el discurso belicista entre Irán y las potencias Occidentales, encabezadas éstas últimas por EEUU e Israel. Si Dios no lo remedia, es posible que el inicio del conflicto sea más una cuestión de horas o de días que un proyecto a medio o largo plazo, y las posibilidades de encontrar una solución pacífica in extremis se desvanecen por instantes. Los musulmanes chiítas iraníes están convencidos de que un suceso semejante precipitará el regreso de el Madhi en su ayuda convirtiéndoles en vencedores absolutos ahora y para siempre, los israelitas se debaten a caballo entre su condición de pueblo elegido –y por tanto de contar de su parte con la intercesión de la Divina Providencia- y su necesidad de destruir de una tacada a todos los enemigos que los cercan, y los EEUU pretenden no sólo poner en planta el mesianismo de su credo iluminado globalizador de un gobierno único mundial –encabezado por ellos, por supuesto-, sino también de salir de la crisis que les amenaza con su propia desaparición por el escotillón de la guerra, como tantas veces en el pasado han hecho. Poco importa que esto pueda parecerles desquiciado a unos u otros, si los actores protagonistas lo creen a pies juntillas, y ¡aya si lo creen!
Nada hay que parezca poder detener el lanzamiento de los misiles ya dispuestos en las rampas, y, lo que es peor, tampoco parece haber nadie entre los poderosos que tenga una intención distinta que un enfrentamiento que, por más que se pretenda hacer ver como una guerra de barrio, tiene unas implicaciones que lo podría convertir en la Madre de todas las Guerras, aquélla vociferada por el líder sunita iraquí, el malogrado Sadam Hussein. Curiosamente, la Historia parece plegarse en el mismo entorno en que naciera, el entorno del Tigris y el Eúfrates, instalando allá donde se suponía ubicado el Paraíso, el mismísimo Infierno.
El discurso que se está empleando en las últimas horas tiene poco o nada que ver con bravatas, y resulta particularmente coherente en estos momentos la frenética actividad subterránea que se ha venido desarrollando en los últimos meses (años, en otras cuestiones de mayor calado, como el Escudo Antimisles, bunkers, etc.), preparando a la población con ejercicios de catástrofes y solicitándola desde los medios el acopio de equipamiento familiar de supervivencia.
Efectivamente, en no pocos países ha sido muy frecuente que desde agencias paraestatales, como la NASA, o desde los mismos informativos televisivos, hayan llevado a cabo las autoridades una densa campaña de preparación de la población ante cierto tipo de catástrofes pretendidamente naturales, que encajan perfectamente en el escenario que podría presentarse si la cuestión central de este artículo llegara a verificarse y se les fuera de las manos. Sin ir más lejos, el próximo día 9 de noviembre hay planificados varios ejercicios en este sentido, como el Ola del Pacífico auspiciado por la UNESCO o el conjunto del FEMA que afectará a la totalidad de los EEUU, así en sus ámbitos civiles como militares, añadido a lo cual hay que considerar el precipitado regreso de gran cantidad de tropas procedentes de Iraq y Afganistán para sumarse a estas pretendidas maniobras. Juntándolo todo, o es una aplicación de la Doctrina del Pánico, o es algo más que una razón para echarse a temblar.
Irán no es Iraq, ni es Libia, ni siquiera es Siria. Su condición de superpotencia petrolífera la convierte en pieza imprescindible no sólo para Rusia, sino también para China, además de que un conflicto en esta área geoestratégica incendiaría inevitablemente a Paquistán –potencia nuclear ahora enfrentada a EEUU- y a su adversaria India. Así, la posibilidad de realizar acciones quirúrgicas contra la potencial industria nuclear en desarrollo en suelo iraní tiene todas las posibilidades de irse de madre y, de una u otra forma, involucrar directamente –indirectamente estarían involucrados desde el primer instante de los ataques- a Rusia y China, quién sabe si desde el mismo bando. Ambas potencias nucleares, en este sentido, ya han advertido que no consentirán la destrucción de Irán, y en ello han empleado un tono que mucho tiene de admonición y poco o nada les ha temblado la voz.
Las horas que vivimos, pues, son capitales, y mal hace la población en no tomárselo en serio. Tal vez sea muy interesante lo que está sucediendo en Grecia –por otra parte, ya advertí que los poderes europeos moverían sus fichas para que el referéndum no se diera, que es decir para que la democracia sea el papel mojado que es-, e incluso es posible que a no pocos les seduzca la absurda campaña electoral española en la que se podrá optar en entre más de lo mismo y más de lo mismo, pues que ambos partidos sirven exactamente a idénticos intereses (uno deshace y el otro confirma), o todavía que esté embebecido por una agravamiento de la crisis que, lejos de vérsela salida, se agrava por instantes; pero debería considerar la ciudadanía que, ante este escenario que está definiendo, todo lo demás queda relegado a un plano insignificante. Se trata, en buena medida, de la propia concepción social presente y futura, si es que no de la misma supervivencia de la especie.
Si las operaciones militares, que todo parece indicar que se lanzarán de forma más o menos inmediata contra Irán, son de una destrucción tal que provocan la intervención de Rusia o China, o aun incendian aquel área tan sensible del globo, ya se puede imaginar que el escenario no puede ser definido de otra forma que como apocalíptico, porque sería inevitable que se llegara mejor antes que después a las armas estratégicas, y en este sentido somos ya, gracias a Zapatero, un objetivo de primer nivel; pero aun si sólo fuera una guerra de barrio, aunque siempre con la espada de Damocles pendiendo sobre nuestras cabezas con convertirse en cualquier momento en nuclear, queda cristalinamente claro que los mercados entrarían en pánico, se detendría al instante el consumo, se paralizarían las exportaciones y la crisis gravísima que sufrimos sería de tal magnitud que no tendríamos otra que huir hacia delante, que es decir a por todas, o, lo que vale lo mismo, a por la victoria a cualquier precio o por a una extinción definitiva del sistema, porque el poder hegemónico y la estructura social, en cualquier caso, cambiaría de manos. Cualquiera de las soluciones, como se ve, horriblemente malas.
Israel no tiene ni un pelo de tonta, y sabe que está abocada obligatoriamente a este órdago. Malo es atacar ahora, pero peor sería que los iraníes consiguieran ser una potencia nuclear, porque se la tienen jurada y nunca lo han escondido: para Israel es una simple cuestión de supervivencia. Lo mismo, en otro ámbito o escala se podría decir de EEUU –y por ende de Occidente- y China, y o se impone ahora, o, al paso de modernización y crecimiento de la potencia oriental, el futuro será oriental. Occidente, hasta hora dominante en el mundo histórico que conocemos, no tiene tampoco más solución que este órdago. Su hora de la verdad pudiera ser que ya haya llegado, y su continuidad o su extinción –o cambio de paradigma- se dirima en esta Madre de todas las Guerras que, tal vez ya muy profetizada por casi todas las culturas y sus augures, está en puertas de librarse. Mal contados a ojo, se podría afirmar incluso que los contendientes que se reúnen en el campo de batalla de este valle de Armagedón, son los bíblicos doscientos millones.
Trápala de caballos

El horizonte se entenebrece en casi todos los ámbitos: ¿Doctrina del Pánico?
Grecia es la piedra angular de, o el fin de la democracia y la soberanía de los ciudadanos, o el último hálito del euro y de, por extensión, la Unión Europea; el anegamiento de numerosos países y las condiciones climáticas extremas de otros -Indonesia, Tailandia, Afganistán, Paquistán, Somalia, etc.-, avisan ya de una inminente hambruna y de una escalada sin precedentes en los precios de numerosos productos básicos alimentarios; buena parte de los adversarios estratégicos musulmanes han sido o están siendo desmontados por oportunas "revoluciones populares espontáneas" -Libia, Siria, Yemen, etc.-; y, por si fuera poco, se escucha en algunos rincones del mundo una trápala de caballos que algo tienen de apocalípticos, como esos HUM –sonidos como de trompas que en numerosos lugares de la Tierra suenan ensordecedoramente procedentes de ninguna parte- los tienen a trompetería de arcángeles justicieros.
El panorama mundial no puede ser más tenebroso. No sólo no hay nadie con dos dedos de frente que le vea una salida viable a esta crisis producida artificialmente por la desmedida codicia de unos pocos –ninguno de ellos encarcelado o detenido-, sino que todos vaticinios de los expertos auguran más grandes y fenomenales líos, más desempleo, más destrucción industrial, más dificultades y más caos social..., suponiendo, que es mucho suponer, que todo siga más o menos como está montado y en paz. A todos estos nubarrones que ennegrecen el horizonte, hay que sumarle ahora la tamborrada bélica que el premier israelí ha lanzado desde la Knesset, su parlamento, augurando un demoledor raid aéreo contra Irán que nos pondría a todos a las puertas de conflicto de dimensiones tales que es posible que los problemas que tenemos ahora se nos harían venialidades, cuestión de ocio.
Efectivamente, el presidente israelí, Netanyahu, y su ministro de Defensa, Barak (como Obama), ultiman a marcha forzadas los apoyos necesarios para batir Irán antes de que llegue el inverno –es decir, ya, cualquier día de estos-, para lo cual llevan preparándose y haciendo maniobras militares desde hace algunos años, y, para completar lo cual, apenas hace unos días ensayaron con éxito su misil Jericó –mítico nombre de connotaciones espeluznantes en nuestros días-, capaz no sólo de alcanzar Teherán, sino de portar cabezas nucleares de este país que tiene las que teóricamente no tiene.
Desde hace varios años la práctica totalidad de las flotas más potentes del mundo se encuentran patrullando el Golfo de Adén so pretexto de unos desarrapados piratas que, desde barcazas de desguace o lanchas neumáticas, secuestran a algún que otro pesquero en la zona, o, según otros, debido a que en aquella zona se abrió un portal interdimensional de consecuencias desconocidas. Sea con uno u otro pretexto, lo cierto es que allí no sólo se encuentran la VI Flota norteamericana y las de sus aliados de Occidente, sino también las de los rusos y chinos, iraníes y coreanos, y hasta los japoneses han desplazado un buen número de fragatas, reuniéndose en un muy corto espacio de océano todos los encarnizados enemigos y aliados del planeta. Lo que hacen allí, no queda claro si es esperar a ver qué sucede con Irán, o si es que es necesaria tal desquiciada movilización y descomunal gasto (especialmente en tiempos de crisis) para que cuatro desarrapados piratas con una incólume carpanta no atraquen a algún que otro probable pesquero. Por absurdo descarto lo de los piratas para justificar tal movilización, de modo que habrá que considerar otras "causas" como las justificativas de tal imponente presencia y con tal potencial de fuego.
Desde hace años, también, Israel está afilando sus sables no sólo haciendo maniobras de incursión en la aliada Grecia, cuya distancia es exactamente la misma que la que media a Irán, sino poniendo a punto todos sus arsenales y recibiendo de EEUU lo último de lo último en tecnología militar avanzada. Algo que, curiosamente, también está haciendo EEUU no sólo en su propio país, sino en el “teatro europeo”, poniendo a punto el paraguas nuclear que va a tener su Estado Mayor en Rota, España, concediéndonos el dudoso privilegio de ser objetivo nuclear de rusos, chinos, iraníes o la madre del Santo Misterio, como colofón y guinda que colma el pastel del despropósito del trasnochado y anacrónico antiamericano Zapatero. Genio y figura…, ya se sabe, hasta la sepultura. Y, por si todo esto estuviera incompleto, EEUU lleva meses probando misiles de nueva generación en el Pacífico, donde parece ser que ya han tenido sus aquellos con los rusos, quienes como advertencia les derribaron un misil balístico ICBM el verano pasado. La cosa, parece, pinta en bastos.
Es posible que todo esto sea parte de la Doctrina del Pánico que también manejan los EEUU, su CIA y el Mosad; pero es posible que no. Habrá que estar atentos, aunque tampoco creo que esto sirva de mucho, porque es probable que el día menos pensado, y muy en breve, nos despertemos con las alarmas de un conflicto que ha estallado de la noche a la mañana. Por lo pronto, lo que es seguro es el discurso del premier israelí en su parlamento, dando por cierto el ataque contra Irán si encuentra los apoyos precisos, que Irán ha sido rodeada de bases estratégicas norteamericanas por casi todas sus fronteras y que está retirando a su infantería de primera línea -¿acaso teme un conflicto nuclear?-, que las maniobras de preparación del ataque llevan cocinándose varios años y que Rusia y China no pueden prescindir del petróleo y la posición geoestratégica de Irán.
Así las cosas, y sabiendo como sabemos que las mayores crisis de la humanidad las han resuelto las guerras –mayores crisis, mayores guerras, como la de Wall Street del 28 y la II GM-, queda claro que una sola chispa puede prender el polvorín. Imagínese qué sucedería en el Golfo de Adén, donde se reúnen todas las flotas adversarias, o qué la desesperación de un ataque con armas estratégicas: ¿podrían China o Rusia considerar que ellos no iban a ser atacados preventivamente, y, en consecuencia, adelantarían su jugada antes de que no les dé tiempo?... La solución, mañana.
Ciertamente todo esto puede ser que no sea más que una aplicación más de la Doctrina del Pánico con la que tantos negocios han hecho y hacen los norteamericanos, facultando a su potentísima industria militar la venta de más y más tecnología… y otros recursos; pero pudiera ser que no. A lo mejor lo de Elenin y toda su parafernalia tramposa tiene su escape por esta espita, y lo del 27S fue una maniobra perfectamente calculada, un ensayo general. Entonces, de ser así, todas las macroobras y movimientos, refugios atómicos (5000 nuevos en Rusia), Cúpulas del Fin del Mundo y todo eso, tendría una lectura bien derecha entre todos estos torcidos renglones.
De ser así, y si los israelíes solos o con la compañía de EEUU y sus satélites atacaran Irán, es probable que los enormes problemas que tenemos hoy nos parecieran cosa de morondanga, algo insignificante, bien sea porque se liaría a nivel global la de Dios es Cristo, o bien porque se iban a acabar de golpe los desempleados (y los empleados), las crisis y hasta los problemas de tráfico. Por lo pronto, hay que estar atentos, porque se escucha a lo lejos, pero acercándose más que aprisa, una sospechosa trápala de caballos, quien sabe si de los cuatro jinetes ésos que todo el mundo conoce. Y todo este lío, en los alrededores del valle de Armagedón. Como para echarse a temblar.
La sepultura de la democracia

Europa le ha dado dos únicas opciones a Grecia: o dictadura financiera, o caos y miseria.
Y la democracia sucumbió ante los financieros, es quizás el mejor resumen de cuanto está sucediendo en Europa en estos días. Apenas hace unos días advertía desde esta misma columna que el único destino probable del euro era su desaparición, ya planificada bajo cuerda, pues que los estados más potentes de Europa ya tenían prevista esta contingencia y estaban haciendo tiradas de sus viejas monedas. Queda saberse si era Grecia el detonante planificado, pero habiendo tal cantidad de Estados europeos en profunda crisis (si no quiebra), estaba claro que uno u otro tenía que ser el que pisara la espoleta de la detonación. Si Islandia e Irlanda pusieron a Europa al borde su extinción, y si Grecia está siendo el detonante de este drama, imaginen qué sucederá cuando dentro de unas fechas sea Italia y España los que necesiten el rescate y, consecuentemente, su pérdida de soberanía ante los intereses de los tiburones financieros. Un gorigori, en fin.
A los financieros no les gusta ni un pelo que los pueblos participen de las decisiones soberanas de los gobernantes (que ya son suyos), porque saben de antemano que los ciudadanos van a lo perentorio, a lo urgente, a su pan de cada día, y que su horizonte de aspiraciones se completa con saber con qué van a llenar el puchero del día. Saben de sobra, pues, que el resultado de un potencial referéndum sobre las medidas de miseria que se les exige, caso que se llegue a convocar, es un NO como la santa catedral de Toledo. Un NO al sometimiento del país y a la pérdida de soberanía, un NO a ser una ínsula de quienes ni siquiera son del país, y un No a tener que trabajar todos y sufrir incontables miserias para pagar unos intereses y una deuda que se extenderá por muchos decenios, si es que no por siempre. Miseria, desempleo y caos social, en fin, para sostener las riquezas de otros. La respuesta de la democracia, en consecuencia, está clara antes de que se convoque, y es por esto que ahora los poderes que han organizado la movida (curiosamente el día de Difuntos) harán todo lo necesario para que no se llegue a pronunciar la ciudadanía.
Algo se inventarán, seguro. La ciudadanía, para muchos sabia, en realidad no tiene nada de sabiduría cuando obra en masa. Alguien dijo por ahí que “el hombre forma la masa y no la masa al hombre”, pero creo que era más la expresión de un deseo que una realidad incontestable. La realidad es que la masa forma al hombre, lo animaliza y le convierte en una suerte de marioneta en manos de políticos advenedizos, pillos, golfantes de mucho márquetin y modas manejadas, por no nombrar a cómo se le trae y se le lleva por los caminos que les interesa no sólo en cuanto entre qué o quién elige, sino también en cuanto a sobre qué piensa (los medios pertenecen al poder). Por esto, precisamente, tenemos los gobernantes que tenemos, frikis y más frikis elegidos por simpatía -véase el terrorífico elenco de los diferentes países y su preparación-, por hermosura o porque daban el queo de cierto modernismo absurdo y anacrónico que se ha resuelto en buena parte de Europa con quiebras, corrupción galopante, trampas y actos ridículos de la clase política que han puesto la propia pervivencia de los Estados contra las cuerdas y a millones de ciudadanos asentados en la miseria más profunda. Así, son responsables de los daños producidos los descerebrados elegidos, pero son corresponsables todos los que los han votado, y debemos admitir que ha sido la mayoría.
Precisamente por esto lo que sucede en Grecia es la sepultura de la democracia: si los griegos (póngase la ciudadanía de cualquier país que tenga un friki en la presidencia, España incluida) han elegido a necios o incompetentes, malo, porque son copartícipes del descalabro y nada bueno se puede esperar en otra votación de quienes soberanamente cometieron tan grueso y masivo error; y si se les niega el derecho a votar sobre si aceptan o no las medidas capitales que definirán su presente y futuro poniéndolo en mano de quienes ni siquiera son griegos, malo también, porque pierde la democracia y ésta queda convertida en papel mojado. Malo lo uno, malo lo otro: la democracia ha muerto.
Pero este cajón de sastre que se ha abierto ni es algo imprevisto, en contra de lo que parece creer la mayoría, ni es algo que se vaya a detener en Grecia. Lo que se plantea es la desaparición de facto del poder popular, representado en su capacidad y derecho de opinar y votar sobre el destino de su propio país, o el regreso a las cavernas nacionalistas de cada país, abriéndose un porvenir de mucho desempleo, depreciación, desesperación social, miseria, y violencia interna y externa debido a la cruda inestabilidad política. El pasado, mañana, como aquél que dice.
En la parte que nos toca, nuestra precaria estabilidad social y política en buena medida depende de Europa, y, de no ser por ella, casi con seguridad durante el gobierno del infausto Zapatero (y Rubalcaba) habríamos llegado a las manos y la sangre al río. En realidad, habríamos llegado muchas veces a las manos en los últimos treinta años, de no ser por Europa. Pero ahora sabemos que la Europa democrática tiene sus horas contadas, y, o se renuncia a la democracia y poco menos que desaparecemos como país y nos convertimos en servidores de intereses espurios que ni siquiera son europeos, o no tendremos otra que vernos la cara con nuestra propia naturaleza, y, por a quiénes se ha elegido por mayoría, francamente, da un poco de miedo. Malo si lo uno, malo si lo otro. Mal futuro, en fin.
En cualquier caso lo que se viene encima no es nada halagüeño, y no sólo por la cuestión Griega, sino también porque tenemos unas elecciones generales en poco más de un par de semanas, y ya vemos la capacidad de nuestros políticos y la capacidad y mano de los votantes eligiendo a los mejores. Que nadie espere, pues, ni en el corto ni en el medio plazo, una mejoría de la economía o del desempleo o del conflicto social, sino precisamente todo lo contrario, sólo que multiplicado respecto a Grecia. Si los griegos han elegido a frikis que han puesto a su país contra las cuerdas de la supervivencia, les queda la opción de salirse del euro, devaluar la moneda y fortalecer sus exportaciones, lo que les da cierta posibilidad de salir adelante; a nosotros eso no nos vale, porque los diferentes gobiernos (especialmente del PSOE) liquidaron el tejido industrial español y nos convirtieron en lo que somos: un meublè para satisfacción de turistas, como en la Cuba de Batista, un país de servicios sin industria, sin potencial propio y sin futuro, únicamente con nuestras posibilidades puestas en manos de los demás: en Olimpiadas delirantes, absurdos macrocasinos en plan Las Vegas y ridiculeces por el estilo propias del estado bananero en que estamos dando. Aquí hemos llegado porque aquí nos han traído los sabios votantes: ¿y ahora qué?... Pues ahora, estos cinco millones de desempleados se convertirán en muchos millones más, la sociedad va a sentir en su propia piel los efectos de este estado generalizado de miseria -violencia, suicidios, crímenes, morosidad, mendicidad, terrorismo, etc.-, y, quién más, quién menos, comprenderá que, como ha sido tan habitual en nuestra Historia, cualquier futuro medianamente bueno al que aspiremos estará fuera de nuestras fronteras. Aquí no hay ya porvenir alguno. Y créame que ésta es la visión optimista. El escenario pesimista, mejor me lo reservo.
Multitudinaria soledad

Mientras la población humana crece sin cesar, nunca el hombre se encontró más solo.
Ayer se alcanzaron oficialmente los siete mil millones de almas vivas sobre la Tierra, y, con la tendencia actual de crecimiento, en el 2050 seremos aproximadamente diez mil millones de seres humanos los que poblaremos el planeta. Este dato, en cierta forma halagüeño debido a que el incremento de la población se debe en muy buena medida a un mayor respeto de los derechos humanos que en épocas pasadas en todo el mundo, a un incontestable avance de la medicina y el bienestar social, y a una notable disminución de las guerras y pestes tan tradicionales a lo largo de la andadura humana, es, sin embargo, una espada de Damocles que pende sobre la cabeza del género por cuanto los recursos del planeta son extremadamente limitados (y en decadencia progresiva), entretanto la codicia humana es ilimitada.
Nunca antes hubo tanta población sobre el planeta, pero nunca antes hubo tanta insatisfacción y tanta soledad individuales. El hombre, en buena medida, se siente un guarismo insignificante y prescindible, apenas útil para sí mismo si es que se trata de sobrevivir nada más. Somos tantos, tantísimos, que siempre hay otro con más suerte, con más talento, más guapo, más simpático, más fuerte, más exitoso…, reduciendo al individuo promedio a un ignorado miembro de una masa gris y multitudinaria que apenas si es ganado para quienes destacan. Gentilicios deshumanizados, como “la gente”, corren de boca en boca desvistiendo de humanidad al grueso de la población, cual si sus vidas fueran insignificantes, excesivas o nada más que una cuestión de atrezo para el que habla. Los demás, en fin, son relleno del propio protagonista.
A la vez que esto sucede, el mismo Sistema se ha deshumanizado y la población se convierte en números todavía más impersonales, como “consumidores”, “votantes”, “parados”, “trabajadores”, etc. Salvo que uno destaque sobre la masa, no es nada, no es nadie, no es sino un dígito, un dato, una estadística que no tiene emociones ni sentimientos, que no sufre ni padece y que, todo lo más, es considerado dentro de una nube de iguales a algo como un ente más sin nombre ni apellidos. El Sistema está tan soberbiamente deshumanizado que tanto el progreso como la propia salud juegan a veces contra el propio individuo, arrinconándolo como la persona imprescindible y única que es, y no pocas veces forzándolo a la autoextinción, fenómeno extremo que en las últimas décadas ya se ha convertido en la segunda causa de muerte en no pocos países de Occidente, pero que el sistema lo acepta igualmente como un frío dato más, desprovisto de toda emoción.
La televisión, el cine y la moda no sólo dosifican, como pienso intelectual, en qué y cómo ha de pensar Juan Nadie, sino que también le lleva y le trae de los abrevaderos del consumo a los de la política, como si nada más que fuera una res o una oveja perteneciente a un rebaño. Al Sistema, al fin, lo único que le interesa de Juan Nadie es su fuerza de trabajo, su aportación contribuyente o sus servicios prestados, pero le ignora como ser humano, le desatiende como persona y le hostiga con toda su presión si no es como le interesa: políticamente correcto. Los niños rebeldes (síndrome de hiperactividad, lo llaman) aumentan, crecen sin cesar los divorcios y rupturas violentas, los suicidios y aun los deportes extremos en los que los individuos se juegan la vida por experimentar efímeramente el placer de estar vivos. No hay en el orbe, parece, una fe en la que sostenerse o una causa justa por la que morir, cuando precisamente el Sistema adolece de fes y de individuos que mueran por causas justas, motivo y razón por la que la especie se está entregando a una orgiástica de consumo que sólo y exclusivamente dilapida sin tasa los recursos de este hermoso planeta, cavando a marchas forzadas su propia fosa.
Dios ha muerto para muchos, y era necesario que lo hiciera para el Sistema porque es para el Único para quien cada ser humano es el centro de su Creación Universal. Era necesario que murieran los credos, porque eran contrarios a la fe del rebaño que les interesa a aquéllos para quienes la humanidad no es sino un recurso para obtener dineros, dividendos, una vida de regalo que les faculte poder mirar al resto del género sobre el hombro. Los Libros Santos de todas las fes están arrinconados y sin devotos, como las revoluciones de hoy se dan por Internet, virtualmente, sin más aspiraciones que eslóganes ingeniosos pero sin fondo que huyen despavoridamente del horror de la lucha y de la sangre del autosacrificio. Y sin víctima propiciatoria no hay gloria, sólo una forma más de ser ganado.
El sistema ha provisto al individuo de todo lo necesario para que el hombre deje de aspirar a lo alto, que abandone su fe y su credo y que sólo sea capaz de verse el sexo o el ombligo. Las bestias fueron creadas para mirar sólo al suelo que las alimenta, pero el hombre lo fue para mirar no sólo más arriba, sino también para soñar y colegir, para experimentar e interrelacionarse, para crear, en su medida, sus propios mundos y sus propios órdenes, sus propios universos paralelos. Ignora el hombre de hoy, de forma mayoritaria, que al Cielo se sube andando, con mucho esfuerzo y con muchas renuncias, y en buena medida es así porque el Sistema le distrae con sus cantos de sirenas de ocio y placer efímero, porque más le interesa un buen contribuyente que sea de dócil manejo que un ser que sepa que está dotado de un alma inmortal que debe aspirar a lo sublime a cualquier precio.
La realidad, sin embargo, es la que es: somos siete mil millones de eternidades en manos de desaprensivos que nos ignoran como los seres humanos que somos, que nos mienten y manejan, que nos empujan a la indolencia o el trabajo que los enriquece, al divorcio y a este egoísmo insoportable para el propio planeta, cuando no a matarnos entre nosotros o a la aberración del mismo suicidio, ignorando el hombre que todo esto va contra los más sagrados principios. Pero la perversión está ahí, en este ditirambo encarnizado entre la vida y la muerte. El hombre ha aprendido incluso a cercenar su descendencia sin pudor ni dolor (para él), simplemente porque su descendencia puede representar un inconveniente coyuntural, desvistiendo así su propia humanidad de contenido al imitar el proceder del Sistema: la vida no es nada. Pero la vida sí lo es, y es mucho, tanto como el infinito.
Somos siete mil millones y estamos perdidos en nuestro progreso, sin un horizonte al que dirigirnos. Hace falta, imperiosamente, otro paradigma, un cambio de actitud, andamiarnos de credos e ideologías, porque ni el planeta ni nosotros mismos soportamos tanto daño. Cada día se extinguen numerosas especies que han habitado el planeta durante milenios, y cada día muchos hombres extinguen por su propia mano su existencia, porque esta forma de vida sin destino sólo les aporta dolor, y el dolor, cuando no tiene un fin sublime, para ellos no tiene sentido. Debe comprenderse que el dolor es la forma dura de evolucionar, que todo tiene un fin y un objeto, siquiera sea la reflexión no sólo del que sufre el daño, sino de todos los que rodean, quienes somos sus iguales. Hace falta un nuevo paradigma, y éste está al alcance de la mano; pero no está fuera, ni siquiera en un líder iluminado: está dentro de cada uno de nosotros. Sólo basta, para comprenderlo, guardar silencio y escucharlo. Somos muchos, siete mil millones de almas, y cada una de ellas es eterna –para bien o para mal- y cada una de ellas imprescindible.
La Guerra Azul

Las potencias han desatado una sorda guerra por los recursos naturales que pasa enmascaradamente inadvertida a la inmensa mayoría de los ciudadanos.
Nadie en su sano juicio pone hoy en duda que la Guerra de Irak ha tenido como objetivo espurio el petróleo, ni nadie con dos dedos de frente puede dudar que la Guerra de Afganistán no tiene nada que ver con libertades, persecución de terroristas o burkas, sino con tierras raras imprescindibles para el soporte tecnológico de las potencias y, cómo no, con el control de la producción de opio, siendo como es el mayor productor del mundo, hoy en manos de las potencias invasoras, las cuales se aseguran la producción y comercialización internacional, dominando así uno de los negocio más rentables existentes.
Éstas son guerras ruidosas y conocidas más o menos, aunque se disfracen las causas que los motivaron con explosiones contra rascacielos (tienen muchos más) o violaciones de los derechos humanos (¡será que Guantánamo es una filial de Cáritas, por ejemplo); pero hay otras guerras no menos cruentas que se libran de espaldas a toda noticia. Guerras sordas no porque no se hable de ellas, sino porque todavía no han sido hechos públicos sus genuinos fines al grueso de la población, así como ahora sabemos sin lugar a dudas qué les movieron a las potencias en las otras para invadir los países que he mencionado. Y entre las Guerras Sordas que han costado y están costando en estos precisos instantes mucha más sangre de la que el ciudadano medio se puede imaginar, se encuentran dos que conviene tener muy presentes por las consecuencias futuras: la Guerra del Coltán y la Guerra Azul.
Del coltán ha escuchado hablar casi todo el mundo, pero pocos saben que es un mineral particularmente escaso (mezcla de niobio y tantalio) imprescindible para que cualquier potencia funcione porque es el alma de la electrónica y la informática. Sus yacimientos no se encuentran aglutinados en minas o filones susceptibles de ser explotados por imponentes compañías mineras, sino que se trata de pequeñas piedras gris-azuladas que están desperdigadas en la tierra en ciertas partes de África (con una densidad tan escasa que hace inviable cualquier explotación masiva), y por cuya explotación y apropiación las potencias se están enfrentando subterráneamente potenciando a señores de la guerra locales, los cuales tienen licencia para perpetrar todo tipo de barbaries, siempre que garanticen el imprescindible suministro. En la República del Congo se encuentra el grueso de las reservas mundiales, y, por esta causa, hay una sangrienta guerra civil soterrada desde 1998 que no llega a los diarios e informativos, a pesar de las incontables víctimas que produce. Si apunto que Ruanda-Burundi y otros países limítrofes son los territorios en que se encuentra el resto de las reservas mundiales, seguro que ya pueden hacerse idea del porqué de aquella sangrienta guerra que produjo un millón de cruentas muertes ante la incomprensible indiferencia de Occidente. Y no es sólo muerte, sino también esclavitud en la pérfida y clásica afección del término, pues que para la búsqueda y recolección de este material tan estratégico se precisa de ingentes cantidades de hombre (y niños), los cuales son esclavizados por aquellos señores de la guerra, pero contando con la comprensión y el apoyo de las potencias. Y la ONU, en silencio culpable.
Tampoco llega a los diarios la guerra sorda que se libra entre las grandes potencias por adquirir suelo africano, en muy buena medida financiados y sostenidos por las turbias estrategias del BM. China y Corea, que también quieren su parte del pastel, han comprado recientemente millones de hectáreas, convirtiendo a África, entre países y empresas multinacionales en una suerte de Pandemónium por apropiarse de sus recursos, ya madereros o ya suelos agrícolas, en cuya lid no son ajenas las grandes compañías bananeras norteamericanas al modo y manera a como invadieron Centroamérica en el XIX y principios del XX. Y todo esto, claro, sin contar con que en este continente tienen las grandes farmacéuticas a una ingente masa de seres humanos con los que ensayar sus pócimas sin tener que soportar los costosos y larguísimos controles occidentales. África se ha convertido en el patio trasero de Occidente (y ahora también de Oriente), donde todo está permitido, y donde la codicia de los beneficios está empujando a las potencias a una neocolonización salvaje. En cuanto a las adquisiciones de suelo, con la excusa de créditos que no pueden pagar los países africanos al BM, son forzadas por éste a vender su suelo a empresas privadas y potencias, garantizando la hambruna de los nacionales y el suministro de los países neocoloniales; y con la excusa de hacer inversiones para explotar un suelo que los nacionales no pueden explotar intensivamente por falta de recursos propios, las compañías occidentales están apropiándose de los suelos agrícolas o madereros africanos, manteniendo a un mínimo de la población con salarios tercermundistas y dejando a toda la demás sin espacio ni para un cultivo de supervivencia. África, hoy, está sufriendo una segunda colonización tal, que los términos en inglés que se usan para definir esta actividad tan enjundiosa para los llamados “inversores”, son: Land Grab (robo o usurpación de tierras). Con esto, está dicho todo. Más de 50 millones de hectáreas en una veintena de países africanos han sido vendidas a las potencias, según algunas fuentes de toda solvencia (sólo el año pasado una compañía automovilista coreana compró 10 millones de hectáreas en Madagascar), con todo lo que ello conlleva de migraciones de población, hambrunas, etcétera. Y la ONU, en silencio culpable.
Sin embargo, hay más. Al menos en la parte occidental del mundo en que vivimos, casi todos dan por cierto que la Guerra de Libia fue desatada por la OTAN para proteger los derechos humanos de la población de un tirano. Algunos, pocos, dudan de esta información sesgada no sólo arguyendo que el remedio ha sido mucho peor que la enfermedad (las matanzas a sangre fría de gadafistas han sido como una limpieza étnica en toda regla), sino también porque ven en el petróleo libio una especie de réplica de lo sucedido con Iraq, y es verdad en buena medida. Sin embargo, ni ha sido casual el infame asesinato de Gadafi y sus hijos, ejecutados sin duda por órdenes venidas de lo más alto –había que silenciarle a cualquier precio-, ni el petróleo fue la única causa. 150 toneladas de oro han desaparecido, y esto puede parecer una buena justificación para la “inversión” militar que ha hecho la OTAN; pero la verdadera causa de la Guerra de Libia, ha sido la apropiación de sus recursos hídricos. Puede parecer paradójico que Occidente libre una guerra en el desierto por apropiarse del agua que hay en uno de los países más secos del mundo; pero esto sólo es verdad si uno contempla el paisaje. Si se consideran los resultados de las prospecciones del subsuelo hechas en busca de petróleo y se repara en lo que se encontró, la cuestión cobra un matiz completamente distinto. A tenor de estos resultados, Libia tiene la segunda reserva mundial de agua dulce (fósil; es decir, purísima) del mundo, ponderada en principio en una cantidad que podría superar los 12000 kilómetros cúbicos, lo que sería más o menos suficiente como para convertir en un vergel… una docena de planetas como la Tierra, desiertos incluidos. Ésta y no otra ha sido la causa real de la Guerra de Libia, conocida como Guerra Azul entre las potencias: la guerra por uno de los bienes más escasos de cara al futuro: el agua dulce. Y la ONU, en silencio culpable.
El bazar del tío Rubalcaba

¡Al rico regalo! –como con los puntos Spar-, vocea el candidato socialista.
Fueron, primero, las necesidades de pasar de una sociedad de supervivencia a una sociedad de consumo, las que forzaron a las empresas y supermercados a copiar la idea de los puntos-regalo que tan de moda estaban en otros países desarrollados, cuando aquí teníamos una dictadura que se iba haciendo dictablanda gracias a la llegada de los Opus-boys al poder franquista. Spar, regalaba puntos por el importe de las compras, los cuales completaban cartillas y éstas se podían canjear por regalos (de chicha y nabo), y tuvieron tanto éxito que Zahor y Dulcinea, ambos fabricantes de algo incierto a lo que por aquellos días de carpanta le llamaban chocolate, imitaron la cosa, permitiendo que los consumidores canjearan las fundas de las tabletas por estupendas muñecas meonas, platos Duralex o magníficos balones de plástico en los que impúdicamente se blandía el anagrama “Zahor”. ¡Madre mía, la de vergüenza que habremos pasado muchos chicos de entonces con pocos posibles, con aquellos balones publicitarios con los que jugábamos casi a escondidas porque no eran de badana!
Llegó cierto bienestar a la sociedad a la sociedad en la explosión industrial de los 60 y los 70, y fueron los bancos los que tomaron el relevo de tan denigrante sistema de promoción y captación de clientes de bajo perfil, haciéndolo con tal entusiasmo y variedad que uno entraba en cualquier sucursal y le parecía haberlo hecho en el bazar de la tía Ambrosia, pues que por domiciliar la nómina o las cuentas de gastos, lo mismo te ofrecían una baraja de naipes que una batería de cocina, si es que no un juego cama de matrimonio o una televisión como la caja de un muerto. ¡Y funcionó, vaya si funcionó! Tanto fue así, que uno iba de visita a casa de alguien, y, sólo por el ajuar, sabía de qué banco era cliente.
Nada de extraño había, pues, en que ante la caída en las ventas de periódicos y revistas por causa de masificación de internet, los diarios más prestigiosos se echaran a la concupiscencia de los regalos “sólo por un euro” o lo que sea, convirtiendo las librerías y quioscos en bazares improvisados en los que podías adquirir como ganga cualquier suerte de porquería made in China, si es que no saldos literarios impresos en tres claves: pésima, mal y fea.
Lo que sorprende mucho, muchísimo, es que ahora el bazar sea el del tío Rubalcaba, ése que aborrece las siglas de su partido –con razón, gracias al descrédito que se han trabajado con tanto ahínco y tan eónico desacierto-, y que ahora te ofrezca una cafetera o cualquier chirindanga por hacer el curro que él –ellos- no sabrían porque en su vida han dado un palo al agua, fuera, claro, de chupar de bote del despelote.
Pero ahí lo tienen, tan campechano él, gritando a los cuatro vientos: “¡Regalos, oiga, para el nene y la nena, para el papá y la mamá, sólo por currar gratis para mí!”, que es poco más o menos lo que ha intentado hacer con las masas laborales de este país. Bálsamos labiales, vasos-termo, tazas-térmicas y cuadernos Moleskine con el lema impreso del tío Rubalcaba, son algunos de los enjundioso regalos de esta novísima –y ridícula- forma de hacer campaña electoral. Todo un programa de futuro, al mismo tiempo que un identificador de hasta dónde llega la miseria. Es todo cuanto tiene que aportar el Candidato, en fin, porque en cuanto a actos ya los conoce el que tiene memoria, cante o no cante el Faisán y estén desempleados o parados sus votantes. ¡Viva el retro-futuro! Ya saben, a la vista de todo esto, en qué nos quiere instalar: en los gustos de la miseria y los años del hambre. Si todo lo que tiene que aportar es que reglarnos cositas chinas muy horteras porque la peña trabaje gratis para él -ellos-, ya sabe lo que le espera a quien le vote. Y, a todo esto, a su jefe de campaña (la que esconde las siglas del partido por vergüenza suma), un 10, oiga: ¡tacita-térmica de regalo!
¿Truco o trato?

Como en una demoniaca mascarada, comprobamos que los políticos han jugado con los ciudadanos, nada más que ofreciéndonos ¿truco o trato?
Nada, nada, que todo era –es- mentira. Ardides de la política, engaños, bromas más o menos pesadas de unos vivales profesionales, o nada más un festival dantesco a caballo entre lo morboso y falsario, bueno sólo para tomarnos el pelo.
El PSOE, ya se ve, no sólo no tiene nada de izquierdas, pues que en la práctica pocas políticas pueden ser más conservadoras, sino que tampoco lo tiene de PSOE, marca registrada –como el tomate frito- en horas bajas y mucho descrédito a la que El Candidato –siniestro candidato, dicho sea de paso- niega y reniega, sustituyendo sus siglas en la campaña por el marquetiniano “sabe y contesta”, que bien es cierto que sabe -¡más que los ratones colorados!- pero que contestar, lo que se dice contestar, lo hace, pero de aquello que le interesa a él y pocas veces o ninguna con la verdad desnuda, cual si el PSOE y el funesto Candidato nos dijeran: ¿truco o trato?...
El PP, que ya saborea las mieles del triunfo y se puede ver su prohombre –Rajoy- sentado en el solio de La Moncloa y a sus monagos cantando la misa negra gregoriana del poder y el chupe del bote del despelote, ya reniegan de cuanto dijeron en tantos años de teatrera oposición, dando diestras manoletinas al toro de la verdad y diciendo Diego donde dijeron digo. No; ya no proscribirán el aborto, ni derogarán las locas leyes sociatas, ni bajarán los impuestos –véase lo que están haciendo allá donde gobiernan, incluidos reinos taifas nepotistas-, ni siquiera crearán empleo alguno –"tardaremos muchos años en solucionar esto", dicen ahora como siempre dijeron todos-, ni corregirán todos esos despropósitos legislativos perpetrados por el PSOE y sus iluminadas contra los que tanto se quejaron, sino que todo, bueno y santo, servirá para seguir adelante en nuestro viaje al Infierno, diciéndonos, como mucho: ¿truco o trato?...
Incluso ya vemos que la charada ésta del “cese definitivo de la lucha armada” de ETA –mañana, si interesara porque no se llevan el gato que quieren al agua, bien podría aparecer una ETA(r), una ETA(a) o una ETA(x) tan cruenta o más que la predecesora-, tiene regusto a broma pesada, y ya ambos partidos mayoritarios, PP y PSOE, se aprestan a conceder todo tipo de prebendas a los criminales de facto y confesos, incluso a los todavía no capturados o fugados, abriendo un panorama de impunidad ante el futuro de todos y regalando a quienes tanto rencor, dolor, muerte y daños nos regalaron un porvenir de bienestar por los servicios prestados, y quién sabe si a ese PNV –que ya dije que ETA se terminaría cuando a los políticos del PNV les interesara- no sólo el gobierno del País Vasco, sino incluso es posible que la independencia, cual si nos dijeran a todos los demás ciudadanos, los que creímos que se luchaba contra el terror por una cuestión de decencia, de democracia, de honestidad o de principios: ¿truco o trato?...
Al final, ya vemos que todo concluye alrededor de la fiesta infernal del All Hallows Eve (Halloween) y que todo esta realidad era circo, un festivo baile de demonios disfrazados con risibles atuendos para ir golpeando las puertas de nuestras casas, pidiéndonos los caramelitos de la paz arrodillada o del voto que les convierta en dictadores por cuatro o más años. ¿Truco o trato?... Como tantas veces he dicho, PP y PSOE, bien se ve, son los dos brazos de la misma bestia, el que acaricia y el que golpea, el que grita y el que susurra a su ganado, el poli bueno y el poli malo, según. A la vista está de quien quiere verlo. Lo demás, son sucesos de una farsa, la conveniencia de tener entretenida a la audiencia para que no repare en lo que la han sisado, un truco, un trato, una magia de hacernos mirar a la mano derecha mientras con la izquierda nos guindaban la cartera de los derechos, de la independencia o nada más que se llevaban –se llevan- los dineros a espuertas acá y allá –en nada quedó tanto latrocinio y tanto escándalo, en nada tanto titular de rasgarse vestiduras y en nada tanta indemnización a los banqueros que nos quebraron (por igual en autonomías de izquierdas que de derechas)-. Al final, el 20N no habría que votar a unos u otros, sino responder a la cuestión: ¿truco o trato?...
Truco, truco, es lo que ha habido en todo el panorama del día a día estos infaustos siete años malos incluso para olvidar, y trato sería ir el 20N y votarles. Si se hiciera, que no haya queja: se participa en este réquiem por un país que no merecería serlo. 20N, los diablejos y los zombis llaman a nuestras puertas con las calabazas bajo el brazo: ¿truco o trato?... Si truco, más de lo mismo –desempleo, impunidad, latrocinio, discriminación, quiebra, subidas de impuestos, miseria, mentiras, mentiras, mentiras, etc.-; si trato, también.
De primaveras

La Primavera Árabe está haciendo florecer toda suerte de capullos.
Occidente –entiéndase EEUU y su OTAN- han irrumpido en el devenir de los países islámicos con la delicadeza de un elefante en una cacharrería. El resultado de sus acciones, más allá del fantasmagórico y pomposo nombre publicitario de “Primavera Árabe”, es más parecido al de esas invasiones fallidas –Iraq y Afganistán- en que a los imperiales les han llenado la cara de dedos mientras sembraban el caos y la muerte de una forma tan absurda como gratuita.
Sobra decir que el resultado de la invasión militar de Iraq y Afganistán sólo ha servido para que las multinacionales armamentísticas norteamericanas se hincharan a hacer negocio, pero que los ciudadanos de esos países les deben a los invasores la destrucción de sus países y sus vidas personales, además de ser semillero de venideras confrontaciones que prometen ser de lo más sanguinarias. Todo un éxito, en fin. No; no viven en esos países como marajás, ni siquiera de una forma respetuosa o democrática, ni aun las mujeres han dejado de usar velo o burka o tienen más derechos o viven las poblaciones entregadas al lujo y la molicie. No; ni mucho menos. Por el contrario, los Estados han fallado, el caos que han instaurado es el orden preferente, la vida no vale nada, los derechos civiles no existen, sus riquezas han desaparecido en los bolsillos de las multinacionales norteamericanas y a los ciudadanos de esas naciones no les queda sino un horizonte de sufrimiento, dolor e ignorancia que sólo se puede resolver con más sufrimiento, dolor e ignorancia. Más o menos lo que dijeron que iban a hacer los EEUU cuando comenzaron esta tétrica andadura, ya digo, y, ahora que se vuelven a casita los marines después de haber cumplido su misión, se hace balance y uno, claro, se lleva las manos a la cabeza y le ruega al buen Dios que ojalá nos quedemos como estamos y que nunca nos tengan que salvar de nada: Virgencita, que me quede como estoy.
Y es que donde las gentes de EEUU ponen su bota, todo el mundo está tan contento. Ahí tienen a Egipto, que salieron de Málaga y se metieron en Malagón (con perdón), o a los libios, que teóricamente se libraron de una dictadura para meterse en una dictapeor y más sanguinaria. Y, si no, ahí tenemos a Yemen o a Siria, a quienes ya les pintan en bastos y tienen por delante sólo degollinas porque ya no hay marcha atrás posible. Y si éstos últimos se creen que van a tener democracia y que van a vivir como Filadelfia o en Londres, están listos, que tomen asiento y adopten posturas cómodas, porque en un ratito más lo tienen, fijo.
La cuestión es que no para aquí la cosa, porque todos estos países –lo digo con respeto-, son daños menores comparado con lo que se viene encima, que es Irán, Paquistán y los colaterales rusos, indostaníes y chinos que estarán, con toda seguridad, al quite, remojando las barbas de los israelíes, socios de los norteamericanos. Da la impresión, visto desde cierta distancia, que todas estas revoluciones primaverales (debe ser por la cantidad de capullos que florecen en ellas), más tienen de cerrar bocas incomodas con linchamientos en plan western, si es que no de ensayos o de maniobras para ver de qué forma les rapan las barbas a los ayatolás chiítas persas, que con libertades de mucho tiroriro más falsas que el beso de Judas. Algo se cuece, y no es algo menor.
O es esto, ya digo, o es la ansiada reestructuración del escenario del Medio Oriente tan perseguido por los norteamericanos desde que diseñaron su horizonte de carestía venidera de recursos fósiles mundiales (y, en consecuencia, de control de la energía), hace ya algunas legislaturas por los talentos del pentagrama iluminado. El premio Nobel de la paz, Obama, ya vemos que lejos de pacificar aprieta el acelerador, y hasta es posible –seguro, según muchos expertos- que meta en la harina y la reboce a la misma Turquía, la cual ya está de uñas con Israel por la cosa de los gases del campo Leviatán en Chipre, y con los EEUU por la cuestión Armenia en el norte de Iraq.
De sobra es conocido aquello del divide et venceré, y a EEUU no le han gustado nunca los grandes opositores, sino que le conviene mucho la fragmentación de cualquier potencia, y, de ser posible, que lo es, con una buena cantidad de líos domésticos. Es lo que hizo con la exURSS, con la exYugoslavia, con la exSerbia y con la excátedra con que gobierna el mundo.
Lo malo de todo esto, además de florecer tantos capullos, es que la cosa se le puede ir cualquier día de estos de las manos. Y no por estar lejos de aquel meollo vamos a salvarnos, no se crean, que no en vano nos han montado en casa, en Rota, lo del paraguas antimisiles (miedo han de tener si tanto tienen que protegerse lejos de su casa), convirtiéndonos en objetivo atómico de primera magnitud para cualquier enemigo con malas pulgas. Dicen algunos mal pensados que esto una jugada de quienes nos comandan para desmontar a ETA y tener una oportunidad electoral, porque de sobra es sabido que EEUU juega siempre a dos cartas y con tres o cuatro barajas.
La respuesta final, uno de estos días. Por lo pronto, va silenciando bocas mientras florecen los primaveras y eliminando los potenciales enemigos de retaguardia, acaso esperando una cosecha de hongos cuando llegue el estío. Que llegará.
La criminalización de la justicia

Choca que España sea uno de los países de Europa con menor índice de delincuencia y, al mismo tiempo, con mayor número de presos.
Algo severo está fallando en la Justicia española. Según los datos oficiales no sólo es España uno de los países más seguros y con menos delincuencia de Europa, sino que los mismos delitos cometidos son, en promedio, de mucha menor intensidad que en la media del conjunto europeo; pero, a la par, somos el país de Occidente con mayor población reclusa.
Según no pocos expertos esto se debe a un abuso manifiesto de las causas penales no tanto porque lo que se demanda como delitos sean realmente causas penales, sino porque numerosos abogados acusadores usan el ardid de buscar tramposamente las vueltas a las situaciones de sus clientes (ingeniería legal) para presentar los litigios como tales, cuando en realidad y justicia deberían ser simples pleitos civiles, mercantiles, matrimoniales o incluso no haber pleitos por no haber sino simples discrepancias entre particulares, utilizándose a la Justicia como un medio de revancha, venganza e incluso de extorsión contra el demandado. Lo que pase después, el resultado, la sentencia, a veces no tiene nada que ver con la Justicia, pues, como han dicho tantos jueces de tantos países (incluido el nuestro) en las últimas fechas con motivo de sentencias absolutamente legales pero manifiestamente injustas, “la verdad jurídica no tiene nada que ver con la verdad real”. Un pan como unas hostias, en fin, que nos deja perplejos (e indefensos) a la inmensa mayoría de los ciudadanos, pues si la verdad jurídica no tiene nada que ver con la verdad real, uno se pregunta qué diantres es entonces la Justicia.
El abogado acusador, el que contrata quien que se siente agraviado por alguien, suele ser un letrado que cobra, y cobra mucho, por sus servicios profesionales, el cual, a menudo, además, va a la parte de la ganancia si la hubiere, de modo que obtiene mayor beneficio si consigue una sentencia favorable que si no (salvo que sea un corrupto que se haya vendido de antemano a la otra parte revelando datos “sensibles” de su cliente, o que haya hecho acuerdos con los defensores de los demandados del tipo “éste juicio lo ganas tú y el próximo lo gano yo”, cosa que, como es corrido a nivel de calle, es una práctica mucho más frecuente de lo que pareciera). Por un pleito corto o simple, el abogado gana menos (ganando mucho) que si el proceso es complejo, de modo que le conviene también no sólo complicarlo por interés personal, sino porque si convierte una simple discrepancia o un proceso civil, mercantil o matrimonial en un proceso penal tiene más posibilidades de llevarse el gato al agua, toda vez que cualquier ciudadano demandado, incluso injustamente, se sentirá sobrepasado por una querella penal que solicita para él grandes penas carcelarias y onerosas indemnizaciones, viéndose tentado (a causa de la sorpresa o por ser un tanto asustadizo), quizás, a negociar un acuerdo extrajudicial para satisfacer lo que en realidad debería ser tipificado como una simple y llana extorsión, además del libelo y los daños colaterales que conlleva el caso, todos ellos muy malos para el acusado injustamente. Por otro lado, el demandado sabe que de llegar a juicio el asunto, de un modo u otro tendrá que demostrar inocencia, por bárbaro que esto resulte en apariencia, y que en buena medida su libertad y su propia fama y economía dependerán de lo bien o lo mal que haga su trabajo su defensor, de lo bien o lo mal que se lleven el abogado acusador y los miembros del tribunal (influencias), si es que no de lo bien o lo mal que le caiga al tribunal, al juez o a quien corresponda. Este tipo de letrados, especializados en perpetrar daños legales, lamentablemente, ha crecido exponencialmente en España, en buena causa debido a la explosión de codicia que se despertó en la práctica totalidad de los ciudadanos desde hace más o menos una década a esta parte. Los escrúpulos o la ética, en buena medida, han desparecido tanto para cierto tipo de ciudadanos como de letrados, si lo que hay por en medio es un interés personal, económico o no. Sin embargo, curiosamente, se ha marginado, desatendido u obviado que incluso los letrados tienen el deber de defender la verdad, supongo que la real.
Así, España se ha convertido en un paraíso de los abogados especializados en estrujar y retorcer la ley para presentar discrepancias insignificantes y demandas civiles como si fueran delitos penales, criminalizando la Justicia y obteniendo de ello enjundiosos resultados. “Lo hace todo el mundo”, suelen decir estos letrados, y de este modo se aseguran un cliente que es más que probable que se gaste una pequeña fortuna en su bufete, además de que tienen la posibilidad de pillar un buen pellizco del resultado de hundir la vida de otra persona, aún siendo todo ello, desde su propio origen, algo injusto, resultando ser que, en realidad, el verdadero delincuente es quien demanda y quien presenta como penal la causa que no lo es. Sobran casos y sobran ejemplos de todos conocidos, pero seguro que vienen a la mente de cualquier ciudadano el abuso en la demanda penal por malos tratos en los casos de divorcio, o los de aquéllos que contratan un servicio profesional del que, una vez alcanzado el objeto contractual satisfactoriamente, quieren deshacerse de la parte contratada, la cual es posible que debiera cobrar algo más por hacer su trabajo y aún percibir alguna comisión sobre los resultados durante algún tiempo: con esto se ahorran los contratantes demandantes (codicia en estado puro) los pagos pactados, las comisiones que devengó el profesional en cuestión y pueden lograr que éstos les devuelvan multiplicado (daños y perjuicios, argumentarán) los abonos realizados como consecuencia del contrato legalmente establecido. Un contrato mercantil que, en un caso penal desviado hábilmente a otros delitos penales que nada tienen que ver con el asunto, quedará reducido a agua de borrajas como si nunca hubiera existido. Y no sólo eso, sino que durante el largo tiempo que tarde la causa en resolverse a favor o en contra del demandado, los demandantes usarán para destruir su vida con la difusión de toda suerte de libelos, aportando la dudosa “prueba” de que si un juez lo admitió como causa judicial penal, es que el delito existe, cuestión que tiene mucho eco en nuestra actual sociedad, como vemos cada día, prácticamente, en los diarios y noticieros.
Estas trampas, tan habituales hoy, son las que están llenando las cárceles de inocentes y las calles de vivales. Desconozco, porque soy lego en Derecho, si es legal o ilegal presentar como delito penal lo que no lo es (acaso ni sea delito, ya digo), pero, en cualquier caso, no hay condenados por esa aberrante práctica tan corriente, que yo sepa, lo que me induce a pensar que debe ser legal que para obtener una ventaja adicional tan tramposa o hacer un negocio tan perverso por la parte demandante, estos vivos puedan jugar de esta forma con la Justicia y con la vida de los ciudadanos. De no ser legal, creo que hacen falta actuaciones tan expeditas como contundentes y ejemplarizantes contra estos presuntos sinvergüenzas que están colapsando la Institución de la Justicia y arruinando tantas vidas, y si es legal, tal vez sea hora de aplicar una solución correctiva, porque la ley ésa, supuestamente que exista (que lo dudo), está mal y es injusta, y, por ello mismo, debiera ser derogada.
En virtud de esto, y por cuestiones de procedimiento (diligencias mal llevadas o ejecutadas de una forma poco profesional o incorrecta, testimonios falsos, documentos adulterados o la razón que sea), muchos inocentes no sólo son condenados a toda una vida de ignominia (daños colaterales incluidos), sino que se faculta que los golfos más golfos del país, los verdaderos delincuentes que son los abogados y los demandantes que tan torcida y criminalmente obran con plena conciencia de que están haciéndolo injustamente, sean beneficiados por un sistema judicial que debiera velar por cumplir el fin para el que está destinado, el cual es que los tribunales impartan verdadera Justicia de modo que la verdad judicial y la verdad real no sean disímiles, sino exactamente la misma.
Lo que toca: muerte en Sirte

Estremecen por su crueldad las imágenes del asesinato de Gadafi difundidas en las televisiones.
Una turba enloquecida, al modo y manera de los spaguetti western, linchó hasta la muerte a Gadafi, anteayer el dios de plastilina de estos mismos libios que le masacraron y hoy convertido por arte y gracia de las potencias que ansiaban el petróleo bereber en un diablo en toda regla. La crueldad de las imágenes es inenarrable, las cuales han sido emitidas por todo telediario sin advertencia previa de su inhumanidad, poniendo en riesgo de conmoción no sólo a los adultos, sino también a los niños, y no sólo por su mucho más que rechazable barbarie, sino porque estaban orladas de felicidad y exultación como si se presenciara algo bueno o festivo, o como si perpetrar tal crimen fuera algo plausible, tolerable o justificable.
Cuesta un esfuerzo moral imposible comprender que tales imágenes puedan ser difundidas por periodistas responsables, cual si la muerte de un ser humano, por abyecto que sea, pueda ser algo asumible o respetable; pero cuesta todavía mucho más esfuerzo comprender que se presente como héroe a quien le arrebató la vida, sin acusación ni juicio, negándole sus derechos sagrados a la existencia, y uno, cuando presencia esta abyección investida como algo lúdico, no puede sino sentir que le duele el alma, que vivimos en un orden en el que la Justicia ha sido expulsada por indeseable, que se quedó definitivamente sin Dios este rincón del Paraíso. Sin embargo, ahí están las imágenes, para nuestra ignominia.
Los dictadores son bárbaros que perpetran ignominiosos daños a la especie, pero son de nuestra especie y se supone que los despreciamos porque nosotros no somos como ellos, que no somos bárbaros que perpetramos ignominias o exaltamos a las turbas para que, con un comportamiento animalesco que reprobarían los mismos animales, cometan execrables crímenes como el que a trangullones hemos presenciado contra nuestra voluntad porque no nos advirtieron de lo abyecto de las imágenes que iban a difundir y repetir y repetir y repetir. La mera difusión de esas imágenes no sólo convierte a los periodistas en cómplices del crimen, sino que nos convierte a todos en copartícipes, o, al menos, a los que no rechazamos ese crimen atroz como un crimen igualmente deplorable.
Sin embargo, dudo mucho, muchísimo, que estas imágenes hayan llegado a todas las pequeñas pantallas o a las portadas de todos los periódicos por simple amarillismo colectivo de todos los periodistas del mundo al unísono, o por ansias desmedidas de sensacionalismo de ésta nuestra sociedad que se está convirtiendo en esta cosa ñoña y aborregada, sino que mejor creo que han sido impuestas por quienes manejan el poder, sin duda como advertencia a otros dictadores que están en el disparadero, los cuales –hay que decirlo- hasta ayer, lo mismo que sucediera con el malogrado Gadafi, gozaron de los apoyos, bendiciones, aplausos y reverencias por parte de quienes hoy pretenden sustituirlos por intereses estratégicos o mezquinamente pecuniarios.
La grandeza de nuestra supuesta escala de valores está fundamentada en la inalienabilidad de los derechos humanos. Todos -sin excepción- tenemos derecho a la vida, y, aún ante los crímenes más atroces, todos -sin excepción- tienen derecho a un juicio justo, a defenderse de las acusaciones y, en su caso, a que la condena que se les imponga sea humana, aunque ellos no lo hayan sido. Se le ha acallado a Gadafi con la muerte, sin embargo, y debemos entender que porque los agresores, Occidente, temían sus palabras, temían sus respuestas, estaban asustados de los secretos que pudiera desvelar si le hubieran dejado manifestarse. Muerto el perro, adempero, no se acabó la rabia.
Otros dictadores, ya en el punto de mira y con la sentencia promulgada aunque no se haya hecho pública, saben ahora que no tienen salida, que están acorralados y que sólo les queda morir como los bueyes o dando cornadas. Es de temerse, pues, que los que se encuentran en el disparadero, obren con enajenada locura, que mueran matando tanto como les sea posible: ése es el resultado. Un resultado que, mucho me temo, esté calculado y sea el deseable por algunos, encontrando en las acciones exacerbadas venideras de éstos la excusa que están esperando con tanta ansia para justificar el programa de violencia extrema que está planificado, la justificación para difundir universalmente sangre, muerte y plomo, tal vez males peores, porque las potencias en crisis necesitan consumir sus arsenales para llenarlos con las nuevas armas que ya las industrias militares llevan algunos años produciendo a mansalva.
De alguna manera, me temo, esto de Libia han sido maniobras no sólo militares de puesta a punto y ensayo para lo que se está preparando (Siria, Yemen, Irán, Paquiatán, Corea del Norte…), sino una provocación en toda regla a ciertos actores imprescindibles que se desea que enciendan la mecha de la pirotecnia venidera, además de ir acostumbrando a los ciudadanos a lo que se les viene encima.
El gran crack

Estamos a las puertas de un crack económico sin precedentes.
Hay por ahí algunas voces que apuntan a que algunas potencias europeas incluidas en el euro ya están imprimiendo billetes de sus antiguas monedas, porque es más que probable que éste tenga sus días contados. Por otra parte, la economía norteamericana, basada en una economía de guerra desde el crack del 28, corre el riesgo de un estrepitoso de derrumbe, aplastando a la totalidad de las economías mundiales, en buena medida debido a que sus dos fundamentales soportes –el petróleo y la venta de armamento- están de capa caída por no haber conflictos activos que requieran de un aporte significativo de armas avanzadas, que son las más rentables. Lo primero, puede ser un síntoma de lo que avecina en el plano económico europeo; pero lo segundo, en el ámbito global, puede resultar ser todavía mucho más peligroso, pues que el gigante norteamericano se podría ver tentado a huir hacia adelante, produciendo un ansiado conflicto salvador de su economía, aunque los callos que podría pisar nos harían ampollas a todos. En este sentido, no parece que sea nada tranquilizador que esté ultimando –en tiempos de relativa paz y concordia entre bloques- su escudo antimisiles con la excusa de prevenir un ataque irracional por parte de las inofensivas Irán o Corea del Norte, o que haya desviado hacia los límites de Irán-Afganistán el colosal potencial militar convencional y estratégico que ha movilizado.
Lo sutil, lo intangible, es el origen de todo. Ya he dicho en muchas ocasiones que la fundación del acto es el deseo, siendo que es lo emocional, lo espiritual si se quiere, la causa primera y el origen de los efectos o el resultado: de los hechos, en fin. La codicia, así, el deseo desordenado de algunos de querer más y más sin colmo ni tasa, fue el origen de nuestra situación actual. Algo absurdo, porque éstos, los primeros grandes codiciosos, eran precisamente los que más que tenían y, en consecuencia, los que menos necesitaban. Sin embargo, su actitud sirvió como ejemplo, cundió en la sociedad y fue un proceder que se fue generalizando, yendo cada cual, de una manera exponencial, imitando estas conductas desalmadas. La especulación, de esta manera, pasó de ser el patrimonio conductual de unos pocos al modo de obrar de la mayor parte de las sociedades capitalistas, que son ya, en mayor o menor medida, las de casi todo el mundo.
El declive de Occidente comenzó cuando alguien entró a una tienda de todo a 100 y compró algo más barato que lo igual o parecido que se producía en su propio país. Seguramente no era nada importante, pero fue el primer mampuesto de la construcción ciclópea de la industria de Oriente y el primer voto de una sentencia a muerte de Occidente. A partir de ese momento, los compradores de gangas se echaron en los brazos de este tipo de tiendas, y poco a poco se fue fundamentando el potencial del bloque adversario en nuestros suelos, acaso ignorando los compradores que estaban favoreciendo la pujanza de otros países y cerrando las industrias propias, con todo lo que ello conlleva de desempleo, pérdida de derechos y la necesidad de perder los privilegios laborales tan duramente conquistados y al precio de tanta sangre para poder competir ante los consumidores con los precios de aquellos países en los que los trabajadores no son sino esclavos, convirtiéndose así en sus iguales y rasando los salarios por la mínima, pues que se trata del mismo efecto de los vasos comunicantes.
No pocos empresarios europeos, en vista de la tendencia de los consumidores, cerraron sus fábricas en Europa y desplazaron sus producciones a Oriente, multiplicando los daños, en buena parte ya no sólo por una cuestión de ahorro o de ganga de los consumidores, sino por un estado de necesidad que les empujaba a buscar lo más barato, porque el ciclo de desempleo y decadencia había comenzado y no había ya forma de detenerlo. Primero fueron los juguetes, luego el calzado, después la moda y terminó siendo un totum revolutum en el que todo producto entraba en el saco.
Los Estados debieron entender entonces que estaban obrando mal, que el sentido de la economía y de la estructura industrial nacional no se basaba en una simple cuestión de beneficios de algunos empresarios, sino que las empresas tienen una función social capital, que es ocupar y procurar medios de supervivencia a la población; pero haber obrado en otro sentido o haber intentado corregir esto, les hubiera supuesto perder las elecciones, de modo que comprendieron que todo estaba perdido y que sólo quedaba salvarse a sí mismos como partido y como personas, y se institucionalizó la corrupción que nos encenaga. Hoy, las consecuencias de todo esto ya vemos cuáles son y en qué punto nos encontramos.
Comprar una barrita de incienso o una fruslería en una tienda de todo a 100, liberalizar la economía abatiendo las barreras arancelarias que protegían a las propias industrias, resultó ser, a la vez, el oxígeno que permitía una respiración coyuntural de la economía del momento y la asfixia que va a matarnos. Poco le importó a nadie entonces que se estaban adquiriendo productos manufacturados por niños esclavizados o por personas sin derechos que trabajan de sol a sol siete días a la semana, sino que todos pensaron en su ahorro personal del momento. Y el momento, lo efímero, va a reemplazar a todo el tiempo del futuro (que es mucho más), porque es probable que nunca jamás ya se vuelvan a tener los derechos que se tuvieron en Occidente. Lejos de ser nosotros los que exportáramos nuestro bienestar, hemos importado lo peor de cuanto había en aquellos países, ahorcándonos con nuestra propia cuerda.
Hicimos un pan como unas hostias, ya se ve, en una ceremonia de la codicia que abarcó a todos cuantos pudieron en todo el ámbito de Occidente. Hoy, incluso nuestras más esperanzadoras instituciones, Europa, está apuntalada y a punto de derrumbe, y ya cada país busca la manera de salir de su cobertura para no ser aplastado por los escombros. Incluso la misma potencia hegemónica, los EEUU, buscan la manera de solucionar la crisis como siempre han hecho, a bombazos, con el costo humano y cultural que ello puede tener para todo el género. O tal vez no pretendan solucionar su problema económico de hoy, sino evitar nada más el dejar de ser Imperio, actuando como en aquel tango: “la maté (a la humanidad) porque era mía.”
El temido gran crack está ahí, voceado ya sin cortapisas por los pregoneros del sistema, y quien no lo escucha es porque no quiere, porque no lo avisan para dentro de mucho, sino en cuestión de semanas o de meses. La consecuencia menor será volver al marco, la lira, el franco o la peseta; el peor, una lápida sobre el conjunto de la humanidad que diga: “Aquí está sepultada toda una especie, víctima de su propia codicia.”
El precio de la paz

No se mendigan la paz ni la libertad: se conquistan.
Tanto la paz como la libertad son los bienes más valiosos para el hombre, pero también son su gran utopía por ser prácticamente inalcanzables para la práctica totalidad de los seres humanos de cualquier época, entre otras cosas porque la esencia de la vida es conflicto en sí misma. Una lucha permanente contra las esclavitudes impuestas por las propias condiciones de cada individuo y por el contexto social en que cada hombre se desarrolla. Sólo en la conciencia puede haber paz y libertad verdaderas, y rara vez en lo exterior: nadie es del todo libre, ni nadie está del todo en paz.
La paz aparente de la sociedad se mide a veces por los conflictos manifiestos, pero la sociedad nunca está en paz. Siempre hay algunos violentos que tratan de sacar ventaja de sus actos de fuerza o de muerte (mafias, terroristas, descontentos, delincuentes, etc.), y siempre habrá violentos que en nombre de una organización con supuestos fines políticos o con meros fines económicos tratarán de imponer sus ideas en base a crímenes o que de vivir bien apropiándose de los bienes de sus semejantes asesinándolos. Sobran ejemplos y sobran explicaciones.
La libertad es la capacidad de optar soberanamente y sin influencias o presiones entre distintas posibilidades, y lo es, especialmente, en la conciencia. La libertad, en fin, es la capacidad de elegir, aún cuando lo que se elige sea contrario a la Justicia. Por esta razón, precisamente, no siempre la libertad es buena ni es Justa, y tal vez por ello siempre ha sido necesaria una explicación adicional para definir la libertad a la que el hablante se refiere, si es que no se la ha discriminado entre libertad y libertinaje. Decisión soberana y libre es la que toma en conciencia quien roba o quien mata con la voluntad o el deseo de hacerlo, y en este sentido el obrante es libre, pero convendremos que no es un tipo de libertad que nos convenga respetar. La libertad, pues, es difícilmente entendible bajo el propio epíteto sin apellidos o definiciones, y no es, en consecuencia, un bien sagrado en términos absolutos.
ETA quiere dejar las armas, extenuada por su propio anacronismo, y hay una parte de la sociedad española que la mendiga, si bien no queda claro por qué, pues que es posible que algunos lo hagan por miedo y otros nada más que por ventaja política. Entre los que tienen miedo, especialmente los hay vascos, hombres y mujeres que, con o sin hijos, están hartos de que les roben su libertad de ser, de hablar, de pensar o de actuar conforme a su conciencia, porque la discrepancia en su propia tierra ha supuesto durante décadas tenebrosas el aislamiento social, en el mejor de los casos, o la persecución y aún la muerte violenta, en el peor de ellos. Los que lo hacen por ventaja política son los mismos que anteayer se conjuraron contra esta misma banda, los que no dudaron en facilitar medios y ceguera para que la banda recibiera contrapago con atentados selectivos –que no siempre fueron muy selectivos-, y quienes hoy esperan obtener de esa supuesta paz, si se alcanzara, una opción de continuidad política ante su descrédito social, una especie de absolución de sus muchos y muy terribles pecados contra la sociedad y las clases trabajadoras que son su base de voto, pues que siempre la han mentido, engañado y sacrificado gratuitamente para su propia ventaja de partido.
Poco o nada creo en el PNV, de una de cuyas escisiones, allá por los fines de los cincuenta, nació esta banda que tanto dolor ha sembrado. Es más, como soy algo mal pensado y tengo comprobado que en política no hay azar, me temo que ETA terminará en verdad cuando a este partido le interese en verdad que lo haga. La dualidad, el poli bueno y el poli malo, el brazo político y el violento, el apoyo oficial a una postura y el manejo extraoficial de la contraria, son herramientas políticas que han usado todos los Estados desde siempre, así en cuestiones internas como en política exterior. Los mismos que apoyaron a Franco son los que crearon a la ETA que supuestamente le combatía, y sucedió desde fuera, desde la potencia hegemónica, y sucedió desde dentro. O, al menos, eso me temo. Jugar a dos cartas, simultáneamente con los dos bandos, es jugar a ganar porque se controla por completo todas las posibilidades. Sobran explicaciones.
La oportunidad de la paz está sobre la mesa. Hay voces muy cualificadas que, sin duda con buena voluntad, se quieren poner una venda en los ojos para justificar la acción como una fórmula que emplea la banda para disolverse sin rendirse, sin claudicar, sin perder. Son voces que hay que escuchar y que valorar, pero hay que hacerlo desde la plenitud de la conciencia, desde una libertad sin complejos que, además, sea justa. ¿Qué o quién es ETA?... ETA es una escisión del PNV, un grupo de exaltados que recurrió a las armas para supuestamente conseguir unos fines políticos que, incluso ya en su nacimiento, eran anacrónicos, incoherentes, fuera de todo sentido… justo, más que nada porque su delirio hunde sus raíces más delirantes en las remotas guerras carlistas. ETA fue un grupo de hombres armados que empleó el tiro en la nuca o la bomba lapa (¡qué valentía!) para enfrentarse al que ellos llamaban en su argot “el Estado opresor”, aunque no fueron nada selectivos y no dudaron en matar niños (Begoña Urroz, los niños de la Casa Cuartel de Zaragoza y muchos otros, preciosos, irrepetibles..., nuestros niños) o mujeres embarazadas que estaban maniatadas y amordazadas. En ellos no hay ninguna valentía, no hay ningún heroísmo en sus acciones. Seguramente, para ellos nuestros jóvenes y niños, nuestros hombres y mujeres, eran víctimas colaterales, ese eufemismo que desviste al crimen de la atrocidad de su propia abyección. Y siguieron matando. Siguieron asesinando hasta contabilizar casi mil personas, en una trayectoria tétrica, criminal y suicida, cuyo camino quedó jalonado de cadáveres horriblemente mutilados. Ni siquiera con sus prisioneros tuvieron piedad, porque ETA siempre desconoció lo que era la piedad o la misericordia, y sobran ejemplos de una crueldad tan extrema con sus cautivos y aún con sus propios disidentes, que a sí propio se desnudaron del calificativo de humanos. Sin embargo, nosotros sí les hemos respetado sus vidas.
La paz está sobre la mesa, pero es una paz que mendigan algunos y es una paz que no entienden -entendemos- otros. Habría que preguntarse qué obtendríamos si aceptáramos la paz de rodillas, como si comulgáramos una hostia tinta en sangre inocente. ¿Vale la paz cualquier precio, incluso el de la Justicia?... Si se aceptara esa paz, la cuestión para condonar crímenes estaría nada más que en el número de ellos que se hubieran perpetrado, y, tal vez, tendríamos que haber suplicado a los nazis una paz porque mataron a muchos millones de personas, o a los jemeres rojos, o a los dictadores latinoamericanos de la Operación Cóndor. E incluso, por extensión, deberíamos buscar una paz semejante con la mafia calabresa o la siciliana, con la marsellesa o la neoyorquina, con los cárteles de la droga o con las bandas de atracadores de bancos. ¿Cuánto vale la paz?... Y, sobre todo, ¿qué tipo de paz es ésa que se mendiga renunciando a nuestro criterio soberano de Justicia y nuestra libertad de elegir el bien sobre el mal, que es la vida sobre la muerte?... ¿Condonaremos la muerte cruenta muchos por la vida cómoda de algunos?...
La cuestión de ETA no es política, aunque a muchos se lo parezca, sino de conciencia. La sociedad debe saber perdonar como debe saberlo hacer cada individuo, pero debe tener mucho cuidado con a quién perdona y debe tenerlo especialmente con qué perdona, porque es una ligadura que atará nuestras manos de futuro. Perdonar crímenes terribles como estos, sería asesinar por segunda vez a quienes fueron asesinados… y a las víctimas que quedaron mutiladas física o psicológicamente, además de a todos nosotros, porque nuestro concepto de Justicia no es que se haya devaluado, sino que habrá quedado irremediablemente mutilado para siempre. Perdonar al arrepentido siempre es un acto grandioso de la conciencia, un acto que, si es libre y soberano, enaltece a quien lo practica; pero se debe perdonar al arrepentido, y el arrepentido debe saber y asumir de antemano que ha cometido crímenes terribles y debe estar dispuesto, por su propio arrepentimiento, a pagar taz a taz por ello: no hay perdón sin penitencia.
Sin embargo, ETA no está arrepentida en absoluto, ni lo está el PNV ni el PSOE. Los unos quieren la paz en pie y con orgullo de sus fechorías, y los otros que los demás libremente nos arrodillemos y participemos en la comunión de esta misa negra. A diferencia de las personas, para estos partidos, por el contrario, no hay en todo esto ningún asunto de conciencia, sino de política, y la política actual, esta política, es antagonista de la libertad y es enemiga e la Justicia. ¿Paz o guerra?... La vida es una guerra continua porque prevalezca lo bueno sobre lo malo. A cada quien le toca valorar en libertad qué precio tiene la paz. Para mí, si se alcanzara esta paz que proponen, sería el de la rendición, el de la claudicación, el del miedo: sería como volver a matar con mis propias manos a todas las víctimas, a todos esos niños. Un precio demasiado alto como para poder satisfacerlo. Guerra, guerra.
“Médico: ¡cúrate a ti mismo!”

Baltasar Gracián: los hombres suelen morir por causa de sus propios remedios.
El PSOE ha sido nuestra peor pesadilla y la más grave enfermedad que ha podido contraer España -¡enhorabuena a quienes le votaron, pero mucha más felicitaciones a quienes le botamos!-, algo así como la peste negra o peor, pero, ¡atención!, no pierdan ripio porque llega el PP marcando el paso de la oca, y, tal y como llega, es posible que haga bueno el aforismo que pregona que “es peor el remedio que la enfermedad”, o aquel otro que reza que “otro vendrá que bueno te hará”. Y es que en este país resabiado en que siempre los ciudadanos han recelado –cuando menos- de sus gobernantes, de todo nos podemos fiar menos de lo que parece bueno, que ya sabemos cómo funciona la cosa ésa de vender el burro por el enjaezo.
Por delante vaya una vez más mi convencimiento profundo de que esta crisis que padecemos es mentira –otra vez: men-ti-ra-, pero que, en cualquier caso, en ella mucho tiene que ver que el gobierno se haya convertido en la cueva de Alí Babá y los gobernantes en los cuarenta ladrones, pues que desde la llegada del infausto y pernicioso euro –sólo bueno para Alemania y Francia-, nadie hizo nada por detener la explosión de precios que despertó de golpe la peor de todas las codicias, y, no satisfechos quienes podían con los beneficios que obtenían con sus negocietes, quisieron más y más hasta que toda la sociedad fue un enorme globo aerostático que nos elevó hasta los cielos para reventar de avaricia y dejarnos caer al abismo en caída libre. Me han llegado a pedir 6,5 euros por un café (¡¡¡1031,5 pesetas!!!), 3,5 euros por dejar el coche 30 minutos en un parquin (¡¡¡532,4 pesetas!!!) o casi 1900 euros por el metro cuadrado construido en un tugurio extrarradios de una ciudad de provincia muy provincia (¡¡¡315.133,4 pesetas el metro cuadrado construido). Miren ustedes, el precio de ese metro cuadrado es lo que le costó la casa entera (168 metros cuadrados) a mi hermana hace cuarenta años, más o menos la duración de una hipoteca de hoy, lo que significa que los precios se han multiplicado en ese tiempo por ¡¡¡168!!!; pero es que por el precio de un café me compro ¡¡¡tres kilos de café!!! y por el precio del parquin me compro un utilitario por 2000 horas de aparcamiento. Alguien debería pagar por esto con penas severas, pero se ve que todo el mundo es inocente porque los únicos que pagan al contado son los pueblos con miseria, los trabajadores con el desempleo y los ciudadanos con pérdidas continuadas de derechos civiles, además, claro, de los países que han sido invadidos injustamente para expoliarles de sus riquezas. Un pan como unas hostias, en fin.
Bueno, pues como tenemos el estupendo sistema que tenemos, todo atiborrado de frikis y de cantamañanas, que es lo que le han enseñado con tanta televisión y cultura basura a la plebe que es lo que mola, pues tuvimos Zapatero para dos legislaturas porque, no se lo pierdan, ¡¡¡tiene los ojitos claros!!! Bueno, Suárez fue elegido presidente por ser el más guapo, así que en la línea, como aquél que dice. Y así nos fue, claro está, que no hay que pasar exámenes ni dar talla alguna para ser presidente de España. Para ser barrendero sí, que hay que ser poco menos que ingeniero, o para ser bombero, que hay que ser arquitecto, ingeniero de obras públicas, químico, astrofísico, abogado y un atleta olímpico (aunque dos semanas después de conseguir la plaza en propiedad se esté como una ballena azul), pero no para ser ministro o presidente. Para eso, aunque cuando el ministrable o el presidenciable intente dar palmas no se le encuentren las manos, vale. Y, ¡zas!, no sólo tuvimos a Zapatero, sino que hilvanaditos nos llegaron la señá Bibiana, la señá Trini, la señá Pajín, la señá Chacón, el seor Sebastián, el seor Moratinos, el tétrico seor Rubalcaba, etcétera, hasta llegar adonde todos lamentamos.
Adempero, cuando parecía que lo imposible era inalcanzable, llega Rajoy –previsible venidero presidente de los futuros de nuestro insigne país- y, ¡catapún!, nos lo pone a todos lo quimérico en la mano como si tal cosa, liándola parda. No es que Rajoy gane nada –ya he dicho muchas veces tanto en mis novelas como en mis artículos que en España nadie gana unas elecciones, sino alguien las pierde, y que no se vota a favor de uno, sino contra otro-, pero, bueno, hasta el cáncer es una buena noticia si uno se cura de Zapatero. Y en esas estamos, celebrando que nos libramos de la peste y los pestíferos, cuando el señor Rajoy hace sus listas y, ¿qué dirán?..., pues que no tengo muy claro si vamos a sustituir lo pésimo por lo malillo o por lo deplorable. Digo esto, porque no se puede entender que estemos en crisis y que Rajoy proponga de diputado o de lo que sea a Tutan-Galladón y sus pomposas y delirantes grandilocuencias, quien quebró la Comunidad de Madrid como presidente de la misma y quien ha dejado a los madrileños con una deuda que bien pudiera ser eterna, como su insoportable recuerdo. Vamos, que es pretender que nos creamos que va a emplear en el ahorro poniendo al frente de la contención derrochadora a Juan Tiraduros. Y éste, pese a todo, es sólo un figurín más del elenco que figura en las litas, talentos tales como ese presidente Fabra que pretende poner en manos de potenciales incendiarios forestales y de desalmados constructores de mucho negocio el futuro de los parques nacionales, bosques y montes de la Comunidad Valenciana, y ya veremos si cunde el ejemplo y no se extiende por las demás comunidades autónomas, como ésa de Extremadura donde la parentela del presi ya tiene chollo nepotista para vivir del cuento.
En fin, que me juego una pela a que salimos de Málaga y nos metemos en Malagón, con perdón para los habitantes de tan hermoso pueblo ciudadrealeño. Por lo pronto, me juego una peseta de Franco, de las rubias, a que en la próxima legislatura de Rajoy, si es que sobrevivimos a las amenazas internacionales y planetarias que se ciernen en el horizonte inmediato (mucho más que tenebrosas todas ellas), la Seguridad Social vuela como servicio público, las jubilaciones se vaporizan, la privatización de Loterías y aeropuertos (útiles, claro, no lo inútiles) se puede considerar un hecho, los bomberos serán un Cuerpo en extinción, la seguridad nacional militar será mercenaria y la civil también, y del Estado público no quedará ni el nombre, pues será convertido en marca comercial (o base de EEUU), ya lo verán. ¿Se acuerdan de aquel despelote del infausto Felipe González -¡y creíamos que no íbamos a tener nada peor, angelitos!- de arranca vides y olivos y luego planta vides y olivos, todo ello primado, por supuesto, y de las reconversiones de la siderurgia y todo eso de que "no os preocupéis que yo os coloco"… en el paro, y todo eso?... Pues lo mismo, pero a lo bestia. Y digo a lo bestia, porque si lo que pretenden es hacernos creer que van a imponer cierta austeridad al mismo tiempo que ponen a Tutan-Gallardón como ministro (a la señá Aznar como alcaldesa, nepotismo aparte), están listos…, o, lo que es peor, estamos listos.
Lo mejor, en mi opinión, visto el panorama, es buscar un país que nos adopte, porque está visto que no nos sabemos gobernar solos. Mejor sería que estos médicos, como dijo Jesús, que por ser Dios de eso sabía lo suyo, se curaran primero a sí mismos. Una pena, en fin.
El valor del voto

Votar, es hacerse corresponsable de los actos legislativos y de las decisiones de gobierno de los elegidos.
Los partidos concurrentes a las próximas elecciones generales del 20N -¡qué sintomática y significativa fecha!- se mueven entre la exultación y la desesperación, pero sin faltar por ello toda una caterva de partidos… menores, digamos, que aspiran a pescar mucho y en gordo por causa de las aparentes diferencias ideológicas de los partidos lamentablemente hegemónicos. El ciudadano en edad de votar, así, podrá unirse al alborozo que se barruntan los unos, compartir la desesperación que ya sienten en carne viva los otros o simplemente aupar a algún partido minúsculo al Congreso para sacarle los jugos dinerarios al Estado por apoyar a éste o aquél partido cuando llegue la hora de aprobar una ley, los Presupuestos Generales del Estado o cualquier asunto capital para los intereses del que finalmente gobierne, siempre que no tenga mayoría absoluta.
Elegir al partido que nos gobierne –ya lo sabemos por extendida experiencia- es ni más ni menos que seleccionar a nuestro ínclito dictador durante los próximos cuatro años, cuando menos. Poco importará, una vez elegido el partido que dirigirá los destinos del país, que quien ostente la Presidencia nos conduzca al Paraíso o al Infierno –mejor y más seguro será lo segundo, téngalo por cierto-, que se conduzca como un orate –la estabilidad psicológica o la formación académica no tienen la menor importancia en nuestro sistema de selección de diputados, senadores, ministros o presidentes- o que porque le salga de los hígados nos alíe con arcángeles o con demonios para liar la de Dios es Cristo. Una vez con el mango del poder en la mano, el elegido (que no el Elegido) podrá hacer con nosotros lo que le venga en gana, así subir impuestos como decretar el Estado de Sitio o de Emergencia, bajar los salarios mínimos, restar derechos civiles, aupar a las arterias del Estado a toda clase de chupones y parásitos, saciar sus ansias sexuales jodiéndonos en orgiástica masa, y hasta dilapidar el Erario en su capricho, que es decir el presente y el futuro de todos -incluido usted, lector-, en beneficio de inciertas multinacionales o espurios intereses, ya sea malvendiendo las joyas patrias, subyugando nuestra independencia a favor de terceros o derrochando a trochemoche los haberes colectivos como si el Estado fuera suyo, que lo será.
Debe considerar, pues, el votante, no que elige a un gobernante coyuntural, sino a un implacable dictador en toda regla, pues la única diferencia real y práctica que existe entre una dictadura y este estilo de psudodemocracia que nos concierne consiste nada más que en las maneras empleadas: quien se impuso por la fuerza de las armas, lo hizo para satisfacer su ego en un plazo tan dilatado como pudo; y quien se impone por la fuerza de los votos, también, aunque usará corteses maneras y buenas palabras para hacer lo mismo, y usará los medios de difusión y propaganda a su alcance para perpetuarse en el poder, siquiera sea convenciendo de sus exquisitas bonanzas a los ciudadanos menos capaces o más factibles de ser convencidos de lo irracional, pues que sus votos valen lo mismo (si no más) que los de ciudadanos preparados y cualificados.
Participar con el voto, tácitamente significa que se es copartícipe de los aciertos y desaciertos de quien gobernará, y en vano será entonces quejarse de que incumplió el programa que le llevó al Congreso a La Moncloa –ya sabemos de antemano que no lo hará, que sus promesas son sólo para captar incautos-, pudiéndose apuntar en su Haber la parte alícuota de responsabilidad que le corresponde. Votar, en un sistema como el nuestro, es cogobernar, aunque en realidad no se sea sino un paganini más sin voz ni interés para quien gobierna. Mucho ojito, pues, con quién se elige.
Naturalmente, a diferencia de buena parte de las democracias impuestas en la mayor parte del planeta, el ciudadano español puede no votar o hacerlo en blanco. A efectos prácticos da lo mismo, pues con que vote uno en todo el país, lo mismo salen elegidos (y con el cien por cien de los votos en este caso) quienes se han presentado en los primeros lugares correspondientes de las listas, de modo que basta con uno o dos votos como para, por ejemplo, entremos en la OTAN, en la UE o en el Infierno; el quórum, para la cosa ésta de la elecciones, importa un ardite, pues no en vano se lo han montado ellos para que el resultado, se vote o no, sea el que les conviene. Y, por supuesto, ni sueñe con que su voto, si no lo emite o lo deja en blanco, supondrá un escaño ocupado menos, que es decir un tirano menos en la cúspide la sociedad: se ocuparán todos los escaños (o ex-coños) aunque, ya digo, vote un solo ciudadano.
La única satisfacción que tendrá si no vota o lo hace con un voto en blanco o nulo, es que podrá criticar con entera libertad e independencia a unos u otros. No; no se preocupe: hay millones que, en cualquier caso, votarán, así reventemos todos. Sin embargo, votar en blanco, no votar o votar nulo, es la única manera de que nuestra infausta clase –altísima- política sepa del rechazo social que inspiran en la población, y eso no es poco. Si el número de no votantes o de votantes con papeletas nulas o en blanco fueran muchísimas, una cantidad… alarmante, digamos, tendríamos la satisfacción de verlos darse golpes de pecho y decir con teatrera humildad –algo desconocido para sus superegos- que entendían el mensaje, que tomarían nota, y la nota, sin duda, sería apurarse en hacer negocios por si se les acababa el chollo.
Siendo realistas, con la actual clase política que tenemos en Escoña o Españistán, su grado de preparación, sus cualidades personales ya demostradas y la sobradamente conocida estabilidad psicológica de buena parte de sus señorías, usted y yo podemos esperar… un desastre en el mejor de los casos, que nos sumerjan más en la miseria, que perdamos más derechos y que privaticen más cosas, y ya les digo que lo próximo que es la Seguridad Social, puede ser que las pensiones, seguro que la Educación –la pública será para miserables parias destinados a ser mano de obra prescindible y barata, palabra-, la Seguridad (puede ser que incluso la Nacional) y convertir el mercado laboral en una simple y llana carnicería. De los derechos civiles ni los menciono, pero, por si acaso, váyase acostumbrando a llevar una cadena al cuello y a "¡chitón, que viene la bofia!". Se va a enterar usted, en fin, para qué era esta crisis inventada y de lo que vale un peine.
Y todo esto por no referirnos a que es sencillamente imposible que entienda de trabajo quien jamás dio un palo al agua, que no puede entender de rigores quien nació entre algodones, o que no tiene ni pies ni cabeza que pueda entender lo que es sobrevivir una familia con unos cientos de euros por mes, quien se gasa mucho más que eso cada día en fruslerías y cobra decenas de miles de euros por mes, negocietes aparte. Nunca, nunca podrá entender el galgo al conejo. De alguna manera, es como elegir a qué extraterrestes queremos que nos gobiernen: vean sus haberes y su historial... profesional, pero háganlo antes de votar, por si acaso les dice algo esta información.
Y ahora, con todo esto, que cada votante elija a quien desee, si es que desea elegir a alguno. La parte alícuota de la responsabilidad venidera caerá de su parte según sea su voto. Luego, no digan que no estaban advertidos.
Atracadores

Antes los atracadores entraban embozados y con armas en la mano para asaltar a los bancos; hoy, algunos de ellos trabajan en los despachos de dirección.
No me caen bien los bancos; es más: me caen fatal, tan mal que cuando uno quiebra me llevo un alegrón. No; no me gustan los bancos, ni tampoco me gusta la Bolsa. Cuando la Bolsa se da un batacazo y se arruinan unos cuantos especuladores, me dan un buen día porque ellos son los responsables de este latrocinio generalizado que sumerge a nuestra sociedad en este mar de excrementos humanos y morales, los que hacen dinero con la miseria de los demás, los que multiplican artificiosamente el precio de las cosas para enriquecerse, los que hacen inhabitable este mundo y repulsiva a la sociedad. Sí; cuando quiebra un banco o se arruina un inversor, tengo un buen día. Y no creo ser el único.
A algunos, este sentir y a este parecer les parecerá contrario al orden económico de la modernidad, y tienen toda la razón: si ser moderno es esto, quiero ser de los de antes. Me produce tanto asco, tan profundo rechazo, que incluso cuando en los telediarios ponen toda esa información de la Bolsa y sus chanchullos, cambio de canal o apago la tele. No creo, y me declaro culpable de ello de antemano, en quienes hacen sus dineros con juegos que implican necesariamente el dolor y el sufrimiento de otros, y tanto los bancos como la Bolsa son fábricas de sufrimiento, y quienes invierten o ponen sus dineros en ellos, operarios del dolor ajeno. Son gentes sin alma que no merecen, para mí, ningún respeto. No me impresiona la riqueza, y cuando tengo enfrente a alguien con muchos haberes, siempre me pregunto cómo se hizo con ellos, con el fin de respetarlo o despreciarlo profundamente: nadie me vale por lo tiene, sino por lo que es. No; toda esa gente que especula, no me merece ningún respeto: ninguno. Ahí tienen a esos pillos que, después de arruinar a muchos, a muchísimos, y de sisarnos a casi todos dineros para reflotar sus bancos -¿por qué tiene un ciudadano que reflotar esa empresa privada y no otra cualquiera de las que quiebran y allá ellos?-, van y se indemnizan a sí mismos con millonadas de euros, así, por el artículo 33, a punta de Mont Blanc.
Y eso, se vea como se vea, es un atraco. Si el código penal dice otra cosa, el código penal está equivocado, mal… o interesadamente manipulado por ellos mismos, que se hacen la lay y la trampa. El código penal, por lo que se ve, está para otra cosa, como para condenar a los pillos menudos o a los asesinos insignificantes, siempre que no sean del chiringuito, o ahí tienen las sentencias, sin ir más lejos, o que muchos de los puestos por la ley en el ojo del huracán, ministros incluidos, ni siquiera tendrán que pasar por un juzgado. Pueden trapichear, cobrar comisiones, asignarse indemnizaciones de asalto, otorgarse jubilaciones y derechos de Midas, jugar con la ley y los ciudadanos, y serán impunes, porque el código penal los bendice y los tribunales, sus tribunales, también. En muchos casos, en casi todos, ninguno de estos delitos ni siquiera es considerado delito. Y así nos va, claro.
Dicen que dicen y dicen que vivimos en democracia y que el poder reside en el pueblo. Y lo dicen sin sonrojarse, sin que se les escape una risa floja por el colmillo o sin que les mueva un pelo del tupé. Tengo algo más de medio siglo y he vivido en dos regímenes contrarios, dictadura y democracia, y nada como esto, nada, palabra, en ninguno de los sentidos. Con razón se demoniza a aquello y con razón quienes mucho ganan con sus atracos bendicen esto. No; no soy partidario de dictadura alguna –las detesto-, pero esto es forrar de oro lo más abyecto, lo digo sin pelos en la lengua y sin complejos intelectuales: esto, señoras y señores, es una mierda como la santa catedral de Toledo.
Los ladrones cambiaron de bando y los negocios en gordo ya no se hacen desde los tugurios mafiosos: hoy la cosa se organiza de otro modo, con pandemias inventadas, crisis artificiales, indemnizaciones, inversiones, jubilaciones, derechos de pernada, ayudas a los bancos, subidas de impuestos a los trabajadores, ventas de países, pérdidas de derechos civiles, privatizaciones espurias, especulación salvaje, guerras provocadas, autoatentados, dispensas a políticos y a pistoleros, etcétera. No sé si lo de entonces tenía un semblante luminoso, pero lo de ahora por cierto lo doy que tiene el más siniestro rostro (y más duro que el hormigón).
La democracia, de ser buena y no otra cosa, está muy, pero que muy enferma, y los llamados demócratas, o son memos, o están muy, pero muy dormidos…, o muy, pero que muy asustados de aquéllos a los que eligieron para gobernarlos. A lo mejor por eso les consienten que los roben y se asignen derechos, pensiones e indemnizaciones millonarias, y, tal vez, como en su modelo USA, en breve hagan leyes para asesinar a sangre fría, sin juicio ni pruebas, a los ciudadanos que deseen, les caigan antipáticos o les convengan, simplemente invocando el interés o la seguridad del Estado. Debe ser del estado de sus intereses pecuniarios a lo que se refieren, al de su latrocinio, al de su corrupción moral y emocional, o al del estado de su caja particular. Los atracadores, hoy, no viven extrarradios de la sociedad, sino que la comandan, llevan trajes y son muy corteses, siempre pidiendo que se hable con educación y en voz baja..., y, a ser posible, sin decir palabrotas.
Lo reconvertido

El Sistema ha reconvertido lo disidente en adepto para apropiarse de la sociedad y sus bienes.
De los primeros años de la década prodigiosa, los años sesenta, data el documento encontrado en mi ciudad, Alcalá de Henares, por el que sabemos con transparente certeza que nuestro soporífero e insufrible Nobel de Literatura, don Camilo, era, en realidad, además de un censor al servicio de la Dictadura, un confidente –mejor sería decir espía- del entonces Ministro de Información y Turismo, don Manuel Fraga. Su “trabajo” consistía en introducirse entre los autores e intelectuales de la época para delatar quiénes eran “rojos” irrecuperables y quiénes eran "rojo-rosas" que podían ser reconvertidos de tigres en gatos, de modo que el Régimen jugara con ventaja ideológica. Para “reconvertirlos”, don Camilo le propuso a don Manuel el uso de una nueva editorial o de una ya existente que estuviera en crisis (ya se pueden imaginar cuál), para comprar voluntades y credos de los autores díscolos con el Régimen, publicando sus obras o lanzándolos a una notoriedad que de ningún modo tenían por los senderos contestarios que caminaban, casi todos ellos abiertos por el PC, verdadero semillero intelectual europeo desde las primeras décadas del S. XX.
Los reconvertidos intelectuales, así, al gozar de la fama y notoriedad (además del dinero, claro) que inflaba su no menudo ego, le procuraron al Régimen el oxígeno necesario como para respirar los cuarenta años por los que se extendió, pues que los intelectuales moderaron notablemente su mensaje rebelde e incluso tendieron con comercial afán a la literatura huera, estableciendo en buena medida el frikismo aberrante que hoy nos concierne. De la editorial en cuestión, ya sabemos que se ha convertido gracias a aquellas “inversiones” encubiertas en una de las principales del mundo hispano, y de los autores “reconvertidos” ya sabemos que unos alcanzaron el Nobel, otros la fama de los Premios Nacionales y otros, además de las superventas en base a ir por las teles y radios hablando de sus libros, y otros son gurús de las letras todavía, si bien sus primeros pasos los dieron impulsados por el todopoderoso PC de entonces aunque hoy caminen por las veredas del conservadurismo más rancio (la pela es la pela). La reconversión ideológica, pues, fue todo un éxito que se le debe apuntar al Haber de don Manuel Fraga.
El Sistema, desde entonces, ha usado la reconversión para manejar a las masas. Tal que lo que sucedió con los autores y pensadores de los años sesenta y siguientes, en que el Sistema invirtió en credos e ideologías para quedarse con la sociedad entera y orientar en la dirección que le interesaba a las masas, compró también partidos políticos, tal y como sucedió con la socialdemocracia, con el fin de establecer el bipartidismo en toda la sociedad Occidental, que es una forma de que los votantes –en las impuestas democracias de la posguerra mundial- sólo puedan elegir entre lo malo y lo peor, pero siempre controlado por el Sistema. Lo mismo que en la Literatura o en la intelectualidad, en fin, pero en plan masivo para tener bien atados a los movimientos sociales. Y si hizo esto con los partidos seleccionados, pretendidamente “rojos”, para comprar sus voluntades e integrarlos en el sistema, lo hizo también con los sindicatos, a los que adquirió en base a subvenciones, ayudas y prebendas de todo tipo, incluidas las exenciones laborales de tener que sudar a los líderes de los mismos, a la par que permitirles cobrar estupendos sueldos.
El fruto de estas “reconversiones” ideológicas, fue que se corrigieron los rumbos de esos partidos “rojos” en desteñidos coloradetes (de la vergüenza, supongo), por más que tuvieran todavía muchos puños en sus logos o banderas o rosas floridas en sus manos. Una reconversión que facultó que, aunque vocearan en sus mitines consignas revolucionarias o cantaran a internacionales a los parias de la Tierra, en realidad sirvieran al Sistema con ínclita devoción, procurándole, una vez alcanzaban el poder en sus países respectivos, la privatización de las industrias estratégicas y de los servicios públicos, desmantelando así las independencias de sus Estados para ponerlos al servicio de intereses espurios extranjeros, tal y como sucedió en toda la Europa Occidental, en general, y en España, muy en particular.
Sólo entendiendo este proceso de “reconversión” es posible justificar la liquidación del Estado español desde la caída del Régimen a nuestros días, en que las "rojas" supuestas izquierdas, cuando alcanzaron La Moncloa, malvendieron nuestras industrias estratégicas para mayor gloria de las multinacionales correspondientes y pusieron fin a la tímida autarquía que nos permitía alguna independencia de acción y criterios como país, aunque fuera poca.
Y tan buen resultado dio lo reconvertido, que hoy el Sistema sigue actuando en la misma línea no sólo potenciando a los mismos elementos intelectuales disidentes potencialmente peligrosos para él o empujando a partidos y sindicatos reconvertidos (aunque los serviles candidatos orillen o marginen el nombre del partido que los creó y al que sirven), sino también extendiendo la técnica a los mediáticos líderes de audiencia mediática, gentes con mucho culo y excremento por cerebro, de modo que los ciudadanos, desencantados de alcanzar cualquier progreso por cualquier vía, se esfuercen también en ver de qué modo pueden ser ellos mismos “reconvertidos” y lanzados a la fama o el dinero, siquiera sea por vivir del cuento y no trabajar o por no tener problemas para pagar la hipoteca, aunque sea a costa de su propia dignidad.
Lo genuino, pues, ha pasado a ser una rareza… o el único modo de ser que garantiza el fracaso, si es que ese sentir genuino se opone o enfrenta al Sistema. Lo exitoso, lo popular, lo modelno, es lo reconvertido…, por estúpido, simple, vacuo o Vellido-Dolfos que sea, porque no hay lealtad para los reconvertidos, sino haberes, ego y excusas. “Así funciona el mundo”, dicen los reconvertidos, y dicen la verdad. La ganancia para el Sistema que los incuba y reconvierte: la sociedad y sus bienes.
Razones para un apocalipsis

El problema al que se enfrenta la humanidad es el de su propia supervivencia.
A cada cultura, a lo largo de la Historia, se la puede considerar como un ser humano, con sus órganos –gobierno=cerebro, policía=leucocitos, hacienda=glóbulos rojos, masa obrera=esqueleto, empresarios y autónomos=músculo, artistas y comediantes=endorfinas, etcétera-, con sus edades –nacimiento, adolescencia, juventud, madurez y extinción o muerte-, con sus emociones –alianzas y enemigos- y con sus aspiraciones –domésticas o imperiales-. Y también el conjunto de la humanidad, visto desde cierta perspectiva, también es como una criatura en todo semejante a cada individuo. De alguna manera, es como un juego divino de fractales en el que lo mismo se repite una vez y otra a distintas escalas, desde lo muy individual o mínimo (la célula) a lo macrosocial (la humanidad), pues el hombre tiene tan poca conciencia de que forma parte de un corpus enorme (la humanidad), como cada una de nuestras células de que forma parte de nuestro cuerpo.
El individuo, a medida que va creciendo y se va abriendo a la vida, va enfrentándose a distintas problemáticas, las cuales van formando su carácter. El niño, por ser niño, tiene tan poco contacto con la realidad que ésta le genera mínimas dudas o incertidumbres; pero a medida que se abre al mundo, que experimenta sus posibilidades a través de su interrelación con sus pares o con el medio, va obteniendo respuestas positivas o negativas, afectos y desafectos, peligros y seguridades que le abrirán a la inteligencia, surgiéndole entonces, por tener mayor contacto con la realidad, más y más preguntas o incertidumbres. Si durante la etapa de ascenso de su vida, hasta alcanzar la madurez, el objetivo fundamental del individuo fue acopiar más y más experiencias, a menudo sin mucho criterio, es a partir de la madurez, cuando comienza el descenso hacia su extinción, el momento en el que empieza a eliminar lo que le sobra y a quedarse con lo que le ha sido útil, sintetizando su existencia, frecuentemente, en unas pocas cosas: unos afectos, unas seguridades o certidumbres, unos rencores…
En esa deriva por la vida, hay momentos en que el individuo se enfrenta a su propia supervivencia, y éstos suelen estar encuadrados en la adolescencia y en la juventud –juventud e ignorancia (o inexperiencia) son el elementos del cóctel más peligroso para el hombre-. Es en esta edad en la que el individuo comprender que sus juegos pueden tener consecuencias dramáticas, y mejor que lo comprenda enseguida o, de otra forma, pueden suponer su propia extinción, su personal apocalipsis. Pues justo en esta edad, se encuentra la humanidad en su conjunto: en la peligrosísima adolescencia.
Aunque muchos de mis lectores habituales me conocen como articulista de éste y otros medios de comunicación social, soy, en realidad, un escritor al antiguo uso, un novelista en el sentido del Quattrocento, ése movimiento que dio a origen a la novela como una forma de masificar (vulgarizar) la discusión filosófica y trascendente, sacándola del exclusivo y restringido círculo erudito para, a través de una historia y de una plástica literaria, extenderla al contexto del conjunto social. Tienen mis novelas, pues, distintas lecturas, según la inteligencia y capacidades del lector, pero siempre se refieren a un asunto de debate concreto, sea el argumento aparente la Guerra Civil española, los avatares de un verdugo o el devenir de un héroe de la Conquista. Sin embargo, queriendo sintetizar todo esto de una manera muy específica, en un momento dado me pareció que no era lo bastante directo el mensaje que estaba dando, que no era suficiente con presentar la queja y mostrar la fealdad o la belleza de la condición humana individual, y me animé a escribir lo que llamé la Constitución Deontocrática, una pequeña obra sin grandes pretensiones en las que propongo una sociedad más humana (en lo positivo), sostenible y racional para todos los elementos que la conforman y el medio en el que se interrelacionan, por más que no pase de ser una utopía.
El objeto de la Constitución Deontocrática (promoción de los más capaces o los mejores), es, en cierta forma, un grito de alarma, un aullido de aviso a una sociedad que se está enfrentando, o sí o sí, a su propio apocalipsis, a su autoextinción. Y esto es así, porque la bestia que hemos creado, ese bicho al que llamamos humanidad, carece de valores morales y de loables objetivos, pues que se conduce como un ignorante adolescente que vive creyendo que todo es posible y que la desgracia, en todo caso, es algo que amenaza a otros, siempre a otros. Y no es así.
El sistema que hemos creado –el bicho-, es un ser que tiene vida propia, carácter y autonomía, y o le remodelamos el carácter o con toda seguridad nos enfrentamos a nuestra propia extinción. Por una parte, nuestro orden se basa en el crecimiento productivo y económico, pero en un medio limitado (el planeta), y en una acumulación (seguridad de supervivencia individual) ilimitada, pero en un medio limitado (nuevamente el planeta). El resultado, como no puede ser de otro modo, es lo insostenible, y no hay más que mirar al estado de nuestros ríos, nuestros mares, nuestro aire o lo contaminado de nuestra alimentación para comprender que ya estamos contra las cuerdas de la propia supervivencia, y, a pesar de esto, la población sigue creciendo sin cesar en una progresión geométrica, demandando más y más bienes, capitales, servicios, empleo, etcétera, a la vez que creando mayor expolio del medio, depredación de recursos, conflicto social, desequilibrio, etcétera. En cierta forma, como digo en algunas de mis novelas (con mucha anterioridad a que este término estuviera popularizado), somos la enfermedad de nuestro planeta.
El sistema, el bicho del que formamos parte, no puede cambiar por sí mismo si no aprovecha sus oportunidades. De sobra es conocido que lo aparentemente malo de la vida es una oportunidad de cambio, algo positivo, si es que se entiende bien. A este respecto, y cuando los pérfidos poderes económicos de nuestra egoísta sociedad desataron la crisis artificial que nos concierne, dije desde esta misma columna que era el mejor momento para el cambio, que era una oportunidad sin igual para invertir en un retorno a la razón, aprovechando la ingente aplicación de recursos para paliarla que se emplearon en promover que esa parte de la sociedad que se había visto contra las cuerdas de la supervivencia y estaban en el desempleo, fueran alentados a regresar al medio natural, al campo, en unas condiciones tecnológicamente aceptables: bueno para ellos, bueno para todos (el campo está deshabitado), bueno para el planeta. Sin embargo, los políticos ofrecieron empleos falsos y coyunturales, porque lo que les interesaba eran los votos y no las soluciones al conflicto social y moral de la sociedad, querían vivir del cuento, y, para eso, necesitaban mantener a la población trabajadora en una situación de disponibilidad, de modo que invirtieron en nada, en más de lo mismo, en Planes E o inversiones absurdas que sólo supusieron el mayor endeudamiento de la sociedad, de modo que ahora, para poder pagarlo, hay que crecer más, depredar más, expoliar más, sufrir más. Es el Uróboros, la serpiente que se muerde la cola, el eterno regreso al dolor, porque somos incapaces de romper el círculo.
Los recursos del planeta son cada vez menores y la población se multiplica a sí misma cada vez en menos años. Esto no puede continuar así, estamos en el punto crítico de atravesar el umbral del no-retorno, y, o cambiamos ya, o nos enfrentamos a un holocausto provocado explícitamente por los mimos hombres, y con toda seguridad encabezado por los que menos moral tienen, que son precisamente los más poderosos.
Hace años, no muchos, poco más de una veintena, se desarrollo un plan llamado Alternativa-3, en que las potencias, analizando esto, comprendieron que no se podía corregir la conducta inmoral y depredadora de este bicho social (Alternativa-1), que tampoco se podía controlar a la población y su proliferación (Alternativa-2) a pesar que por entonces se regalaban aparatos electrónicos a quienes se esterilizaran, se desarrolló la píldora contraconceptiva y se masificó el uso del preservativo, y, como ninguno de esos planes era viable, optaron por el desarrollo de la Alternativa-3, que supone la extinción provocada de buena parte de la humanidad, reduciéndola a una población significativa mínima y eliminando a la demás. Un plan éste, que no por descabellado fue único, pues durante el gobierno de Jimmy Carter se desarrollo el Tratado de Iron Mountain, que articulaba la forma de llevarlo a efecto, o en el Proyecto hombre 2000, ya en los finales de los 80, que proponía la fórmula para reducir la humanidad a 2000 millones de almas, eliminando a algo más de 3500 millones de seres humanos mediante enfermedades controladas (SIDA, Gripes, Ébola, etc.), por supuesto comenzando por los colectivos más contrarios a la pureza eugenésica (hemofílicos, homosexuales, criminales, etc.).
Algunos de estos planes, una vez descubiertos o hechos públicos (hay quién dice que intencionadamente como aviso o advertencia de los poderosos de lo que podría llegar a pasar si no se detenía el desastre por otros medios), fueron descreditados o desinformados, llegándose en algunos casos, como es el de Alternativa-3, a decirse que eran bromas para el equivalente anglosajón al Día de los Inocentes latino. Sin embargo, no sólo no es así, sino que los mimos planes siguen estando en el candelero y en vías de una aplicación masiva. La Gripe Aviar, la Gripe A o los nuevos brotes de enfermedades infectocontagiosas que están apareciendo en distintos lugares del globo, no son sino una continuación de esto, los cuales, aun fallando, no suponen sino un medio de enriquecimiento de los que proyectaron esos mismos planes.
A todo esto ha de sumársele los movimientos militares actuales que nos hacen prever en breve un conflicto de enormes dimensiones. Los apocalípticos, curiosamente, están siendo promovidos en ambos bandos, así el Occidental como el Musulmán, el Sionista o el Oriental. Hay ruido de sables y botas que marcan el paso de la oca, y bien pudiera ser que nos levantáramos una mañana con la noticia de que nuestra vida cómoda y ordenada ha cambiado para siempre. Demasiadas evidencias hay por todas partes, desde la implementación de recursos de infraestructura para contingencias de conflicto masivo (campos de detención, elaboración de listas negras y rojas, control de la información, etc.) a movimientos estratégicos puramente militares (escudo antimisiles, movimientos de tropas, posicionamiento estratégico de tecnología avanzada, despliegue de flotas y cuerpos de ejército a los límites de las áreas potenciales en conflicto, etc.), a lo que ha de añadírsele las pruebas masivas de ejercicios militares de las superpotencias, las filtraciones (interesadas o no) de planes de agresión a objetivos muy específicos (Irán, Corea del Norte, Paquistán, Sudán, etc.), y, por supuesto, a los enfrentamientos marginales que están teniendo las superpotencias (Rusia, EEUU y China), ya sea en la economía o en la interceptación como aviso de pruebas balísticas, como el misil ICBM norteamericano recientemente derribado por Rusia en el Pacífico.
La posibilidad de que en los próximos meses tengamos una conflagración global es mucho más alta de lo que la mayoría imagina. Demasiados codos rozan el tintero –ya lo he dicho muchas veces- como para que alguien no lo derrame sobre el pliego. Y, en cierta forma, es la consecuencia lógica a un carácter egoísta y descerebrado de ese bicho colectivo que llamamos humanidad. Todo tiene consecuencias, y es por nuestra propia ignorancia que nos estamos poniendo en la tesitura de optar entre la supervivencia de todos o la extinción masiva. Nunca el futuro estuvo tan en nuestras manos, pero para tener ese futuro nunca fue tan necesario que evolucionáramos a nivel individual, produciendo el cambio de carácter desde cada célula al conjunto del organismo.
Es una obviedad resaltar que el medioambiente da síntomas evidentes de rendición, y que, de seguir por este camino, nos enfrentamos a un holocausto por falta de recursos. Es necesario el cambio, y un cambio radical. Ningún hombre, en la tesitura actual, se puede salvar solo. Hay que plantearse un porvenir de armonía, o tendremos que enfrentar una extinción colectiva. En lo que a mí respecta, no sólo me empeñado a lo largo de mi vida literaria en denunciar lo que no funciona o es terrible y en ensalzar con sentidos ditirambos la belleza y lo sublime de la condición humana cuando vibra en armonía con su medio, sino que también he propuesto (sin mucho éxito) una fórmula alternativa, quizás ofreciendo una solución a este devenir que nos tiene instalados en la adolescencia de la especie. Si no queremos enfrentarnos a nuestro propio apocalipsis, es hora de variar nuestro carácter estableciendo un nuevo sistema distinto a éste que nos ha puesto ante esta locura de acontecimientos que está por extinguirnos. Y a ese nuevo sistema, a esa solución utópica social que he imaginado, para aportar una solución y no sólo la queja, la llamé deontocracia. No sé si es la mejor, pero es la única que alguien ha escrito y propuesto en todo el mundo, al menos que yo sepa. En nuestras manos, de cualquier modo, está abrir la puerta que nos conduzca al futuro en armonía o a la extinción colectiva: no hay más. La salida airosa de nuestra adolescencia está en nuestra capacidad de adquirir responsabilidad.
España, Escoña, Españistán

Nos movimos entre lo excepcionalmente sublime, para desembocar entre lo ridículamente hilarante y lo dolorosamente casposo.
España ha dado singulares valores y hombres excepcionales a la humanidad, pero fue en tiempos remotos. De todo aquello no quedan hoy ni recónditos vestigios, y parece mentira que alguna vez haya podido ser este país cuna de tan enorme talento, o de alguna clase de talento tan siquiera. A lo más, hoy, nos desenvolvemos de forma cotidiana entre lo ridículamente hilarante y lo dolorosamente casposo, no importa en qué segmento de la sociedad reparemos, ya sea en lo más alto el poder o a ras de calle.
Siempre he dicho que mis tres hijas mayores me dieron enormes satisfacciones: la una, es una excepcional arquitecta; la dos, una brillante doctora en Ciencias Medioambientales; y la tres, abandonó Derecho. La cuarta, ya veremos en qué da (con el actual sistema educativo lo imposible está al alcance de la mano, como que un burro reciba el Premio Nacional de lo que sea), pero si llega a hacer Periodismo para cosas tan ridículas y risibles como cubrir la casposa noticia social de la disparatada boda de esa duquesa o cualquier otra chorrada por el estilo en un planeta que se descuartiza entre enormes problemas vitales, aunque los memos legisladores que tenemos (no dan para más) lo hayan convertido en delito, palabra que la doy un cachete.
España: sol y amargas lágrimas. O, lo vale casi lo mismo, España: sol y caspa. O Escoña, porque es para llorar; o Españistán, porque, aunque parezca que estamos en el Primer Mundo, en realidad estamos culturalmente en el Tercer Submundo. Una pena, pero así es. Ya se ve que si dimos talentos como los numerosos nombres que orlan el Siglo (o siglos, porque fueron dos) de Oro, o a insignes autores como los de la Generación del 98 o del 27 o los modernistas, hoy nos tenemos que conformar con que nuestro egregio gurú sea Sánchez Dragó, qué le vamos a hacer. A esto, señoras y señores, hemos llegado: a la antesala de un merecido Apocalipsis.
Y, sin embargo, no es en lo único, lamentablemente. Véase, sin ir más lejos, que tenemos un hilarante partido que nos gobierna, que lo mismo dice una cosa que la contraria, y no se despeina ni se ruboriza. Como un partido peronista cualquiera, en fin, pero con risa. Los mismos que gritaban “OTAN no, bases fuera”, colocaron a quien escribió “100 razones para no entrar en la OTAN” como Secretario General de la OTAN, y a quien se manifestó como visceral antiamericano y partidario de no tener en el sagrado suelo patrio una base extranjera, Zapatero, le han concedido el dudoso honor de convertir a España, Escoña, Españistán, en blanco nuclear de cualquier enemigo del Imperio al convertir a Rota en centro de operaciones navales del Escudo Antimisiles, los cuales enemigos ni son pocos ni ninguno es manco, y es sólo cuestión de tiempo nada más, y menos que más, que alguno le salga contestón. Bien por el PSOE, un partido acorde con la realidad que nos abruma, y sus tradicionales síes pero no o sus noes pero sí.
Nada desacorde en este país donde nos dirigen quienes, legitimados por los votos recibidos y deslegitimados por sus propias acciones y capacidades, no tienen ni una ligera idea de lo que siente o padece el ciudadano medio, se suben los sueldos mientras generan millones de desempleados y se los bajan a los que tienen un trabajo, viven como marajás en el país que están inundando de miseria, rebuscadores de basura y leyes ridículas, ni trabajan ni tienen la vocación de hacerlo pero igual se conceden jubilaciones de superlujo por siete años de vivir como parásitos mientras los ciudadanos deben cotizar cuarenta, y hasta cuando se marchan porque se les hecha a patadas (que es no recibir los votos necesarios), se organizan para ponerse al frente de chollos fabricados ad hoc para llevarse un pastón sin renunciar al pastón jubilatorio, quién sabe si porque durante los años de su ejercicio realizaron los debidos servicios a favor de los empleadores. Y eso, los que no se han forrado el hígado por vía directa o indirecta, que no son pocos y se debería crear un Ministerio de la Corrupción, al menos para que algunos no se tengan que despedir a sí mismos como aquel infausto Director de la Expo que se dio a sí propio la carta de despido cuando se terminó el chollo, y, como no se la entregó a sí mismo con el plazo reglamentario de quince días de preaviso, se indemnizó a sí mismo con una millonada, o como esos banqueros que, después de poco menos que quebrar su banco y de recibir una mil millonada de dineros públicos, se retiran indemnizándose a sí mismos con una veintena larga de millones de euros. Y todavía, a pesar de que los tales no han de tener ni formación exigible ni estabilidad emocional demostrada (vale cualquier individuo para ser señoría, aunque esté p´allá), los hay que defienden su honradez y capacidad: díganme si no es para tirarse de los pelos.
Claro que, puestos a contar ridículas miserias, podríamos redundar sobre esa Justicia que considera que cuarenta y tantas puñaladas no es ensañamiento, que llevar la falda corta es provocar que la violen a una, que llamar zorra su mujer y decir que terminará en una caja de pino no vale más que una multa, o que Bildu son buenos chicos o que del Faisán, en fin, pelillos a la mar. Y podríamos hacerlo sobre esa Educación que es adoctrinamiento, o sobre esos sindicatos que, inanes y cobrando por los millones de desempleados, se enfrascan ahora en una lucha suicida por un colectivo sin la preparación adecuada que produce más fracaso que éxito escolar, con más derechos y vacaciones que un multimillonario y con menos horas de trabajo que un desempleado. Y podríamos seguir así con casi todo, como con ese Ejército profesional que precisa de seguratas para guardar sus cuarteles y que, a pesar de ello, les guindan las armas porque, ¡ángelitos!, estaban durmiendo, aunque no duermen cuando se trata de servir a quien manda en verdad, ya sea en Afganistán, en Líbano o donde el amo les mande, que para eso están los gobernantes para decirle: “¡Señor: sí, señor!”
Ah, pero es que todo esto no es sino el resultado de muchos decenios, tres, de adoctrinamiento en la estulticia popular y el descerebramiento ciudadano, con esa cultura de verdulería difundida desde las televisiones que ya es acervo popular, esa calidad artística que a algunos les ha llevado a enlatar sus excrementos y a otros a hacer teleseries o telenovelas, o ese famoseo de gentes con culo por cerebro que tanto sorbe la atención del respetable, etcétera. Tenemos, al fin, lo que nos merecemos, porque ninguno de nuestros dirigentes, los que nos han puesto entre la irrisión y la caspa, es un dictador, sino que ha sido elevado a los altares del mucho chupar del bote y más mangonear para beneficio propio y de los suyos, por los votos de los maduros ciudadanos (intelectualmente). Sólo queda exigir, pues, para ser algo coherentes con nuestra dolorosamente ineludible realidad, un referéndum para poner a nuestro subsidiado país de otros el nombre que le corresponde en verdad: Escoña o Españistán.
Mentir diciendo la verdad

Las peores de todas las mentiras son aquéllas que se enmascaran de verdad.
Entre las prácticas políticas más deplorables de nuestro tiempo –si es que alguna vez en política las hubo que no lo sean-, ocupa lugar preferente el mentir diciendo la verdad. Un artificio idóneo para que, aunque les sorprendan en el más estrepitoso renuncio a quienes mintieron como bellacos, tengan un escotillón de escape seguro, una gatera a través de la cual huir de sus propios testimonios y hacer lo que mejor saben, que es engañarse también a sí mismos. Sin embargo, es, tal vez, el más usado recurso del mundo en el manejo de masas, conduciéndolas con estas mentirosas verdades hacia los falsos paraísos de sus intereses particulares o de partido, los cuales, en realidad, no son sino pavorosos infiernos.
“Estamos padeciendo una enorme crisis que requiere de la abnegación, sacrificio y patriotismo de los ciudadanos”, dicen, y es verdad; pero callan que es una crisis producida artificialmente por los mismos que se benefician de ella, a la vez que piden como solución de la misma un patriotismo del que abjuraron hace sólo unos meses o unos años, cuando usaron a los emigrantes como herramienta para rebajar los derechos de los nacionales –“todos somos ciudadanos del mundo, y también nosotros emigramos en su momento”, decían entonces-, a menudo dejando a los nacionales en desempleo, cuando no ofreciendo ayudas sociales a todo aquel que lo reclamaba, siempre que no fuera español. Ejemplos sobran. Desde esta misma columna, en esos no tan lejanos años en que el patriotismo estaba mal visto y era exclusivo de la extrema derecha, advertí que exactamente esto es lo que pasaría, y que cuando llegaran las moradas –éstas que vivimos-, se recurría al patriotismo por estos mismos golfantes que entonces renegaron de él, como es el caso del PSOE, quienes solían decir, y tenían razón desde aquel concreto punto de vista, que “los nacionalismos han sido superados”, sólo que ocultaban que sólo en ese momento y sólo para salirse con su encanto, porque ya vemos que no, y que ahora lo que prima es que seamos patriotas a la hora de arrimar el hombro y aflojarles la pasta o el voto, como lo que prima es ser patriota cuando se trata de morir por ellos, los choris; el resto del tiempo, ser patriota es antinatural.
“Este acto terrorista ha sido una infamia contra toda la nación”, dijeron cuando los grandes atentados atribuidos a fanáticos islamistas en los últimos años y en distintas partes del globo, y es verdad; pero ocultan que es más que probable que los propios dedos de los arengadores estuvieran metidos en el asunto, y que tal vez esos islamistas fanáticos fueron empujados a hacerlo, como chivos expiatorios, por los propios servicios secretos, para tener así la justificación o falsa bandera con la que invadir países para apropiarse de sus recursos, invertir cantidades inmorales en ciertas empresas de seguridad para un mayor control de los ciudadanos y armar con estos polvos los lodos de uno de los más prósperos negocios de la modernidad, siempre recurriendo al consabido patriotismo de quienes irían a morir tan contentos a lejanos infiernos para mayor gloria de las propias multinacionales que organizaron el tinglado.
“Se ha desatado una pandemia a la que hay que enfrentar con todos los recursos disponibles”, dijeron, y era verdad, al menos formalmente, pues que había víctimas del mismo mal en el número de países establecido por la ley de pandemias, si bien ocultaron que era más que probable que la enfermedad fuera inoculada artificialmente en el tejido social de algunos países, que se modificaron las leyes para que la tal pandemia pudiera ser declarada y que fue la alarma de las propias autoridades sanitarias la que desató el más enjundioso negocio de las farmacéuticas, las cuales se hincharon a vender placebos a precio de oro, obligando a los ciudadanos a gastarse, a través de sus interesadas autoridades políticas, auténticas mil millonadas buenas para nada, pues que no tenían los remedios en cuestión utilidad alguna ante una enfermedad que, en realidad, ni siquiera existía.
“Ningún cometa puede afectar en forma alguna a la Tierra”, dijeron respecto de Elenin las autoridades de la NASA, y es verdad que ningún cometa con un núcleo de tres o cuatro kilómetros de diámetro puede afectar a la Tierra si es que no choca directamente contra ella; pero ocultan intencionadamente que Elenin, si es que es algo más que una mentira urdida por ellos mismos, no es un cometa, sino que de ser algo es un planeta (Nibiru) que nada tiene que ver con Elenin, si es que no es un agujero negro.
"Tal cantidad de radiación o de tóxicos es inocua para el consumo", dicen las autoridades sanitarias, y es verdad; pero no lo es si consideramos que esa radiación o esos tóxicos son acumulables porque no se pueden eliminar del organismo, de modo que el consumo continuado produce males fatales contra la salud, a menudo luego desviados hacia el tabaco, síndromes de hiperactividad o de déficit de atención (en el caso de los niños y los conservantes, colorantes y saborizantes de los alimentos infantiles, bollerías y dulces), consiguiendo de esta forma el doble objetivo de eliminar costosos controles sanitarios y no entrometerse en los intereses de las empresas a las que protegen.
Y así con todo. Mentir diciendo la verdad, es la forma natural de expresión de nuestras autoridades. Nuestra realidad de cada día está llena de poderosos mentirosos que dicen continuamente la verdad, pero enmascarando en ella las peores y más detestables mentiras, y disponemos de pretendidamente justas leyes que consagran con letras doradas las mayores de todas las abominaciones. Y esto es así, porque siempre hay argumentos para defender una cosa… y su contraria, de modo que se descuella aquello que interesa para ocultar o ningunear lo que puede resultar contrario a los propios intereses que se persiguen, los cuales suelen tener más que ver con conseguir apropiarse de la voluntad y los recursos de la ciudadanía –ya se sabe, aquellas intenciones goëbbelsianas- que con servirla en forma alguna. Una clase política que ha elevado a la categoría de arte el mentir diciendo la verdad.
Una campaña absurda

Candidatos agostados en sus propios fracasos, se empeñan en una campaña preelectoral anodina y con escasa credibilidad ciudadana.
La ciudadanía, harta del fiasco socialista, quiere que Zapatero y sus chic@s se vayan, y aceptan que sea el PP de Rajoy el que encabece el cambio, si bien da la sensación de que por hastío por no poder elegir entre nadie más. Es la desventaja del bipartidismo: se pretende sustituir a quien ha fracasado estrepitosamente con quien no tiene nada positivo que ofrecer. Así está la cosa.
Vivimos tiempos de absurdos, y, no sin cierta perplejidad, cada día escuchamos las propuestas del candidato socialista, quien, a pesar de haber estado en el Gobierno tantas veces como lo ha estado el PSOE, y siempre con cargos de la máxima importancia, ofrece paraísos que en ninguna de sus estadías ni siquiera hizo amago de plantear. Y, por contrapartida, tenemos al candidato del PP, quien, aunque reniega de la etapa de su adversario, se muestra muy timorato a la hora de decir que va a deshacer todo eso de lo que reniega o renegaron los suyos, dándolo por bueno y yendo más allá en sólo aumentar las penurias de la ciudadanía.
Ya dije en otros artículos que lo que el uno cambiaba para mal, el otro lo daría por bueno, y aquí tenemos ya el resultado de este absurdo, a no ser que todo estuviera coordinado para que hayan modificado los unos lo que si lo hubieran modificado los otros hubiera producido descontento o alboroto social. Es el absurdo para el ciudadano o el elector, pero no para los que sacan sustancia de todo esto.
El primer absurdo de todo es que el candidato socialista, después de siete años en la cúspide del poder, tenga la desfachatez de proponer… ¡soluciones a sus propios descalabros! Uno, claro, se pregunta que por qué no las puso en práctica cuando ha podido, y no sabe responderse. Ni yo ni nadie, claro, que no sea un talibán socialista. Deben ser misterios de la política esto de que quien cuando puede no lo haga, y que cuando no puede porque es candidato pida la confianza de los ciudadanos para hacer lo que no hizo. Un absurdo como el Plan-E que respaldó para tirar por el retrete (o a inciertos bolsillos) una barbaridad de mil millonadas, o como, aunque parezca de risa, nuestras tropas de elite sean protegidas por seguratas privados, y, a pesar de eso, les guinden los choris (aunque peligrosos porque son de la exYugoeslavia) el cajero automático y hasta el armamento.
Lo curioso, es que tiene quién le escuche siquiera, lo que dice poco y todo malo de quienes tienen en su mano una papeleta de voto, razón por la cual a lo mejor nos va como nos va. O a lo peor. Pero es que no es mejor lo del PP, quien quiere volver al poder sin cambiar ninguno de los despropósitos perpetrados legislativamente por sus antecesores, y ni siquiera planteando pleitos por la enorme corrupción habida en todo lar y todo rincón. Ni tan sólo –véase cómo está el patio- tiene la menor intención de poner coto a sus señorías, limitarles la cosmética de hormigón que usan para hacer lo que hacen y jubilarse con siete años de trabajo mientras los demás ciudadanos tienen que esforzarse casi cuarenta, forzarles a tener titulación y un examen psicológico de estabilidad emocional o, siquiera sea, predicar con el mensaje de austeridad que vocean bajándose el suelo a estratos próximos a lo razonable y advirtiendo que a quien haya metido la mano en la caja, o la meta en el futuro, va a los tribunales de cabeza…, aunque sea de los suyos, que parece que los choris están siempre del otro lado. Y no, nada que ver.
La cosa es que nos esperan dos meses de hartazón y agotador hastío, en que quienes la han liado parda, los del PSOE, querrán volver a por uvas, jurando lo que sea y sin perder la compostura -¡que ya es tener morro!-, y los otros diciendo que van a solucionar la crisis trayendo más miseria, cosa que, por absurda, mejor es ni comentarla. De modo que acopien paciencia y, cuando sea la hora de votar, vean a ver en qué cosa mejor usan su tiempo.
Elenin: un fracaso… prematuro

Tal vez, sólo tal vez, algunos se precipitan demasiado para aplaudir que no llegó ninguna catástrofe el pasado martes, 27N.
En ocasiones, resulta particularmente divertida nuestra sociedad. En estos días de supuesto alivio porque el pasado martes, 27 de septiembre, no se llegó al cacareado Fin del Mundo que algunos predecían como consecuencia de una supuesta alineación de Elenin con el Sol y la Tierra, no pocos detractores de esta alarma se han lanzado a la caza y captura de los apocalípticos, ridiculizándolos en su conjunto. “Mal hacéis en dar la razón a ocho sobre dos, porque seguro hay más probabilidades de encontrar más necios entre los ocho que entre los dos”, decía Ortega y Gasset, y lo mismo, a su manera, sirve para esto.
Más allá de que entre quienes pensamos que a partir de esa fecha entrábamos en un nuevo estadio de cosas, ninguna de ellas buena para el conjunto o parte de la especie, hubiera iluminados e incluso algún que otro agorero escatológico, no debe olvidarse que Pedro no se equivocó al decir que venía el lobo, sino que sólo no supo el cuándo, y que, quienes le desestimaron por la variación de fechas, al final pagaron muy cara su desconfianza.
Por mi parte, en el artículo “El fiasco Elenin: crónica de una catástrofe anunciada”, que por suerte ha gozado de una acogida por parte de los lectores tal que ha sido replicado en números medios de muchos países, decía que no creía en absoluto en la teoría Elenin sino como una falsa bandera o una mentira de cobertura por parte del sistema de otras cuestiones no menores, y me sostengo en ello. Que lo de Elenin era y es poco menos que increíble, es algo que ya argumenté y no tengo intención de volver sobre ello. Sin embargo, tengo sobradas razones para mantener mi credibilidad en que estamos en puertas de un acontecimiento capital, al menos las suficientes como para mantener la alerta. Por una parte, si en realidad estuviéramos ante la potencial alineación con un cuerpo celeste más o menos masivo (Nibiru), la fecha de las potenciales consecuencias no estaría sometidas a horario, como si fuera un tren o un o algo por el estilo, sino a un margen de tiempo que, en buena lógica, debe contemplar varios días, cuando menos, si es que no supone la ventana de apertura a un plazo relativamente largo de graves consecuencias, según el tiempo que el citado cuerpo esté influyendo en nuestro entorno con su presencia; y por otra, si el hecho de que ciertas notables autoridades hubieran decidido refugiarse en instalaciones de alta seguridad porque pretendían iniciar conflictos severos, no sería una cuestión de entrar en esos refugios cinco minutos antes de iniciar las hostilidades, sino con el margen necesario de seguridad para poner en marcha todos los mecanismos del plan, si es que no se trataba de un ensayo general. En cualquier caso, ninguna de las opciones que se pueden colegir está sometida a cronómetro, de modo que es prudente y recomendable no sólo no bajar la guardia, sino mantenerse particularmente expectantes de lo que pueda pasar, dado lo trascendente de lo mismo y las consecuencias que potencialmente implica.
Efectivamente, considero que lo que acabamos de hacer ha sido entrar una nueva dinámica, tanto desde el aspecto cósmico como desde el propio aspecto social. Es verdad que Elenin no produjo efecto notable alguno sobre el planeta –tal y como apunté expresamente en mi artículo-, pero no lo es menos que todos los argumentos que di en mi anterior artículo, siguen siendo válidos en su totalidad: siguen muriendo especies de forma tan arbitraria como incomprensible para la Ciencia, la frecuencia Schumann sigue exageradamente por encima de sus límites normales, las severas anomalías de los cuerpos cósmicos próximos a la Tierra son comprobables, la existencia de Nibiru (negada en Occidente y aceptada como verdad incontestable en la Europa del Este y China, incluso a nivel de difusión documental en las televisiones públicas) sigue siendo igual de cierta, el clima que padecemos es de todo punto de vista anormal, el sol está teniendo cada vez más el comportamiento errático propio de un astro que tiene su campo magnetosfera drásticamente alterada tal vez por un planeta masivo o un astro que está pasando por su entorno inmediato (no deja de advertirse con alarmante reiteración que una ECM puede catapultarnos cualquier de estos días a la Edad de Piedra, e incluso se afirma que fue una ECM la de derribó esta pasada semana el satélite UARS), las alarmas de autoprotección a la población en muchos países se siguen produciendo con una sospechosa machacona insistencia, las maniobras masivas militares (Rusia, Ucrania, EEUU, Israel, Turquía, etc.) no cesan e incluso se incrementan los ejercicios de preparación ante catástrofes masivas (construcción de campos de refugiados y compra masiva de productos de supervivencia incluidos), y, por si fuera poco, añadido a la puesta en operativa de muchísimos refugios de contingencia extrema para nutridos grupos de elegida población en casi todas las potencias y de la absurda Cúpula del Fin del Mundo (si es que no hay ninguna expectativa de catástrofe global), debemos añadir la cuando menos extraña función de toda la enorme cadena de campos de concentración que se han construido en algunos países, como EEUU, que bajo el epígrafe de Rex84 disponen de capacidad para casi dos millones de prisioneros (o “invitados”), han acopiado infinidad de ataúdes de plástico e incluso cuentan con hornos crematorios.
Ya dije en mi anterior artículo, y lo voy a reiterar en éste, que no es que uno quiera ser conspiranoico, que no lo soy sino escritor, pero que las evidencias mandan, y ni es creíble ni es razonable que toda esta concatenación de sucesos y actos se esté verificando sin una causa, probablemente común, que lo justifique. Nibiru lo hace. Incluso puede ser el detonante –y probablemente lo sea- para haber despertado la desmesurada codicia que hoy caracteriza a los Estados, a los grandes tiburones financieros y a las grandes corporaciones, quienes sin duda tienen una información que no tiene el común de los mortales, a quienes nos entontecen con la televisión-basura y una información sesgada e interesada que está controlada mayoritariamente por unas pocas manos y todas de la misma condición de elite. No de ahora, sino de hace cuatro años, escribí una novela (de la cual no daré ni el título para evitar susceptibilidades y que pueda haber quién crea que la hago publicidad) donde expongo literariamente cómo se orquestó todo este asunto a nivel internacional, y por aquel entonces nadie sospechaba siquiera que existiera Elenin. No; de ninguna manera ese supuesto cometa tiene nada que ver con todo esto, aunque sí puede haber encriptado en él y en su supuesto recorrido, una serie de información disponible para quien tiene las claves para saberlo leer, tal y como comenté en mi anterior artículo, ya que son particularmente sospechosas las fechas claves de su perihelio y alineaciones con la Tierra y el Sol, además de las implicaciones del acrónimo de su nombre oficial.
Mal, mal hace la sociedad al escuchar a ocho sobre dos, porque con toda seguridad hay más necios entre esos ocho que entre los dos, y porque es posible que éstos, con su jocunda, distraigan e impidan a la población ponerse a salvo del lobo. Y Pedro grita, a quien quiera escucharle, que el lobo no es que venga, es que ya está aquí en el vecindario, que se le puede sentir el aliento. O tal vez sea el propio sistema, que ha sabido ir siempre un par de pasos por delante de los acontecimientos, manejándolos, el que haya promovido la enorme expectación suscitada por Elenin, sabiendo de de antemano de la imposibilidad de que se cumplieran las expectativas escatológicas promovidas en esas fechas, precisamente para obtener esta desconfianza general hacia la vigilancia, que la población se relajara desencantada o decepcionada, y permitirles así maniobrar con mayor libertad.
Entre los voceros del descrédito, se maneja un argumentario tan pobre que parece diseñado para sembrar la desconfianza sobre este tipo de advertencias en el grueso de la población, la cual, lamentablemente, no tiene la formación necesaria para discriminar por sí misma la validez o no de las propuestas lanzadas no por los iluminados o los apocalípticos, sino por quienes tienen la formación y la capacidad de observación y análisis necesario, y entre quienes están alertando de que estamos en puertas de un acontecimiento que nos cambiará la forma de entender la vida, si es que no algo más, hay personas con formación y titulación académica, al menos, de la misma entidad que los politólogos, los astrónomos o los científicos de las distintas disciplinas que defienden las… llamémoslas “posturas oficiales”. Por poner un solo ejemplo, y evitarme así desdecir tanta simpleza, apunto que en cuanto a la muerte de especies animales se refiere, quienes tratan de desacreditar esta alarma en nombre del sistema utilizan el reduccionismo infantiloide, y resuelven en intrincado problema con un absurdo e incoherente… “experimentos militares”, cual si los militares pudieran obrar con la misma tecnología y desfachatez lo mismo en China que en Ohio o Arkansas, en Escocia, en Senegal, en Portugal o en Sumatra, eliminando por artes mágicas a mirlos rojos (como si los mirlos negros o cualquier otra especie de aves no volara en los mismos cielos), estrellas de mar de una única especie dada (cual si las otras especies de equinodermos no estuvieran en las mismas costas), o de una especie determinada de peces (cual si en los mismos ríos o costas no hubiera otros muchos con prácticamente la misma fisiología). Un argumentario, en fin, que deja mucho que desear.
Las evidencias, después del supuesto alineamiento de Elenin, de que algo está muy mal en nuestro entorno y de que pesa sobre todos nosotros una grave amenaza, siguen siendo las mismas que antes del supuesto evento. Nada, pues, ha cambiado, y no debería bajarse la guardia ni dejar de estar atentos no a los que los medios oficiales dicen (ya sabemos que habitualmente mienten), sino a lo que callan, porque indefectiblemente siempre llega el destino por donde menos se le espera. Mal hacen algunos en creer que el día del Fin del Mundo tiene hora y minuto fijado, o que éste llegará así, en un solo y escatológico evento de fanfarria, como si los cielos se enrollaran súbitamente o cual si el telediario advirtiera, quién sabe si cuando se da la predicción del tiempo, de que mañana o pasado o el día siguiente llegará una borrasca tal que representará el último día al instante y al contado.
Suceda lo que suceda, lo hará sin preaviso, inopinadamente, y a todos nos congregará ante los televisores, tal y como sucediera cuando lo del 11S, siquiera fuera porque “casualmente” allí había un montón de cámaras haciendo “otros” reportajes; pero será un proceso, tal vez largo, en el que ni sucederá la hecatombe en todas partes al mismo tiempo, ni afectará a todos los seres humanos a la vez. Y no por ello será menos grave o tendrá unas consecuencias menores. El destino, al fin, no advierte de antemano, sino que da signos, a veces sutiles, y quien está prevenido y tiene un plan dispone de una oportunidad, y el que no, pues se las tendrá que ingeniar… si en esa hora puede. En ese tiempo, si llegara, ya no habrá segundas oportunidades.
Las noticias y el buen tiempo

A juzgar por el contenido de los telediarios, todo va de perlas: buen tiempo.
Uno, a veces, se pregunta que quién diseña los telediarios. Y lo digo en plural, porque todos son iguales, con los mismos contenidos, las mismas secciones y los mismos flashes de desengrase o lúdicos. Poco importa que la cadena que lo emite sea de una tendencia política u otra o que sea una cadena dedicada en cuerpo y alma a la superficialidad o el mal llamado entretenimiento: todos son iguales, variando, apenas, en el pienso que le dan a sus televidentes, que es alguna pizquitina de matiz político. La sustancia, siempre, es la misma: ninguna.
Si valoramos los contenidos como una imagen proyectada de la realidad, entonces no hay duda: vivimos en Nuncajamás. Toda la realidad del universo se limita a lo que sube o baja la bolsa (como si nos importara un güevo), a lo bien que están los turistas en la playa, a los tejemanejes de la economía o la simpleza que se la ha ocurrido al candidato de turno (cuando no las declaraciones de deportista de turno, que también tiene su miga, no se crean), y, para ponerle una pizquitina de pimienta, al endiosamiento de los lacayos del sistema que están haciendo de las suyas en Libia, Siria o así. El resto del orbe mundo, oiga usted, como unas pascuas ha de estar, porque de ellos no se dice ni mu.
No se cuenta, por ejemplo, que siguen muriendo millones de personas en África por el hambre, ni se dice nada de las matanzas que generan los laboratorios en ese mismo continente para probar medicamentos en vivo, ni de las sórdidas guerras que producen el coltán o los diamantes, ni de Guantánamo, ni de los cientos de campos de concentración Rex84 que menudean por EEUU nadie dice para qué (con capacidad para casi dos millones de prisioneros), ni de los verdaderos efectos de la energía nuclear y los accidentes silenciados en su alcance verdadero, ni de las condiciones de vida de los ciudadanos de los países coyunturalmente aliados, ni del desmadre de desesperación que asola no ya territorios lejanos, sino nuestro propio país, ni de los guetos que abundan por nuestras ciudades, ni de los submundos de prostitución infantil que conviven con nuestro ordenado mundo, ni de nada que pueda perjudicar nuestra visión de una sociedad alicatada de maravillas.
Nada de todo esto se cuenta, dejando ese espacio para el deporte o para la ofensiva e impúdica emisión de noticias de alta cocina en un planeta que languidece de hambre, o para la estúpida y soberbia difusión de las excentricidades de quien tiene fama porque tiene culo, en un orden en que la mayoría sólo tiene al cielo por montera. Una chispitina de pizpireta indignación de plastilina, en ocasiones, viene a intentar atribuirse una especie de valor añadido en defensa de la justicia social, como este innombrable banco que no satisfecho con expropiarle a una mujer maltratada su vivienda y dejarla en la calle, se queda también con la pensión de maltrato, porque los telediarios no dicen que el único país del mundo en el que te quitan la casa y te quedas con la deuda es España, y no lo hacen, porque si presionaran para que fuera justa la cosa y que si te quitaran la casa te quedaras sin hipoteca, tal y como sucede en todos los demás países del ancho mundo, entonces los bancos se iban a hartar de casas. Pero no, no puede ser, porque en España debemos ser así de tontos.
Lo curioso del caso es que todas las redacciones de telediario de las cadenas se suponen que tiene sus reporteros y todo eso –aunque recurren a las agencias de noticias para evitarse pagar sueldos, que pagar duele-, y debe ser que son los mismos periodistas, porque, oiga, que tal cual el contenido del uno, el otro, incluso en sus noticias más triviales. Mismas declaraciones, mismas imágenes, mismas simplezas. Si estas cunas no están mecidas por las mismas manos, que venga Dios y lo vea.
Los telediarios, con la salvedad de la promoción infamante de sus líderes políticos coyunturales –particularmente manipuladores son los de TVE y Telemadrid (es posible que también otros autonómicos)-, tienen ya una propensión a la estupidez suma de casi la misma magnitud que los programas llamados de entretenimiento (debe ser a los babeantes a quienes entretienen), de las denigrantes teleseries –especialmente las españolas, en las que todo es chato y se hace a gritos- o de los alineantes dibujitos animados que están produciendo en nuestros niños daños irreversibles, casi lo mismo que esas series juveniles que son para condenar a la perpetua a sus guionistas, actores, productores y a quienes permiten su emisión, como ese dañino y pérfido canal Disney.
Los telediarios, en fin, deberían ser considerados como pandémicos por la OMS, en vez de que ésta les haga el juego a las multinacionales de los placebos. Fútbol y más fútbol, cocina que no falte y, como guinda, porque siempre es precisa una guinda que colme el pastel, el tiempo: buen tiempo en toda España, mucho sol…, aunque estemos en enero y nos estemos muriendo de sed.
La televisión se ha convertido en una ofensa a la inteligencia… para aquellos que todavía les queda alguna. Y luego hay quién se pregunta que dónde está la verdad: pues en la tele, por supuesto.
Es la hora

La causa última de la degeneración social es la falta de castigo a la corrupción moral y política.
Aunque sea el día del Fin del Mundo planta un árbol. O debiéramos, dicho en otras palabras, estar vivamente vigilantes y combativos hasta el último aliento, porque, como dice ese otro aforismo tan de nuestra tierra, hasta el rabo todo es toro.
Esto viene a cuento de la deriva, ésa voz marinera que se refiere al desvío del rumbo fijado por causa de los vientos, corrientes o mareas, que no sólo les afecta a veces a algunos individuos, sino también a las propias sociedades que no son capaces de estar en vigilia permanente y aplicación de las medidas correctoras necesarias por la pureza de sus fines: se comienza pervirtiendo el lenguaje, y se termina corrompiendo el mismo pensamiento y la conciencia individual y social. Tal cosa está sucediendo hoy, y las sociedades parecen incapaces de corregirse a sí mismas, castigando con severidad a quienes se desvían, siquiera sea porque debieran penarlo son colegas, copartidarios o de la propia cuerda de quienes perpetran el daño.
Hoy se convocan elecciones generales en España, y los partidos han abierto enconadas luchas en su seno para que unos u otros grupos internos de poder coloquen a la cabeza de las listas de tal o cual localidad –que frecuentemente nada tiene que ver con el candidato- a sus hombres fuertes; pero es una impostura. En realidad, nuestra política es una enorme y descomunal impostura. No sólo vivimos en una supuesta democracia en la que ni siquiera hemos votado los grandes asuntos de Estado tales como la configuración del mismo Estado, su estructura (Autonomías), el aborto, la fe o el laicismo que debe regularla, etcétera, sino que ni siquiera elegimos a quienes a quienes deseamos, sino que optamos entre un elenco de personajes que en la mayoría de los casos ni siquiera son honestos, como muy bien lo han demostrado durante decenas de años, entregados en cuerpo y alma a la indolencia de vivir como parásitos del Estado en el Congreso o el Senado o la Institución que sea, y enriqueciéndose a sí mismos o a terceros.
Es una inmoral impostura, por ejemplo, que para ser diputado, senador, alcalde, ministro y aún presidente del gobierno no sea necesario tener una formación mínima, una estabilidad psicológica demostrada o una honradez intachable. Es inmoral que no ocupe el cargo de senador, diputado, ministro o presidente, sencillamente el mejor. Vale lo que sea, incluso un corrupto. Vale quien sea, incluso un incompetente. Y no, nada que ver: no vale. Ni de lejos. Lo pondrán, sí, porque la ley es injusta; pero no vale.
Es una inmoral impostura que la incoherencia sea el distintivo de nuestros dirigentes políticos, de modo que hablan de trabajo quienes jamás se han desempeñado en ninguno que no sea el medrar en el partido o en filtrarse como un parásito por los intersticios del Estado, que se digan de izquierdas quienes acumulan inmorales patrimonios de enorme cuantía, como los de derechas –los votos que reciben son, dicho en sus mismas palabras electorales, de los descamisados-, o que quien ha estado enredado en todos y cada uno de los grandes, enormes delitos de Estado, desde la Guerra Sucia a los turbios sucesos del 11M o del Faisán, puedan dar lecciones de moralidad a la ciudadanía en general, o seducir públicamente a los jóvenes que, precisamente por su juventud, su falta de datos y de madurez, no pueden valorar otra cosa que las meras palabras que escuchan y no su fondo, pudiendo ser manejados gracias a las aplicaciones de márquetin de los perversos y a lo apabullante de los escenarios en que se promueve cierta histeria colectiva. Una aplicación de las teorías goëbbelsianas en su manifestación más escatológica.
Lo grueso de la mentira que vivimos –la falsa crisis orquestada, la corrupción generalizada, la deriva social hacia la perversión individual, el terrorismo-negocio, la guerra-negocio, la cultura-basura, la vida-consumo, etcétera- cae de pleno de la parte de los políticos; pero ellos necesitan como socios necesarios para perpetrar su dolo la inocencia o la estupidez de sus votantes. Necesitan, y lo tienen, que sus adeptos, que los seguidores de sus consignas (no de sus actos), les bendigan y les protejan en sus corruptelas y miserias del adversario, ocultando sus gravísimos defectos y descollando las leves faltas de los rivales, en un comportamiento más parecido al de una secta que al de un partido responsable.
Tal vez mañana se acabe el mundo, pero es la hora de plantar un árbol. Si seguimos, si avanzamos hacia el futuro, es la hora de que tomemos conciencia de que cada uno de nosotros somos imprescindibles en ese futuro, y que nuestra honradez y nuestra inflexibilidad con la perversión es capital para refundar cada día la sociedad que queremos habitar y que deseamos legar a nuestras generaciones futuras. El futuro, se escribe hoy.
No se trata de no votar, sino de hacerlo a quienes en verdad reúnan las condiciones, comenzando por no hacerlo a ningún partido que no imponga un perfil mínimo a sus candidatos, de modo que tengan la formación superior idónea para el cargo (diputado, senador, ministro o presidente), que cuenten con un certificado de que están psicológicamente en sus cabales y que puedan demostrar honradez a prueba de infundios con sus propias carreras profesionales y a obtención de todos los haberes propios y de sus deudos próximos. No votar, en fin, a quien no sea el mejor, sin duda, en lo suyo. De no ser así, el elector debería, tomando posesión de su verdadero derecho de ser la encarnación última del poder mismo, no votar a quien no reúna estos condicionantes. Mejor ser sufridor de las consecuencias de un mal gobierno elegido por los perversos, que cómplice de un ejecutivo o un legislativo que gobierne para los pérfidos y legisle para la trampa.
Es hora, quizás, de que nos planteemos tomar las riendas de nuestro propio futuro, de corregir la deriva que nos ha encerrado en esta sucesión continuada de mentiras, de falsas crisis, de dictadura encubierta, de corrupción institucionalizada, de adoctrinamiento social en la superficialidad y el consumo. Es hora, en fin, de que aunque sea el día del Fin del Mundo, plantemos un árbol… y nos reivindiquemos, porque lo que sembremos hoy es lo que cosecharemos en el futuro.
Ye-ye-¡yeah!

Gracias a la excelente labor de coordinación de los conspiradores profesionales, nos vamos a hacer con una envidiable colección de incógnitas, resumibles en una abultada y original Incógnita Summa.
Cuando entonces nos quedamos con dos palmos de narices y con la X, que es una incógnita que no se refería a ningún empate precisamente. Apenas si nos tuvimos con contentar con un par de cabezas medias de medio pelo, pero sabíamos que los verdaderos conspiradores se libraban de todo, con o sin el consentimiento y cobertura de otras fuerzas… necesarias para perpetrar el daño. Nada, nada: la X al saco. Cuando ahora, nos quedamos también con la Z de quien se va a la jubilación dorada con un salario astronómico más que bien merecido, porque es mucho el talento que hay que tener para entrar en el Paraíso y convertirlo en apenas siete años en el Infierno, y eso por no hablar que donde había pistoleros hoy hay contertulios, amiguetes de mus y caña, buenos chicos y hombres de paz. No entendemos por qué hizo lo que hizo siendo tan malo para todos y habiendo producido tanto daño, pero hecho está, de modo que nada, nada: la Z al saco. Y cuando en el medio del entonces y el ahora, nos quedamos con dos palmos de narices con la Y del 11M, apenas habiendo condenado a no se sabe quién por no se sabe qué, que ninguno de ellos lo fue por poner las bombas y tal, sino que tal supuesto crimen quedó en el haber de aquellos que se inmolaron en un pisito y se inmolaron tan oportunamente que no pueden ya decir ni si ni no, y todos los demás con la mosca tras de la oreja. Bueno, no todos: digamos que casi todos nada más. De modo que, también, nada, nada: la Y al saco.
Sin embargo, si nos quedamos con X, Y y Z formando la base fundamental de las incógnitas, en cada uno de cuyos capítulos hay listines como la biblia telefónica y apartados para todos los gustos conspiranoicos, podemos estar muy contentos porque, a las claras y la luz, en público y mitín, nos quedamos sin encuadernar con el ye-ye-¡yeah! Que no es poco, no señor. Tufillo tiene a todas las incógnitas y retorcido talento también, como sobradamente saben propios y extraños que le conocen en esa Sin City de mis pecados en que ha convertido la urbe política. Ye-ye-¡yeah!, puede, puede burlarse tanto como quiera de quien quiera, porque protegido está, quién sabe si por los encuadernados o si por las legiones de los listines anónimos de incógnitas menores que se someten a las mayúsculas incógnitas. Puede, incluso, decir que va a hacer lo que pudo hacer y no hizo, pero que no tiene el menor interés en hacer porque sólo es para que se le aúpe adonde pueda conspirar sembrando incógnitas por doquier y hacer lo que no debería hacer, pero que hará. Así está la cosa: ésta es la madre del cordero.
Pero ¿y quién encuaderna la Incógnita Summa?... ¿Qué partido o agrupación puede contener tan oprimentes páginas de tan tétrica caligrafía, frecuentemente rotulada con sangre muerta?... Y los votantes, ¿qué buscan entre la tiniebla de sus nombres y el fantasmagórico ulular de sus consignas?... ¿No son, acaso, lo bastante expeditos y evidentes sus frutos después de tanta Historia?... ¿No basta, quizás, con las pruebas, los ríos de dolor, los ayes, la desolación de quienes perdieron a alguien entre los restos de los trenes, la tristeza insoportable de los desempleados y la alegría de los pistoleros?... ¿Qué más necesitan los votantes de bien para saber que demasiada tiniebla rodea a los incógnitos como para que haya sido el viento el que por casualidad la ha arracimado en su entorno, que demasiado hedor es para una simple transpiración o que es demasiado dolor social como para ser un malestar transitorio?... 100 años de dolor –se puede leer y consultar-, es mucho dolor, es mucha tiniebla, es mucho ulular y es mucha, pero mucha sangre seca.
Ye-ye-¡yeah! Adelante, descolorida la tez, cadáverico el porte y asmático el resuello, va con sus proclamas nombrando luz a la oscuridad, pagando por treinta monedas de plata a quien quiera prosperar en su carrera o nada más que no perecer por haberse cruzado en su camino. Ye-ye-¡yeah! Conciliador y sonriente responde en jitanjáfora con la diástole sistémica de su delirio a quienes se le acercan (“dejad que los niños se acerquen a mí -¡qué saben ellos, porbres!-”) en el juego mediático de explicaciones diversas, así, entre coleguillas, aunque luego le diga a su escolta: “¡apúntame a ése por preguntar lo que no conviene”, que lo mismo le grajea, por buen chico, una inspección de Hacienda, o quién sabe si un suspenso o un delito que no cometió, o lo que sea, porque suya es la ley y suyo el de la porra, bien se sabe. Ye-ye-¡yeah! Dientirríe, fromatamanos, cuellitorcido y ojizaino, medio oculta su pupila como si espiara desde el fondo de su penumbra mental y por debajo de la grasa calvatrueno que semeja un refulgente yelmo vencedor de mil inteligencias (“¡ojo!, que yo lo sé todo de todos”), va explicándose por aquí y por allá, y, mientras sofista divide, crea terror, desempleo, inseguridad, alienta enemigos, abate virtudes, alaba al Maligno, entenebrece el horizonte, niega el futuro y consolida el enfrentamiento de un país que jamás lo será precisamente porque tiene a su servicio oscuros protohombres como él, aunque esté extrarradios (por ahora) del grueso epítome de la Incógnita Summa. Dice quien dice, que lo dice, palabra, que él es, precisamente, el Guardián 33 de la triangular Incógnita Summa.
Ya se queda solo, por fin, con sus siniestros pensamientos. ¿Estará triste?... ¿Qué le pasa a la travestida supuesta princesa con su negra boquita de piqui-piqui-fresa?... Pero no hace falta meter el oído en la puerta del camerino mitinero como si fuera una lezna, porque desde la oscuridad impenetrable de su maldad, eufórico resuena un ye-ye-¡yeah! que nos sobrecoge de pavor. Ha sido un alarido, un espantoso grito, un aullido, un desgarro del vacío que hay donde debiera tener el alma… No; no es, en su modestia, un eco de su nombre, sino sólo la amarga exultación de su dicha, porque la cosa le está saliendo fetén y es muy posible que, a imagen del Can Cervero, vaya a poder seguir guardando las infernales puertas del epítome maldito de X, Y y Z.
El fiasco Elenin o crónica de una catástrofe anunciada

La Red arde estos días como consecuencia de una alineación del cometa Elenin con el Sol y la Tierra.
Las trompetas apocalípticas suenan a todo pulmón, y nadie es capaz de dilucidar con datos en la mano cuánto de verdad o no hay en todo esto. La cuestión es que el próximo martes, día 27, se producirá una supuesta alineación entre el cometa Elenin (o sus restos, ya que la NASA informó de que se había autodestruido hace unos días al alcanzar el perihelio), el Sol y la Tierra, y no faltan las voces, más o menos cualificadas, que vinculan este tipo de alineaciones cósmicas con fenómenos catastróficos en la Tierra, generalmente en forma de terremotos –casual o no, demostrado está-, tal y como sucediera antes cuando se alineó este cometa con el Sol y la Tierra, produciéndose los archiconocidos grandes terremotos de los últimos meses (Haití, Chile, Nueva Zelanda, Japón, etc.).
La NASA ha emitido recientemente varios recientes comunicados informando no sólo de la destrucción o fragmentación de este, para ella, insignificante comenta, al cual le llegaron a mensurar en apenas unos kilómetros de diámetro, sino también de la inutilidad del pánico que está experimentando una buena parte de la población de medio mundo (el tecnológico y habitual en la Red), debido a la imposibilidad física de que esta bola de hielo sucio pueda afectar de ninguna manera al planeta y, mucho menos, producirle daños apocalípticos. Dicho pronto: lo califica de paranoia. Y tal vez tenga razón.
El problema de la NASA, la única organización científica con recursos serios o suficientes como para informarnos de lo que sucede en el exterior de nuestro planeta, sean amenazas o descubrimientos maravillosos, es que es militar y pertenece al ejército más mentiroso del planeta. Cuestión esta última que comparte al cien por cien con la clase política que nos domina y con los enormes grandes capitales que controlan y dirigen el mundo, quienes mienten sistemáticamente incluso cuando dicen la verdad. El problema de muchos, casi todos los que se temen algo dramático para los próximos días, no es lo que dicen las autoridades políticas o científicas de los aparatos del sistema dominante, sino precisamente lo que callan, lo que ocultan. Dando por cierta la premisa que las autoridades siempre mienten, además que es obvio que si fuera a producirse una catástrofe más o menos global jamás alertarían a la población sino que procurarían salvarse a sí mismos, es natural que la ciudadanía, aunando observaciones, pareceres y conocimientos, trate de ser autosuficiente e inferir qué está pasando en realidad, especialmente por cuanto lo que dice la NASA o los gobiernos no coincide con lo que se está observando.
Desde el principio he sostenido que Elenin, aun existiendo, era nada más que una falsa bandera, una mentira blanca o una forma de desviar la atención de la población del foco de los intereses de la elite, no sólo por la imposibilidad física de que se pudiera detectar y/o medir un cometa semejante a casi setecientos millones de kilómetros, que tenía un brillo ciento cincuenta mil veces inferior a lo detectable por el ojo humano y que, para colmo, había sido realizado este prodigio con un telescopio remoto de alquiler poco menos que de juguete, sino porque tanto el nombre como sus datos generales (fecha de perihelio, alineaciones, etc.), eran sospechosamente coincidentes con efemérides políticas de primera magnitud muy anteriores al supuesto descubrimiento. Nada creíble, en fin, al menos para mí.
Con autoridades profundamente mentirosas (por nuestro bien, supongo), la información secuestrada en unas cuantas manos muy poderosas, la capacidad científica de observación en manos del Army y con falsas banderas como Elenin, uno no puede sino, cuando menos, poner en cuarentena la información “oficial” recibida, observar los movimientos que se verifican en el escenario y tratar de colegir lo que puede ser que esté pasando en realidad, porque en buena medida pudiera ser que la propia seguridad de uno mismo y la de los suyos se halle en peligro. Esto es lo que están haciendo muchos ciudadanos en todas partes, incluidos astrónomos y científicos “rebeldes”, y lo que se está comprobando no es precisamente tranquilizador. No quiero decir con ello, sin embargo, que con seguridad debamos temer una catástrofe planetaria, sino que no está de más que cada quien revise su situación, vea lo que le conviene, y que, por si acaso –que hombre precavido vale por dos y un cobarde sirve para dos guerras-, que no esté solo ese día y que vele, porque lo peor que le podría pasar si no sucediera nada es que habría tenido una fiesta familiar.
Las observaciones que cualquier ciudadano avisado puede realizar respecto de este asunto, son muchas y en muy distintos ámbitos. Más allá de que existen sobradas evidencias de las potencias, de forma extrañamente coordinada, han construido refugios a gran profundidad y, en algunos casos, del tamaño de pequeñas ciudades capaces de albergar a miles de personas por varios años, se da la sospechosa coincidencia de que la NASA ha puesto en marcha precisamente ahora alarmantes planes de supervivencia ante catástrofes, supuestamente para sus empleados, que las televisiones de algunos países están pidiendo en sus informativos (atención: informativos, digo) que es conveniente que la población se prepare ¡incluso con equipos electrógenos de emergencia!, o que el FEMA, el grupo de acción contra catástrofes de EEUU, ha construido numerosos campos de refugiados en su propio país con decenas de miles de plazas (aún vacíos) y se ha acopiado millones (420) de reacciones de supervivencia. A todo ello, a las maniobras altamente sospechosas como Eagle Horizont sobre un eventual hundimiento de toda cuenca del Mississippi desde Florida a los Grandes Lagos, hay que añadirle las supuestas maniobras militares Cocked Pistol que se desarrollarán a partir del próximo lunes en EEUU, para lo cual parece ser que obligan a Obama y a su gobierno a permanecer en el superbunker de Denver, precisamente en las mismas fechas en que casi todos los parlamentos de las potencias y la ONU están de vacaciones, en que las grandes multinacionales hacen simposios en ciudades dotadas con estos bunker y que la ISS, la estación espacial, va a ser desalojada… porque no tienen suministros. Y todo, el mismo día en que se produce la alineación. No es que uno quiera ser conspiranoico, ¡caramba!, es que no le dejan muchas alternativas.
Desde esta columna he comentado alguna vez, refiriéndome a asuntos aparentemente más domésticos, que me parecía muy extraño que súbitamente, como obedeciendo una orden dimanada de algún grupo G-loquesea, se estableciera en todo Occidente un grupo de acción ante catástrofes bajo mando militar, y no potenciando a los Bomberos o a Protección Civil, tal y como ha sucedido con la UME en España. ¿Para qué la duplicación?... ¿Acaso para controlar un incendio forestal o una riada?... No parece que tal gasto esté justificado, como no parece estarlo el que mientras haya habido dinero nuestros cazas de combate hayan estado aparcados en las pistas militares por falta de combustible y que llevemos ya un par de semanas que no hay quien viva, si es que reside cerca de una base aérea. Lo mismo, exactamente que está pasando en muchos otros países, como EEUU, sin ir más lejos, donde han movilizado a tal cantidad de tropas y equipo y las han llevado hacia sus fronteras, que incluso en México se sospechan una invasión del norte del país. Y ello, sin contar con el absurdo repliegue de las tropas imperiales en Afganistán, Iraq, etc.
Sin embargo, no es sólo en estos aspectos particularmente visibles donde se están apreciando conductas o fenómenos… extraños, digamos, sino también en otros órdenes más sutiles. Por ejemplo, desde hace un par de años se vienen produciendo unas aparente incomprensibles mortandades de especies animales muy específicas, como mirlo rojo, trucha, delfines, ballenas, pulpos, medusas, estrellas de mar y, en estos días pasados, casi setecientos millones de peces de piscifactoría y río en China. Nadie entiende muy bien el por qué, pero quizás la razón no esté muy lejos ni sea el ser humano muy ajeno a ella. La resonancia Schumann es, por decirlo de una manera simple, la frecuencia de vibración, el latido del planeta, que tiene un valor estándar constante –desde que fuimos capaces de medirla- de 7,8 hz. Una frecuencia que es la misma a la que vibra nuestro cerebro, de modo que cualquier cosa que la interfiera, también lo hace a nuestro modo de pensar, en particular, y al conjunto de nuestra biología, en general. Una frecuencia que, curiosamente, en los últimos años ha subido hasta tener un valor de 12 hz, y sabemos que a los 13 hz se detiene y cae su valor a cero. Picos de esta variación pueden perfectamente afectar órganos vitales de algunas especies muy específicas, como muy bien sabemos por las armas de última generación, en que una emisión electromagnética de gran intensidad en la frecuencia de un órgano específico del cuerpo humano, puede colapsarlo y, en consecuencia y según el órgano de que se trate, producir la muerte por causas aparentemente naturales: el asesinato perfecto. Algo así, como lo que ha pasado con estas especies que han ido muriendo desde hace un par de años a esta parte, contabilizándose entre los cadáveres millones de individuos… ¡de la misma especie!: mirlo rojo en EEUU, pulpos en Portugal, estrellas de mar en Escocia, truchas en China…, etc. La cuestión, naturalmente, es: ¿qué está produciendo esta variación de la resonancia Schumann?... ¿Acaso Elenin, quizás la grieta oscura de la galaxia a la que nos estamos acercando…, o es tal vez otro cuerpo celeste de gran calado que nos han ocultado hasta ahora?...
En cualquier caso, la suma y añadido de todas las piezas de este mosaico no conforma un dibujo precisamente tranquilizador. Volviendo al tema de los bunkers subterráneos y a esos otros como La Cúpula del Fin del Mundo en que, contra toda lógica, las potencias guardaron en Noruega semillas de todas las especies vegetales del planeta y restos biológicos y de ADN de todas la especies vivas, esto puede tener una función no sólo para sobrevivir a una catástrofe cósmica, sino también a una catástrofe bien de la Tierra, como una guerra nuclear pactada –somos muchos y hay que eliminar a unos miles de millones-, como una guerra nuclear no pactada –el remedio mágico a las grandes crisis financieras, como bien sabemos por la I y II Guerras Mundiales-, e incluso a un potencial cambio del eje magnético de la Tierra, cosa que sucederá, o sí o sí, si llegamos a los fatídicos 13 hz de resonancia Schumann, deteniéndose en tal caso el giro del planeta (se ha calculado que durante al menos 72 horas), para comenzar a girar en sentido contrario al menos durante seis días y volver, por fin, a su giro normal, una vez estabilizada la nueva corriente del planeta y estabilizado el escudo electromagnético que nos protege de las radiaciones cósmicas. Un fenómeno este último de una envergadura tal que nada prácticamente sobreviviría a ello, no sólo por las alteraciones geológicas y climáticas que conllevaría (terremotos de magnitudes inimaginables, licuefacción del suelo, aparición de volcanes por doquier, desbordamiento de los océanos, etc.), sino también porque durante las escasas 72 horas que estuviéramos sin la protección de nuestra magnetosfera, la incidencia de los rayos cósmicos en la superficie no sólo harían hervir los océanos, sino que matarían al instante cualquier cosa que tuviera vida, o la dejaría con tales lesiones que mejor sería que la matara.
Las opciones, como vemos, son muchas, y todas ellas tan malas que justifican sobradamente la alarma, habida cuenta del alcance de las consecuencias. No es pues, que algunos locos se hayan echado en brazos de cierto desvarío, por más que no falten nunca, sino que las evidencias apuntan a una situación, cuando menos, crítica. Y, como decía antes, si en el mejor de lo supuestos no pasara nada, mejor que mejor.
Hay todavía una opción más que, desde mi punto de vista, no es conveniente desdeñar: Nibiru. Desde que el 1982 fuera descubierto por la Iglesia Católica a través de su sonda Siloé, y en 1983 por la IRAS de la NASA, poco o nada se ha sabido de él a nivel público, más allá de que ha de ser lo bastante importante como para que la Iglesia construyera el observatorio VATT en Monte Grahan, el Army de EEUU hiciera lo propio con el de Infrarrojos de la Antártida y que no hace demasiado se haya lanzado la sonda infrarroja WISE. Ellos, los poderes, sin duda saben de qué va todo esto exactamente, pero jamás lo dirán si fuera algo que, según su particular punto de vista, no tiene remedio. Imaginen, por poner un caso, que tienen la certeza científica de que se avecina una catástrofe tal que no va a quedar nadie vivo, ¿qué harían?...: ¿darían una inútil alarma que sólo costaría vidas, violencia absurda y gratuita y un formidable caos, o por el contrario dejarían las cosas como están, salvarían lo que fuera posible salvar (La Cúpula del Fin del Mundo, bunkers subterráneos para poner a salvo el acervo de nuestra civilización y algunos humanos, etc.) y… que los demás murieran en paz porque no se puede hacer nada por ellos?...
La cuestión de Nibiru es particularmente interesante por cuanto no sólo cubre todas las demás expectativas y justifica sobradamente todas las obras y construcciones faraónicas que el conjunto de las naciones ha puesto coordinadamente en planta, sino porque también satisface las causas por las que algunas especies mueren, las inclinaciones observadas en algunos astros vecinos (Saturno, la Luna –y la aparición de una atmósfera de nitrium-, desaparición del Cinturón Ecuatorial de Júpiter, etc.) y da razón de ser al propio cambio climático que estamos experimentando. Hemos de considerar que si Nibiru es tal y como le suponemos, y como le suponen nuestros recuerdos ancestrales y escritos, su campo electromagnético no sólo está ya afectando al de la Tierra y produciendo todos estos efectos, sino que es más que probable que, en el caso de ser Elenin una falsa bandera que enmascaraba este otro cuerpo que ya estaba próximo, en unos días más es posible que tengamos el dudoso privilegio de verlo en vivo y en directo, con todo su desolador esplendor. Veremos, y, en tal caso, comprobaremos si tantas profecías y advertencias de nuestros antecesores son para ahora o deben esperar todavía un poco.
No pretendo con este artículo crear ninguna clase de pánico, sino sólo hacer llegar una información que nadie difunde y apenas una voz de alerta –ni siquiera de alarma- sobre lo que pudiera pasar. En el caso terrible que sirviera para contribuir a proporcionar una sola brizna de esperanza, que es decir una opción de supervivencia (si es que llegáramos al peor escenario imaginable), me daría sobradamente por satisfecho.
Secretos de Estado: de la tiritera del Faisán al horror del 11M

Mientras los procesados del Caso Faisán amenazan con tirar de la manta (ya se puede suponer a quién), recientemente la organización hacker Anonymous se dirigió a la Fiscal para la Lucha contra la Delincuencia Informática, Elena Tejada, para advertirla de que hará público un perturbador dosier robado de los archivos de la Policía en relación con el 11M.., si antes del 20N “no existe una diligencia sobre la documentación reservada” (sic).
La primera parte del subtítulo, que según El Mundo es una manifestación expresa de los procesados del Caso Faisán, lleva implícita la existencia de que haya santo o maldito en el Caso Faisán, lo que hay seguro es manta, o, lo que vale lo mismo, conspiración, secreto vergonzante o vergonzoso que deja o puede dejar al descubierto maniobras políticas poco o nada claras, o incluso delictivas, toda vez que los procesados parecen decirlo en el sentido de “sálvame o atente a las consecuencias”, en algo parecido a no estar dispuestos a correr la suerte (comerse el marrón) o ser sacrificados como inútilmente para ellos mismos lo fueron Barrionuevo, Vera o similares, porque quizás sepan estos procesados mejor que nadie cuáles son las lealtades de los políticos y cómo se las gastan. Una declaración que la Fiscalía afectada debería revisar, porque supone la aceptación expresa e implícita de que sí hay delito, y no de los menudos o de los que se salvan en una serie de divagaciones judiciales que parezcan que sí, pero no.
Lo que manifiesta la segunda parte del subtítulo de este artículo, lo de los hacker de Anonymous, no es un asunto menor en absoluto, sino todo lo contrario. Efectivamente, según publica Helga Yagüe en su diario www.theinquirer.es, Anonymous logró entrar hace algunos días a la base de datos confidencial (debe ser que hay una que lo es, o B, y otra que es la pública, o A) de la Policía Nacional y hacerse con algunas informaciones altamente sensibles, como nombres y DNIs de algunos escoltas de Zapatero o de los GEO, y dicen que con un dosier altamente comprometedor sobre el 11M. En este sentido parece ser que se dirigieron a la Fiscal para la Lucha contra la Delincuencia Informática (todo indica que por correo electrónico), y le dijeron: “Estimada Fiscal, en breve obtendrá documentación reservada. Caso 11M.” La conmoción, desde luego, no puede ser mayor, porque todo hace pensar que hay información altamente sensible o comprometedora, y absolutamente desconocida del público a propia intención de políticos o policías, sobre aquellos atentados que muchos, muchísimos en este país, defendemos que jamás fueron investigados convenientemente y que se ocultaron concienzudamente las pruebas sobre los verdaderos culpables. Y algo así parecen venir a decir estos hackers de Anonymus, quienes sostienen que se harán públicos esos dosieres en los días previos al 20N... si antes la fiscalía a la que se dirigen no instruye una diligencia sobre la documentación reservada, se entiende que sobre la que ellos tienen en su poder de entre la información sustraída.
La historia, pues se repite, un poco al modo y manera de aquellos infames GAL y sus mandos incógnitos e impunes. Después de aquella para muchos nunca aclarada del todo conspiración, en la que cayeron algunos pesos medios y se preservaron todos los gordos y las equis incógnitas sumas, según nuestro parecer, ha venido a correr los mismos pasos (los extremos ya se sabe que se tocan) el actual Faisán, y todo hace pensar que nuevamente desde el Estado se perpetra la ley por o para satisfacer espurios intereses políticos (o de otro orden, tanto da), de modo que quienes juraron cumplir y hacer cumplir la ley, junto con quienes juraron defenderla, van y la conculcan, la violan, la ultrajan y vilipendian… por los intereses que quiera que sean. Y, en medio, la mayor de todas nuestras ignominiosas afrentas colectivas, la que muchos (incluidos policías honestos, periodistas, investigadores y personas en general con dos dedos o más de frente) hemos sostenido que jamás se investigó ni como se debía ni contra quien se debía, y que toda su resolución apestaba a echar un apresurado cierre sobre aquel atentado que tantas trazas tenía a 11S (y ya son pocos o ninguno los que creen que fuera Al Qaeda). Una tracción mediática promovida para acallar conciencias y medios, y enterrar a los muertos sin asesinos conocidos, mientras esposas bondadosas escribían libros y algunos comenzaban carreras meteóricas entre túnicas negras que hoy estruendan, como sábanas lúgubres y tenebrosas, en las salas del Faisán.
No sé cuánto hay de verdad en cada uno de los casos. Sé, sí, y lo sabemos todos, que en el caso GAL se libraron los más sabios y hoy van repartiendo sabiduría por Europa; sé (o tengo el convencimiento, que vale lo mismo en España que una prueba, por si no lo saben) que en el caso 11M no se supo ni se quiso saber la verdad, que se destruyeron pruebas intencionada y calculadamente, amparando directa o indirectamente –más bien lo primero, según mi opinión- a los asesinos; y sé que en el Caso Faisán hay una manta de la que tirar porque los propios procesados lo han dicho y parecen tener una de sus esquinas agarrada para poder tirar de ella, acaso como los implicados del Caso GAL la tuvieron y tiraron, aunque en aquel otro "secreto de Estado" no les sirviera de mucho y los sabios sigan sabiendo más que los ratones colorados.
En 2008 quedé entre los 3 últimos finalistas del Premio Planeta con la novela “Lemniscata”, presentada entonces bajo el pseudónimo de Jacob Zhorn y con el lema de “El lazo infinito” (proclamada erróneamente como ganadora por algún medio, pues que el ganador del certamen fue el vasco Fernando Savater y la trama va sobre terrorismo), en la que de narro literariamente cómo se mueve todo este orden de intereses políticos, terrorismo y pretendidos atentados que tienen como objeto otros fines más… controlados y de control. Algo que, atentado tras atentado, sentencia tras sentencia y acto y manifestación política tras acto y manifestación política no hacen sino corroborarlo. Y, lo curioso del caso, es que tanto en la novela como en esta nuestra oprobiosa realidad hay rostros y manos comunes tras cada uno de estos luctuosos sucesos, rostros que se repiten, voces que tienen el exacto mismo timbre y modos que son ecos unos de otros. Analícenlo con calma, revisen sus archivos, y estremézcanse de terror, porque no es para menos.
No sé si en el dictamen que hoy dé el alto concilio de jueces que han de valorar el Caso Faisán, encabezado por el mismo juez del 11M, dejará todo el asunto en agua de borrajas, pero lo que queda transparente para muchos, muchísimos de nosotros, es que el Faisán ha de tener tirititera porque la manta la tiene, ¡vaya si la tiene!, tiren o no de ella, como manta hubo en los GAL, aunque inútil fuera para los Amedo, Barrionuevo y compañía que tiraran de ella. Tampoco sé si los de Anonymous llegarán a hacer públicos esos dosieres que dicen tener, porque demasiados intereses hay por medio y verdes se las van a tener preparadas, pero tal vez fuera algo bueno que alguien nos ofreciera la información alternativa que, estamos seguros, se esconde sobre el caso bajo siete cerrojos, siete aldabas y siete candados, porque nos íbamos a enterar, por fin, de que dos y dos son, efectivamente, cuatro, y no uno, como nos han querido hacer creer.
Los secretos de Estado, hoy, parecen estar no guiados a una mayor seguridad o progreso de los ciudadanos de un país, sino para servir intereses perversamente espurios, torcidos y retorcidos, y quién sabe si para poner al mismo Estado, junto con todas sus Instituciones, al servicio de algunos desalmados que, aunque pongan cara de buenoides recalcitrantes de levítico mirar bajitorcido, tienen el alma más negra que los carbones del Infierno.
Ecología cultural

Aunque en las sociedades avanzadas la concienciación de respeto al medioambiente progresa a muy buen ritmo, algunos ámbitos de la Cultura pueden ser catalogados como antiecológicos.
De todos los órdenes poco o nada respetuosos con el medioambiente, probable y curiosamente, son algunos de la Cultura los que se muestran más destructivos con él, quizás superando al conglomerado industrial, al petrolero o incluso a las mismas guerras.
Por atroz que pueda parecer, más bombas se arrojaron filmando películas bélicas que durante la II Guerra Mundial, y más destrozos medioambientales se produjeron en el rodaje de alguno de los grandes éxitos de taquilla que por causa de incendios o catástrofes naturales. Y si esto es en cuanto al Cine se refiere, la Literatura no se queda atrás, e incluso es mucho más perniciosa por cuanto precisa de potentes industrias forestales de apoyo para la obtención de celulosa y de supercontaminantes industrias papeleras para la transformación de ésta en papel, ambas contrarias al respecto medioambiental. La Cultura, así, con especian hincapié en el Cine y en la Literatura, resultan ser un desastre tal para la humanidad y su medioambiente que quizás no tardando tendremos que reconsiderar sus medios de producción y difusión.
Ver algunos paisajes después de que los cineastas han recogido sus bártulos y se han marchado, puede resultar algo desolador. En las películas queda muy bien la espectacular explosión, el automóvil o el camión que se precipitan en llamas por un precipicio o las deflagraciones del napalm; pero la naturaleza en esos lugares, especialmente elegidos por su belleza, queda absolutamente devastada. Si juntáremos todos los parajes de incomparable belleza que han sido destruidos por el rodaje de películas, para mayor gloria y taquilla de la industria del Cine, tendríamos una superficie equivalente a todos los desiertos del planeta en los que durante décadas no podrá crecer ni la hierba; pero que no es muy diferente de lo que sucede con orden de la Literatura, utilizándose cada año para la impresión y difusión de libros una extensión arborícola equivalente a Canadá, y una industria auxiliar de transformación que allana costas y cuencas fluviales de la importancia, por ejemplo, del Paraná, convirtiendo sus aguas en altamente tóxicas. Un lujo que la sociedad humana en su conjunto no se puede permitir, especialmente por cuanto ya hay modos y maneras de obtener el mismo resultado sin dañar en absoluto a la Naturaleza.
Efectivamente, los medios tecnológicos actuales nos permiten ya no sólo usar medios informáticos para contener tan impresionantes daños –realidad virtual, ebook, etc.-, sino que son infinitamente más baratos y ofrecen muchísimas más posibilidades para los productores y los usuarios. Por una parte, la espectacularidad que precisa cierto tipo de cine –el llamado de acción-, puede hoy conseguirse con los mismos resultados por medios absolutamente respetuosos con el medio, no sólo disminuyendo de una forma muy notable los imponentes costos que suponen desplazar a toda una legión de actores y técnicos de filmación a lugares recónditos, sino multiplicando la belleza de los resultados. Y otro tanto sucede con la Literatura, la cual, además de ser demoledora para la naturaleza por la necesidad de colosales cantidades de papel, necesita adicionalmente ingentes cantidades de madera para almacenar esos libros, siquiera sea a nivel doméstico. Un simple pen drive, hoy, puede almacenar decenas de películas o cientos o miles de ebook con lo más granado de la Literatura Universal, y ser llevada toda esa colección en un bolsillo, o un simple ordenador doméstico podría contener la misma cantidad de obras que la Biblioteca de Alejandría.
En cuanto a los libros, por ejemplo, es verdaderamente sorprendente que el volumen de los vendidos en formato ebook sea apenas del tres por ciento del total de los producidos, algo que no se entiende bien por cuanto un libro de papel es mucho más caro, tiene muchas menos posibilidades y requiere para su almacenamiento librerías de madera u otros materiales de los que no somos excedentarios. Lo chocante de este caso es que no pocos lectores, a quienes se les supone culturalmente más concienciados, se muestran particularmente misoneístas con las tecnologías de ebook, arguyendo que la electrónica jamás sustituirá al papel, o que no hay experiencia semejante a tener un libro de papel entre las manos. Una resistencia a la innovación tecnológica que, curiosamente, está contra el concepto mismo de cultura. Es, de alguna forma, como si el descubrimiento de la imprenta supusiera un fiasco para los escasos lectores que había en tiempo de Guttemberg. Sin embargo, es algo parecido a lo que sucedió cuando comenzaron a comercializarse los teléfonos portátiles, que todo el mundo juraba sobre sagrado que en su vida usaría tales artefactos para estar localizados o para hablar solos por la calle como si estuvieran locos, pero que hoy incluso los niños desde su más tierna edad llevan uno de estos aparatos en el bolsillo. La resistencia a los cambios tecnológicos no son sino la renuencia al progreso, una conducta anticultural… y en este caso antiecológica. Como sucediera con los portátiles, sin embargo, sucederá con la Literatura y el Cine, y es más que previsible que muy pronto tanto los libros de papel como las películas destructivas hayan pasado a mejor vida, con el único costo añadido de que cada día que pasa asolamos un poco más la maltrecha Naturaleza, la cual está dando claros síntomas de rendición.
Precisamente debido a esta situación extrema que está experimentando el medioambiente, es imprescindible que tanto los productores de estas industrias como los consumidores de sus productos sean conscientes del daño que perpetran, e incluso sería del mayor interés que las autoridades culturales primaran las nuevas tecnologías que tanto daño evitan y penalicen las técnicas tradicionales. Pero también los usuarios deben tomar conciencia no sólo de las ventajas de aplicación y precio que estas nuevas tecnologías le ofrecen, sino que están en el deber moral de ser conscientes de que por cada libro de papel que compran destruyen inútilmente un árbol, y por cada película de acción que ven, un paraje incomparable queda destruido para siempre. La conciencia ecológica debe ir más allá de una postura testimonial, especialmente en la Cultura.
Los gases de Leviatán

Los yacimientos de gas más importantes del mundo, fueron encontrados por Israel en 2010 frente a las costas de Chipre.
Tal vez –sólo tal vez- podríamos encontrar las verdaderas causas de ese montaje de la CIA llamado la Primavera Árabe en los yacimientos Leviatán, los cuales, con su más medio billón de toneladas de gas natural y otra barbaridad de toneladas de crudo, son probablemente los más importantes del mundo. Para Israel, que es quien ha hecho las prospecciones, suponen ni más ni menos que la absoluta independencia energética, o, lo que vale lo mismo, pasar de ser un país ubicado en medio del infierno y en buena medida dependiente de sus enemigos, a ser uno de los mayores exportadores del mundo, con todo lo que eso conlleva.
Leviatán es uno de los grandes monstruos del mar creados por Dios, y desde luego este yacimiento tiene mucho que ver con el acertado nombre que le han puesto, a cuyo alrededor se ha iniciado un tenebroso Baile de los Malditos que bien pudiera ser que, además de la pérfida andadura que ya se lleva recorrida en la zona, termine degenerando en una enorme explosión de intereses que haga que la sangre llegue al río, al mar o a esas profundidades en la que Leviatán es dueño y señor.
Por lo pronto, Líbano ha presentado una reclamación en la ONU –la ONU de Israel y los EEUU-, reclamando el yacimiento como propio, ya que, según ellos, están dentro de sus aguas territoriales. Israel, como no puede ser de otro modo, lo niega, y presenta unos mapas que definen sus fronteras marítimas, ocultando al mismo tiempo que las ha modificado deprisa y corriendo para que los yacimientos queden dentro de su señorío, con lo que ya se ha garantizado un lío, aunque menor, porque a nivel internacional Líbano no es nadie más allá de ser un blanco de tiro del ejército israelí –los abirúes-, quien cada tanto se ensaña con él con cualquier excusa. Y la cosa ya de por sí sería lo bastante grave si es que parara ahí, si bien el caso es que, lejos de detenerse, se complica y lo hace mucho, porque el acuerdo de fronteras marítimas que respaldan los mapas israelíes se deben a un pacto (ya me entienden en base a qué tipo de negociaciones) hecho a la semisombra de más que ciertos intereses entre Grecia –a través de Chipre, su testaferro en la zona- e Israel, pero desatendiendo el clamor de Egipto y Turquía, quienes dicen y sostienen que el yacimiento está en sus aguas territoriales. Un Baile de los Malditos tal, ya digo, del que pudiera saltar la chispa que convierta a Leviatán en algo más que un mítico monstruo de las profundidades.
Visto desde cierta distancia, el empeño que desde hace tiempo tienen los EEUU e Israel por reconfigurar las fronteras de aquella zona de Oriente Medio y el Norte de África, incluso produciendo mediante regado de dólares negros Primaveras Árabes a su medida, parece que tiene un sentido bien distinto al supuestamente espontáneo que nos hacen creer los medios de información habituales u oficiales. En la trastienda de todo este embrollo que comporta tal cantidad de dineros y recursos que no caben ni en la imaginación del más delirante, bien se intuye que se está cocinando algo lo suficientemente gordo como para justificar la sangría a la que se está sometiendo a buena parte de las poblaciones de la zona, desde Túnez a Siria, pasando, como es natural, por esa Libia que bien pudiera liarla –y tal vez lo haga porque ha puesto en inciertas manos una cantidad enorme de misiles portátiles tierra-aire- y por ese Egipto al que han dividido con esa revolución de no se sabe qué, movida por sí se sabe quién. Todo, visto con la distancia necesaria para ver las piezas de este rompecabezas, parece configurar una foto fija: cuestión de intereses norteamericanos e israelíes. Como dato adicional curioso, y porque para muestra vale un botón, una de las primeras acciones emprendidas por los revolucionarios libios mientras estaban a bofetadas –supuestas- con las tropas de Gadafi, fue la creación del Banco Central de Libia. Me lo expliquen, please.
Ya conocen la famosa frase de John Le Carré: “El robo es demasiado importante como para dejarlo en mano de los ladrones.” Hoy, ya lo he dicho muchas veces, los negocios se hacen de otro modo, de forma global, y por eso el poder se inventó la política corrupta a base de títeres titiritainas… y los bancos, no tiene más que comprobarse a través de esta crisis que todos cacarean y nadie entiende, cómo está saqueando el mundo y destruyendo países, y todo ello sin un mal responsable que llevar a los tribunales. Lo de Túnez, Libia, Egipto, Siria y, si se pone tonto, Turquía, tiene una explicación, como se ve, muy convincente, porque mientras están ocupados en sus líos interiores –o ya bien domaditos por habérseles instruido, como a Túnez o a Grecia- no tienen tiempo de ocuparse de otros asuntos, como ese negocio menor de medio billón de toneladas de gas y otro tanto de crudo que se va a quedar porque sí los buenazos de los abirúes, que para son el pueblo de Dios, y sus subalternos, los EEUU.
Todo sea que Leviatán, con tantos gases como hay en juego, padezca de flatulencia, se le escape un mol y terminemos todos como tres por cuatro calles… o en órbita, sin precisar lanzaderas espaciales ni nada.
El deporte y la corrupción

La desaparición del deporte escolar infantil o juvenil tiene toda la apariencia de un plan concebido para corromper a nuestros jóvenes.
Nadie en su sano juicio tiene duda alguna de que los niños y los jóvenes tienen un vitalidad tal que, si no se les ofrece una vía sana para disiparla, es más que probable que su propia inquietud y su necesidad de explorar el mundo les conduzca a otras vías mucho más perjudiciales para ellos, si bien de mucha enjundia para eventualmente estarían interesados en corromperlos, como las multinacionales de los videojuegos, los cárteles de las drogas (y quienes se enriquecen con ellas), los productores de ocio y otros tantos depredadores que hoy parecen contar con excesivas simpatías por parte de legisladores y gobernantes.
El niño y el joven usa el juego no sólo para explorar el mundo y su potencial personal, sino también para interactuar con sus semejantes. Ese juego, dependiendo de cómo sea, procurará jóvenes y adultos sanos o jóvenes y adultos corrompidos por sus propios impulsos. El deporte, en este sentido, es una de las mejores vías para disipar su exceso de vitalidad, para establecer bases profundamente empáticas con sus semejantes y con la sociedad en general, y el mejor modo de que, además de eliminar toxinas y consumir su tiempo en algo profundamente constructivo y educativo, comprendan, si el deporte que practican es de equipo, la importancia del grupo, de la actuación conjunta y coordinada y del esfuerzo personal para la consecución de la victoria, si bien que la victoria no suele ser el objetivo más importante para quien practica con nobleza un deporte de equipo. La sana competitividad, en fin, encuentra en el deporte de equipo una de las mejores formas de construir sociedad, además que quien está centrado en el esfuerzo noble, no está dedicando su tiempo a prácticas inconvenientes para sí o para la sociedad.
Adempero todas las ventajas incuestionables del deporte, especialmente en centros educativos y en una sana competencia en ligas escolares o federadas, las autoridades educativas han ido retirando o eliminando la actividad deportiva de equipo de los sistemas educativos, siendo que a día de hoy raro es el colegio público, y a menudo también privado, en el que existen y se mantiene la actividad deportiva grupal. Quienes tenemos alguna edad, no podemos mirar atrás sin recordar el equipo de baloncesto, fútbol, balonmano, voleibol o cualquier otra disciplina de equipo de nuestra infancia y juventud, siendo que los sábados o los domingos por la mañana estaban consagrados a la educativa competición deportiva prácticamente en toda la sociedad, a menudo participando en la misma por igual padres (como espectadores o hinchas) que los niños o jóvenes (como deportistas), fortaleciendo a su vez la relación parenteral. Y no era una actividad particularmente sana sólo para los que practicaban el deporte como integrantes de estos equipos y sus padres, sino también para la totalidad de profesorado y alumnado del centro educativo, quienes solían formaban piña con sus equipos para elevar el prestigio del colegio, el instituto o la facultad. Hoy, por razones que nos habrán de explicar esas mal llamadas “autoridades” que manejan la Educación, parecen haberlo proscrito para mayor gloria de la indolencia, si es que no para beneficio de esos mercachifles y bandas que mencionaba antes, cual si fuera un plan perfectamente definido y estructurado.
Ya no hay ligas escolares ni prácticamente existen las ligas federadas. Incuso hay ciudades con más doscientos cincuenta mil habitantes –Alcalá de Henares, por ejemplo- que no cuenta con absolutamente ninguna actividad deportiva organizada por las Concejalías que tienen la obligación de hacerlo, fuera de lo que es el fútbol. Un deporte sano para quien lo practica, pero bastante aborregante para quienes únicamente son espectadores. “Men sana in corpore sano”, ha pasado a ser una máxima que hoy es una reliquia del pasado, al menos en su forma social. Hoy, por el contrario, se promueve el deporte insano o hedonista, el anaeróbico, como los gimnasios, si es que no quienes deberían practicar un deporte de equipo –que seríamos casi todos- se entregan a la vida sedentaria o disipan su vitalidad en el tedio o en el consumo de productos insalubres desde punto de vista cardiovascular –comer, realidad virtual, Internet, drogas, etc.-, con resultados sobradamente conocidos: un incremento exponencial de las enfermedades cardiovasculares, ictus, enfermedades inmunodeficientes en general y obesidad generalizada incluso en la infancia. El deporte, bueno es saberlo, no sólo produce en el organismo una cantidad de dopamina (la sustancia del "todo está bien") que retribuye el esfuerzo del deportista, sino que favorece de forma muy notable su sistema inmunológico.
Dudo mucho que sean los niños y jóvenes, y aun los no tan jóvenes, quienes hayan renunciado a la práctica del deporte de equipo, y para ello me basta con proyectar que en mi propia ciudad, Alcalá de Henares, quienes desean practicar un deporte, o se buscan equipo por sus propios medios –tarea ardua y difícil por los pocos que hay-, o se organizan su propio equipo los que pueden, o no tienen más remedio que orientar su vitalidad hacia otros derroteros como los que comentaba anteriormente. Una situación particularmente grave por cuanto es obvio que los deseos de los jóvenes es la práctica del deporte, habida cuenta del número de ellos que atiborra los parques en que hay canchas en que practicarlos. Y si los jóvenes y los niños quieren practicar un deporte y no pueden porque no hay equipos, ¿por qué las “autoridades” educativas o los ediles de los ayuntamientos no fomentan la práctica de los deportes de equipo organizando ligas y poniendo medios para que esto sea posible?... ¿A qué espurios intereses están sirviendo al apartar de niños y jóvenes de una de las más sanas vías de desarrollo personal y social?... Esto, por interés oculto o por dejación dolosa, tiene hedentina a corrupción de menores y a alineamiento social, y los responsables, como no pueden ser de otro modo, son las ineptas autoridades políticas y educativas que padecemos, para quienes, si no hacen caja u obtienen ventaja, no tiene interés alguno: los políticos no están, según se ve, para servir a la sociedad, sino para servirse de ella. A los políticos y a las autoridades de Educación, pues, hay que pedirles cuentas por estar favoreciendo la corrupción de niños y jóvenes.
Forja de fracasados

Con la actitud demostrada de los maestros, y sin eximir de responsabilidades a los políticos, ya está claro, para quien tenía alguna duda, dónde se encuentra el verdadero problema de la enseñanza en España.
Con meridiana claridad se lo dijo la maestra el año pasado al curso en pleno (6º de Primaria): “Yo no vengo aquí pa´ aguantar a nadie, sino a por la pasta.” Tal cual, palabra. "Todo por la pasta (y el buen vivir)": un excelente eslogan para los maestros. Y tal que éste es el único interés de la inmensa mayoría de nuestros amados maestros, nuestras "autoridades" forjadoras infatigables del fracaso que nos subsume en las profundidades abismales de ser el país de Occidente con mayor índice de fracaso escolar, incluidos países en vías de desarrollo y aun los que no lo están. Un colectivo, el de los maestros, que, además de haber perdido el respeto de una muy gran porción de los alumnos de cualquier edad, más que hartos de sus simpatías y antipatías calificantes, también lo han perdido de muy buena parte de los padres, quienes vemos en ellos a auténticos deformadores, adoctrinadores y vengadores de sus frustraciones personales en los niños, aunque, eso sí, repugnantemente corporativistas como pocos o ningún otro colectivo profesional… o lo que sea. Fueron fuerzas fácticas en los pueblos de antaño, son fuerzas fácticas hoy ("o se me hace la pelota tutiplén o me suspendo al nene"), y quieren seguir siéndolo ad aeternam le pese a quien le pese, con sus sueldos astronómicos, sus vacaciones de medio año sin trabajar y el otro medio al tran-trán, y sus poderes divinos de hundir las esperanzas de futuro académico de cualquier niño que demuestre que tiene un poco más de inteligencia de la media, por preguntón, por inquieto o porque le sale de los nueve (que es decir porque es más listo que él).
¡Ah, buena gente los maestros! Y educados, muy educados, como bien hemos visto por su conducta en los actos de inauguración de las Fiestas de Guadalajara, en cuyo acto inaugural irrumpieron haciendo gala de su asnífica cultura y de por qué son las "autoridades" que son. ¿Qué, por el amor el Cielo, educación pueden transmitir tan educadas “autoridades” a nuestros niños y jóvenes?... Ya se ve, incluso, lo que les importan los mismos niños y jóvenes, pues, como ellos mismos han anunciado, están dispuestos a cargarse el curso con una huelga indefinida para defender sus privilegios de casta. Todo, todo por ellos los educandos, naturalmente, así los ejemplos de exquisita urbanidad de que hacen ostentación como su correctísima e inteligente manera de vindicar que sus derechos de pernada o de casta no se los toca ni Dios (mucho menos el PP). ¡Huelga, huelga! Exacta y cabalmente lo que están haciendo ahora mismo, sólo que a las claras y sin ir a clase siquiera (aunque montando un cirio de no te menees, eso sí), auxiliados por esos silentes sindicatos que estuvieron desaparecidos o de crucero por esos mundos de Dios mientras el desgobierno sociata producía cinco millones de desempleados y casi otros cinco de subempleados, pero que como ahora que no van a mamar de la teta patria con las muy dudosas subvenciones recibidas, pues vienen a liarla como san Lenin manda.
Estoy seguro de que hay excelentes maestros –ya lo he dicho muchas veces-, pero, por haber sido absurda y activamente consentidores con sus colegas más inútiles, torpes y menos cualificados, se van a hartar este año de chupar corporativismo. Gozando con la simpatía de casi todos los padres, eso sí, como esos … sindicatos cuentan con las enormes simpatías de casi todos los trabajadores a los que han vendido y abandonado a su suerte (mala, claro). Así está la cosa, qué le vamos a hacer. Y no, no es mala cosa, según lo veo. Es más, creo que es lo mejor que podía pasar, de todas, todas. Una ocasión que pintiparada para que se hiciera la imprescindible y siempre postergada reforma de la Educación, comenzando por donde se debe, por purgar a los maestros y eliminar a los inútiles y no cualificados pedagogos. Aunque, claro, quienes tendrían que hacerla son los políticos y, ¡ay!, eso es imposible si antes no se depuran a sí mismos, cosa que no verán nuestros ojos.
Sin embargo, como soñar es gratis, uno incluso alcanza el éxtasis imaginando una purga tal que el poder apartara de la Educación –y los jueces decretaran órdenes de alejamiento de los niños y jóvenes (incluidos los universitarios)- a todos los brutos con poder, a estos supuestos educadores que son, en realidad, forjadores de fracasados, de niños que mañana, cuando sean adultos, odiarán con todo lo que tengan a la cultura gracias a estos Herodes. ¡Oh, sí, qué hermoso sería! Y ya se ve uno en el Nirvana, si aparejado a esto pusieran en el lugar de estos forjadores de fracasados a titulados capaces de enseñar, con vocación y mucha pedagogía, a quienes son nuestro futuro: los niños y jóvenes. Adempero, ya digo, como son los políticos quienes tendrían que hacer eso, y es otro colectivo nada confiable, según mi opinión, pues verdes la segaron: tendremos que seguir aguantando este despelote y a estas "autoridades". Tan es así, que incluso los inspectores de las Consejerías de Educación –y hablo por propia experiencia-, en caso de abuso o injusticia manifiesta, lejos de inspeccionar, se ponen de acuerdo con los profesores, arman una coartada, y a otra cosa, mariposa.
España: sol y fracaso escolar. Claro que este fracaso le viene estupendamente al sistema, porque así tenemos la realidad que tenemos: la televisión-basura, la cultura-basura, los políticos-basura, la justicia-basura, los contratos-basura y la vida-basura que nos concierne. Y casi todos –sólo casi- tan contentos: más mercado para el poder porque los ciudadanos son más mercancía. Y es ahí, en las escuelas, donde estos dómines ejercen sus funciones en pro del aberrante sistema que nos concierne, forjando a los fracasados que mañana serán mano de obra barata y fácilmente manipulable.
Nuncajamás

El poder ha creado un paraíso de mentiras oficiales para mayor felicidad de los ciudadanos.
A veces, cuando escucho los telediarios oficiales de los que se nutre la información de las masas, me parece que estoy viendo los noticieros de Nuncajamás, con sus buenísimos y heroicos Peterpanes en calzoncillos largos, con sus aflictivas y queridas Wendys de mucho glamur, sus enamoradizas y mágicas Campanillas y, como no puede ser de otro modo, con sus malos, malísimos Capitanes Garfio perseguidos por sus pesadillas cronológicas en forma de cocodrilos Tictacs y auxiliados por bonachones piratas de noble corazón que quién sabe si son agentes dobles o trabajan para la CIA.
Tal que así me parece la cosa ésta de estos días en que se cumple el décimo aniversario del 11S. De nada parecen haber servido los miles de testimonios de los mejores arquitectos y los mayores expertos en construcción de grandes edificios, ingenieros de reputado renombre y hasta de los más experimentados profesionales especialistas en demoliciones, quienes han jurado sobre sagrado –y así se aprecia en numerosos videos sobre el colapso de las torres del TWC y del llamado Edificio.7- que lo que se dice sobre que del derribo de estos edificios pudiera haber sido producido por un par de aviones comerciales era, simplemente, mentira, y que lo que se vio en realidad fue una implosión, un derribo controlado, con toda certeza producido por explosivo termita, hoy por hoy en manos exclusivas de los militares. Lo mismo que sucedió con el ataque al Pentágono, siendo que algunos grandes y experimentados expertos en balística han sido capaces no sólo de desmontar pieza por pieza el despropósito del avión que supuestamente se estrelló contra este edificio, sino que fue un misil; y otro tanto acaeció con el caso del avión que se estrelló en tierra, por más que los guionistas de Hollywood hayan hecho meritorias películas en plan héroes americanos. Y todo esto, claro, sin entrar en consideraciones adicionales sobre cómo en los turbulentos días previos a los atentados hubo muchísimos y muy importantes movimientos de capitales y de empresas mucho más que sospechosos, que más y mejor apuntan a un compló que justificara lo que ha sucedido a continuación de aquello: las invasiones que han costado, no un par de miles de vidas como en el 11S, sino más de un millón de vidas humanas que no merecen para estos mismos medios oficiales y para el poder mundial mayor recordatorios ni justicia alguna, y la destrucción y expolio de muchos países soberanos, como Iraq, Afganistán, Paquistán y, aunque nos agarre un poquitín lejos del epicentro cronológico de aquel suceso, Libia.
Las noticias, sin embargo, erre que erre siguen con la versión oficial, rindiendo homenajes a unos asesinados oficialmente por el Capitán Garfio, y desatendiendo al millón de seres humanos y a la conculcación por vía del Artículo 33 del Imperio (porque se le pone en los tegumentos) de todos los principios de Justicia nacional e internacional. El Capitán Garfio es el malo y Peter Pan el heroico marine que arrasa países con uranio empobrecido, y punto. Todo lo demás, no importa. Y cuela, como coló Pearl Harbor, lo del Maine, lo de Silesia por los Alemanes, etcétera.
También ha colado en la Historia oficial de Nuncajamás que las pirámides de Egipto las construyeron esclavos que esculpían las piedras a tres mil kilómetros de donde están ubicadas, las trasladaban hasta Gizeh y las acoplaban unas sobre otras a un ritmo de una, que pesaba un promedio de 20 toneladas, cada 32 segundos, para cuadrara con los tiempos oficiales de construcción; o escrito está como verdad incuestionable en nuestro libros de Historia que las pirámides y centros ceremoniales de mesomérica, ya saben Teotihuacán, Uxmal, Chichén Itzá, etc., las construyeron tipos que no usaban la rueda, en base a arrastrar con cuerdas imposibles moles de piedra, construían sus centros ceremoniales y sus ciudades y, cada 52 años, ¡zas!, a construirse otra ciudad u otro centro ceremonial, después, eso sí, de enterrar debidamente el que acababan de estrenar. Y así, podemos contar las verdades de Nuncajamás desde lo más remoto de la Historia humana (las culturas remotas, por ejemplo) a lo más contemporáneo (el 11S, sin ir más lejos), desde lo más concerniente a nuestra mera existencia (la delirante Teoría de la Evolución) a lo más profundo de la espiritualidad humana (Dios no existe: somos fruto de la casualidad), todo basado en una Ciencia que no deja de contradecirse a sí misma, tan soberbia que incluso fuerza a la naturaleza o lo que se ve a sus fórmulas o teorías, y, si no, se inventa algo que lo justifique, como la energía oscura o la materia oscura, que ni existe ni hay Dios que la creó, pero que ahí lo tienen. En Nuncajamás puede darse cualquier cosa, menos el desaliento, y sus sabios, doctores y periodistas son capaces de demostrar que lo cuadrado es redondo, y no se discuta más, salvo que quien lo vea como es, es porque está tonto…, o tinto…, o tanto.
En fin, podríamos extendernos aquí hasta que nos sangrara la paciencia desmintiendo todas y cada una de las verdades oficiales de Nuncajamás, que son prácticamente la totalidad de nuestra Historia oficial –cosa lógica porque la misma Nuncajamás no existe, palabra, sino que es una invención, un cuento, una mentirijilla del poder-; sin embargo, nos contentamos hoy con la cosa que toca, que es lo del 11S y este despropósito que sólo los muy, pero que muy incrédulos, o los muy, pero muy cínicos, o aun los muy, pero muy ricos, pueden creer contra todas las evidencias que están sobre la mesa. Para ellos, dirigentes o habitantes de Nuncajamás, el Capitán Garfio es muy malo, el cocodrilo Tictac aunque se lo haya comido siempre tendrá a otro Capitán Garfio que devorar porque hay muchos intereses pendientes todavía y muchos países que invadir, y colorín, colorado. Y tan verdad de verdad es todo esto que aúllan las sirenas telediarias oficiales, como que Peter Pan fue a Iraq a llevar la democracia y a liberarles del dictador, y ahí están todos los iraquíes tan felices y agradecidos, tan ricamente, gozándose de las libertades y el bienestar que les regaló su héroe favorito y sus estupendos amigos; y como que fue a Afganistán a llevar la santa democracia, a arrancar a las mujeres de la esclavitud del burka y a llevar vientos de felicísima libertad a todos los afganos, y ahí los tienen también, todos dichosos como si estuvieran en el Nirvana.
Nuncajamás, es así. Pero ninguna de las víctimas de Peter Pan producidas para establecer su orden de justicia, democracia y libertad que han sucumbido atrozmente, o las que sucumbirán todavía mientras él se encuentre por allá revolotendo, no merecerán conmovedores homenajes de ningún 11S, ni ondearán en su honor o memoria banderas nacionales al ritmo de emocionantes músicas, ni habrá pupila alguna que riele en la melodramática superposición de imágenes hollywoodenses que inundan las televisiones de Nuncajamás, porque ellos, inocentes o no, no cuentan aunque sean millones, son herejes, son como el Capitán Garfio, no importan, no viven sino que matan (por más que sean niños o mujeres) y si están muertos, tan ricamente. Así es, así somos en Nuncajamás: la verdad, si no nos da por las buenas la razón, nos inventamos otra.
Y con ellos llegó el escándalo

Vistas las declaraciones de haberes de sus señorías, nada más rentable que la política, y más rentable todavía ser de izquierdas.
Y con ellos -los gobernantes y parlamentarios- llegó el escándalo, sí, a esta Sin City en que la sucia política ha convertido España. Un pastazo declaran que tienen sus señoría, en general, y todo ello, así, por las bravas, en plan legal, sin consideraciones adicionales, más que previsibles, de que algo de ingeniería legal habrán hecho con sus patrimonios para no dar el cante, sea éste de faisán o de esta opereta delirante en que ninguno de los figurantes tiene credibilidad social de honradez demostrada, sino precisamente de todo lo contrario.
Duele un poco saber que sus señorías están a salvo de todo quebranto y de todo temor a la incertidumbre que nos depara a los demás mortales el mañana nuestro de cada día de sudores y carestías, y que tienen bien guardadas las espaldas por unos patrimonios que, entre declarado y escondido, suman un pasarla como reyes aunque sean republicanos. Ya quisiera yo saber qué patrimonios tienen también los coleguis, parientes, tronquetes y/o testaferros de sus señorías, que seguro que contando con la información de previa y ventaja que cuentan, es de suponerse que, con su buen hacer y sus demostradas mañas, haya servido para que, quien más, quien menos, haya tenido su mordida en el reparto de prosperidad subyacente.
Rentable es la política, ¡vive Dios!, y mucho más ser de izquierdas, según se ve, pues que dar el queo a las masas iletradas de las ventajas de lo colorado, redunda en una acumulación mayor de bienes y en una más muchísima más enjundiosa rentabilidad que asegura un porvenir sin estrecheces, quién sabe si porque los líderes de las gloriosas izquierdas se las han transferido a los descamisados o a los parias de la Tierra. Buena cara pondrán algunos a sus votantes, como el señor presidente del Congreso o el hepático candidato sociata, cuando les escuchen, hagan y les expliquen que lo que tenían que repartir para sí era la riqueza y no la pobreza, aunque a ellos, a los bindundis de papeleta y urna, lo que les haya quedado por lógica sea la contraparte, la del paganini, la del que se aprieta el cinturón para que haya más que trincar por parte de los votados. Un pasar de Midas, según se ve, es imprescindible para que puedan desarrollar su cargo como San Lenin manda, a pesar de que, casi con total seguridad, sus asesores de imagen, partido y financieros, les hayan maquillado los patrimonios de manera que el cante no salga con gorgoritos. Esto, señores, es tener bien alta la cresta: ¡viva la revolution, manito!
Por esos mundos de Dios hay un muy ilustrativo video circulando, protagonizado por un sicario económico del Imperio, en el que cuenta cómo se hacen los supernegocios: se va a los países, corrompen a los políticos, les animan al lujo, trinque y comisión, les alientan a que endeuden a sus países con dineros de sus bancos e instituciones –el BM y el FMI, que son privados, para el que no lo sepa-, y les empujan a ellos a vivir como personas muy importantes y principales (cobra comisiones o quédate con esto: todo el mundo lo hace), y a sus países muy por encima de sus posibilidades, de modo que los Estados que gobiernan no puedan pagar el principal y no tengan más remedio que renegociar la deuda a intereses de usura, y ya está hecho el supernegocio. A partir de ese momento, son ellos, las grandes corporaciones encabezadas por los sicarios, los que decidirán sobre el país, sobre qué modificaciones se hacen en las Cartas Magnas, sobre qué empresas públicas y servicios se privatizan a favor de las corporaciones de su cuerda, a qué guerras enviarán a las tropas nacionales -¿entienden lo de Afganistán o todas esas otras cosillas?...- o qué votan en la ONU o en los gruposgés, y listo, que los sobrecostos de todo este atraco político los pague la ciudadanía, toda gente ésa que, como decía Goethe, son los más esclavos porque se creen libres. Y aquí están los resultados. ¿Quién se puede resistir, por el amor del Cielo, a dejar de ser un paria sin un real en el bolsillo y pasar a ser, en unos pocos añitos, a amasar una fortuna de aquéllas, vivir en la Jet-set y dar la impresión de que se ha nacido entre algodones aunque llevar un frac más le haga parecer un pingüino en el desierto?... ¡Pues eso!
Bien hecho el trabajo, sólo se pueden esperar parabienes internacionales por las encomiables gestiones realizadas. Como la señora Pajín, sin ir más lejos, a quien la van a conceder en México la medalla de oro de no sé qué chorrada, que no parece sea un escapulario. Cosa de lo más particular porque llevo más de veinticinco años trabajando estrechamente con Latinoamérica en general y con México en particular, y allí, desde Felipe González para acá, no producimos sino risa, aunque, eso sí, mucha risa. Pero, en fin, debe ser algo parecido a los parabienes alcanzados por la señá Trini cuando estuvo con la cosa de las relaciones con Latinoamérica, que, aunque fuera un desastre como lo del Titánic o un despropósito como el de la señá Pajín, pues gracias a ellas nos han ido echando de ámbito cultural y nuestro mercado natural para mayor beneficio de gringos, alemanes, italianos, franceses y hasta de ruanda-burundeses. Todo un buen hacer que, según se ve, se premia con medallitas y con no se sabe qué más que no se incluye en el IRPF. A quienes conocemos aquello, esto nos hiede a chamusquina, palabra. Como poco.
Me temo, señores, que estamos haciendo un pan como unas hostias porque nos están saliendo ricos los de las gloriosas izquierdas y puño izquierdo en alto y vibrante Internacional en los labios. Boyer se nos fue a la Jet-set, Felipe –Isidoro- se hizo un superchalé vecino de un déspota decimonónico y carpetovetónico y amasó una enormísima fortuna, a Guerra le salió un hermano que pasó del desempleo a casi el Forbes, a Cháves aunque no tiene un real los niños le han salido bien despiertos, Bono ha pasado de ser descamisado a usar frac hasta para dormir y ser casi miembro emérito de la CEOE, y, para guinda que colma el pastel de este sindiós –nunca mejor dicho-, resulta que nos ha salido un candidato ultraizquierdista y ultraleninista que es millonario, como el señor Rubalcaba, quien no obstante, debido a su sencillez izquierdista y ser un tanto rata, usa un coche viejísimo y paga su tique de aparcamiento. Queda claro, a la vista de lo visto, que ser de izquierdas es muy, pero que muy rentable, debe ser que porque muchísimas miserias (de los votantes) hacen una gran fortuna, y cuantas más miserias producen los votados en los votantes, pues parece que mejor, que más fortuna todavía. Por algo será, digo yo, que a mayor desastre social y nacional, mayores haberes. Digo.
¿Un escándalo?... No, ni mucho menos. Como decía antes, ya ven que quienes nos prestan los dineros –buena gente que ni siquiera pretenden que se los devolvamos, sino que se contentan con que paguemos los intereses que ya nos comen casi la mitad del Presupuesto Nacional- ya tienen su reforma constitucional consagrando sus intereses venideros, nuestros soldados están muriendo en sus guerras por esos mundos de Dios, votamos lo que nos mandan en los foros en los que vamos por instrucciones suyas, les hemos regalado Latinoamérica y todos nuestros intereses allá, y cada día privatizamos algo más a favor de sus corporaciones, como el agua, la sanidad, la seguridad, el transporte y lo que sea, que siempre será mejor la Siemens que el Talgo -¿recuerdan los accidentes que tenía a diario el Talgo cuando se negociaba qué marca de trenes iban a ser los AVE?-... ¡Pues eso!
¿Cómo no obtener algo a cambio de todo eso, siquiera sea algunos fajillos de billetes de curso legal para algunos principales, ya sea en declarado o libre de impuestos en algún paraíso fiscal o en las manos de algún testaferro, o siquiera sea algún contratillo de gloriosa enjundia para sus prósperas empresas?... Y así los números cuadran, por supuesto. Nada, nada más rentable de la política, ya digo, que muchos entraron pobres pero pocos salieron míserios, aunque la mayoría sí que han salido miserables.
Sin City: el triunfo de la cosmética Portland

Portland ha triunfado por aclamación al convertirse en la cosmética preferida de nuestra clase política.
Nada como un rostro de hormigón armado para los tiempos que corren. Al menos, así parecen pensar nuestros amados dirigentes de la Sin City en que ha venido a dar España, este contubernio de personajes que parecen extraídos de un cómic suburbial y tenebroso donde no hay señoría buena, honesta, sincera, justa o, ni mucho menos, en quien se pueda confiar.
Más allá de que nuestros dirigentes en su conjunto han pervertido íntegramente la escala de valores morales o éticos naturales, convirtiendo legalmente en bueno lo que es deplorable, si bien contando con la decidida anuencia o la aparentemente renuencia de algunos partidos que estando en la oposición han hecho como Pilatos pero aceptando por bueno el resultado pues que no lo van a cambiar, y aun más allá de que han corrompido todas y cada una de las instituciones del país, incluida la Carta Magna, hoy desfilan estos personajes de pesadilla por nuestras calles como si tal cosa, luciendo sus espectaculares maquillajes Portland.
Por ejemplo, el PSOE puede, gracias a esta portentosa cosmética, jurar y requetejurar que es un partido de izquierdas a quien le interesan y mucho los trabajadores y los más humildes, casi al tiempo que sus dirigentes se ponen hasta el culo de mariscos y Beluga, viven como maharajás en mansiones despampanantes, disponen de chófer y autos de superlujo blindados, escolta y toda la parafernalia, se regalan gastos ilimitados, rara vez repiten el atuendo de estreno, se obsequian pensiones vitalicias por tener un morro que se lo pisan y de izquierda no les queda sino un discurso que no se lo cree ni sus santas madres. Y no sólo no se les despinta la sonrisa, por virtud de estos magníficos coadyuvantes de Portland para mantener los cutis tersos, sino que sostienen su vida de ricachones venidos a más –no pocos metiendo la mano en la caja o con concesiones o subvenciones para sí, sus empresas, las de sus niños o las de sus testaferros… sospechosas cuando menos, digamos- diciéndole al pueblo, a sus masas de trabajadores, que rojos como ellos, pocos y todos muertos. Y no se despeinan siquiera, oiga.
Ahí tienen al señor Guerra, el del exabrupto izquierdista y vida de sultán a costa del Erario, aquél cuyo hermano hizo lo que todos sabemos y los tribunales –sus tribunales de ellos- ignoraron, enseñándonos a ser inteligentes, que en su decir es votar izquierdas, lo mejor que se puede hacer no por la salud, el bienestar o los derechos que los trabajadores han perdido sólo y exclusivamente gracias al PSOE, sino porque le conviene y le conviene mucho poder seguir mamando de la teta patria y pegándose la buena vida. Una vida que no requiere más esfuerzo que largar de vez en cuando algún cuento para las masas de obedientes iletrados que consideran que ser de izquierdas es ampararse en un colorín colorado, y, cómo no, usar en público la cosmética que cubre todas las arrugas del alma: Portland.
O ahí está el expresidente Felipe González dando lecciones de cómo deben hacerse las cosas para que el país vaya adelante, sin sonrojarse siquiera por haber liquidado el tejido industrial español –causa de casi todos nuestros actuales males-, haber institucionalizado la corrupción, haber sentado las bases de las X que nunca se quisieron aclarar oficialmente con la cosa esa de los GAL, haber instaurado inter nos per semper los contratos-basura y los salarios-basura, la cultura-basura y la política-basura, y ahí le tienen, tan ricamente, cobrando un Potosí por largar sandeces, viviendo pared con pared con alguno de los mayores déspotas de nuestro tiempo y propuesto como sabio de Europa, porque ya hay que saber para hacer lo que hizo y seguir tan libérrimo como los santos pájaros. Y todo, todo, gracias a esa imagen estupenda que le proporcionan las cosméticas Portland.
O incluso ahí tienen a los dirigentes sindicales, viviendo en plan crucero de lujo por esos mundos de Dios o conversando en los mejores hoteles capitalinos, mientras sus huestes laborales se descuartizan entre el desempleo y el subempleo, los derechos laborales cayeron más hondo que las Marianas y pusieron a las masas trabajadoras entre las garras de la rapiña esclavista laboral, sin que a ellos se les note siquiera que se están descojonando por lo bajini. Otro milagro más de los ungüentos Portland. Un prodigio de la ciencia.
O consideren, por ejemplo al señor Rubalcaba -Alfredo para los adeptos-, el chico amarillo de esta Sin City de nuestros horrorosos pecados, quien a pesar de haber estado involucrado como protagonista bien principal en todos y cada uno de los desastres nacionales que han conducido a este sindiós en que vivimos, sin orden, sin derechos, con faisanes cantando y GALes en el recuerdo, coautor del desastre económico que padecemos, va por esos mundos de Dios dando lecciones de buenismo y política de altura, tal vez al mismo tiempo que apuñala a sus colegas, se monta una KGB tanto para los ciudadanos díscolos como para sus tronquetes de partido, controla Interior como un apéndice genital extirpado de su propia naturaleza, organiza 15Ms e Indignados, y mantiene pese a todo su espléndida sonrisa de Lenin redivivo, todo hepático y macilento, hermoseado por la extensa gama de los incomparables cosméticos Portland, los cuales le hacen parecer bajo los focos incluso un personaje normal que es capaz de pagar un tique de aparcamiento.
Y, en fin, pueden verse y comprobarse las ventajas inefables de esta milagrosa gama de pócimas, abéñulas y cosméticas en todo rincón y en los más principales personajes de esta Ciudad de Pecado en la que habitamos como personajes extras, como en las películas, o como borrones o sombras de este comic siniestro. Se pueden encontrar en los lúgubres semblantes de iletradas ministras lamedoras de conjunciones universales, en discriminadoras positivas de mucho empaque y ozú, en expresidentas de poco planchado, en ministras de Defensa pacifistas y, en fin, en la práctica totalidad de sus señorías, quienes viven en su propio Nuncajamás a cuerpo de rey, mientras piden a la población que comprendan que deben ser más míseros y tener menos futuro, porque tanto los recursos como las prebendas ya se las han repartido entre ellos, incluso poniéndose saunas y jacuzzis y traductores y todo eso en el Senado, o regalándose dispendios ante los que sus astronómicos salarios son apenas calderilla. Una ignominiosa labor de muchísimo esfuerzo que les costaría un Potosí fingir, e incluso es posible que los ciudadanos pudieran percibir las muecas de cachondeo que se dibujarían en los semblantes de sus señorías por decir lo que dicen, si no fuera gracias a esos maravillosos productos Portland, sin los cuales, ser político en España, sería una misión imposible. No sólo les hormigona el rostro y les endurece el morro como si fuera de piedra, sino que además les deja el semblante sonrosado como el culito de un recién nacido. Una panacea sólo al alcance quienes tienen poca o ninguna vergüenza y algún poder sobre los ciudadanos.
La demolición del Estado del Bienestar

No se está tratando de contener el Estado de Bienestar, sino de demolerlo.
El sol de la opulencia popular se ha puesto definitivamente, y en este ocaso de lastimeras luces los inútiles lamentos no son sino un coro de aves aterradas que no encuentran el camino de regreso a sus nidos. Se dijo y se reiteró hasta la saciedad que esta crisis era una falsa bandera, que era inventada, que no había en ella ni una mínima explicación racional que la justificara, que no había siquiera un mal culpable de sus causas que llevar a los tribunales y que las grandes fortunas, las que no aparecen en Forbes, estaban tejiendo una red que nos iba a capturar todos en esta hora final. Y la hora ha llegado.
Entre esta fantasmagórica semiluz y semisombra del ocaso de los haberes y las posibilidades, de un promisorio futuro que parecía al alcance de casi todos, todavía los hay que no han despertado de su ensueño porque les quedan algunos reales en el bolsillo o algunas esperanzas en su delirio; pero la enorme bola de la demolición ya golpea impiadosa los escasos edificios de la opulencia que aún sostienen sus verticalidad, sembrando ya un desolador paisaje de pesadillas y ruinas. No es un desmantelamiento provisional para combatir una crisis que, en justicia y veracidad, jamás existió, sino una demolición en toda regla de todo vestigio de esperanza. Nuestros hijos, nuestros nietos, un día nos acusarán de haber sido demasiado estúpidos o demasiado ciegos, y no podremos sino callar y admitir que les robamos su futuro y lo malgastamos en una credibilidad infausta que regalamos a quienes no merecían fe alguna.
En la Constitución española ya se ha consagrado por instrucciones de quienes en realidad son nuestros dueños que somos esclavos de las deudas tramposas que produzca cualquier golfo que alcance el poder en España, y que nuestros derechos, nuestras posibilidades, nuestro futuro y el de los nuestros, quedará sometido al previo abono de los capitales que nos usurparon los nuestros para enriquecerse ilícitamente y de los intereses que los usureros internacionales quieran imponernos, convirtiéndonos a todos de facto en esclavos de quienes ni hemos elegido ni siquiera hemos votado. Habrá Educación si queda algo, habrá Sanidad si queda algo, seguirá faltando Justicia, habrá… lo que quede después de pagar a los miserables, si es que algo queda, que no quedará. Cada día habrá menos Sanidad, menos Educación, menos Libertad, menos Justicia –si es posible, que ya es difícil- y menos derechos. No todo sucederá de golpe, pero sucederá todo y a un buen ritmo.
Muchos lo dijimos, pero fue como predicar en el desierto. El poder sometido de nuestros dirigentes a los mandatarios anónimos del dinero, estrangularon las gargantas antes de que las gargantas pudieran negarse, creando 15Ms y otros movimientos que son sus movimientos y sus voces disgregantes, restándonos la fuerza antes de que las tuviéramos. Y nos acallaron los sindicatos, sus sindicatos, con sus silencios clamorosos y sus viajes de lujo por el mundo mientras los trabajadores sucumbían en el subsalario, el subcontrato o el desempleo. Y nos acallaron los partidos, parasitados de pillos que metían impunemente –que meten impunemente- la mano en la caja de todos porque el dinero público no es de nadie, según dicen, enriqueciéndose con los haberes sustraídos a todos con sus torcidas leyes y sus torcidas servidumbres mientras servían a nuestros enemigos.
El horizonte del porvenir no puede ser más siniestro. Consagrada en la Carta Magna la mayor estafa que se podría producir contra la ciudadanía en pleno, pocas caretas pueden quitarse ya los partidos políticos, no importa qué dulces palabras pronuncien o qué infames mentiras arguyan: el mal ya está hecho. Ya sabe el votante qué de izquierdas tiene el PSOE o qué de liberal el PP, brazos de la misma bestia que sirven al mismo cuerpo y obedecen al mismo amo. Ellos son, al final, el artificio que a la hora de la verdad ha funcionado al unísono obedeciendo la orden tajante de quienes controlan el presente y quieren controlar el futuro. Ningún interés de España hay en esa modificación consagrada, y ningún interés de la ciudadanía: ambos nos han traicionado. Y lo han hecho de la misma forma que antes se regalaron estupendos sueldos, VISAs oro, doradas jubilaciones o derechos de pernadas sobre los ciudadanos, entonteciéndonos con sus falsos mensajes de izquierda o de liberalidad que al final han sido los de la humillación de sus partidarios y los de la obediencia a la voz de sus amos.
Si alguien cree todavía que esta situación pasará en unos meses o unos años, que se pinche porque está todavía soñando. Ya advierte el BM y el FMI, las herramientas de los que no están en Forbes, que viene una crisis más grande que exigirá más sacrificios, y ya saben a estas alturas qué sacrificios son esos y quiénes habrán de hacerlos. Lo que viene, ya digo, es más tiniebla y menos luz: más eventualidad, más desempleo, más pobreza, más miseria, y menos derechos, muchos menos derechos. No nos dirigimos a ningún esplendoroso siglo XXI, sino a un peripatético XV con sus pestes y feudalismos, con su inquisitivo oscurantismo y sus horcas. La noche está llegando, y los hombres, los ciudadanos, traicionados por los nuestros, nos encontramos infinitamente solos, todavía con la resaca de una borrachera de poder que nos impidió comprender que no nos estaban regalando un presente, sino robándonos el futuro.
20N, vayan y voten.
Los maestros no aprenden

Por delante vaya mi convencimiento de que tenemos excelentes maestros en la enseñanza pública, y por delante también que éstos son una minoría tan poco representativa que, para mí y supongo que para muchos, son la excepción que confirma la regla de un colectivo profesional poco y mal cualificado, torpe, incompetente, lleno de prejuicios y, por lo común, muy gobernado no por sus cerebros, sino por sus hígados, por cuanto lo mismo los maestros son capaces de sacrificar por antipatía el talento natural de los niños más capaces, convirtiéndolos en fracasados, que aupar a la matrícula de honor a auténticos asnos, sólo porque su relación con los padres es muy buena o porque éstos son regalones o lamedores.
Pero es que, por si esto fuera poco, los maestros de la enseñanza pública se consideran a sí mismos una elite dentro de la elite con derecho de pernada sobre los alumnos, y que ellos tienen no sólo derecho a diezmar el futuro del país perpetrando el desastre educativo que cada año regalan a las nuevas generaciones, sino a tener salarios astronómicos, unas vacaciones que ya las quisieran para sí muchos premios nóbeles y ninguna responsabilidad, ya que existe un tácito conchabeo entre una Administración superprotectora con estos incompetentes y un@s inspector@s especializados en archivar reclamaciones de los padres por atentados o discriminaciones flagrantes contra sus hijos y detener procesos de manifiesta persecución infantil (cuando no podrían ser consideradas directamente abusos a menores), creyéndose estos dómines el ombligo del sistema cuando en realidad son quienes materializan con su magnífica incompetencia el fracaso escolar que subsume a España en las tinieblas del Tercer Mundo educativo, poniéndonos apenas sobre Ruanda-Burundi, con perdón de los ruanda-burundeses.
Los maestros no aprenden, ni aprende tampoco la Administración. Mala cosa sería, claro está, que una casta política que se ha arrogado también derechos que en absoluto les corresponden en justedad, como aplicarse por el artículo 33 privilegios de condes, salarios de Midas y jubilaciones de Onasis con apenas unos pocos añitos de trabajo, pusieran condiciones laborales más duras a esta otra elite laboral de incapaces como ellos, al menos, como digo, en cuanto a la generalidad se refiere. Sin embargo, no estaría de más que ambos aprendieran, que se aplicaran el cuento de que vivir en plan parásito a costa de los contribuyentes se tiene que terminar por la vía del sentido común o lo tendremos que terminar por la vía penal, y que se prepararan adecuadamente para lo que debe ser su trabajo: servir a los ciudadanos, los unos; y a los niños y jóvenes estudiantes, los otros. No; los padres no queremos que eduquen a nuestros hijos –más y mejor valdría decir que en el actual sistema eso equivale a adoctrinar como idiotas-, sino sólo que los enseñen lo que tienen y deben aprender en cuanto a las disciplinas académicas estrictamente se refiere. Nada más y nada menos. Adempero, nada de esto sucede, y, por un lado, los maestros han considerado que son dictadorzuelos de ínsulas imaginarias que pueden practicar impunemente cualquier clase de desmadre con los alumnos, y la Administración, por otro, considera que los padres de los alumnos son una teta a la que ordeñar para mayor beneficio de las editoriales de su cuerda, quienes enorme y enjundiosa leche maman de los bolsillos contribuyentes, haciendo de la ley, burla, y convirtiendo la gratuidad de la enseñanza pública en el timo de la estampita, nunca mejor dicho por cuanto venden al precio de incunables, libracos llenos de dibujitos estúpidos y colorines variados para abrumar de hojas unos textos que justifiquen el excesivo precio y cargar como asnos a los niños, ya que como asnos son y serán tratados por la Administación y en el futuro por el orden laboral.
No; no aprenden los maestros ni aprende la Administración, y a ambos se les está acabando el tiempo. Debe establecerse un sistema, y mejor antes que después, por el que tanto los políticos como los maestros incompetentes tengan responsabilidades a todos los niveles, incluidas los penales, y dejar ambos colectivos de vivir como elites al margen de la sociedad. Quien no sirva adecuadamente, debe ser no sólo retirado de su cargo y expulsado de la función pública en todos los órdenes, sino que debe responder ante los tribunales correspondientes por los daños causados y repararlos: los políticos, respondiendo con sus patrimonios y sus propias personas; los maestros, igualmente, porque los daños que causan cada año en incontables niños son males que éstos arrastrarán el resto de sus vidas, y esos son muchos, demasiados daños.
Los políticos, en fin, carecen de legitimidad alguna, en la actual tesitura de pillaje legal que viven –por cuanto a sí mismos se otorgan derechos legales que no les corresponden-, como para mencionar siquiera la mota en el ojo ajeno cuando tienen las vigas que tiene en los suyos; pero los maestros deben aprender cada día, y, en vez de tanta vacación y tanta tiranía propia de iletrados a los que se les pone gorra de plato, deben comprender que tienen que formarse, que les sobran ínfulas y les falta formación, pedagogía y capacidad, y que eso sólo se obtiene trabajando y estudiando. No basta con que aprueben una oposición y que hoy demuestren que saben mucho, si la comodidad del puesto seguro les convierte en indolentes o si en la práctica no saben enseñar porque no saben tratar con niños.
Lo lamentable de todo esto, es que el futuro de país, que son nuestros jóvenes y nuestros niños, depende de estas dos elites, y ya vemos cuáles son los resultados, no tenemos más que comprobar los niveles de fracaso escolar, la degradación de España en los ámbitos académicos a nivel mundial y el mismo desprecio que nuestras autoridades profesan a nuestros titulados –tal vez porque la mayoría de los políticos no tuvo talento ni para acabar su bachillerato siquiera-, pues que hay promociones enteras de titulados superiores que, lejos de tener alguna oportunidad laboral en España, sólo tienen un horizonte de emigración. Y esto es lo que suele pasar cuando ha de valorar la educación quien no la tiene y la formación académica quien carece de ella, y, hoy por hoy, para ser presidente o ministro o consejero no hace falta haber terminado cualquier clase de estudios superiores, sino que es suficiente con rebuznar al coro del partido. ¿Qué otra cosa podemos esperar, pues?...
Gravar a los ricos

Dicen los absurdamente demagogos del gobierno –Blanco, Rubalcaba y otros iletrados-, que los ricos deben pagar más impuestos…, y no se han puesto ni siquiera colorados. Debe ser, claro, porque hace mucho que perdieron la vergüenza y ya son sin ella. Digo. Digo, sí, porque o no se enteran, que se enteran, ¡vaya si se enteran!, o habitan Nuncajamás.
Los cándidos redarguyen esta estúpida simpleza alegando que si piensan así ¿por qué no lo han hecho ya, que llevan en el Gobierno más de siete años destruyendo todo lo destruible, como los derechos civiles y las libertades, por ejemplo, además de empobrecer España hasta la miseria?... Y, pues bien, no lo han hecho porque han estado muy ocupados haciendo precisamente eso que alegan… además de proteger, y mucho, los derechos de ricos, muy ricos y riquísimos, contra todo sentido común, clases medias y clases trabajadoras. Tan ocupados estaban dándoles dádivas y prebendas a los ricos por haber creado artificialmente la crisis que ha desvestido de derechos a la población en general y ha producido más de cinco millones de catástrofes humanas sólo en nuestro país, que se les olvidó subirles los impuestos, o siquiera sea verificar que pagan como los demás, que ya se sabe que a los ricos la declaración de la renta les sale negativa y, por lo común, hay que devolverles buena parte de lo que debieran haber pagado y no han pagado.
Sin embargo, eso sólo les pasa a los cándidos, que vienen a ser más o menos la inmensa mayoría, especialmente los que se consideran a sí mismo de izquierdas, a quienes se la están dando con queso. A los de derechas, también. A los que tienen la cabeza sobre los hombros para cosa distinta que el ornato nada de esto les sorprende, pues de sobra saben que no sólo fueron ellos los que han creado la crisis, sino que son ellos los únicos que han recibido “ayudas” –vulgo “han atracado”- del Erario, además que, no satisfechos con ello, han forzado a sus herramientas políticas a modificar la Constitución de espaldas al pueblo soberano, que de soberano no tiene nada, al igual que esta democracia que es buena si por elección salen las cosas como a ellos les interesa, y, si no, pues aplican su voto de calidad, y listo: democracia a la carta, como las lentejas.
Ya se sabe que en este país se suele considerar rico a quien vive en la Moraleja o así, usa un coche de un poco más cilindrada de la media o estira el meñique para comer. Y nada que ver. Éstos, por más que no pasen apuros para llegar a fin de mes, son unos simples que suelen servirles de coartadas a los otros, los que no aparecen en Forbes. Y ni siquiera éstos, aunque entre ellos haya pillos y algún que otro bandido, están al alcance de los políticos, y, mal que les pese, siempre les saldrá negativa la declaración de la renta. No, ni siquiera a éstos perseguirán los políticos con gravámenes o cosas por el estilo, teniéndose que concentrar en lo de siempre: perseguir a los débiles y a los autónomos, que es para lo que están y los pagan. Los políticos, en fin, son unos infelices que están para servir a sus amos, por más que se consideren de izquierdas. Los tiempos han cambiado, y todo esa liturgia de derechas o izquierdas o lo que sea, aun lo independiente, hace ya décadas que pasó a mejor vida. Hoy, el ámbito de la política es nada más que un escenario para títeres. Nada más que eso. Y los que mueven los hilos, los que legislan sin ir al Parlamento y los que dictan cómo han de ser las Constituciones, son precisamente los ricos.
Compás de espera

Será por el anodino verano, pero nos debatimos entre la estupidez, el horror y el alarmismo.
Algo gordo, muy gordo, está por suceder en esta recta final de año que no pocos intuyen como un final de muchas más cosas. Demasiados codos están rozando el tintero como para que el pliego pueda mantenerse prolijo por mucho más tiempo. No es sólo esta sensación que anega casi todas las conciencias de que hay algo en puertas que amenaza muchas cosas y más valores, por más que no podamos sino continuar autistamente hacia delante, sino que también hay como un sordo clamor de que tenemos el alma sanforizada, incapaz de mostrar consternación por lo terrible, irritación por lo ridículo o rabia por lo atroz.
De perfil pasan por los diarios las noticias de la hambruna somalí –la eterna, cíclica, reiterada hambruna somalí- que se fumiga cada día miles de vidas entre horrorosos padecimientos, y no nos conmovemos; de soslayo nos flashean las imágenes de los ajustes de cuentas libios –como en todas las guerras civiles-, en las que los vencedores sacrifican impunemente y con no poca crueldad a los vencidos (protegidos por la OTAN), y no nos enfurecemos; con machacón concierto nos lavan el cerebro cada día a favor del maligno Rubalcaba y su pérfido movimiento de ingenuos captados como en una secta, haciéndonos creer que el hacedor de todos los despropósitos más atroces de este país –GALes, Faisanes, crisis, derroches, golferías, sobrelegislaciones, pseudoestalinismos, corrupción institucionalizada, etc.- es poco menos que el Moisés que rehabilitará cualquier clase de política, y no nos revolvemos de cólera; y cada día nos descubren un poco más que somos nada más que una colonia de no se sabe qué capital abrumante, el cual puede lo mismo arrodillar a nuestros políticos que ordenar cambios en nuestra Constitución…, y no nos inmutamos. Y, al mismo tiempo, cada tanto nos alarman con un suceso que capta toda nuestra atención, desconcertándonos, para que finalmente todo quede en lo que ya se barruntaba desde el principio, nada, como el huracán ése que ha azotado EEUU –como todos los años lo hacen decenas de ellos- cual si fuera la enésima trompeta de un Apocalipsis que ha quedado en un mínima fanfarria inmerecedora de titular alguno.
Tiempos extraños éstos…, o nada más que un compás de espera de lo que está por venir. En los grandes océanos internacionales, los tiburones advierten ya de su hambre especulativa y ya mordisquean las economías más débiles, preludio del festín que se van a dar en esta segunda andanada de la crisis que se inventaron –para devolver al populacho al arroyo y finiquitar los Estados del Bienestar-, en forma semejante a como los escualos financieros de los mares interiores de las naciones ya han comenzado su banquete de economías domésticas, empobreciendo hasta la miseria a sus países y a los ciudadanos.
Tiempos extraños, sí, de compás de espera, en la recta final de un año que es posible que sea la recta final de una era con unas reglas, la cual dará paso al establecimiento de un nuevo paradigma con otras reglas que nada tienen que ver con las viejas. Suenan por doquier las informaciones y desinformaciones del laberinto intencional en que nos están encerrando, en cuyo meollo está incluso un propósito imposible de ser descifrado sin un mapa y una brújula que no están al alcance de los ciudadanos. Los tiempos están por cambiar, y van a hacerlo a peor, a tenor de los síntomas.
Después de una jamás aclarada colosal crisis mundial que ha deshecho a no pocos Estados y a la mayoría de las economías de supervivencia, arramplando como un huracán con los derechos civiles más sacrosantos, pero sin culpable alguno, ya nos anuncian una segunda crisis más profunda que la primera, más desoladora y más cruenta que reducirá a las poblaciones a nada más que ganaderías en manos de unos pocos, entretanto se han ido formando artificialmente por los servicios secretos del sistema movimientos ciudadanos que desvirtúan y desorientan sobre cualquier rumbo a seguir que pueda significar oposición real o resistencia, como un movimiento friki manejado en el festival de títeres en que se ha convertido la sociedad y los poderes civiles desde que comenzara esta fase de pérdida y merma de valores y libertades.
Estamos viviendo tiempos muy interesantes, y probablemente de aquí a fin de año veremos culminados muchos de estos hoy oscuros planes. Desorientados por los artificios del mago que revolea la mano que no hace el truco y la trampa, nos señalan a Somalia, a Libia y sus matanzas de venganza, a Siria y sus crímenes orquestados, a las constituciones cambiadas por estupideces difíciles de procesar por un intelecto dañado y/o a los huracanes norteamericanos, entretanto con la mano tramposa terminan la red que pasado mañana nos convertirá a todos, a la inmensa mayoría, en prisioneros más pobres y más esclavos. Los 15M, en esos días por venir, quedarán desenmascarados como el entretenimiento que nos retiró los ojos de aquello que nos estaban robando. Por eso, curiosa pero torcidamente, son protegidos por las órdenes que vienen de arriba, del mismo lugar en que se urden los planes y las crisis y se dictan órdenes de modificación de las Constituciones.
La caja de los truenos

Mal ha de estar la cosa para que los llamados dos grandes partidos quieran modificar la Constitución, no porque se pretenda mejorar algo –que ya lo dudo, ya- sino por el precedente que sienta. Por una parte, puestos a modificar la Constitución por esto, nadie en el futuro podrá decir que no a modificarla por cualquier otra cosa que, coyuntural u oportunistamente, el mandamás o la coalición de partidos de turno quieran hacerlo. La III República, que es el gran sueño de quienes desde sus ideales masones (o de moda) sueñan con un revival del pasado; o con la disolución oficial y definitiva del concepto tradicional de familia, verbigracia, que es el delirio de una buena parte de quienes odian el orden básico que nos trajo desde las sociedades tribales de la protohistoria hasta aquí; o aun la abolición oficial de los credos, el establecimiento de criterios arbitrarios sobre la regulación territorial del Estado (incluyendo demasías, excesos, discriminaciones de unas regiones a favor de otras y hasta desmembramientos definitivos) y quién sabe si la consagración como norma de algún que otro desvarío de moda, como el sometimiento de la potestad patria a intereses espurios de otras potencias. Esto, en el mejor de los casos, apesta a chanchulleo, hiede a truco y trampa, y no es por misoneísmo, palabra.
Siempre he sostenido que el PSOE y el PP son los dos brazos de la misma bestia, y esta más que dudosa maniobra conjunta no viene sino a reforzar mi postura. Hay intereses en esta acción que no están nada claros y que, desde luego, tienen mucho más alcance que la noticia de portada. El titular, me temo, está ocultando a los ojos de la mayoría la letra pequeña y la muy pequeña. Por una parte, es absolutamente innecesario modificar la Carta Magna para limitar el gasto público como resultado de una coyuntura transitoria que puede ser que mañana mismo sea de una dimensión radicalmente opuesta -¿modificaremos la Constitución cada vez que la economía cambie de signo… digamos una vez por mes?-; pero es que por otra, el PP recurre y se pone en manos de un partido, el PSOE, que no sólo está deslegitimado para cualquier acto de gobierno o de siquiera sea política, a tenor del desastre en que ha sumergido a la nación en pleno y a millones de personas en particular, sino que ha demostrado sobradamente que ha gobernado desde el odio, el resentimiento, el trinque, el chiringuitismo, la división social, el revanchismo y la locura partidista que ha conducido a un estado superlegislativo de las estulticias más desquiciadas. O están tontos en el PP, que ya lo dudo, o aquí hay busilis. ¿Por qué se quiere suicidar el PP con semejante compañero de viaje?... ¿O es que no se quiere suicidar, sino que todo esto del te odio pero te quiero no es sino el teatrito para que los inocentones votantes piquen de buen rollito en esta rueda de turnos del bipartidismo que no son sino, como digo y reitero, los dos brazos de la misma bestia?... Poli bueno, poli malo, según la época y lo que haya que hacer para machacar al personal y tenerlo en el redil, cada vez con menos derechos, en fin. Lo de siempre, no hay más que mirar atrás desde que están alternándose estos dos emporios de la política y sus artificieros: al trabajador y al ciudadano medio, le está yendo de perlas, cada día mejor, oiga.
En un país con nuestra Historia, meterse en enjuagues modificativos ni más ni menos que constitucionales porque les ha dado la ventolera a estos iluminados, es, en el mejor de los casos, abrir la caja de los truenos. Los grandes rotos siempre comienzan por insignificantes descosidos, y a menudo estos son una batería de pomposos y altisonantes buenos propósitos que ya sabemos por el pasado en qué terrenos se han lidiado por fin y qué costo han tenido. No hay una identidad común de los españoles, al menos no todavía, como para emprender una acción semejante –aunque debidamente justificada, que en este caso no lo está- sin que salten las costuras por todas partes y quedemos todos como Dios nos trajo al mundo. Abierta la caja de los truenos, cada uno va a tirar por su vereda y vamos a terminar como tres por cuatro calles, fijo. La Constitución, bien que mal, nos ha mantenido de una lado de cierta cordura y con ciertas garantías de derechos sociales (que ya el PSOE ha hecho todo lo posible por conculcar, rebajar y ningunear), y emprender el retoque de algo tan capital con estas lumbreras que tenemos en política, sólo puede tener como resultado un desastre magnífico, como en Educación o con cualquier otra cuestión capital que estos talentos han tocado. Nada hay de razonable en esto, por más que la coyuntura sea la que es: una crisis creada por cuatro golfos muy golfos, que, por de más, son los únicos a los que apoya y ayuda el Estado. Una maniobra de desalmados, en fin, que mucho me temo que tiene un propósito que a los ingenuos y siempre buenoides ciudadanos les pasa desapercibido y que sólo servirá para tensar más la cadena del sometimiento de los trabajadores y una pérdida generalizada de derechos civiles…, si es que no algo peor. Al tiempo.
Lo único que tienen que regular estos pillos de la política, es cómo se meten el diente a sí mismos, y esto aplicándose el código penal en toda su rígida dimensión y derogando esas leyes leoninas por las que se conceden a sí mismos derechos y privilegios de dioses sobre los demás mortales, tales como ese vivir como curas, tales como ese vivir a todo lujo a costa de los contribuyentes, tales como esa insultante e infamante jubilación dorada por trabajar cuatro años destrozando el país y arramplando con todo lo que han podido, y tales como que para ser padre de la patria baste con ser un asno que rebuzne al coro del partido, sin formación, ni categoría humana o profesional que lo justifique y sin vergüenza de cualquier clase. Todo cuantos arribaron a la política se hicieron de oro ellos mismos y los suyos, cual si les hubiera tocado la lotería, y eso, eso, es lo único que hay que cambiar. ¿Y estos indignos vivales son los que quieren modificar la Carta Magna?... ¿Estamos tontos o qué?... Que se dejen de cuentos y que tomen nota: saldremos de la crisis el día en que ellos, los políticos, no legislen estulticias o redundantemente sobre lo que ya hay y no funciona, y, sobre todo, el día que dejen de dilapidar los unos y de robar los otros. Con eso basta y sobra.
Hay muchos aforismos de grandes pensadores sobre las ventajas del cambio, del orden de “si funciona, cámbialo”; pero es que los grandes pensadores a veces se fuman incluso el bidé. Lo que funciona, muy por el contrario, no debe cambiarse, especialmente por cuanto sabemos a qué consecuencias nos vamos a enfrentar con cambios como éste, que desde luego no es nada coyuntural… al menos para alguna que otra generación. Cualquier cosa que haga el PSOE, con la tétrica y descorazonadora trayectoria que lleva y los infaustos personajes que nos ha obsequiado para destruir España –Felipe González, Zapatero, Rubalcaba, Roldán, etc.-, sólo puede ser trampa sobre trampa, y si el PP se alinea con este partido que está en sus últimas bocanadas y en las puertas de la justa extinción, es que en realidad quiere rehabilitarlo, de modo que no es que pretenda obtener ninguna ventaja para el país, sino aplicarle a esa panda de vivales un absurdo balón de oxígeno.
Ya lo he dicho muchas, demasiadas veces: hay una siniestra mano que mece la cuna, y ahora mismo está abriendo la caja de los truenos. El PP, y ahí están sus actos, es la inseparable sombra del PSOE, su valedor en la sombra. Preparémonos, pues, para lo que se nos viene encima si perpetran esta barbarie, que lo harán: una o más generaciones van a pagar un precio muy alto por ello.
Por un Ministerio de la Corrupción

Acabo de regresar de un breve viaje (por cuestiones laborales, que no hay vacaciones para los pobres) por algunos países de Latinoamérica, de ésos que tienen una enorme fama de corruptos, y vengo cargado de nuevas ideas para que mi país, ésta mi querida España, funcione mucho mejor.
Unos, ya lo dice el refrán, cardan la lana y los otros se llevan la pana. Lana, es el nombre que en México se le da al dinero. Y es México, precisamente, uno de los países que más fama de corruptos tienen en el mundo, aunque, ¡pena!, tuve que desengañarles en la medida de mis posibilidades, pues que comparados con la Madre Patria no son ni aprendices.
Algo, sin embargo, sí que podemos aprender de ellos, y es la cosa de la organización. Allí, por ejemplo, a los microautobuses se les nombra como “peseros” porque cuando comenzó a funcionar esa incontable flota de micros en plan urbano que convierte Ciudad de México en un formidable caos, pagaban un peso por día a las autoridades correspondientes para hacer lo que les venía en gana por las calles, e incluso hay unas tarifas estándares para pagarle al policía correspondiente su ceguera, en el caso que nos sorprenda cometiendo un delito. Eso, señores míos, es organización, todo bien colocadito y con tarifas que, si bien no son públicas, son públicas y bien públicas, de modo y manera que quien más, quien menos, sabe a qué atenerse.
En España esto es un desmadre. No sabe uno cuánto o a quién hay que pagar, aunque que hay que pagar, hay que pagar, ¡como que hay Dios! Lo que pasa, es que está todo tan desorganizado que no es posible manejarse así, y lo mismo hay que recurrir a una empresa que quita las multas o pagar a alguien de tal o cual institución, que tiene uno que untar las guardas a una docena de pillos que sólo les falta el antifaz para tener el atuendo al completo. Desde el más alto pináculo del Estado a lo más chatito, todo en España es trinca y vuela, aunque sin organización ninguna. Ni siquiera en cosas tan patrias como la recalificación urbanística puede uno estar seguro de cuánto debe untar a quién, que lo mismo le piden a quien tiene los terrenitos un Potosí por un póngame allá un suelo urbanizable donde tenía cuatro perales, que le piden barra libre de filetes andantes en don Ángelotti por una docena de años. Y así, claro, como que no se puede, y los pisos, en consecuencia, entre el trinque de la Administración, los untos y forres, los trinques de los constructores, los impuestos trincales y los trinques de quienes producen las artes y partes, pues se pone en un pico. Pico que debido al rostro de Portland de nuestras autoridades tendrá que abonarse una vez y otra, hasta la eternidad, tantas veces como el mencionado piso o propiedad urbana cambie de mano, sin que eso exonere de otro trinque anual por la cosa del IBI, que no es un pájaro, precisamente. Los pájaros, ¡y menudos pájaros!, están en la Administración y alrededores (amiguetes, tronquetes, coleguis, socios de partido, beneficiarios de información privilegiada, etc.)
Llega la vuelta al cole, y los atracos libreros son un gusto en ésta mi querida España en que la Educación es supuestamente gratuita, no siendo sino un negociete urdido para las editoriales de la cuerda de tal modo que ni sirven los espantosos libracos de un año para otro que te los llenan de estulticias y colorines para justificar el asalto a la economía familiar que perpetran los pillos. Educación, a todo esto, es un decir, claro. Y con la cosa de las multas, pues tal cual, pues que si a un ciudadano saltarse un semáforo se le pone en un mes sin comer, a un tipo de pasteja se le pone en un juego de entretenimiento, de modo que la ley es sólo para algunos..., y si se tienen amiguetes en la Administración o en la poli y tal, pues gratis total. Con la Justicia, pues ya te digo lo que hay, morena, no hay más que ver el plantel de cacos que circula por la rúe y los alrededores de San Jerónimo y los infelices que atiborran las cárceles; y aún con las FOP (Fuerzas de Orden Público Rubalcabienses), que piden filiación antes de soltar la porra o permitirles a los manifestantes organizados por los servicios secretos chapuceros que se orinen en sus botas. La ley, aquí, ya se sabe que sólo se hace para llenar los bolsillos de algunos, como las licitaciones públicas, que primero se puja por el unto y, luego, se ajustan a la medida de quien unta, de modo que, todo redondo, gana quien tiene que garnar.
Nada, nada, demasiado desorden. Lo mismo te cobran en un pueblucho de miseria un dineral por reformar la casa que en la capital se quema cada año una mil millonada porque al Tutankamón de turno le da una chiripiorca olímpica. Así, claro está, no se puede, porque no hay un cristiano que haga un presupuesto como la gente, de modo y manera que se hace cada vez más imprescindible poner orden en el desconcierto y pensar en armar un Ministerio de la Corrupción, donde todas estas cuestiones queden debidamente reglamentadas y, en su caso, las faltas sean perseguidas y castigadas. A la honradez, me refiero, por supuesto.
Que se desengañen y dejen de soñar, pues, los latinoamericanos (y los africanos), que en la cosa de la corrupción España sí que es la indiscutible primera potencia mundial... ¡y de largo! Ni a aprendices llegan. vean las sentencias, sin ir más lejos, o la legislación, verbigracia, o la cosa de todo lo que rodea a la vivienda. ¡Ni el Padrino soñaría jamás con un negocio tan próspero! España: sol y trinque.
Y la avaricia rompió el saco

Si deja sin futuro a los jóvenes, todo el país se queda sin futuro.
Los estallidos sociales, como El Caracazo de 1989 o el de Londres de hace unos días, no son sino consecuencia del colapso de las propias sociedades a causa del excesivo peso de su infraestructura. Si escuchamos los testimonios de aquéllos en Caracas se que echaron a la calle a convertir la ciudad en un antro de pillaje y lo comparamos con lo que hemos escuchado estos días en los labios de quienes han saqueado las tiendas de Londres u otras ciudades británicas, comprobaremos que los testimonios son idénticos en su mensaje: “no le importamos a la sociedad, y ella no nos importa a nosotros.”
No le pasa desapercibido a cualquier analista que tras la Gran Depresión del 29 la solución fue la guerra, aquélla que costó unos 60 millones de vidas. Después de ella, nació un nuevo paradigma: el crédito. Un invento que ponía en manos de los jóvenes los dineros que iban a ganar en un porvenir que en aquellos años se prometía de muy risueño, de modo que aquellas sociedades de los cincuenta se trajeron a su presente buena parte de los haberes de su futuro. Así, en función de la cantidad de ciudadanos que se endeudaba, la sociedad progresaba con los haberes que anticipaban. No era un progreso, técnicamente hablando, sino un anticipo de futuro.
Los cincuenta, en EEUU y en buena parte de la Europa que resurgía de los escombros de la guerra, fueron años de un crecimiento casi milagroso, pero también de una estabilidad política y social que lo beneficiaba, por más que no tardara en estallar la Guerra Fría. Si ésta derivaba en caliente todo iba a dar lo mismo porque el enfrentamiento supondría la extinción total de las sociedades, pues que se aniquilarían mutuamente, de modo que todo podía seguir tal y como estaba, y a cada generación de jóvenes que se endeudaban para hacer progresar a la sociedad, le seguía otra generación todavía mayor con todas las posibilidades de hacer lo mismo. El crecimiento o progreso, pues, parecía imparable.
Y el crecimiento era tan importante y había tanto de todo por todas partes, que se despertó la avaricia. Todo cambió cuando los grandes capitales, que son los que hacen el préstamo anticipando el futuro, dejaron de ser productivos para convertirse en especulativos, produciendo como primer efecto una globalización en la que las empresas han de competir en un mercado imposible, debido al desequilibro de costos entre regiones y aún entre países, y como segundo efecto la consecuentemente precariedad laboral de los trabajadores. Así, ni las empresas ni los ciudadanos pueden garantizar la devolución de préstamos y, en consecuencia, no pueden anticipar ese futuro mediante créditos, lo que supone que se cierra el grifo de los recursos y del progreso.
La diferencia de las estructuras sociales de aquellas décadas de los 50´, 60´, 70´, etc., es que en ellas tanto los grandes capitales como las empresas cumplían una función social, no sólo generando beneficios para sí mismos, sino cubriendo a la vez las necesidades laborales de los ciudadanos del país en que estaban radicados. Hoy, esto no sucede, y, por ello mismo, las expectativas de los capitales y las empresas son obtener muchos y muy rápidos beneficios o, de no ser así, cambiar enseguida de país o de actividad.
La cadena, se ha roto. Sin garantías de estabilidad laboral para endeudarse, no hay crédito, y sin crédito no hay progreso, y sin progreso hay falta de expectativas y exceso de desesperación para esta sociedad que no cesa de crecer, y con falta de expectativas y exceso de desesperación hay estallidos sociales. Así, exactamente, está la cosa, y poco importa que los gobiernos traten de poner el parche de controlar las redes sociales o las redes de móviles para que los chicos no se citen para perpetrar barrabasadas, o aún que impongan el Estado de Sitio en algunas ciudades, como ha hecho EEUU, porque las costuras del traje social están reventando por todas partes y será necesario algo más que remiendos urgentes. Como dice el saber popular, la avaricia de algunos rompió el saco de todos.
Conspiraciones IV: El Bien y el Mal

Haz creer a los hombres que lo bueno es lo que te conviene, y tendrás los mejores y más obedientes esclavos.
Sin duda, si compara lo que un hombre de hace mil años consideraba bueno o malo con lo que considera bueno o malo el hombre de doy, seguramente encontrará diferencias tales que le dará la impresión de que en algunos aspectos el Bien y el Mal se han invertido. Pero es que lo mismo le sucedería si realizara el mismo ejercicio entre cualquier otra etapa de la Historia y nuestro hoy, cual si a medida que ha ido transcurriendo el tiempo los hombres hubieran ido, de una forma espontánea, cayendo por una sima de autocomplacencia…, salvo que todos nuestros predecesores estuvieran equivocados de raíz y fuéramos nosotros quienes hemos encontrado la luz. Mirado con cierta perspectiva, el Bien y el Mal parecen personajes mutables, adaptables a distintas realidades, cual si fueran nada más que travestidos elementos culturales. Incluso es frecuente que entre los mismos creyentes –en todo caso, y sin importar la religión a la nos refiramos, su Dios es eterno- están convencidos en una enorme proporción de que lo eviterno, el Bien y el Mal, debe adaptarse a sus condiciones actuales y sus circunstancias transitorias de vida, como si éstos fueran una moda o algo así de la propia divinidad, dando origen a un cierto dietísmo personal, pues que a la vez dan crédito a su Dios conceptual pero adoran con especial devoción a un dios a la medida de su conveniencia.
En nuestro orden cotidiano, hoy poca gente considera malo engañar a Hacienda, quedarse con lo que encuentra en la calle, insultar, difundir libelos, desprestigiar, mentir, masturbarse como un mico o tener una promiscuidad sexual de no muy recta libídine, pero es que tampoco es considerado bueno, sino conductas inadecuadas o atolondradas propias de tontos, valores como la humildad, la honradez, la sencillez, el esfuerzo o la responsabilidad. Peccata minuta, venialidades. En otro orden mayor, y más acorde con quienes han pasado ya algunas líneas rojas, consideran que ellos son los importantes y es perfectamente lógico que sean ambiciosos, codiciosos, egoístas, nihilistas, egocéntricos, petulantes, vanidosos, engreídos, soberbietes y que es saludable cualquier actitud o trampa que les sirva para satisfacer sus anhelos, ya sea segar la hierba bajo los pies a un prójimo o un compañero o desacreditar gratuitamente a quien sea para ensalzarse a sí mismos, que los demás no merecen respeto, que lo suyo es suyo y lo de los demás también, incluida la vida que engendran y sobre la que pueden decidir si el nasciturus vive o muere, que sus progenitores son sus esclavos, que tienen derechos pero no responsabilidades, que su situación personal convierte en bueno cualquier procedimiento que usen para buscarse la vida o enriquecerse, y que lo único que debe reprimirse es lo que les molesta cuando les molesta, cual si los mandamientos divinos o la virtud o la moral o la ética, o todas juntas, hubieran quedado temporalmente derogados cuando les apetece o se les antoja. Cosas de la vida, formas naturales de supervivencia en este patio de recreo que es el mundo. Y, yéndonos al extremo de los que están al otro lado de todas las líneas rojas, los hay que consideran que como Dios no existe o como creen en otras divinidades… infernales, digamos, pueden tomar a los demás como objetos, porque lo único que importa en el orbe son ellos y sus placeres, y los demás prójimos están de relleno en el mundo sólo para complacerlos, el mismo mundo que compensará todos los pecados, delitos y atrocidades con la propia muerte, tras la cual no hay nada. Que les quiten lo bailado, pues. Ellos son los que trafican con la vida y con la muerte, los que sin pudor alguno se confiesan criminales cual si el crimen fuera un negocio, los que promueven la guerra, los que pervierten la infancia -¡ay, de los que escandalicen la infancia, imaginen para los que la perviertan o abusen de ella!-, los que comercian con la carne de otros, los que torturan, los que se enriquecen con la miseria y el sufrimiento ajeno… Aberraciones, sí, pero cuyos protagonistas ocupan los pináculos más altos de la sociedad, habitan las mansiones más lujosas, tienen las cuentas corrientes más abultadas y reciben los mayores agasajos de las autoridades, cuando no es que son los líderes de países o los modelos a imitar en buena parte del planeta.
Sin embargo, no sólo han degenerado las conductas particulares y sociales. También lo ha hecho todo lo demás. En la música, por ejemplo, hemos trepado costosamente a las sublimes cumbres de Debussy, Rachmaninov, Brams o Mozart (entre miles de genios), para precipitarnos por el abismo sin fondo de estos cantantes para tontos o de grupos para idiotas (omitiré nombres para no ofender, pero pueden pensar en quien les dé la gana de cualquier cantante actual de sonsonetes, en el mejor de los casos, que seguro que está incluso porque el arte de la Música ha desaparecido) que hoy nos asolan desde todos los rincones de la sociedad; en las Letras, subimos con afanoso esfuerzo a los espléndidos círculos de Galdós, Cervantes, Goethe, Cernuda, Blas de Otero y tantísimos otros, para despeñarnos por este precipicio de escribanos sin talento que desconoce en absoluto qué es la Literatura y que sólo sabe contar historietas desvestidas de toda belleza, sin sentido, ni objeto ni fin; en la Arquitectura, tal vez agotados del esfuerzo de haber logrado edificar las obras más excelsas, hijas y hermanas de la proporción divina, hemos derrotado hacia estos adefesios que hoy nos confunden y siembran la fealdad más horrorosa en nuestras ciudades, las cuales obras, incluso siendo promovidas por las autoridades como de gran fuste, siembran indecible desasosiego en quienes las contemplan o las visitan, siendo mudos testigos en muy próximo futuro de un pasado torcido y aberrante que enajenó a las sociedades y volvió tarumba a los hombres; y la Pintura, qué decir que no duela, cuando hemos alcanzado las mieles de la magnificencia con Rafael, Leonardo, Rembrandt, Velázquez y tantísimos otros, para arrojarnos en un suicidio artístico, que es decir espiritual, por el barranco del abstracto y todas esas escuelas que, desde el Impresionismo para acá, sólo han producido un tan inútil como enfermizo consumo de pintura. Como le dijo don Miguel de Unamuno a aquel pintor abstracto que tuvo la osadía de pretender que le diera sus bendiciones: “Ya sé que usted ve la realidad así de horrible; pero ¿y por qué la pinta?...”
Vista así la cosa, a vuelo de pájaro sobre la Historia, podríamos concluir que hemos ido degenerando por un simple proceso de entropía, y sería verdad; pero, al mismo tiempo, no lo es. La degeneración ha ido aumentando en una progresión particularmente geométrica, y no es difícil concatenar los sucesos históricos específicos con el desmoronamiento moral de la sociedad, y en ello no tienen nada que ver las culturas, porque por igual ha sucedido donde esos personajes ha ido poniendo sus pezuñas, ya sea Occidente u Oriente, Norte o Sur. Naturalmente, si de antemano descubro quiénes, en mi modo de entender, son los responsables de esta debacle de la especie y este asentamiento inter nos de la corrupción individual y social como un fenómeno de nuestro tiempo, podría considerarse proselitismo de una idea ya fijada de antemano o de un prejuicio, pero, si por el contrario, sigue cada lector su propio proceso y llega a las mismas conclusiones, es que el resultado no es susceptible de ser manipulado por una apreciación subjetivamente personal, sino que es objetivamente el único resultado posible.
Si suponemos toda esta degeneración moral como un proyecto intencionado dimanado desde el Poder, El Club, ¿a quién benefician las leyes que instauran el caos, para quién legislan o con qué fin lo hacen?... Comencemos por las Letras (soy escritor, y es mi privilegio): ¿de veras que lo mejor que tenemos es esto que hay en las librerías?... Vamos, vamos, seriedad, señores: eso es paja encuadernada, pura majadería. Con los dedos de una mano se pueden hacer las honrosas salvedades e esta regla en cada país, y sobrarían dedos. Miles y miles de premios y certámenes por aquí y por allá, algunos dotados con una esplendidez que ya los quisiera Mecenas para sí, y aún otra enjundiosa cantidad en galardones públicos o Premios Nacionales, ¿para conseguir esta basura de libros exentos de toda belleza literaria, circunscritos exclusivamente en un referir historietas aberrantes y sin sentido que no conducen a ninguna parte más allá de la degeneración intelectual y moral?... Y vale lo mismo para la Pintura, la Música y la Arquitectura, de modo que las cuatro artes juntas atormentan nuestros sentidos y embotan nuestros cerebros, empujándonos inconscientemente extrarradios de ellos para buscar cierta compensación o satisfacción en otros lares… más de la carne. El hombre y su ámbito está edificado, como cualquier otra obra de la Creación, en base a la proporción divina, a la armonía geométrica, y lo inarmónico nos produce tal desasosiego que, necesaria y aun maquinalmente, nos fuerza a buscarle compensaciones…, las cuales están cegadas por el Poder y abiertos sólo los accesos a ámbitos más desoladores. Todo en nosotros es armonía, perfección, maravilla, desde lo más profundo de nuestras células a lo más externo de nuestra apariencia. Ellos, el Poder, El Club, lo saben, y por eso nos regalan en profusión disonancia, tensión, discordia, enemistad, mal gusto, artificiosidad: nadería.
Recuerden el efecto que en las moléculas de agua tiene la disonancia inarmónica, cómo se corrompen y abigarran en una geometría fea, desagradable y angustiosa si se hace sonar en su entorno sonsonetes machacones, música de ésa llamada heavy metal o si se dicen o escriben en su entorno palabras insultantes, entretanto la armonía que suscita la música bella o las dulces palabras, empuja a las moléculas de agua a trazar figuras geométricas en las que el número áureo es enaltecido por doquier, adquiriendo el conjunto una esplendidez maravillosa. El cuerpo humano, no es de balde recordarlo para los que no lo saben, es en más de un 75%, agua. Y si estos son los efectos sobre un vaso o una botella con agua, ¿cuáles no serán sobre un individuo?... Los mismos templos, construidos en base a la proporción divina, en cierta forma son receptáculos que corrigen los problemas que genera la actividad cotidiana (los efectos de esas disonancias inarmónicas de los insultos o de la música y las imágenes ofensivas propias de la actividad ordinaria) por un efecto de resonancia morfogénica, entretanto es sabido que muchos, la mayoría de los edificios llamados modernos, ésos con geometrías concebidas aparentemente por una mente en deterioro progresivo o ya irremediablemente desquiciada, se les puede considerar enfermos, y los cuales enferman a quienes lo habitan por las mismas razones expuestas al principio de este apartado. Imagínese cómo saldría un individuo, por ejemplo, del Guggenheim, si pasara en él un día entero, verbigracia. La Pintura, la Arquitectura, la Música disonante o machacona (también puede ser extraordinariamente destructivo el sonsonete del gluco-blandi-blup de moda, ese efebo rubio cuyas canciones pueden producir un shock hiperglucémico) y aún ese engendro de asnos llamado literatura actual, pues, son desincronizadores promovidos por el Poder, poderosas fuentes de disonancias inarmónicas impulsadas de forma masiva en todos los medios y en todas las ciudades para degenerar los fluidos humanos, y, en consecuencia, debido a la corrupción de estos fluidos, de la mente y sus procesos lógicos y, finalmente, del alma humana. Este asunto, de ninguna manera es menor o para ser pasado por alto. Visto desde la indiferente geometría que dibujan las ondas cerebrales durante un examen neurológico, por ejemplo, las que se corresponden con las del sufrimiento son exactamente idénticas a las que produce el cerebro cuando tiene deseos de bailar como consecuencia de escuchar las estridencias de esa llamada música tecno o con la ya mencionada heavy-metal, rock duro y todas esas frituras neuronales. Los deseos de bailar y agitarse, son consecuencia de la necesidad de consumir la superproducción de adrenalina mediante el ejercicio físico, si bien los niveles de agresividad han sido multiplicados hasta un nivel correspondiente al de máxima alerta del organismo, cual si estuviera siendo atacado por una fiera o por una legión de enemigos.
Puede, puede parecer un poco exagerado, pero créame que es así. O mejor todavía, compruébelo por usted mismo. Ya ve que a pesar de invertir los gobernantes ingentes, auténticas millonadas de dineros en premios, certámenes, simposios, documentales, subvenciones, leyes de protección de derechos, promoción de sociedades de derechos de autores, cánones, impuestos y regalos, además del endiosamiento de auténticos y legítimos meapilas de tal calidad que si eso es lo mejor que puede producir el conjunto de toda la especie en una generación dada, mejor que la tal generación se pegue al unísono un tiro en la cabeza. Ahí tienen, que no sólo se venden los CD de estos pipiolos sin talento o esos macabros hijos de la distorsión y el desosiego a un precio veinte o treinta veces por encima del de la música más sublime (hay que degradarla, y en la mente de la sociedad barato es igual a malo), sino que en el arte llamado conceptual tenemos artistas gloriosos que reciben ingentes dosis de publicidad gratuita en todos los medios porque venden enlatados sus excrementos, en literatura tenemos como best-sellers a quien con enorme dificultad haría la O con el culo de un vaso, y en la arquitectura tenemos lo que tenemos, que ya da miedo ir a algunas ciudades, como Barcelona, por ejemplo, donde la idea que uno puede sacar a primera vista es que se trata de una ciudad en la que dios es el sexo y la población está irrecuperablemente sexopatizada, cuando en realidad lo que ha pasado es que han conjurado con un símbolo de la aberración de la carne –materia- (Torre Agbar) el símbolo de la excelsitud espiritual que es La Sagrada Familia: han conjurado un bien con un mal. Recuerden que en la II Guerra Mundial, por ejemplo, se conjuró el símbolo de una cosa que era la cruz gamada nazi con el signo de la victoria diseñado por Aleister Crowley (satánico fundador de la religión Thelema y la OTO, y autor del satánico Libro de la Ley). Así funciona la cosa: así es la cosa. Tomen nota, y aplíquenla a todo lo demás. Nada es porque sí: todo tiene su porqué.
Pero no es sólo en esto poquito en lo que se emplea a fondo el Poder, El Club. Lo intenta en todo. Verá: si usted repara en los modelos sociales, en esos individuos que siempre están en candelero en todos los medios de comunicación, ¿qué tiene?... Vale, seguro que, en el mejor de los casos, ha dicho usted que putas, frikis, plumíferos, delincuentes, rascahuevos o meapilas, o quizás haya sido menos consentidor con esa peste que no merece tolerancia alguna; pero ¿de veras que es lo único?... Piense. Veamos, una ayudita: y los políticos que supuestamente le gobiernan ¿cómo son?... Vale, vale, que seguro que en el mejor de los casos lo que ha escapado de sus labios es un terno que difícilmente le cabrá por la boca, tal como corrupto (siendo fino), mamacallos (siendo ingenioso), sinvergüenza (siendo convencional), delincuente (siendo exacto) o un ladrón (siendo verídicamente muy crudo). Y es verdad. Pero no sólo, porque ya le he dicho en mis anteriores artículos de esta serie que ser el gobernante o el político de un país no tiene nada que ver con ser quien ostenta el poder. Ellos, los políticos, son unos mandados, nada más. Los que tienen el poder son otros, y ésos no salen en Forbes, ya se lo dije. Pero piense, piense: ¿en qué más nos ocupan para llenarnos de disonancias inarmónicas que nos corrompan por dentro y por fuera?... Efectivamente, sí, usando los ojos y la mente, además de las manos y los deseos. Lo copan todo, porque no quieren que ni un solo individuo escape a su influencia nefasta, no importa qué gustos tenga o qué propensiones experimente, ya que si todo lo hacen negativo, siempre estará dentro del redil de su rebaño negro, del Mal. Y precisamente por ello, igual que siembran la aberración, la injusticia y la discordante estridencia en todo lo mencionado, para que no escape nadie de la su perversión, tienen la televisión, las teleseries, el cine, los videojuegos, la pornografía, Internet…, y el ocio, contemplando éste desde los aparentemente inocuos dibujitos animados a la prostitución, el educador fútbol, el juego por dinero, la pedofilia, las drogas, la diversión de sexo, alcohol y rock´n´roll y esas chorradas, y todo lo que de sobra sabe para que ni usted ni nadie pueda escapar de su órbita de maldad y vibre a la longitud de onda de su perversión.
Ya, ya, ya sé: usted me dirá que puede apagar la tele cuando quiera, que si no quiere ir al cine no va y que Internet o los videojuegos son algo optativo, de libre uso. Y es verdad, si es que usted cree que los pájaros maman. Su mente, su voluntad, de ninguna manera es suya. Goëbbles les dio muchas claves con su propaganda, pero créame que tienen una legión de estudiosos en todo el mundo que no dejan de avanzar en técnicas de control mental, y que usted, ni en sueños, es dueño de su propia libertad. Ni para ir al baño, fíjese bien en lo que le digo, es usted libre. Todo el mundo sabe hoy que hace mucho que la televisión o el deporte favorito o la teleserie son una bendición, porque la familia cuando está junta ya no sabe de qué hablar o de qué modo convivir, que hoy la gente prefiere las relaciones virtuales a las físicas con sus semejantes. Ni usted, ni nadie puede vivir ya sin esa televisión que llena de ruido ensordecedor sus silencios, sin esas historias sin sustancia que usted presencia cómodamente instalado mientras le roban su propia y muy personal historia, sin ese Internet que gratuitamente le ofrece la perversión que prefiera y todo lo dura que la quiera, gratuitamente y desde un anonimato que de ninguna manera existe (gordas, flacas, en grupo, con animales, con viejas, con travelos, con lesbis o con plásticos, todo vale), y esto es así por una razón: todo eso, esa expectativa de supuesta diversión que no lo es, produce en su cerebro la ingente secreción de una sustancia que se llama dopamina (la droga del “todo está bien”), la cual le proporciona un bienestar algo parecido a la felicidad, y usted, hoy, es un yonqui de la dopamina. Por eso no puede ni aunque quiera desconectar su televisor, su radio, su Internet, su videojuego o su fútbol. Usted no es sino un puto yonqui enganchado a su droga, y sus buenos recursos le ha costado al Poder Negro tenerle enganchado en su cadena. No; no sueñe: usted no es libre ni para ir al baño, ya le digo. Ya desde niños los individuos son idiotizados con esos pervertidos dibujitos animados que están tan estudiados que producen algo parecido a la esquizofrenia en los cerebritos infantiles, en los que además los insertan los primeros códigos degenerados en inyecciones de mucho color hipnótico y un ritmo de imágenes para obtener unos resultados específicos; y cuando el niño es un poco mayorcito, tiene esas series para deficientes mentales, como Hanna Montana y así, en la no sólo les tratan como parapléjicos mentales sin solución de cura, sino que les dicen cuánto y cómo y cuándo han de reír, insertándoles códigos de conveniencia hasta para los actos más involuntarios y lúdicos. Un adoctrinamiento en la vacuidad y la corrupción moral que no cesa aunque ya sea usted talludito, no tiene más que analizar los contenidos de los programas de televisión que ve o la información subyacente en las películas más taquilleras, y no tendrá otra que imaginarse a usted mismo tendido en una cama, conectado su cerebro a una especie de máquina que le sorbe sus fluidos existenciales, entretanto le crea una realidad virtual de aparente felicidad que, sin embargo, le genera un hondo y muy profundo sufrimiento, precisamente el alimento de los dioses… del Mal. No, no; de ninguna manera tiene usted libertad para apretar botón ninguno. Usted tiene la libertad necesaria e imprescindible para hacer lo que le digan, como se lo digan y cuando se lo digan, nada más. Y creerá que está haciendo algo maravilloso con ello. Ya vio, en los setenta que el Poder llenó el mundo de dictaduras sangrientas (especialmente Latinoamérica) y el pueblo lo aplaudió, y que en los ochenta las sustituyó forzosamente por democracias (especialmente Latinoamérica, donde no votar está penado como delito) y el pueblo lo aplaudió también. Lo que le digan, en fin, y punto.
Lo importante que debe retener de todo esto, es que a cada uno el Poder le tiene atado a la disonancia inarmónica con su propio código de grupo: el de los sexópatas, el de los fumboleros, el de los gorigoris (cantantes, musicales, etx.), el de los teleadictos, el de los drogotas, el de los pasaos, el de los adictos a los cotilleos, el de los televidentes de teleseries para retrasados, etc., de modo que existe un código degenerativo para cada uno de los segmentos sociales. ¿Libertad?..., ¡ja!
Pero es que sumado a toda esta ingente labor de destrucción de nuestra forma natural de ser, existe por parte del poder y sus monaguillos un trabajo de adoctrinamiento continuado que se añade a los medios expresados: el colegio y la publicidad. No; con la publicidad no le están vendiendo nada, sino que le están diciendo sea más carne y más nada, que sólo puede ser feliz si tiene y que si no no es nada, que disfrute ahora que no hay después, ¡que viva Satán! Y se lo están diciendo así, expresamente, explícitamente, sin circunloquios ni palabrerías. Sea nada: eso le dicen. Le dicen: jode, y toma la pilule del día después. Un pacto de sangre entre demonios. Dese el gustirrinín, hombre. Se egoísta, le dicen. Se orgulloso, se soberbio, le dicen. Y usted lo hace, porque no tiene voluntad, quiere su chute de dopamina y hará lo que sea necesario para obtenerlo. Y si esto es así con la educatriz y alineante publicidad, no lo es menos con la educación, porque a su nene no le están enseñando a leer, sino destruyendo su almita desde la más tierna infancia al insertar en su credulidad códigos perversos y pervertidos con materias tales como Educación para la Ciudadanía, diciéndole desde esa inocente edad que el aborto está bien o que pruebe con los de su sexo, que lo mismo le gusta. La cosa es convertirlo en menos, en mucho menos: en nada. En un montón de carne que, según el Ministerio de Igualdad, puede disfrutar con felaciones y cosas por el estilo. Vea hasta dónde llega la cosa.
La disparatada promoción de este sexo irresponsablemente animal y como entre animales que impera en la sociedad actual, exento de todo sentimiento que no sea aberrante, es de una magnitud tal que en ocasiones da la impresión de que tenemos en los ministerios a aquellos micos de El Retiro que autistamente se pasaban el día entero masturbándose en su jaula. La impresión que yo tengo, al menos, es de que son sexo con algo, y no alguien con sexo. En fin, allá cada cual. Ya imagino que este proceso lógico que estoy repitiendo con usted, lector, tendrá sus muchos e insultantes detractores, como suele suceder cuando a una persona se le toca lo más sagrado para él; pero para cualquiera que sea capaz de abstraerse por un momento de sus propias desviaciones o tendencias, queda más que cristalino que la campaña de idiotización y cosificación social no puede ser mayor. Bueno, sí: pero ¿por qué?...
La corrupción y los corruptos, así en lo personal como en lo social, han existido siempre, y no se trata aquí de encontrar las raíces del Bien o del Mal, sino de saber cuándo se expandió hasta globalizarse como bueno lo que no es, cuándo y quién ha invertido tantos esfuerzos en que lo malo pase por bueno, y en transformar lo bueno en malo usando tantos y tan costosos recursos. Ustedes me dirán que por qué esto o aquello va a ser malo y eso otro va a ser bueno, y en realidad tendría que bastarles en que porque siempre ha sido así, que es decir que lo es porque así lo llevamos inserto en nuestro código genético de una forma natural (tras millones o centenas de millones de años de evolución), lo tenemos incluso en nuestra cultura (tras milenios de instrucción) porque somos éticos o morales o nos lo ha manifestado nuestro Dios, o sencillamente porque hemos pensado tanto sobre el asunto a lo largo de la Historia que hemos llegado racionalmente a esas conclusiones (Platón o Aristóteles no eran cristianos), y que unos meapilas corruptos e incapaces como los de hoy –probablemente los más idiotas de todos los humanos que han pasado por este mundo- serían sencillamente incompetentes para tener luz alguna, y menos como para juzgar sobre asuntos tan capitales.
Pero, en fin, así las cosas volvemos a la cuestión: ¿quién, cuándo y por qué?... El Quién, ya lo apunté desde el principio, es el Poder, El Club, el cual rinde culto a su dios y señor al que se somete, que, obviamente, es uno de los dos polos de la más antigua de las guerras: la del Bien contra el Mal. El cuándo, queda claro que puede ser concatenado a los sucesos históricos, pudiéndose establecer el acceso a la corrupción global cuando se globalizó la sociedad, y este fenómeno, lejos de lo que muchos creen, este Nuevo Orden, no está por empezar, sino que comenzó tiempo atrás, mucho tiempo, hacia finales del s. XVIII. No es que antes no hubiera corrupción y todo eso, pero estaba contralada o muy restringida y las distintas sociedades tenían sus escalas de valores, sus virtudes y sus defectos, pero optando oficial y decididamente siempre por la virtud. Y el porqué, queda claro si se considera dónde estábamos como sociedad en cualquier otro tiempo y dónde estamos ahora. Considérese que ara definir una recta basta con conocer dos puntos por los que pase ésta, de modo que nos va a marcar una tendencia, que es algo así como un diagnóstico. Estábamos en un mundo complicado, pero en orden: lo bueno era bueno, lo malo era malo, había orden en la sociedad, geometría, y la sociedad funcionaba. ¿Dónde estamos ahora?... Veamos: el suicidio es la segunda causa de muerte en algunos países de Occidente (España, por ejemplo), el número de divorcios es casi el doble que de matrimonios, el número de abortos es superior en muchas veces, muchas, al de nacimientos, el grado de responsabilidad de la sociedad es mínimo y el de la corrupción es máximo, casi una Institución del Estado, y existen auténticos ministerios consagrados en la destrucción legal de todos los vínculos tradicionales de la familia, ya sea conceptualmente como desde su propia organización, en sembrar el caos social moral con técnicas de adoctrinamiento y en pervertir cualquier información e incluso la Historia que pueda conducir a reorientar eventualmente a quienes quisieran encontrar el hilo que alguna vez se perdió. Y, sin embargo, a pesar de esta aparente sociedad de la opulencia y el bienestar, jamás antes hubo tanta incertidumbre sobre el futuro, jamás antes hubo menos expectativas para el porvenir de los jóvenes y jamás antes tantos incapaces fueron tan prominentes en sociedad alguna. El Poder, El Club, hoy, es una enorme máquina de generar Mal en estado puro, sufrimiento. ¿Y a quién le complace el sufrimiento, quién se alimenta del sufrimiento, de la discordia, de la disonancia inarmónica?...
Todo este asunto lo trate muy a fondo en mi “Sangre Azul (El Club)”. Pueden leer íntegra y gratuitamente esta novela en mi web, y aún ver algún video de unos minutitos, para los menos aficionados a la lectura, así en mi propia web como en YouTube (lo digo por esos malpensados que, a falta de argumentos, me atacan con la excusa de que uso estos artículos para vender mis novelas). No voy a repetir aquí toda la base argumental de “Sangre Azul (El Club)” –referida en clave de crónica epistolar, y utilizando como hilo conductor a un personaje conocido de todo el mundo y por los propios sucesos extraídos de las cabeceras de los diarios e informativos-, pero sí apuntaré que estamos viviendo una soterrada guerra que se libra sin cuartel entre el Bien y el Mal, que estamos en el territorio de los que no son buenos, precisamente, y que éstos dirigentes, El Club, tienen un plan muy concreto y muy meditado para hacerse con la sociedad en pleno y establecer su señorío. Lean la novela o vean el video.
Naturalmente, en un asunto tan complejo como este –es la más compleja de todas las conspiraciones imaginables, pues que implica la batalla arquetípica entre los dos polos antagonistas por antonomasia- les recomendaría que leyeran la novela ahora que estamos en verano y que tenemos algo más de tiempo, pero como no todo el mundo podrá, les dejó aquí la dirección del video para que si quieren lo vean y sepan de forma audiovisual quién, qué y cuándo le ha planteado batalla a Dios mismo. El botín, por supuesto, somos nosotros. Que lo disfruten.
http://youtu.be/l2YXf9EeBBY
Conspiraciones III: Nibiru/Elenin

Si tiene intención de pagar su hipoteca o planificar las Navidades, no lo haga antes de leer este artículo.
Allá por el 2003, después de varios años de recopilar y clasificar la información oficial y extraoficial que encontré con arduas dificultades y de someter casi a interrogatorio a mis amistades más… especiales, digamos, escribí la novela “Tetragrammaton”. Una novela de la que apenas se han vendido unos miles de ejemplares, porque sólo se comercializa en algunas librerías de Internet y en mi propio sitio web, y, además, únicamente en formato e-book. En ella, a través de una trama de… suspense, digamos, pongo al alcance de los lectores cómo se organiza el concierto mundial, qué organizaciones se emplean ("los relojeros de la Historia", les llamo a los miembros de Tetragrammaton) para producir el bien tangible de la paz y la guerra, la formación y la in-formación (no-formación) y qué se esconde en los propósitos de la elite dirigente, desembocando el argumento en un próximo fin del mundo, tal y como le conocemos, a causa de la irrupción en nuestro entorno cósmico inmediato de un invitado largamente esperado por algunos, descrito por nuestros ancestros más remotos y anunciado para estos tiempos por muchos profetas y libros sagrados: Nibiru.
Recientemente, tal vez como maniobra de diversión o de dispersión, o aún como culmen de distintas las películas extremadamente taquilleras proyectadas en los cines de todo el mundo en los últimos años avisándonos subrepticiamente con guiños de una catástrofe venidera, como “Deep Impact”,” Armageddon”, “2012”, etc., un poco o nada conocido científico ruso dice que descubrió en diciembre del año pasado un cometa insignificante, de menos de cinco kilómetros de diámetro, y que actualmente está muy de moda en toda la Red, la cual arde con noticias al respecto a cuál más catastróficas para este mismo otoño de 2011: Elenin, o C2010 X1 en su nomenclatura astronómica.
Lo uno y lo otro, al fin al cabo, puede parecer algo de lo más normal. Nada hay de extraño en que un escritor utilice, por ejemplo, la obra de Zecharia Sitchin “El duodécimo planeta” para urdir una novela catastrofista, y tampoco hay nada de raro en que un astrónomo que se pasa buena parte de su tiempo observando el universo descubra un nuevo cometa en un espacio cuajado de ellos, o que la Red arda con lo que sea, que nunca faltaron ni negros augures, ni fines del mundo anunciados, ni alarmistas por doquier. No lo hay… o sí. Analicemos un poco ambos asuntos.
En cuanto a mi novela no surgió así porque sí, sino que, por una parte, fue consecuencia de mi fascinación por los sumerios y el origen de la especie humana, en un aparente brote espontáneo que ningún científico ha sabido explicar convincentemente y que curiosamente no se ha vuelto a repetir en la Historia; y, por otra, de cierta información que entonces llegó a mis manos (u oídos y ojos) y que en aquellos años era todavía muy restringida. Omitiendo aquí nombres propios extranjeros, cargos en Instituciones y nombres de universidades (el lector interesado sabrá encontrar las fuentes, o bien hallar sobradas referencias en mi novela), sintetizaré sucintamente el asunto: desde siempre la Iglesia Católica ha ido muy por delante en todo cuanto se refiere a la mayoría de las disciplinas del conocimiento, no siendo ajena en absoluto a los más punteros avances en materias tales como Matemáticas o como Astronomía. En Astronomía, concretamente ya que es lo que nos interesa, la misión le fue encargada históricamente a los jesuitas, y desde la Torre de los Vientos, primero, y desde Castelgandolfo, después, se empeñaron en escudriñar y mapear el universo conocido, quién sabe si previniendo a la estrella Ajenjo que anuncia el Apocalipsis. Sea como fuere, algo debieron descubrir para que en 1981 fundaran el observatorio VORG en Tucson, Arizona, y algo verdaderamente grave, ya que dieron inicio al programa “Secretum Omega”. Como consecuencia de estos descubrimientos y observaciones poco precisas mediante telescopios (perturbaciones en el Cinturón de Oort, Neptuno, Urano, Saturno, etc, que anunciaban un cuerpo especial particularmente masivo extrarradios del Sistema Solar, el misterioso Planeta X o décimo), dentro del habilitado programa Secretum Omega la Iglesia financió con su consabida discreción la construcción de la sonda Siloé, la cual fue puesta en órbita por una aeronave Aurora en 1982. Lo que constataron visualmente, fotografiado y filmado, fue algo mucho más estremecedor de lo que habían previsto en sus cálculos. Alarmada la NASA por el tradicional secretismo de la Iglesia, y dado que el elevado costo de la misión sólo podía justificarse con un descubrimiento excepcional, debidamente informados por sus servicios secretos los EEUU lanzaron en 1983 su propia sonda, la IRAS, que llegó a fotografiar y filmar el mismo cuerpo celeste, cuya noticia, en primera instancia, ocupó la portada de los periódicos más prestigiosos del mundo (puede comprobarse en las hemerotecas): un planeta de un enorme tamaño que, hechos los debidos cálculos, se dirigía directamente hacia el centro del sistema solar, teniendo su perihelio entre el Sol y la Tierra… precisamente para el próximo año. No en vano su nombre sumerio, Nibiru, significa “El planeta del cruce”. Una certeza que justificó una astronómica inversión por parte del Vaticano para construir en 1993 el observatorio TATA (VATT, en sus siglas en inglés, que significan Telescopio Astronómico de Tecnología Avanzada) en Monte Graham, Arizona, y al Ejército de los EEUU hacer lo propio con el SPT de infrarrojos en la Antártida, región a la que hoy es imposible acceder sin el permiso y presencia del Ejército de los EEUU, y mucho menos hacer observaciones astronómicas sin su control, porque el planeta Nibiru se aproxima al Sol por debajo de la eclíptica, en un ángulo de aproximadamente -45º. No obstante esto, ha de saber el lector que ningún observatorio del mundo funciona hoy por libre, sino que todos los observatorios del mundo están coordinados y regulados en su ocupación, y, en consecuencia, cualquier observación astronómica “oficial”, hoy por hoy, está programada en forma global y quien autoriza quién y qué observa, básicamente, son los EEUU y, en particular, El Club.
El caso es que este planeta recién descubierto por la Iglesia, primero, y los EEUU, después, no sólo coincidía con las teorías de Zecharia Sitchin, sino también con las descripciones del Libro Kolbrin (o Biblia Kolbrin) y con innumerables relatos transmitidos por las más disímiles culturas. Fue llamado el Gran Destructor por el Libro Kolbrin, Gung-Gung o el Dragón Rojo por los relatos chinos, Quetzaqual por los mayas, Shiva el Señor del Cielo por los indostaníes, Gran Fénix por los fenicios, Kachina por los Hopi y Ajenjo por la Biblia, entre otros muchos nombres y culturas. Un planeta de una masa muchas veces la de la Tierra, el cual parece ser que viene acompañado de numerosas lunas y de una cantidad de escombros tal que, años después, en 1997, el padre Malachi (una de las mayores autoridades en Astronomía de la Iglesia), preguntado sobre si la llegada de Nibiru a las proximidades de la Tierra podría producir una gran mortandad entre los humanos, respondió que “Es mucho peor que eso: es peor de lo que pueden llegar a imaginar.”
La noticia, sin embargo, a partir de 1983, lejos de potenciarse o ser seguida con interés debido a las consecuencias que podría tener para la Tierra, despareció de los medios de comunicación como por arte de magia. Sin embargo, es a partir de esta fecha cuando, como expongo en “Tetragrammaton”, comienzan a apreciarse los movimientos llamados globales. Tras unos pocos años de incertidumbre y reuniones al más alto nivel, tanto de organizaciones supranacionales como de organizaciones de El Club (Bielderbergs, G-loquesea, Trilaterales, BM, FMI, etc.), el Muro de Berlín se desploma de repente sin que obedezca a una causa razonable, se produce el genocidio de Ruanda (lección de crueldad de El Club para los países díscolos), se produce el desmembramiento de la antigua URSS con todas las guerras locales, se verifican las guerras de la exyugoslavia, etc., además de producirse la globalización de la economía (con el objeto de crear falsas crisis financieras, ya explicaré por y para qué) y de realizarse un esfuerzo gigantesco en el desentrañamiento del genoma humano en el que participa la totalidad de la comunidad científica mundial. Todo ello, que de por sí ya es lo suficientemente llamativo de que algo hay que une a líderes absolutamente antagonistas, se complementa con el inicio de superobras de ingeniería en todo el mundo para la construcción de “arcas” subterráneas a enorme profundidad, lo mismo para poner a salvo de inciertas catástrofes globales las semillas de todas las plantas del planeta y a los genomas de todos los seres vivos de la Tierra, como para que numerosos grupos de humanos puedan sobrevivir a fenómenos cataclísmicos de orden planetario. Algunos de estos refugios-arcas, construidos a más de 6 kilómetros de profundidad en roca viva, cuentan con capacidad para que más de veinte mil personas puedan sobrevivir sin contacto con exterior de una forma autónoma por más de dos años, y, aun con todo, numerosos de esos refugios en el mismo y otros países están comunicados por túneles, al modo y manera de nidos hormigueros, con el fin de multiplicar sus posibilidades de supervivencia. Obviamente, para construir esta red de arcas para tal cantidad de personas (microsociedades comandadas por la elite eventualmente imprescindibles para garantizar un reinicio de la civilización después de una catástrofe semejante) se precisan una ingente cantidad de recursos económicos, razón por la cual se inventan periódicamente pandemias o crisis financieras o petrolíferas que promueven la intervención de los Estados con la inyección de billones de euros. Para eso necesitaban una economía global que caminara en el concierto de las naciones a un único paso, y para eso promovieron todos los movimientos ya descritos. Por ejemplo, sólo la última crisis financiera supone que han “desaparecido” del mercado la friolera de 161 billones de euros en todo el mundo. Lo bastante como para construir un enorme y bien dotado hormiguero.
Ya he mencionado en el primer artículo de esta serie que El Club controla la información que recibe el ciudadano medio, que es decir que controla también la desinformación, y para ello cuenta con una numerosa legión de debunkers (desinformadores) que están especializados en desacreditar cualquier información que pudiera aparecer sobre el tema, en potenciar las opiniones más volátiles o descabelladas que le hagan pensar al ciudadano medio en lo paranoico de quienes sostienen tales afirmaciones, y aun en primar que afamados científicos desautoricen cualquier noticia que, con sesgo de ser veraces, pudieran aparecer en cualquier medio incontrolado, como Internet. La información y la desinformación, hoy, son un juego tan habitual del poder que a nadie puede resultarle extraño o increíble.
Pero ¿qué consecuencias puede tener el paso de un planeta masivo en un órbita próxima al Sol y a la Tierra?... En el universo no funciona la propulsión, sino que los cuerpos celestes regulan sus distancias y movimientos en base al electromagnetismo. Por hacernos una idea, si el Sol fuera un balón de fútbol que estuviera en Madrid, Plutón sería algo menor que una canica en Barcelona, y, a pesar de ello, no puede escapar de la fuerza de atracción del Sol. Tal es el poder del electromagnetismo. Pues bien, la entrada de un cuerpo planetario como Nibiru y sus lunas en el Sistema Solar interior, supondría un juego de atracciones y repulsiones electromagnéticas de tal magnitud que no sólo supondría desplazamientos de los ejes de giro (inversión de los polos) de los planteas como la Tierra, sino también alteraciones climáticas de tal magnitud que sería imposible mantener el ritmo actual de cultivos y que justificaría los aparentes suicidios masivos de las especies que usan los campos magnéticos terrestres para desplazarse, tal y como hoy mismo y en todo el mundo está sucediendo (mirlo rojo en EEUU, delfines y ballenas en cualquier lugar del planeta, pulpos en Portugal, estrellas de mar en Escocia, etc.). Lo que tal vez haya que explicar es que la atracción entre planetas, el geomagnetismo, no se produce entre las masas, sino entre los núcleos, que son metálicos. Por hacernos una idea, si la Tierra fuera un huevo, el manto, que es la parte sólida de la Tierra en la que vivimos los humanos, tendría menos de 1 mm de espesor. Este manto está formado por placas tectónicas, de modo y manera, que al moverse el núcleo metálico de la Tierra, formado básicamente por hierro y níquel, forzaría el desplazamiento del magma, el cual presionaría sobre las placas, produciendo los terremotos y la actividad volcánica. Si esta presión fuera muy grande, como correspondería a la irrupción de un potente campo electromagnético que nos afectara severamente, puede imaginarse el lector cuáles serían las consecuencias y cómo se quebraría ese cascarón sobre el que habitamos flotando en un océano de lava.
Desde que fuera descubierto físicamente Nibiru en 1983 hasta hoy, ha pasado mucho tiempo. En buena lógica, todo hace pensar que debería haberse acercado lo suficiente a la Tierra como para ser visto incluso por telescopios de aficionados, pero, aunque perturbaciones severas apreciadas en la Nube de Oort, Urano, Saturno y Neptuno, y aún a la desaparición inexplicada del cinturón ecuatorial de Júpiter o a la aparición de una espontánea e igualmente no explicada atmósfera de Nitrium en nuestra Luna apuntan a ello como evidencia incontestable, poco o nada se sabe oficialmente de Nibiru más allá de desmentidos más o menos continuos y de alarmas suscitadas por astrónomos no oficiales, quienes alertan de que tal o cual región específica del universo apreciable en los telescopios… públicos, digamos, como Googlesky o similares, están cegados, cubiertas ciertas regiones del universo por una especie de cuadrados negros artificiales..., precisamente donde debería estar el inaprensible Nibiru.
No obstante, en diciembre de 2010, como decía al principio, resulta que un desconocido astrónomo ruso descubre desde su casa, a través de un telescopio remoto de alquiler de 200 mm (que se puede operar por Internet) ubicado en Mayhill, Nuevo México, EEUU, precisamente un cometa (que entonces no tenía ni coma, la cola que identifica a un cometa como tal), de poco menos de cinco kilómetros de núcleo, con una magnitud aparente de 19,5 (nada menos que unas 150 mil veces más tenue que el mínimo visible a ojo desnudo) y que se encuentra en el momento del descubrimiento a la friolera de 4,3 UA (Unidades Astronómicas, el valor de cada una de las cuales es la distancia de la Tierra al Sol, que son 150 millones de kilómetros). Vamos, si hace falta alguna carambola más, oferten. Primero, no parece nada razonable que con un telescopio poco menos que de juguete, los cuales suelen alquilar astrónomos aficionados o incluso estudiantes, pueda descubrirse algo visible que es 150000 veces menos visible que lo mínimo que es capaz de captar el ojo humano, pero que, contra todo pronóstico, califica como cometa cuando no tiene siquiera coma (la cola del cometa), lo da una dimensión al núcleo de entre 3 y 4 kilómetros (que ya es medir con precisión a esa distancia), dice que está a 645 millones de kilómetros, y se queda tan pancho, poniéndole al tal su nombre.
Adempero, a pesar de lo irracionalmente descabellado de todo este asunto, no sólo la NASA publicó casi al instante el descubrimiento, cuando ella misma ha ocultado a Nibiru, sino que el JPL (Jet Propulsion Laboratory), dependiente de la NASA, no tardó ni horas en hacer pública y colgar en Internet un programa en el que cualquier usuario podía apreciar la órbita prevista para el tal cometa en cualquier momento de su recorrido, tendiendo datos supuestamente fidedignos de qué distancias iba ocupando en cada momento de su aproximación, perihelio o alejamiento, así respecto del Sol como de la Tierra. Cosa muy particular, porque el tal cometa, junto con el P45-Honda y el Levy, nos prometen un movido otoño. Así, Elenin, no ha tardado en convertirse en todo un circo mediático, y tanto más cuando no tardaron en aparecer en Internet fotografías del tal cometa acompañado de otros cuerpos en su estela que daban la impresión de estar en formación… inteligente.
Según el programa facilitado por JPL, Elenin cruzó la órbita de la Tierra el pasado día 28 de julio a 1,454 UA de la Tierra, alcanzará su perihelio (punto de mayor aproximación al Sol) el día 3 de septiembre, y cruzará la órbita de la Tierra, ya en retirada, el próximo día 12 de octubre, a una distancia de 0,447 UA (ahí al lado), en cuyo momento se estima que tendrá una coma de unos 200000 kilómetros, y por entre cuyos escombros de la coma deberá pasar nuestro planeta en su recorrido orbital, asegurándonos un vistoso espectáculo de estrellas fugaces… del tamaño de estadios de fútbol. El día 15 de septiembre, según este programa, habrá una alineación exacta entre el Sol, Elenin y la Tierra, a una distancia de 0,488 UA, lo que, según algunas fuentes, puede producir una serie de eventos absolutamente catastróficos, ya que parece ser que los últimos terremotos superiores a 7º Richter (Nueva Zelanda, Chile, Japón, etc.) han coincidido con alineaciones similares, si bien en aquéllas Elenin estaba a una distancia remota y ésta se producirá con una vecindad inmediata, de modo que ya se puede imaginar lo que le espera.
Hasta aquí, lo más cabal y significativo sobre Elenin, al cual ya le tenemos ahí al lado prometiéndonos mucha actividad hasta que tenga su última alineación con la Tierra hacia finales de noviembre de 2011. Sin embargo, parece ser que, según las últimas noticias, no viene solo, sino que es seguido de lo que los astrónomos llaman un cluster, es decir, un conjunto de objetos cósmicos, y éstos son, además de los tradicionales escombros que suelen acompañar a los cometas, Nibiru con todas sus numerosas lunas (hasta 11) y Tyche, un supuesto sol negro, estrella marrón o estrella oscura hermana de nuestro Sol, los cuales se van a cruzar en nuestra órbita unos meses después de que Elenin, el cual sería una especie de profeta de lo que viene detrás, emprenda su viaje de retorno. Y si Elenin puede tener unas consecuencias como las descritas, y si Nibiru otras como las ya apuntadas, ¿qué consecuencias tendría que se nos cruzara en nuestro camino cósmico, precisamente en vísperas de tan manido 2012, todo un sistema solar?...
Tal vez todo esto sean exageraciones, e incluso maniobras de la elite para meternos la mano en el bolsillo mientras miramos las estrellas, o aún una manera de distraernos mientras nos recortan libertades civiles para convertirnos en más esclavos, pero que los hormigueros (o las arcas) se están construyendo, es algo inequívoco y sobradamente demostrado; que en mayo EEUU se gastó una fortuna en los ejercicios de Eagle Horizont sobre una supuesta catástrofe que suponía el hundimiento de toda la cuenca del Mississippi y que afectaba a 8 estados y a más de tres millones de personas, es algo que cualquiera puede comprobar; que el FEMA (Centro para la Gestión de Catástrofes) de EEUU ha construido campamentos de refugiados para más de siete millones de personas y acumulado más de 300 millones de raciones de supervivencia, es algo que igualmente puede conocerse sin demasiada dificultad; que la NASA ha impuesto un plan de supervivencia para sus empleados y les adoctrina en las medidas de seguridad a tomar ya ante cualquier supuesto evento especial, es algo sobradamente conocido; y que las crisis menudean más y más, porque la hora se acerca, el tiempo se acaba y precisan más recursos, es algo obvio, pues, como le dijo el Ministro de Defensa ruso a Putin, “o aplicamos más recursos o no podremos tener concluidos los 5000 nuevos refugios subterráneos de Moscú para la fecha prevista de 2012.”
Así está la cosa, no tiene más que leer “Tetragrammaton” para el asunto de Nibiru, o asomarse a Internet para tener cierta de idea de ambos, siempre que sepa discriminar información de desinformación. Ajenjo, parece, está llegando, tal y como profetizó el Apocalipsis, Zecharía Sitchin con su “El duodécimo planeta”, y aún ese recurrente Nostradamus con su “montaña que cae del cielo con un tamaño de siete estadios”. Puede creerlo o no, pero, por si acaso, vea si paga la hipoteca o si prefiere ir comprando algunas cosillas por si los acasos, porque me temo que de ser verdad sólo una pequeña parte de todo lo que se parece que se nos viene encima en los próximos meses, es probable que cierren los supermercados, que los hospitales no estén disponibles para urgencias y que a las fuerzas de seguridad les den vacaciones indefinidas. En su mano está creerlo o no y obrar en consecuencia. Avisado está, y no es cosa que se preavise para dentro de milenios o de siglos, sino para pasado mañana, como aquél que dice.
Conspiraciones II: el poder

El poder se apoya sobre tres pilares: Control, Fuerza e Información.
No importa en qué país viva, puede estar completamente seguro de que no lo gobierna quien parece que lo hace. Puede que usted viva en un país multitudinario, como China o la India, o en país medio, regido aparentemente por una democracia en la que parece que el poder lo ostenta la ciudadanía, y, sin embargo, tanto en unos como en otros países quienes en verdad ejercen el Control, tienen la Fuerza y dominan la Información no ocupan ningún trono, ni tienen cargos políticos y no suelen aparecer en público. Ni siquiera aparecen en Forbes; pero sus recursos son de tal magnitud que aún a los personajes más populares, poseedores de las mayores fortunas del mundo, para ellos son pobre gente, don nadies, simples advenedizos. En cualquier país, en realidad quien gobierna es una elite minúscula y muy cerrada, la cual no admite nuevos socios para evitar filtraciones de Información, pérdida de Control o disipación de la Fuerza. Los gobiernos oficiales, en consecuencia, son títeres servidores de esta elite, elegidos expresamente por su inutilidad y servilismo por esta elite y al servicio exclusivo de esta elite. Según estimaciones muy creíbles, por ejemplo, menos de cuatrocientas familias en todo el mundo cuentan con más del 95% de los recursos del planeta. Escalofriante, ¿verdad?...
Efectivamente, unas pocas familias controlan cada país… y el mundo. No voy a entrar en este artículo cómo se estructuró el Poder en la Historia remota -quien quiera saber más de esto, le sugiero que lea atentamente “Sangre Azul (El Club)”-, pero por hacer un poco de historia a vuelapluma más allá de los dioses primigenios (quienes nos crearon), apuntaré que fue allá antes del Quattrocento cuando las familias dominantes de lo que hoy es Italia firmaron un acuerdo y se constituyeron en el llamado “Comité de los 300”, asegurándose mutuamente la invulnerabilidad de sus personas y haciendas y repartiéndose amistosamente lo que entonces era el mundo Occidental, incluida la Iglesia, a la que imponían Papas y cardenales para dominar no sólo los cuerpos, sino también las almas de los gobernados. Andando el tiempo, estas familias fueron extendiéndose, creando sectas y órdenes que, aunque los adeptos creían servir intereses sublimes e incluso divinos, de facto servían a sus desconocidos señores. Así aparecieron los masones –muchos ritos y muchas más tendencias, a veces enfrentadas-, los iluminados y muchas otras sectas e ideologías místico-políticas, las cuales han ido derivando en toda suerte de organizaciones de pseudocontrol, tales como los Grupos-G, BM, FMI, ONU, socialistas, Trilaterales, mafias, Clubs Bielderbergs, etc. Son los herederos de los dioses primigenios –o eso se creen ellos-, y son quienes controlan todo cuanto sucede, prescribiendo quién está en paz y quién en guerra, si hay pandemias o no, o si la población muere de hambre o vive en la opulencia. No culpe pues a la inutilidad de su presidente de qué le sucede a su país, sino más bien tenga lástima de él porque sólo es un mandado.
El trabajo es algo de todo punto innecesario para el sostenimiento del colectivo humano en un planeta tan generoso como el que habitamos, pero todos los hombres trabajamos fatigosamente para mantener en su vida de regalo a unos pocos, a la elite, a El Club. Ellos ni trabajan ahora ni lo han hecho jamás, considerando que las manos no deben usarse para otra cosa que comer o servirse de ellas para el ocio. Son del todo distintos a los demás mortales, y tanto su modo de pensar como de vivir son diferentes. Para obtener todo lo que tienen y todo lo que son, ellos prestan dineros a los Estados para que funcionen trayendo a su ahora o su hoy lo que teóricamente van a ganar en los próximos decenios (crédito), de modo que los Estados deben devolverle a la elite cada año la parte correspondiente de lo que les prestaron más los intereses, razón por la cual debe haber los Estados precisan imperiosamente un crecimiento económico para poder hacer frente a esos pagos. Como no siempre es posible, aunque les vengan mal dadas a los Estados (ya se ocuparán ellos de que cada tanto haya una catástrofe o una desgracia nacional) El Club los presta más dineros, de manera que la deuda de los países crece y crece y nunca ven pagada la deuda que tienen con sus acreedores (e incluso se las ven en figurillas para abonar los intereses de cada año), hasta el extremo que hoy en día ningún país es dueño de su propio destino. Ésta es una imagen reduccionista y muy simplona, pero válida, de cómo funciona el sistema. Pongamos por ejemplo que la superpotencia mundial por excelencia de nuestra etapa histórica, los EEUU de América, en estos días está en un punto tal que o crece por acuerdo la capacidad de endeudamiento con El Club, que es decir de sometimiento de la población a la esa elite que es la que le presta y es a quién ha de devolvérsela sus dineros más los intereses, o lo impensable sucederá: EEUU se declarará en quiebra, que es decir que será propiedad de quienes le tienen hipotecado como país.
Este proceso, es el Control. Mediante los préstamos y la deuda, la elite, El Club, controla a los Estados. Ríanse de esos llamados pequeños inversionistas, porque ni llegan a coartada. Así, el Control es tan férreo y los intereses son tantos que si un o unos Estados no se plegaran a los intereses de El Club o se mostraran díscolos con sus órdenes, inmediatamente sufrirían las más terribles consecuencias, pues que para ello tienen la Fuerza. No parece que sea muy coherente que quien no ostenta cargos políticos ni parece tener un Estado propio siquiera pudiera tener un ejército superpotente o algo así, y en verdad no lo tienen ni lo necesitan. Ya tienen a los demás Estados, quienes muy bien pueden liársela a aquel potencial deudor díscolo, como tienen el Control de los más temibles ejércitos no oficiales: el terrorismo, las drogas, las armas biológicas… y la Información. La elite, El Club, no sólo controla a los Estados, sino también a quienes pueden lastimar al Estado. Usted, como persona, toma partido, piensa en una opción: El Club, en las dos. Controla el Bien y el Mal, y los usa según le conviene, de modo que domina lo que favorece a los Estados y los estabiliza y también lo que los puede perjudicar o destruir, o nada más que desestabilizarlos. Ellos crean a los policías y a los terroristas, a los perseguidores y a los perseguidos, a los destructores y a los destruidos, a los que producen el pánico y a los que lo palian. ¿A quién pediría protección aquél que tiene miedo de que lo lastimen?... Es obvio que al más fuerte; pero ¿quién es más fuerte que el puede hacer más daño?... la respuesta, claro está, es él mismo. De modo que el que siembra el pánico es el que mejor puede ofrecer y vender seguridad a cambio de pérdida de libertades o de trabajo esclavo. Uno de estos días les hablaré de lo que en verdad sucedió en Noruega en estos días pasados con esos atentados y esa matanza de jóvenes.
A la elite, a El Club, que lo tiene todo, lo que le divierte o lo que le interesa no tiene nada que ver con lo que le interesa o le divierte a la gente común. Ellos no disfrutan comprándose un traje de buena marca, pongo por caso, ni siquiera adquiriendo una casa de mucho lujo o un yate despampanante. Se divierten de otro modo, y sus necesidades y placeres son muy otros. Ellos, por ejemplo, se divierten creando situaciones críticas a los Estados que muy bien pudieran suponer cientos, miles e incluso millones de vidas. Por una simple competencia lúdica entre algunos miembros de El Club, enfrentarían a dos países en una guerra o favorecerían una guerra civil por entretenimiento. Piensen en Libia, por ejemplo, y que el más poderoso ejército de la Tierra, la OTAN, no puede con ellos según parece, debe ser porque todo el ejército libio se esconde bajo la única palmera que tiene como flora ese país. Después de todo, los negocios más rentables de la sociedad son el pánico, la muerte y la guerra, y ellos quieren más de todo eso: ¿por qué no convertir su necesidad de lujo en algo divertido?... No; la forma de ser o pensar de El Club es distinta, ellos quieren otra cosa. Les interesa seguir dominando el concierto internacional y seguir acumulando más y más riquezas, y para eso, lo mismo multiplican su Fuerza con armas que no puedan ser controladas por los Estados (farmacéuticas, económicas, pánicos, estupefacientes, corrupción, intrigas, etc.), que desean que haya ciento orden social para que su rebaño esté tranquilo, porque, como ya dije, ellos controlan el Bien y el Mal, y se sirven de ambos, según sus intereses. Para lograr controlar a sus Estados esclavos y a la población, cuentan con la Información. Somos aquello que sabemos, y no podremos ser nunca lo que ignoramos, de modo que nuestro carácter se conforma con lo que incorporamos a nuestra mente y a nuestra alma, y sólo podremos hacerlo con aquello que nos permitan, porque todo lo demás está restringido, oculto o vetado.
Hubo un tiempo, allá por la Guerra Fría, en que el KGB, conocedor de las tendencias pedófilas de los miembros del MI5, les ponía trampas a los espías británicos ofreciéndoles impúberes jovencitos, de modo que cuando se entregaban éstos a la pasión con sus efebos eran grabados, y así contaban con una información privilegiada tal que podían dar por cierto que el espía adversario era ya como si estuviera en su nómina. Los que tienen edad suficiente recordarán los numerosísimos casos de agentes de los servicios secretos de su Graciosa Majestad que fueron acusados de traición por esta causa, o la cantidad de ellos que se cambiaron de bando cuando iban a ser descubiertos pasándoles información a los rusos.
Hoy sabe cualquiera que Información es lo mismo que inteligencia, y que ésta es la piedra angular del éxito en cualquier acción que se emprenda. El Control, pues, es fundamental, como lo es la Fuera para mantener la disciplina del grupo o de los gobernados, pero sobre todo lo es la Información. Y lo es un doble nivel: sobre la naturaleza de los gobernados y sobre lo que tienen a su alcance los esclavos, los pueblos. Así, desde lo que los niños aprenden en los colegios a lo que los adultos pueden leer en los diarios o en los libros especializados, todo está controlado por El Club, como lo está el ocio, el cine o cualquier otra manifestación que suponga Información. La gente, el pueblo, incluso los mismos gobernantes, sabrán sólo lo que a El Club les interese que sepan y de la forma que les interese que lo sepan, y lo demás será como si sencillamente no sucediera o no existiera. Y, como además tienen la máquina más perfecta de márquetin a su disposición, con el menor esfuerzo pueden convertir un asunto en la comedilla social del momento, mientras suceden tragedias o hechos que todos ignoran, o son capaces de convertir a Dios en un villano o al diablo en el personaje de moda: toda una legión de opinadores a sueldo difundirá el mensaje correspondiente en todos los medios de comunicación, a menudo sin saber siquiera que lo hacen, y arrastrarán a sus opiniones, como el flautista de Hamelín, a las masas. No; no es que compren a un autor para que escriba esta historia o la otra, o a un opinador para que diga esto o aquello, sino que sólo publicarán y promocionarán el estúpido texto que les convenga, convirtiéndolo en éxito, o descollarán a aquel opinador que mejor exprese su vacuo mensaje o la desinformación que les interese difundir (debunkers), porque lo que les interesa especialmente a los de El Club es lo que estupidiza a las masas, pues sobra decir que es más fácil conducir a un idiota al degolladero que hacer que una persona inteligente y bien formada vaya por donde no quiere.
Estos tres pilares andamian el verdadero Poder. Si usted, en un ejercicio de lógica se plantea para quién legislan los gobiernos, no tendrá otra que admitir que para las grandes empresas, todas ellas, por supuesto, sociedades anónimas. Ahí tienen a la SGAE y sus consecuencias, o a las farmacéuticas, o a las armamentísticas o a las grandes compañías de cada una de las cuestiones estratégicas del consumo, casi todas ellas en manos de la elite, desde las productoras de transgénicos a las fabricantes de automóviles o telefonía. Piénselo. Y, ahora, aplicando estas nociones básicas, ya está en disposición de comprender por qué los presidentes de los países dicen digo donde dijeron Diego sin que se les caiga la cara de vergüenza, por qué se invaden países, por qué se producen atentados, por qué se liberan terroristas sanguinarios mientras las cárceles están llenas de inocentes y el porqué de la LOGSE y su Educación para la Ciudadanía. Cuestión de lógica aplicada: si sabe cómo piensa quien le oprime, puede urdir una estrategia para liberarse de su cadena.
Y ahora, y como anticipo del próximo artículo sobre las Conspiraciones, las cuales estarán basadas de aquí en más siempre en el uso y aplicación de los tres pilares del Poder de los que hemos hablado, le planteo esta cuestión: ¿si usted supiera que dentro de… poco tiempo, digamos, el planeta va a sufrir un daño tal como consecuencia de un fenómeno astronómico que es probable que la mayor parte de la población sucumba en la catástrofe, seguiría pagando su hipoteca, abonando sus impuestos como un probo ciudadano y hasta yendo a trabajar como un empleado ejemplar?... Usted, naturalmente, piensa que si tal cosa fuera a suceder la NASA o la agencia local de astronomía le advertiría con tiempo… no sé de qué, si la catástrofe es de dimensiones tan trágicas; pero haga el ejercicio inverso: ¿si usted fuera el que controla la sociedad y tuviera en su mano una información semejante, se la comunicaría a sus esclavos, pudiendo producir un caos social de magnitudes imprevisibles que tal vez le arrastraría a usted mismo y a los suyos a una situación de grave complejidad?...
La respuesta, en el próximo artículo. Le va a encantar, palabrita.
Conspiraciones I: el fundamento

Cuando los gobiernos mienten sistemáticamente a sus pueblos, sólo considerándolos conspiradores puede el pueblo conocer algo de la verdad.
Gobernar, es mentir. Nada o casi nada de lo que dicen los gobiernos y sus instrumentos humanos, es verdad. Si dicen que no va a subir la gasolina, llene el depósito porque la subida es tan segura como que Dios existe; si que no van a subir los impuestos, agárrese a los machos; o si han movilizado al ejército para ir a prestar ayuda humanitaria a tal país, es que no van de dejar del país ése nada en pie, las calles las van a dejarlas atiborradas de cadáveres y se van a traer a casa cualquier cosa que tenga valor, como el petróleo, por ejemplo.
Los gobiernos de casi todo el mundo mienten tanto que incluso ignoran qué es verdad. Es un negocio montado de forma casi global (por bloques) y ni saben siquiera a quién sirve, sino sólo que alguien desde las tinieblas les manda, y ellos obedecen. El pueblo, lejos de ser el soberano de nada por mucha democracia que haya (otra mentira más), se ha convertido en el rebaño a ser pastoreado por los gobiernos, los esclavos que nutren de recursos a los poderosos y a quienes se les aplica la mano de seda o de hierro que en cada caso convenga. Podemos ver ejemplos de lo uno o de lo otro en todos los países, y cómo sobran casos que demuestran que los gobiernos favorecen a criminales, terroristas o auténticas excrecencias sociales, y cómo castigan con cruel sevicia a los delincuentes menores e incluso a los inocentes, a menudo condenándolos por cuotas (hemos castigado o penado a tantos especuladores, a tantos estafadores, a tantos traficantes, etc.), y esto es así porque los últimos, como digo, son la teta de la que los poderes de la tiniebla obtienen sus recursos, y porque los primeros, los terroristas y los criminales y los traficantes y toda esa basura son servidores del poder, los dirigentes de las multinacionales más lucrativas, que son la guerra, la violencia, la seguridad y las drogas (además de la salud).
No es que un gobierno determinado mienta en algo, en eso que llamamos una mentira blanca o políticamente correcta, sino que miente en todo, ocultando a los ciudadanos el verdadero propósito de sus fines y sus actos. En las campañas electorales, verbigracia, los candidatos se empeñan y trabajan muy duro por presentarse como seres humanos con sentimientos y todo, y ponen tiques de aparcamiento en sus coches, besan niños que les producen profundo rechazo y son capaces de presumir en público de la extensión fálica de su apéndice reproductor; pero no es sino el teatrito, la mentira que alimenta a los crédulos, la farsa necesaria para que los alineados por el sistema –espectadores de teleseries y devoradores de información precocinada- les voten e instalen gratuitamente en el poder, y no tengan así que dar golpes de Estado. Mejor por las buenas, aunque será lo que tenga que ser, le pese a quien le pese, que para eso tienen dos seguros capaces de contener a la ciudadanía en cualquier contingencia: la policía y el ejército. Véanse los diferentes casos internacionales, y se comprenderá enseguida. Y si un país se saliera del guión y no se plegara a los propósitos del poder del bloque, tendría asegurado atentados en plan matanza, bombas en los centros políticos o incluso recibiría invasiones bélicas que no invaden, pero que destruyen todas las infraestructuras: Noruega, Libia, Siria, etc., son algunos de los ejemplos más actuales y recientes de esta política de "quien la hace, la paga."
“El ejercicio del poder es una conspiración permanente”, decía Honore de Balzac. Y tan son así las cosas que, dado que los gobiernos no es que mientan en algo sino que siempre mienten en todo manteniendo al pueblo en una especie de drogada estupidez permanente (televisión, fútbol, etc.) o limbo estupefaciente (impuestos, hipotecas, deudas, etc.), algunos de ciudadanos más avezados o inteligentes han comprendido que la única manera de conocer algo de la verdad de sus propósitos es, no preguntándoles a los gobernantes, sino deduciéndola de sus actos e investigando hacía dónde o hacia qué fin se encaminan éstos: son los conspiranoicos. La conspiranoia, pues, más que ser un problema psiquiátrico de algunos ciudadanos especialmente dotados, son el producto lógico de la conducta mentirosa de los gobiernos, la reacción obvia, ya que las consecuencias de los actos de quienes controlan el Estado y legislan no son menores, afectando a los ciudadanos de forma tan profunda y directa que en muchas ocasiones, sin duda, pueden afectar lo mismo al propio sistema de vida o la propia existencia o la de los suyos.
Los gobiernos proporcionan y promueven el consumo, a sus expensas, de las drogas sociales que mantienen a los ciudadanos en una especie de sueño lúcido o de muerte viviente, tal y como lo son la televisión, el cine, el ocio, la pornografía, la prostitución, las drogas, el fútbol, etc., de manera que sean manejables. A cada grupo psicológico de ciudadanos el gobierno les ofrece exactamente lo que necesita para que no piense sino en su placer o su vicio, y sea televisión basura o estupefacientes, se lo pone al alcance de la mano. Sin embargo, al que reniega de todo y prefiere mantenerse lúcido, lo respeta y lo vigila si éste se está quieto y guarda sus conclusiones o averiguaciones para sí, aunque si va un poco más allá, el gobernó tiene miles de recursos para anularlo si llegara a hacerse peligroso, pues que no sólo controla a la policía y a los tribunales, sino que también lo hace sobre la información y la desinformación, y es capaz lo mismo de convertir a un héroe en un villano (y viceversa) como de destruir su vida para siempre, sin tener por ello el menor remordimiento de conciencia porque los gobiernos son unos psicópatas.
Muchos ciudadanos, adormecidos en el sueño narcótico de su televisión, sus deberes de supervivencia o en el onanismo de su placer solitario, creen que esto es exagerado. Adempero, no lo es, y en ello me extenderé en los próximos capítulos de esta breve serie de artículos, aprovechando que ahora es verano, que quien más o quien menos tiene algo más de tiempo libre para leer, y que ésta puede ser una información francamente sorprendente, entretenida y refrescante, a la vez que muy educadora. Nada es casual, desde los conocimientos que adquiere su nene en el cole, a los programas que pasan por la tele. Como decíamos cuando vivía Franco, si hay lío social por la razón que sea, o se escapa el Lute, o torea el Litri o juegan el partido del año el Real Madrid-Barça.
Sólo dos preguntas antes de concluir este primer artículo: ¿creen que el gobierno les diría, por ejemplo, que con toda seguridad un meteorito va a golpear la Tierra, destruyéndola por completo, dentro de… pongamos veintiún años, o por el contrario lo ocultará, movilizará mil argucias para mantener ignorante a la población todo ese tiempo (el sol, por ejemplo, o comentas de reciente descubrimiento, verbigracia) y se dedicará en cuerpo y alma a crear una sociedad mínima de supervivencia (provocando las crisis que sean necesarias para obtener los recursos), construyendo los refugios idóneos en base a la información que dispongan u obtengan con el lanzamiento de sondas de seguimiento, con el único fin de salvarse a sí mismos y a unos pocos que les sirvan de obreros cuando pase el peligro, entretanto han condenado a muerte a miles de millones de personas?... Otrosí: ¿creen que un atentado con decenas o centenas de víctimas puede ser obra de un loco, teniendo en cuenta los sistemas de información que hoy tienen las fuerzas de seguridad y el control de los Estados sobre las sustancias peligrosas y las armas, o por el contrario cree que tiene un insoportable tufo a castigo el hecho de que ese loco actúe justo cuando su país ha firmado con una potencia adversaria un acuerdo por el que el país le cede la protección de sus recursos petrolíferos y le permite el asentamiento de bases militares para la protección de esos recursos?...
Son dos casos, nada más. En próximos artículos desmenuzaremos esto un poquitín más, pero valgan como anticipo de que en el orden que vivimos no existen casualidades, especialmente si la experiencia es dolorosa. Los gobiernos mienten siempre, siempre, no lo olvide. Detrás de todo 11S, 7J, 11M u ataque a Oslo (por poner lo más occidental) y de sus enormes daños y cientos o miles de muertes atroces, hay grandes mentiras, enormes fraudes de Estado, y nunca, nunca, los asesinos serán quienes sean juzgados y condenados. Al menos, no los cerebros de esos crímenes. En los próximos artículos veremos algunos casos de los más interesantes. Estoy seguro que de que va sorprenderse y hasta es posible que el ombligo se le arrugue un poquito, porque estamos viviendo tiempos interesantes, muy interesantes. Mientras le recomiendo que lea "Tetragrammaton", porque así irá comprendiendo... la que se le viene encima.
Y digo yo

Cuando un inepto llega a lo más alto, todos pueden lamentar en primera persona su ineptitud.
Y digo yo que ya que se adelantan las elecciones y que sale encogido por la gatera el peor, más incompetente y más lamentable presidente que hayamos podido tener jamás (ni Carlos II el Hechizado, oiga usted), ¿por qué no hacemos una ley que exija unas condiciones personales y profesionales mínimas para ser presidente, incluyéndose en ese perfil su formación académica, su estabilidad psicológica y emocional y su intachable trayectoria humana?... No sería mala cosa, o todo puede ser que un día salgamos de Málaga y nos metamos en Malagón, que si tuvimos a Carlos II, Fernandito el Deseado, Largo-Caballero o este caballerete, cualquier día de estos tenemos de presidente a uno que querrá dar las palmas y no sabrá cómo hacer para que se le encuentren las manos.
Pero, y digo yo, ¿por que ya que sale del Gobierno toda esa tropa de iletrados, legos y abomitables ministros, directores generales y toda esa mandanga puesta por designación áulica no hacemos una ley como la anterior y definimos unos mínimos para que alguien pueda ser ministro, como que se no se crea el ombligo cósmico del universo planetario, o que no atente contra lo divino y lo humano sólo porque se lo pide el clip?... Digo, porque todos éstos que han pasado se han creído que eran Franco –tal cual, oiga- y han hecho lo que les ha venido en gana no sólo a contraley y contraespaña, sino a contranatura, a contralógica y contrarrazón. Si no hacemos algo para evitar esto, todo pueda ser que mañana haya alguien de ministro de lo que sea que nos obligue a ir con un tampax en la nariz porque le mola, y digo yo que no es eso.
Pero, y digo yo, ya puestos ¿por qué no hacemos otro tanto con los requerimientos para cualquier cargo público, no importa en qué administración sea, si nacional, comunitaria o local, y así nos libramos de todos los choris, eh?... Digo, porque mira que hay choris, no hay más que ver como esa tropa de cacos han dejado las arcas de las comunidades y de los ayuntamientos, y ya veremos con las nacionales cuando les cantemos a éstos epulones del gobierno o lo que sea que hemos tenido, el “adieu, adiós, bye-bye, agur, chao, arrivederci, auf wiedersehen, a la m”. Ahora, que la cosa está calentita y que tenemos la lección grabada en nuestras carnes, es el momento, digo.
Pero, y digo yo: ¿y por qué tenemos que pagarles jubilación a toda esa panda por haber estado siete años o más quebrándonos, choreándonos y maltratándonos?... A esta panda de ahora, digo, y a los que la andan por ahí cobrando, también, porque si se puede legislar trampeando para que la tengan, se puede legislar en justicia para quitársela, y este es un deber político urgente. Digo, que en el sueldo ya iba la compensación al trabajo –aunque sería conveniente saber si tiene responsabilidades penales lo que han hecho, y, de no tenerlas, debería modificarse la ley para que las tengan-, y que, en todo caso, diciendo como dice la Constitución que todos somos iguales, pues esta panda debe currar hasta los sesenta y siete como todo hijo de vecino, ¿o qué se han creído?..., que ya nos dieron bastante por el bul de estanbul por tenerlos ahí choreando... y viviendo como epulones.
Pero, y digo yo: ¿y no habría que hacer otro tanto con la Justicia y poner a los jueces y fiscales en el desempleo o a mejor recaudo?... Mucho indulto y mucha benevolencia humanitaria con supercriminales confesos, sanguinarios terroristas y supertraficantes de drogas, y a los cuatro infelices que no han cometido otro delito que una venialidad, ¿a galeras de por vida?... Digo, que ellos son los que por justicia y por ley, además de por razón y por lógica, deben ir a galeras de por vida, ya que han hecho de la Justicia este circo asqueroso de las peores bestias y de enormes lametones y políticos besos negros.
Y digo yo que ¿ahora que por fin nos libramos de esta chusma podremos comenzar a poner el país en orden, deslegislando lo legislado y poniendo recto lo que estaba torcido?... Digo, porque este país parece ya un decorado surrealista daliniano, y es hora de comenzar a ajustar cuentas. Por ejemplo, haciendo auditorías en todas las administraciones de este país, por ejemplo pasando facturas por gastos indebidos, chorras o absurdos, otras por la mala gestión y una pasadita por los juzgados siempre que corresponda, sin que se libre ninguno de los que las han hecho, que vienen a ser, más o menos, casi todos y todas. Digo que hablemos del aborto, de la discriminación ésa que es discriminación, de Educación, de ejércitos pacifistas, de tabaco (yo no fumo) y, en fin, de todo lo que nos ha coartado la libertad en el régimen liberticida socialista. La hora de la verdad ha llegado, de modo que a ver cómo cantan los regeneradores.
El rebuzno de la cultura

Jamás hubo en la Historia mayor inversión pública y privada en la Cultura, y jamás antes la sociedad fue más inculta.
Las inversiones en Cultura, ya sea desde el gobierno nacional, desde los autonómicos o desde los de los ayuntamientos, nunca fueros tan numerosos ni tan dotados, y, sin embargo, a nivel social general lo que hay es un rebuzno olímpico, un estremecedor aullido de la ignorancia más supina. A lo mejor la culpa la tienen los políticos, esas criaturas que parecen dedicadas en cuerpo y alma al trinque para sí y para su partido, corruptos en buena parte hasta los últimos intersticios de su alma (según acusaciones de unos contra otros y según las noticias) y sin formación alguna más allá de ser unos excelentes culos agradecidos con sus amados líderes correspondientes, pues que en la práctica mayoría de los casos no fueron ni capaces de terminar el bachillerato. Gentes que lo mismo atiborran el senado que el parlamento o el mismísimo gobierno de la nación, de la autonomía o del ayuntamiento, y que si uno se fija en los blog o páginas webs de sus señorías, francamente, dan ganas de pegarse un tiro o de exiliarse uno, ya que qué pueden hacer por el bien de España quienes ni siquiera saben expresarse en su propia lengua. Personalmente, si no me voy a las Chimbambas, cosa que a algunos les debe molestar lo suyo, es por el simple y llano placer de ser martillo de estos infieles y cadalso de estos herejes, además de por el gustirrinín de estar todo el santo día jodiendo a sus señorías, para que al menos sufran algo, ya que en todo lo demás su vital vegetar es puro trinque y buena vida a causa de los ignorantes ciudadanos a los que ellos mismo estupidizaron para poder sorberles el seso, la sangre, los dineros y hasta para usarlos como objetos de placer, ya que si un día decidieran ayuntarse carnalmente con… cuarenta y ocho millones a la vez, pongo por caso, van, hacen un decreto ley en plan de eso que no tiene enmienda, y, ¡zas!, todo el mundo con las horcajaduras fané.
Paso un pelín del medio siglo, lo que significa que viví la parte aquella de la dictadura en la que no se gastaba un real en cultura (más allá de esa planetaria editorial que domaba rojos -hoy azulones- a cambio de la publicación de sus noveluchas), pero había más cultura en la sociedad en un solo día, que en toda la democracia subsiguiente en su conjunto. Hoy, curiosamente, tenemos no sólo inversiones astronómicas en cultura, sino también toda una incontable legión con innumerables cohortes de delegados, ministros, concejales, consejeros, directores regionales, directores locales, barandas en general y auténticas bandadas de subdelegados, subdirectores, etc., con más escalones que la estructura jerárquica angélica, además de Academias de esto y de lo otro infestadas de inútiles o incompetentes a quienes se les obsequia regalos vitalicios cuando muchos de ellos no saben hacer la O con el culo de un vaso, y, como decía, la cultura a nivel social es un colosal, magnífico, gigantesco, monumental rebuzno como jamás en la Historia toda de este país se escuchó o lo hubo.
Tal vez la cosa de esta rebuznización general se deba a que los ingentes recursos y los miles de millones aportados se consuman en cargos, carguetes y gastos estructurales, no llegando a los destinatarios (autores, sin los cuales no hay cultura posible) sino las migajas; o quizás se deba que con esos dineros sólo se sostiene a los tronquetes del partido, ya sea con esas subvenciones tan fétidas que apestan a ideología de barrio, ya con esos nombramientos de académicos que atufan a cohecho, en cuyas ambas decisiones nada tiene que ver la excelencia cultural y mucho la proximidad ideológica o el parentesco. Puede, puede ser.
En el terreno de la realidad, no la teórica sino la de verdad, la que se respira en la calle, es que se subvenciona con cientos o miles de millones a un cine que es un verdadero asco, incluso a películas que no llegan a estrenarse o a guionistas que no llegan a escribir sus libretos; las academias se han convertido en un remedo imitativo, un repugnante sucedáneo hollywoodense o de donde sea sin personalidad alguna, donde se derrochan ingentes dineros para que entre los coleguis se repartan los premios como se repartían las medallas en El Presidente, de Cantinflas; jamás hubo tantos premios literarios, ya para prosa o poesía, que los hay por decenas de miles al año, y jamás nuestras letras fueron tan vilipendiadas y tan anulado todo vestigio de calidad; y en cuanto a la tele, bueno ¿qué decir que no nos conduzca a las lágrimas?..., todo ella siendo un estercolero intelectual de tal magnitud que es más sano para el cerebro y para el alma un disparo certero que la ingesta de esos productos tan deplorables que mejor destino tendrían como instrumentos de tortura.
Paso un pelín, digo, del medio siglo, y jamás me llegué a barruntar siquiera semejante debacle. Debo admitir, por constatación evidente, que durante los periodos de mandato socialista el desastre ha sido tanto más épico, encogiéndose la cultura y cuanto la rodea hasta no ser sino un chiringuito abominable en manos de una casta (es un decir) de depravados que no le ha aportado en realidad a la sociedad mucho más que esa misma depravación y mal gusto que, si ha tenido alguna clase de éxito, es debido a la rebuznización de la ciudadanía llevada a sus últimos extremos desde los medios de ese partido, que no son pocos, además de los públicos que han controlado.
Soy escritor, y como tal, puedo decir que no hay prácticamente un autor -¡ni uno!- de los llamados famosos –y entre los que incluyo a los Premios Nacionales y aún a algunos de esos Nobeles colaterales tan difundidos en España- cuya literatura merezca un mejor calificativo que el de “paja encuadernada”. Todo es árido, sin gracia, sin estructura, sin fundamento ni ornamento, ni más pretensiones que vender mucho y ganar más, ideado solamente en base a qué quiere leer la peña, qué portada y qué título serán los más comerciales y quién será el protagonista de la peli cuando se lleve al cine. Y en cuanto a los premios literarios, en fin, ¿qué decir que no duela si ya meses antes de la decisión del jurado se sabe quién lo va a ganar?... En lo personal, les diré que algunos jurados llegaron a negarme los premios –y he estado en las finales de los más importantes del país- ¡por ser demasiado católico! Debe entenderse siempre, a su entender, que no es muy allá, ¡pobres!
Demasiada casualidad es todo esto como para que la cosa haya salido así, porque sí, pareciendo más bien que la cultura ha sido convertida por los políticos en un instrumento de manejo de las masas, convirtiéndolas a su través en estúpidas y dóciles, que es como son manejables. Piensen en el burro y su mansedumbre al palo y al trabajo por la paja. Nunca tantísimos dineros, en fin, sirvieron de tan poco, pero jamás hizo tantos ricos. Que se lo pregunten a la SGAE.
Lo que me gustaría saber y nadie me sabe explicar

Según el CIS, el PSOE se recupera en intención de voto desde que fue nombrado candado APR.
Hay muchas, pero muchísimas cosas que me gustaría saber y que nadie sabe explicarme; pero si tuviera que elegir una de todas ellas como la más absurdamente curiosa, ésta sería: ¿en qué piensan los que se nombran a sí mismo como de izquierdas, eh, eh, eh?... Digo, porque ni sé qué quiere decir eso de izquierdas, ya que a todos los que conozco como tales lo que verdaderamente les haría felices es tener pasta por un tubo, gastar como locos, ponerse hasta el tupé de lo que les plazca pero muy caro, vivir en mansiones, usar al mujerío (o al hombrerío) como objetos de gustirrinín, dar el queo por todo lugar con el coche más despampanante, dilapidar un potosí en moda, operaciones de estética y magreos ridículos de ésos de darse un amase con chocolate o hacer una dieta de pis, etcétera, y a los pobres, los oprimidos, los trabajadores y tal, que les frían un huevo… o los dos.
Me gustaría que alguien me lo explique, palabra. Si supiera en qué piensan o en qué creen, y tal, comprendería por qué tienen como los mejores militones y como ministros a gentes que en su miserable vida ha dado un palo al agua, poseen unas fortunas que ya las quisieran para sí la mayoría de los de derechas (y los que no, chorean que no veas allá donde pueden), y hasta se permiten el lujo de sentar cátedra ante su parroquia de talibanes de lo que es la necesidad, el frío, el calor o la incertidumbre, sin que ellos hayan conocido nada de eso ni por asomo. Y, luego, claro, otra cosa: ¿y lo mejor que tienen es Rubalcaba, que parece el Señor de las Mazmorras, con perdón?... ¡Amos, no joan!... Seguro que hay algo mejor o más presentable, porque ese señor tener, lo que se dice tener, la proporción divina, la tiene más bien poquito, pero es que, además, tiene un tufo a checa que echa para atrás y un pestazo a Faisán, a Gal, a emes dos palitos y a toda clase de trampas, triquiñuelas y prácticas poco legales en las que desde que se arrimó al poder siempre ha estado involucrado hasta la médula (es posible por vecindad se le haya pegado ese siniestro hedor que desprende a azufre y a tiniebla), que no veas.
Para mí esto es un misterio tan misterioso que no sé qué creer ni qué pensar: si es que no tienen a más candidatos que a éste, o si es que ya les da to´ lo mismo, porque se lo van a llevar vivo o muerto, y si tienen que improvisar, improvisan, aunque el mundo reviente como si fuera un tren o muchos trenes… sin frenos. Misterio sobre misterio que he pretendido desentrañar con la sabiduría de algunos militantes que conozco, pero ninguno de los cuales ha sabido explicarme ni qué persiguen (a no ser el beneficio de los banqueros y los ricos, que son los únicos que han ganado con los gobiernos socialistas… además de las empresas de los militones distinguidos y esposos de ministras y tal), ni de por qué le nombran candidato a un personaje tan impresentable para la mayoría de los ciudadanos (personalmente no milito en ningún partido, y prefiero ser deontócrata que demócrata, por si había alguna duda de mi filiación, para que no digan que soy del PP, partido al que jamás he votado).
Nadie ha sabido explicármelo, lamentablemente, como nadie me ha sabido explicar por qué multiplicar el desempleo es de izquierdas, o por qué es de izquierdas que si no pagas la hipoteca el banco te quite la casa y sigas pagándole al banco por un bien que ya no tienes, ni por qué la corrupción galopante es de izquierdas, ni por qué es de izquierdas defender a los corruptos más infames que jamás hubo en toda la judía Historia en España, ni por qué es de izquierdas que los choris se repartan los dineros del Estado como si fueran suyos, ni por qué es de izquierdas que los polis avisen a los terroristas de que la pasma está al queo, o por qué es de izquierdas que aparezcan en las administraciones salientes socialistas deudas por todas partes que estaban escondidas u ocultas y sea de izquierdas impedir que se aclare o se investigue, o por qué es de izquierdas que tengamos un Presidente al que las pequeñas se le cuelan y las grandes ni las ve, o por qué es de izquierdas que la Justicia sea el tinglado en plan meublé que es como queridas tumbadas en los lechos sin chales en los pechos y flojo el cinturón al servicio del gobierno, o por qué es de izquierdas que para que haya menos parados el gobierno los escamotee con trampas, o por qué es de izquierdas que los sindicatos no hayan movido un dedo con cinco millones de desempleados ya pero sí que lo hayan hecho para arañar auténticas millonadas a lo bestia sólo por no hacer ruido y perturbar a los coleguis del partido en el gobierno, y muchas cosas más.
Tal vez es que la Ciencia aún no ha evolucionado lo bastante como para satisfacer esta infinita capacidad de asombro y de saber. Sin embargo, no sé qué daría por saber en qué piensan los de izquierdas. Es más: ¿piensan?... Y si lo hicieran: ¿en qué coño?... Digo yo que sí que piensan, pero, nada, que no me saben explicar en qué y mucho menos sostenerlo con alguna coherencia… o con hechos, que valen lo mismo. Y si no me han sabido explicar esto, que parece sencillo, no cuento si me intereso por lo de Rubalcaba como candidato. Eso no es que sea un misterio, sino algo del más allá. Infernal. Vamos, que me imagino a Rubalcaba de Presidente y, a la vez, como una imagen asociada, me veo corriendo en cualquier dirección, la que sea, pero lejos de España, Hasta ahora siento profunda tristeza por ella, pero en ese supuesto, no sé…, como que algo se retuerce en mi estómago, y es sólo una idea. ¡Imagínense si fuera verdad! Tienen mi palabra, y este artículo es un contrato, que si tal cosa llegara a pasar, me exilio para siempre en cuantito pueda. No es que entonces hubiera algo que no comprendiera en mi país, sino que no comprendería a mi país y no me quedaría más solución que irme a otro que fuera capaz de comprender. Misterios, ¡ula,ula! A ver si en Cuarto Milenio nos lo explican, que también son de izquierdas.
Monstruos y monstruitos

“La derecha mediática despolitiza los asesinatos de Oslo”. Mario López, Diario Siglo XXI
“Ya sé que es un monstruo, pero es que es nuestro monstruo”, decía de Sadam Hussein, liberándolo así de las responsabilidades de sus muchos genocidios, el nefando Bush padre, hijo y espíritu podrido del sistema norteamericano de controlar el mundo por medio del horror, el pánico y algún que otro carnicero como éste... o muchos como éste. Cada poderoso, en este orden que corre por tan torcidas vías como las que transitamos sin frenos, tiene sus monstruitos y crea los monstruos de los demás, y, si aquél no tiene filias y fobias, se le inventan y listo.
El tipo ése que se ha cargado a casi un centenar de jóvenes en Noruega parece ser que para los de la derecha mediática, según Mario López, era un loco, y para otros, los de la izquierda dogmática de la 1-6-4-SER-Público (supongo), un fanático cristiano, un ultraderechista nazi o un antiislámico recalcitrante. No nos hemos adentrado mucho más en la personalidad de este monstruo todavía, pero así, a vuelapluma, también se le podría acusar de ser un aberrante heterosexual, un psicópata consumidor, un peligrosísimo masón o de haber hecho empresariales con buenas notas, cualquiera de cuyas cosas no pueden sino volverle tarumba al más pintado, forzándole a meditar cómo perpetrar matanzas entre los jóvenes socialdemócratas y, en una ventolera de radicalismo criminal, darles matarile a destajo. Aunque al menos se ha de reconocer que en eso era bueno este monstruo, pues ya hay que ser eficaz matando para que un tipo solo pueda asesinar a tal cantidad de víctimas en desbandada, ya que, digo yo, al sonar el primer disparo, quien más y quien menos de los jóvenes que eran el objetivo, apretarían a correr en direcciones distintas. ¡Y mira que se corre a esas edades!
Lo que queda claro para unos, en fin, es que Breivik es un loco a secas, entretanto para los otros, los de las izquierdas, lo que es en verdad es de derechas, y se quedan tan ricamente con su estupidez, como siempre. Así deberían ser todos los juicios, claro está, y, lo que es más grave, así suelen ser. Cuestión de cuotas, que es por lo que juzgan los jueces, si es que no por lo que les dice el gobierno y eso, que ellos son unos mandados y si tienen que condenar, condenan (incluso a inocentes), y si que liberar, liberan, ¡faltaría más! Algo así como lo que le ha sucedido a ese ciudadano marroquí que fue encarcelado por violación y que ha muerto en la prisión de Teruel tras cinco meses de huelga de hambre por reclamar su inocencia, dejando cubiertos de gloria a esos jueces y fiscales que desestimaron las pruebas de ADN que acreditaban que el semen encontrado en la chaqueta que usaba la nena el día de autos no era del reo, quienes prefieren creer que la chaqueta no era suya y que hizo hasta la muerte la huelga de hambre en la que reclamaba su inocencia sólo por joder, aunque fuera a sí mismo.
Así es como funciona el mundo, en fin: cada cual ordeñando la realidad de modo que dé la leche que le interesa. Rubalcaba, como es correspondiente a su siniestra naturaleza, ha visto en los actos del criminal de Noruega una ocasión que pintiparada para hacer guiños tales a sus huestes de incondicionales que el monstruo de Breivik sea algo así el PP camuflado que daba matarile a los inocentones sociatas. "¡La culpa es de la derecha!"..., o así. Algo muy coherente y conforme a la personalidad desquiciada de este lúgubre hombre que, además de tener ahora -¡oh, milagro portentosísimo!- los remedios a los problemas de España que jamás aplicó durante su estadía y disfrute (manipulando) en los muchos gobiernos en los que ha estado ocupando los más altos cargos, tiene también sus monstruitos, y, aunque no liberó por motivos humanos a este ciudadano marroquí que he mencionado antes, sí que tuvo redaños humanitarios para liberar, ¡pobre!, al monstruito de De Juana-Chaos, o a ese otro monstruito al que se le había puesto malita la mamá, o a todos esos monstruitos que son todos los chicos de ETA que cada día salen de las cárceles libérrimos como los santos pájaros (total, sólo han asesinado a unos mil españoles, que puesto en plan noruego, representa unos dos o tres individuos nada más), esa organización de sus monstruitos a la que algunos de sus mandos avisan para que no les pille su pasma, o ésos otros monstruitos que, legalizados por sus jueces, ya están en sus ayuntamientos y sus diputaciones amedrentando sus víctimas, que son los que, san Lenin mediante, harán en breve un comunicado de paz magnífica de muchachos estupendos para elevar al trono del poder al señor de las mazmorras. Et in Arcadia ego...
Se podría decir, siendo imparcial, que el tal criminal noruego lo era porque ser un masón de tomo y lomo, pero quizás sea mucho decir. O que lo era, ya digo, por estudiar empresariales, que aprietan mucho en esa carrera, aunque tal vez sea demasiado decir también. O porque era rubio, que ya se sabe que a los rubios les faltan sustancias. O por ser un poco albino. O por ser alto. O por ser noruego. O por ver televisión-basura como basura rosa, Madrileños por el mundo, Supervivientes y tal, que son cosas que verdaderamente trastornan (¡y cómo!). O, aun, por ver programas de desinformación como Cuarto Milenio y tal, donde se pone el énfasis en visiones miserablemente retorcidas de la realidad que al más cuerdo le harían perseguir molinos por doquier y hasta quién sabe si le empujarían a considerar la opción de hacerse templario y tal. Se podrían decir muchas cosas, desde luego, pero pocas de ellas serían coherentes si no se tuvieran datos suficientes, a no ser, claro está, que quienes tratan de reducir a la mínima una criminalidad semejante, tienen poco cerebro y menos capacidad de discurrimiento, y que estarían mucho, pero mucho más guapos, calladitos. Ya se sabe que si la palabra es plata...
Ni el criminal en cuestión está loco, ni tiene nada que ver que sea antiislámico o cosa por el estilo, porque a quienes asesinó fue a compatriotas noruegos, no a árabes ni a inmigrantes, y seguro que si les pudo matar a éstos, pudo matar a los otros. El problema, según lo veo, está más y mejor centrado en que es la propia sociedad la que está creando esta clase de seres que han deshumanizado a sus semejantes hasta no ver siquiera mal el hecho de darles muerte como si estuvieran en un videojuego. ¿Acaso no se ha ninguneado el horror de la guerra, las atrocidades bélicas, la muerte violenta, la tortura y todo eso?... Las noticias nos lo sirven en bandeja cada día; la televisión, esos repugnantes programas donde arraciman el horror y el crimen para gozo de perturbados, nos lo ponen ante los ojos cada día; y, a quien no le es bastante con esto, tiene a su alcance series (¡joder, qué peste!), filmes y telefilmes, cine, cómics, videojuegos y todo un tropel de posibilidades donde convertir al más firme cerebro en una pasta informe y al mejor y más humano semejante en una cosa, en algo con lo que hacer puntería o en un aquél con lo que entretenerse con su sufrimiento y gozar como un monstruito. Es la televisión, el cine y esa mierda actual llamada cultura (la literatura murió para dejar paso a esa infame porquería que es la novela-negra y la novela-caca, etc.) la que fabrica locos a destajo, porque es ahí donde se enseña a matar por entretenimiento o porque sí, es ahí donde se enseña que el criminal es un héroe y es ahí donde se enseña que las peores excrecencias sociales son tipos cachondos y bien parecidos que molan un montón. La televisión, el cine y la industria del ocio, hoy, todo eso que han aglutinado bajo el falso epíteto de cultura, es una fábrica de monstruos a nivel global. Hay imbéciles que creen que todo esto es gratis y que no tiene ninguna consecuencia..., hasta que les toque a ellos o a sus hijos, que les tocará. Ya se sabe que el que a hierro mata...
Son, en fin, las derechas y las izquierdas, que son las que gobiernan, las que crearon a Breivik, las que le formaron, las que le pusieron el mandilón del delirio, las que le adiestraron como matón, las que le deshumanizaron y las que, junto a él, mataron a esos chicos en aquella isla noruega. Lo demás, es tirar balones fuera. Pero hacen mal, porque la factoría de creación de psicópatas sociópatas está funcionando a todo tren: la televisión, el cine, la mierda ésa de literatura actual, los videojuegos, etc., están cosechando ya sus criaturas, y de vez en cuando es natural que salgan a expandir en la realidad sus delirios virtuales. En EEUU, que llevan más tiempo en la cosa, tienen enormes cosechas de criminales que de tanto en tanto les montan una carnicería en cualquier lugar por los motivos más absurdos, y aquí, día a día, vamos progresando en lo mismo y cualquiera de estas tardes nos agarra la fiesta en su justo meollo. Por cierto, recuerdo a un imbécil que hoy tiene ya sus años pero que todavía anda por ahí en el mundillo de la política, que decía por allá cuando la transición que “prefiero morir en el metro de New York que vivir en Moscú.” Noragüena nomás, güey, estás por conseguirlo, aunque ya muchos lo lograron.
Entre las derechas y las izquierdas (aunque muy especialmente las izquierdas), que son los que han arrancado de cuajo a la población los valores morales, mataron a todos esos chicos de Noruega. Breivik sólo fue el instrumento para hacerlo, y ambas tienen muchos más preparados: cada día los crean en la factoría… cultural.
No, no, no

“They tried to make me go to rehab but I said 'no, no, no.'” Rehab, by Amy Winehouse.
El pasado sábado la muñeca rota Amy Winehouse descendió del pedestal de barro de los ídolos y se fue andando al infierno de la muerte o del infierno en que se había convertido su vida. Como tantos jóvenes que alcanzan la destructora fama y el dinero fácil sin la madurez necesaria, había muerto de éxito por su propia mano, truncando una prometedora carrera. ¿Qué tiene hoy la vida de perversa o de prometedora la muerte para que tanta gente renuncie a existir?... Amy, fue superada por su éxito, por esa gloria narcótica que rendía a sus pies un orbe en compraventa de falsas ilusiones, ofreciéndola todo cuando podía querer y probablemente nada de lo que en verdad deseaba. Brilló como una estrella luminosa en un cielo infinito, titiló embriagada por el clamor de los aplausos y se precipitó al fondo del abismo como lo que en realidad fue, una estrella fugaz que viajó desde los altos cielos de la gloria efímera a la sombra eterna de su tragedia, expirando con una lumbrosa estela de luz que arañará la noche de muchos fans y que será olvido cuando el morbo de éstos se oriente hacia otra estrella o cuando los mercachifles que la rodearon encuentren otra rutilante promesa de la que vivir. Los bellos cadáveres sólo son cuerpos muertos. Sin embargo, en memoria de la luz fugaz de Amy Winehouse, muchos miles de personas acudieron a su antiguo hogar para depositar una flor y encender la luz de una vela que iluminara su oscuridad, en un improvisado cenotafio popular.
También el sábado supimos que la muerte se enmascaraba de normalidad en Anders Behring Breivik, un joven noruego que enloqueció de razón e, invistiéndose de dios justiciero, repartió dolor hasta anegar de lágrimas su país, nuestro país y acaso de acíbar nuestra esperanza en la condición humana. Ideas masonas o templarias –“temas del misterio”, que le dicen a estas cosas los trastornados apasionados a ver torcida la realidad que no habitan-, ideas iluminadas, asumir como propios problemas que no lo eran o quizás creer que el porvenir de su país o de Occidente recaía sobre sus hombros, le llevó a Anders a abandonar a su suerte al hombre común que era y a asumir el desvarío de arrancarles la vida con extrema crueldad a casi una centena de jóvenes que quizás también creían en lo mismo que él, aunque de otra manera más pacífica, más política, menos violenta. Antes de esa matanza, solo o en compañía, había perpetrado un violento atentado con explosivos en Oslo que había costado casi una decena de vidas más, de ésas que para los locos no valen nada en estos tiempos en que las vidas de cualesquiera no valen nada. Las vidas, parece, son nada más que una oportunidad de comercio o de satisfacción de paranoias diversas para cualquier clase de locos, que nos mantenemos vivos sólo por si acaso alguien quiere matarnos como les venga en gana. Anders, era un joven como tantos con un espléndido futuro, quien decidió bajarse de su pedestal de ídolo de barro de normalidad y se fue andando al infierno o del infierno en que se había convertido su vida, enviando como mensajeros de su llegada a casi un centenar de inocentes. Sin embargo, en memoria de ese centenar de inocentes asesinados, muchos miles de personas, con la compañía testimonial de las lágrimas del gobierno y de la familia real noruega, y junto con los compungidos rostros de tristes rictus de políticos de toda tendencia de todo el mundo Occidental (también de España), quienes se reunieron ante los fotógrafos en los accesos de los ayuntamientos, de los parlamentos o de los palacios de gobierno para dar testimonio de su quebranto, acudieron al centro de Oslo para depositar una flor y encender la luz de una vela que iluminara tanta oscuridad, en un improvisado cenotafio popular.
Y el mismo sábado también pasó de puntillas por nuestros diarios e informativos la noticia de que cuatro millones de personas estaban siendo torturadas hasta la muerte por el hambre. No era una noticia nueva, ni siquiera novedosa. Venía ya desde Sudán, desde Dafur, desde donde hacía ya algunos años ha exterminado a casi un millón de almas; pero ahora nos enteramos que ha extendido su dominio hasta Somalia, alcanzando a cuatro millones de almas más. Almas que a nadie le importan, que ni tienen fuerzas ni imaginación para optar por el suicidio ni tampoco recursos o deseos de vestirse de madelman para asesinar inocentes con el fin de llamar la atención o de remediar los males inventados de su universo personal, sino sólo para descender obligados del pedestal de barro de la existencia y marchar andando al infierno de la muerte o del infierno de la vida. Entretanto, festivas caminatas de Indignados y de 15-Ms en Occidente reclamaban no se sabe qué más allá de frases vacías, las bolsas subían y bajaban especulando con los alimentos entre los vítores de los que ganaban y la muerte lenta de los que perdían, y los gobiernos de Occidente, extenuados por las lágrimas derramadas por la tragedia sin par de Noruega, hacían sus maletas y se iban de vacaciones, dejando desiertos y sin fotógrafos los accesos a los ayuntamientos, a los parlamentos y a los palacios de gobierno. Trece niños por minuto mueren de hambre para descansar del atroz y prolongado sufrimiento de su breve vida, que son historias insignificantes que ni han compuesto hermosas canciones ni han asesinado a decenas de pacíficos ciudadanos, que no merecen una reseña en los diarios ni una ingeniosa frase de los Indignados que no saben de qué se indignan y que no merecen ni fotografías de políticos ni minutos de silencio en los accesos de los ayuntamientos, parlamentos o palacios de gobierno, ni las lágrimas de las familias reales, ni aun una flor y que alguien encienda la luz de una vela que ilumine su patética oscuridad, en un improvisado cenotafio popular.
Ni parecidos

Francisco Camps dimite, a pesar de mantener su inocencia en el caso de los trajes
Los ciudadanos sabían a quién votaban y de qué estaba acusado Camps, aventado a los cuatro vientos día y noche por el PSOE para ocultar y amparar a sus choris, y, a pesar de ello, fue el Presidente más votado de todas las autonomías españolas en todas las elecciones autonómicas realizadas desde el arribo de la democracia hasta la fecha. Por un lado, quienes le votaron debieron pensar que el PSOE mentía, como suele ser habitual en él, o que unos trajes que representaban un regalo impropio de unos pocos miles de euros no era algo tan grave en esta España podrida hasta el tuétano por la corrupción, especialmente en los dos mandatos socialistas, el de Felipe González y el de José Luís R. Zapatero, porque seguro que si le hubieran podido acusar de otra cosa, seguro que lo hubieran hecho, de modo que todo se reducía al regalo de unos trajes que no ascendían a más de unos 3000 euros. No estaba bien, desde luego, pero tampoco era para tanto. Adempero, a pesar de ello, en un arranque que le honra al propio señor Camps y al PP, va y dimite cuando hubiera sido imposible echarle del cargo si él no hubiera querido salir por su propio pie. Vean el caso de Chaves, Bono, etc., y que si no quieren dimitir, ni con agua caliente y orden judicial, oiga usted.
En el PSOE, los escándalos no son por unos pocos trajes, precisamente. Si transformáramos en trajes todos los líos que se traen entre manos y que sus jueces y fiscales no quieren investigar y mucho menos juzgar, arruinaban a Inditex, ¡palabra! Las puristas izquierdas, los que cuentan su honestidad por siglos (¡qué más quisieran!), resulta que están fagocitados por charlatanes, tramposos, corruptos, manguis, choris y toda una recua que ha convertido España en un muladar de trapicheos a la sombra del poder. Uno, claro, se pregunta que si el regalo de tres trajes vale la dimisión del presidente de una de las Comunidades Autónomas más importantes de España, ¿cuánto vale el lío de los EREs de Andalucía, verbigracia?..., ¿y lo del Fondo de Reptiles (nunca mejor denominado) de la Junta de Andalucía, qué?..., ¿y lo de la subvenciones a los amiguetes en aquellas mismas tierras, cuánto?..., ¿Y lo de las comisiones y apañejos de los nenes de Chaves?..., ¿y lo de los regalos de los amiguetes de Bono a él mismo?..., ¿y lo de los regalejos de los amiguetes de Bono a sus ninios?..., ¿y lo de que le regalen a Bono apartamentejos, decoraciones y menudencias por el estilo, que, yendo por el imposible camino de lo limpio, se trata de decenas o centenas de miles de euros?..., ¿y qué me dice, por último, de esos miles de millones en deudas y gastos de majaras que están apareciendo en Castilla-La Mancha y en todos los ayuntamientos y diputaciones donde ha gobernado el PSOE, ése mismo que sacaba los documentos comprometedores a camionadas para destruirlos y que en algunos sitios, además de colar a miles de tronquetes como funcionarios, se han llevado hasta los grifos, literalmente?... De todo esto, que suman algunas decenas de miles de millones de euros (que son algún que otro billón de pesetas) desaparecidos, derrochados o desviados a inciertos o a muy ciertos bolsillos, ¿no hay nada, no merece una dimisión, una acusación por choris, una sentadita en un banquillo y hasta una cantidad tal de condenas por choris de mano larga que acabe de una tacada con el desempleo en España?... Ahora, el PSOE, que es muy honrado, seguro, tiene la pelota en su tejado y va a ser consecuente con las acciones del PP y del señor Camps, aplicando la misma limpia y honorable regla de tres: si Camps dimitió por un regalo de 3000 euros, los del PSOE, en justa proporcionalidad, harán cuentas con sus choris y lo van a aplicar a cada uno de los cargos que fueron o son de su partido, ya sea en un pueblo de extrarradios, en la Comunidad que sea o en el mismo Gobierno, ése de los mapas vaginales, zapatillas deportivas, cursillos que no se dan, subvenciones tramposas a sindicatos, subvenciones tramposas a los otros, bombillas de bajo consumo, placebos contra pandemias, planes E y todo ese triquitraque que musicalmente nos ha traído en bamboleo desde la opulencia que le legó el PP hasta la fosa de la miseria en que nos van a abandonar mientras ellos se retiran a la buena vida y a los ahorrillos que se han hecho durante estos años sombríos. De la miseria de algunos, se entiende, porque aquí otros, los choris, a dos manos han rebañado la caja, y, seguramente porque los dineros públicos no eran de nadie, pues santa Rita, Rita, que como se los han encontrado y no tenían dueño, pues se los han quedado.
Bueno, izquierdistas todos, socialistas en particular, veamos cual es la respuesta de la honestidad del PSOE y cómo limpia sus filas y sus filias. Va a ser todo un espectáculo: vean y fíjense bien para ir a votar después. Algunos, engañados por la musicalidad progre, van a darse cuenta de que el PP y el PSOE no son ni parecidos, y este despertar puede ser traumático. Puede que el PP no sea lo mejor, sin duda, pero desde luego al PSOE se le va caer, además de la careta, los palos del sombrajo. Vivir para ver.
La angurria y los laureles

Dos intendentes de prominentes ciudades chinas son ejecutados, acusados de corrupción inmobiliaria.
Cosas de chinos, que no siempre son cuentos, esto de ejecutar a dos intendentes por comportarse como simples choris, haciéndose con una fortunita de unos once millones de euros al favorecer truculentos proyectos inmobiliarios. Si en España se hiciera lo mismo y se ejecutara a los intendentes, ediles, ministros o altos cargos que han hecho de sus puestos un filón de ingresos espurios y de sus vidas una hagiografía de san Cantimpalo, no sólo acabaríamos con el desempleo, sino que, además de enfrentarnos a la rápida desertización de España que ya nos amenaza, tendríamos que hacerlo también a la despoblación, porque nos íbamos a quedar en cuadro..., y seríamos muchos. Aquí, los choris, no son una excepción, sino más bien la regla, razón por la cual, unos y otros, juzgadores y juzgados, políticos y troncales, corruptores y corrompidos, tienen una especie de pacto de sangre en un a modo de “inocentes quedan pocos... y entre nosotros, menos.” Y no quedan entre ellos, ¡palabra!, no tengan la menor duda.
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