Editado por Eduardo de Lácara
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.................................... Sebastián Urbina, profesor titular de Filosofía del Derecho en la... .. . ......................... .................................................Universidad de las Islas Baleares
..........................................................................http://sebastianurbina.blogspot.com


¿Cómo hemos llegado a esto?

No hay obra humana que sea perfecta, ni hay mal que cien años dure. Así, el período llamado ‘la Transición’, fenómeno político que provocó la admiración y los comentarios de medio mundo, se arrastra penosamente por los suelos. Su expresión, el Estado de las Autonomías, esta carcomido por la ineficiencia, las duplicidades, el gasto público fastuoso, la corrupción y su metamorfosis en reinos de taifas. ¿Cómo ha sido posible? Doy por sentado que no hay una única respuesta que conteste a todos los interrogantes. Sugeriré la causa que me parece más relevante, en inevitable conjunción con muchas otras, de mayor o menor importancia. Me refiero a la deslealtad constitucional. En concreto, a la deslealtad constitucional de los nacionalistas periféricos. Aunque, hoy, sería más preciso llamarles separatistas periféricos. Ya se han quitado las caretas por completo.

Es sabido, que la Constitución española, en su Título VIII, De la organización territorial del Estado. Principios Generales, establece:

Artículo 138.
 2. Las diferencias entre los Estatutos de las distintas Comunidades Autónomas no podrán implicar, en ningún caso, privilegios económicos o sociales.

Artículo 139.
1. Todos los españoles tienen los mismos derechos y obligaciones en cualquier parte del territorio del Estado.

Si el contenido de estos artículos no se hubiera negado, u obviado,  por buena parte de los políticos y ciertas interpretaciones jurídico-políticas, y si la ley electoral no hubiera permitido un representación de los partidos nacionalistas, muy por encima de los votos obtenidos, la situación actual sería diferente y mejor. Pero lamentarse no sirve de nada. Lo acuciante es afrontar la realidad actual, aunque apetezca largarse y apagar la luz al cerrar la puerta. Por tanto, y dado que los comportamientos actuales de los partidos separatistas sólo se diferencian en intensidad de sus comportamientos anteriores, no hay que abrigar esperanzas. Seguirán igual, o peor. ¿Qué se puede hacer? Quejarse es un deporte muy practicado. Además, algunos miedosos suelen añadir, con voz circunspecta: ‘no hay nada que hacer’. Nos encontramos, pues, con algunos ciudadanos partidarios del destino, del hado. Una hilera de acontecimientos que nos conducen, de forma inexorable, a un final predestinado. En nuestro caso, a la desintegración de España. A ritmo de vals, o a ritmo de samba. Pero destino fatal. Por supuesto, los separatistas periféricos saltan de alegría al ver que muchos españoles no se ven capaces de apoyar y defender a su patria. Se dan por vencidos antes de luchar. ¡Magnífico! Aunque mi opinión de la clase  política, en general y con las honrosas excepciones de rigor, es pésima, no creo que la responsabilidad sea exclusivamente suya. A fin de cuentas, en una democracia, los políticos son elegidos por el pueblo. Sin ir más lejos, el Presidente Zapatero ha sido elegido dos veces. ¡Dos veces! O sea, todo pueblo tiene el gobierno que se merece, si puede elegirlo.

Dicho esto, los diez u once millones de votantes del partido popular (y los que sean del partido socialista) se han quedado ayunos de guía política y de principios. No glosaré la irresponsabilidad e incompetencia de Zapatero. Me centraré en Rajoy. No dudo de que este señor es mejor político que Zapatero. Tampoco es difícil. Pero esta no es la cuestión. En momentos de grave crisis institucional y moral de nuestra sociedad (la crisis económica, siendo grave, no es la peor), unos dirigentes que representan una opción política diferente a la del socialista Zapatero, no pueden ni deben centrarse, exclusivamente, en la gestión económica. Esta actitud tecnocrática es defendible en situaciones de normalidad política. Pero ahora estamos viviendo momentos de anormalidad. No es suficiente con hablar del precio de la leche. ¿Por qué los dos grandes partidos han pactado con los separatistas antiespañoles? Porque han carecido de sentido de Estado (cada uno con su respectiva cuota de responsabilidad), y porque la antidemocrática ley electoral (no respeta el principio de ‘un hombre un voto’) les ha concedido a los separatistas el papel de bisagra política. Con su típica deslealtad, han exprimido al partido que les necesitaba para gobernar. Es decir, nos han exprimido a nosotros, a los españoles. Y, encima, se han hecho y se hacen, las víctimas. En 1978, millones de españoles saltaron alborozados con la llegada de la democracia. Y creyeron que nuestros problemas políticos, superado el franquismo, estaban resueltos. En fin, espero que hayamos aprendido algo en estos treinta años. La democracia no se defiende sola. Tampoco la libertad. La democracia y la libertad necesitan ciudadanos comprometidos que las defiendan.

Por desgracia, los políticos (no todos) son parte del problema que estamos viviendo. No son la solución. Mediocres, en buena parte corruptos o consentidores de la corrupción, serviles con sus jefes y al servicio de los intereses del partido. No al servicio de los intereses de los españoles. O los ciudadanos estamos dispuestos a organizarnos, para defender la Constitución (antes de ser manoseada), o la clase política nos hundirá, todavía, más. Esta regeneración de la vida política puede y debe hacerse (así nos lo dice el artículo 6 de la Constitución) con los políticos decentes que compartan nuestros objetivos de regeneración democrática. Lo de políticos ‘decentes’ no lo dice la Constitución. O seguir sentados en el sofá, y quejarnos de nuestra desgracia.



Izquierda, familia, educación


Condenado por tirar de la cama al hijo (de 17 años) de su pareja que no quería levantarse. La titular del Juzgado de lo Penal número 4 de Santander ha condenado a 36 días de trabajos en beneficio de la comunidad a un hombre que tiró de la cama, volteando el colchón sobre el que reposaba, al hijo de su pareja, ya que se negó a levantarse. Las mentalidades de tendencia totalitaria, siempre han tratado de ocupar el papel y el espacio de la familia. La historia se remonta, al menos, a Platón.  La divulgación de sus ideas ha sido una constante en la historia. Al menos en la de Occidente. Lo malo es que ha transmitido una visión totalitaria de la vida (por ejemplo, en La República) como si fuese algo bueno. Y es bueno (dicen los apologetas) porque ensalza el papel del Estado, el Estado justo, que está determinado por el Bien, es decir, lo que garantiza que habrá orden y no caos. Por supuesto, con debilitamiento, o eliminación, de la libertad de las personas y de los organismos intermedios entre el individuo y el Estado.

Dado que las personas no saben lo que quieren, porque son caprichosas, incultas y perezosas, se necesita un Gran Timonel que les guíe por el camino correcto. ¿Por qué pretenden tal cosa? Porque ellos tienen planes. ¿Para quién? Para la sociedad en su conjunto. O sea, para nosotros. No se conforman con tener planes y proyectos personales, como usted y yo. No. Ellos quieren diseñar los proyectos de los demás.

Por una parte, están los proyectos y planes que las personas realmente tienen y por otra, los planes y proyectos que las personas deberían tener. O sea, los planes realmente buenos. ¿Quién lo sabe? Papá-Estado y sus burócratas progresistas. De ahí que la izquierda no caiga en la peligrosa torpeza de confiar en la espontánea decisión de los individuos. Es decir, sociedad civil, mercado y esas cosas liberaloides de la derecha rancia y casposa.

Dado que la izquierda es ‘constructivista’, es decir, cree que puede diseñar racionalmente el modelo de sociedad perfecta, todas las personas deben aceptar este diseño racional. Rechazarlo sería propio de ignorantes o malvados. Gente irracional. ¿Qué hacer con esta gente? Escuelas o campos  de rehabilitación,  que han sido una constante en la historia de la izquierda. La asignatura de ‘Educación para la Ciudadanía’ es, en nuestro tiempo, un intento de ‘normalización política’. Y lo que ‘normalización política’ significa es la creación de generaciones progresistas, según lo que la izquierda dominante entiende por progresismo.

Las peligrosas tendencias educativas de la izquierda se remontan, al menos, a la década de los años sesenta. En general, la izquierda equiparaba revolución social con revolución educativa. Una idea central era la de criticar duramente las relaciones profesor-alumno. ¿Por qué? Porque eran autoritarias.  Aunque los vacíos de autoridad se suelen llenar rápidamente. ¿Quién los llena? El modelo emancipador y solidario de la izquierda progresista.

En definitiva, la cultura era, por definición, cultura represiva. ¿Para qué enseñar a nuestros retoños cultura represiva? Es mejor que aprendan ellos mismos. Son más sanos y más honestos que los profesores y los padres, ya contaminados por la sociedad de consumo. Y de esta demagogia pseudo educativa tenemos la actual tendencia en la que los adolescentes se hacen su propio currículo y pueden elegir lo que les apetece estudiar. La educación progresista ya no consiste, al menos básicamente, en transmitir los conocimientos heredados sino experiencias y actitudes progresistas.
Y con esto volvemos al principio. No diré que estoy a favor de echar a patadas al niñato que no quiere levantarse de la cama para ir a clase. Pero tirando de una oreja, sí. Los padres tienen la obligación de educar a sus hijos. Para el beneficio de los propios hijos. Y luego tienen que ir a la escuela para que les enseñen. ¡Pero ya tienen que estar educados por sus padres!

Una exigencia educativa básica es poner límites. El niño ha de saber que no puede hacer todo lo que le venga en gana. Si los padres se lo permiten todo le están convirtiendo en un pequeño dictador. Es decir, le perjudican en su formación como ser humano responsable. Porque la vida es dura. Exige esfuerzo, trabajo, disciplina y capacidad de resistencia ante la adversidad. Los niñatos lo tienen peor. Tendrán que acudir a ’mamá’ porque no son autosuficientes. Pero ¿qué pasará cuando ‘mamá’ ya no esté?

Las mentes intervencionistas lo tienen calculado. Si ya no está ‘mamá’, no te preocupes. Tendrás a ‘papá Estado’ que te protegerá. Por eso hablé, al principio, de ‘tendencias totalitarias’ O sea, no al esfuerzo, al mérito, a la autoridad de los padres y profesores, a la excelencia.  Sí al botellón, al buen rollito, talleres de masturbación, y pasar curso sin esfuerzo.
   
‘Una vez se admita que el individuo es sólo un medio para servir a los fines de una entidad más alta, llamada sociedad o nación, síguese por necesidad la mayoría de aquellos rasgos de los regímenes totalitarios que nos espantan’. (Friedrich von Hayek)



Felicidad, consumismo, capitalismo

He oído, en más de una ocasión, que a pesar del aumento de la riqueza en los países capitalistas, la gente no es ahora más feliz. Se lo he oído a gentes de izquierdas. Pero también a gentes de derechas ‘comprometidas’. Ya se sabe que las izquierdas, por definición, están comprometidas, de modo que no hace falta decirlo.
 
 ¿Por qué la gente no es más feliz a pesar de haber aumentado su riqueza? Esto se debería, dicen ellos, a la intrínseca maldad del capitalismo. ¿En qué consiste? En hacernos creer que necesitamos cosas que, realmente, no necesitamos. Y caemos de bruces en la trampa consumista. ¿Por qué es malo el consumismo?
 
Vayamos por partes. Primero nos preguntaremos por la felicidad. ¿Qué es? ¿Existe en los países comunistas como Cuba y Corea del Norte? ¿Existía en los paraísos comunistas de Hungría y Alemania Oriental, los dos países con más alta tasa de suicidio de Europa? Para tomarnos en serio la crítica izquierdista anunciada al principio, deberían decirnos cuándo, cómo y dónde la gente era feliz. Y en qué consistía su felicidad.
 
 Pero no pueden responder porque no lo saben. Entonces ¿a qué viene la crítica? A que están pensando en la utopía. En la utopía izquierdista todos son felices y comen perdices. Así de sabios son. Sobrevuelan la realidad. Tal vez por esto se creen moralmente superiores.  Y para no darse el batacazo siempre tienen que estar sobrevolando. O sea, estar instalados en las nubes. Permanentemente.
 
Veamos lo que nos dice Baudrillard: ‘Las necesidades que expresamos a través del mercado no reflejan ningún deseo real subyacente, sino que son una manera de conceptualizar nuestra participación en el sistema simbólico... las necesidades existen sólo porque el sistema las necesita’.
 
Soy consciente de que esta cita puede provocar más de un multiorgasmo de izquierdas. Una vez repuestos de la impresión, tratemos de escudriñar qué es eso del ‘sistema’.
 
El sistema es una especie de Dios. Mejor dicho, una especie de Satanás. Lo puede todo y está detrás de todo. Una especie de hidra maligna de mil cabezas. Pero su rasgo más importante es que se trata de ‘un todo represivo’. Muy sutil, por cierto, ya que no necesita campos de concentración para ejercer sus funciones. El sistema es tan malvado e ingenioso que produce, en la población, una ‘conciencia masificada’. Dicho esto, ya estamos en condiciones de ver a los ciudadanos tal como son en realidad. Una manada indiferenciada de ovejas obedientes, conformistas y consumistas. O sea, con conciencia masificada. Ahí es nada.
 
Para ver mejor este esquema, recordemos la película ‘American Beauty’. En ella se pueden distinguir, claramente, dos grupos. Por una parte, están los fachas, o sea, los conformistas, consumistas y reprimidos sexuales. Por otra parte, están los buenos, los inconformistas, los rebeldes contraculturales. Fuman porros y follan a mansalva. Recuerden que eso del follaje es una obsesión progresista. Piensen en Bibiana Aido (y ahora la señora Geli de la Generalitat) y su propuestas vagino-labiales, petting, y los talleres de masturbación. Es que no paran.
 
Bien, ya hemos identificado a los ciudadanos-oveja que están sometidos al sistema. El siguiente paso es crear necesidades falsas en las gentes para que trabajen como burros y consuman obsesivamente. Dada esta perversa situación, se puede entender que no exista felicidad entre las gentes. Y si creen ser felices es que están, todavía, más alienados de lo que pensábamos. ¡Dios mío!
 
De ahí que la auténtica felicidad consista (para el rojerío contracultural) en hacer todo lo contrario de lo que quiere el sistema. O sea, no dar ni chapa, transgredir las normas, tener la bragueta abierta todo el día, drogas experimentales, música alternativa, teatro alternativo, etcétera.
 
Uno de los antecedentes de esta visión rebelde contracultural la podemos encontrar en A. Huxley. En su obra, ‘Un mundo feliz’, se había conseguido la felicidad por medio de una completa manipulación de las conciencias. Huxley llegó a decir que ‘el soma es la religión del pueblo’. Ahora, el consumo alienante y competitivo se habría convertido en el moderno opio del pueblo. Consumo al que se resisten heroicamente, por supuesto, los rebeldes contraculturales.
 
Estos rebeldes antisistema, en los años sesenta, se organizaron en ‘comunas’. Su intento de crear un ‘mundo feliz’ al margen de la sociedad real, fue un rotundo fracaso. Podríamos decir que fue una especie modernizada de los falansterios de Charles Fourier, que eran unas comunidades rurales supuestamente autosuficientes.
 
¿Qué inventarán ahora los rebeldes contraculturales para ser auténticamente felices y no estar contaminados por el neoliberalismo que nos invade? Una alternativa de ahora mismo  es apuntarse a la renovación de la izquierda propuesta por Almudena Grandes y el exrector Berzosa. Ya han anunciado que invocarán el espíritu de Lenin. Éxito asegurado. Ni chocolate, ni anfetas, ni subvenciones, ni Memoria Histórica. ¡Lenin! ¡Con un par!

Ya lo saben, o Zapatero o Lenin revisitado. Es lo que da de sí la izquierda. ¡Anímense!


Idiotas occidentales

En estos días del inestable Junio de 2010, ya a punto de recuperarnos de la crisis económica, según la docta opinión de nuestro visionario Presidente Zapatero, leo unas declaraciones del Premio Príncipe de Asturias, el escritor Amin Maalouf:
 
‘El problema es que Occidente ha convertido la conciencia moral en instrumento de dominación’.
 
Nada nuevo en este calvario interminable en el que uno debe, mientras se arrodilla, rasgarse las vestiduras y darse golpes de pecho. Imagino que los miembros del Jurado del Príncipe de Asturias habrán pedido perdón al galardonado por ser blancos occidentales. ¡Es lo menos!
 
En todo caso, para que vean que hay peores declaraciones que las de  Amin, recordemos estas palabras del conocido Jean Baudrillard:
 
‘Cuando la situación está monopolizada de tal modo por la potencia mundial, cuando hay que hacer frente a esta formidable concentración de todas las funciones por parte de la maquinaria tecnocrática y del pensamiento único ¿qué otra vía queda que un cambio terrorista de la situación?’.
 
Este filósofo y sociólogo malnacido (fallecido en 2007) está justificando y animando a los terroristas a que nos maten. Así de claro. Descanse en paz.
 
Aunque no tan famosa como Baudrillard, la diputada comunista Angeles Maestro, cuando observaba por televisión el ataque terrorista a las Torres Gemelas, el 11 de Septiembre de 2001, dijo: ‘Se lo habían buscado’.
 
En el libro, El nuevo orden mundial. La conquista interminable, de doce autores, destaco los más conocidos, al menos para mí: Noam Chomsky, Rafael Sánchez Ferlosio, Adolfo Pérez Esquivel. En la introducción, de Heinz Dieterich, se dice:
 
‘El proyecto del Nuevo Orden Mundial se integra como un eslabón más en la larga cadena de demiurgos de imperios que resolvieron gobernar el mundo por la violencia... como la pax romana, la civilización occidental y cristiana implementada en el ‘Nuevo Mundo’, el Ordine Nuevo de Mussolini, die Neue Ordnung de Adolf Hitler y ahora, la New World Order del actual Führer del Primer Mundo, George Bush’.
 
En el libro ‘Educación para la Ciudadanía’, editorial Akal, de C. Fernández, P. Fernández y L. Alegre, se dice: El capitalismo es como un tren que se acelera cada vez más. Camina, sin duda, hacia el abismo... y el socialismo no es otra cosa que el freno de emergencia. Es la única esperanza que le queda a la humanidad para pararle los pies al capitalismo’.
 
Termino (aunque el rosario de peligrosas idioteces es interminable) con una cita de Pascal Bruckner: ‘Los troskistas, los altermundistas y los tercermundistas utilizan a los islamistas como arietes contra el capitalismo liberal. El odio al mercado bien vale algunas concesiones a los derechos fundamentales...’
 
Este conjunto de comentarios vomitivos nos ponen aún más en riesgo, aún más a los pies de los caballos. Riesgo de que Occidente no pueda seguir viviendo con sus tradiciones y sus valores. O subsistiendo con la cabeza gacha y pidiendo perdón. O peor, desapareciendo, física o espiritualmente, o ambas cosas. En resumen, esta cuadrilla de impresentables antisistema, y simpatizantes de diverso pelaje, son enemigos nuestros. No son nuestros adversarios políticos. Un adversario político es un defensor de la democracia que no comparte la misma tendencia política, pero que acepta y respeta la Constitución democrática. Que respeta el Estado de Derecho y nuestra forma de vida.
 
Pero un imbécil antisistema que quiere destruir Occidente, facilitando incluso la labor a los terroristas, es un auténtico peligro para nosotros. Recordemos la historia del ‘caballo de Troya’. Cuando la guerra de Troya llevaba más de diez años, Aquiles, el de los ‘pies ligeros’ y héroe de la guerra, cae mortalmente herido. El desaliento y la desmoralización de los griegos son intensos.
 
Pero antes de volver a su hogar deciden construir un gran caballo de madera, dedicado a la diosa Atenea, para que les guiara en el retorno a casa. Y lo regalaron a los troyanos, que lo aceptaron y lo ofrendaron a sus propios dioses. Pero dentro del gran caballo se escondía un escogido grupo de soldados griegos. Una vez introducido el caballo en Troya, durante la noche, los soldados escondidos en las tripas del caballo de madera, abrieron las puertas de la ciudad para que entraran los suyos. Fue la derrota de los troyanos.
 
Pues bien, esta cuadrilla de progres antisistema representa una forma moderna de caballo de Troya. Facilitan que nuestros enemigos se instalen en nuestra casa. Les ayudan y les justifican. En algunos casos, les animan a matarnos. Tal es su odio a Occidente. Tal es su odio a las bases en las que se asienta Occidente. El cristianismo, la economía de mercado, la propiedad privada, la libertad....
 
Nuestros enemigos, externos e internos, hablan de la violencia de Occidente. Por supuesto. La historia de la humanidad está llena de miserias y grandezas. Nadie está a salvo de ellas. Nadie puede lanzar la primera piedra. Pero Occidente, además de miserias y violencias sin cuento, ha aportado muchas cosas al mundo. No solamente grandes músicos, literatos, pintores, pensadores y artistas de todo género, sino muchos de los avances científico-técnicos que han permitido el avance y el bienestar de millones de personas en todo el mundo.
 
Dado que no es posible convencer ni a los fanáticos de fuera, ni a los de dentro, me dirijo a los que no están contaminados por el enfermizo fanatismo antioccidental. Los más grandes avances económicos, en toda la historia de la humanidad, se deben a la adopción de reformas liberales en el sistema de mercado. El único que, hoy por hoy, funciona. Los ejemplos de China y la India, aunque no los únicos, muestran lo que digo. ¿Qué oponen nuestros enemigos?  Utopías ensangrentadas y fracasadas.
 
Como escribí en otra ocasión: No hay sitio, en el hogar de los humanos, para este mundo ilusoriamente perfecto y simple, por no hablar de su ensangrentada aplicación. Vivimos en un mundo imperfecto, lleno de incertidumbres, complejo, dinámico y globalizado. El que no se adapte hará crecer, en su alma, el rencor como respuesta. O el odio. Y quedará encerrado en su mundo fantástico, cuya peligrosidad aumentará a medida que se aleje de la tierra y vague por los espacios en los que todo capricho es factible y todo sueño realizable.
 
Usted elige.



Prada y el liberalismo

Dice J.M. de Prada que "El liberalismo, en fin, es el caldo de cultivo que la derecha aliña, creando las condiciones sociales, económicas y morales óptimas para el triunfo de la izquierda, que es la que mejor ha sabido vender las falsificaciones de la libertad inventadas por el liberalismo".

Leo, habitualmente, los artículos de Prada en ABC. Suelo escuchar un programa ‘El gato agua’, a pesar de que se convierte, a veces, en un gallinero en el que todos se interrumpen. Cuando está Prada, destaca por su claridad y profundidad. No se queda en las ramas sino que va al fondo, a la raíz del problema. Sus críticas al ‘Matrix progre’ merecen ser escuchadas. Y, además, no tiene complejos a la hora de decir lo que piensa. Quiero decir, con estos prolegómenos, que tengo simpatía por el personaje.

Sin embargo, sus críticas al liberalismo me parecen desacertadas. La cita inicial es una muestra de lo que digo. La primera pregunta sería ¿por qué el liberalismo es el caldo de cultivo para el triunfo de la izquierda?

Veamos el caldo de cultivo del liberalismo y preguntémonos si facilita el triunfo de la izquierda. Sin ánimo de ser exhaustivo, algunos de los rasgos del liberalismo serían éstos:

Democracia representativa y defensa de los derechos inalienables de la persona; libertad y responsabilidad individual; economía de mercado; respeto por la propiedad privada; igualdad entendida como igualdad ante la ley, no como igualdad de resultados. ¿Por qué estos, y otros, rasgos del liberalismo facilitarían el triunfo de la izquierda?

Se me ocurre una explicación. Que el liberalismo no transmite una ‘moral calida’ (basada en el amor y la generosidad) sino una ‘moral tibia’, vinculada al respeto mutuo y a los derechos y obligaciones establecidos por el ordenamiento jurídico. Supuestamente, de tal carencia emocional se aprovecharía la izquierda. Ella lanzaría a los cuatro vientos su mensaje de solidaridad y emancipación. Por supuesto, falso como un duro sevillano, pero sus mentiras y el aparato de propaganda (el agitprop) harían el resto.

Mejor dicho, con la inestimable colaboración de una ciudadanía (parte de ella) que está anestesiada por el ‘Matrix progre’ y quiere ser ‘políticamente correcta’.

Si esta es la explicación, es errónea. Y esto es así porque una sociedad basada en el amor y la generosidad, no es alcanzable en las sociedades extensas actuales como la nuestra. Los fuertes vínculos de amor, amistad y solidaridad (la ‘moral cálida’), propios de las comunidades primigenias  no son transportables a nuestras sociedades actuales, excepto en las familias bien avenidas y la amistad íntima. Lo han intentado los colectivistas, imponiendo desde el Partido o el Estado, o ambos, el amor y la solidaridad revolucionarias. Ha terminado en tragedia.
 
El amor y la generosidad no se imponen. Tales experimentos han dejado como herencia, la coacción, el sufrimiento y el fracaso. Han tratado de imponer una ‘moral cálida’ a través de los comisarios políticos, la propaganda y la represión policial.
 
 La naturaleza humana no es moldeable como si fuera un chicle. Somos capaces de no ser egoístas racionales con unas pocas personas, con un reducido grupo de íntimos, familiares o no. Pero no podemos extender este amor, esta generosidad, a todo el mundo. De ahí que una gran conquista de las sociedades extensas, democráticas y liberales, sea el respeto y el cumplimiento de nuestras obligaciones jurídicas, como miembros de una sociedad civilizada. Este sería el mínimo exigible.

¿Qué puede ofrecer la izquierda? Utopía. Pero incluso un somero repaso a la Historia, nos muestra que se trata de utopías ensangrentadas. Da igual, pueden decir los críticos. No se puede vivir sin utopía.

Pues habrá que aprender. Las utopías ‘fuertes’, las que, presuntamente, quieren cambiarnos radicalmente y construir el ‘hombre nuevo’, son utopías totalitarias. Habrá que aprenderlo, o estaremos condenados a repetir sus fracasos, miserias y sufrimientos.

En cambio, las utopías ‘débiles’, las que se esfuerzan por mejorar nuestro entorno, natural y social, y a nosotros mismos, son utopías factibles y enriquecedoras, aunque exijan determinación y esfuerzo. Y estas utopías liberales son compatibles con las creencias trascendentales, aunque no las exijan. Además, el egoísta racional sabe que es, también, un ser social. Aunque no sea tan generoso como Teresa de Calcuta, lo que no es exigible a nadie. Afortunadamente.

Y, ya por último, ¿cuáles son ‘las falsificaciones de la libertad inventadas por el liberalismo’? Parece que, según Prada, son las libertades que enfatizan el egoísmo individual, las que cultivan mi ‘yo’, en vez de servir al ‘bien común’. No tengo duda de que el bien común es un aspecto clave de toda sociedad que pretenda ser justa.

Pero si la exacerbación egoísta de los derechos individuales puede fomentar la atomización e insolidaridad social, la sacralización del bien común puede facilitar la conversión de los seres humanos individuales en simples partes de un todo, ovejas de un rebaño, en el que se difumina (o se persigue) la individualidad y la autonomía.

La naturaleza humana, según David Hume (1711-1776), no habría cambiado, sustancialmente, desde Roma hasta la Escocia de su tiempo. En este sentido, la naturaleza humana busca el propio interés, el propio beneficio, con las excepciones mencionadas. Y este egoísmo racional, en línea con Adam Smith, repercute positivamente en beneficio de la sociedad. En este sentido, los impuestos, por ejemplo, serían una forma civilizada de atender el bien común.

No se conocen, hasta hoy, sociedades mejores, política y económicamente, que las liberales. No hay sociedades que hayan superado el egoísmo en aras del bien común. Lo que no significa que el debilitamiento de ciertos valores, como la simpatía altruista, el esfuerzo, el mérito, o el sentido de la responsabilidad, no vaya minando la fortaleza moral de nuestras sociedades. Pero esto no muestra ninguna falsificación de la libertad. Muestra, en todo caso, que la naturaleza humana es débil y tiende al egoísmo, salvo excepciones.

Y también nos permite ver que la izquierda, a través de la mayoría de los medios de comunicación, la LOGSE, Educación para la Ciudadanía, y lo que haga falta, va debilitando los valores que constituyen la base de la cultura occidental, de la que formamos parte. Aunque no esté bien representada ni por Robinson Crusoe, ni por un monje de clausura.



Don Artur y el pueblo

Artur Mas ha advertido que "la última palabra no la va a tener el Tribunal Constitucional" y que si las sentencias de los recursos presentados "desnaturalizan" el texto, CiU propondrá "formalmente al pueblo de Cataluña" una consulta, porque en su opinión la democracia tiene "cierta preeminencia" sobre la ley. "A eso tenemos derecho, a que el pueblo que aprobó el Estatut se vuelva a pronunciar". Antes de preguntarnos qué es democracia, preguntémonos por la opinión de Don Artur. ‘La democracia tiene cierta preeminencia sobre la ley’. No sea diablillo Don Artur. Diga sin tapujos: ‘La democracia tiene cierta preeminencia sobre la ley democrática’. ¿Qué quiere decir? ¿Quiere decir, Don Artur, que la ley no es democrática? Prefiero no creer estas cosas de don Artur. ¿Quiere decir que la democracia populachera, tipo Hugo Chávez, tiene preeminencia sobre la ley democrática?

¿Qué es democracia? Seguramente Don Artur intuye, a través de su sangre catalana, la esencia del pueblo democrático catalán. Yo me limitaré, más modestamente, a señalar algunos rasgos que, habitualmente, se reconocen como propios de esta forma política. Algunos textos son de ayuda, incluso para don Artur. Por ejemplo, ‘La democracia’ de R. Dahl (del que tomaré las características definitorias); ‘La democracia después del comunismo’ de G. Sartori; ¿Qué es la democracia?, de A. Touraine, o el clásico ‘¿Por qué democracia?’ de Alf Ross, entre otros muchos.

Veamos unas características de la democracia que, tal vez, no satisfagan a don Artur. La democracia ofrece oportunidades para: 1) Participación efectiva; 2) Igualdad de voto; 3) Alcanzar una comprensión ilustrada; 4) ejercitar el control final sobre la agenda (o sea, que cuestiones deben tratarse); 5) Inclusión de los adultos.

La pregunta es ¿no se dan en Cataluña estas circunstancias? ¿Es la política, en Cataluña, de tan bajo nivel que no se alcanzan estas exigencias democráticas básicas? Si la respuesta es negativa, habrá que realizar serias reformas políticas para incorporar a Cataluña al mundo de la democracia. Por cierto, si es así, ¿qué titulo político ostentan los políticos catalanes que actualmente gobiernan? ¿Dictadorzuelos? ¿Sátrapas? ¿Príncipes del Principado?
En el caso de que Cataluña  (es decir, sus ciudadanos) disfrutara del sistema político democrático ¿a qué viene esta extemporánea apelación al pueblo? ¿Qué es el pueblo, don Artur? Porque parece que hasta ahora las decisiones políticas, en Cataluña, no habrían sido adoptadas según los típicos mecanismos de participación indirecta de los ciudadanos, eligiendo a sus representantes. ¿O sí?

Si la respuesta es afirmativa, los políticos catalanes están legitimados para tomar decisiones. Si la respuesta es negativa, ¿qué legitimidad tienen los gobernantes catalanes actuales? Y si la respuesta sensata es la primera ¿a qué viene esta apelación a instancias externas a los procesos democráticos reconocidos por la legislación democrática vigente? ¿No le basta? ¿O solamente le basta si le dan la razón? Parece que don Artur quiere apelar al pueblo y no a los ciudadanos. Pueblo como rebaño indiferenciado, frente a ciudadanos diferenciados, cada uno con su propia opinión y su voto.

Don Artur y sus amigos nacionalistas organizarán un macrobotellón-nacionalista, en el que se dirá (por los altavoces) que el Tribunal Constitucional atenta contra los derechos inalienables del pueblo catalán. Si no les dan la razón, cosa que está en el aire. En estos momentos mágicos, de fervor patriótico y de victimismo dolorido, sonará la música de Lluis Lach. Preferiblemente, ‘L’Estaca’. Mejor al caer la noche, cuando el sol veraniego ha abandonado las sagradas montañas y el silencio anega las almas de arrebato lacrimoso. Se encenderán velitas, y hombro con hombro, entrelazadas las manos, se apelará al pueblo. Aprovechando el momento, es conveniente hablar de 1714 y la guerra de Sucesión. Rugirá el respetable. ¡No nos moverán! En catalán, por supuesto.

¿Quién es el siguiente? Que pase el pueblo vasco. ¡No se apretujen! Los demás pueblos que esperen turno. Todo llegará. Los escritos de agravios y ofensas varias, deben ser depositados en el buzón del Comité de Nacionalidades Oprimidas. Por triplicado.

Terminemos con unas cuantas vulgaridades analíticas. Primero, ‘pueblo’ puede referirse a todos,  o una parte de un grupo, por razón de etnia, lengua, u otras propiedades. Segundo, ‘pueblo, también puede referirse a un subgrupo. Por ejemplo, los charnegos. Tercero, ‘pueblo’, puede no identificarse con nada de lo dicho anteriormente sino con una entidad colectiva.

¿Qué es una entidad colectiva? Puede definirse como elemento común a los individuos que pertenecen a una especie que, se supone, es independiente de los individuos. Lo grave es que algunas doctrinas, como el nacionalismo, atribuyen personalidad moral a estos entes, haciéndolos titulares de intereses. La nación es el típico ejemplo. Más aún, sr. Mas, titulares de intereses que están por encima de los derechos y obligaciones de las personas de carne y hueso.
Entramos así en las concepciones colectivistas en las que la nación o el Estado, o ambos, adquieren un status ontológico propio y autónomo. Dado que esto es una filfa, un engaño, se trata de que ciertos individuos (como Don Artur y demás camaradas) hagan pasar sus propios intereses como si fueran los intereses de este animal metafísico, la nación, el pueblo o el Estado. Es decir, tradición totalitaria. ¡Facha el que no bote!


¿Ha muerto el partido socialista?


Dice el filósofo francés, Bernard-Henry Levy, que no se trata de que el Partido Socialista francés vaya a morir. Es que está muerto. ‘Es inútil y contraproducente negarlo. Ahora tiene que cambiar de nombre y de proyecto’.
 
Puedan darse múltiples respuestas a estas duras palabras. Por ejemplo, las palabras atribuidas a Zorrilla en el Tenorio: ‘Los muertos que vos matáis gozan de buena salud’. O bien, que la supuesta ‘muerte’ del partido socialista francés se debe solamente a los malos resultados electorales. En cambio, en España, el socialismo gozaría de buena salud gracias a las victorias de Zapatero.
 
También es cierto que las situaciones de Francia y España no son intercambiables. Y la afirmación de B.H. Levy no es dogma de fe. El socialismo francés podría estar herido, pero no muerto.
 
No creo que se pueda convencer a los que no estén ya convencidos. Tal vez se pueda influir en los que tienen dudas. Por tanto, no se puede esperar que a los socialistas les afecte que alguien diga que el socialismo español ha muerto. Ni siquiera les afectan los hechos (los adversos), de modo que mucho menos les afectarán unas reflexiones en contra.
 
¿Por qué debería estar agotado el proyecto del partido socialista? Dediquemos unas breves pinceladas al pasado, a la II República, a la que tanto le gusta mirar, cuando les conviene. Dice Stanley Payne, ‘Para los socialistas, la democracia republicana no constituía un objetivo en sí misma, sino que venía a ser un escalón para alcanzar una economía y una república socialistas’.
 
Pero la gente puede cambiar, nos dirá un socialista de buena fe. No deberíamos centrarnos en el pasado, como si el presente fuera su repetida actualización. Cierto. Ahora bien ¿qué ha sucedido en la joven democracia española que justifique que se ha producido un cambio sustancial en la izquierda? Los historiadores J.P. Fusi y J. Palafox nos recuerdan: ‘... al amparo de las mayorías absolutas logradas en las elecciones, el poder socialista había derivado hacia una combinación de presidencialismo cesarista, prepotencia política, devaluación del Parlamento y ocupación de las instituciones... el PSOE aparecía a todos los efectos como un partido sin ideas y sin moral’.
 
¿Qué pasa ahora con Zapatero?  ¿Han cambiado las cosas? Pues sí. Parece que a peor. A pesar de la cita, referida a la época de F. González, el Estado se mantenía, entonces, con una cierta fuerza en toda España y con más competencias que hoy ante el embate de los nacionalismos. La situación es ahora diferente, pero peor. Zapatero, con el Estatuto de Cataluña, desnaturaliza el Estado de las Autonomías, a la espera de que el Tribunal Constitucional remate, o no, la faena. El Tripartito no lo aplica oficialmente pero ya llevan tiempo haciéndolo extraoficialmente. Y el desigual reparto del pastel de la financiación autonómica es una muestra de su dependencia de los votos del gobierno catalán y del propio Estatuto. Además, por primera vez en nuestra democracia,  ha habido conversaciones ‘políticas’ con la banda terrorista ETA. Se siguió negociando después de un atentado con muertos. Zapatero mintió y negó lo que ahora se sabe gracias a ciertos medios de comunicación. Pero no pasa nada.
 
El partido socialista, que ni es obrero ni español (Zapatero dijo que su patria es la libertad), tiene algunas ideas que fomentan la división entre los españoles. ¿Es esto exagerado? Preguntémonos si la ley de Memoria Histórica mantiene el espíritu conciliador y superador de traumas que tuvo la Transición. O el matrimonio entre homosexuales, o el aborto a los 16 años, sin conocimiento ni consentimiento paterno. Son ejemplos de fomento de la división entre españoles dado que no ha habido ningún intento de consensuar cuestiones tan importantes. Que tampoco responden a una mayoritaria exigencia ciudadana.
 
El Pacto de Tinell, por el que se excluye al Partido Popular de las instituciones democráticas, es otro ejemplo de sectarismo antidemocrático que propicia el enfrentamiento y dificulta la alternancia en el poder. Y la persecución política y mediática al mismo partido en el caluroso Agosto de 2009, es otra muestra de finura democrática socialista. Políticos populares esposados por hechos que no implican pena de cárcel, como sucedió en Mallorca.  Y las televisiones avisadas de antemano para el oportuno festín mediático y populachero. Esto no pasó ni con Vera ni con Barrionuevo. Y eso que sus conductas, gravemente delictivas, les llevaron a la cárcel.
 
Por no hablar de la grave crisis económica, endosada a Bush y Aznar, con una caradura que no deja de sorprender a propios y extraños. El Ministro Alonso así lo vociferaba en el Parlamento, en el mes de Julio de 2009. Un gobierno que se arrodilla ante los sindicatos subvencionados, rechazando reformas en el mercado laboral exigidas por gran parte de los empresarios y economistas, de dentro y fuera de nuestras fronteras. Y un drástico plan de austeridad. Y con el doble de paro que la media europea.
 
Mentiras públicas, de Zapatero y Solbes, ignorando la crisis económica y, posteriormente, su gravedad. Rechazo al dictamen de la Comisión Nacional de la Energía que daba diez años más de vida a la central nuclear de Garoña. La presidenta de dicha Comisión (CNE), María Teresa Costa, dijo que la energía nuclear es "imprescindible" y que "favorece que se fijen precios más reducidos que con otras tecnologías". Y eso que España es el país europeo más dependiente, energéticamente hablando. Pagamos la energía un 20% más cara que el resto, lo que nos hace menos competitivos.
 
El sector turístico acaba de pedir ‘unidad normativa’ en todas las Comunidades, ante el deterioro de la coordinación y cohesión del mercado nacional. Y la Administración de Justicia carece de un sistema informatizado único.  Como lo oyen. Porque no les da la gana a las Autonomías. Pero Zapatero dice que estamos más cohesionados que nunca. O sea, encima recochineo irresponsable.
 
El socialista Bono ha dicho que el cristianismo podría ser una solución para renovar la crisis del socialismo. En esas estamos. Ahora llevarán el rosario al Parlamento. Y mucha gente sin darse cuenta del peligro que esta gente representa.

Últimas y Buenas Noticias. Los sondeos indican que el pesoe ha caído en picado en intención de voto. ¿Madurez ciudadana?


Agotamiento

Pasan los días, las semanas y los meses. Todo sigue igual. Es cierto, las tormentas y aguaceros han inundado pueblos y carreteras, de forma inesperada. Bastante inesperada, salvo para los metereólogos, que ponen cara de no sorprenderse. Quiero decir, que cuando consultan lo que sucedió en el pasado, se las saben todas. Van y te dicen que es normal, que hace cuarenta y dos años sucedió lo mismo. Pero saber lo que sucederá pasado mañana, ya es otra cosa. ¡Ah! Y el volcán ese de Islandia. El innombrable. Que nos ha llenado de ceniza la terraza y los soportales. Y los aeropuertos. Pero, en el fondo, todo sigue igual. Estas novedades naturales no son verdaderas novedades porque suceden sin que podamos hacer nada. No podemos dar la culpa al pesoe o al pepé. O al que pase por ahí. O al exPresidente Bush, o su amigo Aznar.

Lo que importa es lo que podemos y debemos hacer. Y no lo hacemos. Mejor dicho, no lo hace. Tal vez por eso dicen que el Presidente Zapatero está ‘empastillado’. Ya le notaba yo la cara hinchada. Pues sí, parece que algunas cosas le afectan al ‘optimista antropológico’. No sabemos si es la crisis económica o que su santa esposa canta, a grito pelado, por los pasillos de palacio. Y el pobre ya no sabe dónde esconderse, ni qué excusa poner para huir.

Agotamiento. El 20% de paro, más o menos. O sea, más de cuatro millones seiscientos mil parados. Y un millón cuatrocientos mil sin cobertura. Y eso que Zapatero presumía de tener sábanas y mantas para cubrir las espaldas desnudas de los parados. No como el pepé, que nada le importa el sufrimiento de los trabajadores. Es la derecha sin alma.

Pasan los días, las semanas y los meses. Queda en el recuerdo el famoso debate Solbes-Pizarro. Ganó por K.O. técnico el pepero Pizarro. Sin embargo, la prensa independiente creo que dijo otras cosas. Por supuesto, favorables a Solbes. Pero mucha gente se acuerda. Solbes mintió. O no estaba enterado, lo que es terrible en un Ministro de Economía. Ha pasado mucho tiempo desde entonces.

Hemos superado, a trancas y barrancas, los brotes verdes, los brotes rojos y los encuentros planetarios entre Obama y Zapatero. Pero la maldita realidad es tozuda. Resulta que la inacción del gobierno socialista, frente a la crisis económica, es el principal factor de riesgo. Eso dicen los expertos. Pero Don José Blanco tal vez no esté de acuerdo. Y la Pajín. Y doña Bibiana. Seguro que hay más. De ahí que los mercados hayan castigado nuestra solvencia, cada vez menos creíble. Y, en consecuencia, tenemos que pagar más intereses por nuestra escandalosa deuda. No se fían de nosotros. Pero los inversores no son delincuentes como dice el Fiscal General, Conde Pumpido. Tratan de invertir su dinero lo mejor posible. Como haría usted, o yo. ¿Por qué deberían fiarse de Zapatero?

Mientras tanto el capitán del barco, toma pastillas a escondidas de la tripulación.  Y no da órdenes a los marineros, porque todo va bien. Eso dice. Pero hay nervios en cubierta. Y la gente ahorra mucho más que antes porque tiene miedo por lo que pueda pasar. Se lo piensa dos veces antes de soltar un euro.

Por desgracia, la sociedad civil española es débil y poco estructurada. Apenas hay respuestas. Sólo comentarios de sofá o en la barra del bar. Lo que sí se oye son los ecos de los políticos y los gritos de los voceros mediáticos financiados para decir lo que toca. Y los sindicatos a lo suyo. Defendiendo a Garzón  y cobrando subvenciones. Lo tienen bien porque gobierna (es un decir) Zapatero. Este año les ha dado 193 millones de euros en subvenciones. Como lo oyen. Ya saben que el Presidente de Gobierno les pidió ‘cariño’ a los sindicatos, y los sindicatos se lo han dado. Con una mano. Con la otra reciben el peculio. Que sale de nuestros bolsillos y de nuestras carteras.

Se dice que incluso los ‘barones socialistas’ están nerviosos. Que critican la gestión de Zapatero. O su falta de gestión. Y temen que este sonriente e iluminado sectario (esto lo digo yo) perjudique al propio Partido. Ya no les preocupa que Zapatero se perjudique a sí mismo. Parece que está amortizado. Aunque ha puesto pegamento en su silla y no será fácil echarle.  Y si todo lo que pasa es así, no es nada extraño que el peor Presidente de la democracia española esté ‘empastillado’. 

Pero no hay excusas. Fue votado, no una sino dos veces por el pueblo soberano.  ‘Todo pueblo tiene los gobernantes que se merece’.



La crisis de la izquierda

Carlos Mulas, director de la Fundación Ideas y Matt Browne, miembro del Center for American Progress escriben el artículo ‘Más allá de la Tercera Vía’, en el que exponen la pérdida de apoyo electoral de la socialdemocracia y cómo superar los errores para que pueda volver a gobernar, en los lugares en que no lo hace.

Creo que se pueden entresacar algunas líneas maestras que serán suficientes, espero, para darnos cuenta de cómo la izquierda afronta su actual crisis. Otros ni siquiera aceptan que la haya.

Según estos autores, los socialdemócratas no han sabido explicar en qué se diferencian de los conservadores; han fallado a la hora de conectar con los valores de los votantes; han aparecido nuevos problemas, como inmigración, crimen y terrorismo islámico, que han hecho que el electorado europeo se volviera vulnerable a la política del miedo y el populismo; finalmente, se necesita una forma de hacer política más alejada de las rígidas jerarquías de los partidos tradicionales.

Veamos en primer lugar, un dilema de la socialdemocracia, según los autores citados. Una parte del mismo, dice: ‘Si siguen alabando las virtudes de la globalización o del multiculturalismo sin aceptar sus dificultades, se arriesgan a alienar una parte del ‘electorado emocional’ que necesitan para ganar las elecciones’.

Me parece sorprendente que se afirme que la socialdemocracia alaba las virtudes de la globalización y el multiculturalismo. Y más todavía que no acepta sus dificultades. Me alegraría que la socialdemocracia alabase la globalización pero no parece una actitud generalizada. Por otra parte, que la socialdemocracia alabe el multiculturalismo es preocupante. ¿Por qué es esto preocupante? Porque el multiculturalismo se opone al pluralismo. Al menos en la práctica.

Aclaremos esta cuestión. El multiculturalismo se cierra en guetos, obligando a los demás al respeto de sus tradiciones. ¿Es esto malo? Supongamos que un grupo determinado, en una ciudad determinada, practica la mutilación de los genitales de las niñas. Un planteamiento multiculturalista nos obligará a respetar las tradiciones de este grupo. En resumen, los derechos individuales están subordinados a las tradiciones del grupo. Lo mismo sucede con las tradiciones que ahorcan a los homosexuales, o cortan las manos a los ladrones. Etcétera.

La consecuencia real es que la sociedad pierde cualquier base comunitaria entre los diferentes grupos que la componen y éstos se convierten en mundos cerrados y aparte. Incluso la policía tiene problemas para entrar en barrios de grandes ciudades articulados en tradiciones cerradas que chocan con la legalidad democrática. Su actuación, la de la policía, se considera ofensiva para los sentimientos del grupo en cuestión. Por tanto, la izquierda multiculturalista está equivocada. Y es una equivocación grave. Hay que denunciarlo.

La otra parte del dilema, dice lo siguiente: ‘Pero si aceptan que su electorado principal se siente atraído por los mensajes emocionales de los competidores de derecha e izquierda en temas laborales e inmigratorios, y optan por usar su mismo lenguaje, entonces se arriesgan a perder el apoyo de sus’ votantes éticos’.

Creo que merece una explicación afirmar que el electorado socialdemócrata se siente atraído por los mensajes emocionales de derecha e izquierda, en materia laboral e inmigratoria. Para empezar, no sabía que derecha e izquierda estuvieran de acuerdo en estos temas. ¿O se trata de que unos votantes socialdemócratas se sienten atraídos por la derecha y otros por la izquierda? Encima, la socialdemocracia (que no sería ni de derechas ni de izquierdas) tendría una tercera posición. ¿Emocional? A gente tan principal, como los autores del artículo, se le debe exigir más rigor en la exposición de sus ideas.

Otro aspecto de la crítica de Mulas y Browne hace referencia a que la inmigración, el crimen y el terrorismo islámico han provocado que el electorado europeo se haya vuelto vulnerable a una política del miedo y el populismo. No se sabe muy bien si, en su opinión, se debería limitar la inmigración a las necesidades del país receptor, perseguir mejor el crimen y el terrorismo islámico, o alguna otra cosa. Como ciudadano español y europeo me quedaría más tranquilo si la socialdemocracia lo dijera claramente.

Dado que no es así, no sabemos si de lo que se trata es de convencer a los ciudadanos europeos de que no deben preocuparse por la inmigración, el crimen y el terrorismo islámico, o qué. En todo caso, distingamos entre inmigración y los otros dos apartados. ¿Por qué es progresista (suponiendo que ‘progresista’ sea igual a ‘bueno’) no poner límites a la entrada indiscriminada de inmigrantes? La izquierda debería explicarlo sin demagogias. Sin embargo, hacer demagogia es habitual en la izquierda. Suele acusar a los que se oponen a sus medidas (recordemos su famoso slogan de ‘puertas abiertas’) de ser egoístas e insolidarios.

En cuanto al crimen, doy por supuesto que la socialdemocracia también está interesada en perseguir el crimen y no solamente decir (como suele hacer) que hay que ‘buscar las causas’. Naturalmente, la izquierda suele decir que las causas profundas del crimen están en el capitalismo. Salvaje, naturalmente.

En cuanto al terrorismo islámico, también supongo que la socialdemocracia está interesada en combatirlo. A pesar de la Alianza de Civilizaciones y a pesar de que suelen decir que nosotros, es decir, Occidente, ‘somos los culpables’ del terrorismo. No está de más recordar, una vez más, la espontánea manifestación de la Diputada Comunista, Ángeles Maestro, cuando observaba la destrucción de la Torres Gemelas en uno de los televisores del Parlamento: ‘Se lo habían buscado’. Claro que no toda la izquierda es así. Esperemos.

Dicen los autores del artículo que si se quiere alcanzar un nuevo período de ‘gobernanza progresista’ (¿) habrá que, sobre todo, incorporar una nueva dimensión emocional’. Hablando de emociones, recordemos que el fascismo es básicamente emocional. Es una forma de reacción frente al racionalismo de Occidente. Está basado en las emociones de las masas, agitadas e impresionadas por un Caudillo, cuyo liderazgo no se discute.

No trato de equiparar a la izquierda (democrática) con el fascismo, pero si sustituimos el Caudillo por ideas redentoras con dimensión emocional, el parecido se aclara. Por ejemplo, el cambio climático, la antiglobalización, la liberación de la mujer, el neoliberalismo que nos invade, el fascismo que nos amenaza, o la derechona franquista que hay que excluir de las instituciones democráticas. Oponerse a estas ideas redentoras, u otras, formulando matizaciones o críticas, es síntoma de grave enfermedad reaccionaria. Y ya se sabe lo que les pasa a los enfermos. Que hay que curarlos como sea. Por su bien.

Finalmente, la socialdemocracia no tiene ningún paradigma económico alternativo. Su aportación se reduce a gestionar el modo de producción (economía de mercado) del enemigo político. Y para hacerse notar, inyecta en vena doctrina keynesiana para mayor gloria del Estado y sus burócratas. O sea, más gasto público. En fin, hay que hacer creer que la crisis actual, por poner un ejemplo, se debe al salvaje liberalismo que nos invade y a la desregulación, o sea, insuficiencia de la regulación estatal. ¡Qué cara más dura!

Sin tiempo para reponernos, los autores nos amenazan con una última bocanada de aire fresco: los socialdemócratas, ‘necesitarán reivindicar una parte de su agenda tradicional...’. ¿Cuál, preguntamos con el corazón encogido?

Lo menos que se puede decir de esta ‘puesta al día’ de la socialdemocracia es que falta rigor y precisión en la formulación de los proyectos que se supone le permitirán ‘una gobernanza’ a la socialdemocracia. Mientras tanto, parece que seguirán con la apelación a los ‘buenos sentimientos’ que, por supuesto, son propios y exclusivos de la izquierda.



Sebastián Urbina, profesor titular de Filosofía del Derecho en la Universidad de las Islas Baleares
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