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.....................................................Lorenzo de Ara
Zapatero se queda con el vivo, con Castro

Ya está muerto. Ahora toca enterrarlo. El dolor de la madre es natural. Pasará con el tiempo. A lo mejor no. El bueno de Orlando Zapata ya está en el infierno. Descansado en paz. Digo infierno porque todo el que muere y en vida ha estado en contra de la bondadosa tiranía castrista, va derechito al infierno, a quemarse por los siglos de los siglos.
Los Castro son inmortales. No esperen su muerte. Ni la deseen. Es pecado. Ellos se mantienen con vida porque tienen la verdad en la sangre. Corre la verdad por sus venas, e inyectan con suma generosidad esa verdad en otros países. España es uno de ellos.
Aquí, en hacienda de socialistas de pura radicalidad, la Cuba castrista es el paraíso en la tierra. ¿Condenar? No se condena lo que empíricamente se ha demostrado que es muy bueno. También para la salud. Física y mental.
Zapatero es el más cuerdo de todos los radicales. No le pidan a ZP que condene, por lo menos en caliente. A lo más que puede llegar el socialismo devorador de niños es a lamentar la muerte de un pobre negrito, obrero y respondón. Más allá no se va. Es inapropiado. El alma del radical, como el alma del perro rabioso, expulsa todo sentimiento noble.
La cárcel cubana es una bendición. Zapatero, Moratinos, De la Vega, Pajín, Bibiana, los titiriteros, todos juntitos apoyando un poquito más de tortura, un poquito más de cárcel, un poquito más de mordaza en la boca. Es el socialismo que en Ferraz no pueden implantar en España. ¡Qué pena!
La nuestra es una democracia imperfecta. La de Cuba, -porque aquella sí es una democracia real-, es la más perfecta herramienta que tiene el pobre para no sentirse pobre. Podrá ser pisoteado, encarcelado, fusilado, pero no será pobre. Todos iguales, blancos, negros, homosexuales. Todos iguales en la fila que lleva a la muerte.
Y Zapatero no sabe qué responder. Tarda demasiado. Es un suplicio. ¿Por qué preguntan por Cuba? ¿Por qué preguntan por Orlando? Ese negro ya es pasado. Ya es comida de gusanos. Era un problema. Ya no lo es.
Zapatero trabaja por la paz. Trabaja por Cuba. A su manera. Besando el rostro asesino del dictador, acariciando su barba, añorando su bota. Es el socialismo que tenemos, el socialismo que gana elecciones, el socialismo que convence al pueblo, bendito pueblo, democrático pueblo.
Nos ordenan aguantar, por buena educación

El rey lo aguanta todo. Y más. La Corona no está para poner mala cara. Se come el plato que le pongan en la mesa. Ni siquiera se queja ante una comida fría, demasiado fría. Los gritos, los insultos, las amenazas, aunque estén lideradas por muchachos sin inteligencia, se reciben con protocolaria naturalidad. El himno español es ninguneado y la bandera no se quema porque no hoy gasolina a mano.
La final de la Copa del Rey de baloncesto significó otro paso hacia el descalabro. La marabunta se adueña del graderío y hasta los padres acompañando a sus hijos se desgañitan para que les escuchen insultar al supuestamente todopoderoso. Es la realidad. El Rey y la reina saludan, igual que si fueran dirigidos por la mano de un prestidigitador con mucho glamour. Pero los padres de la Constitución se van retirando de la escena, así que no queda una mano prodigiosa ni una boca turulata que articule una palabra con sentido.
El Rey no le tiene miedo a la jubilación. Teme por el futuro de su vástago. El príncipe no ha hecho gran cosa. Lo que pasó en la noche del 23-F sirvió para ganar un trono, el suyo, el nuestro, pero no supuso la coronación de Felipe y doña.
El crédito de Juan Carlos es finito. Lo normal. Es un prestigio que se disipará con su retirada. A todos los efectos. El sucesor no tiene en el cuerpo, tampoco en la cabeza y menos aún en el alma, la bendición que nace de una acción memorable, heroica, institucional.
Los gritos, alaridos, las imprecaciones y los gestos chabacanos seguirán acaparando las noticias. También las reflexiones. El vocerío de las bestias se convertirá en algo normal, genuino, democrático, repulsivamente democrático.
La sucesión de Juan Carlos no es un problema. La escenificación del mal gusto tampoco. Todo se da por bueno. Natural. El nuevo milenio nos regala una maravillosa visión de las cosas. Nos admiramos porque somos tolerantes. Nos pisotean, pero tolerantemente decimos no a la acción.
El Rey nos sirve de ejemplo. La cara del insultado no es la cara de un rey pasmado, es la cara de un rey haciendo su trabajo. Aguantar.
Gustave, buen cocodrilo

Lo mejor para usted es que no haga lo que yo. No pierda el tiempo pidiendo justicia. Por ejemplo, no malgaste la vida escribiendo. Ni siquiera salga a la calle para manifestarse a favor de la vida junto a otros locos. Olvide a De Juana Chaos. Convierta a “El Rafita” en un mal sueño. Deje que la política lo invada todo, que se apodere de los intersticios vitales.
Pero yo no puedo hacerlo. Quisiera, pero no puedo. Leo lo que le pasa al asesino etarra y me quemo en el odio más visceral hacia ese cabrón que después de tantos crímenes, tanto dolor y tanta tragedia, sigue sin pedir perdón.
Vive en Irlanda del Norte. Recibe subvenciones para no pasar hambre, y aspira a trabajar en un taxi turístico. No sabe inglés, pero tiene memoria, así que, con recordar cómo apretaba el gatillo y ordenaba poner bombas, es más que suficiente para contentar el capricho del usuario y las consignas del IRA.
A De Juana Chaos le perdonó la vida esta democracia en decadencia. El asesino recuperó la salud, alimentándose de la sangre de sus víctimas.
“El Rafita” roba y se burla de la calle. La niña está muerta y sus padres pasan la lengua por el asfalto que pisa el lobo. La sociedad recuerda, ya vagamente, que el muchacho se llevó por delante el latido de una niña que soñaba con tener futuro.
La Ley del Menor es una mierda. Eso dice el padre de la muerta. Porque muerta está la que no pasea, no ríe, no sueña, no respira. Bien muerta. “El Rafita” es el que está vivo, medio aburrido, pobrecito, pero vivo.
Y luego nos comemos el coco ante la brutal existencia de un cocodrilo al que llamamos Gustave, vive en Burundi y se ha tragado a muchos tíos y tías que pasaban cerquita de sus fauces.
Dicen los entendidos en cocodrilos y en los bolsos hechos con la piel del pobre animalito, que el tal Gustave mide más de 7 metros, tiene 65 años y pesa una tonelada.
Pues ese Gustave es un inocente si lo comparamos con De Juana Chaos. Es un angelito si lo emparentamos con “El Rafita”.
En esta España progresista y pedorra hay cocodrilos nacidos en las urnas. Se mueven con total impunidad, y se ríen de sus presas.
Por ese motivo, la peineta de Aznar a los borregos que le insultaron merecería la admiración de un pueblo sano, pero lo que recibe es el desprecio del gobierno de turno y la reprimenda de los comeculos que se multiplican como conejos enfermos después de tanto follar.
Sin trabajar

Nuestros políticos en las Cortes lo tienen muy fácil. Lo tienen todo hecho con ser mediocres actores. En esta mala película ellos copan los principales papeles. Nosotros, ácaros con documento nacional de identidad, pasamos de un lado a otro, sin rostro.
Así, lo vivido hace unos días en el Congreso de los Diputados es la demostración más clara de que existimos en un lodazal. ¿Qué otra cosa puede ser el escenario que deja un gobierno radical de izquierdas? No hay inocentes en la bancada madrileña. No busque en la derecha. En ese lugar se pierde la inocencia porque hay demasiado apego a los dimes y diretes.
Zapatero es un privilegiado del siglo XXI. Sin trabajar, consigue que le crezcan las ojeras. La culpabilidad es aterradora. El alma consigue cosas que el cuerpo ni siquiera se atreve a emprender. Es el alma de Zapatero –porque la tiene, aunque cueste creerlo- la que empequeñece sus ojos, llena de blanco el pelo de su testa, y encorva la espalda. Pero Zapatero no ha trabajado jamás. Y culminará su andar por este andamiaje sin saber lo que significa un mal mes, un sueldo de miseria y una crisis sin fin.
Ese hombre inventa cabriolas. Convoca reuniones a las que acuden raudos todos los grupos que quieren una migaja de alimento para yacer en el paraíso. El PP se lo piensa pero está condenado a responder que sí. Rajoy lo sabe. Y con la puntual asistencia se produce lo inexplicable. Otra victoria del tirano.
En la antigüedad, los tiranos apostaban por el absolutismo más brutal. En el siglo XXI, los nuevos tiranos consolidan su tronío con mucha dosis de simpatía, elocuencia, marketing, subvenciones y entreguismo. Prefieren dar, antes que recibir. Contentar, antes que enfangar.
Zapatero fabrica su leyenda mejor que ningún otro tirano del pasado. No necesita escribas, trileros, comeculos, asesores o ministros. Su leyenda dista mucho de la que se encontró Carlos II el Hechizado, el último rey de la dinastía de los Austria. Ahora se comienza a escarbar un poco en la verdad. No era bueno, pero tampoco fue el depredador de la corte de una potencia global que se volvía liliputiense.
Zapatero pasará a la historia como un tío guay. Superguay. Pero hay en esta España entubada algunos pocos que conocen su verdadera fachada. Incluso tienen la desgracia de conocer su gélido abismo.
Zapatero es como todos los políticos. Sin embargo, al ostentar el poder, se ha convertido en una máquina más próxima a la farándula que a la calle que pisa el españolito sin trabajo, aunque trabajador al fin y al cabo. Es el parado que no será ministro, presidente de Gobierno, asesor, concejal o consejero. Ese español no se mueve por el andamiaje. Él es el andamiaje que pisa Zapatero.
Rajoy vuelve a perder

Lo dijo Heródoto: “De todos los infortunios que aluden a la humanidad, el más amargo es que hemos de tener conciencia de mucho y control de nada”.
También sentenció: “El más acerbo dolor entre los hombres es el de aspirar mucho y no poder nada”.
José Luis Rodríguez Zapatero es un aventurero. No le tiene miedo a nadie. Menos aún a Rajoy. El gallego no le incomoda. Es un débil aspirante al título de presidente de España. Pelea, no se cansa, aguanta los golpes del campeón, pero sigue sin levantar pasiones. Nadie le acompaña en la derrota.
Rajoy no es descendiente de aquel general griego que se enfrentó al temido ejército del imperio Persa.
En la llanura de Maratón se ganó una batalla que cambió el rumbo de la historia para occidente. La infantería y los inmortales del emperador Darío I perdían una vez más a manos de una ciudad estado minúscula, orgullosa y arrogante.
Filípides corrió más de 41 kilómetro para anunciar la victoria. Luego murió. Rajoy ni siquiera tiene un soldado tan aguerrido. La derecha española sabe jugar en una mesa, pero es incapaz de bajar al campo de batalla.
No piense el sapientísimo lector que Rajoy es peor que Zapatero. No, nada más lejos de la realidad.
Zapatero es el todopoderoso que ha negado la crisis y ha prometido la salida del túnel en muchas ocasiones. Tantas como las veces que ha mentido al electorado. Es pues Zapatero el enemigo. Rajoy es un aspirante. Un mal aspirante.
Zapatero dijo: “Si tiene valentía y coraje, presente una moción de censura”. Rajoy respondió: “Es la primera vez que un presidente nos invita a una moción”. En esa pelea cuerpo a cuerpo, en ese abrazo mortal, Zapatero siempre gana a Rajoy. Y ya estamos cansados de ver la derrota. Porque es la victoria de Oriente contra Occidente. Lo contrario que en Maratón. Zapatero es Darío I. De Heródoto sólo debemos fiarnos un poco. Es muy hipérbole. Pero la historia nos dice que la gloria acompañó a Atenas y a las otras ciudades estado, incluida Esparta.No está en esta derecha política un Milcíades con sabiduría y coraje. Muchas cosas han cambiado desde que en el 490 a. C. unos pocos hombres vencieron al imperio más grande y atronador que la historia había conocido hasta ese instante.El PP es un ejército derrotado. No tiene un general que lo lidere. La izquierda puede seguir con su ambiciosa y calculada destrucción.
Lorenzo de Ara
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