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.................................... Sebastián Urbina, profesor titular de Filosofía del Derecho en la... .. . ......................... .................................................Universidad de las Islas Baleares
..........................................................................http://sebastianurbina.blogspot.com
Primera República, Segunda República...

No creo en el destino histórico, ni en la esencia histórica de un pueblo, ni en milongas parecidas. Pensaba estas cosas para mis adentros al leer una reciente Historia de España, escrita por C. Vidal y Jiménez Losantos. Refresca, con amenidad, rigor y buen sentido pedagógico, las grandezas y miserias de nuestra historia. Que de todo hay.
Las astracanadas más destacables, y eso que hay un buen muestrario, se producen en la Primera República. No me resisto a recordar algunos aspectos de esta tragicomedia. Ni Mortadelo y Filemón pueden alcanzar tan altas cotas de grotesco ridículo. Después de reír un rato, escuece la duda. ¿Seríamos capaces de repetir las necedades de nuestros ancestros? Salvando las distancias, por supuesto. No se hace el imbécil de la misma manera y no se baña uno dos veces en el mismo río, como nos enseñó Heráclito.
Veamos. Durante la Presidencia de Francisco Pi i Margall, que creía que las regiones eran entes soberanos que en uso de su autonomía podían declarar su deseo de formar parte de la Federación Española, se produjo una gran desintegración territorial. ¿Les suena?
Por ejemplo, se declararon Repúblicas independientes, además de Cataluña, Málaga, Cádiz, Sevilla, Granada, Valencia y Castellón. Pero ahora no sería igual que entonces. Ahora tenemos ordenadores, teléfonos móviles, aviones, el AVE y un largo etcétera. Haríamos idioteces con mucha mayor rapidez. No se puede comparar.
Pero la cosa no acaba ahí. La República Independiente de Granada (todo con mayúsculas para enfatizar la identidad propia y las esencias inalienables) declaró la guerra a la República Independiente de Jaén. Ahí es nada. Pero las guerras, como las canciones de verano, son muy pegadizas. De modo que la República Independiente de Jumilla declaró la guerra a todas las ‘naciones’ vecinas. Con un par. ¿Cómo se puede dudar de la voluntad independentista de Jumilla?
Así, de ridículo en ridículo, nuestros compatriotas de la Primera República consiguieron unos niveles de caos absolutamente excepcionales. Eso sí, eran muy independientes y celosos de su identidad. ¡Por Dios! ¡Me olvidé del Cantón de Cartagena! ¡Y del noble pueblo de Camuñas, también soberano!
A lo que iba. Las ridiculeces siguieron su curso hasta que la ONG, quiero decir el Ejército se decidió a intervenir. Hubo, incluso, algunas sentencias de muerte por una insurrección de nada en Cartagena. Total, sólo bombardearon Alicante.
En resumen, el general Pavía entró en el Parlamento con la Guardia Civil, y con el apoyo del Ejército, y sus señorías huyeron por las ventanas. El general Serrano se convierte en el quinto Presidente de la Primera República.
Los españoles, como si fueran alumnos revoltosos, habían apedreado al maestro y habían montado una algarabía. Eso sí, con muertos. Además, se habían cargado a una corrupta Monarquía. Pero fueron incapaces de crear un poder político estable. Hubo desorden, descoordinación y caos. Esto no se puede mantener por mucho tiempo. Era la hora de Cánovas del Castillo. Ley y orden. Aunque también caciquismo y corrupción.
Por supuesto, las utopías estaban a la vuelta de la esquina esperando otra ocasión propicia para salvar a la humanidad. Por lo menos salvar a los españoles de la opresión capitalista-terrateniente-fachorra-eclesiástica. Era la Segunda República.
Hubo cosas buenas, como en la Primera República. Pero lo malo superó, con creces, a lo bueno. Naturalmente, la versión oficial políticamente correcta, es que la culpa es de los fachas. Con otras palabras, todo iba democráticamente bien hasta que la derechona dio un golpe de Estado.
El que disienta, ya saben, es de extrema derecha. Me atrevo a recomendar la lectura de: ´Los mitos de la guerra civil’, de Pío Moa. No solamente avalado por grandes ventas sino por las palabras de Stanley Payne. ‘He oído muchas descalificaciones contra Moa, pero poco argumentos’. O sea, ha elogiado la obra de Moa con gran cabreo y hostilidad del rojerío.
Dice Stanley Payne: ‘Para los socialistas, la democracia republicana no constituía un objetivo en si misma, sino que venía a ser un escalón para alcanzar una economía y una república socialistas’. Estas palabras no se citan para sugerir que los nacionales (la derecha) eran los buenos y los rojos eran los malos. No. Ambos cometieron atropellos e injusticias.
Lo que se dice es que, cuando se dio el golpe militar, ya no había ninguna democracia que defender. La fracasada Revolución de 1934 (auspiciada por los socialistas y ERC) es un ejemplo de los falsos afanes democráticos de la izquierda. En resumen, otra vez las utopías nos llevaron al desastre, al caos, a la destrucción. Por no mencionar los siete mil (7.000) asesinatos de religiosos por parte de la izquierda. Algo inédito, cruel y brutal en la historia europea.
Volvamos al presente. Vivimos, actualmente, una grave crisis. Y la crisis económica es la menos importante, aunque también lo es. Tenemos, además, una grave crisis institucional y una crisis moral.
Zapatero negó la crisis económica cuando los expertos decían lo contrario. Estamos pagando las consecuencias, agravadas por unos sindicatos irresponsables y subvencionados que hacen huelga contra los empresarios. Como si no estuviéramos en una economía de mercado. Por otra parte, Zapatero ha fomentado la fragmentación territorial. Su promesa de aceptar cualquier Estatuto que saliera del Parlamento catalán es un ejemplo de su irresponsabilidad. Y ha creado un problema muy serio cuyas consecuencias son imprevisibles. Finalmente, Zapatero trata de romper consensos básicos e imponer valores que sólo representan a una parte de la sociedad. Lo que muestra un peligroso sectarismo. En fin, ¿un nuevo intento de utopía de izquierdas? ¿La Tercera República? Sugiero un título: ‘Repúblicas Confederadas Progresistas’.
¿Se animan?
Valores de derecha y de izquierda

Es un lugar común distinguir entre ‘derecha’ e ‘izquierda’. Pero ¿qué significa ser ‘de derechas’ o ser ‘de izquierdas’? Definiciones hay muchas, aunque, tal vez, la que utiliza la mayoría de ciudadanos es la que asigna a partidos de izquierda la defensa de valores como la igualdad de oportunidades, la tolerancia, la participación, la justicia social, un Estado garantista y protector, etcétera; y a partidos de derecha, principios como el del mérito, el trabajo, la confianza en la economía de mercado, la apuesta por un Estado mínimo y poco regulador, una autoridad fuerte, etcétera.
Sería preocupante que la mayoría de los ciudadanos creyera, en serio, que los partidos de izquierda y de derecha responden a estos parámetros. Veámoslo más de cerca.
Por ejemplo, se dice que la izquierda defiende la igualdad de oportunidades. ¿Quiere decirse que la derecha no la defiende? Ya no se trata de opiniones a favor o en contra. Es que, como cuestión de hecho, los partidos de derecha defienden la igualdad de oportunidades, al menos como los partidos de izquierda. Parece, por tanto, que deberíamos eliminar este criterio (supuestamente diferenciador entre derecha e izquierda), el de ‘igualdad de oportunidades’.
Incluso podríamos poner algunos ejemplos. La actual enseñanza, de pésima calidad, no ayuda a la igualdad de oportunidades. Los hijos de familias de clase media baja y baja, tenían (cuando la enseñanza pública era de mayor calidad) la oportunidad de mejorar social y económicamente. La LOGSE es, en gran medida responsable, de este deterioro, y es obra de la izquierda. O sea, ha perjudicado, aunque por vía indirecta, la igualdad de oportunidades.
Podría decirse que uno de los ideales de la izquierda es, más que la igualdad de oportunidades, la igualdad de resultados. Este tipo de igualdad, aplicado a la enseñanza ha tenido, y tiene, nefastos efectos. Es cierto que ha igualado el nivel estudiantil. Pero lo ha igualado a la baja. Y los informes PISA de educación, nos sitúan en los últimos lugares de Europa en calidad educativa.
Otro valor de la izquierda sería la ‘tolerancia’. Hay que tener grandes tragaderas para creer que la izquierda monopoliza la tolerancia, o el valor de la tolerancia. También como cuestión de hecho, es falso. De todos modos, primero habría que aclarar qué se entiende por tolerancia. Pongamos un ejemplo. Gracias, otra vez, a la LOGSE y a la ideología de izquierdas, se ha minado la autoridad de los profesores. ¿Supone esto más tolerancia? Las aulas son, ahora, más conflictivas y ruidosas. Los profesores tienen más bajas laborales por depresión. Y los buenos estudiantes tienen más dificultades para estudiar y aprovechar el tiempo.
¿Tal vez se refieren, por ‘tolerancia’, a que han legislado a favor del matrimonio homosexual? Pero una cosa es la tolerancia y otra la demagogia. Solamente tres o cuatro países en el mundo aceptan el matrimonio entre personas del mismo sexo. ¿Qué dice la derecha represora? En general, apuesta por las ‘uniones civiles’. Las personas del mismo sexo que quieran convivir pueden hacerlo y, además, acceder a los mismos derechos que los cónyuges de un matrimonio. Pero no son un matrimonio. No manipulemos el lenguaje. Desde la noche de los tiempos, el matrimonio se refiere a la unión entre hombre y mujer. ¿Es tolerancia despreciar el significado de las palabras?
‘Cuando las palabras pierden su significado, la gente pierde su libertad’. Confucio.
La ‘participación’ sería otro valor típico de la izquierda. Por tanto, la exclusión y el silencio serían típicos de la derecha. ¿A quién pretenden engañar con estas falsedades? Hay que ser un sectario de izquierdas para tragar estas simplezas demagógicas. ¿Quieren decir que cuando la derecha gana las elecciones se termina la participación de los ciudadanos y que se retoma al ganar la izquierda? Hay que tener tragaderas muy grandes.
¿Se acuerdan del antidemocrático Pacto de Tinell? ¿Y del ‘cordón sanitario’? Son ejemplos de cómo entiende la izquierda (y sus amigos nacionalistas) la participación. ¿Cómo se puede hablar de ‘participación’ como un valor de la izquierda, cuando han tratado de excluir de las instituciones democráticas al principal partido de la oposición?
Por cierto, recordemos que el reconocimiento del voto a las mujeres, durante la II República española, fue obra de la derecha. No de la izquierda. Como lo oyen. Eso es participación.
Otro valor de la izquierda sería ‘la justicia social’. Recordemos la propaganda del partido socialista durante la época felipista. Sacaron a relucir el amenazante doberman, y dijeron que si ganaba la derecha quitarían las pensiones a los jubilados. Por supuesto, todo era mentira. Tanta mentira nos obliga a recordar que Prusia fue el primer país en crear un sistema público de pensiones, llamado de reparto. De la mano de Bismarck, el llamado Canciller de Hierro (1815-1898). Tampoco fue la izquierda.
Como dice M. Rojas, en ‘Reinventar el Estado del Bienestar’, Suecia ha sido un modelo para los socialdemócratas. Pero ha sido este país el que ha puesto de manifiesto las debilidades de este modelo cuando se sobrepasan ciertos límites. Suecia ha iniciado, a partir de la profunda crisis de los años 90, la búsqueda intensa de un Estado del Bienestar más viable. M. Rojas cuenta cómo Suecia ha pasado del Estado benefactor al Estado posibilitador, con gran éxito.
Con otras palabras, frente al Estado Benefactor, dispuesto a controlarlo todo y a decidirlo todo desde la cuna a la tumba, típico de la izquierda, se ha impuesto el Estado Posibilitador. Éste se entiende como un complemento (para la justicia social) del vigor de la sociedad civil. De la creatividad y la dinamicidad de la economía de mercado. Pero no se trata de un Estado mínimo y desregulador. Aunque es la propaganda de la izquierda contra la derecha.
O sea, que el Estado del Bienestar, en manos de la izquierda, entró en un callejón sin salida por no controlar el gasto público, ni las prestaciones sociales. Eso sí, las intenciones eran buenas.
En fin ¿cuáles son los valores típicos de la izquierda?
La mentira

Dice J.F. Revel, en El conocimiento inútil: ‘La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira’. Supongamos que es cierto. ¿A qué se debe esta preocupante realidad?
El sociólogo J. Elster nos ha hablado del autoengaño, que es una forma de fracaso de la racionalidad. Supongamos, nos dice, que inicialmente la evidencia no apoya la creencia que yo deseo que sea cierta.
Entonces procedo a reunir más pruebas ajustando y actualizando mis creencias a medida que avanzo. Si en algún punto la suma total de las pruebas reunidas hasta ese momento apoya mi creencia preferida, me detengo.
Si adoptamos un concepto laxo de mentira, ahí tenemos un caso habitual. No se trata solamente de mentiras en sentido estricto, como decir que llueve cuando no llueve, o decir que hemos comido cerezas cuando no es el caso. Se trata de la mentira consistente en ‘ajustar’ los hechos a nuestra conveniencia.
Este procedimiento, de adecuar la realidad a mis deseos e intereses, se puede hacer sin remordimientos de conciencia, si se dan ciertas circunstancias. ¿Cuáles? Sin pretensión de exhaustividad, hay que hacer una referencia a la Escuela de Frankfurt. Según M. Horkheimer, hay que poner en cuestión las bases ideológicas de la teoría tradicional. Es decir, poner en cuestión la supuesta neutralidad valorativa y la orientación técnica del saber científico.
Esta supuesta neutralidad era, decía Horkheimer, una forma de falsa conciencia ya que no ponía en cuestión el sistema de relaciones sociales existente. Es decir, el capitalismo. Por tanto, para la Escuela de Frankfurt (Horkheimer, Adorno, Marcase) la tan cacareada objetividad no es lo que parece. En realidad, esta presunta objetividad no es neutral, sino que refleja (o expresa) la estructura de poder imperante, o sea, el mundo capitalista y las ideas dominantes de la burguesía.
El siguiente paso es que los hechos, considerados objetivos por la teoría tradicional, se convierten en ‘productos de una situación social’. Al menos, según la teoría crítica, defendida por la Escuela de Frankfurt. De ahí se puede pasar, muchas veces inconscientemente, a la situación señalada al principio. Ya que no hay objetividad, puedo ‘adecuar’ los hechos a mis propios deseos e intereses. ¿Cuáles? Cuando el objetivo a conseguir es grandioso y admirable, como el de emancipar a la humanidad del sufrimiento producido por el capitalismo, no resulta difícil adecuar los hechos para que ayuden a esta liberación del género humano. Algo parecido sucedió, recientemente, en la Universidad inglesa de East Anglia.
Unas semanas antes de empezar la cumbre del clima de Copenhague (Febrero 2010), se supo que cientos de correos y documentacion fueron hackeados del servidor de la Universidad de East Anglia en los que se pudo comprobar cómo los científicos de dicha Universidad falsearon los datos y destruyeron otros que no les convenían. Aquí tenemos otro caso de ‘mentiras para salvar el mundo’ que se presentan como verdades.
¿Quién se puede oponer a estas ‘mentiras liberadoras’ dado que pretenden nuestro bien? Solamente los capitalistas sin escrúpulos, sus intelectuales reaccionarios y los ciudadanos-oveja, alienados por la propaganda y el consumismo.
¿Qué importa decir unas mentirijillas en la buena dirección ecologista?
Especialmente si las comparamos con la opresión insoportable del capitalismo salvaje y ante el gravísimo peligro de destrucción del planeta por los intereses del dinero y la especulación, Una de las consecuencias de la utopía liberadora de la izquierda, es el intervencionismo.
Cada vez que la izquierda tiene el poder político, engrandece y magnifica el Estado. Todo lo que puede, o le dejan. Y al hacerlo, aumenta el control sobre los ciudadanos. Y al aumentar el control (¡por su bien, naturalmente!) disminuye su autonomía individual. Aunque la derecha no está libre de pecado. Pero puede haber resistentes. Gentes que prefieren vivir de acuerdo con sus convicciones y no seguir a la manada. La izquierda está preparada para esto. No solamente los medios de comunicación subvencionados hacen una labor impagable. Perdón, pagable.
Luego está la enseñanza, convenientemente dirigida para transmitir lo políticamente correcto. La penúltima muestra de intervencionismo ideológico del Estado, la tenemos en la discutida y discutible ‘Educación para la Ciudadanía’. No es necesario extenderse mucho para darse cuenta de lo que sucede. En el mercado hay textos de EpC que fomentan, en los adolescentes, valores que están en contra de los transmitidos por sus padres. Esta asignatura supone un intento de sustitución de la labor educadora que corresponde a los padres. Como mínimo, un evidente ninguneo de su labor. Que, por otra parte, está reconocida en la Constitución, artículo 27.3. ‘Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones’.
Finalmente, el que no comulgue con las ‘verdades’ liberadoras y emancipadoras del progresismo oficial, será considerado un facha y un retrógrado. Así, paso a paso, se expanden las ‘verdades’ que interesan a los ‘gobiernos de progreso’ y se introducen, más o menos subrepticiamente, en la mente de niños y adolescentes. O sea, que Revel no parece descaminado.
Cuántos más polvos, mejor

El cómic pornográfico de Nazario Alí Babá y los 40 maricones es una de las lecturas recomendadas por el Ministerio de Educación y Ciencia (MEC) a padres, profesores y alumnos españoles. Los personajes de Alí Babá y los 40 maricones practican un sexo sórdido y compulsivo. Sin embargo, el Ministerio de Educación incluye esta forma de vida entre los recursos didácticos de su guía Educar en Valores. La Educación en Valores de Alí Babá y los 40 maricones se resume en la contraportada del álbum. “Cuantos más polvos, mejor”. Siendo Ministra la señora Cabrera.
Estos breves recordatorios de la educación socialista ayudarán a entender mejor el debate que presencié, en la última semana de Enero de este año, en el programa de Intereconomía, ‘El gato al agua’. La discusión se centró en el asesinato de Marta del Castillo y Sandra Palo. Y los abusos sexuales que se produjeron antes de asesinar a estas dos adolescentes. También se habló de cadena perpetua revisable pero no comentaré, ahora, esta cuestión.
Por una parte, el escritor J.M. de Prada defendía que no era coherente aumentar las sanciones penales a los delincuentes sexuales y, al mismo tiempo, que la enseñanza y los medios de difusión, en términos generales, incentivaran la hipersexualidad entre los adolescentes.
Otros contertulios, C. Gurruchaga y J. Nart, rechazaron su opinión. Gurruchaga dijo que Prada quería volver a épocas pasadas de represión sexual. Que era, por otra parte, responsable (directa o indirecta) de violaciones y otros abusos sexuales. Nart, en plan de broma, habló de ‘Universidades de la violación’ para negar que la enseñanza favoreciese la hipersexualidad. Creo que no es necesario adoptar un punto de vista religioso (que es el de Prada) para defender una posición parecida a la suya.
Los ejemplos con los que iniciaba este artículo, así como ‘los talleres de masturbación’, una invención progresista del socialismo extremeño, forman parte de una estrategia para influir en el comportamiento (en este caso sexual) de las jóvenes generaciones. El grave problema que esto representa tiene que ver con el artículo 27.3 de nuestra Constitución:
‘Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones’.
Con el adoctrinamiento que muestran los ejemplos antes citados, y otros que se podrían citar, está claro que la asignatura Educación para la Ciudadanía intenta influir moralmente en los adolescentes. Con independencia de que la influencia en las conductas adolescentes no se limite a esta asignatura. Pero EpC influye, mayoritariamente en una determinada dirección. La que le interesa al partido socialista. Aunque es cierto que no todos los textos de EpC dicen lo mismo. En cualquier caso, si el gobierno socialista quisiera respetar la Constitución, y en concreto el artículo citado, dejaría de adoctrinar con esta asignatura.
Porque no hay duda de que, al menos, una parte de los textos publicados hasta hoy van en la dirección que he mencionado. Por no hablar de otras cuestiones diferentes a la moral sexual.
Por ejemplo, la editorial Akal, ha publicado un libro 'Educación para la Ciudadanía' que dice, entre otras cosas, lo siguiente: 'El capitalismo impone su orden totalitario con infinitamente mayor eficiencia que todos los campos de concentración nazis juntos'. (página 153). ¿Por qué los padres tienen que aceptar esta burda manipulación ideológica de sus hijos?
En el caso de que tuviese que existir una asignatura llamada ‘Educación para la Ciudadanía’, debería limitarse a los Derechos Humanos y a nuestra Constitución. Y hacer saber a los estudiantes que son posibles diversas interpretaciones y concreciones de estos textos.
La ideología de izquierdas, especialmente, ha tratado de sustituir la familia por el Estado.
Siempre que el Estado sea ‘de izquierdas’. ¿Con qué objetivo? Para poder adoctrinar mejor, sin el contraste o el contrapeso de la opinión de las familias. Por otra parte, no es admisible que los padres se vean obligados a pagar impuestos para que sus hijos aprendan valores que los propios padres rechazan, como los antes mencionados. Además de un abuso es, en el caso español, una violación de la legalidad constitucional. Una ilegal e ilegítima injerencia estatal en el ámbito de decisión de los padres, amparado por nuestra Constitución.
Volviendo al adoctrinamiento socialista, la ley del matrimonio entre personas del mismo sexo, es un ataque al matrimonio de siempre, entre hombre y mujer. Como lo es el desprestigio, al menos implícito, de la maternidad. O el rechazo directo del matrimonio heterosexual, que hasta el momento se exterioriza en decir que este tipo de matrimonio es solamente una manera más de relación sexual. O la autorización para abortar a las adolescentes de 16 años sin conocimiento ni consentimiento de sus padres. Son ejemplos de la voluntad del gobierno socialista de devaluar a la familia, su autoridad y su influencia en la formación de los hijos y de los jóvenes, en general.
‘A medida que la libertad política y económica disminuye, la libertad sexual tiende, en compensación, a aumentar. Y el dictador hará bien en favorecer esta libertad. En colaboración con la libertad de soñar despiertos bajo la influencia de los narcóticos, del cine y de la radio, la libertad sexual ayudará a reconciliar a sus súbditos con la servidumbre que es su destino’. Aldous Huxley, Prólogo de «Un Mundo Feliz»
Sebastián Urbina, profesor titular de Filosofía del Derecho en la Universidad de las Islas Baleares
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