Editado por Eduardo de Lácara
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........................................ Lorenzo de Ara




Comistrajo democrático

Llegó la encuesta del CIS y, ¡ala!, alegría en la sede, cabeza, cuerpo y alma de Alfredo P. Rubalcaba. Muchos mal pensados dicen que la preparó el candidato del socialismo siempre con la e de España en minúscula. ¡Ultraderechistas! El CIS tiene su credibilidad, su profesionalidad, sus gustos, sus debilidades, sus equivocaciones, y tiene que soportar también las mentiras de los españoles demócratas y tolerantes. Todas las encuestas son justas e injustas al mismo tiempo; verdaderas y falsas al mismo tiempo; creíbles y no creíbles a la par que limpias y corrompidas. Es lo que tiene vivir bajo el paraguas de la partitocracia hispánica.

Pero de repente salen otras dos encuestas y en dos periódicos de tirada nacional. La primera en El País. En el periódico socialdemócrata la diferencia del PP se mantiene en 14 puntos. ¡No me lo creo! Y lo que es más importante, la noticia no aparece reflejada en portada. O sea, que la esconden en una página interior para que los lectores, afines o no al socialismo zapaterista (como es mi caso) no estén el domingo paseando por plazas, playas, montes y calles semi desiertas, con la cifra muy metida en la cabezota.

La otra, esta vez en portada, queda impresa en La Razón. Y esta vez la cifra aumenta hasta los 16 puntos de margen a favor del partido de Mariano Rajoy.

Todo vuelve a la normalidad. Ya sacará El Mundo la suya, y ABC otra más, y los periódicos en Cataluña y las Vascongadas otras encuestas que deleitarán los oídos de esos partidillos con tantísimo encanto y poder en un sistema algo bipartidista pero ciertamente plegado a los intereses de los secesionistas.

Quedan cuatro meses por delante. Rubalcaba llegando con su coche a un acto. Mariano mandando que hablen los suyos y sin decir nada de nada, que es como ahora, al parecer, se ganan las elecciones. Rubalcaba metiendo dinero en un parquímetro. Rajoy ordenando que se reparta optimismo. Rubalcaba con barba, Mariano también con barba. Y, a veces, hasta el Rey, y hasta el príncipe también con barba. El día menos pensado sale de Cuba el bueno de Castro para darnos lecciones de cómo se ganan elecciones de verdad en una democracia de verdad: me refiero a la democracia española, claro, ¿verdad?


Rubalcaba es la máquina perfecta de una imperfecta democracia

Rubalcaba, sin hacer nada (todavía) recorta la distancia. Devora los kilómetros (años luz) que separaban a los socialdemócratas españoles (15 M incluido) de los peperos marianistas. Así lo proclama pontificalmente el Centro de Investigaciones Sociológicas.

Pero las encuestas privadas, todas, incluso las que se elaboran para medios de comunicación afines al barbita sabelotodo, indican que la gaviota vuelta alto, muy alto, y el PSOe se arrastra, respira y todavía vive, pero en la más oscura y quejumbrosa catacumba.

No lo duden, Rubalcaba se crece. Y no solo aumenta y coge kilos el ánimo, la musculatura de Ferraz.  Crece en centímetros todo el cuerpo. Estamos ante una erección electoral por todos los poros de su piel. Ya es un cíclope. También un cíclope. Un solo ojo que todo lo ve. Un ojo que todo lo verá, y por eso al comienzo de esta reflexión dejo claro que aún no ha empezado a hacer nada para ganar las futuras elecciones. No ha movido un dedo. No ha parpadeado. Ni siquiera se ha entretenido enterrando el cadáver político de José Luis Rodríguez Zapatero.

Rubalcaba es la máquina perfecta de una imperfecta democracia.

El PP no es nada. Tiene un poder autonómico que no sirve para acojonar a los socialistas en retirada hasta ayer, y hoy pavoneándose en telediarios y en una España llena de esquinas.

El CIS habló clarito. Y la derecha se solivianta diciendo que está al servicio del Gobierno de ZP (Rubalcaba). El CIS es otra máquina perfecta de un sistema corrupto y atrofiado.

Siete, nada más que siete puntos de diferencia entre un partido conservador acomodado y un socialismo que, al igual que la bestia con el número fatídico sellado en la cabeza, se hace pasar por bienhechora, pero en realidad muerde, pisa, ¿fabrica encuestas? ¡Gana elecciones!


Ateos


Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, en el libro “Jesús de Nazaret, Desde la entrada a Jerusalén hasta la Resurrección", página 126, deja escrito: “Si la certeza de la fe se basara únicamente en una comprobación histórica y científica, sería continuamente revisable”.

Un centenar de personas querían manifestarse para declarar que Dios no existe. Querían, el Jueves Santo, enseñar al mundo que la religión (la católica) es una farsa, un cuento chino, un invento para que unos pocos vivan muy bien y mantengan aborregados a millones de seres humanos.

Ellos no creen en Dios. No necesitan a Dios para ser felices, listos, competitivos, modernos y socialmente avanzados. Querían insultar. Destronar. Pasar a la historia. Al final imperó la cordura. Los ateos se quedaron sin manifestación y el Jueves Santo se respetó.

El amigo granadino del que firma esta opinión una vez me confesó que era ateo. En la boda de su hermana me lo dijo. Muy bajito. A pocos metros del altar. Entonces le pregunté en qué creía. Me respondió que en Jesús. El Crucificado. Terminé la conversación diciéndole”. “En verdad te digo que no estás lejos del reino de los cielos”. Y se echó a reír.

Los ateos, los que no quieren protagonizar payasadas y convertir el país en una nueva trinchera, también se encuentran a la vera de Dios. ¿Por qué? Porque Dios no necesita de sermones, de plegarias. Dios quiere gente buena, personas transparentes, sencillas, humildes, laboriosas. Procesionar (palabra jodidamente artificial) no lleva los cielos, no sube a los altares. El ateo, (hablo de mi amigo), después de terminada la carrera de medicina, se empeñó en colaborar de manera activa con una de esas organizaciones no progubernamentales que echan un mano, y las dos, en ayudar a las personas del mundo más pobre. Dios está con él en esa labor.

La Constitución española consagra el derecho a la libertad religiosa: “Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la Ley”.
Ni que decir tiene que si esos ateos quieren manifestarse después de la Semana Santa, tienen perfecto derecho a hacerlo. El humilde escribano apoyará esa manifestación.

El mal está en que se ha puesto de moda, y se premia con votos, insultar al Dios de los cristianos. No al Dios de los otros. Machacar la cultura judeocristiana es lo que mola, ¿por qué?, a lo mejor porque el cristiano y el judío aceptan el juego democrático; a lo mejor porque es más sencillo y menos peligroso, mucho menos peligroso, subirse a la Cruz para escupir el rostro de Jesús.

No pensemos que los ateos que querían manifestarse el Jueves Santo se atreverían a hacerlo en un país árabe. No, ellos se manifiestan en un país libre, tolerante y democrático. Ah, me olvidaba, también con una mayoría de católicos, practicantes o no, pero católicos. No son valientes, esos ateos no son valientes, son cobardes.


Zapatero (ja,ja,ja)


Ni siquiera es un hombre tranquilo. Aunque aparentemente muchos piensen y creen a pies juntillas que sí lo es, el actual presidente de Gobierno es, por encima de todo, un hombre ligero. Y cuando digo que es un hombre ligero, bien se podría decir que es un hombre taciturno. Con él se ha vendido una gran mentira: el progreso social de España ha sido innegable. Pero la gran mentira se ha hecho añicos con una crisis económica que obligó a hacer algo que todo mediocre político teme: trabajar. El PSOE es un partido que odia el trabajo. Por eso mantiene lo de obrero. Y Zapatero se ha cansado de trabajar. Para eso no llegó a la Moncloa. Para eso no se ganan dos elecciones consecutivas. Para trabajar está Mariano (que tampoco lo hace), y para trabajar están los españoles que votan graciosamente, pero que ya no trabajan porque el paro es el último engendro ideológico que ha fabricado la maquinaria socialista.

Cuando Zapatero anuncia apostólicamente que no volverá a ser candidato, en España no pasa nada. No tiene por qué pasar nada. Es más, la caída en el fracaso colectivo sigue igual. Son los acomodados socialistas de cuello blanco los que se ponen algo nerviosos. De repente nace el sigilo. La mirada traviesa, investigadora, escudriñadora de almas atormentadas.

Me alegro de la decisión tomada (impuesta) por Zapatero. Ahora los periodistas tiene con qué entretenerse. Rubalcaba o Chacón. Rubalcaba, Chacón o Blanco. Rubalcaba, Chacón, Blanco o cualquier barón. Rubalcaba, Chacón, Blanco, barones o un nuevo jinete salido de las alcantarillas (muy apropiado). O del propio Congreso (por lo de la hípica)

Y mientras tanto Rajoy esperando que amanezca. Que cante el gallo. Ordenando el silencio en un partido ávido de victorias. Sin uñas. Y menos democrático, según las reglas del juego limpio en Ferraz. Para ponerse a temblar.


La Guerra de un dios menor


Somos un pueblo atormentado. Y no recientemente. Nuestra historia está jalonada de episodios dantescos. Hemos conseguido asombrar al mundo con hazañas irrepetibles. Hemos sigo descubridores, conquistadores, artistas, santos, pensadores, poetas, pero también se nos ha reconocido como embaucadores, asesinos, zarrapastrosos, inquisidores, dogmáticos, envidiosos. No todos los pueblos tienen una historia que contar. Nosotros sí. Y nos debemos sentir orgullosos de ella.

En el presente, sin embargo, enseñamos lo peor y más novedoso de nuestra manera de ser. La desnudez descubre un alma dubitativa. Carecemos de certezas. Todo, incluso nuestra propia existencia corpórea o terrenal la ponemos en cuestión.  Nos complace adelgazar hasta casi el infinito la superficie de lo que se presenta como real. Y en un desperdicio apocalíptico de vida, terminamos siempre en un intrincado laberinto.

Llegó la hora de volver a estar junto a otras naciones en una encomienda militar. Hay que salvaguardar los derechos humanos. Cumplir con una resolución de las Naciones Unidas. Sí, esa institución obsoleta y caduca que hasta hace poco tiempo se vanagloriaba de tener al coronel Gadafi como un defensor de los derechos humanos.

El quid de la cuestión no está en sí debemos figurar entre las naciones que emprenderán una nueva cruzada. La zozobra surge cuando esos mismos personajillos que un segundo antes se subían a los altares del pacifismo de salón, son ahora los que enarbolan la bandera militarista, los que se desgañitan con soflamas belicistas y arremeten contra el sátrapa enseñando los dientes y armándose con lo más moderno de su arsenal. Hay aviones, barcos, bases, soldados, todo lo que resulte óptimo y crucial para terminar de una vez por todas con el pie de un tirano, con la sombra de un demente.

La memoria de este pueblo atribulado es menesterosa. Aunque la letra impresa se venda en los kioscos para un escaso número de lectores, y en la ventana digital se acumulen las reflexiones más sensatas con las más oportunistas, baratas y tragicómicas, el paseante olvida, o si se prefiere, arrincona la verdad. Porque hay verdad para el análisis de lo que hoy se presenta como opción más útil y decente.

Nuestro presidente, nuestro Gobierno, el partido que lo apoya, los votos que lo llevaron en volandas al poder, todo ese artilugio progresista se ha hecho añicos. En lo económico y también en lo moral. Se ha corrompido. No le queda más verdad que la del hombre postrado ante los hechos. El pacifista dice sí a la guerra. Los pancarteros se mantienen tranquilos en la guarida. No hay un no a la guerra que llevarse a la boca. Esta vez es legítimo el uso de la fuerza. Aunque llegue tarde, sin demasiada convicción.

José Luis Rodríguez Zapatero esperó a la llegada del secretario general de la ONU para anunciar una aportación importante de España en el nuevo frente. Y exigió, con esa cara de estadista a las puertas de su primera guerra, que el enemigo debía parar los bombardeos y declarar el alto el fuego. Pero el régimen, hasta un segundo antes aliado y banquero fiable en la Europa estrafalaria, ya había dado la orden de parar el aniquilamiento del pueblo.

Una vez más la izquierda llega tarde. Pero lo hace instalada cómodamente en el poder. Porque el poder, con el PSOE en la Moncloa o en Ferraz, siempre ha estado cercano a esa izquierda que despliega encanto, futuro, pacifismo, ecologismo, laicismo, relativismo, en resumen: nueva dictadura.

El pueblo atormentado se acomoda en el sofá para ver una tele imperial. Del circo romano a la multiplicación de canales digitales. El aparato regala imágenes, matanzas, amenazas, miedos, y también el mensaje diáfano, directo y certero del líder. ¿Qué ha cambiado? Se dirá que mucho, que todo. Que es la democracia, que es el resultado del sistema de libertades. Pero si esto no es matrix, que no lo es, lo que sí se podría concluir es que esta nueva  realidad es el deseo del poderoso. Nunca el anhelo del paseante. Por ello la guerra en ciernes es un episodio más de la rutina cíclica. Lampedusa en estado puro.

Un cambio para que nada cambie. Un pueblo ya convertido en estatua de sal que sueña con movimientos, rotaciones, futuro, ignorante de su estancamiento, preso de su atormentado decaimiento.


Llevamos la pobreza en el alma


En un país de fracasados (porque lo somos) Merkel no se sentirá a gusto. Por ese motivo estará un par de horas. Las suficientes para comprobar que arde el sur de Europa.

La fracasada Merkel (cariñosamente tildada así por nuestro sabio y trabajador presidente) traerá en su maleta un montón de papeles, y a lo mejor dinero. Salvación repentina para que no nos rescaten. La alemana (aliada) nos ha puesto firmes, y nos quiere pobres, y quiere lo mejor de este páramo. Está en su derecho.

A veces pienso que todo comenzó a romperse cuando ZP se agigantó. Recuerden las afirmaciones de un todopoderoso dirigente que ponía a su país por encima de otras potencias. Pero la realidad es bien distinta. Llevamos la pobreza en el alma.

Y para que Merkel se entere de que obedecemos, el presidente se saca otra foto. Otra más. Pero el paro no deja de crecer. Generaciones perdidas y calles atestadas de familias sin ingresos. Si Alemania se lleva cerebros, Francia se lleva camareros. Disney también se solidariza.

Y no quiero olvidarme de Salgado. La vicepresidenta de eso que todavía llaman economía. Tragedia. En una radio concluye que marcharse a Alemania es una opción para los jóvenes cualificados. Y yo me pregunto por qué no se marcha ella. A Groenlandia. Es otra opción. Egipto, Marruecos, Libia, Túnez, Siria, Jordania, Yemen, Argelia. Son opciones que ofrezco a todos los ministros. Y para Zapatero, menos Alemania, cualquier país emergente. ¿Corea del Norte?


Fracaso

Alemania quiere llevarse lo mejor de nosotros. Trabajo y más trabajo. Pagar menos y seguir creciendo en competitividad. Nada de vagos. Los españoles que no valen para nada se pueden quedar en el reino de Zapatero y sus aliados los nacionalistas. Así nunca saldremos del hoyo. Del abismo oscuro y frío en el que nos encontramos condenados por culpa de una política corrupta y deprimente.

La economía española está como está porque Zapatero así lo ha querido, pero también el PP. Nosotros, y no el mundo, somos los únicos responsables de nuestra anunciada muerte. Que nos entierren será lo mejor. O que nos intervengan. Que los poderosos con las carteras llenas terminen por meter sus manos frías y grandes en las almas de los españolitos sin presente, sin futuro, sin educación.

Porque el fracaso en educación es la constatación de nuestro fracaso como pueblo. A la pobreza económica hay que unir nuestra debilidad intelectual. Somos un pueblo con aulas mediocres. Un pueblo arruinado porque en el pupitre no aprendimos nada. El fracaso educativo nos envía al ostracismo. Así que Alemania se lleva lo mejor que tenemos. Y esos hombres y mujeres notables (jóvenes preferentemente) ni se lo piensan. El páramo es inhóspito.

Que más del 30 por ciento de los jóvenes abandonen el colegio antes de completar la educción obligatoria sirve para confirmar una cosa: también incumplimos objetivos de la UE en educación. Y luego están los inmigrantes, con un 45 por ciento de abandono. ¿Reformar? ¿Y no será mejor cerrar?

Estos son los hechos que hablan de un pueblo atrasado, engreído, con ganas enfermizas de ganar dinero sin pasar por el aula. Las universidades españolas no aparecen en el mapa civilizado. Lo que sorprende es que todavía abran las puertas.

Al fracaso económico, político y territorial, hay que sumar y poner en primer lugar el fracaso escolar. ¡Esto apesta!



El paro y la nada


Parados españoles se queman a lo bonzo. Demagogia. Ensoñaciones de personajillos que anhelan el caos para echar del poder a los socialistas manirrotos. Revueltas en todo el país. O lo que queda de un país otrora llamado España. El paro confirma la defunción del orden social. Y vuelve la demagogia.

Las cifras del desempleo en España ponen los pelos de punta. Es el más alto de la historia. Familias enteras, mogollón, sin trabajo y sin ingresos. El Gobierno tiembla. Ya no. El Gobierno, (¿qué Gobierno?), las ve venir. Espera, manipula (tiene los medios) y desaconseja calentones. 18 millones de españoles todavía tienen trabajo. Angustiados, en el desfiladero, sin vejez calentita. ¡El viejo español del siglo XXI se muere de asco, de hambre, de pena! Por ese orden.

Y mientras tanto, a pocos meses de una campaña electoral, los partidos políticos erre que erre. Destilan vaciedad, oscurantismo, dictadura, miseria intelectual. Se atacan, se muerden, se espían. La náusea crece igual que las cifras de ese paro que nos embrutece.

El PSOe ha destruido todo el empleo creado desde la victoria de la rosa (marchita) en 2004. ¿Se acuerdan? Había dinero, éramos ricos. Octava economía global. ¿Recuerdan las palabras de Zapatero? Italia superada, pronto alcanzaremos a Francia. Merkel es una fracasada. ¿Me equivoco?
Las calles españolas siguen vivas. Tiendas abiertas. Autobuses, trenes, aeropuertos, puertos, la Moncloa en con esa sonrisa orwelliana. ¿Paz social? El paro es un invento de la derechona. A lo mejor se oye y pasa a ser verdad totémica en la jornada de reflexión de las elecciones del 22 de mayo.


Ya era hora

¿Ahora? ¿Y desde cuando gozan los diputados de esos privilegios? Porque está muy bien que don Mariano Rajoy anuncie en Sevilla que su partido se pondrá a trabajar para poner el punto y final a tanto atropello. Está muy bien y en la calle se recibe con alegría. ¡Ya era hora! Esos privilegios son un insulto. Un insulto diario. Una patada de sus señorías en el culo del depauperado pueblo español que aguanta y aguanta como puta mal pagada. Son muchos los años que llevan los diputados disfrutando de esos privilegios. Nuestra democracia, hoy empobrecida y esquilmada, obliga a los líderes políticos a tomar decisiones para ellos muy dolorosas. Pero en la calle se vive peor, mucho peor. En la calle se vive con nada. Sin presente, sin futuro, en un permanente abismo que cada día que pasa es más profundo, más negro y más gélido.

Y luego están los jodidos pinganillos del Senado. Un insulto y una tomadura de pelo. Ellos se entienden a la perfección en español, pero lo bueno, lo gracioso, lo moderno y, por supuesto, lo más democrático, es hablar con traductores. Dejar arrinconado el español porque esa lengua oficial es heredera del peor franquismo, de la España rancia, subdesarrollada y centralista. Y venga a pagar dinero. Ahí van euros y más euros. Hasta un total de 350 mil.

Ellos se hacen llamar servidores públicos. Se venden como servidores del pueblo español. Pero se mueven en coches oficiales, emplean los mejores móviles, contratan asesores, secretarias, alquilan maravillosas habitaciones en hoteles de lujo, viajan en primera clase. Y todo eso en nombre del puteado pueblo español.

Algo marcha muy mal en esta democracia de medio pelo. La culpa no la tiene el pueblo de la calle sin trabajo, apenas sin dinero. El mal radica en esa casta política, desprovista de humildad. Y como siempre nos obligan a decir que no son todos así. Pues eso. Termino diciendo que no son todos así. ¿Se quedan más tranquilos? Yo no.


Bajito, por favor


Mejor bajito, sí, es mejor así. Gracias. Bajito el insulto repetitivo hace menos daño, se encaja mejor, hace historia. El puño americano hay que dejarlo para el Gladiador de Ridley Scott. Por aquí se hace cultura de la palabra. Barata, pobre, engreída y gusanera, pero palabra al fin y al cabo. Lo que no debe ponerse de moda es el golpe. Que ya sabemos cómo nos la gastamos en este páramo democrático cuando cerramos la boca y cogemos el garrote. Goya nos fotografió con un pincel antropofágico.

La izquierda urbanita lleva mucho tiempo acusando a la derecha de ser siempre una representación enferma del franquismo. Bajito el calificativo se cuela en los titulares de la prensa libre (todavía libre, sin mordaza). Para la izquierda, usted, yo, el que viene, el que fue, el que nunca fue nada, el que no existió, siempre seremos franquistas, ultraderechistas, antidemocráticos, misóginos, xenófobos, violentos, jamás inocentes. Pero bajito, la izquierda lo decía bajito desde 1978. De vez en cuando se ponía algo nerviosa. ¿Recuerdan la jornada de reflexión previa a la derrota del PP después de las bombas en los trenes de Madrid?

En Murcia se agredió a un consejero de Cultura. Claro que de derechas. Pobrecito. Todos con él. Hasta Rubalcaba, pero dejando claro que el PSOe nada de nada. Normal. Nada de nada. ¿Y la izquierda? Porque el PSOE con la bendita crisis dejó de ser de izquierdas. ¿No existe la ultraizquierda? ¿La guerra la hizo Franco con milicianos, only?

Ah, incluso bajito las boberías y las mentiras hacen menos daño, ¿verdad? Pues eso.


Haití, ¿y qué?

¿Usted cuando oye hablar de Haití qué hace? ¿Verdad que hay otras calamidades de las que preocuparse? A usted, sapientísimo lector, seguro que le quitan el sueño otras tragedias. A ver, pongamos un ejemplo. La buena salud de Belén Esteban. La sonrisa o el modelito que lleva Letizia. El politono del Rey. Las ojeras de Zapatero y esa barba de Rajoy que no cuaja del todo. Usted de Haití oye hablar en la tele, un poco en la radio, y los pocos españoles que todavía leen, no dedican mucho más tiempo a los análisis y noticias fechadas en esa maldita isla.

Pero en Haití poco o nada ha cambiado desde que tembló la tierra. ¿Se acuerdan? Más de 200 mil personas murieron. La capital, Puerto Príncipe, y con ella la totalidad del territorio haitiano, se desmoronó por completo. La ayuda internacional existe pero es insuficiente, y lo prometido no llega. Una vez más el fracaso es colectivo.

El mundo rico -¿por qué hay tantos mundos?- aprovechó la tragedia de Haití para entretenerse. Las televisiones abrían sus informativos cargadas de imágenes para animar las comidas. El hombre acomodado y acosado por la crisis a veces mira hacia otro lado. Ignora. Y así vive más tranquilo, con su tragedia personal siempre en primer plano.

Haití nos pilla muy lejos. En España hay miseria, hambre, paro, pillaje, delincuencia, políticos y empresarios corruptos. No todos. La España del presente, aunque instalada en el primer mundo, es un país cansado, débil, enfermo y mendicante.

Pero Haití es otra cosa. Cuando le hablen del infierno, usted diga que sabe de su existencia. Haití es el infierno. Nuestro infierno. Y tenemos miedo. No queremos saber nada de ese infierno tan cercano, tan lejano.

Un año hace que Haití reventó. Un año hace que la tierra en el país más pobre de Occidente se tragó las almas de más de 200 mil personas. Y en el primer mundo no pasó nada. Llegó la crisis más grave de los últimos 70 años, y todavía seguimos en el primer mundo, protegidos por Europa, por China, por Estados Unidos, por esos países emergentes que ya sueñan con sentarse con los más poderosos. Nuestra crisis se puede curar. Pero Haití se muere. ¿Y qué?


Otra tomadura de pelo


No es el final de ETA. Es una nueva trampa. Punto. Esos soldaditos de la ficticia patria vasca no saben hacer otra cosa. Matar y engañar. Punto. Y lo mejor que podemos hacer es no fiarnos de esos tramposos, de esos vulgares asesinos en nombre del pueblo vasco.

El alto el fuego no es más que otra tomadura de pelo. Lo que queremos, lo que exigimos es que se rindan. Que entreguen las armas. Que pidan perdón. Ya nos encargaremos nosotros de hacer que la serpiente se arrastre hacia el abismo.

Los demócratas no debemos perder el tiempo en analizar comunicados de ETA. Lo que tenemos que hacer es seguir con la política antiterrorista. Unidos. Sin caer en la absurda tentación de que con los etarras se puede hablar. No se puede hablar con los que han matado. No se puede negociar con los secuestradores. Ni una palabra con los que colocan bombas y se ríen cuando enterramos a inocentes.

El alto el fuego de ETA es una tomadura de pelo. Y si nuestros políticos se arrodillan ante la serpiente etarra, allá ellos con su sucia conciencia. Nosotros, el pueblo español que no olvida, sólo queremos la rendición de ETA. ¡No debemos ser magnánimos!


La cara de Cascos
 

Me gusta la cara de Cascos para la España de Zapatero. La España del paro. También la España pobre, endeudada, marginada y desprovista de personalidad.

Esa cara de Cascos es la que mejor refleja el estado actual de las cosas. Somos pobres, estamos hartos, nos ningunean los pocos amigos que creíamos tener, estamos solos y nos traicionan.
Muchos son los que aseguran que merecemos lo que nos pasa. Cascos es la cara de los cuatro millones y medios de parados. La cara de Cascos es la cara de miles de familias que  no tienen para llegar a fin de mes. Es la cara de un Gobierno que nos envía a la puta calle. También la cara de una oposición genuflexa y estéril.

Pero el PP no quiere cara de perdedor a su lado. Mariano está convencido de que su cara es la más bonita. La cara de Rajoy no admite otras caras. En el PP se fabrica una dictadura de partido que algunos venden como la mejor herramienta para afianzar la democracia en España.

Y lo más sorprendente es que en esta tierra de parados, pobres y terroristas a los que se les perdona la vida por no seguir matando, la gente, también la gentuza, acude a votar convencida de que en las urnas está la respuesta.

Cascos habla hoy de su pequeño país: Asturias. Cuando el hombre era poderoso, había un solo país: España. Aznar era el presidente de todos los españoles. Cascos era un vicepresidente todopoderoso. Una especie de alumno aventajado de Alfonso Guerra en el PSOE de las mayorías absolutas cargantes y arrolladoras. El Cascos de la rueda de prensa se presenta como el defensor de Asturias. Su país. Uno más.

España es hoy nada más que eso. Un pueblo sin rumbo. España se ha convertido en un destartalado circo, viejo, aburrido y condenado a cerrar las puertas porque da pena, mucha pena. Se muere de asco, carece de recursos propios para salir del sumidero y, cuando no hay noticias, se recurre a la cara de un perdedor para acaparar portadas.

En el exterior nos observan con desagrado, con irritación. En la cara de Cascos ven la cara de todos esos políticos que nos han llevado a la ruina. Pero también ven nuestra cara. La cara del español derrotado. Álvarez-Cascos. Usted, yo.


Hablando de la Red (hablando de libertad, dicen)

La Red lo llena todo. El escritor se acomoda en ella. Lo mejor posible. ¿Escritor? Mejor autor. Échate un pedo y que paguen por ver. ¿Por oler?

Dicen los sabios que la Red es libertad total. Ay, las dudas. A mí plin, yo sigo sin dormir ocho horas seguidas sobre cualquier colchón.

Lo único que podemos hacer los mortales arruinados y con tarifa de la luz a la europea, es leer en los periódicos que muchos escritores -autores- están mosqueados con la piratería. Y los piratas, gente (gentuza) que pasea por las ciudades modernas y democráticas (jajaja) rechazan tener que meter la mano en el bolsillo para costear caprichitos intelectuales a otros hermanos. ¿Qué piensa el Gran Hermano de todo esto?

Lo que sorprende es que se pague por escribir. Que Vargas sea millonario, pero no lo consiga el albañil, el barrendero, el sepulturero, el pescador, el minero, el camionero.

Lo que sorprende es que la calle acuse al político de llevárselo crudo, y esa misma calle, a veces asfaltada y a veces llena de polvo (del malo), agite banderas y enseñe los dientes ante la pretensión de que se pague por usar la Red.

En una emisora de radio asquerosa un loco de mierda pretendía que los escritores tuvieran un sueldo como cualquier hijo de esquina. O sea, atención: que el Estado pague el sueldo, pero que luego el autor de los cojonees no cobre nada por derechos y otras cosas. Así se consigue el amén total. Se elimina el purgatorio, el infierno, la lucha con el Ángel. Mierda. Me suena
La izquierda en España, la que siempre manda y juega a gobernarnos, pontifica que el autor también tiene derecho a comer, beber, vivir. Mierda. Me suena.

Ahora que tanto se inventa, ahora que tanto se sabe, seguro que algún sabio descubre una pastilla que, amén de adelgazar, también hace comestibles los libros, los discos duros, los musicales, las obras de teatro, la ópera, la poesía (aunque los poemas nacen para morir de hambre, y está bien así). Todos comiendo en igualdad.

Hola creador, hola lector. Hoy me comí el juntacadáveres de Onetti. Yo me estoy comiendo mi último libro, aún sin título y sin editor. Buen apetito.



Mejor cerrar, ¿no?


Las dos siglas de la reconciliación (jajaja) enseguida dijeron sí. El discurso del rey (con minúscula, coño) era la prolongación de la opinión de los motores de esos dos partidos. La voz del monarca se oyó fuerte, demostrando que la jubilación, en apariencia, queda lejos. Como lejos está la llegada de Rajoy a La Moncloa, y lejos, aún más lejos, la salida de esa casita de un Zapatero adalid de los neoliberales.

La Navidad convierte la mentira en un regalo. Mentir bajo los copos de nieve nos hace más guapos. Mejores. España necesita de un político que sepa mentir. Zapatero miente muy mal. Rajoy no sabe mentir, y eso en política es un certificado de fracaso personal y colectivo. Pobrecito. La izquierda es en sí misma una sucesión de mentiras. La derecha no existe. Seamos claros: ni siquiera está enterrada en el Valle de los Caídos. Solo la monarquía es capaz de aguantar con rigor y buena cara. Mentir es hereditario, se lleva en la sangre.

Después de las palabritas, a los pocos minutos salió una socialista careando que esas palabras son las suyas, las nuestras, la de todos nosotros. Futuros votantes, ojito. Y careando también apareció el vocero de Génova repitiendo que sí, que sí, que ellos ya lo venían diciendo desde el primer amanecer. Profetas.

La crisis económica y no sé cuantas cosas más, hace que duelan los huevos. Andamos encorvados. Salivando palabras al suelo. Los ojos aburridos, las orejas sucias, la cabeza vacía (nada nuevo) y el alma en retirada. Y todas las mañanas comprando periódicos para acabar con las manos sucias, el cuerpo cansado, las caricias perdidas. Menos mal que cierra CNN+. En un país viciado, estos muertos no necesitan intersticios por donde respirar. Todo en minúscula, coño.


Big Bang constitucional


Otra oportunidad perdida. Como siempre. No importa que hoy gobierne Zapatero y con él su partidillo. Daría igual que lo hiciera Mariano y su centrista formación casi desideologizada.  En el páramo cabemos todos. Confortablemente quietos, sumisos, callados. Nace la luz para observar con nitidez una tiniebla que nos invade. Y en ella, zozobrando, el sistema se desvertebra hasta lo infinito.  La boca del depredador más cerca que nunca, para mentir, desvirtuar, maquillar; ganar al fin y al cabo sesiones plenarias y elecciones, hoy más alejadas que ayer, porque la alarma impide el voto libre o menos libre.

La sesión en el Congreso nos hunde más aún. Rubalcaba lo tiene todo bajo control. También el descontrol. Y en ese descontrol es donde la izquierda se crece. En el estado de alarma esa izquierda golpea, mima. La caricia de la izquierda siempre es un golpeo matemático, empírico. Rubalcaba amenaza (tiene que ser una amenaza) con marcharse ahora. Pero ahora no puede, porque la alarma hace que el imposible milagro se instale en los deseos de los hombres poderosos. A la fuerza, y con ganas, se quedan para dirigir la alarma. Un big bang constitucional.

La oposición habla como la bendita perdedora que se gusta en el banquillo de los acusados. Mariano es más brillante, más ágil y mucho más leído que el Bonaparte español. Zapatero no pretende ganar al eterno aspirante. Zapatero lo quiere ahí, moderado, pedaleando en el sofá del despacho. Brillante en la nada, estadista en la nada.

Las oportunidades pasan como lo segundos infinitos de los relojes que no se fueron con los muertos y siguen funcionando, tictac, tictac, en cuerpos extraños. Pero vivos.


De usted no hablan

Los españolitos de la calle quieren trabajo. Salir adelante. Respirar un poco, siquiera un poco. No molestar. Trabajar y ganar un sueldito de miseria. Nada más. El españolito de la calle no ambiciona grandes proyectos. Ya no pisa los bancos. Está pasando frío, mucho frío. Y se moja.

Pero oye hablar del rescate de Irlanda. También le apabullan sobre los zarpazos de los tigres asiáticos. Siguen erre que erre con lo de la pujanza de la economía brasileña. También se habla de un acuerdo histórico entre la OTAN y Rusia. Pero de él no hablan. Nada. De él se guarda un silencio sepulcral, Acomodaticio. En la despellejada calle, los fantasmas se vuelven agresivos.

La crisis ha dejado atrás al hombre. Ese españolito de a pie no existe cuando se habla de ella. Hay bancos, cajas, empresas, cifras y más cifras, pero nunca hay un hombre, una mujer. Personas no. Votantes, quizá sí.

Y solo cuando se piensa en votantes es cuando el político se mueve. Gesticula un poco y se pone a mentir. Sabiamente. Pero a mentir. Entonces el españolito de la calle cree que hablan de él, que se interesan por él. Incluso vislumbra una luz. Trabajo, sueldo (sueldito de miseria). Y no, no es así. El votante no es una persona, no es un españolito de la calle, es una papeleta con utilidad variable. Caduca pronto.

Esta crisis es muy sucia. Cuando usted recibe el primer palo, ya ha dejado de interesar. Y cuando la autoridad se cerciora de la gravedad de los mamporros recibidos, es cuando se lleva a cabo la retirada de un cuerpo extraño, molesto, inútil.

La crisis económica, también de personalidad, estará con nosotros durante muchos años. Se votará cada cierto tiempo para alegrar y mantener encendida la llama (gilipollez) de la democracia en la calle. Los poderosos nos han conducido a este infierno, y los pequeños, los parias de la escena, tienen prohibido alimentarse de sus propias pesadillas. Están autorizados a esperar un milagro, un nuevo y luminoso periodo de votación. Como si votar fuera la solución.


Periodistas perseguidos

Preocupa, y mucho, que las autoridades de Marruecos retiren la acreditación al corresponsal de ABC en Rabat. Es lo natural en un país que se encuentra muy lejos de la plenitud de los países democráticos. Los periodistas que ejercen su profesión bajo esas condiciones, son conscientes de que en cualquier momento padecerán la arbitrariedad, la violencia y la censura del poder. Hoy todos somos Luis de Vega, y hoy todos aparecemos heridos, violados, humillados y perseguidos.

Pero hay otra realidad que nos mortifica todavía más. Es la timorata actitud de nuestro Gobierno. La sumisión de Zapatero ante Marruecos resulta vomitiva. Ignoramos lo que se esconde detrás de esa cobarde política exterior.

Los periodistas no cuentan con el apoyo de su gobierno. Ojalá no pierdan nunca el apoyo de los verdaderos demócratas.


Ley de libertad religiosa

José Luis Rodríguez Zapatero se levantó el otro día con buen pie. O sea, que no puso el pie izquierdo en el suelo para seguir con su nefasta y errática gestión de gobierno. El inquilino de la casa con más poder de España (todavía España) anunció que por el momento se queda en la nevera la temida Ley de Libertad Religiosa. Temida por injusta e innecesaria. Ojalá no vuelva a ser utilizada como arma de destrucción masiva en lo que queda de Legislatura, aunque de José Luis Rodríguez Zapatero se puede esperar cualquier cosa, y siempre mala.

La reciente visita del Santo Padre a España ha escocido a la ruidosa y violenta minoría laicista. Zapatero no está para malabarismos. Es consciente de que los cinco millones de parados no van a permitir que se juegue con el plato de comida caliente que hoy ponen en la mesa la Iglesia y la familia, la otra institución que más ayuda.

El Presidente afirma que la paralización de la Ley se sustenta en la carencia de consenso social y político. Mentira. La Ley se queda en el congelador porque algún asesor le ha convencido de que ahora no conviene electoralmente; que la gente está más preocupada por el paro, por la crisis económica; y que esa misma gente, sensata y cuerda, agradece el papel que hoy desempeña la iglesia en la ayuda a los más necesitados.

Zapatero sigue en pie de guerra contra la Iglesia y los católicos. No quiere crucifijos, no quiere respeto ni cooperación. Si por él fuera, el nauseabundo “cordón sanitario” permanecería infranqueable y en plena vigencia. No nos dejemos engañar.


Zapatero recupera la tranquilidad


Una sonrisa puede llegar a ser destructiva. También fea, muy fea. Y la sonrisa de ZP es profundamente destructiva, sin dejar de ser también una sonrisa fea, robótica, desnaturalizada e insensible.

Esa sonrisa presidencial es un insulto diario que desde la Moncloa golpea, con virulencia y sin descanso al españolito de a pie, que ya casi no tiene calle y se ha quedado sin trabajo para lo que le queda de vida, jodida vida.

Una foto en un diario digital, obtenida en la celebración del último Consejo de Ministros, sirvió para dejar muy clarito que el poder actual pasa olímpicamente de los problemas que atenazan el presente de los españoles.

Pura y dura carcajada compartida por ZP y Rubalcaba. Sin recato. A tumba abierta se ríen los poderosos. Ellos se ríen y el pueblo se muere de asco, también de hambre.

Y en el ínterin aparece un Papa. Para zozobra de la izquierda radical que nos manda. Entonces va el presidente y se marcha a una guerra. Se pone un curioso y fotogénico chaleco antibalas. Queda muy guapo en la foto. Y otra vez sonríe. El tío prefiere el peligro de una bala furtiva, la inmolación de un fanático, cualquier cosa, antes que estrechar la mano del Santo Padre.

Las palabras de Benedicto XVI suenan a chino en la Moncloa. Apoyo a la familia, rechazo del aborto, verdadera acción social. Todo lo que dice el Santo Padre produce urticaria en ZP. Dolor de tripa, cefalea, cagalera. Nuestro presidente no quiere la Cruz de Cristo, prefiere rezar con Obama, o una mezquita en Turquía. Pero la Cruz no.

Y ahora que ya no está el Papa teólogo entre nosotros, vuelve la sonrisa de ZP. El poderoso vuelve a recuperar la tranquilidad, ya no necesita desplazarse en avión al fin del mundo. Está en casa, con lo de siempre: paro, terrorismo etarra, crisis económica, anticlericalismo, aborto, igualitarismo de revista y amistades peligrosas.

Esa sonrisa de ZP le acompañará hasta desaparecer de la política. El socialista ya tiene un sitio en nuestra historia. En ella están los grandes hombres, pero también los felones, los cobardes, los mentirosos, los asesinos, los tramposos y los malos políticos, esos hombres que un día ganaron elecciones y se instalaron en el poder para desgracia de la democracia y abatimiento del pueblo.
En la historia de lo mejor del mundo estará Benedicto XVI, en nuestra historia de andar por casa, pobretona, miserable y radical, ZP tiene un sitio de honor. ¡Y siempre con esa sonrisa tan suya, tan nuestra!



El comunismo cubano y sus amigos

Creo que los europeos se han dado cuenta de que el gobierno español sigue enamorado de la dictadura comunista de Cuba. No de cualquier dictadura, porque si hablamos de una dictadura de derecha, ellos, los socialistas, son los primeros en salir para denunciar la presencia de una tiranía imperdonable. Los verdaderos demócratas estamos siempre enfrentados a las dictaduras de izquierda y de derecha.

Pero cuando se habla de comunismo, cuando de lo que se trata es de subir a los altares a los hermanos Castro, entonces la cosa cambia. En un santiamén, esos buenos chicos de la rosa marchita se convierten en adalides de la cárcel caribeña. Nos venden el progreso alcanzado, y nos ocultan –para eso disponen de muchas teles, radios, El País y Público- el infierno instalado después de 50 años de feroz y sanguinario totalitarismo.

En Europa no se dejan engañar. Trini viajó sin Moratinos para enseñar una bonita sonrisa, aunque en la vieja y acogedora Europa ya conocen lo que piensan esos chicos del subdesarrollado socialismo español.

Los demócratas de Bruselas tienen muy claro que el comunismo cubano mantiene intacta la amistad de una izquierda fondeada en el pasado. Y esa izquierda, para vergüenza nuestra, es la que hoy gana elecciones y se baña en la propaganda más arrogante y nauseabunda.

Millones de europeos vivieron bajo el yugo comunista durante muchos años. Murieron con la palabra libertad en la boca. Cuando el Muro se vino abajo, en el viejo continente se oyó un gran clamor. La libertad entraba en las vidas de personas que hasta entonces se arrastraban por las catacumbas, sin aire, sin libertad, controlados por el Gran Hermano.

Pero en España hay todavía siglas políticas y gobernantes que se sienten cercanos a un comunismo depredador. El PSOE trabaja para que Fidel y Raúl Castro pasen a la historia convertidos en buenos hombres. Y también se rompen el lomo para que la dictadura comunista cubana reciba el aplauso, la medalla y la bendición de Bruselas, amén del abrazo del hermano Zapatero, en el fondo, pero sin barba, tan a la izquierda como Fidel.


Lorenzo de Ara
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