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tribuna libre
.............................................por Ángel Ruíz Cediel, escritor (www.angelruizcediel.com)
PSOE

¡Hay que ver en qué poca cosa queda la verdad cuando es el PSOE quien la proclama! No lo digo porque él se nombre de izquierdas, que es una impostura hilarantemente menor, sino porque nadie en la larguísima Historia de España ha hecho más contra España en general y los trabajadores y estudiantes en particular que este PSOE que nos sumerge ignominiosamente en la trampa, la corrupción y la mentira. No es extraño, pues, que los pocos que con cierta dignidad han ido pasando por ese partido a lo largo de los años, desde que fue fundado para servicio de El Club en el XIX con el fin de dinamitar a las izquierdas, hayan ido saliendo espantados en las más diversas direcciones, todos ellos afectados de depresiones galopantes de las que difícilmente han logrado ya reponerse.
Este partido colaboracionista de la Dictadura de Primo de Rivera, en muy buena medida causante de nuestra crudelísima guerra civil, de la cual huyeron sus líderes como auténticos atletas cuando la cosa se les puso (a ellos) fea y abandonaron a su suerte a los combatientes que sedujeron, y que ha torcido, degradado y hasta vaciado de contenido a la sociedad española desde su fundación, que ha institucionalizado la corrupción y desintegrado el tejido industrial de España, convirtiéndola en esta cosa de servicios, carameros y putas que nos concierne, sigue, sin embargo, empuñando el buenismo y la verborrea izquierdosa para conceder falsa carta de naturaleza a sus posturas serviles a los intereses de El Club que le engendró. Es, por hacer símiles, el lobo con piel de cordero, el pedófilo que regala caramelos a las puertas de los colegios, el timador de estampitas, el tramposo del juego, el secuaz del Gran Mentiroso.
Reclama solidaridad para que los trabajadores (sólo) admitan la traída por miríadas de inmigrantes que supondrán la pérdida de todos sus derechos; invocando falsas necesidades, justifica la práctica derogación (o su reducción a un mal chiste) del Estatuto de los Trabajadores; enfáticamente empuña el sagrado nombre de la libertad para privar de la vida a los que ni tan siquiera han nacido, mientras los más abyectos criminales y los individuos más corruptos son amparados por sus leyes y aun se les consiente la libérrima libertad; sonríe cuando nombra por empresarios a los trabajadores que sus leyes privaron de sus empleos y los condenaran a buscarse la vida como “autónomos”; blande inmorales justificativos para que el Erario (los españoles de bien) corra sin contrapartidas con las pensiones vitalicias de los cientos de miles de empleados que tramposamente las grandes empresas liquidan enviándolos a la jubilación anticipada, y que sean sustituidos por criaturas a los que se les paga la décima parte que a aquellos y sin más derecho que la obediencia forzosa; degrada con sonoros argumentos a los trabajadores, reduciéndoles a esclavos mileuristas con contratos eventuales o en economías sumergidas, al tiempo que bajo cuerda promueve y acepta jornadas vencidas con mucha sangre cuando los hijos del cartabón y la plomada instauraron la Revolución Industrial a principios del XIX; con solidario verbo europeísta ningunea a los titulados superiores españoles equiparándolos a quienes han hecho cursillos de verano o han obtenido su titulación por las fundas del chocolate, al mismo tiempo que prepara ingentes dineros en I+D que disfrutarán titulados extranjeros; tras de sonrisas Profidén y bajo trajes de Armani ha institucionalizado la corrupta comisión a las empresas a las que les consentirá lo que sea y como sea; con cara de buenos han ignorado los cinco derechos fundamentales de la Constitución del 78; empuñando el nombre del progreso ha empujado a la sociedad trabajadora a endeudarse hasta la vida eterna, convirtiendo a la sociedad en una masa de deudores sometidos a la indignidad del látigo; sonrientemente ha promovido la indecencia de un estado que ha ido organizándose en ejércitos privados y en parcelas privativas de unos pocos; con carita de pena ha reducido la Justicia a una risión manipulada por ellos que condena inocentes o pequeños delincuentes, y coarta a los grandes pillos con mucho dinero o título nobiliario; en el nombre de la igualdad ha encumbrado a cuanto bicho hubiera sin hospitalizar para privar de oportunidades a cualquier talento que pudiera aportar luz, porque les descubriría; con enormes recursos ha promovido leyes y campañas para los más estúpidos fines que coartan las más elementales libertades, en esta España que con ellos se está cayendo a pedazos como si estuviera afectada de lepra; y ha hecho de España, en fin, esta cosa que nos concierne, duele y hasta ofende.
Con sus corifeos medios de lavado de cerebros de masas, ahoga la verdad con veleidosos argumentos vacíos de contenido, reduciendo a la sociedad a una nada manipulable, merced a una escudería de opinadores con las circunvoluciones alicatas de consignas vacua, que difunden los sofismas que les procuran sonoras victorias electorales y les permite seguir nutriéndose de la teta patria, de la masa productiva engañada por la dávida o por la promesa que jamás será cumplida; desde esos mismos medios se pregona que lo que ayer sirvió para que ellos alcanzaran el poder, hoy es merecedor de que sus guardias apaleen a los hambrientos, a los honrados; desde esos medios se degrada a quienes denuncian el timo colectivo que perpetran; y desde esos mismos medios se demoniza a quienes aún creen en la libertad, en la Justicia o en España. Habitamos pues, la peor de las Españas posibles. Cualquier..., cualquier otro tiempo pasado, sin duda, fue mejor.
Planes

Lo que no se puede negar es que sentido del humor no nos falta: no todo iba a ser malo. Ahora resulta que el Gobierno va a hacer un Plan que aporte ciertas medidas que palien la falsa crisis que ha producido el Plan que teníamos la pasada legislatura y el cual nos condujo al endeudamiento masivo y a la quiebra. Debe ser el de los mozos. El de los mozos de Plan, claro. Aquí, el único Plan Económico que había, si es que se refería el Presidente a ése, era el de tirar de ladrillo, mirar al tendido silbando para no ver la corrupción que anegaba el solar patrio por sus cuatro puntos cardinales, y consentir que los pillos hicieran su agosto mientras la población traía a su legislatura los haberes de los próximos cuarenta o cincuenta años, mediante créditos aparentemente blandos que al final no lo fueron tanto. Pan para hoy, en fin, aunque robándoselo a un futuro que ya nos empieza a concernir, porque en este presente de hoy tenemos las deudas que adquirimos en la gloriosa pasada legislatura. Ése fue el Plan del Gobierno. Ése, y aciertos como los de Solbes, quien liquidó buena parte del oro nacional porque ya no podía subir más, cuando hoy está al doble de su precio... y subiendo. Vista que tienen nuestros talentos, en fin, quienes saben hacer unos Planes de primera.
El Plan Económico de emergencia que se le ha ocurrido al Gobierno, como no podía ser de otro modo, va por los mismos andurriales, y se propone abundar los bolsillos de quienes ya los tienen atiborrados, menguar en connivencia con los dudosos sindicatos los derechos y salarios de los trabajadores, subir los impuestos a como dé lugar (aunque sea con la trampa de la gasolina) y aumentar tan tramposa como inmoralmente el precio de las cosas hasta el latrocinio, tal y como sucede, por ejemplo, con la electricidad, a fin de que un precio imposible invite al personal a que no conecte el aire acondicionado cuando lleguen los calores y conseguir así que no salten las infraestructuras que debería haber y no hay hechas añicos, como sucedió el verano pasado en Barcelona. Dos negocios: no se invierte un real en infraestructuras y se saca un pastón mayor con la recaudación que se consiga que si cada ciudadano paliara el calor con aparatos eléctricos.
Además, así sabrán los ciudadanos que tienen que ir acostumbrándose al Infierno.
Es el Plan de la Risa, pero tanto, que a uno, muecas aparte, se le saltan las lágrimas. Hasta el cielo se ríe a mandíbula batiente de este Presidente mufa que tenemos: si dice que gana seguro el Barcelona, le meten cinco goles como soles; si dice que trasvase (aunque lo niegue) el cielo inunda las tierras de sequía, y si quiere inaugurar la Fiesta del Agua en una Zaragoza como un desierto, inundación. Se puede imaginar uno, pues, cómo va a salir el Plan de Emergencia del Gobierno: las empresas que tienen que prensar el dinero para que les quepa van a tener dificultades con los dineros que se les vienen encima, los trabajadores van a tener que mendigar para hacer frente a las hipotecas y los créditos, el vivac se va a poner de moda por la cantidad de familias que van a perder su casa y vamos a estar todos como unas pascuas entregados al lujo y la molicie... llorando de risa. Aunque de risa tonta, por supuesto.
Sin embargo, en esta tierra de humoristas gloriosos, de Chiquitos de la Calzada y Chiqui-chiquis de risión y atrezzo, no nos van a faltar motivos para el orgullo patrio con esos superhombres, esos dioses que han dejado a Dios como a un ignorante que son los fumbolistas y el Europeo de Fumbo... o lo que sea, o postulándonos a sede de los Juegos Olímpicos de la víspera del Fin del Mundo, porque para malgastar millones y alimentar parásitos que promuevan y entretengan, nos las pintamos solos. Practica el deporte: contamos contigo. Fumbo, eso sí, y proyectos de olimpiadas en un país donde las mejores carreras eran las universitarias, pero a las que como el Gobierno las tiene tirria (no en vano la mayoría de sus señorías han sido incapaces de terminar el COU), sirviéndose del atroz Tratado de Bolonia, las va a convertir en cursillos de Radio Maymó o CCC. Además, ¿para qué queremos carreras, si ya nos dice la Comunidad de Madrid en su propaganda que ni Museo del Prado ni nada: lo bueno de Madrid es el metro.
Esta, señores, es España, mi querida España, esta España tuya, esta España nuestra, etcétera. La España posible. O este país, como decía el irrepetible (por lo perverso) Felipe González. Tendremos, pues, no un Plan, sino muchos Planes: económicos, fumboleros y hasta Olímpicos, como nuestra estulticia. Y, por si fuera poco, los toros, que para eso hemos mandado a una legión de matarifes del arte del sufrimiento a Europa, para que sepan de primera mano sus señorías de la escuadra y la plomada que matar en España bien puede ser un arte..., especialmente cuando los que mueren son los otros. Como siempre, en fin.
Planes que nos satisfacen, faltaría más, y que aún pedimos al Gobierno que haga otros cuantos, porque con la tristeza que nos asola los necesitamos con mucha más frecuencia, siquiera sea para echar unas risas. Si el despelote, la corrupción y el desmembramiento social entre riqueza y miseria que nos asoló estaba planificado, tenemos sobrados motivos para suponer que los nuevos planes nos van a traer mejor y más esplendorosos soles. ¡Socorro!
La Gran Estafa

Hace sólo un mes y medio el mundo era un lugar hermoso donde merecía la pena vivir, el futuro un tiempo de verduras y parabienes, y los pájaros cantaban, las nubes se levantaban y que sí, que no, había un esplendente arco iris iluminándonos con sus beldades. Sin embargo, oiga, celebrarse las elecciones y que lo mejor es suicidarse, todo es uno y lo mismo porque el futuro es un lugar feo y terrible donde no hay un agujero donde esconderse, el cielo está atestado de buitres que devorarán nuestra carroña y los dioses del infortunio la han tomado contra nosotros. Cosa de no creérselo vaya.
Si verdaderamente los políticos que debieran saber qué, cómo y cuándo va a pasar lo que sea no han visto venir esta trampa de crisis que muchos y desde muchos medios vienen avisando desde hace años —y aun poniéndole fechas—, ¿cómo podremos creerles cuando dicen que vamos a crecer esto o que el euríbor va hacia lo otro, o que el desempleo o los superávit o el precio del pan tal o cual?... No, nada de eso; a quienes se le cuelan cosa como ésta, lo mejor es mantenerles lejos del Gobierno y de la Política, porque son extremadamente torpes y aún más ciegos, lo que les convierte en criaturas excepcionalmente peligrosas. Esto siempre que... no lo supieran y que por motivos electorales lo callaran, porque entonces, desde luego, no serían simples estúpidos, sino estafadores de masas, tocomocheros de países y hasta golfantes apandados. Desde luego, y en cualquier caso, no merecen bajo ningún concepto estar al frente del Gobierno, ya sea por delincuentes —en el caso de que lo supieran y lo hubieran callado—, ya por incompetentes —en el caso de no ser capaces de prever qué iba a pasar en su propio país sólo un mes y medio después de un momento dado—. ¿Qué podemos esperar de quienes ayer dijeron crecimiento y hoy dicen recesión, y qué de quienes ayer dijeron empleo y hoy hablan de millones de desempleados. Desde lo alto de estos inconmensurables despropósitos, mes y medio nos contemplan.
A mí, sin embargo, como soy novelista, todo este desafuero colectivo me parece un simple guión. O, si no, vean la situación con cierta distancia: Érase que se era una sociedad donde, de la noche a la mañana, aparecieron dineros por todas partes no porque se hubiera encontrado ninguna panacea ni nada por el estilo, sino porque alguien repartía a tutiplén créditos blandos por doquier, lo que les facultaba a los ciudadanos para traer a su presente los haberes de los siguientes 30 ó 50 años. No; no es que vivieran 30 ó 50 veces mejor que antes, sino que habían anticipado los haberes de los siguientes 30 ó 50 años; pero igual disfrutaban de coches, casas, vacaciones de lujo, cirugías estéticas, etcétera, mientras como las ratitas de Hammelin caminaban felices y contentas hacia el precipicio porque, al mismo tiempo que ellos gastaban ahora su futuro, eran traídos casi a la fuerza de los cuatro confines millones y millones de inmigrantes dispuestos a lo más degradante por unos céntimos. Así, el natural, al tener que competir con esos nuevos bárbaros, comenzó a ver cómo eran recortados sus derechos laborales y sus nóminas, pues tenía que repartir el pan y la limosna con los inmigrantes. Después de todo, desde hacía ya algunos años en ese país ya no se necesitaba a los ciudadanos ni siquiera para la defensa, pues que esto lo hace un ejército profesional (Defensa de España, S.A.), y para lo otro, lo de trabajar y pagar impuestos, valía cualquiera. Sin embargo, aunque el ciudadano comenzaba a comprender que le habían timado, como el dinero crediticio fácil seguía fluyendo, ¿qué más le daba?... ¿Qué importaban las pérdidas de derechos laborales, los contratos basura o el inflado artificial de los precios hasta convertir en saqueo lo necesario?... Se pedían más créditos, más años para pagar, etc., y se escondían así los demás quebrantos. Sólo quería gozar, y hacerlo ya, enseguida, ahora mismo. Sin embargo, cuando al Gran Hermano le informaron de que ya era dueño del 80 ó el 90% de todos los ingresos de la sociedad en pleno durante los siguientes cuarenta o cincuenta años, ordenó cerrar el grifo del crédito y mandó que comenzaran a subir el precio del petróleo, el euríbor, los cereales y que se dieran un garbeo por el redondo mundo los cuatro jinetes del Apocalipsis, a fin de que el pánico condujera a los ciudadanos a refugiarse... ¿en quién?..., exacto, en el Gran Hermano. Así, la cadena crediticia, desde ese momento se fue cerrando en torno al cuello de cada ciudadano, impidiéndoles siquiera respirar con libertad. Todo lo que los ciudadanos disfrutaron antes, se convertía ahora en lágrimas, y su libertad, en esclavitud. El nuevo amo, el nuevo señor del nuevo orden, había ganado su partida, y colorín, colorado, quien nació para obedecer fue esclavo.
Bueno, menos mal que soy novelista, ya digo, y que esto no es más que una descabellada idea que nada tiene que ver con la realidad, porque de tener algo en común con ella, aunque fuera muy, pero que muy lejanamente, las pasadas elecciones generales habrían sido la más grande estafa de todos los tiempos.
La sala de los espejos

Con pasmosa naturalidad, y hasta diría que con algo de resignada comprensión, dos interesantes personajes muy altamente cualificados discutían el otro día en Libertad Digital TV acerca de la Economía, y, aunque sus criterios en muchos aspectos eran divergentes, ambos convenían en que la corrupción institucional era un mal tan habitual que podría decirse que era producto del tiempo que vivimos, porque los Partidos —¡pobrecitos!- tienen que financiarse. Me quedé perplejo no por ignorar este hecho tan indignamente frecuente, sino por casi disculparlo invocando la necesidad de financiación que tienen los Partidos. Puestos así, el delincuente en general perpetra delitos por necesidad de lo que sea —comer, vivir bien, disfrutar matando, etc.—, y en la misma medida debiera ser exculpado o consentido.
Si quienes juran cumplir y hacer cumplir la Ley la infringen tan impune como estúpidamente —pues que pueden legislar para cambiarla—, ¿no están cometiendo acaso más de dos delitos cada vez que perpetran uno?... Lo sorprendente del debate era que, yendo más allá, ambos tertulios parecían convenir en que la Oposición no hace nada porque se financia de la misma forma allá donde puede. Uno, claro, se retrotraía instintivamente al rifirrafe del Parlamento Catalán cuando lo del hundimiento de El Carmel, donde sus señorías se acusaron unos a otros de cobrar comisiones que iban del 3 al 10 por ciento a las empresas de obras públicas, y caí en la cuenta de que allí no pasó nada, ni intervino la fiscalía ni ningún juez —ni aun ésos que andan por el mundo buscando dictadorcillos extranjeros de mucho postín, o que, según como vengan dadas, encarcelan o liberan a radicales vascos—, a las bolsas de basura llenas de billetes pequeños que inundaron la sede de Ferraz en los patéticos años de Felipe González o a mil casos más. Nadie se conmueve, nadie interviene, nadie hace cumplir la ley a quienes la incumplen si son poderosos, y, lo que es más grave, hasta quienes lo critican suelen agitar la cabeza en un tic de comprensión.
Sin embargo, la sociedad es como una sala de espejos, y la imagen dominante termina por reflejarse no en el primer espejo al que se enfrenta, sino que a la velocidad de la luz se propaga en todos los azogues. Comienza con una imagen fea y grande —como un partido político— y, quienes están al tanto —los demás Partidos—, en vez de combatirlo, se dicen que por qué no, y replican la imagen; a renglón seguido, los ayuntamientos, en vista de que el filón es interesante, dicen que por qué no, y hacen lo suyo; luego, los que están debajo o integrados en esos Partidos o instituciones, dicen que por qué no, y se benefician también; y así, sigue la cadena hasta que la corrupción, la trampa y la pillería, llega hasta el último espejo, convirtiéndose lo abyecto en una religión, una forma de ser de la sociedad —cultural, por tanto— y un hábito tradicional.
El aparato judicial, adempero, con el objeto de contener la expansión de esta imagen de espejo en espejo, intenta controlar la propagación de la luz (negra), cosa por de más imposible, y, testimonialmente, de vez en cuando tapa algún espejo menudo (los grandes están a salvo). Esta es la realidad que nos asola: desde el pináculo del poder se ha propagado la fea imagen de la corrupción hasta el último y más menudo espejo. Ya se pude romper un espejito de la esquina metiendo en procesos a algunos funcionarios, a algún que otro policía o algún que otro pillo de medio pelo —y algún que otro inocente— a fin de intentar justificar y aún proteger el latrocino general, porque siempre será insuficiente en este país donde a la capital se la debiera llamar Manguncia.
¿Hay dudas de por qué los políticos tienen el empeño que tienen en controlar y dominar la Justicia y todos sus Órganos, mientras funciona como el despropósito que lo hace?... Todos han visto el modelo, y, como espejos que son, lo replican. Poco importa qué digan las palabras y aun cuáles sean las pruebas, porque todos los espejos saben cómo y de qué manera funcionan las cosas y que desde el mismo colegio a lo más alto de la nación, cada espejo hace y desarrolla su cuota de tramposo poder en la misma proporción que refleja la imagen modelo.
Podrán detener a unos pocos funcionarios, a unos pocos policías corruptos o a algún tramposo de algún ayuntamiento que está levantando demasiada polvareda, pero el mal jamás desaparecerá mientras la imagen modelo sea tan horriblemente fea como la que es, porque un espejo no elige qué refleja. Si al cuerpo que proyecta las imágenes se le pusieran esposas y se le condujera a un juzgado y aun a un penal, todos los demás espejos enseguida, de la misma forma, se aplicarían el cuento. Entonces habría Justicia, pero no sé si habría partidos políticos, y a lo mejor no es eso lo que queremos.
La Derecha

Al PP le han salido fontaneros y varones (o varonesas) que pugnan enconadamente por el poder; pero más allá de todo eso, y aun desbordando el gen galaico de Rajoy que le empuja a soldarse al poder como Franco, Fidel o Fraga, el verdadero problema del Partido está en el espacio disponible. No queda mucho espacio en la Derecha, porque el PSOE lo ha capitalizado casi todo. ¡Incluso suele llevar a efecto las propuestas del PP en cuantito tiene ocasión, arrebatándoselas y apuntándose el tanto!...
Si algo diferencia a ambos partidos, aparte de los colores de la bandera y la enfermiza propensión al maniqueísmo y la demagogia del PSOE, sin duda son las filias masonas, la pertenencia o no a las órdenes jacobinas de este mismo Partido. Fuera de eso, oiga, tal cosa. En lo real, en el día a día, no existen diferencias que excedan ese límite demagógico que mencionaba, porque el PSOE fue derivando a lo largo de su Historia hacia postura tan extremadamente derechistas que si hoy, sin descubrir el nombre del Partido, les preguntáramos a los votantes quién ha promovido tal o cual iniciativa, no tengo la menor duda que masivamente los electores afirmarían que el PP. Así es la cosa: no sólo le han usurpado su espacio natural al PP, sino que lo venden envuelto en verborrea izquierdosa, que es lo único que tienen. Son verdaderamente expertos en esto porque llevan demasiados años hablando de una cosa mientras hacían la contraria, y, valiéndose de esta maestría tan largamente perfeccionada, empujan a los militantes de sus competencias a enfrentarse, romperse y dividirse, tal y como hicieron ya con la UCD. La Historia, después de tantos años, sorprende que se repita y que los adversarios de este partido manipulador, no hayan aprendido nada.
Todo, al final, es una simple cuestión de palabras, de vender como los feriantes, de propaganda, y queda claro que el PSOE lo sabe hacer estupendamente bien, entretanto el PP se enroca y sigue las directrices que desde el PSOE le lanzan. Si alguien de ese partido o del Gobierno le pide al PP que hable de esto o de lo otro, el PP, al día siguiente como muy tarde, va y responde, haciéndoles el juego y perdiendo no sólo la iniciativa, sino también su idiosincrasia, pues que pasa de ser algo a nada más que responder con servil obediencia a los planteamientos que, curiosamente, le hacen sus rivales. ¿Cómo va a ganar quien parte de posturas de debilidad?...
Rajoy, lo que no tiene, es personalidad. Ha perdido en dos ocasiones por falta de carácter, porque no ha sabido enfrentar al adversario ni siquiera defender su espacio electoral. Se ha ocupado tanto y tan seguido de mantenerse en el poder, que se ha olvidado de que dirige un partido con ideas propias que no tiene que dar ninguna clase de explicaciones más que a sus propios votantes. En definitiva, no sabe lo que es el liderazgo, y esto se paga con el derrumbe del partido o con su reducción a un puesto de segunda o tercera fila. Pasó con UCD y está pasando con el PP.
Tal vez fuera hora de que alguien hablara del PSOE y de su dudosa historia, descubriendo lo que se encuentra bajo su disfraz de rojo. A cualquiera con un poquitín de conocimiento de Historia no es necesario informarle que fue constituído por los de las organizaciones discretas para destruir a la izquierda radical y comunista, domesticándola como de derechas entretanto se creían de izquierdas; o que este mismo partido, con Largo Caballero, con la UGT y con otros muchos políticos de su corte, fueron un imprescindible adminículo de la Dictadura de Primo de Rivera para sostenerse en el poder, además de que en la misma Guerra Civil, por los pelos, no llegó a establecer una alianza con Falange. Pero para los legos en Historia, bastaría que les descubrieran su verdad izquierdista, informando adecuadamente cómo trajeron a España los contratos basura, cómo redujeron a un cómic el Estatuto de los Trabajadores o cómo institucionalizaron la corrupción que nos asola de Norte a Sur y de Este a Oeste, ya fuera con usos de despachos en el Gobierno Andaluz, con bolsas de basura en Ferraz, con Filesas, Times Sport, Bancos de España, BOE y los miles de asuntos que nos mantuvieron a todos contra las cuerdas del infarto, casi todos ellos hoy echados al olvido pero que sentaron las bases del orden lamentable que nos concierne, liquidando el tejido industrial español y convirtiendo a España en un país de servicios. Un país en el que, gracias a leyes como las de Boyer, se expropiaron de forma poco clara empresas punteras como Rumasa o hicieron su agosto todos los pillos de la construcción y la financiación inmobiliaria con su Ley de desalojos.
El problema del PP es que no sabe venderse porque calla culpablemente lo que pondría sobre el tapete la verdad del PSOE, desenmascarándole. La mayoría de los españoles no lo sabe, pero al votar PSOE quieren votar PP, pero les engañan las palabras... y los hechos. Nadie del PP, sin embargo, dice nada. Sólo se insultan y dividen, regalando España a quienes no la merecen. ¡Qué pena!
Eurovisión

Lo bueno que tienen los festivales como los de Eurovisión es que ofrecen una exacta radiografía de cada país participante, qué son y a qué aspiran. En el Festival de Eurovisión del sábado pasado, como no podía ser de otro modo, sucedió exactamente eso, y, en su conjunto, fue una radiografía de Europa: una colonia del Imperio. Dominaron las canciones pop, los representantes de la inmensa mayoría de los países renunciaron a sus respectivas lenguas para tomar prestada la del Imperio, y se mimetizaron de tal modo que eran indiferenciables, poco importaba si el/la intérprete de turno pertenecía a una cultura u otra, si practicaba una religión u otra y aun si su sociedad tenía características propias e individual idiosincrasia o no: todos, o casi todos, eran exactamente lo mismo. Tal vez por eso, más que una competencia amigable entre países, lo era entre intérpretes y aún entre canciones, vacuas para más señas. La riqueza multicultural de Europa quedó circunscrita a una imitación de los ritmos imperiales, con semejantes sonsonetes, parecidos vestuarios e idénticos fines que ganar con las mismas herramientas a fin de convertirse en el próximo superventas, si los mandingas de los emporios discográficos lo estimaban conveniente.
En lo demás, siguiendo la línea general, como tantos otros años ganó quien más influencia tenía o más vecinos bien avenidos, primando la buena vecindad o la afinidad geográfica más que ningún otro principio. Los países de la cola, aquéllos que sólo limitan con uno o dos países, como siempre, quedaron como los últimos orejones del tarro. Como colonias, por supuesto; pero igual siendo los últimos orejones.
En lo particular, sin embargo, la cosa fue muy otra. Como español, creo que el acierto de elegir a Rodolfo Chiquilikuatre fue toda una hazaña de sagacidad, pues ni realizando con los mejores sabios la selección del participante y su tema se podría haber alcanzado mayor síntesis del momento actual por el que atraviesa España: era el resumen exacto, cabal y admirativo de qué somos y cómo somos.
Para empezar, llevamos a un cantante que no es cantante, tal y como suele suceder en nuestro país en casi todos los ámbitos, donde como en ningún otro se cumple a carta cabal el principio de Peter, razón por la cual disponemos al frente de cada Institución y Área Social de los individuos menos cualificados, desde lo más alto a lo más bajo, como por ejemplo de una Ministra de Defensa pacifista, de técnicos y ministros de Educación que con dada nuevo plan multiplican el fracaso académico o de políticos, jueces y fiscales mucho más que cuestionables. Después, para mejorarlo, proyectamos una loquesca imagen de nuestra España real con un tema tan intelectual como acertado, reduciendo la esencia que nos concierne a una risión de tal magnitud que uno, si tiene que desvelar su nacionalidad, prefiere nombrarse como latinoamericano, por ejemplo. Y, para rematar la memorable actuación, le adoban con el vestuario más adecuado de mamarracho desubicado, presentando a la comunidad internacional la carta de credenciales de una sociedad que ha tocado fondo de la vacuidad, la simpleza y el ridículo generalizado.
Hay que felicitar encarecidamente, pues, a quienes hicieron la selección temática, eligieron al intérprete y le adobaron tan convenientemente, sintetizando con tal maestría la realidad actual española. Así es España: una efusión de Buenafuentes, Sardás, plumíferos, alcahuetes, opinadores a sueldo, famosos de chicha y nabo, corruptos y cohechadores que asnifican hasta el rebuzno universal a este país que, si alguna vez aportó algo a la Historia y a la humanidad, sin duda debió ser por error, a tenor de lo que hoy se hace con todo ello.
Nuestro momento actual no pudo estar, de ninguna manera, mejor representado: exactamente eso es España, ni más ni menos. Somos, según los tozudos sucesos, un esperpento de nosotros mismos, una risión eónica, una atroz ridiculez de lo que debiéramos ser, la vacuidad elevada a la enésima potencia y un páramo para solaz de freakys donde la mayor impostura, la estupidez más profunda o la simple trasgresión de los bichos puede ser premiada con el éxito, la fama, los ingentes dineros y hasta puede ser que con el Cervantes.
Y no es malo que seamos lo que somos. Lo malo, lo verdaderamente malo, es que sabiendo que somos ignorantes que propulsamos a lo más aberrante de nuestra sociedad a la picota del modelo, nos jactamos de ello, nos ufanamos del logro y lo enviamos a que nos represente. España: sol y freakys (por bichos).
Cocinillas

La noticia, parece, está en la cocina. No se salva un telediario ni un periódico: entre los nuevos dioses están los cocineros y la comida. No; no se trata de una cocina de supervivencia o de una comida sostén, sino de la pijada, la memez elevada a la enésima potencia, el ensalzamiento de la vacuidad a la categoría de paraíso. Cuando no es un concurso de tapas, lo es de alta cocina o de premios internacionales dados a platos de nombre rococó, precio largo y condumio corto, al mismo tiempo que la mitad de la población del planeta pasa hambre en crudo, está desnutrida y casi cuarenta mil niños cada día nos dicen adiós para siempre con la tripa como un sapo y los ojos devorados por las moscas, que no entienden de alta cocina pero se dan unos festines con la miseria que para qué cuento.
Duele. La insoportable levedad del ser, tituló a su obra Milan Kundera, pensando cuando la escribía en la vacuidad del esfuerzo y la inutilidad e intrascendencia de la vida. Estaba deprimido, quizás, o había visto tres o cuatro telediarios con estos cocinillas preparando platos con nombre de tratado de filosofía, tal vez. En cualquier caso, la levedad es insoportable, es de una superficialidad que clama un armagedón el que haya seres que piensen en gastarse fortunas o dediquen siquiera su tiempo a su estómago y sus mantecas, mientras la sociedad se descuartiza entre la opulencia y la necesidad o simplemente la muerte. Tal vez por eso nos pasa lo que nos pasa, porque a pesar de que pasan los siglos y los milenios, continuamos siendo seres elementales, simiescos, que continúan espulgándose y mirándose el ombligo nihilistamente, si es que no onanistamente. Lo que mola, lo que seduce, según se ve, es lo superficial, lo vacuo, lo inútil, el arte de la seducción a través de la moda, de la arrogancia a través del coche o la casa o la prepotencia del jefe de la manada derrochando en ambrosías a precio de oro, cuando más alimenta la sopa de casa y aún el cocido de toda la vida. Porque la vida, es otra cosa; comer, es sólo alimentar el motor que nos sostiene, no es el fin, ni siquiera el medio, sino lo imprescindible, como ir al baño.
A lo que se suspendió hay que volver, como cuando el colegio. Repetir la Historia una vez y otra hasta que se comprenda: de eso se trata. Occidente no ha comprendido ni papa, no entiende que no se pueden hacer estas cosas, y que si se hicieran, habría que esconderlas celosamente en la más oscura intimidad, porque insultan. Insultan el buen nombre de la especie, la cortesía más elemental y hasta el buen gusto del que petulantemente, quienes practican estos atropellos, presumen. No se debe pronunciar la cuerda en la casa del ahorcado, ni debe permitirse que nuestras señales de televisión lleguen a los barrios marginales donde se llega con enorme dificultad a final de mes a pesar de trabajar como bestias por un salario de hambre, tanto más en casi todos los rincones del mundo donde no tienen qué llevarse a la boca. Es indignante, ofensivo, arrogante, merecedor de todo vituperio.
¿Qué pensarán en esos países donde languidecen de miseria cuando vean a los dioses de Occidente derrochar fortunas en fruslerías?... ¿No generarán un odio tan visceral que cualquier cosa mala que nos suceda lo verán como Justicia Divina?... Que no seamos solidarios con ellos es una cosa, pero que convirtamos su suplicio en espectáculo no nos hace mejores que a los césares y los romanos que presenciaron enfervorizados el martirio de los cristianos. La barbarie sólo ha cambiado el escenario. No sólo se les niega la supervivencia, el euro diario que les libre de una muerte tan atroz como segura, sino que les restregamos por la cara que su salvación la despreciamos, que la tiramos por la ventana, que la dilapidamos en nimiedades que, un par de horas después, defecamos. ¡Qué atroz necedad, que ofensa a la inteligencia, a la moral más primaria, a la ética más básica, a la más elemental cortesía!
El hombre es una criatura en la que se cruzan dos universos multidimensionales: el físico y el intangible, el de las dimensiones conocidas y el que tiene aquéllas a las que no sabemos ponerlas nombre, cuerpo y alma, mortal e inmortal, materia e inteligencia, necesidad y fe o credo. Sin embargo, día a día, lejos de evolucionar hacia lo sublime, nos animalizamos, nos centramos más y más en la satisfacción de lo efímero, cual si hubiéramos renunciado a lo más alto, a lo más noble, a lo más bello. La suerte, tal y como están yendo las cosas, solitos nos la estamos forjando.
Aburre, cansa, hastía tanta necedad. “Que me quiten lo bailao”, dicen algunos cuando satisficieron sus necesidades básicas; pero es mentira. Una, dos horas después, volverán a sentir la necesidad, sólo que ahora, conocida la ambrosía, ya no se conformarán con menos y serán rehenes de infelicidad si no tienen lo que desean o lo que tuvieron. Miro atrás, a lo que fue mi vida, y no recuerdo qué comí aquella vez o aquel día, pero sí qué hice y cómo me sentí. La memoria deshecha lo vacuo, pero el vacuo se entretiene como cocinilla.
Angel Ruíz Cediel, escritor www.angelruizcediel.com
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