Editado por Eduardo de Lácara
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Diego Quiñones Estévez


Carta de condolencia a la familia del Guardia Civil, Juan Manuel Piñuel Villalón, asesinado por ETA

Nuestra más estimada familia del Guardia Civil Juan Manuel Piñuel Villalón: a sus hijos y esposa, padres y demás familiares.

Los españoles que sabemos del sufrimiento indescriptible de tantos años de crímenes terroristas contra personas inocentes, os damos nuestra más sentida condolencia por el asesinato de vuestro padre, de vuestro esposo, de vuestro hijo, de vuestro y nuestro hermano, de nuestro compatriota que entregó su vida al servicio de la defensa de la dignidad de la Patria y de la Nación española.

Una vez más los españoles, nos sentimos unidos a vuestro dolor por la muerte de un servidor de las Fuerzas de Seguridad del Estado, por la pérdida irreparable de un padre de familia, que ahonda aún más la herida abierta por las armas del terrorismo nacionalista de ETA y sus secuaces político-propagandísticos, que, después de cuarenta años de asesinatos y extorsiones, siguen cegados por la ira del terror fratricida sin sentido, ni razón de ser y existir.

La indignación y la aflicción por otro despreciable atentado terrorista, nos llena de pena e impotencia porque el asesinato de Juan Manuel Piñuel Villalón, agrava todavía más el infortunio por el que han pasado tantísimas familias víctimas del terrorismo destructivo de ETA.

Junto a vosotros, España entera se siente condolida por el asesinato del Guardia Civil Juan Manuel Piñuel Villalón, provocado por el terrorismo sanguinario e insaciable que sigue obnubilado en destruir con sangre y odio a las familias de España. Nuestra pesadumbre se une a la vuestra para que la esperanza de una vida en paz y libertad sea realidad, ahora que el alma de Juan Manuel Piñuel Villalón, se une en la Gloria de Dios y en comunión con todas aquellas almas, que, como él, sufrieron la indignidad de destruirles el sagrado derecho a la vida y a la libertad.
 
Que el testimonio de esta carta, de este sincero pésame de todos los españoles de bien, mitigue el doloroso trance de haber perdido a Juan Manuel Piñuel Villalón, otro hijo de Dios y de España, que nunca olvidaremos por su entrega, honor e integridad.


Los reaccionarios proyectos laicistas del socialismo antirreligioso

La maquinaria totalitaria del laicismo radical socialista, sigue su marcha imparable. Es propio de su corta pero violenta trayectoria histórica, desde finales del siglo XIX, y sobre todo en España, desde principios del siglo XX. Con ella, enerva a las masas sin criterios ni ganas de presentar cara a los problemas de la vida que deberían resolver ellos, no el estado intervencionista y dominador: la crisis económica, el paro, la ruptura de la unidad y la soberanía histórica de España por el terrorismo y los nacionalismos, la inmigración deshumanizada, el caos de un sistema judicial politizado, la inseguridad ciudadana o el hundimiento cultural y educativo.

En la Legislatura socialista anterior (2004-2008), con el laicismo radical y el relativismo se remodelaron los engranajes y se apretaron los tornillos de los motores políticos y mediáticos heredados del felipismo y del guerrismo, del felipismo y del guerrismo de una Dictadura silenciosa, corrupta, anticatólica, del terrorismo de estado y de ruina económica y no menos de crisis moral, cultural y constitucional, que duró catorce años.

En esta nueva Legislatura socialista, que aspira a perpetuarse para siempre en el poder, el laicismo radical del socialismo y del nacionalismo, la maquinaria totalitaria nacional-socialista, vuelve a la fabricación de los reaccionarios proyectos laicistas de los siglos XIX y XX, el más relevante de ellos, era y es el de cercenar la libertad religiosa y de culto, cambiando la Ley Orgánica de Libertad Religiosa de 1980, con la intención de saltarse, una vez más, la Constitución Española de 1978 en cuyo Artículo 16 de la Sección Primera de los derechos fundamentales y de las libertades públicas, “se garantiza el derecho fundamental a la libertad, ideológica, religiosa y de culto de las personas y de las comunidades, sin más limitación , en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público”.

En el Artículo 16 se deja muy claro que el Estado español es aconfesional: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal”. El Estado español es aconfesional, es neutral ante cualquier religión o confesión, no laico, más bien laicista, como falsamente afirman y practican el socialismo y sus correligionarios los nacionalismos independentistas.

La inexorable reaccionaria ley sobre libertad religiosa y de culto, será lo contrario de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa de 1980: será la imposición del laicismo socialista, la vieja aspiración socialista del tiempo de la II República (1931-1933), que ya puso en práctica la izquierda del Frente Popular bolchevique, antidemocrático y anticonstitucional, que consistirá en :

-Relegar al ámbito de lo privado las creencias religiosas, para que no pongan en entredicho las injusticias y tropelías de la autoridad política. Se incumple la laicidad bien entendida que es el reconocimiento de la Religión y la cooperación entre ella y el Estado, manteniendo cada uno de ellos su independencia para el bien común de la sociedad civil. No se avanza en la laicidad cuando torticeramente es mal entendida por el socialismo laicista, es decir, cuando la laicidad no es tal principio sino más bien un laicismo radical socialista y nacionalista que persigue, arrincona y desprecia el ejercicio de la libertad religiosa pública y privada.

-Impedir a toda costa que se practiquen los actos de culto y recibir la asistencia religiosa en los espacios de la vida pública como los hospitalarios, militares, asistenciales o penitenciarios. El objetivo es impedir la presencia necesaria de la Religión en estos espacios de vida pública, y dar entrada a sueños totalitarios como la eutanasia activa y la investigación biomédica sin límites, tal y  como lo practicaron los totalitarismos soviético o nazi.

-A desterrar de forma definitiva, y por ley, el derecho y el deber a la libertad de enseñanza religiosa, a la educación moral y religiosa según las convicciones de las familias. Este destierro se ha hecho ya efectivo y real con la imposición de la dictadura pedagógica de la ideología de género y del laicismo socialista, por medio de la asignatura obligatoria de Educación para la ciudadanía, que antes estaba ya presente en las leyes educativas socialistas de la mediocridad cultural, científica y sin valores humanos ni transcendentes.

-Se restringirá los derechos de la libertad religiosa y de culto  de acuerdo con los artificiales pseudoderechos sociales, de acuerdo con las artificiosas leyes político-administrativas anticonstitucionales y contra los Derechos Humanos del laicismo socialista retroprogresista y neomarxistoide. Las normas de las religiones, de modo especial, de la Religión Cristiana Católica, la mayoritaria, y de las fundaciones e instituciones por ella creadas, se habrán de someter a la norma única del fundamentalismo laicista. Es una forma de controlarlas para que poco a poco desaparezcan de la sociedad civil, y sean reemplazadas por las del intervencionismo estatalista.

- La cooperación entre las religiones y el Estado, se hará según los dictámenes políticos del laicismo socialista, y no desde el democrático principio de la subsidiariedad, una de las piedras angulares para alcanzar el bien común en toda sociedad civil ya que promueve la dignidad de las personas en todas las dimensiones de la vida social y política.  

- El principio de igualdad constitucional, será reemplazado por el del pluralismo relativista y el del igualitarismo laicista, que se basa en tratar de equiparar cualquier religión inscrita en el Registro Público, con la Religión Católica, cosa a todas luces  imposible por historia, cultura, tradición y presencia social y política. Esta dictadura del relativismo, no la permiten las leyes constitucionales de las democracias anglosajonas, como Inglaterra, donde la confesión anglicana es de notorio arraigo, pero mucho menos que la multisecular Religión Católica en España. De esta forma,  como ya se viene haciendo, se seguirán machacando con mano férrea, los derechos y libertades de la Constitución Española (1978), de modo especial, los de libertad e igualdad, la no discriminación y el de la pluralidad, el del pluralismo de creencias e ideologías.

Con ya se ha visto y comprobado, las formas despótico-demagógicas de aplicar las leyes del laicismo radical socialista, la Ley Orgánica de Libertad Religiosa de 1980, fruto de la Transición Democrática(1975-1982), llevada a cabo siendo Presidente del Gobierno, Don Adolfo Suárez González(1932), será demolida, no quedará de ella ni rastro, como así ha acontecido con la Transición Democrática, y no digamos con la Constitución Española de 1978, de la cual apenas queda ya nada, acaso un vago recuerdo de lo que fue y nunca ha sido una realidad en España porque se hizo con algunos defectos pero también con indudables virtudes. Los defectos han sido aprovechados por el socialismo y el nacionalismo anticonstitucionales para hacer inviables sus virtudes, entre ellas, la de la aconfesionalidad del Estado, la del derecho fundamental a la libertad ideológica, religiosa y de culto.


El testamento vital de Don Quijote


Muchísimo, demasiado se ha hablado y se hablará sobre la obra literaria más editada, leída y comentada de toda la Historia de la Literatura, después, claro está, del prodigio  religioso, humano, moral, teológico y literario que es nuestra insuperable Biblia, y que muchos olvidan que es la que sostiene toda la estructura interna de la novela de Don Miguel de Cervantes: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (1605). De la sabiduría cervantina habrían de beber todos aquellos que instrumentalizan la política y el arte y los ponen al servicio pragmático y utilitarista del poder.

Y de modo muy significativo, aquellos que se venden al poder político y económico para incentivar desde las ciencias, el cine, la literatura, el arte, en definitiva, lo que los poderosos quieren para mantenerse en la cúspide de la política y el dinero. A ellos habría que recordarles que la novela cervantina, no es amiga del poder, no colabora con él para que se presente la  muerte vestida, como ahora se hace, con el traje de la eutanasia activa, como si fuera la liberación suprema de la vida de los hombres y mujeres de todos los tiempos. Nunca ha sido así, y cuando se ha pretendido que así fuera, la muerte como sistema del terrorismo de estado, ha aniquilado la vida de las sociedades civiles.

El Quijote, no es agnóstico, ni ateo, y ni por asomo republicano, socialista, masón, nihilista, laicista, liberal o comunista. Esto deben saberlo los que quieren imponer una ideología y un arte, laicistas, agnósticos y ateos, degradantes, que  prescinden de Dios, de la religión, para falsificar lo que es el hombre verdadero y la esencia del sentido creativo.

La esencia y la perfección ontológica de Don Alonso Quijano y Sancho, vienen dadas por su conciencia de estar religados a Dios. Dios o lo Absoluto y todas las verdades de fe del cristianismo católico, dan sentido a sus existencias tan humanas. Es inconcebible en El Quijote, la muerte atea y agnóstica del laicismo radical totalitario de la nihilista eutanasia activa, promovida por la inhumana compasión de las ciencias biomédicas en degradación ética y por el sentimentalismo político-mediático, cinematográfico, literario o artístico, que excluyen a Dios y al hombre a él religado, impidiendo que el ser humano logre la felicidad, el bien común, la libertad, la dignidad y la justicia.   

La lectura de la inigualable novela de Don Miguel de Cervantes y Saavedra, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, nos impregna del alma cristiana católica que anima la vida de sus dos personajes: el bueno de Don Alonso Quijano y el igual de bueno, su escudero Sancho Panza. La presencia de la religión, es un elemento que aparece en la estructura superficial y en la estructura profunda de Don Quijote. En la estructura superficial, la lengua cervantina nos expresa la religiosidad por la sintaxis, el léxico, la gramática y hasta la fonología del español del Siglo de Oro. Don Quijote nos habla desde la variedad lingüística de su condición social de noble hidalgo español.
Así, nos dice:
Y así, considerando esto, estoy por decir que en el alma me pesa de haber tomado este oficio de caballero andante en edad tan detestable como es esta en que ahora vivimos” (I-C.38).

No entiendo ese latín-respondió don Quijote-mas yo sé bien que no puse las manos, sino este lanzón; cuanto más que yo no pensé que ofendía a sacerdotes ni a cosas de la Iglesia, a quien respeto y adoro como católico y fiel cristiano que soy, sino a fantasmas y vestiglos de otro mundo”(I-C.19).

Y el buenazo de Sancho, nos habla con la elegante y graciosa belleza del lenguaje popular, en el uso constante de los refranes donde se atesora toda la sabiduría de los pueblos, la filosofía natural de la que nace el tesoro de la tradición cultural, donde Dios y el hombre van descubriendo juntos las verdades de la vida. Sancho nos habla del gran aprecio que tiene a don Alonso Quijano:

Eso no es el mío-respondió Sancho-, digo, que no tiene nada de bellaco, antes tiene una alma como un cántaro: no sabe hacer mal a nadie, sino bien a todos, ni tiene malicia alguna; un niño le hará entender que es de noche en la mitad del día, y por esta sencillez le quiero como a las telas de mi corazón, y no me amaño a dejarle, por más disparates que haga” (II-C.13).

Sancho respondió que hiciese su gusto, pero que el quisiera concluir con brevedad aquel negocio, a sangre caliente y cuando estaba picado el molino, porque en la tardanza  suele estar muchas veces el peligro, y a Dios rogando y con el mazo dando, y que más vale un toma que dos te daré, y el pájaro en la mano que el buitre volando” (II-C. 71).

En la estructura profunda, la semántica nos connota el sentido cristiano de la existencia. Don Quijote y Sancho. A medida que van creciendo como personajes de un tiempo y un espacio con una profunda conciencia del compromiso público y privado de la religión, la España Imperial de la Contrarreforma, manifiestan sus ascensos y caídas en la vida, como todo buen cristiano católico, porque son caminantes por el mundo, cada uno según su condición y los carismas que Dios les ha otorgado.

El alma profunda de Don Alonso Quijano y el alma profunda de Sancho, andan juntas, y se confunden, porque se alimentan del mismo Espíritu del Cristianismo que les comunica la creencia en Dios y en su Iglesia. El idealismo del Don Quijote y el realismo de Sancho, se sustentan en sus creencias, que les propicia tomar conciencia del mundo irreal (Don Quijote) o del mundo real (Sancho) en el que se mueven sus vidas, que vienen a ser la vida de tantos seres humanos a lo largo de la Historia.

No podía acabar mejor El Quijote, que con el testamento vital, que escribe don Miguel de Cervantes y Saavedra, al final de la novela cuando, ya moribundo, don Alonso Quijano, junto a su escudero Sancho Panza, su ama, su sobrina, el bachiller, el barbero   y el cura, pide que se le administren los sacramentos de la Santa Madre Iglesia:

“¡Bendito sea el poderoso Dios, que tanto bien me ha hecho! En  fin, sus misericordias no tienen límite, ni las abrevian ni impiden los pecados de los hombres(...)” “(...)Yo, señores, siento que me voy muriendo a toda priesa: déjense burlas aparte y tráiganme un confesor que me confiese y un escribano que haga mi testamento que en tales trances como este no se ha de burlar el hombre con el alma; y, así, suplico que en tanto que el señor cura me confiesa vayan por el escribano”(...)”(II-C. 74).

Muerte plácida, muerte digna, consciente de lo que fue en la vida, un caballero andante, pero también, el hidalgo español don Alonso Quijano, amigo entrañable de su escudero, Sancho Panza, buen padre y sencillo labrador que sueña con la ínsula de Barataria. Su muerte digna con la unción de los enfermos y el viático eterno de la eucaristía, en la compañía de la familia y los amigos, es un vivo ejemplo a seguir para los hombres y mujeres de todos los siglos.



El Quijote, la religión y un político laicista

¡Cuánta cultura lingüística, cuánto humanismo y cuánta religiosidad, contiene, por los siglos de los siglos, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha!

¡Y cuánto lo desconocen aquellos que lo utilizan para sus apetencias politicastras y culturaloides, cuando se les llena la boca, diciendo lo ya tan requetesabido, que es el gran vehículo de nuestra lengua y tradición cultural por todo el mundo!: Menos para ciertas partes de nuestra España, donde la lengua de Cervantes es perseguida por los nacionalismos excluyentes y balcanizantes, cuyas lenguas etnocentristas nunca han creado ni crearán un monumento literario, tan apreciado como envidiado por todas las culturas del orbe.

Si los pseudointelectuales y politicuchos del progresocialismo laicista lo conocieran, no dirían las barbaridades infraculturales que dicen, cuando olvidan lo que constituye una de las fundamentales esencias temáticas del Quijote: la vida y la moral de la Religión Católica, del Cristianismo. Veamos cómo nos habla de ellas don Miguel de Cervantes Saavedra, por medio de sus inmortales personajes, don Alonso Quijano y Sancho Panza, sin que falte en este diálogo ejemplarizante, la intromisión surrealista y extemporánea de un político laicista:

Don Quijote: (...) Mas, con todo esto, sube en tu jumento, Sancho el bueno, y vente tras mí, que Dios, que es proveedor de todas las cosas, no nos ha de faltar, y más andando tan en su servicio como andamos (...) que hace salir su sol sobre buenos y malos y llueve sobre los injustos y justos (C.XVIII, I).

Sancho:(...)Más bueno era vuestra merced-dijo Sancho-para predicador que para caballero andante.

Un político laicista: ¡Más gimnasia, más aborto, más eutanasia, y menos religión!

Don Quijote: (moribundo, recibe los sacramentos): (...) Yo, señores, siento que me voy muriendo a toda priesa: déjense burlas aparte y tráiganme un confesor que me confiese y un escribano que haga mi testamento que en tales trances como este no se ha de burlar el hombre con el alma (...)
(C. LXXIV, II).

Sancho: ¡Ay!-respondió Sancho llorando-No se me muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años (...).

Un político laicista: ¡Más gimnasia, más aborto, más eutanasia, y menos religión!  ¿Clonación y eutanasia?: ¡De entrada, sí!

Podríamos seguir, pero no forcemos más con intromisiones laicistas, la hermosura del pensar y del ser de El Quijote, que es el pensar y el ser de España, de los españoles. Basta con esto para recomendar su lectura real y no ficticia, a los que durante casi treinta años, con la farsa de la democracia consensuada, se han  ido cargando nuestros principios morales y éticos, nuestro sistema cultural y educativo, donde apenas se lee el tan loado y olvidado Quijote. Nuestra imperiosa recomendación es que lo frecuenten, y aprendan de la sabiduría humana y divina que destilan sus páginas.

La sabiduría de la verdad que tanto necesitamos para salir de la mediocridad política y cultural que nos invade, merced al socialismo, merced al liberalismo sin valor, y merced a las necedades de sus compinches de fechorías: los nacionalismos radicales, antiquijotes, antiespañoles, anticonstitucionales, antidemocráticos, anticulturales.



La ciencia del Siglo XXI (al estilo de los diálogos clásicos)

Aquí, nuestro pensamiento se dirige al modo
en que a veces se han aplicado los resultados
de los descubrimientos de la investigación
científica y tecnológica.

El principio de”la responsabilidad de proteger”
fue considerado por el antiguo “ius gentium”
como el fundamento de toda actuación de los gobernantes hacia los gobernados.
(Discurso de Benedicto XVI en la Asamblea General de las Naciones Unidas, 18-4-2008

Personajes: un ciudadano y la Ciencia.

Escenario: las puertas del siglo XXI.

Ciudadano: Entramos por las puertas de un nuevo siglo, donde espero, amiga Ciencia, que el hombre camine junto a ti en armonía, sin utilizar tus ideas y tus sofisticados instrumentos de muerte y manipulación, que han hecho del siglo XX, un siglo de guerras, terror, violencia y de incredulidad por el olvido y la persecución de Dios, aunque también es justo reconocerlo, de progreso y de la plena conciencia de los Derechos Humanos, fundamento de  la justicia.

La Ciencia: Yo siempre seré contradictoria, como lo es el hombre. En sus manos está,  y no en las mías, ser consciente de mis límites. A él y no a mí, le corresponde discernir el bien del mal. Yo soy un simple instrumento al servicio de su poder.

Ciudadano: ¿Pero alguna culpa tendrás de tus pensamientos y acciones? El progreso, la tecnología, han de estar al servicio de la dignidad del hombre. El ser humano no es un objeto de investigación, es el sujeto principal de la Creación de Dios, es el centro de la Ciencia, de la Religión, de la Cultura que sostiene la existencia de la sociedad civil.  El sujeto universal de los Derechos Humanos es la persona humana. La Ciencia, la Religión, la Cultura, las ideologías están al servicio del bien común de las personas, y no a la violación y destrucción de los valores universales de los Derechos Humanos.

La Ciencia: Yo sólo cumplo órdenes superiores. En manos del poder que me controla, una persona es lo mismo que un animal, ambos me son de gran utilidad para mis experimentos y métodos de investigación.

Ciudadano: Tan culpable eres tú como la conciencia endiosada de los científicos que se olvidan de aplicar la Sabiduría de Dios y del hombre, y se arrodillan ante el poder totalitario de las ideologías y de los descubrimientos tecnológicos que acrecientan tu poder casi absoluto. El siglo XX ha sido un ejemplo de que la Ciencia en manos de los totalitarismos, en manos del terrorismo de estado y científico, ha traído dos guerras mundiales, y el mayor exterminio de la Historia: el genocidio silencioso de más de mil millones de niños inocentes abortados con las técnicas de la ciencia médica. La sinrazón de tan irracional crimen, ha sido porque las leyes inhumanas se han inventado un contraderecho para no responsabilizarse de la protección de la vida humana concebida y aún no nacida a la luz del mundo.

La Ciencia: Los crímenes contra la Humanidad no son de mi competencia, son responsabilidad del poder del hombre que me domina.

Ciudadano: Hay una única verdad: la vida es sagrada, el derecho a la vida desde la concepción hasta la senectud, es sagrado e intocable. Esta verdad forma parte de la Ciencia, la Ciencia ha de ir unida a la verdad del hombre y de Dios, al bien común, a la ley natural, a la libertad, a la paz, a la dignidad y a la justicia de los Derechos Humanos.

La Ciencia: Mis leyes son distintas al orden natural de la madre naturaleza y sus leyes. Yo he superado las leyes naturales con las herramientas de la tecnología y del progreso material. La materia, no el espíritu, es la energía que me da la razón de mi dominio en todos los ámbitos de la vida humana. La ley de Dios, es lo no palpable, lo no tangible que no cabe en los esquemas de mi pensamiento práctico y útil.

Ciudadano: Tú eres también parte de la naturaleza, parte de la Sabiduría de Dios. Por tanto, has de garantizar a los seres humanos del siglo XXI que reciban con integridad los dones de la madre naturaleza y el misterio de la verdad de Dios. De la naturaleza, pero sobre todo de su Creador Supremo, Dios, de su Sabiduría Providente, tendrías que aprender. En la Historia de la Humanidad de los siglos pasados y en el presente, nunca ha faltado ni faltará a la Ciencia, la luz de la fe que ilumina a la razón por lo senderos del bien común.

La Ciencia: Los avances del progreso indefinido e imparable, me han proclamado como el centro de la vida en todas las sociedades del planeta Tierra. Yo soy el único fundamento de todas ellas porque alcanzo a guiar a los ciudadanos en cuanto piensan y hacen. Mi verdad es la auténtica porque se comprueba en sus resultados prácticos. Mi libertad es la que nos da el progreso material que se rige por el relativismo.

Ciudadano: ¡Qué presuntuosa eres Ciencia! Es de una evidencia irrefutable que todos los hombres han sido creados iguales y con los mismos Derechos Humanos naturales, pero que tú, ni el poder de las ideologías de dominio y deshumanización seréis capaces de destruir. La libertad y la verdad se fundan en la razón natural, en la ley natural, en el Dios Creador de la naturaleza. La Ciencia sin imperativos éticos y morales nunca será Ciencia, porque su primera responsabilidad es la de proteger a la familia humana, sujeto primario de los Derechos Humanos. Si la destruyes, también tú seguirás el mismo destino.


Socialismo y nacionalismo persiguen el derecho a la libertad de enseñanza religiosa


Ahora como antes, en la Comunidad de Vascongadas, y en los cuatro puntos cardinales de una inexistente España unida en la diversidad de la desintegración nacionalsocialista, las familias creyentes tienen que seguir sufriendo la inadmisible y totalitaria persecución de la enseñanza de la Religión, que es voluntaria, que es opcional, y no obligatoria como la Educación para la ciudadanía, obligatoriedad que ha llevado a miles de objeciones de conciencia contra una intromisión ideológica del poder político en la conciencia moral de los educandos.

Cercenar el derecho y el deber a la libertad de enseñanza religiosa de las familias que desean recibir una educación integral donde no falten los valores morales y transcendentes en la educación de sus hijos, es la evidencia de que las libertades han sido dilapidadas en una democracia constitucional que quiso ser, que no lo ha sido, ni lo es, por los incumplimientos sistemáticos de los principios del Estado de Derecho, dados por la Constitución Española de 1978. Unos incumplimientos que empezaron por el rechazo de la misma por los nacionalismos radicales, por la distorsión y falsificación de la misma por parte del socialismo y de toda la izquierda, por la dejación y no revitalización y salvaguarda de la Constitución Española (1978) por parte del liberalismo conservador o del llamado centro derecha. Estos incumplimientos han bombardeado al derecho y al deber de la libertad de enseñanza religiosa y a la convivencia en pluralidad religiosa e ideológica.

A estas alturas de la Historia, y por estos tiempos de democracia decapitada por el socialismo junto al nacionalismo radical, y con el mirar hacia otro lado del llamado liberalismo del centro derecha, que no es liberal, ni de centro ni derecha, a estas alturas del siglo XXI, se insiste en  liquidar el derecho a la libertad de enseñanza, y más en concreto, el derecho a la libertad de enseñanza religiosa, sea de la religión mayoritaria en España, la católica, sea de las religiones minoritarias, como la judía y musulmana, sin olvidarnos de la también minoritaria confesión evangélica.

Hoy, como ayer, en Vascongadas y en tantas otras partes de la desintegrada España, ya es habitual la práctica de las autoridades políticas nacionalsocialistas de llevar a cabo el atropello de  impedir que las familias ejerzan el derecho y el deber constitucional a la libertad de enseñanza religiosa (1) que se fundamenta en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) y en el tratado internacional como es el Acuerdo Internacional entre el Estado Español y la Santa Sede sobre Enseñanza y Asuntos Culturales (1979), de obligado cumplimiento por parte del Estado y ya no digamos por las otroras autonomías, travestidas ya en estados paralelos, por las muchas competencias que se han arrogado como las de educación. Ni éstos, ni el estado ficción, ni el partido en el poder, ni los partidos de cualquier matiz ideológico, pueden saltarse a su antojo y borrar de un zarpazo uno de los derechos fundamentales de las familias como es el de la libertad de enseñanza. 

Lo que ocurre en la Comunidad Autónoma de Vascongadas, es la forma usual de actuar del socialismo y de los nacionalismos radicales, tanto de izquierdas como los que se dicen de derechas. Estos últimos, en el siglo XX se sirvieron del catolicismo para subir al poder hasta que poco a poco fueron abandonando y persiguiendo los valores del evangelio, la riqueza de la verdad y la solidaridad cristiana de la Tradición secular y universal de la Iglesia Católica, del Cristianismo. Junto a ellos, los medios de comunicación del poder, ciertos grupos sociales, ciertos partidos políticos y ciertos sindicatos, utilizan el pretexto inconstitucional de que la enseñanza ha de ser laica, cuando la Constitución Española (1978) señala que el Estado español es aconfesional. Con demagogia, se confunde lo laico, la laicidad de la libertad y la pluralidad religiosa e ideológica con la persecución laicista de la religión. De este modo el laicismo radical anticristiano, ataca de forma violenta a la libertad de enseñanza religiosa.

Varias son las formas ilegales de ir degradando la enseñanza del hecho religioso, que buscan arrojarlo fuera del sistema educativo y hundir todavía más a la sociedad civil, y en especial a los niños, adolescentes y jóvenes, en la incultura religiosa:

1) En Vascongadas, como en otras autonomías o estados paralelos autoritarios, antes y después de la LOE, se arrincona a la Religión quitándole horas lectivas y peso académico, siendo como es por ley y sentencias judiciales, una asignatura tan fundamental como otras, y de obligada oferta por parte de todos los centros públicos que pagan los ciudadanos con sus impuestos.

2) Se deja, de forma ilegal, que las horas en Bachillerato queden fuera del horario obligatorio, sin alternativa; en muchos centros, se escamotea y se suprime el derecho y del deber que los padres tienen para que en los impresos de las matrículas puedan optar por la enseñanza religiosa que deseen; la alternativa tanto en Bachillerato como en Secundaria no existe, y aquí, los alumnos que no eligen la Religión confesional o aconfesional, no hacen nada, ya que se les estabula en  la eufemística y guasona “atención educativa”, que es un insulto antipedagógico y antieducativo.

El resultado, es que la devaluación de la enseñanza religiosa va pareja con la devaluación de la calidad de la enseñanza pública y privada, ya que se prescinde de la educación integral y plena de las personas.

3) Por parte del estado intervencionista o del sindicalismo antieclesial, se invade la competencia que la autoridad religiosa tiene por ley para garantizar la idoneidad del profesorado de Religión  y Moral Católica o de cualquier otra religión o confesión, ya que a los alumnos y a las familias se les debe asegurar que reciban la educación religiosa en sus debidas condiciones académicas de acuerdo con sus creencias y no según los intereses del estado, de la ideología en el poder, de los sindicatos o de las asociaciones intervencionistas y antieclesiales.

Tal forma demagógica de actuar, tal modo discriminatorio de impedir que las familias, que los niños, adolescentes y jóvenes, pongan en práctica el derecho y el deber a la libertad de enseñanza religiosa en igualdad de condiciones legales y académicas, es la prueba irrefutable de que los católicos vascos como los demás católicos de todas partes de España, no admiten un proyecto demencial sin libertades que desprecia el bien común de la educación integral. Proyecto devastador y desintegrador que ya hace tiempo han puesto en marcha el socialismo y el nacionalismo, los cuales no tienen ningún escrúpulo moral para utilizar el  terrorismo y el laicismo, la ideología de género y el relativismo ateo con el objetivo de impedir un encuentro fructífero entre la fe y la razón en la educación, en la cultura, en la vida pública. Ahí está la inconstitucional materia del poder nacionalsocialista para demostrarlo, que es la Educación para la ciudadanía.

Son significativos los datos sobre el descenso paulatino de los alumnos inscritos en Religión Católica en Vascongadas: mientras que la media nacional de alumnos inscritos es del 75%, en las regiones vascas es del 50 %. La presión ideológica del nacionalsocialismo, no ha de amedrentar a las familias que desean la Religión para sus hijos tanto en Vascongadas como en otros puntos de España. Ellas siempre tendrán el apoyo de la Iglesia Católica, de algunos sindicatos y por supuesto de las asociaciones de padres  y de los profesores de Religión.

Es incompatible con los valores universales del Cristianismo( porque denigra la dignidad de las regiones históricas de España, como Cataluña y Vascongadas, y destruye la identidad y la unidad histórica de España como Patria común y Nación de todos los españoles) que se quiera imponer en la enseñanza las entelequias nacionalsocialistas, los demenciales proyectos territoriales racistas, etnolingüísticos, secesionistas, laicistas, relativistas, independentistas, antidemocráticos y anticonstitucionales, que tienen como patentes del terror y de la insolidaridad las etnolatrías nacionalistas de una inexistente “euskalerria” o “euskadi”, de un idílico “país vasco”, de una imaginaria “nación catalana” o de la también inconstitucional “nacionalidad histórica” andaluza. El  Cristianismo no admite estas barbaridades irracionales, y por eso se le rechaza y persigue en la enseñanza pública, en la vida pública.

Lo que acontece en Vascongadas, es lo mismo que ha pasado y pasa en otras autonomías como Andalucía, Cataluña, Baleares, Extremadura o Asturias con el socialismo y con sus compañeros de intrigas y compadreos políticos, los nacionalismos y la izquierda decrépita. Es exactamente la misma táctica de persecución patológica del socialismo, de la izquierda y del nacionalismo que no aceptan el derecho y el deber a la libertad de enseñanza religiosa al que sólo tienen las familias.

En estos tiempos de crisis galopante (económica, social, política, territorial, moral, ética, cultural, educativa, institucional, constitucional y democrática) la patológica persecución del hecho religioso en cualquier aspecto de la sociedad civil, pero de modo prioritario en el de la educación, va a seguir creciendo ya que constituye un arma de confrontación habitual del  socialismo laicista, de la izquierda inicua y de los ultranacionalismos inmorales para ocultar sus incompetencias políticas y distraer la atención de otros asuntos vitales para nuestra sociedad.

El modo de inyectar los contravalores totalitarios del nacionalsocialismo, es la educación controlada, impidiendo que en los centros de enseñanza se imparta una materia opcional, voluntaria para las familias como es la Religión, que es una asignatura fundamental porque educa en los valores religiosos como los del Cristianismo, valores que han sido el fundamento de los Derechos Humanos, de las democracias constitucionales, de las libertades de la Civilización de Occidente, que siempre estará abierta a otras civilizaciones que no esclavicen a las personas y a la sociedad civil en nombre del totalitarismo de una ideología o del fundamentalismo de una religión.

(1) Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) (Art. 18 y Art. 26); la Constitución Española (1978) (Art. 16.3; Art.27.2 y Art.27.3); y el Acuerdo Internacional entre el Estado Español y la Santa Sede sobre Enseñanza y Asuntos Culturales (1979).


Diego Quiñones Estévez
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