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Recapitulando lo dicho en el artículo anterior, tenemos que en el mayor acto criminal de nuestra historia se atribuye su autoría a unos individuos por suicidarse en Leganés. De esos presuntos suicidas no constan en el sumario los preceptivos informes de autopsia, la doctora Carmen Baladía, responsable del caso, asegura que no se les hicieron autopsias, y los estudios que se hicieron sobre los cadáveres no tienen ningún parecido con lo que las normas legales obligan a realizar. A pesar de ello, el juez y la clase dirigente afirman dogmáticamente que todo se hizo muy bien y que sí hay autopsias. Pero eso no es todo. Quién tenga un poco de información sobre el caso, recordará que la versión oficial dice que los terroristas estuvieron sitiados en el piso por los GEOS, que les conminaron a entregarse y como no obedecían les lanzaron gases lacrimógenos, respondiendo los islamistas con insultos y cánticos, antes de la explosión. Aquí nos encontramos con un caso del tipo clásico: si hay humo y colillas es que alguien ha fumado. Si los terroristas inhalaron los gases lacrimógenos que les lanzaron los GEOS habrá restos de ellos en sus cuerpos. Pues en este caso no. Otra vez se rompen las reglas de la lógica. Se recordará que la Ley obligaba en las autopsias a realizar un estudio de la presencia de gases (neumotórax). Ahí se podría corroborar la veracidad de la versión oficial. La ocasión perfecta para derrotar a cualquier conspiranoico. ¿Se encontraron restos de gases en los siete suicidados? No. ¿Indica eso, como puede parecer, que es falso que había unos terroristas que inhalaron los gases lanzados por los GEOS? Para el juez Bermúdez siempre hay una solución: no se encontraron gases en los suicidados porque no se buscaron en sus cadáveres. Pero hubo autopsias. Tal cual. Otra cuestión clásica en las autopsias –que estamos hartos de ver en las películas- es la fecha exacta de la muerte, la data. El juez Bermúdez no se cansa de repetir que un elemento esencial de las autopsias es esa data. Precisando médicamente la hora de la muerte se podría desvanecer cualquier sospecha de que los cadáveres de Leganés hubieran encontrado su última hora antes de la explosión. ¿Qué dicen sobre ello los estudios antropomórficos, radiológicos y toxicológicos que pretenden hacer pasar por autopsias? Nada. No hay data de la muerte. Se supone que, como todo el mundo vio una explosión en los telediarios, debemos concluir que dentro había lo que dice la policía del caso y que los supuestos terroristas murieron en ese momento. Pero hay autopsias, televisadas y todo. Desconocidos autores del 11-M. Hemos visto que a los supuestos terroristas del 11-M no se les realizaron las preceptivas autopsias, que se les lanzaron gases lacrimógenos pero no se les encontró restos de ellos, y que tampoco se realizó el preceptivo estudio sobre la hora de la muerte. Tenemos unos restos humanos hallados en el desescombro de Leganés con los que se incumplieron todas las normas legales para la averiguación del delito. Pero aún hay más. ¿A quiénes correspondían esos restos humanos? La versión oficial dice que a siete islamistas concretos. Lo lógico es que hubiera fotografías de sus cadáveres que se correspondan con ellos, pero sólo se conocen dos de los siete. Todo el mundo ha oído hablar de El Chino, Jamal Ahmidan. ¿Se encontró su cadáver en Leganés? La policía halló una mano cuyas huellas dactilares correspondían al argelino Ahmed Ajon. No se sabe cómo, luego la policía dijo que según la policía marroquí ese cadáver era de Jamal Ahmidan. A otro, Allekema Lamari –al que el CNI llevaba tiempo pisándole los talones- sólo se le encontró seis meses después, cuando una genial investigadora encontró entre un amasijo de piedras y barro su oreja y parte de la cabeza. Inicialmente fue identificado por su oreja y, posteriormente, un policía en viaje singular se fue a Argelia a tomar el ADN de sus padres. Otro de los cadáveres apareció lleno de grapas internas, sin que haya explicación al respecto. De tres de los cadáveres no se encontraron las manos, por lo que no es posible el reconocimiento dactilar. Volvamos al lugar del crimen. Unos policías llegan al piso de los supuestos terroristas –de tres modos distintos y contradictorios según la propia versión oficial-. No saben quien hay dentro, aunque sospechan de varios conocidos delincuentes. Se produce una explosión y aparecen cadáveres. La Ley de Enjuiciamiento Criminal –artículos 340 y 341- manda que en tal caso se citen a posibles testigos para su reconocimiento. No se hizo. La policía y el juez del Olmo estaban en permanente contacto con la mujer del Chino, pero no se la llevó a reconocer el cadáver. Ese mismo día unos policías tenían en la comisaría de Parla al hermano de uno de los suicidados –Kounjaa-, tampoco reconoció el cadáver. La policía había detenido a la hermana de dos de los suicidados –los hermanos Oulad Ackha- pero no la llevaron a reconocer sus cadáveres. Es inevitable preguntarse, ¿de quién y de cuantos son los restos humanos encontrados en el desescombro de Leganés? Sin agotar el cúmulo de irregularidades, invenciones, falsedades y violaciones flagrantes de la Ley que se han producido en el episodio de Leganés, es momento de terminar. La masacre del 11-M se resuelve según la versión oficial en la explosión del piso de Leganés, atribuyendo a sus moradores la colocación de las bombas. Hemos visto que a los restos humanos encontrados en su desescombro no se les hizo las autopsias que manda la Ley, quedándonos sin saber la causa de su muerte, la hora, la verificación de las circunstancias oficiales de la misma, y hasta su verdadera identidad. En palmaria contradicción con los hechos conocidos, el gobierno, todos los partidos políticos, la casi totalidad de los medios de comunicación, fuerzas de seguridad, jueces, en resumen, toda la clase dirigente asegura dogmáticamente que todo se hizo a la perfección y que por ello esos suicidados son los autores del 11-M. ¿Cómo se explica tanta mentira impuesta al pueblo español y sostenida al unísono por los que disfrutan el poder? Parece incomprensible, más en la respuesta se hallan los verdaderos autores de la matanza del 11-M, que ha cambiado el rumbo de la historia de España. Coda para los más acérrimos defensores de la versión oficial. Pongamos que todo lo dicho no son más que manías de un conspiranoico. Que, a pesar de esos datos, no cabe dudar de nuestras autoridades, policiales y judiciales. Que si ellas dicen que hay autopsias las hay. Vale. Pero hay un problema. El juez del Olmo, instructor del caso, pidió el 27 de marzo de 2006 que se realizaran las autopsias a los suicidados de Leganés. La doctora Baladía le contestó que dado el tiempo transcurrido ya no era posible hacerlo, por la putrefacción de los cadáveres. Si el juez del Olmo pidió dos años después que se hicieran las autopsias sería porque no las había. En otro caso, habrá que afirmar que es completamente idiota, o un insano necrófilo. Y no vamos a pensar que la instrucción del 11-M estuvo en tales manos. Tratando el caso de supuestos suicidas es inevitable recordar el episodio más sangrante del 11-M. El actual ocupante del palacio de la Moncloa, la misma tarde del 11-M, mientras las víctimas morían en los hospitales y todos estábamos conmocionados, llamó a los medios de comunicación para asegurarles que habían aparecido terroristas suicidas en los trenes. Así lo ha asegurado Pedro Jota Ramírez, director de El Mundo. Ni en la comisión de investigación, cuando fue preguntado por ello, ni en las reiteradas entrevistas con dicho director, lo ha desmentido. Permítaseme una pregunta. ¿Qué pensaría el lector de sí mismo si mientras la gente moría por el atentado se hubiera dedicado, como aspirante al poder, a difundir bulos elaborados? ¿Se consideraría indigno y carente de toda legitimidad para disfrutar el poder? La misma respuesta que se de cada uno a sí mismo en tal caso, deberá servir para el actual Presidente del Gobierno.
La versión oficial sobre el 11-M - sospechosamente sostenida al unísono con flagrantes mentiras e invenciones por políticos, periodistas, fuerzas de seguridad y jueces- impone que las bombas fueron colocadas por siete individuos que estarían dentro del piso que explotó el 3 de abril de 2004 en Leganés. No hay prueba, indicio, ni rastro alguno de la presencia de esos individuos en los trenes. Sin embargo, es el núcleo central de la versión oficial. Es un dogma que no necesita demostración y que la clase dirigente impone al pueblo español para que lo asuma como verdad revelada, grabada a fuego por los medios de comunicación. Por ello, el juez Bermúdez inicia su relato de hechos probados en la sentencia con tal aseveración, sin dedicarle ni una sola frase a su argumentación. El razonamiento soterrado de los predicadores de la versión oficial sería que puesto que siete personas se “inmolaron” en un piso de Leganés tuvieron que ser ellos quienes colocaron las bombas. Dejando aparte la absurda y arbitraria deducción, voy a centrarme en el supuesto de que parte: que siete terroristas islamistas se suicidaron en Leganés. Es el tema de esta serie de artículos. Todos podemos recordar las imágenes en televisión de la explosión de ese piso. Es un hecho cierto. Pero, ¿quién había dentro? A pesar de que el piso estuvo rodeado durantes horas, y de que la vivienda contigua era de un policía especialista en escuchas y seguimientos, no hay testimonio ni imagen alguna sobre lo que había en su interior. Para vislumbrar lo que se escondía tras esa explosión sólo tenemos los cadáveres que se encontraron. La Ley obliga a realizar autopsias a los cadáveres de toda muerte violenta. Por esta operación médica se puede certificar la causa y las circunstancias del fallecimiento. En nuestro caso, al carecer de otros medios de conocimiento, es el único método para averiguar lo sucedido. Las sietes autopsias podrían acreditar que efectivamente murieron allí esos terroristas como resultado de la explosión, la hora de la muerte y sus circunstancias. Bien, ¿qué dicen esas autopsias? Desgraciadamente no se puede responder a la pregunta, debiendo plantearnos otra previa. ¿Se les hicieron autopsias a los siete cadáveres aparecidos en Leganés? La respuesta debería ser sencilla, si hay autopsias se responde que sí y caso de que no las haya se diría que no. Se enseñan la autopsias y se dice aquí están y dicen esto, o no se encuentran y se reconoce que no las hay. Nuestro caso es distinto. Aunque no hay tales autopsias la clase dirigente dice que sí, y con ellas quieren certificar la autoría material del 11-M. ¿Cómo es posible algo tan absurdo? Cuando no hay lo que hay. Decía en el artículo anterior que pese a no existir autopsias de los suicidados de Leganés, nuestra clase dirigente asegura que sí, y con ellas quiere acreditar que esos siete moradores del piso colocaron las bombas del 11-M. ¿Por qué digo que no hay tales autopsias? Por algo demasiado simple: porque no las hay. Si existieran constarían en el sumario y allí nadie las ha encontrado. Todos los que mandan, el juez Bermúdez en su sentencia –incluso el Tribunal Supremo- aseguran escandalizados que hay autopsias. Pero no dicen donde están, no hacen algo tan sencillo como señalar los folios del sumario donde se pueda leer “Informe de Autopsia”. Y así para cada uno de los siete suicidados. Solamente en el caso del GEO Torronteras, fallecido en el asalto al piso, hay verdadera autopsia. Tenemos que en el sumario no aparecen las autopsias que deberían estar, pero nuestros dirigentes dicen que sí las hay. ¿Cómo dirimir la cuestión? Seguramente no les parecerá mal que acudamos al testimonio de la persona responsable del asunto. La doctora Carmen Baladía era la directora del Instituto Anatómico Forense, encargado de realizar las autopsias, como también lo fue de hacer las de las víctimas de la masacre. Pues bien, la doctora Baladía recientemente ha declarado: “No se hicieron esas autopsias” Parecería asunto resuelto, si no aparecen en el sumario y si la responsable del caso dice que no se hicieron, habría que concluir que no hay autopsias. Sin embargo, los poderosos, la Policía que investiga y el juez Bermúdez dicen que sí hay autopsias. ¿Acaso son tontos? Seguro que no, puesto que les va muy bien, ascienden y ganan honores y distinciones. ¿Será que miente la doctora Baladía? Tampoco, porque ni siquiera la han desmentido. Se han limitado ha realizar un enorme vacío a sus declaraciones. Ni uno solo de los grandes medios de comunicación se ha hecho eco de ellas. Entonces, ¿será que nos toman por tontos? Sería injusto sospecharlo, lejos está de nuestras autoridades insultar descaradamente al pueblo del que emanan sus poderes. Para todo encuentran una solución. Veámoslo. Existen infinidad de actos médicos. A usted y a mí nos pueden analizar un forúnculo o la uña de un dedo del pie. Y hacer un hermoso y muy científico informe médico con ello. En el sumario consta que a algunos de esos siete suicidados de Leganés se les realizaron informes antropomórficos – descripción y medición de su anatomía-, radiológicos y toxicológicos – búsqueda de veneno y sustancias psicoactivas-. Eso es todo lo que hay. De esos estudios se concluye que se encontraron algunos restos humanos en Leganés, que tenían una apariencia y medidas concretas, que algunos huesos estaban rotos, y que no se encontró que hubieran tomado veneno ni drogas. Y como en el sumario constan esos estudios nos dice el juez Bermúdez que se hicieron autopsias. Entonces, el problema será determinar si la doctora Baladía y los médicos forenses que llevan años y años firmando informes de autopsia, con unas prácticas médicas regladas, están equivocados y vale como autopsia cualquier acto médico que se realice sobre un cadáver, como parece afirmar el juez Bermúdez. Según este, en genial innovación, una autopsia sería describir y medir un cadáver, hacerle alguna radiografía y buscar en alguno si ha consumido droga o veneno. Dado que se trata de un juez y una cuestión legal, acudiremos a la Ley en busca de respuesta. La ley del más fuerte contra la Ley. Para el juez Bermúdez –y el inmenso y atronador coro que le vitupera- los estudios antropomórficos, radiológicos y toxicológicos que se hicieron a los restos humanos hallados en el piso que explotó en Leganés son auténticas autopsias, salvando de su error a la doctora Baladía y a los miles de médicos forenses que llevan décadas realizando y firmando informes de autopsia. Por tanto, la cuestión es: ¿qué es una autopsia? Seguro que cualquiera recuerda esas series de televisión donde en la fría morgue se analiza con detenimiento un cadáver, se abren sus cavidades, examinando lo que se encuentra, se precisa la hora de la muerte y se acaban encontrando pistas definitivas para la investigación. En el caso del mayor crimen de nuestra historia bastó con que el médico forense midiera con una regla los cadáveres, realizara a alguno de ellos una radiografía y buscará en un par de hígados si había tomado drogas o veneno. Pero olvidémonos de películas y vayamos a la Ley. Legalmente, ¿qué es una autopsia? La Ley de Enjuiciamiento Criminal que lo regula lo dice bien claro: “una operación anatómica”. No dice más, no precisa en que consiste esa operación. Creo que a todos esas palabras –operación anatómica- nos evocan al médico forense abriendo las cavidades del cadáver y analizando sus órganos. Lo que no se hizo con los suicidados de Leganés, salvo el estudio de uno o dos hígados. Quizá sea por eso que el juez Bermúdez en su sentencia elude reiteradamente esas dos palabras clarificadoras: “operación anatómica”. Cita el número de los artículos que lo ordenan – 343 y 353- pero haciendo juegos malabares con las cifras de esos y otros artículos evita el contenido de los mismos, y las dos palabras que lo dicen todo y le ponen en evidencia: “operación anatómica”. Aún más, al juez Bermúdez no le duelen prendas en citar la norma en que se detalla con precisión las operaciones que se deben realizar en una autopsia, la Recomendación 99 (3) de la Unión Europea. Pero, podemos imaginar por qué, se le olvida dar cuenta de su contenido. Por suplir su fatal olvido, reseñaré brevemente lo que se dice en esta norma, aplicable en España: se deben abrir plano a plano las tres cavidades corporales, cabeza, tórax y abdomen, seccionando y examinando todos los órganos, vasos sanguíneos, con estudio de la presencia de gases (neumotórax), etcétera. Exactamente lo que no se hizo con los restos humanos de Leganés. Esos estudios antropórficos, toxicológicos y radiológicos que se hicieron no son autopsias. Son meros informes complementarios a una verdadera autopsia. Ese carácter accesorio lo indica la misma norma europea, que sólo ordena practicar el estudio antropomórfico y radiológico “cuando sea posible”. Por tanto, legalmente no se hicieron autopsias y hacer pasar unos estudios complementarios como si lo fueran es un descarnado fraude de ley. Eludida la Ley tan burdamente, no se asombrarán si ya en un próximo artículo vemos otras cuestiones sorprendentes. Rafael Gómez-Coronado Acha |
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