Editado por Eduardo de Lácara
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..........................................Luis David Bernaldo de Quirós Arias..........................................



Andar a la gresca

En cierta ocasión, una “miembra” del PSOE decía que “es imposible que la religión y la democracia lleguen a conciliarse”. La verdad es que uno esperaba que esta afirmación incluyese a la religión mahometana que, como es sabido, rezuma  venganza, sangre y discriminación  por los cuatro costados, no admitiendo ningún tipo de idea democrática. Pero no, esta “miembra” sólo se refería “los representantes de la Iglesia Católica”, que hacía que “el Gobierno de España anden a la gresca desde hace meses . . .”

Me parece que lo primero que habría que hacer es analizar qué clase de democracia es la que tenemos en España en estos momentos, es decir, si efectivamente hay división de poderes, si hay principio de subsidiariedad por parte del Estado, si existe la igualdad de oportunidades, si realmente hay libertad de prensa, si hay justicia fiscal, si hay, también, verdadero respeto a los derechos de los españoles, si efectivamente se persigue el bien común, etc, etc. Nos tememos que esto no existe, con lo cual es fácil andar a la gresca no con la Iglesia Católica, sino con cualquier institución.
 
 La Iglesia Católica y la democracia no están reñidas. No hay más que repasar las encíclicas “Mater et Magistra” editada en 1.961 durante el pontificado de Juan XXIII; la “Pacem in Terris”, del mismo pontífice, año 1.963; o la “Populorum Progressio”, editada en setiembre de 1.964 durante el papado de PabloVI. Como dato curioso, comentar que en la “Populorum Progressio”, apartado o versículo 73, ya se habla del “Diálogo de civilizaciones”, y en el 69 habla de “Trabajadores emigrantes”.
 
Si leemos todo esto, se llega a la conclusión que la doctrina social católica es democrática y está en contra de las dos concepciones extremas: por un lado el individualismo, que permite dejar todo en manos del individuo sin que intervenga el Estado, y por otro  está en contra del totalitarismo, ya que este sistema considera al Estado como órgano facultativo para intervenir en todos los aspectos de la vida humana, considerando a la persona sólo como una pieza dentro del engranaje estatal, que sólo interesa por lo que aquélla consume o produce. Reconozcamos que no existen democracias en naciones que no hayan vivido, o no hayan tenido, una influencia de la cultura cristiana.
 
En una verdadera Democracia (con mayúscula), no se pueden ocultar manipulaciones, ni se puede actuar con máscaras, ni puede estar en manos de un grupo de privilegiados que la manejan a su antojo y beneficio. Este es el tipo de democracia que tenemos y es como para andar a la gresca.

Robert Shuman, uno de los “padres de Europa” junto con Konrad Adenauer, J. Monnet y De Gasperi,  fue un luxemburgués que desarrolló su vida y su carrera política en Francia. Fue miembro del Movimiento Republicano Francés en 1.947, siendo después ministro de justicia, ministro de finanzas y de asuntos exteriores y Presidente del Parlamento Europeo entre 1.958 y 1.960. Pues bien, este señor escribía:

“La democracia debe su existencia al cristianismo. Nació el día en que el hombre fue llamado a realizar en su vida temporal la dignidad de la persona humana, en su libertad individual, en el respeto de los derechos de cada cual y por la práctica del amor fraterno con respecto a todos. Nunca, antes de Cristo, estas ideas habían sido formuladas. La democracia está así unida al cristianismo doctrinalmente y cronológicamente. Tomó cuerpo con él por etapas, a través de largos titubeos, a veces al precio de errores y recaídas en la barbarie.” (...) “El cristianismo ha enseñado la igualdad de naturaleza de todos los hombres, hijos de un mismo Dios, rescatados por el mismo Cristo, sin distinción de raza, de color, de clase y de profesión. Ha hecho que se reconozca la dignidad del trabajo y la obligación de todos de someterse a él. Ha reconocido la primacía de los valores interiores, los únicos que ennoblecen al hombre.” (...) “Si encontramos rasgos profundos de la idea cristiana en la vida política contemporánea, el cristianismo no por ello está ni debe estar enfeudado en un régimen político, ni ser identificado con ninguna forma cualquiera de gobierno, aunque sea democrática. En este punto, igual que en otros, hay que distinguir el terreno del César y el de Dios. Estos dos poderes tienen cada uno responsabilidades propias. La Iglesia debe velar por el respeto de la ley natural y de las verdades reveladas. La tarea del hombre político responsable consiste en conciliar, en una síntesis a veces delicada pero necesaria, estos dos órdenes de consideración, el espiritual y el profano... No existe conflicto que no tenga solución entre los dos imperativos.”(...) “La teocracia desconoce el principio de la separación de los dos ámbitos. Endosa a la idea religiosa responsabilidades que no son suyas. Bajo ese régimen, las divergencias de orden político corren el riesgo de degenerar en fanatismo religioso” (...) “Desde el primer momento, Cristo estuvo en el extremo opuesto del fanatismo; aceptó ser su víctima más augusta. Esto significa que la civilización cristiana no debía ser el producto de una revolución violenta e inmediata, sino una transformación progresiva, bajo la acción de los grandes principios de caridad, de sacrificio y de humildad, que están en la base de la sociedad nueva.” (...) “La democracia no se improvisa; Europa ha tardado más de un milenio de cristianismo en darle forma (...)  Concluyo, con Bergson, que “La democracia será cristiana o no será democracia. Una democracia anticristiana será una caricatura que naufragará en la tiranía o en la anarquía.”


El barco se hunde

Los islamistas están de nuevo a la entrada de Europa… y ya no tenemos quien defienda y tome Granada. El único que podría defender Europa no quiere saber nada del asunto. Y nos estamos refiriendo a los EE.UU. que están hartos de escuchar y oír toda clase insultos, falsedades y descalificaciones por parte de sus “aliados” europeos. Porque, ¿cómo van a depositar esperanzas en estos “aliados”, como España, en donde no se condena a dictaduras comunistas y teocráticas, además de incumplir sus compromisos internacionales, que lo único que hacen es precisamente perjudicar a EE.UU.?

Fijémonos en un detalle: mientras el morisco desentierra el hacha de guerra cuando se ataca a su religión, caso de las viñetas de Mahoma, por ejemplo, en Europa, y concretamente en España, se ataca, se ridiculiza, se obstruye, se impide, etc., de forma ruin, miserable y canalla, toda actuación de la iglesia cristiana, concretamente de la católica.

Estos progresistas de salón, de puño en alto, de ceja morronga circunfleja, en el fondo odian la democracia, porque ésta pregona libertades y tolerancia, cosas que ellos no están dispuestos a soportar, por mucho talante y respeto que dicen que tienen.

También su odio al sistema liberal es notorio, pero no público. El pueblo soberano no se entra de nada. Fíjense cómo apoyan, con falsedades de todo tipo, a las teocracias islamistas más fanáticas y retrógradas. El turbante y el paraíso con “ríos de vino y leche y hermosas huríes”, les impresionan más que la Cruz y el Cielo. Prefieren a los ayatolás que a los obispos, a los que insultan grosera y cobardemente. Y decimos cobardemente porque ¿qué le hubiese pasado al Vate de Franco, entiéndase por Víctor Manuel, si en vez de llamar hijo de puta a Martínez Camino, portavoz de la Conferencia Episcopal, lo hubiese llamado a un ayatolá cualquiera? Pues sencillamente lo ahorcarían.

Si a todo esto unimos, hablando de España, en donde el gobierno promueve y alienta el separatismo; en donde al enemigo que está dentro no se le puede ofender ni tocar; en donde pasa uno al lado de una persona y no se sabe si es hombre o mujer; en donde los delincuentes con grandes historiales delictivos a sus espaldas campan por sus respetos; en donde se liberan a terroristas que han matado a varias personas y se mete en la cárcel a alguien por matar un urogallo, etc, etc, pues eso, viendo todo lo anterior, nos da la sensación de que el barco se hunde.


El panel ideológico

Lo peor que puede sucederle a un país y a una sociedad es que para opinar sobre algo haya que mirar al panel a ver qué es lo que dice. Y si ese panel está controlado por el Gran Hermano con la correspondiente ideología que todo lo preña e invade, entonces surge el aborregamiento. Para eso están los corrales mediáticos, oiga, que son los que propagan la ideología única, la políticamente correcta, como si de un auténtico opio del pueblo se tratase. Y así surgen las “opiniones coincidentes”, como la de aquellos dos que coincidían en  que “Lenin había sido el personaje más importante del siglo XX”.

Desde hace algunos años, todas las medidas políticas, sociales, e incluso legislativas, se han hecho con criterios puramente ideológicos y, por tanto, sin la menor comprobación empírica. Así nos luce el pelo.

Aplicando el talante, que no deja de ser un talante ideológico carente de todo talento, se ha decidido lo que es justo, lo que es injusto, lo que es represivo, etc, etc, con un desconocimiento brutal de la realidad. Para ello se ha creado una urdimbre y un andamiaje perfectamente apuntalado y sostenido por todos los medios habidos y por haber más “ad hoc” al sistema. No importa que el asunto sea un auténtico tocomocho: con el fútbol, la telebasura y el catre de los “famosos”, tenemos suficiente.

Desde esta perspectiva ideológica, lo que se pretende es vendar los ojos al pueblo soberano. No cabe duda de que esto se está consiguiendo. Para eso están las noticias en primera plana y los telediarios.

Y cuando algunos enviamos artículos a la prensa denunciando esto y otras cosas, nos vetan y no lo publican: la calígine ideológica los obnubila, por mor de lo políticamente correcto, por muy independientes que digan que son. Las esquelas, los anuncios eróticos y otras cosas que nada tienen que ver con el periodismo, y sí con una tómbola, dan más dividendos.

En fin, cuando los tres poderes, cuando la universidad y la escuela, así como la prensa, tengan la honradez intelectual de no mirar para el panel, entonces, y sólo entonces, saldremos del estercolero en el que estamos metidos. Y es que la ideología es una brida, con orejera y anteojera incluidas, que lo único que hace es conducir al “pueblo soberano” a grandes y graves errores.


A la deriva

El mundo está cambiando demasiado rápidamente. Y este cambio se nota en que las cosas ya no tienen el sentido de hace poco. La cosa parece lógica, pero el asunto es grave: este cambio se debe, principalmente, a la corrupción de las ideas. Nos explicamos. Ahora todo el mundo asegura ser socialista. Conocemos personas que en otros tiempos eran fanáticos defensores de otro régimen, y ahora dicen “¡Yo, socialista de toda la vida!”, o también, “Yo siempre pensé en socialista”. Habrá que preguntarles  que quién es “socialista”.

Pero, no nos salgamos del tema: estos que se dicen ahora socialistas, lo son porque les han metido por la cabeza cuatro cosas expuestas simplificada y resumidamente, con los correspondientes tópicos típicos elevado, todo ello, a la categoría de dogma intocable e inmutable. Estas personas, sin darse cuenta, han caído en un idiotismo moral sin precedentes, que les hace salir a la palestra como si estuviesen en una selva. Lo único que hacen es sembrar el caos y la guerra de todos contra todos.

Además, todo esto lo hacen dando la espalda a la voluntad de muchas personas que buscan incesantemente el bienestar colectivo a base de amor al prójimo, de honestidad, de honradez, de trabajo responsable bien hecho, etc, etc. Claro que para estos nuevos “sociatas” estos conceptos son de “tiempos pasados”. Así nos luce el pelo.

También hay otros conceptos que han sido pisoteados brutalmente: derechos laborales, igualdad ante la ley, derechos políticos sin ningún tipo de limitación, etc. Y han sido pisoteados por una cosa muy sencilla: por la vergonzosa renuncia y repliegue de la razón, ante los intereses de partido. Esto nos conducirá hacia una dictadura implacable desprovista de todo contenido humano, ético, moral, sin alma, sin conciencia, sin principios. . .

En fin, mientras la luz de la verdad no ilumine los turbios cerebros de estos sociatas de nuevo cuño, y de los que los pastorean, estaremos a la deriva.


Luis David Bernaldo de Quirós Arias
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