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Si por cultura entendemos todos aquellos valores, tradiciones, normas, valores, conocimientos, actitudes, etc. que nos caracteriza como grupo social, y que se transmiten de una generación a otra con el objetivo de sacar lo mejor de uno mismo en beneficio de la sociedad, mucho me temo no vamos por buen camino. En definitiva, no creo esta serie sea beneficiosa para la salud personal, familiar, cultural y social de los jóvenes que nos rodean. ¡Ha llegado el momento de que digamos basta ante tanto desatino! No podemos dejarles “colgados” por comodidad, engañando a nuestra conciencia con argumentos como que es una serie de ficcion basada en un hecho real, que tiene un gran éxito de audiencia, o que no “el guión huye del morbo”, como asegura el director de la serie, Fernando Colomo. Como señalaba la periodista Christiane Amanpour, en el libro póstumo dedicado al fotoperiodista Miguel Gil: “Cuando la gente buena no hace nada, los malos triunfan. Creo que los periodistas podemos ayudar a hacer del mundo un lugar mejor”. ANEXO: Una historia con moralina que nos puede ayudar. Dos adolescentes pidieron permiso a su padre para ver una película en el cine que todos sus amigos habían visto. Después de investigar un poco sobre la película en internet, les negó el permiso. “Pero Papá, ¿porqué no?” se quejaron, “es restringido para menores de 13, y ambos tenemos más de 13 años.” Papá respondió: “Porque la película contiene desnudez y pinta la inmoralidad como algo normal.” “¡Pero Papá, eso es una parte mínima! Eso es lo que nuestros amigos nos han dicho. ¡La película dura unas dos horas y aquellas escenas duran unos minutos! Se basa en una historia real, el bien triunfa sobre el mal, y hay otros valores como sacrificio y valentía. Hasta las críticas dicen eso. No pasa nada, papá, no seas exagerado”… “Mi respuesta es NO, y esa es mi respuesta final. Estáis bienvenidos a quedaros en casa hoy, invitar a unos amigos, y ver una de las buenas películas que tenemos en casa. Pero no vais a ver esta película. Final de esta conversación.” Los dos adolescentes se fueron molestos al salón de estar y se tiraron en el sofá. Pronto se sorprendieron de escuchar ruidos en la cocina, su padre estaba preparando algo. Averiguaron por el olor que era “bizcocho de chocolate”. “Seguramente Papá se siente mal y quiere reparárnoslo con sus brownies. Quizá si le alabamos mucho cuando entre, se ablandará y nos dejará ver la película” se decían. No esperaron mucho. Entró su padre con una bandeja de brownies y ofreció uno a cada hijo. Ambos aceptaron y el padre les dijo: “Antes de que comáis, quiero deciros una cosa: os quiero mucho.” Los dos jóvenes se miraron, sonriéndose con un aire de conocimiento: se está ablandando papá. “Por eso he hecho estos brownies con los mejores ingredientes posibles, casi todo orgánico.” Los brownies parecían deliciosos, y traía agua a la boca de los chicos, y se ponían impacientes con el discurso de su padre. “Pero quiero ser completamente honesto con vosotros. Añadí un ingrediente especial, que cogí del jardín. Puse un poquitito, y os daréis cuenta. Ánimo pues, tomad una mordida y decidme que os parece.” -“Papá, ¿no quieres decirnos qué ingrediente es?” -“Pero si no fue casi nada, una cantidad pequeñísima.” -“Venga, dinos que era.” -“Pero también orgánico, como los demás ingredientes.” -“Papá….” -“Bueno, pues, añadí mierda del perro.” Los jóvenes dejaron caer su postre, y examinaron sus dedos con horror. “¿Porqué hiciste eso? Nos torturaste con el olor divino, y ahora no los podemos comer.” -“Pero si es sólo un poco, y nunca lo vais a notar. No pasa nada, no seáis exagerados. Lo preparé con los demás ingredientes, muy buenos y saludables…” -“PAPÁ, nunca vamos a comer eso.” - “Y por esta misma razón, no podéis ver la película.¿Cómo podemos dejar entrar imágenes que quedarán allí mucho tiempo, causando daño a nuestra alma…?”
Llevo días intentando sentarme ante el ordenador cinco minutos para desearles a todos un 2010 lleno de felicidad, alegría y buena suerte. A pesar de ello, y muchos de ustedes lo entenderán a la perfección, resulta harto complicado en estas fechas para una madre de familia numerosa encontrar un momento de tranquilidad para escribir, sobre todo si tenemos en cuenta que debemos compaginar la organización desorganizada de la casa con el trabajo profesional, las comidas familiares, las recomendables sobremesas junto a la chimenea, y la debilidad de disfrutar a tope de los tuyos. Lo siento. Ahora bien, como decía G.K.Chesterton:” No hay nada que tanto desee situar en el lugar que le corresponde, como estas dos cosas: la familia y la teoría de la gratitud.” Y para ello, no quiero dejar pasar ni un minuto más para agradecerles todos sus pequeños y grandes gestos de gran valor que han hecho posible que el balance de mi vida en el 2009 se salde con cifras en positivo. Y, como el tiempo escasea, me van a permitir que comparta con ustedes un relato del escritor y poeta argentino Pancho Aquino que cuenta: Remedios Falaguera |
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