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............................................Javier Montilla Arturo Manos Tijeras Hay que ver lo rápido que se le ha caído la máscara al otrora Rey Arturo. Bien es sabido que los paladines de la causa nacionalista tienden a creerse mitos vivientes, por lo que si además alguien los equipara con el legendario rey Arturo, es seguro que acabarán creyéndose que pueden ser el rey Arturo, que tal vez tuviera sangre catalana y que, a la sazón, Cataluña es Camelot. Y, por ende, que Camelot es suya. Y que todos tienen que pensar como el rey piensa, que para eso es el rey. Y pobre de aquél que viva en la disidencia ideológica y crea que se trata de un reino ficticio. La de improperios que recibirá aquél que ose decir que se trata de un reino que se han dedicado a construir a base de olvidarse de los ciudadanos, con una buena dosis de propaganda y demagogia. Sin embargo, como en cualquier reino, siempre hay muchos súbditos y lacayos rindiendo pleitesía al monarca so pena de recibir sustanciosas prebendas si cumplen con la lengua del imperio y la misión evangelizadora cuya misión ha sido encomendada. Por tanto, lo habitual es seguir la corriente y hacer editoriales conjuntos con el fin de ser ungidos con el sello de amor a la patria. Pero ahora, como una mala plaga bíblica, el Rey Arturo se trasviste en una mala réplica de Johnny Depp y pretende convertirse en Arturo Manos tijeras. Así que, llevado por la euforia fervorosa deja de un lado el Medievo para convertirse en una suerte de Pinocho, desertar del proyecto de Frankestein, soñando ser aixeneta, y convertirse en la nueva criatura Burton. Qué lejos ha quedado ese largo peregrinar en el que muchos creían que Arturo iba a encontrar la copa del Santo Grial, esa que, según decían, regenera cuerpos y almas. Ahora su Camelot –léase la Cataluña virtual- se está viniendo abajo. Y que mejor manera de evitar que no se resquebraje que utilizar sus tijeras y amenazar con no pagar a las residencias concertadas de ancianos y discapacitados. Qué gesto de sensibilidad del Molt Honorable Rey Arturo. Y es que quizás piensa que al mismo tiempo que muchos ancianos se quedarían sin una residencia y abandonados a su suerte, resulta de vital importancia para la suerte de su reino subvencionar a la selección catalana de dardos con 1,2 millones de euros. O lo que es lo mismo, doscientos millones de las antiguas pesetas. Fantástico. Cada vez hay más miseria en Cataluña, pero haremos de la diana un deporte olímpico y con Cataluña de abanderada. Pero no sólo eso. No hay dinero para que las farmacias cobren sus honorarios, pero sí hay dinero para doblar veinticinco películas en catalán gracias a un acuerdo con los Majors norteamericanos. El mensaje está claro, el Rey Arturo no tiene inconveniente en cerrar quirófanos mientras destina más de un millón de euros a paliar esa manía que tienen los catalanes de ir a ver cine en castellano. Eso no se puede consentir, que para eso son los reyes del credo del pensamiento único nacionalista. No podemos controlar el ocio de los ciudadanos, pero les diremos que vayan a ver cine en catalán, cine que ya habremos pagado de antemano con nuestros impuestos, huelga decir. Sinceramente, no me sorprende nada. Un reino que se cree sus propias mentiras y piensa que enviando mensajes a sus súbditos de que el reino vecino les esquilma, que no les quiere y que hay que ir a las cruzadas –pacíficas está claro, que nosotros sólo criticamos a esa gente tan ufana y tan soberbia- piensa que todo le va a salir gratis. Que lo importante es construir la nación, lo demás no importa. A ese reino poco le importa que se cierren plantas enteras de hospitales, que los médicos vean sensiblemente reducidos sus salarios o que haya personas con más de un año de lista de espera. Todo eso son inmundicias. Lo que es trascendental para la vida de los catalanes es que el gobierno del Molt Honorable Rey Arturo destine treinta y cinco millones de euros a asuntos exteriores, que se inviertan veintidós de estos millones para acciones de cooperación al desarrollo, mientras en Cataluña se resquiebra el sistema. Lo más importante, por consiguiente, son las mamandurrias patrióticas y la imagen exterior. Y para ello es imprescindible mantener las seis embajadas y treinta y cinco oficinas comerciales en el exterior que nos cuestan a los catalanes trece millones de euros. Si es que algunos, que somos simples botiflers, no nos queremos enterar. La explicación no guarda lugar a la duda. No hay dinero para medicamentos y si uno se tiene que operar mejor que tenga paciencia y ponga Teledeporte (perdón, Esport 3, uno de los seis canales del Reino, costosísimos y ruinosos). Tal vez con un poco de suerte le deleitarán con un partido de la selección catalana de dardos. Pobres infelices que somos, que estamos todo el día quejándonos. Si este gobierno está marcando sin dobleces cuáles son sus prioridades. No hay dinero para la dignidad de los abuelos pero sí para que se hable catalán en Nueva Gales del Sur o en la provincia del Yucatán. Es algo vital para aquellos países y para nuestra supervivencia. Supongo que tendremos que mirar la parte positiva y no utilizar la retórica del victimismo, que hay que ver cómo nos gusta a los catalanes ser victimistas y vislumbrar el horizonte del próximo verano. Porque cuando llegue el buen tiempo, llevaremos a los abuelos y a las personas que sufren algún tipo de discapacidad con el suero a la calle, que eso de que estén en una residencia es un gasto costosísimo y no hace país. Y pensar que algunos querríamos proponer montar hospitales de campaña en las embajadas. Hay que ver lo que se nos ocurre a algunos. Así que, ya en la calle, y como solución, con un poco de suerte podrán ver alguna película en el cine de verano –en catalán por supuesto- Y será entonces cuando se les dé algún tipo de salida a estas cintas. En el ínterin, el Reino seguirá construyéndose y la salud de los ciudadanos empezará a depender de un hilo.Pero claro, qué malos catalanes somos aquellos que criticamos el despilfarro que suponen medidas liberticidas en materia de política lingüística y de las fantasmagóricas embajadas que sólo sirven para satisfacer los delirios identitarios del nacionalismo como medio de colocación de la patulea afín y demás pesebre. Pero no se confunda, Molt Honorable Rey Arturo. Ni usted se parece en nada a Johnny Depp, ni su guión lo firma Tim Burton. Porque Burton sería incapaz de escribir un guión en el cual se jugara a la xenofobia más repugnante afirmando que a los sevillanos no se les entiende cuando hablan en español. Eso lo dejan para ustedes, las criaturas del pujolismo. Su exégesis, en cambio, se resume en un ficticio reino en el que es mucho más importante construir su reinado –con lo republicanos que son ustedes - mientras expulsan a los más débiles, los dependientes y los ancianos. Por desgracia, este es el triste epitafio de una Cataluña que demuestra la miseria moral a la que han llegado sus dirigentes. Eso sí, con demasiados cómplices. Las Jennifers Hay que ver lo agitado que anda estos días Don Jordi Pujol -líder respetado de la Cataluña oficial- por hacer evidente que es posible el concúbito de las Jennifers con catalanes raciales. ¡Qué descubrimiento para nosotras las Jennifers catalanas! Aunque, eso sí, para que el cuento tenga un final feliz, siguiendo la doctrina Pujol, los hijos de las Jennifers deberían acabar hablando en catalán para integrarse. A imagen y semejanza de un locutor de una famosa radio fiel al gremio de los taxistas y a la doctrina pujolista y, por tanto, aceptado en la oficialidad. Todo so pena de no quedar fuera del pesebre. ¿Integrarse las Jennifers en la sociedad catalana? Según el líder espiritual del catalanismo ese es el camino. Y ya sabemos lo que le ocurre a aquellas ovejas, como es el caso de la Jennifer Caja –o sea Francisco- o Jennifer Rivera –dícese Albert- que se atreven en voz alta a discutir la inmersión lingüística en catalán y a que se cumpla la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Si no fuera porque la sangre mancha y da mala imagen, leitmotiv de la Barcelona de diseño, veríamos a las hordas entregadas a la causa de la lengua ejecutando públicamente a ambas Jennifers, en una concurrida plaza a ritmo de timbal bajo la acusación del famoso mantra de botifler. Pero hay que ser comprensivo con el bueno de Pujol. Como siente pesadumbre por esa gente que no ha accedido al edén de la sociedad catalana, quiere que se integren por caridad. Cristiana, por supuesto, que para eso son convergentes. ¡Cuánta amabilidad con nosotras, las Jennifers! Hijas de mujeres de la España que ellos llaman mesetaria y que llevamos apellidos que marcan nuestro origen y que delatan al enorme opresor español que emerge detrás. Pobrecitas, pues, nosotras, Jennifers García, Jímenez, Rodríguez o Montilla. ¡Qué desgracia! ¿verdad? A decir verdad, tendremos que pedir perdón por ser hijas de esas otras Jennifers, primitivamente llamadas Cármenes- que vinieron de las Españas y que osaron desplazarse al extrarradio de la sociedad catalana emigrando de esas tierras con gente con pañuelos en la cabeza y que velaba los cadáveres en las casas, allá por Extremadura o Andalucía. ¿Verdad, Sr. Pujol? Pero no se entusiasme. Algunas Jennifers preferimos vivir en la Cataluña real, la que no muestra el mayor interés por poner una barrera y prefiere convivir con naturalidad, que ser partícipes de su Cataluña virtual. No queremos hastiarle más de la cuenta ni, huelga decir, que no pretendemos parecernos a usted o al círculo social en el que se mueve. ¿Cree usted que nosotras, las Jennifers, nos gusta codearnos con gente que se dedica a expoliar el Palau de la Musica, asunto del cual no se ha vuelto a hablar en la televisión pública? ¿Usted cree, Don Jordi, que nos gustaría parecernos a su consorte, Doña Marta Ferrussola, la cual sufriría un sarpullido si el F.C.Barcelona hiciese promoción del turismo español o a la que le molestaba que Montilla fuese un andaluz con nombre en castellano? No se ilusione, porque no queremos. ¿Usted cree Don Jordi que envidiamos parecernos al apóstol primogénito contemporáneo del separatismo -doctrina con la que usted ahora coquetea- Don Heribert Barrera? Ni lo sueñe. Porque a nosotras, simples Jennifers, no se nos ocurriría decir jamás que los negros norteamericanos tienen un coeficiente intelectual inferior al de los blancos. Cosas de las Jennifers, que no sabemos ni que significa eso de ser racista. ¿Cree usted, Don Jordi, que nosotras, las Jennifers, que, lejos de presumir de honradez sí tenemos cierto pudor, íbamos a estar tranquilas moviéndonos en los círculos en los que usted se mueve y teniendo que esquivar a tanto corrupto, saqueador y cuatrero? ¿Cree usted, Don Jordi que nosotras, las Jennifers, que siempre hemos ido con la soga al cuello, económicamente hablando, íbamos a cobrar un 3% a los constructores a los que se concede obra pública? Cosas que oímos las Jennifers de vez en cuando en TV3. No osaríamos ni plantearlo. Sobre todo, porque algunas Jennifers somos tan analfabetas que esto de los chanchullos se lo dejamos a ustedes, los que, como es su caso, estudiaron en los buenos colegios a los que sólo podía acceder la burguesía catalana. Sin embargo, Don Jordi, lo que nos molesta severamente a las Jennifers, llámenos quisquillosas, es que mientras nosotras tenemos que llevar a nuestros hijos a la escuela pública, negándoles la posibilidad, al contrario que ustedes, de recibir como lengua vehicular el castellano, además del catalán, otros, como usted, han tenido medios económicos para matricular a sus hijos en un centro privado y tener el castellano como lengua vehicular. ¡Qué desgraciadas somos las Jennifers! Porque eso es lo que han hecho, por ejemplo, José Montilla en la escuela alemana con sus hijos o Mas en el colegio Aula, para garantizar que sus hijos recibieran una enseñanza de calidad y plurinlingüística. En cambio, a nosotras, simples Jennifers, nos dicen que no seamos excéntricas y que dejemos de perjudicar al niño si reclamamos mayor presencia del castellano. ¿O ha olvidado, Don Jordi, las declaraciones de la presidenta de Òmnium Cultural, a la que ustedes le conceden millonarias subvenciones, acusándonos de ser maltratadores? Malas madres que somos las Jennifers. Usted sabe que cerrando las puertas de una educación de calidad a tantas Jennifers, se asegura que no prosperen socialmente, porque usted ha vivido muy bien a costa de las Jennifers. ¿Por qué no tiene la valentía de confesar que lo que no quiere es que les quiten el puesto en su escala social? ¿No recuerda, tal vez, que gracias al esfuerzo de nosotras, las Jennifers del charneguismo, Cataluña fue otrora la locomotora económica de España? Lo sabe muy bien, pero eso no le es rentable mediática ni políticamente. Sus cachorros no se lo permitirían. No queremos molestarle más, Don Jordi. Las Jennifers estamos muy ocupadas en llegar a fin de mes, amén de estar perfectamente hablando catalán sin ninguna connotación política. Apolíticas que somos las Jennifers. Porque nosotras, simples Jennifers, amamos el catalán. No sólo porque es nuestra lengua, sino porque vibramos y nos emocionamos con Llach y Serrat. Pero, tal vez, nuestro máximo pecado sea amar también ese idioma de catetos que sólo hablan 500 millones de personas en el mundo. Y ese es el verdadero motivo para que no tengamos cabida en su maravilloso Olimpo. Siga usted con su vida en esa sociedad con gente tan distinguida y siempre a la última que luego participa de quiebras tan extrañas e impunes como el caso Banca Catalana. Eso sí, desfalcos con su corbata y su traje tan inmaculado. Y mientras tanto que el pueblo vaya descalzo, que nosotros luciremos zapatos. Marx o Sandino no lo hubieran dicho mejor. ¿Verdad, Don Jordi? Los fantasmas de la izquierda Resulta que Rubalcaba (alias P.) como un fiel reflejo de la derrota intelectual y moral de nuestra izquierda patria, amenaza a la banca con infligirles un severo correctivo y de subir los impuestos a los ricos. Nada nuevo. Es la vieja fórmula de Robin de Loxsley, mezclada con la tiranía más absoluta, de alguien que en un país normal estaría sentado en el banquillo de los acusados. Con todo, ya sabemos que los restos orgánicos de esta izquierda zombi y ruinosa son tan efímeros como su obsesión por invocar continuamente sus mantras demagógicos de desenterrar muertos y de esquilmar a la clase rica, especialmente ahora que P. se ha subido al carro de la demagogia más apocada y juega a ser un mal alumno keynesiano y un enfervorecido de la memoria histórica e histérica de la que tiene mucho que callar. Y no sólo porque el coro mal avenido de la progresía, que ahora él lidera, berrea febril con la condena del franquismo a años luz e intentan ganar la guerra retrospectivamente. Sino porque, asimismo, son los mismos que vivieron plácidamente durante la dictadura, los que prosperaron en la arena del régimen y que, a la sazón, le deben la herencia de sus niveles de poder. ¿Olvidamos la felicidad que relucía Víctor Manuel cantando al Generalísimo dándole las gracias por vivir feliz en la tierra que levantó alejando a los invasores? Sin embargo, ahora provistos de una nueva neolengua orwelliana de la que quieren que la sociedad comulgue, se presentan con ganas de remover las tumbas, cerrar el Valle de los Caídos y desenterrar a los fantasmas. Es decir, a ellos mismos. Es el caso de Alfredo P. Rubalcaba cuyo padre fue suboficial del Ejército del Aire franquista. Del ex ministro Mariano Fernández Bermejo, hijo de un alcalde franquista de Arenas de San Pedro (Ávila) y jefe local del Movimiento. De José Bono, ex ministro de Defensa y ex presidente de Castilla La-Mancha, hijo de un falangista. De José Enrique Serrano, jefe de Gabinete de Zapatero cuyo padre fue secretario de un ministro de Franco. De la ex vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, hija de Wenceslao Fernández de la Vega, falangista de Girón en el ministerio de Trabajo, el más falangista de los ministerios franquistas. De Manuel Chaves, hijo de un militar adicto al Régimen del caudillo. O del actual presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, hijo de un oficial del cuarto militar del General Franco. Eso sin contar a Zapatero, que mientras se reunía con las víctimas del terrorismo y les decía que a él también le mataron a un abuelo en la guerra, obviaba el detalle que su otro abuelo Juan Rodríguez Lozano era un acérrimo del Régimen. ¡Qué obsesión la de este socialismo trillado de clamar contra sus ancestros! Tal vez por esto, por esta doble moral que produce arcadas, poco puede extrañar que ante la falta de ideas y ante la guerra de cuchillos que se avecina en Ferraz, el tópico de esquilmar a los ricos vuelva en auge para contentar a los protegidos y mimados del 15-M, cuyo gurú Hessel acaba de pedir el voto entre orgasmos democráticos para el PSOE. ¡Oh, casualidad! Un mantra ya usado pero género bien eficaz en las urnas. ¡Pero si están vociferando contra ellos mismos! Eso sí, haciendo honor a su obsesión por la muerte digna, quieren abatir a los ricos. Nunca una propuesta fue tan reveladora de la apología del suicidio. Quizás siguiendo los sabios consejos del doctor Montes querrán conducir a la inanición al multimillonario marxista y trotskista Roures, propietario de parte de MediaPro y vocero del diario izquierdista de Zapatero por excelencia. Querrán saquear a Juan Luis Cebrián y CIA, que dado que no paran de abrazar a Rubalcaba, cuya fortuna declarada es de un millón de euros, estarán encantados con la causa. O a Elena Salgado, la vicepresidenta, que mientras es pillada como una duquesa rusa en una conocida gran superficie de la calle Serrano de compras con la asistenta, tres guardaespaldas y dos chóferes en la puerta –a las seis de la tarde mientras el país se hunde y el populacho rastrea entre las basuras para comer- admite poseer medio millón de euros y hasta un apartamento en los Alpes franceses. O tal vez a Teddy Bautista, jeque honorífico de la SGAE de la que todos se quieren bajar ahora, máxime cuando el grifo de las subvenciones ya se acaba y el sindicato de la ceja se descompone. No nos engañemos. Este socialismo que presume de ser el guardián de la clase obrera y que ataca al capitalismo mugriento e imperialista yanqui -excepto cuando suspiran por conseguir una estatuilla en el Kodak Theathre- puesto que sangra a los parias del mundo que no llegan a fin de mes, son poseedores de viviendas de lujo y grandes fortunas que muchos de los empresarios y autónomos a los que fustigan ya quisieran tener. Este es el socialismo de la gauche divine. Unos hipócritas que levantan el puño en alto en Rodiezmo cual espectáculo sórdido y trasnochado. Unos hipócritas que alzan el dedo contra los ricos a la par que quieren desenterrar cadáveres. Y unos hipócritas que olvidan que fueron ellos los que dieron un trato privilegiado a los multimillonarios con las SICAV. Eso sí. Siempre en nombre de los oprimidos del mundo y utilizando el doble lenguaje, una versión moderna de la neolengua del engaño. Hasta ahora siempre le ha funcionado bien. No sólo en las urnas, sino para incrementar el volumen de sus bolsillos so pena de empobrecer más a las clases medias. Cajas sin 'senyera' Entre las muchas cosas que se le pueden criticar al Partido Popular en esta legislatura tan nefasta que ya agota sus últimos coletazos, pocas resultan tan vomitivas como su afán de sestear esperando heredar la ruina –si para entonces queda algo- en lugar de la triste costumbre de hacer política. Y digo hacer política, porque una cosa es hacer oposición activa y otra esperar a que el poder le caiga por la ineptitud del peor gobierno de la democracia. Hay una sensible diferencia. Desde luego resulta mucho más fructífero para los anhelos electoralistas lo segundo, pero es un flaco favor no para el ideario que intrínsecamente subyace detrás del principal partido de la oposición. La memoria, por lo menos en mi caso, no es frágil. Muchos no olvidamos que Mariano ha desertado por acción y por omisión de las marchas convocadas por las víctimas del terrorismo, principalmente aquellas convocadas por Francisco José Alcaraz, tal vez porque las víctimas del terrorismo ya no daban ni un solo voto más. Ya se sabe que la consigna era no molestar y evitar que las huéspedes de la inquisición del pensamiento correcto levantasen la voz y repitiesen con el dedo acusador y con el puño en alto el eterno mantra de que no eran más que la caverna política. Hay que llevarse bien con la izquierda sociológica, Gallardón dixit. Y para ello era necesario que María San Gil, Regina Otaola y José Antonio Ortega Lara ya no estuvieran en el partido. Eran un obstáculo demasiado evidente para hacer entender lo que era una certificación: que el partido había cambiado en materia de política antiterrorista y que el nuevo gurú de la causa era Oyarzábal y cia. Tal vez esto fuera un síntoma y un argumento axiomático para poder entender el que el PP de Mariano no haya tenido ni el más mínimo interés en seguir averiguando qué pasó realmente el 11-M y hacer verdadera justicia a las víctimas. Había que claudicar ante la versión oficial, por aquello de no ser llevados a la hoguera sociológica y mediática. Aunque tal vez como ahora les encanta a sus señorías pasearse por la telebasura patria, nos sorprendan con una aparición estelar en el programa de la médium oficial y oficiosa para exorcizar sus fantasmas y averiguar lo sucedido desde el más allá. Cabe esperarlo todo. Ni, por supuesto, ha puesto el más mínimo interés en denunciar uno de los casos más flagrantes de colaboración con banda armada que ha llevado este gobierno en su apaño con ETA y su rendición ante el horror, el caso Faisán. Con el honroso y meritorio trabajo que han llevado a cabo Gil Lázaro e Ignacio Cosidó. Sin embargo, en medio de tanta cobardía, demasiada masa gris y una casta política parasitaria, nobleza obliga a reconocer el tesón político y el sentido común de la presidenta de Castilla-La Mancha y secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal que, en medio de la corriente habitual de gastar sin remisión y mantener las mamamandurrias electoralistas, ha presentado un plan de choque de una reducción del 20% del presupuesto y que supone el mayor recorte de un gobierno y que es el paradigma para salir de la crisis. Y no sólo porque dicho recorte incluya entre otras medidas la venta de vehículos de la red pública, más horas lectivas para el profesorado, la eliminación de organismos públicos que resulten una duplicidad de competencias con el Estado, tales como el Defensor del Pueblo o el Consejo Económico y Social de Castilla-La Mancha. Sino porque se recorta lo que parecía intocable, la supresión de subvenciones directas a sindicatos y patronales y la reducción de 550 liberados sindicales. Todo esto nos demuestra que la fiesta y el derroche han terminado y que el Partido Socialista ha llevado a las finanzas públicas castellanomanchegas al borde del abismo, lo cual es una película cuyo argumento ya nos suena, con la agravante que se han eliminado documentos y archivos sensibles para ocultar lo inocultable.Pero no nos engañemos, la partida no ha hecho más que comenzar. Cuando llegue Mariano y herede la ruina no tendrá más remedio que aplicar similares medidas para sacar a España o nos iremos por el sumidero. Estamos pagando años de derroche, locuras patrióticas, amiguismo, clientelismo y favores varios. Y será entonces cuando los mismos sindicatos y la misma izquierda que no ha querido hacer daño a Zapatero porque han bebido de la fuente de la ubre pública, se echarán a la calle, rugiendo cuan marabunta pidiendo la cabeza de Rajoy… Sobre todo si le tocan el bolsillo. Javier Montilla |
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