Editado por Eduardo de Lácara
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.......................................Antonio González Mesa


¿Conspiración derribada
?

Ni que la falsedad de sus tesis haya sido puesta en evidencia en la sentencia del Tribunal Supremo ha logrado callar las bocas a estos malditos conspiradores del 11-M. No les basta con haber confundido a la opinión pública con ideas descabelladas que se han caído por el peso de (lo que queda) de la ley, ni de haber informado de la investigación a golpe de titulares canallescos, sino que una vez demostrado el fantástico ejercicio de manipulación a que han sometido a los españoles, insisten sin el menor atisbo de vergüenza en sus vencidos argumentos. Incluso una comparación somera de la resolución judicial con las tesis conspiracionistas que han ido mutando a conveniencia, servirá para darles con sus portadas en los morros.

Recapitulemos: desde pocas horas después del atentado se fue intentando fijar para los restos en la memoria colectiva que el 11-M era la respuesta de Al Qaeda al apoyo aznarí a la guerra de Irak; que había unos ideólogos identificados; que las bombas las habían puesto los siete islamistas radicales que luego se suicidaron en Leganés o que el explosivo utilizado, Goma 2ECO, se había robado de Mina Conchita. Y que todo ello había que saberlo antes de votar.

Pero el Supremo no deja lugar a la interpretación: sentencia que la matanza no fue obra de Al Qaeda y obvia que el móvil esté relacionado con si Aznar era o no un asesino; que "al menos algunos" -ojo, no ya los siete- de Leganés, tienen relación con la masacre, si bien recuerda que no se les puede considerar culpables ya que su responsabilidad penal se extingue con la muerte y no han tenido juicio; exculpa a quienes la Fiscalía creía autores intelectuales, de modo que el atentado debió surgir por generación espontánea y casi todas las bombas subieron por sí solas a los trenes porque faltan portadores para las 12+1, y además libera a los que podían tener vínculos con el islamismo radical. Para hablar del explosivo no hay espacio aquí, ni de la destrucción de los trenes, que incluso le parece "sorprendente" al Supremo. Así que los conspiradores quieren que nos conformemos con saber que no se sabe quién y por qué ideó el atentado, quién y cómo lo ejecutó y por qué se destruyó el escenario del crimen.

Y además diré, como le dijo en la tele a Enric Sopena un amigo experto en desactivar conspiradores: "Si quieres, hablamos del bórico".



Antonio González Mesa

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