Editado por Eduardo de Lácara
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.................................... Sebastián Urbina, profesor titular de Filosofía del Derecho en la... .. . ......................... .................................................Universidad de las Islas Baleares
..........................................................................http://sebastianurbina.blogspot.com


Tertulias prostibularias

En la revista ‘yo-dona’, de enero de este año, se habla de prostitución. Una de las cuatro mujeres de la tertulia, Pilar López Díez, periodista experta en género, dice:

‘No hay solución a corto y medio plazo, porque no la hay para los hombres que no respetan a las mujeres’.

O sea, los hombres que solicitan los servicios de una prostituta, no respetan a las mujeres. Chinas y japonesas incluidas. Digamos, antes que nada, que estamos hablando de prostitución voluntaria. Si no es el caso, se trata de un delito que debe ser perseguido por la policía, y
juzgado por los tribunales correspondientes.

Dicho esto ¿por qué es una falta de respeto hacia las mujeres usar un servicio sexual ofrecido por una mujer?

Las estadísticas, hasta donde yo conozco, no son muy fiables, en lo que se refiere a los ‘putos’. Pero, según lo que he leído a lo largo de los años, podríamos calcular que hay, aproximadamente, un cinco por ciento de ‘putos’ del total de ‘putas’. O sea, que si en España hay 500.000 ‘putas’, habría 25.000 ‘putos’.

Mi pregunta, a la sra López es la siguiente: ¿le parecería una falta de respeto a los hombres que una mujer solicitara los servicios sexuales de un ‘puto’?

La respuesta puede ser negativa o afirmativa. Si es negativa, estamos en presencia de la típica sectaria feminista. De esas que están encantadas, por ejemplo, que una señora de cincuenta años se folle a un jovencito de dieciocho, pero les parece monstruoso que un hombre de
cincuenta se folle a una jovencita de dieciocho. Si este es el caso, no pierdo más el tiempo con esta señora.

Pero supongamos que la respuesta es afirmativa. Esto supone eliminar, por ley, la prostitución masculina y femenina, e introducirla en el código penal, como parece ser el deseo de la tertuliana. ¿Por qué una persona mayor de edad, de manera voluntaria, no puede ofrecer sus
servicios sexuales a cambio de dinero?

Tal vez estemos ante un caso de paternalismo. Ya saben. Alguien (A) prohíbe a (B) que realice la actividad (D) porque, supuestamente, perjudica a (B), a pesar de que (B) no está de acuerdo.

En este ejemplo, (A) es el Estado y (B) un ciudadano. Pongamos un ejemplo más conocido. Supongamos que el Estado prohíbe fumar. Todos sabemos que fumar es perjudicial para la salud, pero prohibir fumar supone eliminar la libre decisión de un ciudadano y sustituirla por la
voluntad de ‘papá-Estado’.

Algunas personas dirán que no se trata de una ‘libre decisión’, o no lo es en la mayoría de los casos. Sin embargo, pensar así es muy peligroso para la libertad de las personas. Supone decir algo así: ‘dado que su decisión no es libre, nosotros (‘papá-Estado’) tomaremos la decisión por usted, porque nuestra decisión es libre y bien informada. El siguiente paso es colocar un chupete en la boca de los ciudadanos y convertirlos en ‘niños-ciudadanos’. O sea, ‘niños-cuasi-ciudadanos’.

Por tanto, y volviendo al ejemplo inicial, una cosa es el negocio ilegal y vergonzoso, de las mafias explotadoras y otra cosa es la decisión de una persona adulta. El Estado debe perseguir a las mafias y a la delincuencia, en general, pero no sustituir la libertad de los ciudadanos. Tampoco imponer una moral determinada. En principio, lo prohibido debe estar en el código penal, y el código penal no debería incluir la venta voluntaria de servicios sexuales de personas adultas.

Por cierto, yo no defiendo la prostitución. Lo que defiendo es la limitación intervencionista del Estado. Con otras palabras, el paternalismo es bueno si se refiere a los niños, pero no si se refiere a las personas adultas. Porque los aspectos negativos (sustitución de la libertad de los ciudadanos por la del Estado) son claramente mayores que los positivos (que en ciertos casos, el Estado tenga razón). Dicho esto, mi preferencia es que nadie venda (aunque sea voluntariamente) servicios sexuales. Prefiero que la gente tenga relaciones basadas en el afecto, el aprecio, el amor y la atracción sexual. O todo a la vez. Pero es mi preferencia.

Normalmente, las personas saben lo que les conviene. Y si se equivocan, es su libertad. Es su vida. Vamos a suponer que el Estado no se equivoca nunca (lo que es completamente falso); ¿aceptaría usted que toda su vida estuviese decidida por el Estado? Piense que,
hipotéticamente, no se equivocaría nunca. ¿Lo aceptaría?

El Estado no está para hacer de niñera. Está para garantizar unas condiciones que permitan, de la mejor manera posible, que las personas decidan sus vidas. De ahí que la protección de la vida, la libertad y la propiedad sean tan importantes. Porque permiten formular y, tal
vez, realizar proyectos de vida. Con errores, claro está.

Es cierto que hay miedo a la libertad. Es cierto que hay muchas personas que no se sienten incómodas con una dictadura o un sistema autoritario, pero este no debe ser el ideal de sociedad al que aspira una persona decente. En cambio, un esclavo mental, sí puede prescindir
de la libertad, conformándose con la seguridad. Un hombre digno de este nombre, no puede. Sabe que en la vida hay riesgo e incertidumbre.

De ahí la importancia de un buen sistema educativo y de unos padres sensatos que transmitan buenos valores a sus hijos. Libertad, responsabilidad, esfuerzo, generosidad, respeto.....  Aunque algunos padres prefieran ‘educar’ niños malcriados. No saben el daño que les hacen.



La idiotez políticamente correcta

‘Tu novio forma una parte importante e integrante de tu 'look'. Lo
llevarás siempre bien vestido y a la última’.

(Ana Ureña/ABC).

La sociedad ni es idiota ni deja de serlo. Esto sólo es posible para aquellos que creen en ‘animales metafísicos’. Los inteligentes y los tontos son los individuos de carne y hueso. Sin embargo, es cierto que se arremolinan en grupos, crean instituciones, entablan relaciones y muchas cosas más.

Pero la madeja que se crea con todo esto, no tiene vida propia. Si se murieran todos los individuos que mantienen en funcionamiento ‘la madeja societaria’, ésta dejaría de moverse. Se quedaría como una ciudad fantasma. Una ciudad muerta. Como la ciudad italiana de Pompeia, enterrada en lava, roca y cenizas.

Dicho esto, volvamos a la frase inicial de Ana Ureña. Para darnos mejor cuenta del nivel de estupidez que estamos respirando, debería bastar la lectura de esta frase:

‘Tu novia forma una parte importante e integrante de tu ‘look’. La llevarás siempre bien vestida y a la última’.

¿Se imaginan el revuelo? Leire Pajín, Bibiana Aido, incluso La Chacón y don Alfredo lanzarían el grito al cielo. ¡¡¡Machismo!!! ¡¡¡No se puede consentir!!! ¡¡¡Que se retracte públicamente!!! Por no hablar de la cantidad de ‘hombres políticamente correctos’ que se sumarían a la indignación indignada.

Pero la responsabilidad de sonreír ante la frase de Ana Ureña y de indignarse ante la frase que acabo de escribir, en la que se cambia el novio por la novia, no es sólo de las feministas de pancarta.

Sucede de la misma o parecida manera cuando se dice ‘violencia de género’ (políticamente correcto), en vez de violencia doméstica o violencia por razón de sexo (políticamente incorrecto). ¿Por qué digo esto? Porque la Real Academia de la Lengua estableció que no es correcto decir ‘violencia de género’ y sí lo es utilizar las expresiones ‘políticamente incorrectas como las que acabo de escribir.

O sea, el pánico y la cobardía atenazan a millones de personas por si son calificadas como ‘políticamente incorrectas’. Este es el meollo del problema. Si pasaran olímpicamente de estas idioteces, los ‘comisarios progresistas’ harían un completo ridículo.

Hay muchas personas, por desgracia, que no dicen ‘España’ (cuando es correcto decirlo así) sino Estado Español, cuando no deberían. ¿Por qué lo hacen? Por miedo a que les llamen ‘fachas’, o ‘franquistas’, o ‘centralistas’ o cualquier otra idiotez.

Algo parecido pasa a la hora de criticar los reiterados abusos de los
nacional-separatistas. Sus tropelías y deslealtades se cubren con el manto del silencio, los matices o la ‘comprensión’ políticamente correcta.

¿Se curan estas idioteces leyendo? Mi opinión es que leer buenos libros y buenos artículos ayuda. Esta es una buena opción, en cualquier caso. Pero mi experiencia me dice que hay personas con suficientes conocimientos (incluso con seguridad en el puesto de trabajo) que son incapaces de hablar ‘claro’ en público.

Por hablar ‘claro’ me refiero a las personas que te dicen unas cosas en privado y luego, en una reunión (pongamos que es en la Universidad) dicen lo contrario, o matizan, o se callan.

No, no basta haber leído. Hace falta, además, un poco de coraje.
¿Vivimos en una sociedad de acojonados? Me temo que, en buena medida, sí. Más los hombres que las mujeres.

Terminaré con unas frases que denotan, en alguna medida importante, creo yo, el bajo nivel de coraje y autoestima de nuestra sociedad.
Reconozco que no somos los únicos. Lean a Oriana Fallaci, por ejemplo, y verán lo que ella opinaba de los europeos, con las excepciones de rigor.

El terrible atentado del 11-M, en Madrid, el mayor atentado terrorista de la historia de España y de Europa, provocó frases como ésta: ¿Qué habremos hecho mal?

O sea, un ‘buenismo’ idiota y falso. Nadie es tan bueno, excepto gentes como Teresa de Calcuta y similares. Lo que hay es cobardía, acojono.

En cambio, el atentado terrorista en Londres, de Julio de 2005, provocó (entre otras, desde luego) la siguiente frase:

‘Pagaréis caro lo que habéis hecho’.

Por supuesto, no pretendo decir que todos los británicos tienen dignidad y autoestima. Basta leer el recomendable libro de Andrew
Anthony ‘El desencanto’, para darse cuenta. No es una cuestión de todo o nada.

Pero creo que nosotros, no sólo estamos en la cola de Europa en calidad educativa y en el número uno en consumo de cocaína. La cosa es, todavía, peor. ¡Ojalá me equivoque!


Clerófobos y sotanas

Leo en la prensa diversas críticas al Obispo de Mallorca, y a la Iglesia, en general, por haber ‘entrado en campaña’. Resulta que no solamente dice a sus feligreses que sean buenos y que vayan a misa. Recuerda, por ejemplo, la importancia del mantenimiento (o no demolición) de la nación española. O que no es aconsejable votar opciones separatistas. Esto ha provocado las iras de los socialistas, que han dicho que esto recuerda a ’la España de antes’. Otros, socialistas o no, han dicho que la Iglesia se entromete, ilegítimamente, en cuestiones exclusivamente políticas. Que le corresponden tareas, exclusivamente espirituales.

Veamos la primera crítica. Es la más absurda. Recordar que el mantenimiento de la Constitución española (recuerdo que es una Constitución democrática), es un bien a defender, no es ni franquismo, ni fascismo, ni ‘la España de antes’, ni otras idioteces socialistas.
Artículo segundo de la Constitución española:

 ‘La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas’.

No merece la pena seguir, de modo que pasaré a la segunda crítica. Se dice que la Iglesia Católica debería centrarse, exclusivamente, en cuestiones espirituales. Al haberse entrometido en cuestiones ‘exclusivamente políticas’, ha actuado de manera ilegítima.

Imagino que, para estos críticos, la labor de Caritas y sus comedores sociales debe ser una ilegítima interferencia socio-económica. Si es que la Iglesia debe centrarse en fines ‘exclusivamente espirituales’. Porque invitar a chorizo con huevos fritos no parece una labor ‘exclusivamente espiritual’. ¿O sí?

¿Es acaso la demolición (anticonstitucional) de España por los separatistas, con la colaboración socialista, algo bueno para la gran mayoría de los españoles? ¿Estaremos mejor si así sucede? ¿Y debe callarse la Iglesia si cree que algo es perjudicial para los cristianos en particular y los ciudadanos en general?

¿Por qué algunos párrocos de Mallorca han desobedecido al Obispo y han decidido no leer en las misas la nota elaborada por la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española?
¿Habrían hecho lo mismo si se hubieran cantado loas a Cataluña, al catalanismo y al peligro de desaparición de la sacrosanta lengua catalana? Me temo que no. Y esto no es política. Esto es espiritualidad pura y dura.

Señoras y señores todos, cristianos, ateos y medio pensionistas, el lenguaje del rojerío hace años que se ha impuesto en los medios de comunicación y en el lenguaje cotidiano. Una de falsedades políticamente correctas es la de identificar ‘España’ con el franquismo. De ahí las críticas socialistas al Obispo de ‘volver a la España del pasado’. Es decir, a la España de Franco. Como si defender la unidad (no la uniformidad de España) no fuera una exigencia democrática y constitucional. Pero el lenguaje políticamente correcto impone su influencia. Y mucha gente traga para que no le digan que es un ‘facha’. Otra estupidez que asusta al que quiere asustarse.

Pero la rendición no es absoluta. Ni mucho menos. Denuncio la impostura de los críticos. Ni apelar a ‘España’ es volver al franquismo (aunque López y cía lloren en TV y se abracen con los amigos de los asesinos), ni la tarea de la Iglesia es vivir al margen de lo que sucede en la sociedad y lo que afecta a las personas.

¿Qué dirían estos mismos que la critican, si la Iglesia pasara olímpicamente de la realidad social y se centrara, exclusivamente, en lanzar mensajes espirituales? Lo imagino.

Hablando de imaginar. ¿Se imaginan a los imanes, y demás autoridades religiosas islámicas, recomendando el voto para alguien y que los socialistas (estoy viendo a Zapatero) se subieran a la parra? Claro que no. Callarían como muertos. Y lo mismo harían sus compañeros de viaje. Rectifico, no callarían como muertos. Dirían que hay que ser tolerante y que hay que respetar las legítimas opciones de cada cual. ¿Les suena? Para los sordos, recuerdo las viñetas satíricas en Dinamarca y la reacción el Presidente sonriente.

Usted mismo, que ya es mayorcito.



Envidia, socialismo y religión


Dice T. Sowell que los reconocidos derechos de propiedad, que restringían el poder de los gobiernos locales y de los estados, en USA, fueron erosionados por las decisiones de los tribunales.

Nada nuevo bajo el sol. La plaga de los ‘jueces progres’ existe por doquier. En sus puñetas, los derechos de propiedad se convierten en privilegios prescindibles a favor de un bien superior, el ‘bien público’. Este supuesto ‘bien público’ (o bien común) ha sido oportunamente diseñado por políticos de izquierdas (generalmente), solidarios y comprometidos con los más débiles. Ha sido diseñado porque ellos dicen saber en qué consiste.  Y toman las medidas adecuadas para conseguirlo. Pasando por encima de lo que haga falta. Todo sea por el ‘bien público’. La cancioncilla de siempre.

Ya lo decía L. von Mises en ‘El socialismo’: ‘La evolución hacia el socialismo no se realiza por una simple transferencia formal al Estado. La restricción de los derechos del propietario es también un medio de socialización. Se le retira gradualmente la facultad de disponer de su bien’.

En esta ‘maniobra progresista’, no solamente participan los socialistas (compañeros de viaje y acomplejados varios), cuando controlan el Parlamento y dictan leyes ‘progresistas’, sino que reciben la inestimable ayuda de los jueces  ‘Robin Hood’. Ya saben, se lo quitan a los ricos para dárselo a los pobres. Pero sin el arco y las flechas. Ahora se hace con leyes igualitarias que compensan las injustas desigualdades de la sociedad capitalista. Salvaje, por supuesto.

Es bonito. Pero funciona mal. El último ejemplo está en la catástrofe socialista-zapateril. Recordemos que el desastre ha sucedido con el beneplácito de la izquierda, en general, que ha aplaudido con las orejas. Solamente cuando las encuestas presagiaron una hecatombe electoral, los aspirantes a colocarse han puesto mala cara y le han dado la espalda al Presidente sonriente.

O sea, los socialistas pretenden conseguir la igualdad de resultados. El socialismo, que es bueno por naturaleza, se preocupa por los pobres. Eso dicen. Pero su enfermiza obsesión por meter la mano en el bolsillo de los ricos (a efectos prácticos, las clases medias) para dárselo a los pobres (amigos y chupópteros de diverso pelaje) conduce a malos resultados para todos, o casi todos.

¿Por qué actúan así? Porque quieren traer el cielo a la tierra. Quieren que seamos iguales porque se proclaman igualitarios. Desprecian el capitalismo y se ven obligados (a veces) a gestionarlo. Normalmente mal. Su obsesión es la ‘redistribución justa’ de la riqueza, lo que conduce a un agobiante e ineficaz intervencionismo estatal.  Pero, alcanzado cierto límite, la mayoría de gente se resiste a ser esquilmada en nombre de alguna palabra bonita.

La izquierda nunca ha aceptado (al menos no se oye) que no tienen modo de producción propio. Siempre han fracasado cuando han intentado poner en práctica sus modelos económicos. El socialismo real siempre ha sido una catástrofe.

Pero no renuncian a ser diferentes y mejores que la derecha. Dado que no pueden imponer el ‘socialismo real’, promulgan leyes ‘progresistas’; intervienen todo lo posible en la vida de los ciudadanos (por su bien, eso sí) y planifican la sociedad, todo lo que pueden. Porque no confían en las (egoístas) decisiones de los individuos. Ellos saben lo que nos conviene.
 
Algunos todavía tragan. Parece mentira, pero es así. En parte, la derecha (para simplificar hablo de derecha e izquierda) es responsable. Ha renunciado, en general, al público debate de ideas. No es de ahora. Es norma de la casa. Si nos fijamos en lo más actual, podemos repasar el camino ideológico de Rajoy. Que espero que gane las elecciones de Noviembre, pero esa es otra. Rajoy se ha centrado, casi exclusivamente, en la gestión económica. Por supuesto que es importante, pero no lo es todo.

Hay graves problemas no estrictamente económicos que una opción seria de gobierno tiene que afrontar. Por ejemplo, los ilegales referendos de autodeterminación; el desacato público de las autoridades catalanistas a sentencias judiciales firmes; la indignidad de tener al brazo político de ETA (Bildu) en las instituciones democráticas; el que ciudadanos españoles no puedan conseguir que sus hijos sean enseñados en español, en los llamados ‘territorios comanches’; la quiebra relativa de la unidad de mercado, gracias al actual Estado Autonómico; la manipulación ideológica de los escolares por medio de la asignatura ‘Educación para la Ciudadanía’; una absurda e injusta ley electoral, y un larguísimo etcétera.
La cultura de izquierdas, al fomentar el resentimiento hacia ‘los ricos’ estimula bajas pasiones. Como, por ejemplo, la envidia. ‘Tristeza o pesar del bien ajeno’. Eso dice la R.A.E.

Simplificando, pero no distorsionando el mensaje. Si alguien es rico, tiene que repartir. Los menos ricos tenemos derecho a que el rico reparta. ¿No pretenderá quedárselo todo? Si no reparte, se va a enterar. Además, ¿cómo habrá conseguido la riqueza? Seguramente robando, o explotando a los más débiles.  A medida que sube el nivel del discurso, se sofistican los argumentos, pero la idea central es ‘apretar’ a los ricos para que suelten la pasta.

 El socialismo es una especie de religión laica. Quiere traer el cielo a la tierra, haciéndonos a todos iguales. Para eso necesita un Estado grande y poderoso. O sea, intervencionismo a tope. Estado grande y sociedad civil pequeña. Controlada, como el mercado. El mercado tiene fallos que el Estado corregirá. Estas idioteces se propagan porque hay gente que las cree. Como si el Estado no tuviera fallos. Como si el Estado, con su intervencionismo creciente, no hiciera, de cada vez, más niños a los ciudadanos.

Y el odio de la izquierda a la religión (centralmente a la religión católica) se debe a su visión de la competencia. La izquierda pretende tener el monopolio de la solidaridad, la igualdad y la redistribución de la riqueza. La Iglesia Católica es un peligroso competidor. ¡A por ellos!

Pero la Iglesia Católica (a la que tanto odia la izquierda, con las excepciones de rigor) aparte de la inmensa labor social que realiza aquí en la tierra, ofrece el cielo en el cielo. Una enorme ventaja.


¿Se repite la historia?


Leía, con estupor, la noticia de que más de mil indignados izquierdistas, sindicalistas y compañeros de viaje, habían agredido, en Murcia, a dos políticos del Partido Popular y a un fotógrafo. Sucedió el 22 del pasado Diciembre. La excusa fue que el Presidente de la Comunidad de Murcia había realizado recortes a los sueldos de los funcionarios.

 La manifestación, por lo visto, era ilegal. Dicen que esta fue la razón de que no hubiera policía. ¡Sorprendente! Si mil y pico personas, en Murcia, se habían enterado de que había una manifestación (dado que estuvieron en ella) ¿cómo no se enteró la policía? ¿Y el Delegado de Gobierno?

Sentí  parecido estupor al leer el tercer libro de la Historia de España de Losantos/Vidal, aunque ya conocía los dramáticos acontecimientos por otras Historias de España. Antes de la guerra civil, guardias de asalto de filiación socialista, muy relacionados con Indalecio Prieto asesinaron a Calvo Sotelo. El autor de los disparos en la nuca fue Luis Cuenca. Fue encubierto y protegido por Prieto.

Ciertamente, la violencia de ahora no es comparable a la de entonces, a pesar de que los agredidos, en Murcia, tuvieron que refugiarse en una Iglesia para evitar la continuación de la agresión. Aún así, los canallas querían entrar a la fuerza, lo que fue impedido por la oportuna intervención de un sacerdote y un policía de paisano.

No es la primera vez que sucede algo parecido. Deben recordarse los acontecimientos de la víspera de las elecciones generales de 2004. El día 13 de Marzo de 2004, el portavoz del Gobierno, Eduardo Zaplana, insistía en que ETA era la principal línea de investigación de los atentados terroristas, mientras que la SER, en particular, y los medios del grupo PRISA, en general, contradecían al portavoz del gobierno. Decían que, según el Centro Nacional de Inteligencia, la investigación se centraba, en un 99% en grupos islámicos radicales. Poco después, el director del mencionado Centro, desmentía esta información y reiteraba  que la principal vía de investigación seguía siendo ETA.

En este ambiente de contradicciones y de confusión, se iniciaron cadenas de SMS y llamamientos desde Internet para concentrarse ante las sedes de Partido Popular. A media tarde miles de personas estaban frente a las sedes de PP coreando eslóganes del tipo: “¡Qué nos digan la Verdad!”, “¡Mentirosos!”, “¡Antes de votar, queremos saber!”, “¡Aznar, tú lo sabes!”, “¡España no se merece un gobierno que mienta!”.

¿Alguien cree que tales manifestaciones fueron espontáneas? Yo no. ¿Quién las organizó? Usted verá en que mundo vive. En otros países, como Estados Unidos o el Reino Unido, que sufrieron ataques terroristas parecidos, las fuerzas políticas se unieron para hacer un frente común. En España, no. Aquí sucedió que la oposición socialista vio una buena oportunidad para hacer caer al gobierno del Partido Popular. Y esto, en medio de 192 compatriotas asesinados y miles de heridos. Y con la sociedad española en estado de shock.

‘España no merece un gobierno que nos mienta’. Ya lo tenemos. ¡Al fin! Encabezado por el Presidente oficial, Rodríguez Zapatero y por el Presidente real, Pérez Rubalcaba. Dos ejemplos de políticos que nunca mienten. Que nunca han mentido. ¡Qué gusto!

El problema es que, con independencia de los errores, más o menos graves, que pudo cometer el gobierno popular en aquellos tensos y dramáticos momentos, la oposición socialista nunca debió aprovecharse para obtener ganancias políticas. Esto es de una inmoralidad incalificable.
Sin embargo, las mentiras repetidas de Zapatero, Rubalcaba y compañía, no han bastado para desacreditarles ante la opinión pública. La prensa ‘independiente’ ha tenido mucho que ver. En cambio, la incompetencia del Presidente Rodríguez Zapatero ha terminado por ser letal. Según los repetidos sondeos de diverso color político, el pesoe podría perder hasta cuatro millones y medio de votos.

La conclusión, de todos modos, no es esperanzadora. Parece que las mentiras repetidas de la izquierda (representada por el Presidente de Gobierno y camarilla) no han indignado a millones de votantes. El respetable público solamente se ha indignado cuando ha visto peligrar las lentejas. Las suyas.

En el famoso debate televisivo, Solbes-Pizarro, el vencedor fue Solbes. A pesar de las mentiras que dijo. Mintió a conciencia y repetidamente. Pizarro, en cambio, las acertó todas. Pero perdió el combate. El respetable dio como vencedor al mentiroso.

Durante mucho tiempo se negó la crisis y algunos vivieron  esperanzados con los famosos ‘brotes verdes’. Se llamó ‘antipatriotas’ a los que advertían que la crisis ya estaba entre nosotros. Se repitieron las tomaduras de pelo sin que pasara nada. Alonso, el portavoz socialista, repetía, con voz engolada, que los causantes de la crisis (ya reconocida) eran: el capitalismo salvaje, los especuladores y las políticas de Bush y Aznar. ¡La derechona! Y a tragar, que por algo hay mucho progresista en ‘ete paí’.

Pero llegó un momento en que la gente se atragantaba. Y el rojerío mediático empezó a criticar a Zapatero. Y los medios no socialistas ponían a caldo la política económica socialista. Y, poco a poco, la gente se fue enterando de la catástrofe. ¡Nos vamos a la ruina! No en vano teníamos (y tenemos) el 20% de paro. Y la pobre Merkel (la ‘fracasada’ según ZP) le dio instrucciones a Rodríguez Zapatero sobre lo que tenía que hacer. Y Sarkozy. Y Obama. Y los chinos. La cosa iba en serio. Ya no colaba dar la culpa a Bush, Aznar y al malvado capitalismo. Aunque sigue habiendo francotiradores de izquierda que repiten la consigna.

Pues sí, ya estamos en el fondo del pozo. Y en Murcia se cabrean violentamente con el Presidente murciano del PP. ¿Y qué sucede con el Presidente Rodríguez Zapatero y sus recortes sociales? No, yo no pido que le corran a gorrazos, como han hecho estos impresentables izquierdistas de Murcia. Lo que digo es que estamos ante gentes nada dispuestas al ‘talante dialogante’ propugnado por su mentor de izquierdas, Rodríguez Zapatero.

¿Por qué no están dispuestas al ‘talante dialogante’? Porque se trata de la derecha. Y con eso volvemos a la II República. Por aquello de que está de moda la Memoria Histórica. ¿No debería distanciarse, la izquierda de ahora, de los comportamientos de la de entonces? ¿No van a condenar rotundamente esta violencia en Murcia? ¿O están dispuestos a seguir por la misma senda de antaño?

Últimas Noticias.

GOLPES EN LA CARA CON UN PUÑO DE HIERRO. Brutal agresión al consejero de Cultura de Murcia ante su casa. Tres individuos han agredido de forma salvaje al consejero de Cultura de Murcia. Le insultaron al grito de "sobrinísimo hijo de puta" Sería terrible que tuviera razón Alain Finkielkraut: ‘La izquierda ya no tiene ideas. Sólo enemigos’.


Esto se hunde

No es la primera ni la segunda vez. Llevamos años sin que  se cumplan las leyes. Mejor dicho, algunas. Las leyes que nos obligan a pagar los impuestos, sí se cumplen. Y otras que nos imponen obligaciones, también. ¡Faltaría más!
 
Pero algunos artículos de la Constitución y algunas sentencias del Tribunal Supremo, se las pasan por la entrepierna. Algunos. Lo que es, incluso, peor. Porque si todos pudiéramos torear al Supremo, tendría un pase. Todos iguales. Todos igual de brutos. Como en las películas del Oeste antes de que llegara el sheriff para poner algo de orden. Pero no. Aquí sólo pueden reírse del Tribunal Supremo (sin que pase nada) los políticos catalanistas. Ya saben, los dirigentes de la Cataluña oprimida y explotada por la bota castellana.
 
Claro que cundirá el ejemplo de Artur Mas. Si los catalanes pueden, los vascos también. Y los gallegos. Los españoles no. Que somos tontos, como decía Sabino Arana.
 
Esto es inaudito. En cualquier país civilizado, es inconcebible que una autoridad del Estado se atreva a decir, públicamente, que no acatará una sentencia del Supremo y que no reconoce su autoridad. No duraría en el cargo, ni veinticuatro horas. Pero estamos en España. Artur Mas, apoyado por Montilla, ya lleva mucho más que veinticuatro horas.
 
Si un ciudadano de a pie se atreve a desafiar al Estado, le cae el pelo. Si lo hace un político autonómico (especialmente de los ‘territorios comanches’), no pasa nada. Al menos de momento. Lo que ya es grave, aunque sea por el penoso ejemplo que dan a los ciudadanos.
 
Esta situación es indicativa de que algo muy preocupante está pasando. Cuando las autoridades políticas, las primeras que deben respetar y hacer respetar la legalidad vigente, se ríen de ella sin que pase nada, es que el Estado de Derecho es de cartón piedra. Una filfa, una patraña. Un hazmerreír. Mucho peor, porque aplica todo el peso de la ley sobre el anónimo ciudadano que paga sus impuestos. O sea, fuerte con los débiles y débil con los fuertes. Porque fuertes son los separatistas antiespañoles con esta injusta ley electoral. Gracias al PSOE y al PP que no han querido cambiarla. Asco me dan.
 
Por no hablar de la amenaza catalanista  de romper España. Imagino que la amenaza de secesión, supone algo de fuerza. ¿O también es un órdago de cartón piedra? ¿Una jugada de farol? En todo caso, se hace al margen de la legalidad. Como debe ser.
 
Un Estado de las Autonomías, como el nuestro, no puede sobrevivir sin fuerzas centrípetas que lo sostengan. Ni un Estado Federal podría sobrevivir así.  España se alimenta de fuerzas centrífugas, que son las buenas, las progresistas. O sea, cada uno por su lado. Aquí mando yo. Yo soy yo, y mis competencias.
 
Por el contrario, las fuerzas centrípetas, las fuerzas que respaldan y apoyan la unidad de España (no la uniformidad) son fuerzas regresivas, reaccionarias y casposas. Con un sistema así ¿qué se puede esperar? Lo que tenemos. Una sociedad atomizada. Una sociedad en la que la unidad de mercado está resquebrajada. En la que los costes de transacción son más gravosos de lo normal, castigando así nuestra ya mediocre competitividad. En la que hay descoordinación entre las diferentes Autonomías. O enfrentamiento por las ‘balanzas fiscales’. Y algunas Autonomías quieren ser Naciones. Ni siquiera ‘naciones culturales’. Quieren ser ‘naciones políticas’. ¿Y la soberanía? ¡Qué más da, tío!
 
¿Y quién es el principal responsable de esta grave situación? La clase política. Unos más, otros menos, pero la clase política es la responsable de haber cedido competencias, de manera irresponsable, a las Autonomías. Sin importarles si se ejercían de manera adecuada. Ni inspección, ni gaitas. Mucho menos el rescate de las competencias que se ejercen mal, previsto por la Constitución. No se atreven. O sea, el desmierde autonómico. Si quieren deprimirse (aún más), lean ‘El desmoronamiento de España’ de A. Recarte.
 
Como es sabido, la ausencia o dejación del poder, se llena por parte de otros. Si usted no lo hace, lo haré yo. Así ha sido. El gobierno central es menos fuerte, en prácticamente todos los sentidos, que un Estado (central) Federal. Los jefecillos autonómicos (con aires de grandeza) se han adueñado de casi todo. Y han reescrito la Historia, para cantar sus gloriosas gestas. Casi todas inventadas o desfiguradas. Y tenemos diecisiete de todo, como el número de Autonomías. ¡Nadie quiere ser menos! ¡A gastar! Y como casi no hay sentimiento nacional español (ya se han encargado de diluirlo, o de despreciarlo) hay dificultades para el acuerdo constructivo, el respeto al interés general, el apoyo a un proyecto común. Cada uno tira por su lado.
 
Y los que sufren las consecuencias de este desastre, son los ciudadanos. ¿A quién pedir cuentas? A nadie. No es de extrañar la creciente decepción ciudadana con la democracia. Y esto es muy grave.
 
Al menos, en Islandia han llevado a juicio al primer ministro Heir Haarde, por negligencia durante la crisis económica. ¡Ya me conformaría yo! ¿Se le ha ocurrido a alguien llevar a juicio a Zapatero, por sus mentiras durante la crisis económica? ¿Y no la agravó, con sus mentiras y la falta de medidas? Por no hablar de los banqueros islandeses, que están acojonados ante la amenaza judicial. Aquí no. Aquí sólo ha de temer algo el ciudadano corriente y moliente. Aparte del 20% de paro, de la subida de la luz, butano y transportes. Subida de impuestos. O la baja calidad de las prestaciones sociales y las prohibiciones de todo tipo que nos impone Zapatero. Por nuestro bien.
 
Y la oposición popular que se la coge con kleenex. No levantemos la voz que nos llamarán radicales, ni afrontemos los grandes problemas, no sólo económicos, que nos aquejan. Evitemos el debate ideológico.
 
 ¡Joder, qué tropa!



Un ‘comanche’ en la autónoma

Leo una entrevista, de Carles Bellsolá al catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, Juan Carlos Moreno Cabrera, que ha publicado el libro, "El nacionalismo lingüístico’.

PRIMERO.Una tesis profundamente provocadora del autor es: ‘que el único nacionalismo lingüístico que existe en el Estado es el español. Y que es muy agresivo’.

Reconozco que, siendo muy suave, se trata de una tesis más vomitiva que provocadora. El primer paso sería clarificar (por parte del autor) la expresión ‘nacionalismo lingüístico español’. Tal vez se trate de un nacionalismo cuyas características básicas sean muy diferentes a las típicas de los denominados ‘nacionalismos lingüísticos periféricos’. De momento, quedémonos con su afirmación de que el único nacionalismo lingüístico, en el Estado español, es el español. Y que es, además, muy agresivo.

Se ve que no compartimos, el sr. Moreno y yo, significados usuales de la lengua española. Le pondré un ejemplo de algo ‘muy agresivo’. No necesito devanarme los sesos. Basta copiar lo que hacen los políticos en Cataluña, en la que no hay (según el sr. Moreno) ‘nacionalismo lingüístico’.

Los políticos catalanistas han conseguido que no haya escuelas en las que los padres puedan enviar a sus hijos para que les enseñen en castellano, o español. O sea, en una parte de España (y la Comunidad autónoma de Cataluña forma parte de España) los padres no pueden conseguir que sus hijos sean enseñados en su lengua materna, cuando ésta es el español. Esto es lo que sucede en Cataluña, en la que no hay (según el sr. Moreno) nacionalismo lingüístico. Por otra parte, no conozco ninguna nación-Estado en la que los padres no tengan colegios en los que se enseñe en la lengua oficial del Estado. Excepto España.  Realmente, los españoles somos muy agresivos. En cambio, los catalanistas, sin nación-Estado, ejercen de excluyentes y discriminadores. Menos para el sr. Moreno.

 Ahí va el ejemplo de un modelo  realmente ‘muy agresivo’. No habrá, en toda España, colegios en los que se pueda enseñar en catalán, gallego o vasco. Como mucho, se permitirá que haya dos o tres horas lectivas a la semana en estas lenguas. Este modelo, sr. Moreno, es un modelo ‘muy agresivo’ que, curiosamente, coincide con los modelos de los ‘territorios comanches’. Que son los que discriminan la lengua oficial y común: el español. Aunque usted lo niegue.

 Pero, según las anteojeras del sr. Moreno, el modelo que permite que el español sea desplazado de la enseñanza y de las instituciones (en Cataluña, País Vasco, Galicia y Baleares, al menos) no es un modelo ‘muy agresivo’. Todo lo contrario. Por tanto, afirmo que el sr. Moreno miente al decir que el ‘nacionalismo lingüístico español’ es ‘muy agresivo’. Y miente al decir que es ‘el único muy agresivo’. Y también miente al decir que los nacionalismos periféricos son monjas ursulinas periféricas.

SEGUNDO.Dice el sr. Moreno: ‘Exactamente igual que el catalán es una lengua de segunda en Castilla. En Madrid, si es que existe, el catalán es una lengua de segunda o de tercera. Y eso, a todo el mundo le parece muy bien. Que el castellano sea una lengua de segunda en Cataluña, a mí no me parecería mal’.

Esto ya alcanza niveles preocupantes de estupidez. Porque es una estupidez decir ‘exactamente igual que el catalán es una lengua de segunda en Castilla’. No, sr. Moreno, no es exactamente igual. En Castilla no hay demanda de catalán. En Cataluña, en cambio, hay demanda de español porque la mitad (aproximadamente) de los catalanes habla, habitualmente, el español. Aunque los políticos catalanistas no quieran atender esta realidad lingüística, lo que muestra su fanatismo antidemocrático y su desprecio por los derechos individuales. Bien es cierto que, en este lodazal antidemocrático, han participado (con sus respectivas cuotas de responsabilidad), el Partido Socialista y el Partido Popular. Y el profesor Moreno miente, una vez más, diciendo que en Cataluña no hay ‘nacionalismo lingüístico’.

TERCERO.Añade el profesor: ‘La única inmersión lingüística que conozco es la del castellano. En Cataluña no hay inmersión lingüística’.

Hay que ser un caradura para decir esto. En fin, si tiene un átomo de dignidad y quiere enterarse de lo que realmente sucede, le ruego que se ponga en contacto con D. Antonio Robles, ahora representante de UPyD en Cataluña. Si él no quiere ponerse en contacto con usted, haga el favor de leer sus libros (empiece por ‘Extranjeros en su país’) y sus artículos sobre la cuestión lingüística en Cataluña. También le pueden ilustrar, Horacio Vázquez Rial,  José García Domínguez, Antonio Tercero, Vidal-Quadras, Arcadi Espada, Xavier Pericay (este último coordinador de ‘¿Libertad o coacción? Políticas lingüísticas y nacionalismos en España’) y un largo etcétera. Por supuesto, hable con las numerosas familias que tienen que soportar este fanatismo lingüístico catalanista que, según usted, no existe. Estas familias también le pueden informar de la inmersión lingüística que sufren en sus propias carnes.

CUATRO.Las barbaridades que dice el sr. Moreno se ven, al menos en parte, clarificadas (no justificadas), al leer lo siguiente:

‘Se habla de derechos individuales, pero las lenguas existen dentro de de una comunidad lingüística, no se trata de individuos aislados... Hablar de derechos individuales en cuestiones lingüísticas no tiene sentido’.

Ahora se entienden mejor los dislates del sr. Moreno. Resulta que, para él, lo que existe es el animal metafísico, ‘la comunidad’ (o la ‘comunidad lingüística’), pero no las personas individuales de carne y hueso. De ahí que, según el sr. Moreno, sea un sinsentido hablar de derechos individuales lingüísticos.

Sigamos el razonamiento del profesor, y pasemos de la comunidad lingüística a la comunidad, a secas. Si en la comunidad lingüística hablar de derechos individuales no tiene sentido, ¿por qué va a tener sentido hablar de derechos individuales en la comunidad, a secas? O sea, volvemos a Herder, con su nacionalismo cultural (con la preeminencia de la nación) y Fichte, con su nacionalismo político (y la preeminencia del Estado). En definitiva, el individuo queda subordinado y dominado por la Nación o el Estado, o ambos.

Ya no nos puede sorprender que, con estos antecedentes, lo respetable no sean los derechos individuales de las personas, sino los supuestos derechos del animal metafísico (la comunidad, la nación o el Estado) al que se deben someter los individuos de carne y hueso. Es decir, los seres humanos son personajes secundarios en la vergonzosa opereta del profesor Moreno.
No hay duda, está usted a la altura de sus camaradas de los ‘territorios comanches’.



Inmigración y políticos

El comisario europeo de los Derechos Humanos, Thomas Hammarberg, ha dicho: ‘Se percibe una preocupante tendencia a la islamofobia’.
 
Vamos a suponer que es cierto y que hay, en Europa, una tendencia  a la islamofobia. Digamos, de entrada, que la mayoría de la gente (en la que me incluyo) no se opone a la inmigración legal. Se opone a la inmigración ilegal y descontrolada. Dicho esto, veamos en qué puede consistir la ‘islamofobia’.
 
Según Serafín Fanjul: El islam es din wa-dawla, religión y Estado a un mismo tiempo, y ese es el modelo que buscan e intentan imponer los grupos islamistas, quienes rechazan cualquier atisbo de libertad del ser humano... En concreto, la democracia sufre de la condena y el rechazo del islamismo por no someterse a la voluntad divina y funcionar de manera independiente, sin someterse.
 
Si esto es así, resulta que los islamistas (al menos los radicales) están en contra de la democracia y de la separación Iglesia-Estado. En tal caso, parece que nuestro principal problema es saber si los millones de musulmanes que viven en Europa son respetuosos con la democracia, la igualdad jurídica entre hombres y mujeres y la separación Iglesia-Estado. Es decir, si se han integrado en nuestra cultura europea. Si este es el caso, no hay mayores problemas porque Europa necesita inmigración (eso dicen) dado los bajos niveles de natalidad. Ahora bien, ¿queremos inmigración a cualquier precio?
 
Recordemos que cuando los inmigrantes pertenecen a una cultura teocrática, como la musulmana, no se acepta la separación entre Iglesia y Estado. Además, este tipo de cultura, y en consecuencia los inmigrantes que pertenecen a ella, sólo reconoce la ciudadanía plena cuando hay sometimiento a la ley coránica. Por tanto, parece claro que la integración de estos inmigrantes en la cultura europea, no es factible.
 
La gente progresista o de izquierdas, en general, con su ‘buenismo’ característico, dice que los problemas de la integración se solucionan haciendo ‘ciudadanos’ a los inmigrantes. Sin embargo, esto no es cierto. Hay inmigrantes, como los pertenecientes a culturas teocráticas mencionadas, que no se quieren integrar. Además, ser ciudadano supone no solamente tener derechos sino, también, obligaciones. Es decir, no sólo aprovecharse de las ventajas de la democracia sino participar en su mejora y consolidación. Pero ¿cómo van a hacer esto los que no creen en la democracia?
 
Otro político irresponsable, en la línea de Hammarberg, es el Síndico de Agravios de la Comunidad Autónoma de Cataluña, sr. Ribó. Recordó este señor que ‘Europa necesitará 70 (setenta) millones de nuevos trabajadores para 2050, que tendrán que proceder de la inmigración...’
 
¿Por qué son unos irresponsables, los políticos Hammarberg y Ribó, entre otros muchos? Porque su ‘buenismo’ no les permite tener en cuenta las consecuencias de sus actos. Ni siquiera hablan de ellas. Creen que basta con la buena intención. Un experto en el Islam, como el político y diplomático Gustavo de Aristegui, dice que tenemos en la actualidad (en 2007) unos 27 millones de musulmanes, y que en cinco años, tendremos unos cincuenta millones. ¿No plantea esto ningún problema serio?
 
En Europa, hay islamistas radicales que hacen un uso perverso de la denominada taqiyya o santa hipocresía, que les permite esconder e incluso renegar de sus creencias religiosas cuando puede ser peligroso para ellos. Es decir, lo típico de las llamadas ‘células durmientes’. No levantar sospechas. Pasar desapercibidos.  Ahora bien, ¿cuántos radicales islamistas hay? Es prácticamente imposible saber, con precisión, su número exacto.  Sin embargo, los cálculos más moderados, dicen que entre un cinco a un diez por ciento de musulmanes son, o tienen simpatías por las posturas islamistas radicales. Si esto es así, y nos situamos en 2012, en Europa tendríamos entre dos millones y medio a cinco millones de musulmanes radicales. ¿Hay que mirar a otro lado?
 
No obstante, parecen no tener prisa en dominar Europa, a pesar de los sangrientos atentados y los intentos abortados por las diferentes policías europeas. ¿Por qué?
 
Huari Bumedian, ex Presidente de Argelia, dijo en un famoso discurso pronunciado en 1.974 ante la Asamblea de la ONU:

"Un día, millones de hombres abandonarán el hemisferio sur para irrumpir en el hemisferio norte. Y no lo harán precisamente como amigos. Porque irrumpirán para conquistarlo. Y lo conquistarán poblándolo con sus hijos. Será el vientre de nuestras mujeres el que nos dé la victoria.

Al igual que los bárbaros acabaron con el Imperio Romano desde dentro, así los hijos del Islam, utilizando el vientre de sus mujeres, colonizarán y someterán a toda Europa.
 
Ahí tenemos la respuesta. ‘Colonizarán y someterán a toda Europa’. Está muy clara su intención, pero mucha gente no quiere entenderlo. Prefiere el autoengaño. En realidad, Bumedian tenía que haber dicho ‘Eurabia’ en vez de Europa. De momento, es una grave imprudencia seguir eligiendo a políticos irresponsables como Hammarberg y Ribó. Políticos que no quieren preocuparse por las consecuencias de sus actos, embelesados, como están, por su propio ‘buenismo’.
 
Termino con unas palabras de la admirable (desgraciadamente fallecida) Oriana Fallaci: ‘Hace tres meses dediqué este libro a los muertos de Madrid. Desde entonces, el número de occidentales asesinados por los enemigos de nuestra civilización han aumentado mucho. Esta dedicatoria tengo que hacerla extensiva... La extiendo a cualquiera que de buena fe vegeta en la ceguera, en la sordera, en la ignorancia y en la indiferencia pero está dispuesto a despertarse para recobrar un poco de sentido común. Un poco de razón. Con la razón, un poco de coraje. Con el coraje, un poco de dignidad’.


En busca de la derecha (perdida), de José Javier Esparza


En este muy interesante y recomendable libro, se nos dice que la derecha está perdida y se nos describen los valores que, presuntamente, deberían rescatarse para que la derecha volviese a ser derecha de verdad. 
 
En primer lugar, habría una forma de ser de derechas, que consiste en adoptar una posición relativa y coyuntural. Que es, probablemente, la de la derecha actual. Pero hay otra, en la que se sitúa Esparza, que lleva implícita la adopción de valores y principios, aunque puedan adaptarse al cambio de los tiempos.
 
Pero la derecha española, dice Esparza, tiene dos problemas para alcanzar el poder. Uno deriva de la organización territorial desde 1978. O sea, en los llamados ‘territorios comanches’ (Cataluña y País Vasco) la derecha no está representada por una derecha nacional, sino por una derecha independentista.
 
La otra razón tiene que ver con el proceso de deslegitimación de los principios y valores de derecha, lo que es un problema europeo y no exclusivamente español.

‘.... en todo caso identificables y hasta cierto punto permanentes: la propiedad (no sólo económica), la familia, la tradición, el orden, la religión, la libertad personal concreta frente al orden social abstracto, lo espiritual frente a lo material, etc.’

En primer lugar, la propiedad. No sólo estoy de acuerdo con su defensa, sino que cualquier opción política de derecha (tal como la entiendo y eso se verá en mis comentarios) tiene que incorporar la propiedad individual como uno de sus valores. La eliminación de la propiedad privada supone el dominio abrumador y prepotente del Estado frente al individuo y su iniciativa. De modo que la defensa de la propiedad privada no solamente hay que hacerla desde una perspectiva económica, por ser mejor, más eficaz y creadora de mayor riqueza. Es, además, una exigencia moral. Una defensa de la propiedad privada, y la consiguiente iniciativa individual, es un dique frente a la omnipresencia del Estado en todos los ámbitos de la vida.

En segundo lugar, la familia. También estoy de acuerdo en la defensa de este valor. Las utopías, empezando por La República de Platón, incluyen la eliminación de la familia. Uno de los objetivos de la izquierda ha sido siempre la eliminación o debilitamiento de la familia. El motivo es sencillo. La familia es un núcleo social capaz de originar lealtades superiores y más exigentes que las lealtades que quieren los defensores del Estado omnipotente y omnipresente. Y esto resulta intolerable para los intervencionistas estatalistas.
 
En tercer lugar, la tradición. Es un importante valor. Sin duda. Aunque sólo sea porque nunca partimos de cero. Las tentaciones en sentido contrario han provenido, habitualmente, de la izquierda.

‘Para empezar, habrá que destruirlo todo. Toda nuestra maldita civilización deberá desaparecer antes de que podamos traer alguna decencia al mundo’ (‘‘Mourian’, en Les Thibaut, de Roger Martin du Gard).

Sin embargo, nuestra relación con la (nuestra) tradición ha de consistir en un diálogo crítico. Ni aceptación acrítica, ni rechazo sin más. Es este diálogo con nuestro pasado lo que nos ayudará a entendernos mejor y entender nuestro presente.

En cuarto lugar, el orden. Por supuesto, aunque este valor exige, como todos, mayor concreción. Pero no es muy difícil exponer lo que se entiende por orden. Se supone que el ordenamiento jurídico vigente contribuye a tener una sociedad más ordenada por medio (entre otras cosas) de la solución pacífica y prevista (legalmente) de los conflictos. Pero ¿cualquier ordenamiento jurídico vale? No. Tiene que ser, además, un ordenamiento jurídico justo. Ya veremos, espero, lo que esto significa. En cambio, un ordenamiento jurídico injusto lo tendrían sociedades injustas como, por ejemplo, la de Corea del Norte, o de Cuba.

En quinto lugar, la religión. La inclusión de la religión, por parte de Esparza, me recuerda la propuesta del filósofo del derecho inglés, John Finnis. Según este profesor, una vida auténtica presupone ciertos bienes objetivos, que serían una especie de cualidades que hacen que la vida sea buena, deseable y valiosa. Según él, son los siguientes: vida, conocimiento, juego (en sentido amplio), experiencia estética, amistad o sociabilidad, razonabilidad práctica y religión. De todos modos, hay una diferencia fundamental entre lo que dice Esparza y la propuesta de Finnis. Los bienes objetivos de Finnis (no son demostrables) ya que se presuponen para que sea posible alcanzar una vida buena y valiosa.

En todo caso, y volviendo a Esparza, no parece que ser religioso (tener una visión trascendente de la vida) sea un requisito ineludible de la derecha. Creo que se puede ser de derechas y no tener esta visión trascendente. Como cuestión de hecho y como deber ser. Esto no quita para que la religión sea objetivamente importante. Podemos verlo, incluso, en gentes de izquierda como Norberto Bobbio, que reconoce: ‘... la inspiración religiosa es muy capaz de ensanchar el ámbito de nuestra conducta benefactora más allá del círculo íntimo de parientes o amigos; y también que no hay mucho que podamos hacer para forzarnos a nosotros mismos a adquirir esta ‘inspiración religiosa’ por más deseables que encontremos algunas de las consecuencias de disponer de ella...’

En sexto lugar, libertad personal concreta frente a orden social abstracto. Totalmente de acuerdo. El constructivismo es una grave amenaza para la libertad individual. Hay personas, y grupos, que creen que todo, al menos todo lo importante, se debe hacer de manera planificada y racional. De ahí su intento (tantas veces fallido y a un altísimo precio) de organizar planificadamente la sociedad desde una cúpula de dirigentes comprometidos con la liberación humana. Desde los planes quinquenales al ‘hombre nuevo’. Todo pensado y calculado desde arriba.

Pero las cosas no son así. Muchos de los aspectos más importantes de la vida, como el amor o la amistad, no se consiguen gracias a un esfuerzo racional y planificado. Es lo que el sociólogo Jon Elster ha llamado subproductos. También el dinero es un subproducto y no el resultado de una planificación deliberada. Pero antes que Elster, John Stuart Mill dijo:

‘Jamás había dudado sobre la convicción de la felicidad constituye el punto crucial para todas las reglas de conducta y tampoco sobre el fin de la vida. Pero entonces pensé que tal fin sólo podía esperarse si no se lo convertía en un fin directo. Sólo son felices (pensé) quienes tienen las mentes fijas en algún otro objetivo diferente de la felicidad propia’.
 
Ahí podemos ver la locura socialista del ‘orden social abstracto’, construido racional y planificadamente desde arriba, frente a la libertad individual y concreta de los ciudadanos.
En séptimo lugar, el bien común. Sigamos literalmente a Esparza.

‘¿Y acaso ese bien común no consiste, precisamente, en subordinar los intereses individuales al interés del conjunto? Sí. Pero con la fascinación neoliberal, todo eso se acabó’.

Aquí está (junto con la ‘religión’, entendida por Esparza como un valor necesario de la derecha) una de las discrepancias. Creo que la derecha, la derecha de principios y valores, (no la simplemente gestionadora de lo que hay, de Rajoy) estaría equivocada si aceptara este planteamiento.

Para empezar, no hay bien común. El bien común, en sentido estricto, es propio de sociedades primitivas, en las que no hay Estado, ni división social del trabajo (o es muy rudimentaria) y las relaciones de parentesco son fundamentales. En estas sociedades cerradas y, normalmente, demográficamente pequeñas, el bien común existe. Sin idealizaciones, pero hay un bien común que ayuda a la cohesión del grupo, a la supervivencia, y a la defensa frente a los peligros exteriores.

Esto terminó hace tiempo. En las actuales sociedades extensas hay una moral ‘tibia’, no una moral ’cálida. Y no puede haberla. El ciudadano que pasa a mi lado, y al que, seguramente, no veré más, no es mi hermano. Es un conciudadano. Al que debo respeto y él me debe respeto a mí. Y mi deber de solidaridad exige que pague mis impuestos para que se puedan construir escuelas y hospitales. Pero no lo quiero como quiero a mi familia y a mis amigos íntimos. Y no puedo. Y si me fuerzan, harán que el amor y la solidaridad sean forzados. O sea, una completa chapuza y falsedad. Esto no quita para que se fomente la generosidad. Voluntaria, por supuesto. Pero esta es otra historia.
 
Y no es necesario acudir a Mandeville y su ‘Fábula de las abejas’. Tratar de ganar dinero, legalmente, para el bienestar propio y de la propia familia, no es ningún vicio. Es una virtud. Por tanto, no es que los vicios privados se transformen en virtudes cuando pasan al terreno de lo público. Es que las virtudes, como la antes citada, hacen que, en general, las sociedades sean mejores. Por supuesto, si hay varios miles de ‘Teresas de Calcuta’, muchísimo mejor. Pero esto es un regalo. Es una bendición que, si la hay, debe agradecerse. Pero no se puede exigir la excelencia moral.

No es cierto que el egoísmo individual anule cualquier consideración acerca de los deberes públicos del sujeto. El egoísmo individual forma parte de la naturaleza humana. También la ‘simpatía altruista’, según Hume. Pero, en todo caso, el egoísmo puede moderarse. Lo que no se puede, salvo coacción, es eliminar el egoísmo en aras de un supuesto bien común. Digo ‘supuesto’ porque en las sociedades democráticas y pluralistas, hay diversas opiniones acerca de lo que sea el ‘bien común’. Y los mínimos exigibles, sanidad, enseñanza y jubilación, están reconocidos, al menos, en este tipo de sociedades.

Es muy peligroso ir más allá de estos mínimos u otros parecidos. Ampliar la igualdad a costa de la libertad, no es gratis. No sólo en un sentido estrictamente económico, sino también político y moral. Además, no hay alternativa (hoy por hoy) a la economía de mercado. En palabras de Johan Norberg: ‘El desarrollo material del último siglo ha permitido que se haya liberado de la pobreza a más de 3.000 millones de seres humanos, lo cual es un hecho histórico sin parangón’.


Indiferencia mortal

Maricica Hahaianu, de 32 años, es una mujer que cayó al suelo y se fracturó el cráneo tras ser golpeada por un joven de 20 años, en una estación del Metro de Roma. Sucedió, en Octubre de 2010, en medio de la indiferencia de los paseantes. Un vídeo recogió la escena y dio la vuelta al mundo. Ha fallecido en un hospital de la capital italiana.

El primer responsable de la muerte de Maricica, es el joven de 20 años que la golpeó hasta matarla. Los segundos responsables son las personas que estaban cerca y no hicieron nada para evitar esta muerte. En tercer lugar, la responsabilidad es de los políticos. ¿Por qué de los políticos?

Recordemos un caso sucedido en España. Según noticias de prensa, "Se trataba de un grupo de numerosos atracadores, que tenían armas de fuego y armas blancas, que eran violentos y que les habían proferido amenazas de muerte". Señala el tribunal, que considera "admisible que disparara (se refiere al propietario del chalet invadido) en respuesta a algunos de los disparos efectuados por los asaltantes".

En tales circunstancias, "la situación de riesgo era grave" y "la posibilidad de recurrir a otros medios de defensa, nula", subraya la sentencia, que justifica el uso de la pistola como "el único medio" a disposición del empresario "para poner fin, o al menos intentarlo, a una agresión contra él y contra su esposa". Según destaca en su fallo, la situación en la que se encontraba, con su esposa maniatada, golpeados y amenazados ambos de muerte, le hicieron temer "razonablemente" que sus vidas corrían peligro.

Los hechos ocurrieron en 2006 y el empresario en cuestión ha conseguido una sentencia absolutoria en 2010. Cuatro largos años esperando que se confirme que actuó en legítima defensa. ¡Maniatados, golpeados y amenazados de muerte, de noche y en su propia casa, por delincuentes armados! ¡Y razonablemente (dice la sentencia) temieron por sus vidas! ¡Menos mal!

¿Qué quiero decir con este ejemplo?  No quiero decir que tiene que haber ‘barra libre’ para matar al delincuente que entra en una casa. Pero entre la ‘barra libre’ y las grandes dificultades para que se acepte la legítima defensa, hay grados.

En su artículo ‘Cómo buscarse la ruina’, Arturo Pérez Reverte, evidencia la situación de indefensión de las víctimas.

‘Lo primero, a ver cómo averiguo cuántos son. Porque si encuentro a un caco solo y tengo la fortuna de arrimarme y tirarle un viaje, antes debo establecer los parámetros. Imaginen que descubro a uno robándome las películas de John Wayne, le doy una mojada a oscuras, y resulta que el fulano está solo y no lleva armas, o lleva un destornillador, mientras que yo se la endiño con una hoja de palmo y pico. Ruina total. La violencia debe ser proporcionada, ojo. Y para que lo sea, antes he de asegurarme de lo que lleva el pavo. Y de sus intenciones. No es lo mismo que un bulto oscuro que se cuela en tu casa de madrugada tenga el propósito de robarte Río Bravo que violar a tu mujer, a tu madre, a tus niñas y a la chacha. Todo eso hay que establecerlo antes con el diálogo adecuado. ¿A qué viene usted exactamente, buen hombre? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿De dónde es? ¿A qué dedica el tiempo libre?… Y si el otro no domina el español, recurriendo a un medio alternativo. No añadamos, por Dios, el agravante de xenofobia a la prepotencia’.

Esta situación tragicómica, injusta con las víctimas, tiene importantes consecuencias prácticas. Resumiendo, los políticos son los que legislan y, por ello, tienen una grave responsabilidad ante la sociedad. Porque las leyes protegen poco a los que ven invadida su propiedad por delincuentes, y amenazada su vida y su propiedad. Tan es así, que el propietario de la casa (en el relato de Reverte) baja las escaleras pensando en lo que puede pasarle si su actuación no es proporcionada a la situación. Situación que, se supone, tiene que conocer con precisión, en estos momentos dramáticos. Y ahora me traslado al Metro de Roma y al caso de la mujer muerta a golpes. No estoy tratando de justificar el comportamiento de los viandantes en la mencionada estación, sino tratar de clarificar este problema.

¿Qué puede pensar una persona que está presenciando una paliza, como el caso de la joven muerta? Supongamos que alguien pretende intervenir para que no sigan pegando a la indefensa mujer. Doy por seguro que pasará por su mente la idea de que puede recibir otra paliza, especialmente si el agresor es un tipo fuerte.

También doy por seguro que, si el ciudadano que piensa defender a la mujer agredida es una persona atlética, pasará por su mente la probabilidad de que le rompa la cara al agresor. O le produzca serias lesiones que tarden meses en curar. O sea, en el primer caso, el valiente ciudadano se puede llevar una paliza. En el segundo caso, supuestamente, le da una paliza al agresor. ¡Lo que le puede caer! ¿Por qué debería arriesgarse de este modo?

Esta pregunta es parecida a esta otra: ¿Por qué debo ser moral? Cualquier persona puede darse cuenta de que hay razones morales y razones prudenciales para la acción. Aunque no utilice este lenguaje. Según las razones prudenciales actúo en función de lo que me conviene. En el caso citado, está claro que no me conviene meter las narices en la situación violenta que comentamos. Y dada la legislación vigente, menos aún.

Pero todos tenemos una idea de lo que está bien y lo que está mal. Lo que nos lleva a las razones morales. Cuando actúo por razones morales, no actúo en función de mis conveniencias. Actúo en función de lo que es justo. En tal caso, me pregunto, ¿es justo que este bruto esté apaleando a esta indefensa mujer? Si no es justo, deberé hacer algo. A menos que me juegue la vida. Porque no es moralmente exigible que los humanos seamos héroes. En cualquier caso, será nuestra conciencia la que decida.

Y ahora termino con una referencia a los políticos. Los políticos tienen, insisto, una grave responsabilidad. La de favorecer, con las leyes que promulgan, la actuación de los ciudadanos honrados. Si defender a un inocente me puede traer muchos inconvenientes (policiales, administrativos, judiciales, etcétera), estos inconvenientes se añadirán al miedo a sufrir una eventual paliza. Todos recordamos el caso del profesor Neira, que defendió a una mujer agredida por el novio o como se llame, y sus dramáticas consecuencias. Ahora está muy grave.

No basta que los políticos exijan, hipócritamente, que los ciudadanos sean ejemplares. Ellos, los políticos, deberían empezar dando ejemplo, y facilitando las cosas a los ciudadanos de a pie. Exigir heroicidad a los ciudadanos corrientes y molientes es de una caradura inaceptable. Ellos son los que legislan y son, en última instancia, responsables de estas situaciones dramáticas.


Bobos con sotana

Hace tiempo leí, en la prensa, unas declaraciones de Thomas Mitchel, Secretario para el Diálogo Religioso de la compañía de Jesús y exresponsable del departamento del Vaticano especializado en el Islam.

Ahí va su primera perla: 'Los musulmanes son las primeras víctimas de la violencia en el mundo, no los católicos'.

Y la segunda: 'Benedicto XVI cometió un error en Ratisbona; podía decir lo que quería sin recurrir a una frase enormemente ofensiva para los creyentes islámicos'.

Veamos primero las palabras 'enormemente ofensivas’ del Papa:

'Dios no se complace con la sangre, actuar contra la razón es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma y no del cuerpo. Quien quiere llevar a alguno a la fe necesita hablar bien y razonar correctamente y no usar la violencia y la amenaza, afirmó el Papa, recordando las palabras del Emperador Manuel II Paleólogo (1391)'.

Recordando las palabras del Emperador, el Papa señaló que 'la violencia está en contradicción con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma’... El Papa se mostró convencido de que 'es necesario y urgente un verdadero diálogo entre culturas y entre religiones para reencontrar un equilibrio entre una fe no reñida con la razón'.
 
En resumidas cuentas:

Primero.

Thomas miente. El Papa, y no desde ahora, es partidario (y lo ha dicho repetidamente en público) de un diálogo sincero y verdadero con las demás religiones.

Segundo.

Los únicos creyentes que podrían sentirse ofendidos por las palabras del Papa, son los que creen en la guerra santa contra el infiel (la yihad) y los curas progres (y asimilados) como Thomas, que parecen no enterarse de lo que pasa.

Tercero.

Los creyentes islámicos moderados (es decir, los que no quieren matar infieles) no tienen motivo para sentirse ofendidos por las palabras del Papa. Al contrario, la gente decente islámica ha de estar contenta de que el Papa les muestre su apoyo y comparta su actitud no violenta.

Cuarto.

Si Thomas tiene complejos de culpa, como le suele suceder al rojerío occidental, que vaya al psiquiatra. Nada que objetar. Pero que no pretenda colarnos esta milonga 'buenista' y políticamente correcta por la que los occidentales debemos pedir perdón a los sufridos musulmanes. Y mejor si nos inclinamos ligeramente, con cara compungida.
 
Quinto.
 
Resulta que el filósofo francés Henry Levy acaba de afirmar  que ‘el catolicismo es la religión más atacada, mucho más que el Islam’. O sea, que los musulmanes no son las primeras víctimas, como dice Thomas. ¿Quién miente padre Thomas?

Nuestro amigo, no contento con sus profundas reflexiones progresistas, añade:

'Los musulmanes sienten que su cultura está siendo embestida'.

Sexto.

Thomas dice una solemne bobada. Solamente los musulmanes violentos que apoyan la guerra santa contra el infiel pueden tener, justificadamente, este sentimiento. Y espero que lo tengan ¡vive Dios!. Pero en Occidente no hay ningún interés en ‘embestir’ a los musulmanes pacíficos. Pero sí a los violentos. Espero que sea así, aunque el relativismo occidental, el hedonismo que nos invade y el ‘buenismo’ adormecedor, no presagian nada bueno.

Séptimo.

¿Qué deberían sentir los occidentales (Nueva York, Madrid, Londres, etcétera) que han sufrido masacres perpetradas por musulmanes violentos? Tal vez tendrían que decir, como sentenció la impresentable diputada de IU, Ángeles Maestro: 'Se lo habían buscado'. No creo que Thomas haya caído tan bajo. Creo que es un progre con sotana, pero no un miserable como la comunista Maestro.

Octavo.
.
Thomas repite los tópicos políticamente correctos del antiamericanismo más rancio. Culpa a Bush de aumentar el número de islamistas furiosos tras la invasión de Irak, aunque no explica cómo lo sabe. Parece que Thomas y sus amigos se sentirían más cómodos con las torturas y asesinatos masivos perpetrados por el régimen de Sadam Hussein. ¿Se enteró de esas minucias padre Thomas?
 
Total, los medios de comunicación progres no nos mostraban imágenes desagradables de estas torturas y masacres del régimen de Sadam, así que podíamos comer gambas con tranquilidad. En cambio, hemos visto hasta la saciedad, explosiones con barrigas abiertas y torturas de algunos soldados americanos, que ya han sido juzgados. A diferencia, claro está, de las torturas que realizan los 'furiosos islamistas', que son jaleadas y recompensadas económicamente por los suyos. Y, habitualmente, escondidas, manipuladas o ´comprendidas’ por la prensa progre occidental.

¿Es esto lo que quiere Thomas? ¿Que no se hiciera nada ante las decenas de miles de civiles inocentes asesinados por el régimen de Sadam Hussein? ¿Excepto la cháchara diplomática que de nada sirvió? ¿Hubiese preferido algunas amenazas verbales occidentales? ¿O quería que no pasara nada de nada? ¿Insistirá en que no había ‘armas de destrucción masiva’?. Todos los sistemas policiales occidentales decían que sí, que los había. ¿Quiere decir que los progres sabían que no los había? ¿Cómo sabían que no las había? No lo sabían, por supuesto.

Finalmente, dice Thomas:

'Y los occidentales, sienten que los musulmanes no aceptan su forma de vida'.

Noveno.

¿Cómo la van a aceptar (me refiero al Islam radical) si sus ideas son incompatibles con la democracia, la separación Iglesia-Estado y la igualdad, ante la ley, de la mujer y el hombre?

Thomas es un peligro para nosotros. Pero nosotros aceptamos la libertad de expresión, incluso cuando se miente o se dicen solemnes tonterías, como hace este cura multicultural ¿Por qué no va Thomas a los países musulmanes y les critica a ellos un poquito? Seguro que le reciben con los brazos abiertos.

Décimo.
 
Los ‘caballos de Troya’, provengan de un indiscriminado y lastimero ‘mea culpa’ progre, o provengan del odio a Occidente y al sistema capitalista, son peligros reales que los ciudadanos sensatos deberían tener muy en cuenta. Además, ponerse de rodillas ante los radicales, no sirve de nada.



Manual del progresista

Cae en mis manos ‘Puntos de reflexión. Manual del Progresista’, del profesor norteamericano George Lakoff. Este conocido profesor vino a España a participar en un ‘Comité de Expertos’ que asesoró al PSOE para las elecciones del mes de Marzo.
 
Como dice José Andrés Torres Mora (Diputado y miembro de la Ejecutiva Federal del PSOE) en el prólogo, el profesor Lakoff está profundamente comprometido con los valores progresistas. Ahora podremos ver en qué consisten.
 
Pero antes que nada prestemos atención a lo que la derecha es capaz de hacer. Pues sí señor, no solamente la izquierda española se tiene que defender de la derecha (por ejemplo, con  ‘el cordón sanitario’) sino que también en USA sucede lo mismo:
 
‘Lo que dice Lakoff es que la derecha se ha hecho experta en utilizar contra la gente los sentimientos de rebeldía frente a la injusticia de esa misma gente. Que los conservadores han desarrollado todo un sistema de comunicación capaz de usar nuestras esperanzas contra nosotros mismos, y que todo esto lo hacen a partir de conocimientos de psicología y de lingüística....’
 
¡Asombroso! Nunca creí que derecha fuese tan malvada. ¡Ahora entiendo el ‘cordón sanitario’! La izquierda, en su ingenuidad bienpensante había creído que se podía confiar en la derecha. ¡Grave error!
 
Ante esta peligrosa situación ¿qué pueden hacer los progresistas? Lakoff dice que tienen que aprender a hablar de manera más clara y más eficiente a la hora de recabar apoyos ciudadanos. A eso le llama Lakoff, construir nuestros propios marcos conceptuales.
 
Esto resulta sorprendente. Es difícil concebir a una ideología (por ejemplo, la ideología de izquierdas) sin que haya un marco conceptual. ¿Quiere decir que en el pensamiento de la izquierda, hasta ahora, había ideas deslavazadas e inconexas? ¿Y que ahora se dan cuenta y se ponen a la tarea?
 
En todo caso, uno de los objetivos de Lakoff es ‘traducir nuestros sentimientos a lenguaje’ O sea, ‘ayudar a expresar con palabras lo que sentimos como justo y como bueno en nuestras entrañas’. Y a partir de ahí, han de venir los argumentos, las ideas, las palabras. Todo esto metido en marcos conceptuales propios del progresismo.
 
Y yo que, ingenuamente, pensaba que esto es lo que se ha venido haciendo desde hace mucho tiempo.
 
Sigamos con las maldades de la derecha. ‘El subtítulo del libro, ‘Cómo transmitir los valores y la visión progresista estadounidenses’ es también una buena pista sobre lo que los progresistas españoles podemos hacer. Lakoff sostiene que lo mejor de Estados Unidos son sus valores progresistas, que el ansia de libertad, la democracia, la lucha contra la esclavitud, la preocupación por la suerte de los demás, son los verdaderos cimientos del país...’
 
Ahora ya sabemos algo de los ‘valores progresistas’. Nos está diciendo que el ansia de libertad, la democracia, la lucha contra la esclavitud, o la preocupación por la suerte de los demás, no son valores de la derecha. Son, exclusivamente, valores progresistas. Tonterías así ya se dicen y se repiten en España por españoles de izquierda. No es necesario importar progresistas de USA para oír estas bobadas. Solamente un sectario (de los del ‘cordón sanitario’, por ejemplo) puede tragar estas ruedas de molino.
 
Estas tonterías se resumen, una vez más, en la (supuesta) superioridad moral de la izquierda. Con otras palabras: ‘Nosotros (progresistas) somos los  buenos y vosotros (conservadores) sois los malos’. Hay millones de personas que tragan este manido tópico. Ahora nos lo recuerda el profesor Lakoff. La derecha, por tanto, sería moral y políticamente inferior porque no atesora estos valores progresistas. Uno no sabe si reír o llorar ante tamaña desvergüenza.
 
Después del profundo Prólogo del diputado socialista, viene el Prefacio, escrito por el propio Lakoff en carne mortal. Nos dice que los valores estadounidenses son inherentemente progresistas, pero los progresistas han perdido el rumbo. ¡Vaya por Dios!
 
Fíjense en lo siguiente. Si los valores de USA son, inherentemente, los valores progresistas, cuando gobierna la derecha se están traicionando los auténticos valores estadounidenses. En tal caso, hay motivos para que la gente (la decente, la progresista) esté muy enfadada. Y que llame ¡traidores! a los políticos de la derecha. Con toda razón. Y los que han votado a la derecha deberían sentirse avergonzados. ¡Es inaudito!
 
Pero Lakoff no se conforma con esto y se lanza a un ataque más profundo.  Después de afirmar que los progresistas han cedido incluso el lenguaje de los ideales progresistas- como la palabra ‘libertad’- para que la ’extrema derecha’ lo redefina, termina afirmando que la ’derecha radical’ conoce bien sus valores y su programa político. Resulta que, según Lakoff, la derecha (extrema y radical) ha impuesto sus ideas y su lenguaje.
 
Con otras palabras, los valores de la derecha no incluyen las ansias de libertad, ni la democracia, ni la lucha contra la esclavitud, ni la preocupación por la suerte de los demás. Estos son, exclusivamente, valores progresistas, como dice Lakoff. No es extraño que la derecha sea profundamente nociva para la sociedad. Un verdadero peligro para la libertad y la democracia. Pero hay más, mucho más. Queda la ’extrema derecha’ y la ’derecha radical’.
 
Si la derecha es malvada, no quiero ni pensar en la perversidad de esta derecha extrema y radical. ¿Qué serán capaces de hacer?  No creo que baste el ‘cordón sanitario’. Habrá que ser más contundente. ¿O no?
 
No quiero dedicar más tiempo a estos manidos y peligrosos tópicos progresistas. Peligrosos para la libertad de los demás. Sólo diré, para terminar, que los progresistas también hablan mucho de ‘bien común’, que sería una preocupación exclusiva de la izquierda. ¡Faltaría más!  Pero lo que queremos saber (la gente malvada) es cuánta libertad nos prohibirán o restringirán y cuánto dinero nos quitarán de los bolsillos para llenarse la boca de ‘bien común’.  Entendido a su manera progresista. Que es la verdadera.
 
Como dice Woody Allen: ‘Queremos saber de dónde venimos y adónde vamos pero, sobre todo, lo que nos costará el billete’.
 
Y es que hay gente ya les conoce y no se deja engañar fácilmente, sr. Lakoff.



El Estado Autonómico

La Constitución de 1978 tomó en cuenta, entre otras cosas, el problema de las nacionalidades. Las regiones y provincias no eran, al menos en principio, un problema. O no eran un problema preocupante. El término nacionalidad se utilizó para referirse a las comunidades autónomas que tenían una identidad diferenciada del resto, como lengua, identidad colectiva o cultura.
 
Ha habido repetidos intentos de equiparar ‘nacionalidad’ a ‘nación’. En todo caso, el concepto de ‘nacionalidad’ no está directamente vinculado a la idea de Estado soberano sino, más bien, a la idea de singularidad cultural o de nación cultural, pero no al concepto de nación política.
 
En este contexto, el ejemplo más reciente y preocupante de ataque al Estado de Derecho es el del Estatuto de Cataluña. La pretensión de ciertas comunidades autónomas de autoafirmarse como ‘Comunidad histórica’ (expresión que no está recogida en la Constitución española), así como el intento de autoafirmarse como ‘nación’, han planteado, y plantean, graves problemas políticos, institucionales y económicos. Todo esto con independencia de que el concepto de ‘Comunidad histórica’ fue aplicado al País Vasco, Cataluña, Galicia y, posteriormente, a Andalucía, Asturias, Cantabria, La Rioja, Murcia, Valencia, Aragón y Castilla y León.
 
En estos momentos, el peligro más importante para la Constitución española y para España, como nación y como Estado, lo tenemos en el mencionado Estatuto de Cataluña. Con independencia de que la sociedad española ha estado esperando, desde hace cuatro años, que el Tribunal Constitucional decida sobre su constitucionalidad o inconstitucionalidad, total o parcial. Entre los diversos problemas que tal estatuto plantea, el más grave es el de la bilateralidad. Porque aceptar la bilateralidad, entre Cataluña y España, supondría romper la Constitución española y aceptar que Cataluña es una nación soberana. El Tribunal Constitucional no ha aceptado este ataque frontal pero el Presidente Zapatero ha dicho a Montilla que ‘lo arreglará’, para no defraudar las expectativas catalanistas. Puro esperpento. Un ataque del Presidente de Gobierno al Estado de Derecho. ¡Inaudito!
 
El artículo 1.2, de la Constitución, dice: ‘La soberanía reside en el pueblo, del que emanan los poderes del Estado’. Y el artículo 2: ‘La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas’.
 
Pero no sólo estamos viviendo un ataque ilegítimo a la línea de flotación de la Constitución española, con amenazas públicas al Tribunal Constitucional si no se acomodaba a los deseos de la Generalidad de Cataluña y anuncios de Zapatero de modificar la sentencia promulgando las leyes que haga falta. Es que el Estado de las Autonomías resulta, además, económicamente inviable.  El Estado central gasta, aproximadamente, el 23% del total del gasto público, las Autonomías el 34%, las entidades locales el 13% y la Seguridad Social un 30%, aproximadamente.
 
Y no vamos a hablar del inadmisible nivel de corrupción existente, que aleja a los ciudadanos de la vida pública, les hace perder confianza en los políticos y las instituciones democráticas, y perjudica nuestra eficiencia económica y nuestro prestigio.
 
Nos referiremos al preocupante e insostenible despilfarro de las instituciones públicas. No solamente el despilfarro del Estado, sino de las Autonomías y los Ayuntamientos. Por ejemplo, entre el gasto Autonómico y Municipal se alcanza casi el 70% del gasto público total. Es cierto que en ello está incluido partidas tan importantes como la educación o la sanidad y determinadas inversiones públicas, pero no lo es menos que el hecho de que estos servicios se dispensen por 17 administraciones encarece sobremanera su desarrollo. Sin contar con la metástasis de fundaciones, consorcios, empresas publicas, etc. verdaderos entes manirrotos,  que escapan a la ley de contratos públicos y sus controles. Sin embargo, el Estado tiene mecanismos para controlar este enorme y creciente despilfarro. El artículo 149 de la Constitución le da competencias suficientes. Pero falta responsabilidad y sentido de Estado. Así están de indefensos los ciudadanos.
 
Sucede, además, que las Comunidades Autónomas no se responsabilizan de la recaudación con la que hacer frente a sus gastos. Es el Estado central el que tiene que asumir la ingrata tarea de recaudar. En cambio, las Autonomías sólo deciden el gasto, lo que facilita este irresponsable despilfarro de las Comunidades Autónomas.
 
Si a esta grave situación añadimos que, en estas últimas décadas, se han incentivado, a través de los sistemas de enseñanza y buena parte de los medios de comunicación, las fuerzas centrífugas (nacionalismos y separatismos), la descoordinación y la quiebra relativa de la unidad de mercado son ya una triste realidad. Con la ineficiencia, disminución de la competitividad y los costes económicos que ello comporta.
 
Algunos creen que este es un problema estricta y exclusivamente económico. Es un error. Los efectos son económicos, aunque no sólo, pero el origen es político, El constante vaciamiento de ciertos artículos de la Constitución, como el artículo 2 antes citado, permiten entender cómo se ha llegado a una quiebra relativa de la unidad de mercado, con sus graves repercusiones económicas. Pero esta situación sería reversible si los dos grandes partidos cumplieran, e hicieran cumplir, los preceptos constitucionales. Sin embargo, sus pactos con los nacionalistas soberanistas han ido debilitando, cada vez más, al Estado Central.
 
En este contexto de deterioro institucional y de falta de respeto por la Constitución, se pueden entender estas palabras del ex presidente de la Generalitat, Jordi Pujol. Aseguró que: ‘España ha perdido el respeto por Cataluña y que las relaciones entre ambas han empeorado, lo que demuestra que el proyecto de un estado plural con identidades propias e integrado, ha fracasado’.
 
 Sin embargo, el artículo 1 de la Constitución no habla de ‘Estado plural’. Dice: ‘España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho ...’

Estas palabras del exPresidente Pujol, son un ejemplo más de cómo los nacionalistas soberanistas no han querido entender, ni respetar, la Constitución española. Pero no es esto lo más grave. Se podía esperar tamaña deslealtad, dados los antecedentes históricos y el Título VIII de la Constitución actual. Lo inesperado, para muchos españoles, ha sido la falta de sentido de Estado de los dos grandes partidos, cada uno con su respectiva cuota de responsabilidad. Han primado los partidismos sectarios y se ha resentido gravemente el proyecto común, de unidad en la diversidad, que dibuja y establece la Constitución para todos los españoles, vivan en el lugar que vivan.

Y ahora, se rumorea que Zapatero está dispuesto a romper la caja única de la seguridad social, para conseguir el apoyo del PNV a los Presupuestos. ¿Seguiremos contemplando el desastre en silencio?


Cobardes, gilipollas y burka

Ahora resulta que si prohibimos el burka en España, los islamistas nos amenazan con acciones terroristas. No es nuevo. Es viejo como la propia historia de la humanidad. Unas minorías fanatizadas amenazan a unas mayorías que privilegian unos valores diferentes. ¿Cuáles? Para no hablar del pasado, centrémonos en el presente.

En nuestra sociedad (aunque no es la única) el valor de la vida humana prima sobre cualquier otra consideración. Aunque no es el único valor, por supuesto. Es el valor de la vida entendido de cierta manera. Por ejemplo, el concebido no nacido (nasciturus) es considerado, por el proyecto socialista zapateril, como una especie de grano molesto que la embazarada puede eliminar a su antojo durante las primeras 14 semanas de embarazo. A pesar de que el concebido no nacido tiene derechos, según la ley vigente.

Pero, ya saben, también en Cataluña se pasan por el forro las leyes que no les convienen a su proyecto nacional identitario. Desde hace tiempo. No es, por lo que se ve, el único sitio de España en el que no se respeta la ley, en este devaluado Estado de Derecho.

A lo que iba. Se prima el valor de la vida de los que ya toman papillas en adelante. Pero hasta cierto punto. Los muy viejos y enfermos, que no producen y consumen, pueden ser 'exterminados', como hacía nuestro 'doctor muerte' en un hospital de Madrid. Por cierto, apoyado por los socialistas. Incluso se hizo fotos al lado de ZP y otros destacados progresistas.

En resumen, usted internaba a su padre en el hospital, viejo y enfermo (pero no moribundo) y lo sacaban con las pies por delante. ¿Qué ha pasado? ¿Cómo ha sido? Cosas de la vida. Una cama menos. Un gasto menos. Un doctor que decide que esta vida (su padre, su madre) ya no merece seguir en este valle de lágrimas. Valle de lágrimas capitalista, claro está.

Otra vez a lo que iba. Más o menos, se prima el valor de la vida, con estas excepciones. Pero nos podemos preguntar si primar el valor de la vida está bien, o está mal, dejando ahora aparte las excepciones mencionadas. Pues depende. Cuando se prima la vida, al margen de cualquier otra consideración, se puede entrar en el camino de la esclavitud. ¿Esclavitud? Si, esclavitud. ¿Por qué?

Porque puede suceder, y sucede, que nuestros enemigos (y los islamistas radicales lo son, a pesar de la sonrisa ZP y su Alianza de Civilizaciones) intenten amedrentarnos o esclavizarnos porque conocen nuestra cobardía. Porque no son tontos. Son malos. Habrá gente que no me entenderá. ¿Malos? Si todo es relativo no puede haber buenos y malos. ¿Quiénes somos nosotros, blancos opresores, para decir quién es bueno y quién es malo?
 
Pero no es sólo cobardía. Es cobardía que no se atreve a defender el valor de la libertad que, supuestamente, está en la base de nuestra sociedad y nuestra Constitución. Por eso se puede iniciar el camino a la esclavitud. Aunque sin necesidad de llevar argollas en la nariz.

Este es el camino para la demolición moral de una sociedad. El siguiente paso es crear, en la llamada ‘educación en valores’, 'talleres de masturbación' y 'mapas del clítoris y labios vaginales' para saber dónde meter mano con precisión. Y pasar curso con cuatro suspensos. Y poder insultar al profesor sin que pase nada. Y hablar mientras el profesor explica, sin que pase nada de nada. Y que muchos papaítos y mamaítas amenacen al profesor si suspende o riñe a su retoño. Y primar las experiencias (por ejemplo, las relaciones íntimas, o el solitario) antes que la transmisión de los conocimientos heredados. Etcétera.

En fin, facilitar el camino para una sociedad hedonista, relativista y del buen rollito botellero. Los malos (los que ya nos han asesinado y volverán a hacerlo cuando puedan) saben que esta es la situación moral de nuestra sociedad. Saben que el esfuerzo y el mérito no están de moda. La patria tampoco, por supuesto. Excepto la patria catalana y la patria vasca. Y, tal vez, la gallega. La patria española es de derechas. O sea, nada.

En estas condiciones, nuestros enemigos lanzan el órdago: 'Si no hacéis lo que nosotros queremos, haremos atentados terroristas contra vosotros’.

¿Cuál es la reacción de una sociedad cobarde? En primer lugar, flojera intestinal y búsqueda de excusas para no parecer acojonados,  En segundo lugar,  hacer lo que exigen nuestros asesinos. Ejemplos habituales de excusas progresistas: No somos nadie para dar lecciones. Debemos ser tolerantes. No podemos luchar contra un enemigo dispuesto a inmolarse. No podemos luchar contra un enemigo que es invisible. No corras, que es peor. Y un largo etcétera.

El enemigo sabe que, entre nosotros, reina la cobardía. Naturalmente, no se dice así. Suele llamarse tolerancia, prudencia, o pacifismo. Y ellos se aprovechan. Hacen bien. Salvando las distancias ¿por qué los separatistas antiespañoles nos chantajean, desde hace treinta años? Porque les dejamos chantajear todo lo que quieran, con el beneplácito de PSOE y PP. No es bonito decir que somos unos cobardes. Es más bonito decir que buscamos ‘acomodo en la España plural’. Frase redonda ¡vive Dios! Y así seguirán ellos, mientras el rebaño español siga pastando con la cabeza gacha.

¿Dignidad? ¿honor? ¿principios? Lenguaje facha y casposo. Sigamos, pues, cuesta abajo. Es nuestro sitio.

PD.
De momento, permitir el burka. Mañana, piscinas sólo para mujeres. Eso sí, cubiertas de la cabeza a los pies. Pasado mañana, que los musulmanes ocupen la mezquita de Córdoba. Luego quitar los crucifijos para no ofenderles....


Ignorancia y rencor

El nuevo secretario general de Izquierda Unida, Cayo Lara, ha asegurado  que «si queremos tener unas arcas saneadas, será necesario subir los impuestos, y desde IU entendemos que los impuestos deben subirse a los más ricos, los que se han enriquecido durante estos quince años de bonanza».

La izquierda no es un páramo unificado sino diverso, plural. Ahondando en esta diversidad, recuerdo que el peor Presidente de nuestra democracia, Rodríguez Zapatero, dijo: ‘bajar impuestos es de izquierdas’.

Dado que ‘ser de izquierdas’ es bueno por definición, bajar impuestos, al ser de izquierdas, es igualmente bueno por definición. Y así, de idiotez en idiotez, las mentiras de la izquierdas son propagadas a los cuatro vientos por los medios de difusión subvencionados. Y lo que es peor, por los medios que dirían lo mismo sin subvencionar. Y lo que es, todavía, peor, mentiras que son creídas por millones de ‘progresistas’ españoles. En fin, unos forman el ‘rojerío mediático’ y otros configuran la reserva espiritual emancipatoria del planeta.

Una característica que no es exclusiva de la izquierda pero que, en ésta, adquiere cumbres de perfección inalcanzables para el resto de los mortales, es la ignorancia de los hechos adversos. No solamente ignorancia en el sentido de que no saben de qué va la cosa. Es más que esto. Pueden conocer ciertos hechos pero, al ser desfavorables, no se tienen en cuenta. De ahí que la izquierda (no en exclusiva, es cierto) tenga tanta afición a la mentira. Afición y pericia. No hay que escatimar los méritos ajenos.

Nos dice Guy Sorman que la economía, al menos en ciertos aspectos, es una ciencia de la que podemos fiarnos. Y pone el ejemplo de políticas económicas erróneas que devastaron el planeta. Entre ellas, la colectivización, la hiperinflación, o la creación descontrolada de dinero.

Por el contrario, las políticas económicas acertadas han arrancado de la pobreza a unos 800 millones de personas en todo el planeta, principalmente en China e India. Desde hace unos 25 o 30 años. Y bien ¿cuáles son las políticas económicas que los hechos han mostrado nefastas, por una parte, o beneficiosas, por otra?

Por una parte, la pobreza ha sido generada por el socialismo de Estado y el intervencionismo. Por otra parte, los buenos efectos se han producido gracias a la economía de mercado.

Johan Norberg nos dice que, en Asia y en África, algunos países han crecido económicamente y otros se han empobrecido. Por ejemplo, en los años sesenta Corea del Sur y Zambia tenían un nivel de riqueza similar. Hoy, Corea del Sur es veinte veces más rica que Zambia. ¿Por qué? Porque Corea del Sur ha seguido el camino de una economía capitalista, orientada hacia el exterior y Zambia se ha enfrascado en políticas intervencionistas y planificaciones económicas, y no se ha abierto al exterior.

¿Qué tiene que ver todo esto con el representante de IU, señor Lara? Pues que el señor Lara es tan buena persona que quiere exprimir a los ricos para dárselo a los pobres. Como Robin Hood. Pero esta visión ‘repartidora’ de la economía es contraria al desarrollo económico. El capital huye cuando no tiene seguridad jurídica o cuando los políticos son tan ‘generosos’ como Lara. La izquierda quiere repartir (el dinero de los demás) y los partidarios de una economía de mercado quieren crear riqueza. Los hechos dicen que esta es la mejor vía. La otra es peor. Pero les da igual.

 La ideología predomina sobre los hechos. Los adversos quiero decir.  Creen que pueden exprimir las ubres de la vaca, llena de leche capitalista sin que haya que sufrir consecuencias negativas. Basta que ellos lleguen al prado y con sus manos solidarias vacíen las ubres y repartan la leche. A su manera, por supuesto. Y después, recomiendan a las vacas que sigan produciendo leche, como si nada. Y las vacas hacen una butifarra al izquierdista de las manos solidarias y generosas. Por supuesto, se trata de vacas egoístas.

¿Qué significa todo esto? Que, como sucedió con la socialdemocracia en Suecia, cuando la presión recaudatoria se hace insoportable, la gente se defiende como puede. No son tan ‘generosos’ como Lara. Y así sucedió que en esta rica y moderna sociedad sueca se desarrolló el trueque. Una forma de intercambio propia de sociedades primitivas. ¿Por qué? Para evitar que la mano solidaria de Hacienda hurgara aún más en los bolsillos de los ciudadanos. O sea, para no tener que pagar más impuestos. Al final, los suecos han tenido que adelgazar considerablemente el Estado del Bienestar para que éste  pueda sobrevivir. Y la izquierda sueca, más sensata que la nuestra, no ha intentado modificar la nueva situación, que inició el conservador Carl Bildt en 1991-1994.

Pero todo esto no sirve de nada si la mayoría de la gente no se entera de que la izquierda y sus principios son una desgracia para nuestra economía. Aunque los dirigentes de izquierda fuesen buenas personas (que algunos hay), sus principios les empujarían a seguir una senda equivocada. Con algunas excepciones. Recuerden que el Gobernador del Banco de España, Fernández Ordóñez, al proponer la reforma del obsoleto mercado laboral, fue insultado por altos cargos de UGT. ¡A tu puta casa!, le dijeron los reflexivos sindicalistas.

Por cierto, ahora Rodríguez Zapatero ha dicho que va a subir los impuestos. Recordemos que antes era de izquierdas bajar los impuestos y ahora será de izquierdas subirlos. Y si es de izquierdas, es bueno y solidario. ¿Quién no quiere ser de izquierdas? Es un chollo. Hagan lo que hagan y digan lo que digan, es bueno y solidario. ¿No es maravilloso ser de izquierdas?



Sebastián Urbina, profesor titular de Filosofía del Derecho en la Universidad de las Islas Baleares
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