IMPRIMIR

VOLVER 
|
|
|
tribuna libre
.............................................por Ángel Ruíz Cediel, escritor
Cuando la Tierra se agita

Con el calificativo de “atípico” hay quienes tratan de sobreseer de un carpetazo la enorme cantidad de catástrofes climáticas y geológicas que nos asolan de una punta a otra del planeta. Tenemos una actividad solar atípica, de eso no hay duda, como tenemos un invierno (o verano, según la latitud del globo) atípico y hasta una actividad sísmica muy, pero que muy atípica. Sin embargo, a pesar de lo atípico de todos estos factores tan capitales, y tanto más cuando están teniendo tal costo en vidas humanas, lo que sorprende es que nadie, en ninguna parte, parece querer dar una explicación, y esto es lo más atípico de todo.
Si por algo se caracteriza nuestra sociedad, precisamente, es por armar las mayores polémicas sobre los asuntos más insignificantes, tanto más por los de gran calado. El clima, sin embargo, se conduce como un orate, la tierra tirita con una frecuencia e intensidad como desde hace mucho no lo hacía –tal vez no tenemos ni siquiera registros de ello-, y el sol ha pasado de una sorprendente inactividad o relajo a una sucesión de fenómenos que, cuando menos, no auguran nada bueno de cara al pico que se prevé para los próximos dos años. Los tres asuntos, como muy bien saben los geólogos, climatólogos y astrónomos, están estrechamente relacionados; pero nadie dice esta boca es mía, cosa que por de más sorprende en esta nuestra sociedad amarillista y pregonera. Nos enteramos al instante de lo que sucede en la otra punta del mundo, pero no sabemos ni una palabra sobre lo que se está verificando sobre nuestras cabezas.
No es sólo que se estén registrando las temperaturas más bajas (o más altas, según el hemisferio) de los últimos –muchos- años, sino que raro es el día que no nos despertamos con una catástrofe nueva, ya sea un maremoto, un terremoto cataclísmico, la mortandad producida por inundaciones o hielos sorpresivos o por la noticia soslayada de que el sol se está despertando de su letargo con ganas de dar guerra en firme. Habida cuenta de lo inusitado o atípico de todo ello, lo que nos parece más sorprendente de todo es el silencio oficial, a no ser, claro, que tampoco oficialmente se sepa mucho sobre el asunto, y, como me han comentado algunos expertos, pueda ser que estén involucradas otras fuerzas adicionales, tales como que el calentamiento global está acelerando su proceso y estamos entrando en una zona no mapeada del clima y de la conducta del planeta.
Si al día de la fecha consideramos el monto conjunto en daños producidos por país que está teniendo este atípico desvarío del clima, del sol y de la conducta geológica del planeta, debemos apuntar a que es una crisis añadida a la crisis que nos embarga desde hace ya casi dos años, y que su costo es de unas dimensiones gigantescas que no sé si podremos pagar; pero si a ello le añadimos el costo en vidas que ha supuesto hasta la fecha, podemos concluir que nos estamos enfrentando a una guerra mundial en toda regla, sin que siquiera hayan sonado las alarmas. Cientos de miles de vidas perdidas, Estados devastados, provincias arrasadas y un horizonte que no parece querer calmarse, no es una situación que justifique desde ningún punto de vista el silencio oficial, especialmente cuando gustan tanto en no callarse ni bajo el agua.
Si uno no quiere pensar mal, sin más remedio ha de considerar que las autoridades no tienen la menor idea de lo que está sucediendo, y esto es malo porque no sabemos, en consecuencia, a qué nos enfrentamos ni en qué condiciones; si, por el contrario, uno quiere pensar mal, es que por ahí se está cociendo una situación que va a dejar a la sociedad temblando, y no sólo a causa de los temblores terráqueos. Desde luego, y al día de la fecha, en los últimos meses no ha quedado una esquina de la Tierra que pueda considerarse a salvo, desde China a Chile y desde Haití a Sumatra. Demasiadas vidas malogradas, demasiadas cosechas perdidas, demasiados fenómenos atípicos nos asolan desde todos los informativos como para que las autoridades guarden silencio. Y tal vez deban hacerlo porque son muy mentirosos, pero en este caso para que hablen los expertos, alguien que con la base científica suficiente nos informe acerca de qué está pasando en realidad, a qué nos enfrentamos y si esto es sólo un fenómeno pasajero o si la conjunción de todas las causas antes expresadas tiene algo que ver.
Grave sería que el sol y la Tierra se hubieran aliado para atormentarnos, pero no dejaría de ser una causa cíclica natural ante la que no podemos hacer otra cosa que prepararnos, cosa que no hacemos; pero si fuera debido a la influencia de la actividad humana y a ese cambio climático que por nuestra causa se está produciendo, habría que saber qué piensan hacer los poderes para frenar el proceso o, en su defecto, para paliar sus consecuencias. Nada hay, por ninguna parte, que nos haga sospechar siquiera que, ni con cumbres ni con megarreuniones de expertos, se haya variado un milímetro la deriva industrial que, potencialmente, nos habría puesto en esta tesitura.
En cualquier caso, la ignorancia no es ninguna solución en estos momentos, y la falta de información es lo más parecido a ello. Es la hora, tal vez, de que los expertos empiecen a hablar y de que callen los políticos.
Novios de la muerte

Lo de que los legionarios digan cosa como la del título en su himno, es sin duda cosa de meter el canguelo en el cuerpo del posible adversario, algo que, viniendo como viene de milicias de choque, es bastante comprensible; pero que sea el Gobierno de la nación gorda –o sea, de España- la que se declare novio y amante de la muerte, como que mete el canguelo en el cuerpo hasta a los mismos legionarios. Estos legisladores, y no los otros aguerridos soldados, son los verdaderamente temibles, los más certeros matarifes, los que con vocecilla atiplada y a golpe de decreto son capaces de instalar el Infierno en medio del Paraíso.
Lo que les va a los sociatas, a tenor de sus leyes, es la muerte en crudo… de los inocentes. Un jamón que, cuando se encenta, no se sabe qué loncha será la que se indigeste, ni en qué tiempo llegaremos a filetear el hueso. Cosa arquetípica de España en su esencia más profunda y tenebrosa, pero particularmente activada o reactivada por este PSOE para el que no existe ni coto ni veda, sino que todo el monte es orégano y toda vida –menos las indecentemente criminales- susceptibles de ser segadas gratuitamente y sin juicio. Un arco del triunfo para la Constitución.
A los españoles siempre nos ha ido mucho la muerte. Nos mola. Nuestra Historia es una interminable sucesión de matanzas y degollinas tal, que aún al día de la fecha se va uno al monte a darse un garbeo y es como si lo hiciera por un camposanto, porque no hay camino o sendero donde no haya sepultados unos cuantos “paseados” por mero entretenimiento. Porque en España se puede desenterrar a godos y fenicios, a tartesios e ilicitanos, pero no a los asesinados durante nuestra última Guerra Incivil. Son omnipresentes muertecitos sagrados, como los toros, y hasta por sagrados se les toreó a algunos de ellos en aquella infausta plaza de ídem de provincias. Como a los toros se les dio matarile humanitariamente, porque sin duda, como defienden los partidarios de esa Fiesta de sangre y muerte que dicen Nacional, los toros no sufren, cosa que saben la mar de bien casi todos los cornudos. Científicamente comprobado, oiga usted.
¡Ah, la muerte! ¡Qué sería de España sin una muerte absurda, gratuitamente legal y rencorosamente salvaje que llevarse a su Historia y a sus ancestrales costumbres! En su honor, precisamente, cada año por estas fechas se echan al monte y a los ríos millones de escopetas y de cañas, dispuestos a cargarse de la forma más sádica cualquier bestezuela que respire. Y, mientras, en el meollo de esas misas negras, los poderosos de las judicaturas y el legislativo, los de las constructoras y los negocios en gordo de aprovisionamientos del Estado, urden sus acuerdos, untan guardas, conspiran contra todos los ingenuos Juan Pueblo y se llenan los bolsillos con nuestros haberes, porque la muerte es siempre muy rentable y los negocios firmados con sangre suelen dar espléndidos beneficios.
Muerte que se niega a los asesinos confesos y culposos, y aun a los que con la mayor crueldad sofocaron la vida espléndida de los inocentes, porque sería una indecencia para los llamados demócratas extinguir el siniestro pábilo de esos demonios que a toda la especie nos humilla y denigra. Por ahí hay algunos que andan libérrimos como los santos pájaros después de haber dado sañuda muerte a algunos ángeles, y aquí no pasa nada ni nadie se escandaliza. Es más, se aplaude. ¡Viva la muerte ésa, novia de estos desalmados!
En España el escándalo es para los sentidos…, en tiempo de paz, se entiende. Cuando en tiempo de paz los sentidos no participan, la muerte en España se regala legalmente, no importa si con toros, bestezuelas de las que nos nutrimos y aun de humanos nonatos. Cuestión de costumbres y de mantener bien vivas las tradiciones de nuestro ancestral espíritu silvícola. Ahí tenemos que cada año aportamos a Europa lo grueso de la muerte más atroz y más inocente –el aborto-, sin que nadie se escandalice, o, si lo hace, pueda ser impunemente tildado de reaccionario, fascista, etcétera, cuando precisamente nos enseña la Historia que quienes practicaron estos ritos de forma masivamente inhumana fueron precisamente ellos: los nazis. Tal vez sea que es la hora de la revisión de la Historia y haya que rehabilitar a los de las cruces siniestras. Muertes humanas, en fin, pero como la de los toros, en las que sólo falta poder cortar orejas y rabos y dar la vuelta al antiparitorio, porque a la vida nonata se la descuartiza con inusitada saña en una faena tan macabra como la de la Fiesta Nacional. ¡Viva la muerte! ¡Somos los novios de la muerte! Con el PSOE, como en los años de Millán Astray, acabaremos todos por dar vivas a la muerte incluso en las universidades, al tiempo. A los partidarios de la vida, sin embargo, cada día que pasa nos va quedando menos espacio en nuestro propio país, a no ser como potenciales víctimas de esos enamorados de la Parca. Seguro que algunos ya nos tienen en su lista.
Veo y conozco

Siendo importante, no tiene la mayor relevancia para la estremecedora puridad de su mensaje si Juan de Jerusalén existió realmente o no, si lo hizo o no en el siglo XI, si fue cofundador o no de los Templarios o si era de origen francés o no, como no tiene la menor importancia que la obra que se le atribuye al “prudente entre los prudentes” fuera una falsificación del siglo XIV, fecha en que se descubrió su “Protocolo Secreto de las Profecías”, el cual se encontró en Zagorsk, cerca de Moscú. Ni siquiera, siendo importante también, tiene valor el hecho de que la obra pudiera haber sido falsificada por los nazis cuando dijeron haberla reencontrado, después de muchos años de habérsela perdido la pista, en una sinagoga de Varsovia, o aún por la mismísima KGB, en cuyas manos cayó después de la derrota de Alemania. Aunque esa obra hubiera sido reconstruida o adulterada una vez y otra, el “Veo y conozco” de Juan de Jerusalén es tan incontestablemente profética y tan profundamente exquisita, que sólo con leerla por encima, a pesar de su brevedad, conmociona. Aun considerando que el resultado que conocemos hubiera sido fruto de manipuladores, a esos tramposos habría que reconocérseles dones proféticos.
"Veo y conozco", dice el autor en la introducción, y se extiende con un lenguaje exquisitamente literario por una descripción de los años que siguen al “año mil que sigue al año mil”. Una descripción tan exacta como imposible de nuestros días, ya fuera escrita la obra en el siglo XI, el XIV o el XX. Demasiados detalles y demasiada exactitud en esos pronósticos para poderlos considerar ni remotamente literatura de anticipación. Hechos que hoy nos son absolutamente cotidianos, que forman parte de nuestra realidad más ordinaria, son descritos con una precisión de francotirador en sus más mínimos pormenores. Algo que hace temblar las convicciones del más fanático partidario del agnosticismo o de la casualidad evolutiva en que nos hemos enmascarado como sociedad para justificar nuestra existencia.
Es una obra corta pero tan intensa, que bien se la puede definir como una precisa microfotografía de nuestro tiempo, y aún de los años venideros, en poco más de un par de folios. Es un venimecum imposible, a no ser que los deterministas estemos en lo cierto y que la existencia no haga otra cosa que seguir rigurosamente el Plan Divino, lo que facultaría tanto la inspiración divina como que un estado alterado de conciencia le permitiera al autor transgredir las rígidas leyes del tiempo y asomarse, de alguna manera, a un porvenir definido por la propia deriva humana. Algo muy difícil de aceptar en estos tiempos dominados por el “Orden Negro” que Juan de Jerusalén menciona reiteradamente; un Orden Negro que se afana con inusitado desvelo en desvirtuar todo lo sagrado y encumbrar todo lo que es vicio, degeneración y corrupción. Uno, a la vista de esto, mira a su entorno, analiza lo que ve, lo que se legisla, lo que los poderes ensalzan, y no tiene otra que decir amén. Tal cual: veo y conozco.
A diferencia de otros profetas, Juan de Jerusalén no usa un lenguaje críptico u oscuro, sino que está exento de todo tipo de figuras dadas a la controversia o a la interpretación interesada, expresándose de una forma clara, directa y certera, llamando a las cosas por su nombre y ubicándolas en un emplazamiento tanto geográfico como temporal absolutamente identificable. No es sólo cuestión de que mencione América o el Imperio norteamericano –no descubiertos siquiera en sus tiempos, pero algo posible si la obra fuera una falsificación nazi o soviética-, sino que describe nuestros usos y costumbres de hoy, del siglo XXI, de manera que ni los unos ni los otros habrían podido acercarse siquiera, por más que fuera imaginativos. Las drogas, las pestes sexuales, la selección artificial de los nonatos, la contaminación, las nuevas tecnologías, el calentamiento global, los agujeros en la capa de ozono, la esquilmación medioambiental, la pederastia que promueven los poderes, la perversión y la explotación de la infancia, la masificación del aborto, la corrupción institucionalizada, el ninguneo de la virtud o el talento, el gobierno del mundo por parte de los mercaderes y las sociedades secretas o discretas, las armas espaciales, las migraciones masivas, las luchas generalizadas tribales o de fes, la violencia social, las aberrantes tendencias sexuales, el hedonismo exacerbado de las sociedades avanzadas, la codicia sin freno de Occidente, la marginación de la inmensa mayoría de los ciudadanos del mundo, la miseria global que empuja al odio y la muerte de los desheredados y un sinfín de detalles imposibles de colegir siquiera hace sólo unas décadas, desfilan con precisa exactitud por estos dos folios escasos, no sin advertir al lector que cualquiera que hable en nuestro días desde la Fe, desde la Virtud o desde la Justicia sería como si su voz se perdiera en el desierto. Un ninguneo que correrá paralelo a la promoción desde los poderes de la degeneración moral, los credos más abyectos y los profetas más ciegos, quienes empuñarán el verbo de la justicia y el derecho para sembrar la sangre y el fuego.
Un mensaje, en fin, no exento de luminosa esperanza, aunque para reconstruir al Hombre y volver a la luz sea haga necesario en su momento cierto puño de hierro que ordene el desorden, pudiendo al fin la humanidad formar un cuerpo único y solidario. Sin embargo, todavía estamos en lo más profundo del túnel, y queda mucho dolor que soportar y muchas lágrimas que derramar antes de que amanezca. Juan de Jerusalén es, al fin, todo un cronista de nuestro tiempo al que no nos quedaría más remedio que escuchar con memorable atención, si no fuera porque ya advierte él mismo que quien predicara en nuestros días desde la Fe, la Virtud o la Justicia, sería como si lo hiciera en el desierto. Veo y conozco.
La Torre de la Opulencia

En el ático de la Torre de la Opulencia, un festivo grupo de hombres se reúne para definir la estrategia que multiplique sus haberes. No es una reunión de trabajo al uso celebrada en una larga mesa atiborrada de documentos técnicos y rodeada por sudorosos ejecutivos, sino llena de manjares y rodeada de ejecutores. Definen, entre degustaciones de platos exquisitos de alta cocina internacional, cómo hundirán las economías de algunos países para que sus cuentas corrientes sean mucho más abultadas de lo que son, aunque no lo puedan percibir siquiera en su tren de vida. Ya tienen más de lo que saben contar sus calculadoras. Para ellos, de alguna manera, todo esto no es más que una clase de juego, como el Palé o algo por el estilo. Un juego de alta sociedad, de los elegidos, de los dioses, que ahora es así como antes jugaron el de la energía atómica o convirtieron el paradisíaco Valle del Bio-Bio u otros edenes en suburbios del interés industrial.
Sin embargo, importándoles muchísimo los dineros que van a ganar, no es lo que más les importa. Es el propio juego lo que les interesa y anima, lo que insufla cierta chispa de interés en sus vidas. Ni siquiera los dineros con los que juegan son suyos, sino que son los depósitos que les han hecho todos los que viven en los pisos que hay más abajo, hasta la misma portería de la Torre de la Opulencia. Unos, los de los pisos bajos, les dejaron sus dineros en forma de planes de pensiones; otros, con la geometría de hipotecas; los de los pisos medios, ahorradores acaudalados, parte de sus propios haberes porque quieren multiplicar sus excedentes; y los de los pisos inmediatos al ático, buena parte de los fondos de sus bancos o de los dineros que les han depositado otros especuladores más pequeños, porque también éstos juegan a ese tétrico Palé, aunque todavía no tienen el peso de los del ático. Todos, en la Torre de la Opulencia, juegan de alguna forma al mismo juego, incluyendo a los que se creen que no juegan.
Los de los pisos bajos, y aún los de los medios, son ésos personajes que se molestan y enfadan cuando los del ático les venden bajo cuerda hipotecas basura y entran en pérdidas. Ellos invierten sus ahorros sólo para ganar, y no les importa qué hagan los que viven entre las nubes para que ellos ganen, sólo que les devuelvan más de lo que les entregaron para que jugaran. Van por la vida de inocentes, de cándidos, de pequeños pobres dignos de la compasión de quienes estafan y hurtan con trampas, gentes que simplemente quieren multiplicar sus ahorrillos, importándoles un ardite que sea haciendo fosfatina a quien ni siquiera conocerán nunca. La desgracia de los otros jamás les rozará, ni en los telediarios. Es el mismo cinismo que los de los pisos medios, pero con más carita de pena. Todos, todos juegan al mismo juego, ignorando a propia intención que los dineros no se multiplican por partenogénesis, que de algún lugar tienen que salir los dividendos y que éstos de donde nacen más prolíficamente es de hacer harina a otros. Es la única forma que existe de amasar una fortuna: hacer harina a los demás, ya lo dijo Manolito, el de las tiras de Mafalda.
La miseria de muchos países y de muchos pueblos viaja en limusina por los countries donde se ubican las Torres de la Opulencia. Muchos seres mueren en enfrentamientos sangrientos para pagarles a los especuladores de los ático, los pisos medios y hasta de la portería de las Torres su caviar, sus mansiones, sus carísimas perversiones sexuales, su seguridad en los años venideros o simplemente sus vacaciones en Hawai o Cancún. Para este juego no hay inversores pequeños, porque al final todos dineros llegan a los del ático, y quienes juegan en estas cumbres los invierten en deslavazar países, promover guerras infernales, crear fanatismos religiosos que lindan con el terrorismo, convertir en eriales paraísos o nada más que en promover quiebras fraudulentas que les dejen sustanciosos réditos. Los dineros no se crean ni se destruyen, sólo cambian de manos, y ellos lo saben. Por eso intrigan para que la miseria alcance cada vez a más gentes, y sus haberes engrosen sus cuentas corrientes. Han comprado muchas voluntades para lograrlo, y, aunque no legislan, lo hacen para poderse mover libremente por el mundo, ordeñándole.
El mundo, poco a poco ha ido oscureciéndose gracias a ellos, entrando en un túnel de dolor y miseria oscura, como esa materia que inunda el universo. Por los suburbios del planeta menudea el desempleo y el sufrimiento, el hambre, las enfermedades curables o inventadas, la violencia que genera la pobreza, el miedo al porvenir y el odio que se extiende como una plaga y que deriva en frustración final, ésa que muere matando, aunque sea a sí mismo. Son tugurios tenebrosos, macabros, donde se arracima como en un infierno la gran mayoría de la población del planeta, con calles sucias y encharcadas de aguas pestilentes, tan en contradicción con la luminosidad y pulcritud de los countries.
Desde estos muladares, en las noches, puede verse como un faro el esplendor de la Torre de la Opulencia, y hasta, si se fuerza la vista, columbrar allá en ático cómo observan los dioses.
Muchos de quienes habitan estos mechinales incluso sueñan con vivir algún día allá arriba o allá cerca de los dioses. Tal vez, quizás, ser uno de ellos, como ese hombre que ahora se asoma al ventanal con un vaso de cristal de bohemia entre las manos, quien, mientras paladea la ambrosía envejecida en barricas de roble francés cortado y ensamblado por míseras manos, urde qué pasos dar con sus dineros propios y prestados para condenar a muchos pueblos más, y que se unan y acompañen a los que ya están condenados por inocentes. La inocencia, en el mundo de estos dioses, el mayor y más culpable de los pecados. En un tiempo, recuerda el dios, se conformaron con levantar o hundir industrias; pero hoy, gracias al progreso y a que las conciencias de los políticos se venden de saldo, levantan o hunden países, naciones, culturas… Cosas del juego, cosas de los dioses.
Lo cierto: la mentira del 11-M

Bueno, y una vez más, el tiempo nos ha venido a dar la razón. Tiren de hemeroteca para comprobarlo. Lo dijimos entonces, cuando no habíamos visto siquiera los videos de la Científica que ahora han llegado al conocimiento público: en ese juicio sólo se está tratando de tranquilizar a la población, y sólo nos hace falta saber a cuánto se les condenará a los acusados, no de si se les condena tan siquiera. Y así parece que es, a tenor de los datos que van saliendo por todas partes y de los testimonios de quienes, por fin, se les está soltando la lengua. Datos que por otra parte no son nuevos, sino viejos datos ignorados, apartados por inconvenientes, relegados y discretamente arropados por intereses espurios, como por razones contrarias a todo interés investigador, quien quiera que sea –interesado en ocultar la verdad- lavara las pruebas con Mister Propper.
Lemniscata: lean Lemniscata, la novela de éste su seguro servidor, y verán que hay ficciones que son como la realidad misma. Vivo y escribo en Alcalá de Henares, una ciudad con una población inmigrante tal que lo raro es el oriundo; precisamente la misma ciudad donde los supuestos terroristas dejaron la furgoneta ésa que tenía las cintas con los coros y danzas del Islam, después de sus ocupantes se aseguraran requetebién de que eran abandonándola, teatralmente aderezados con pasamontañas. Absurdo lo de la furgoneta en cuestión con las cintitas de marras, y más absurdo todavía que quienes pasarían desapercibidos por ser inmigrantes en una ciudad de inmigrantes, traten de dar la nota chismosa poniéndose folclóricos pasamontañas. ¡Y tanto más cuando eran suicidas!... Vamos, que ni nos tragamos la bola entonces, ni nos la podemos tragar todavía, y tanto más después de visionar los videos de la Científica, en la que claman los técnicos porque han pinchado en hueso. ¡Y tan en hueso!
Nosotros, los conspiranoicos –que solemos tener razón-, dijimos que el 11-M era un calco exacto del 11-S, incluidas las metodologías y torpezas de quienes lo diseñaron y perpetraron, que no de quienes se lo endilgaron. Vale, incluso, que ciertos poderes alentaran o consintieran que las manos ejecutoras fueran de terroristas, fueran éstos de ETA o no; pero que ahí hay una mano negra es tan seguro como que hay un Dios. Sin embargo, los datos que tenemos confiesan que se celebró el juicio sin haber realizado ni medio bien la investigación, que se condenó a los acusados por lo que parecen ser pruebas incoherentes o muy circunstanciales, que se aprovechó el tirón informativo para que algunas escribieran libritos muy oportunos, que se le dio un Valium de justicia dominguera a la sociedad y que se cerró el asunto aprisa y corriendo, a la par que se les llamaba traidores, antipatriotas, conspiranoicos o enfermos mentales a quienes no quisieron comulgar con aquellas ruedas de molino, cuando no han conseguido otra cosa que poner la mosca a todos tras de la oreja, pero ahora por cuestiones verdaderamente gordas.
Si todo parece indicar que el explosivo utilizado era igual o de semejante jaez que el que suele emplear ETA, y que los componentes coinciden con los de los explosivos que la misma Guardia Civil interceptó unas semanas antes de los atentados a esa Organización, ¿a quién le interesó desviar la atención al radicalismo islámico sin agotar por completo esa vía?... ¿Acaso esos “alguien” tienen alguna clase de relación con quienes están ahora en el meollo del “chivatazo del Faisán” que tanta tinta consume por estos días?... Ambas cosas afectarían a la misma Organización, y eso sí que es gordo de verdad, acaso dejando a Lemniscata en una posición no ya de novela interesante, sino de literatura profética.
Esto huele, y no a explosivo, precisamente. La cosa, es que ahora la cuestión está mucho más enredada, y han ido metiéndose en el ajo hasta los fingers de la misma Justicia. Es un despropósito que va mucho más allá de la ancestral chapucería que nos caracteriza, y no sería nada extraño que no sólo estén implicados quienes nos harían temblar los pulsos, sino que todo esto sea parte de la Guerra Mundial contra el Terrorismo, y que hubiera señores de negro haciendo de las suyas por ahí para sumar aliados para la causa. Nada extraño en absoluto, dados los tiempos que corren y los intereses que se mueven en los más altos niveles. Lo trágico, lo verdaderamente trágico de este asunto, es que casi doscientos inocentes murieron de forma atroz, y más de mil sufrieron lesiones para toda su vida.
A los muertos y a los heridos se les debe una explicación mejor que ese burdo teatro que se armó para complacer a los cándidos, y al conjunto de la ciudadanía una investigación rigurosa, honesta y exhaustiva de quién y por qué atentó contra todos nosotros, qué fines perseguían y por qué se han ocultado las contundentes pruebas que ahora salen a la luz, sin dejar de lado, por supuesto, por qué se ha tratado de engañar a la nación en pleno. Si hubiéramos sabido la verdad y la masa de la población no se hubiera tragado estas bolas, Zapatero, es posible, no hubiera sido nunca Presidente. Imaginen el doble daño que nos hicieron con el atentado y tan ominosas muertes, y con lo que ha venido después.
El ojo que todo lo ve, el oído que todo lo escucha

Como no es nada nuevo poner de manifiesto que cualquiera, en cualquier momento, puede ser seguido las veinticuatro horas del día a través de los movimientos de su tarjeta de crédito y aun de las miles de cámaras que hay en casi todos los negocios y vías públicas, gracias a los programas de control informático centralizado y de identificación facial con que cuentan los aparatos centrales del Estado, no voy a redundar sobre el caso; pero es que la cosa no para aquí, ni mucho menos. Si tenemos un ojo que todo lo ve, también tenemos un oído que todo lo escucha, ambos sentidos, lo mismo que el del entendimiento que todo lo procesa, propiedad del Gran Hermano Imperial y, por delegación, del Gran Hermano nacional.
No importa qué email se envíe, siempre es leído; no importa qué transacción económica se realice, siempre es grabada; no importa qué conversación telefónica se sostenga con quién, siempre es conservada y analizada; no importa que se esté solo en su despacho con el ordenador, puede ser visto, si es que se tiene webcam; y no importa qué páginas se visiten en Internet o desde qué IP se haga, pueden, y de echo lo hacen, psicoanalizarle a uno, trazando el Sistema un perfil psicológico de la personalidad del usuario, con detalle de sus gustos, propensiones, tendencias, etc., en base a las páginas que frecuenta y en los puntos concretos de la pantalla en que detiene el ratón. El oído que todo lo escucha y el ojo que todo lo ve, se sirve lo mismo de las aparentemente inocuas cámaras que hay en las calles o en el propio ordenador, como de sofisticados satélites que husmean en la vida de cada cual o de superordenadores como la Gran Berta o la Bestia que todo lo procesan, o aun de los otros que tienen los Servicios de Inteligencia de casi todos los países, si bien dependientes en su gran mayoría del Imperio. Si usted no es nadie, puede estar tranquilo, porque toda esa información no será utilizada; pero si usted llega a ser alguien o se convierte en un personaje incómodo, no tenga la menor duda de que, según sea su actitud frente al Sistema, será usada para acreditarle o desacreditarle, para procesarle o no por la causa real o inventada que sea, para acusarle de pederastia o de pertenecer a grupos terroristas, y hasta es posible que, si no se deja comprar, pueda sufrir un accidente, ser víctima de un atraco con nefastos resultados o ser sencillamente eliminado, como ese miembro de Al Fatah que en las pasadas semanas recibió en su hotel del Líbano la inoportuna y mortal visita de unos señores con pasaporte europeo, que ni eran europeos ni eran señores. Además, la ley da tanto de sí, que no hay nadie que no sea un delincuente.
Adempero, la lectura de su correo electrónico, la escucha de sus conversaciones o el análisis de sus actos no lo realizan personas. Al menos, no al principio. Si usted pronuncia o escribe más de las “n” palabras consideradas por esos negros poderes como indiciantes, pasa de un nivel de seguimiento a otro más subjetivo e intensivo, y, en razón de que siga en las mismas o que aumente su pertinacia, al siguiente, hasta que pudiera ser que sea objeto de un seguimiento personalizado y merezca visitas de cortesía nada corteses. Todo es electrónico, pero con una tecnología tal que bien puede automáticamente el propio Sistema, por la intensidad o frecuencia de la voz o del golpeteo de los dedos en el teclado, saber qué estado de ánimo tiene y qué posibilidades hay de que sea verdad lo que está diciendo o escribiendo. Está, lo quiera o no, controlado las veinticuatro horas del día. Son, en fin, recursos del Sistema para prevenir enemigos, terroristas, opositores… o lo que interese.
Algunos, como en mi caso, debido a que publicamos con regularidad en diversos medios, que pensamos por nosotros mismos y que escribimos novelas y cosas por el estilo, hablamos o escribimos habitualmente de temas… espinosos para el Sistema, y por lo común contamos con plaza propia en el epicentro del Código Naranja, si no Rojo, lo que nos asegura una vigilancia ilegal, pero extrema. Y si, además de esto, tenemos páginas web, blogs o cosas por el estilo, a poco que investiguemos la procedencia geográfica de los IPs de nuestros visitantes, constataremos no sin conmoción que la inmensa mayoría de ellos proceden de emplazamientos tales Mountain Wiew, Arkansas, Virginia, New York, Colorado, Oregón, Wisconsin, Alaska, Moscú o los servidores no identificados de Madrid, por más que hablemos y escribamos sólo en castellano. Yahoo, Google y otros buscadores hacen invasión intrusita ilegal para categorizar nuestras páginas y aun los contenidos de nuestro disco duro, y hasta es posible que tengamos algún que otro lector en esas áreas especificadas; pero la inmensa mayoría de esas IPs, no son identificables, a menudo están ubicadas en medio de un desierto o de un descampado a muchas millas de la ciudad más próxima (según Google Earth) y tienen extensiones que serán lo que sean, menos inocuas. Es el Gran Hermano, el más grande todos, el que nos presta toda su atención cada día y el que revisa concienzudamente cada palabra que escribimos o hablamos, cual si fuera nuestro más ferviente admirador. Vaya para él, desde aquí, mi saludo más cordial.
Como decía, si uno no es nadie, no hay problema; pero si se hace alguien o mete demasiado los dedos en la llaga, todo puede ser que le ofrezcan una promoción personal particularmente interesante –estamos abiertos a éstas-, o puede ser que comience a recibir llamadas amenazantes anónimas o a ser víctima de investigaciones que pongan su credibilidad, su integridad y aun su vida en un fil. Poco problema tendrían los técnicos del Sistema, por ejemplo, lo mismo en robar toda la información del ordenador que en llenarlo de basura… inconveniente e ilegal, o de fabricar las pruebas que sean necesarias para que podamos pasar –a la vista de estas pruebas falsas, esto ya legalmente, eso sí-, una temporadita en el hotel las rejas con todos los gastos pagados, si es que no sufrimos antes un tan inoportuno como fatal accidente.
Parece un poco paranoico o peliculero todo esto, pero no está tan lejos de la verdad. Es más, ni siquiera está lejos de la verdad. Usted puede ser crítico o no, pero, si se decide a serlo, tenga en cuenta los riesgos que asume. El que avisa no es traidor, y el Sistema es impiadoso. Si a pesar de todo lo hace, ruegue porque mejor vengan a hacerle una oferta muy interesante, porque de ser lo otro, seguramente se sentiría algo más incómodo. Y ya lo saben, si en las próximas fechas, ya sean semanas, meses o años, tienen ustedes noticias negativas de éste su seguro servidor, no tengan duda alguna de que el Gran Hermano está disgustado, porque últimamente está muy pesado. Y no lo olvide: ¡Ojito con lo dice y ojito con lo que escribe, aunque esté solo! Nada, absolutamente, cae en saco roto, porque hay un ojo que todo lo ve y un oído que todo lo escucha. ¡Cuidadín!
Ya viene lo bueno

No somos pocos los que apuntamos hace tiempo que esta crisis de codicia desmadrada que han producido los extremadamente ricos y que pagan los pobres (trabajadores y ciudadanos de a pie) no era económica, sino sistémica. Negocios globales, en fin. A este respecto decía Einstein que no sabía si el universo era infinito, pero que tenía la certeza de que la estupidez humana sí que lo era, si bien obvió añadir que también lo es la codicia y la angurria que caracteriza a la especie.
Lo apuntamos entonces, pero no quisieron escucharnos. También hemos sido muchos los que hemos apuntado que esta crisis no hubiera sido posible sin la complicidad –posiblemente involuntaria, pero eficaz debido a su falta de cualificación- del corpus político, como no hubiera sido posible el negocio que se montaron las farmacéuticas a costa de las imaginarias pandemias sin el concurso entusiasta de las autoridades de la OMS y de los Ministerios de Sanidad de muchos o casi todos los países que estaban en el ajo. Y tampoco nos hicieron mucho caso. Ahí están los artículos, indeleblemente escritos y datados, y aquí los resultados.
Pero, en fin, nada es gratis y ahora hay que pagar la factura de aquello, más los intereses, claro. Ya se sabe que la termodinámica es muy tozuda y que no da marcha atrás ni por real decreto, y la entropía ya nos deglute. Los políticos, en sus intereses corto-temporales, tomaron torpes y absurdas medidas para paliar aparentemente los efectos devastadores de este latrocinio global de los poderosos, pero no hicieron sino trasladar el problema de emplazamiento. Dieron subvenciones y banal trabajo a muchos a costa del Erario y multiplicaron los dineros derrochados, al tiempo que los muy vivos aprovecharon para realizar despidos, liquidar tejidos industriales, abaratar costos del trabajo y reducir los ingresos de ese estúpido Juan Pueblo que traga con todo como un bendito, dejándonos, entre tirios y troyanos, en un callejón sin salida. El problema, que creían los políticos que únicamente radicaba en cómo algunos se quedaban con los dineros de sus semejantes, está ahora en las arcas de los Estados. Grecia, ha quebrado; Portugal, está en un tris; y España, en el alero. La cosa se solucionaría si no estuviéramos en el Euro, si pudiéramos devaluar la moneda y multiplicar unas exportaciones ahora casi imposibles debido al costo de esta absurda moneda de los mercaderes; pero ello es que nos han prestado tanto los dueños de Europa y el Euro, que ya no podemos escapar de la cadena que nos pusimos solitos al recibir tantas subvenciones y renunciar a nuestra libertad e independencia. Por todo ello, tendremos que pagar el doble o el triple, gastar el doble o el triple de lo que ingresamos, multiplicando ad aeternam nuestra dependencia o sometimiento. El problema, además de en el Erario, está ahora en el porvenir, que tampoco nos pertenece ya.
Nada es gratis, ya lo digo muchas veces. Sin embargo, han calculado mal, y es más que probable que no haya recursos para tanto, ni podamos endeudándonos hasta las cachas. A Grecia se le puede sostener, aún a costa de enormes conflictos sociales; pero ¿se podrá sostener también a otros países que están al borde de la quiebra, entre los que se encuentra España?... La respuesta, obviamente, es no. En breve, muy en breve, tal vez para el principio del verano, saltará a la palestra el problema de verdad en su genuina magnitud, el de que no hay recursos para hacer frente a la deuda pero tampoco para seguirse endeudando, porque la cosa va a más y quienes entonces no participaron del saqueo o aprovecharon la situación para arreglar sus problemas empresariales, están en ello con inusitado afán. La cosa no parará, porque la codicia se ha desatado, e incluso muchos de los que saben con certeza la que se viene, están llevándose sus dineros fuera, propiciando que en cualquier momento estalle en la cara de todos una tracamundana que para qué cuento. Pero, en fin, es más que posible que les dé un poco lo mismo, entre otras cosas porque si se cumplen los vaticinios de quienes por ahora no dejan subir a los estrados públicos, tal vez el Euro desaparezca y tengamos que volver a lo nuestro, a nuestra ancestral miseria. No sé si corralito, pero cabe la posibilidad de que algún día de estos, por los euros depositados proporcionen los bancos estampitas de María Goretti, como en Argentina.
El problema en las capas más bajas se incrementará todavía durante un tiempo, creciendo el número de desempleados en cierta cantidad, que no será muy grande porque ya quedan pocos que no sean funcionarios y que tengan empleo; pero el meollo en grueso de la cuestión se presenta en los bancos y cajas, las cuales tienen ahora muchos pisos y poca liquidez, y en el Erario, que ya recauda mucho menos de la mitad de lo que gasta, y con toda seguridad tendrá que socorrer en los próximos meses a alguna que otra entidad de ésas que están en el borde del precipicio. ¿De dónde saldrán los dineros, sino de más deuda?... ¿Y quién paga la deuda, si ya no hay tantos trabajadores?... ¿Los funcionarios tal vez?... Los políticos, lejos de solucionar ningún problema, lo han cambiado de lugar en la confianza de la llegada a última hora de un milagro o de un Séptimo de Caballería que también está en las colas del INEM.
Pero no; ni hay milagros, ni Séptimos de Caballería, sino un problema de tal magnitud que va a arder Troya con nosotros, los troyanos, dentro. Se trasladó el problema de lugar para ganarle tiempo al tiempo, y sólo se ha conseguido multiplicar los resultados. Así de perseverante es la termodinámica. Si no se detiene el proceso de entropía, crecen los efectos geométricamente. Y en ésas estamos, seguro. Lo que no tenemos tan seguro es si podremos salir de ésta ni cómo lo haremos, si aguantará siquiera el Euro o si esto no provocará una descomposición social irreversible. Veremos, que ya queda poquito.
Pobres políticos

A la vista de que las declaraciones de actividades y haberes sobre sus patrimonios personales de los miembros del Gobierno no produjeron otra cosa en la sociedad que abierta hilaridad y maliciosillos comentarios, la misma declaración de patrimonio de algunas autoridades de la Comunidad Valenciana va en el mismo sentido. Si todo un señor Vicepresidente que lleva toda una vida consagrada a llevarse a paletadas los dineros del Erario (y vaya usted a saber qué otros) apenas si tiene donde caerse muerto, ¿qué de extraño hay en que, en la misma línea, el Presidente de la Comunidad Valenciana afirme que tiene sólo 900 euritos de nada por suma y compendio de haberes?... Lo que es igual, dicen en Venezuela, no es trampa.
Nuestros políticos son tan pobres que hasta son unos pobres políticos. Eso sí, aunque no lo confiesen, estoy seguro de que la generalidad de ellos utiliza cosméticas Portland, ésas que dejan el rostro fetén, ocultan toda clase de rubores, disimulan que es un primor las pícaras sonrisillas cuando sueltan majaderías semejantes y dejan el semblante con la dureza del diamante, listo para aguantar cualquier cantidad de abofeteamientos, los cuales soportarán impertérritos mientras juegan con nuestros dineros y, de paso, se quedan con ellos.
A mí me parecería lógico que fueran ésos sus haberes si cobraran en función del servicio que realmente prestan a la sociedad, e incluso me parecería que habría que rebajarles el sueldo; pero el caso es que no es así, sino que tienen sueldos astronómicos, intereses por todas partes, y juegan con los dineros públicos, el Erario, como si fueran los dueños del cortijo éste al que nombran como España. Llama mucho la atención que la alcaldesa de Valencia, por ejemplo, tenga bolsos con mucho más valor que el coche particular con el que debería moverse; pero es que en el Gobierno Central hay quien manifiesta poseer menos dinerillo ahorrado de lo que cobra por mes, y todo eso sin tener en cuenta la cosa de las dietas y demás, que vienen a ser como tres o cuatro sueldos. Ahí tenemos, sin ir más lejos, el pastizón que se arrampla para sí la señá Leire-Pajín, ésa de la vocecilla de plástico y enfático y melodramático tono para anunciar acontecimientos cósmicos, que debe ser más falsa que un euro de abono orgánico. O como esa otra señora del aborto legal, que se gasta generosamente más en hacer mapas clitorianos que en llenar la saca, y no digamos si entramos en la cosa de los estudios financiados para saber si las mujeres son mujeres o qué.
Por repartir y no nombrar en exceso, que habría pocos o ninguno que se salvara de la quema en todo el espectro político, baste con lo dicho, que no es poco, y sirva como parangón de una clase política que por no tener, no tiene ni vergüenza. Son pobres, ¡qué le vamos a hacer! Pobres de haberes, pobres de alma, pobres de responsabilidades, pobres de humor… Porque ya hay tener un humor interracial para esta cosa tan negra y pestilente. Vamos, humor negro, sin ir más lejos. No se tendrán pruebas, no se tendrán datos exactos del chanchulleo que se traen entre manos y como salvan de una posible quema las sin duda millonadas que esconden, pero nadie puede negar que esto hiede, que esto insulta, que esto ofende a la misma ofensa. Si lo que a los españoles nos queda es esta clase de dirigentes, y es o en los unos o en los otros en los que depositamos nuestras esperanzas para salir de esta crisis en que ellos mismos, su incompetencia y otros adinerados han producido con su proceder, estamos listos. Mejor que no hubieran hecho confesión de patrimonio, porque mejor, mucho mejor, la ignorancia, esa terrible felicidad del idiota de la que hablaba Machado.
Sí; sin duda hubiera sido mucho mejor que guardaran silencio sobre su patrimonio y que siguiéramos todos en el convencimiento de que se llevaban los dineros a espuertas, aunque sin saber exactamente cuánto. Así, del modo que lo han hecho, yendo por la vida de honorables transparentes mientras sabemos (tenemos el convencimiento moral) de que nos están tomando el peluquín a base de bien, francamente, es insoportable. Sólo por ilustrar el asunto, me decía un Teniente de Alcalde de mi pueblo-ciudad que su salario daba para mucho, pero que como le daban más de quinientos euros diarios por día de viaje e iba con todos los gastos pagados, pues que se daba al turismo sin descanso hermanando mi pueblo-ciudad con otros pueblos de medio mundo, sacándose de paso un pico. No se cuentan otros extras. Y si esto es así en un pueblo-ciudad de medio pelo como el mío, ¿qué no será en una Comunidad o en el mismísimo Estado?...
No; no tengo ni una sola prueba de que tal o cual miembro del Gobierno o de los Gobiernos Autónomos o de los Gobiernos Locales o de los Gobiernos de los Gobiernos de lo que sea (que aquí lo único que sobran son cargos y Gobiernos) se queden con medio país y pongan sus propiedades a nombres de testaferros, parientes o lo que sea, o que se lleven los dineros a las Chimbambas Orientales, que es un paraíso fiscal que mola mil donde arman sus orgías; pero tengo el convencimiento moral (exactamente el mismo por el que un juez puede condenar a galeras sin requerir de pruebas), de que esto hiede, apesta, atufa, da asquito. ¡Pero qué pobres políticos tenemos, Señor, Señor! ¡Como para salir de la crisis de la mano de estos pobretones! Y así estamos, claro.
Razones y sin razones

Cuando Walter Lippman pronunció su afamado aserto “Donde muchos piensan igual, nadie piensa mucho”, lejos de reconciliar libertad y democracia, apuntó directamente a la sien de la última y percutió el arma de la razón. Al menos en España, ésta es una verdad incontestable: tribus urbanas para que los individuos se dejen llevar por la marea del grupo, aficiones futboleras donde el individuo es anulado por la masa, masa de televidentes hipnotizadas por el lavado de cerebro del esperpento de turno, fanatismo político donde sólo cabe la anuencia del individuo… Mira uno la realidad, revisa con espíritu crítico lo que acaece a su alrededor, y no le queda otra que admitir que tenemos libertad… para renunciar a ella, o, en el mejor de los casos, para aborregarnos en un respaldo al jefe de la manada que nos anula como seres pensantes responsables de su propia libertad y constructores de su propio destino.
Sólo desde la sinrazón de la masa poco o nada racional podemos entender muchas de las cosas que nos suceden cotidianamente: que se elijan para representarnos a personajes de tan baja catadura intelectual como hemos visto en las selecciones de Eurovisión, que se den por buenos los bodrios televisivos que gobiernan las audiencias de las parrillas televisivas, que tengamos los gobernantes que tenemos… “Un hombre, un voto”, es una responsabilidad demasiado grande para persoas poco formadas o insensatas, y tanto más cuando en algunos ámbitos, como el político, todavía se desvirtúa más el desvarío gracias a la aplicación de leyes como ésa de tal D´hont, donde el voto de alguien poco ilustrado de una región tiene tanto más valor que decenas, centenas o millares de otros votos de urbes, donde probablemente depositan el suyo personas con mucha más formación y calidad intelectual. Y así nos va, claro. Los ignorantes, los que gustan ser parte de una masa o necesitan rodearse de ella para tener una opción de ser, suelen ser gentes muy voluntariosas y bien mandadas, y suelen acudir a votar en masa. El crítico, por tener ideas propias, tiene conflictos a la hora de entregar su respaldo a una opción, porquesuele no verse debidamente representado por el elenco de quienes optan al puesto o cargo, y a menudo suele abstenerse. El resultado: la sociedad que tenemos.
Es precisamente este proceder lo que ha convertido en frikis a nuestras sociedades, promoviendo aberraciones como entre las que ordinariamente nos desenvolvemos. A algunos les puede parecer anecdótico o casi simpático que un friki represente a su país aunque sea en un certamen de canciones domingueras, o que se hayan propulsado a los puestos de mayor relevancia social a los nefandos personajes que asolan nuestro intelecto, ninguneando la calidad; pero es que incluso cuando hablamos de cuestiones tan capitales como la Política, no encontramos otra cosa que personajes de dudoso -y tal vez seguro en su nulidad- talento al frente de las cuestiones que determinan nuestro marco de convivencia, nuestra calidad de vida y hasta las posibilidades que como país o como nación, y aún como individuos, tendremos de futuro. Cinco millones de familias sin ingresos, es un lujo que a toda luces no nos podemos permitir, como no nos podemos permitir que uno de cada dos jóvenes no tenga expectativas profesionales de ninguna clase.
Que Zapatero no ha dado una ni por ídice de probabilidades en seis años que lleva de Presidente es un hecho incontestable, como lo es que a la vez ha dilapidado la herencia que los españoles habían ahorrado. No hay ni un experto en ningún área social, ajeno a su Partido, que pueda darle la razón en una sola de las medidas que ha tomado para paliar la crisis que se negó a admitir que existía, pero sigue en la cumbre del poder, contando con el fanático y unánime respaldo de los suyos. No sólo ha sido incapaz de solucionar uno solo de los problemas que nos embargan, sino que su desacierto, brujuleo e incapacidad le ha llevado desde llamar antipatriotas a los que le advertían de la realidad que no veía en su egocentrismo, a tirar por la alcantarilla del mesianismo demagógico nuestros haberes, al tiempo que dejaba a cinco millones de sus potenciales seguidores en el desempleo, el hambre y un futuro desolador. Y, sin embargo, los suyos, incapaces de ver su inutilidad y si incapacidad manifiesta para gobernar el país común, le respaldan, apoyan y jalean, animándole a que nos sumerja más todavía en el abismo. Nunca, nunca fue más verdad que donde muchos piensan igual, pocos piensan mucho.
La masa es así: deglute y anula al hombre y su razón, convirtiéndole en nada más que un enser sin criterio. Quienes no piensan como ellos, desde los púlpitos del Estado somos denostados como antipatriotas, franquistas, retrógrados o fascistas, cuando no es verdad. Estar contra el incompetente no es atacar al grupo que le apoya o alinearse con el grupo que le oposita, sino estar contra el incompetente. Sólo eso, que ya es mucho. Zapatero ha tenido seis largos años para demostrar que ni se ha acercado un poco a las soluciones, instalándose de lleno en el problema y el error, rodeándose de los personajes más inadecuados e incompetentes para solucionar los problemas que tiene España y dando como resultado la defenestración de nuestro capital social, nuestra imagen internacional y nuestra proyección de futuro, al tiempo que se ha buscado el respaldo –pagando millonadas- de toda suerte de parásitos sociales. No; estar contra Zapatero y su manifiesta incapacidad, no es estar a favor del PP, sino de España, y el primer acto patriótico del Presidente y su Partido, ahora que tanto corean la reaccionaria palabra “patriotismo”, sería admitir su incompetencia y retirarse para ceder el paso a alguien más cualificado. La obcecación e irracionalidad del PSOE, sólo juega contra todos; pero, ya lo dijo Lippman: “Donde muchos piensan igual…” Mientras esto no cambie de raíz y los individuos aprendan a ser individuos con ideas propias, sin duda tendremos Chiquilecuatres y similares al frente de cada uno de los aspectos de España.
Los niños índigo

No importa lo que digan los politólogos, economistas o predictores: nuestra cultura ha tocado techo, y la crisis que soportamos es mucho más que sistémica, es de civilización. Nuestro modelo social, nuestra civilización, está imbuida en una crisis terminal, que viene a la ser la última antes del colapso del organismo y su defunción. Demasiados signos hay por todas partes que lo evidencian: sea por intervención humana o cíclica del planeta, lo cierto es el clima nos tiene contra las cuerdas y va a más, que el medioambiente está agotado, que los mares están condenados a muerte tanto por calentamiento como por sobreexplotación y por contaminación, que las catástrofes climáticas y medioambientales menudean más que nunca, que las tensiones sociales producidas por el desequilibrio económico son una espada de Damocles que en cualquier momento puede caer sobre nuestras cabezas cortándonos el resuello, que el sol tiene un comportamiento particularmente anómalo que pude tener consecuencias imprevisibles, que es más que probable que recibamos en breve la perturbadora visita del indeseado Nibiru, que estamos asomándonos a la grieta de probable materia oscura que domina la eclíptica de nuestra galaxia, que estamos atravesando una nube de polvo galáctico de miles de grados de temperatura (por excitación molecular), etc.; pero, sobre todo, la evidencia mayor está en la inarmónica descomposición de la sociedad y la forma global en que se ha multiplicado la corrupción a todos los niveles, en todos los estratos sociales y en todas las áreas geográficas, no hay más que comprobar cómo menudean las guerras de intereses y los más que turbios negocios globales, de farmacéuticas a armamentísticas y de crisis artificiales al enfrentamiento suicida entre culturas y credos. Es la metástasis del cáncer que nos está matando. Demasiados signos y advertencias nos dan fe de que estamos tocando fondo, y demasiados codos hay rozando el tintero.
Por otra parte, desde hace algo más de dos décadas vienen naciendo una enorme cantidad de niños a los que se les ha denominado como índigo. De sobra está contrastado que la naturaleza, por alguna razón que no comprendemos, se adelanta a los pasos que están por venir, y es sobradamente sabido que antes de una guerra –que a menudo ni sospechan los políticos o ciudadanos de sus momentos- nacen más niñas que niños en asombrosas proporciones, garantizando así la continuidad de la especie. Ahora, además de que también están naciendo muchas más niñas que niños, y que son ellas quienes están tomando las riendas de las sociedades, la proporción de niños índigo es asombrosa, por más que la ciencia oficial se resiste a dar el enterado.
No se precisa de su anuencia, sin embargo, como no se precisó que Newton hubiera establecido su Ley de la Gravitación para que las manzanas cayeran del manzano cuando estaban maduras. Basta con visitar la consulta de cual psicólogo infantil para constatar que hay toda una generación de niños que tiene problemas de adaptación y de concentración, siendo para algunos la causa de su mal nuestra alocada sociedad y la forma antinatural de vida que hemos establecido como buena, y para otra parte, la mayoría de los profesionales, la constatación de que son niños que han nacido para otro fin, para otro orden más armónico que el nuestro, para la constituir una nueva sociedad y erigir una nueva civilización con principios en todo disímiles a los que nos dominan y subyugan.
No faltará a quienes esto les parezca una locura, pero tiene una sólida base. Conozco a numerosos niños ídigo –entre ellos, dos de mis hijos, de 25 y de 11 años respectivamente-, y no parecen ser de este mundo, o, al menos, de este orden mezquino que nos domina. Tienen una inteligencia absolutamente privilegiada, una emotividad sin parangón y una generosidad y solidaridad con sus semejantes pr completo fuera de lugar en nuestro contexto. Y, sin embargo, muestran una inusitada rebeldía ante nuestros principios, tienen problemas de concentración y tienden a dispersar en las tareas que nosotros, los aparentemente normales, consideramos ordinarias, todo ello evidenciando que porque no comprenden nuestro destalentado orden por más que lo acepten, no son capaces de integrarse en nuestra competitiva sociedad. Ellos son, no compiten; son generosos, tienen un pobre concepto de la propiedad; no tienen sentimiento de rechazo hacia sus semejantes, sin importarles qué o cómo son; no toleran la violencia o el enfrentamiento, ni siquiera en el plano de la discusión dialéctica; y no son capaces de procesar por qué hay unos sobre otros en una sociedad en la que todos participamos por igual.
Los niños índigo no son fruto de ninguna clase de ideología preestablecida o estudiada, sino que su naturaleza es ésa por sí misma, la que es, y son todos iguales. Nosotros, los adaptados al guerreo, la competitividad y el enfrentamiento no les entendemos y, a menudo, les tildamos de inadaptados, cuando, bien visto, sólo podríamos aprender de ellos y, tal vez, a su través comprender lo equivocado de nuestro camino. Pero son profetas, los hombres y mujeres que establecerán el nuevo orden de la nueva civilización, y, como no podía ser de otro modo, quienes tenemos vibraciones más bajas no les podemos entender, les llevamos a psicólogos y les empujamos con rigor a que se comporten de forma contraria a sus naturalezas, a veces logrando que anulen sus verdaderas personalidades. Seremos genios y figuras, en fin, hasta nuestra sepultura, y nos negaremos a ver que ellos son los primeros fundamentos de la nueva sociedad que está por ser alumbrada, no sin antes severos dolores de parto. Una sociedad que no entenderá de individualidades ni de egoísmos, que no verá en sus prójimos a rivales, sino a hermanos, y que no deseará para otros lo que no quieren para sí mismos. Sin embargo, todavía ésta es su tierra, y ya se sabe que ningún profeta lo es su tierra. Habrán de esperar un poco todavía para enseñarnos a ser como debiéramos. Tal vez sólo un par de años, nada más.
Revisionismo

Todo parece indicar que, en según qué temas, la revisión del debate público sobre cuanto afecta a la sociedad es posible y está de perlas, y, según en qué temas, no. La cosa de la energía nuclear, verbigracia, no sólo puede revisarse, sino que parece ser que el que fuera desestimada por la ciudadanía en grueso y se optara por el desarrollo de energías limpias –incluida la fusión en frío y la energía del punto cero-, ahora ni cuenta ni tiene valor, sino que era una tontería de maniáticos. Dicen las multinacionales de la pasta en crudo y el saqueo de los bolsillos a bajo costo que nucleares tutiplén, y aquí, la peña, comenzando por el inmoral PP que parece que está bailando un tango, se echan en brazos de los adinerados de los átomos fisionados.
Digo yo, y es más que un decir, que si puede revisarse este asunto que tanto apesta, debería revisarse, por la misma regla de tres, el asunto del aborto, de las prohibiciones segregacionistas como la demonización del varón y la chirindanga ésa de la discriminación positiva, la cosa del fumar, lo de que el Estado hocique en las relaciones familiares, en lo de las cámaras de seguridad y en lo del Estado Policial a lo bruto que se están montando los mandamases, que vienen a ser los mismos, más sus servidores políticos, que los de las nucleares.
El revisionismo interesa cuando les interesa a los que nos saquean, y es malo cuando no les conviene a esos mismos pillos, y parece mentira, pero la gente se traga esta bola intragable sin baldes de agua ni nada. Lo cacarean los opinadores a sueldo, sacan la testuz de sus nidos tenebrosos esos partidarios arrinconados por la razón y la evidencia, y nos hacen tomar sopa de átomos a trangullones, condenando antes de que nazcan a incontables generaciones de congéneres. La cosa, vista así, da, cuando menos, asquito y tiene tufo a trampa.
Vamos hacia un Estado totalitario mundial, se vea como sea vea la cosa. Y lo están montando gracias a los mismos que hace tres días negaban el calentamiento global, que son los mismos que vuelven por su vereda porque a uno de tantos investigadores le han pillado en un renuncio, como si todos los cientos de miles de investigadores más fueran lelos o estuvieran pagados por ese pillín que hizo unas pocas trampas, sin duda con buena voluntad, tratando de que viéramos con mayor claridad que lo del lobo que viene no tiene nada de cuento.
En fin, que la cosa es que como el Imperio está como puta por rastrojos, quiere potenciar la industria altamente perniciosa en que es líder –como en todas las industrias altamente contrarias a los intereses humanos tan inherentes a su naturaleza: química, armas, destrucción, muerte, etc.-, y ahora nos quieren poner centrales nucleares hasta en la salita de casa, siempre con la bendición y reverencia de partidos vendidos a una foto y a la logia, y para mayor gloria del enemigo de la especie. De modo, que visto como están las cosas, vayámonos preparando porque tendremos nucleares por todas partes, especialmente ahora que el Imperio tiene guerras en la que desperdigar con munición de truco y trampa los excedentes de los residuos nucleares de sus centrales, como ese Iraq que tiene uranio empobrecido hasta los tuétanos o ese Irán al que van dejar próximamente niquelado.
Que se preparen los ayatolás para recibir una dosis masiva de uranio empobrecido, y vayámonos preparando nosotros para tener el trastero por lo menos un bidón de muerte enlatada de desperdicios atómicos. Así está la cosa, con la reverencia del PP y la engañifa a que nos somete el PSOE. Alea jacta est..
Revisemos, sí, pero hagámoslo con todo, empezando –es una sugerencia- por la estabilidad mental de quienes están proponiendo esto.
Un cafelito, por favor

Cuenta un chiste ruso que en una ocasión paseaban por un bosque de Praga un alemán, un ruso y un judío, cuando se encontraron una lámpara mágica. La frotaron, salió de ella un genio y éste, en agradecimiento por liberarle, les concedió un deseo a cada uno. El ruso pidió la destrucción de Alemania, porque cada vez que iban a levantar la cabeza como país, les invadía Alemania y les hacía retroceder varios siglos en su desarrollo; el alemán pidió la destrucción de Rusia, porque a pesar de que habían intentado conquistarla una vez y otra, no podían con ella; y el judío, cuando le llegó el turno de pedir, con cierta indiferencia, mientras se miraba el blancor de sus uñas, dijo: para mí, un cafelito, por favor.
Algo así pasa con los asuntos de Estado y los partidos políticos nacionalistas en España. Cada vez que los partidos nacionales se enfrentan por la razón que sea, como no tienen mayoría suficiente para defender sus postulados precisan echar mano de los partidos nacionalistas, y, claro, éstos son los únicos que ganan, habiéndose llegado a convertir ya en más poderosos que el mismo Estado. Siendo minorías muy minoritarias, siempre están ahí, con carita de pena y una disposición inmejorable para aliarse lo mismo con PP que con PSOE, vendiendo bien caro apoyo.
Uno se pregunta, no sin razón, que qué hacen partidos nacionalistas en el Parlamento del país del que desean segregarse, y tal vez algún día nos lo cuenten nuestros mandingas; pero entretanto esto sucede, uno repara en cuál es su estrategia, la abismal distancia que les separa de las autonomías de segunda división –que son todas las que no tienen representación en el Parlamento-, y enseguida comprende que están haciendo patria separada donde debiera construirse la patria común. Y no les va nada mal su estrategia, de eso no hay duda.
Pero es que si cuesta trabajo comprender cómo es posible que los segregacionistas estén en el meollo de la Nación común como árbitros, cuesta todavía más entender cómo los partidos llamado nacionales no tienen empacho en tejer alianzas con quienes quieren tener una Historia aparte de la que los partidos nacionales teóricamente desean, a no ser, por supuesto, que lo único que les interesa a esos partidos nacionales sea estar chupando de la rueda del poder, y nada más que eso. Mucho dinero hay en ese tren como andarse con zarandajas ideológicas.
Cada vez que se da un debate sobre el Estado de la Nación o se discuten asuntos capitales para España en el Parlamento, surge como por encanto una necesidad de los partidos nacionales de tener apoyos que proporcionen una mayoría solvente, y, contrariamente a toda lógica, éstos los buscan indefectiblemente en los partidos nacionalistas, haciéndolos más fuertes, hasta el extremo que ya son tan potentes y tan autónomas esas comunidades a las que estos minoristas defienden y de las que dependen, que el mismo Estado está en un tris de no poder soportarlo.
Se han multiplicado los gastos en las comunidades autonómicas, hasta hacerse prácticamente impagables; han duplicado Administraciones, hasta hacer inútil el Estado común; algunos gobiernos locales han adquirido tantas responsabilidades y transferencias de poderes, que uno se pregunta que para qué se quiere el Estado central si no tiene autoridad para nada; y todo ello es pagado y subvencionado por los nacionales de a pie, quienes no desean autonomías, ni reinos taifas, ni multiplicación del gasto ni una legión de funcionarios y policías de mil colores que se interfieren unos a otros, logrando entre todos que la economía y la organización común sea un caos tan formidable como impagable, y consiguiendo que un español de cualquier autonomía ajena a esas que tienen representación parlamentaria sea extranjero en las otras autonomías de primera de su propio país.
Si el Parlamento fueran los boques de Praga y los diputados se encontraran bajo alguna poltrona una lámpara mágica, es posible que alguien la frotara y que el genio que saliera de ella ofreciera tres únicos deseos: el PP, sin duda, pediría la destrucción del PSOE; el PSOE, seguro, pediría la destrucción del PP; y los nacionalistas, con toda certeza, mirándose con suficiencia el blancor de sus uñas, pedirían: para nosotros un cafelito, por favor.
Angel Ruíz Cediel, escritor
redaccion@diarioliberal.com |
|