Mileurista y... gracias

.......................por Marta Casquero
Los Cinco Magníficos

Son diferentes. Cada uno de su padre y de su madre. Pero todos juntos forman un equipo muy especial. A las doce de la mañana están en el parque. Jugando. Haciendo travesuras. Discutiendo. Siendo niños.
La más pequeña se llama María. Tiene poco más de un año. Y apenas sabe andar. Pero es el juguete de todos. Y por mucho que le hagan o le quiten sus cosas, no suelta ni una lágrima.
El pequeño Rodrigo. Que va a cumplir dos años. No dice ni una sola palabra. Todo con gestos. Pero es el único que cuando se va, me dice adios con la manita. Es un poco trasto y no para de un lado para el otro. Tiene al pobre abuelo agotado.
Luego está Nerea. Que en unos meses cumplirá tres años. Apenas levanta un palmo del suelo y hace de mama de María. Está pendiente de todos sus movimientos. De que no se coma la arena. De que los demás no le quiten las cosas. Es la que más juguetes lleva al parque. Pero es llegar, dejarlos en el suelo, y se pone con lo suyo, cuidar de María.
Después le sigue Marina. Es rubia y muy guapa. Cuatro años. Y siempre está enfadada. Le cuesta mucho compartir. Y cada dos por tres se pone a llorar y se va a un rincón. Hasta que ve que nadie le hace caso, y vuelve al grupo, como si no hubiera pasado nada.
Y por último Adriana. La mayor. Tiene seis años. Y es la que lleva la voz cantante. Ella dice a que se juega y a que no. Y que se hace en cada momento. Y es sorprendente como los demás le hacen caso en todo. Y ella va de mayor y disfruta interpretando su papel.
Si tuviera que quedarme con uno, me quedaría con Nerea. No tengo ninguna duda.
Le echo tanto de menos...

Si. Es cierto. Le echo mucho de menos. Me conformaría con verle un minuto. Hablar con él. Oír su voz. No me lo quito de la cabeza. ¿Qué nos ha pasado? No sé qué pensar. Podría dar yo el primer paso y llamarle. Quedar con él. ¿Pero y si me dice que no? ¿Podría soportar su rechazo? Quizá sea
eso lo que temo. Se que siento algo por él. Pero no se exactamente lo que es. Y eso hace que me sienta confundida. He intentado olvidarle. Pero no puedo. Quiero compartir parte de mi tiempo con él. Incluso el silencio entre nosotros tenía sentido. No se si lo nuestro es únicamente amistad o
podría haber algo más.
Solo tengo una cosa clara y es que le echo tanto de menos, que duele.
Todavía nos queremos

Recuerdo que fue en Diciembre. Pleno invierno. Una cabaña en la montaña. Fuera está nevando. La chimenea encendida. Calor de hogar. Velas por toda la habitación. Una manta tapando nuestros cuerpos desnudos. Silencio. Con nuestros besos y caricias nos lo decimos todo. Una botella de champán. Dos copas vacías. Un fin de semana por delante. Sin problemas. Sin agobios. Los dos solos. Para poder hacer las paces. Para aclarar las cosas. Para saber si lo nuestro puede funcionar.
¿Y a partir de ahora qué? Las opiniones de los demás marcan nuestra vidas. Eso nos ha llevado a una situación molesta para los dos. Pero nos hemos dado cuenta a tiempo. Podemos solucionarlo. Nos queremos. Y eso es lo que importa.
En las vacaciones, me pierden los recuerdos.
Un chico muy especial

Estaba ahí. Enfrente de mí. Era él. Sin duda. Guapo. Atractivo. Pelo rubio. Piel morena. Bien vestido. Yo no podía apartar mi mirada de él. Era perfecto. Era un sueño. Estábamos los dos en el mismo vagón de metro. En un instante nuestras miradas se cruzaron. El tiempo se detuvo unos
segundos. Enseguida apartamos la mirada. Y mi corazón empezó a latir muy fuerte. Rápido. Estaba nerviosa. Esto no solía pasarme todos los días.
Anunciaron su estación. Despacio se levantó. Se situó en la salida. Las puertas se abrieron y el salió. La puertas se cerraron y él desapareció.
Fue algo especial. No sé cuanto tiempo pasó. Sólo sé que fue bonito mientras duró.
Muchas gracias a mi cocinera particular

Qué no, tranquilos. Que por el titular puede parecer que soy una de esas "nuevas ricas" con sirvienta, cocinera, chofer, niñera... Os recuerdo que soy mileurista, que mi casa la limpio yo, y que no tengo coche ni niños.
Lo que si tengo es una cocinera excepcional. Mi madre. Una estupenda cocinera que todos los días me deleita con un plato rico y sabroso.
Y es que como mi madre no cocina nadie. Y cuando digo nadie es nadie. Ahora estaréis pensando "mi madre cocina también muy bien". Mentira. La mía es la mejor.
Ahora ha cogido "la sana costumbre" de traerme la comida en tarteras. ¡Qué buena idea! Ahora sí que como bien. Pollo asado. Costillas. Mero al horno. Dorada. Albóndigas en salsa. San Jacobos. Lentejas. Paella. Arroz negro. Pasta con carne picada. Y muchos manjares más. Todo listo y preparado para ser calentado y ¡a comer!
Una cosa que no entiendo. El último día me mandó unos filetes de solomillo. Mi sorpresa fue que al abrirlos estaban sin hacer. ¿Tenía que hacerlos yo sola? Ya estaba el lío montado. Supongo que sería un olvido. Ni se lo he comentado. Le di vuelta y vuelta en la sartén y me los comí.
Ahí se quedó la cosa. Pero seguro que si me los hubiera mandado hechos, hubiesen estado mucho mejor que cuando me los hice yo.
Desde aquí, decirle a mi madre que no pierda esta bonita y deliciosa costumbre de mandarme comida. Que yo se que a ella le hace ilusión. Si en parte lo hago por ella. ¡Con lo que se entretiene en la elaboración, envasado, congelado y etiquetado de la misma!
¡Muchas gracias por todo!
Y que no se pierdan las buenas costumbres...
En el médico

Ayer fui al médico. Nada importante. Una visita rutinaria. Llego a la sala de espera y decido sentarme (se por experiencia que la espera va a ser muy larga). Solo hay dos sitios libres. Me aproximo a ellos. Imagínense la situación. Tres bancos juntos. Una señora sentada en el extremo y su bastón "sentado" en los otros dos sitios libres. Cuando la dueña del bastón ve que mi intención es sentarme, anda que hace por quitar el bastón. De eso nada. Lo echa un poco para atrás, y ya me siento yo con el culo un poco para afuera, para "no molestar" al bastón. Si encima tendré que darle las gracias al palo ese por dejarme sitio! Entiendo que el bastón este cansado de aguantar todo el día el trato que le impone su dueña, pero... ¿dos asientos solo para él? Me parece algo exagerado.
Ni que decir tiene, que el asiento del centro no pudo ser ocupado por nadie durante el tiempo que señora y bastón permanecieron en la sala de espera.
Y cuando le llamó la doctora fue otra historia. Sacó el bastón como si fueran los dos únicos seres vivos de la tierra. Golpe en la espalda. Por otra parte normal, ya que yo estaba ocupando parte del asiento del bastón.
Ya me vale! Golpe que por otra parte deber ser normal porque ni la señora ni el bastón pidieron perdón. Ya le doy yo las gracias al bastón que amablemente me dejo un trozo de asiento durante un tiempo. La verdad es que la situación me pareció graciosa e incluso cómica. Ya sabemos como son
las personas mayores. Y que peligrosas resultan con un bastón en la mano.
Cosas de la vida...
Que cuando te vayas...

Hoy le tomo prestadas unas estrofas a Los Melocos de su canción "Cuando me
vaya".
Que en dos días la haya escuchado cuatro veces, en distintos sitios, no es
casualidad. Y ahora lo entiendo. ¿Será una señal?
Nunca pensé que llegaría
Nunca creí en ese momento
Te cambia la vida
Sin que tengas nada para seguirla...
Te cambia y no piensas
En lo que te olvidas
Y te despiertas un buen día
Lo ves todo al revés
Miras atrás ves tu camino
El que hicieron tus pies...
Y mandas besos para todos
Los que volverás a ver
Tantos recuerdos enlatados
En fotos de carné
En lágrimas de ayer
En todos los momentos que a tu lado
Yo esperé.
Que cuando te vayas...
... no caiga una lágrima por ti
Qué duro es tener Jefa y, encima, embarazada

Hoy quiero recordarle a mi Jefa que, en su estado de buena esperanza, no es bueno sacarme tantos fallos en mi trabajo. Le puede producir un estrés ser tan "quisquillosa", que la personita que crece dentro de ella se resienta.
Que si esto en minúsculas. Vaya lo había puesto en mayúsculas.
Que si esto en mayúsculas. Qué casualidad. Estaba puesto en minúsculas.
Que le de una "vueltita" al texto. Que lo escriba en Arial y no en Times
New Roman.
Que el tamaño de letra es 12 y no 11 (vaya, como si se notara
mucho un punto de diferencia).
Que utilice interlineado sencillo.
Que deje más margen a la izquierda y menos a la derecha.
Que el café lo quiere con sacarina y no con azúcar. Uffffff!
Lo de ayer fue un suplicio.
Jefa, te voy a decir una cosa. Eso sí, sin acritud. Si hoy me dices sólo lo que hago bien, ahorras saliva, esfuerzo mental y energía.
Todo por la niña que llevas dentro. Te prometo que le va a venir muy bien.
(Me extraña que yo haya puesto Jerez con minúscula)
"El servicio se presta con normalidad"

Un día más el metro de Madrid tiene problemas. Línea 2, próximo tren llegará en 5 minutos. Pero en 5 minutos de metro, no de una persona normal. ¿Os habéis dado cuenta que los minutos del metro son más largos que los nuestros?
Llega el metro, me monto y anuncian por los altavoces "El servicio no se presta con normalidad". Ya empezamos. Línea 10. Servicio interrumpido entre las estaciones de Cuatro Vientos y Puerta del Sur. "El servicio no se presta con normalidad". Metro Ligero. Servicio suspendido entre las estaciones de Cantabria y Puerta de Boadilla. "El servicio no se presta
con normalidad".
Y digo yo que, a este paso, la frase correcta que debería oírse por los altavoces debería ser "El servicio se presta con normalidad". Porque lo normal es que el metro esté roto y el servicio suspendido.
El metro debería decir que el servicio no se presta con normalidad el día en que todo vaya bien, el día que no haya ninguna incidencia en el transporte. Porque eso es lo que no es normal.
Y sería bueno de que ese día avisen a lo usuarios porque, dado que vamos a llegar a tiempo a nuestro trabajo, podamos ir pensando en qué vamos a hacer con esos minutos de más que vamos a tener ese día.
Me lo voy a ir pensando por si algún día ocurre.
Y es que soñar es gratis.
¿Existe la magia?

Para mí si, porque es lo que hago yo para llegar a fin de mes.
Para la cajera de mi supermercado también.
Todavía no sé como lo hace pero, en cuestión de segundos, es capaz de transformar mi compra en otra. La verdad es que creo que el truco está en la forma en la que trata los productos
una vez que los dejo en la cinta y cómo, una vez pasados por el lector de códigos, los deja caer, por no decir que los tira, para que los meta en la bolsa.
Ayer fui a comprar: 4 yogures. Una tableta de chocolate. Un paquete de galletas. Y unas manzanas. Cuando llegué a mi casa y ante mi sorpresa, mi compra se había convertido en: 4 yogures líquidos. Chocolate partido en onzas irregulares. Trozos de galletas. Y manzanas con golpes sospechosos.
Increíble.
Me paso la vida dando las gracias

Por eso, hoy, quiero empezar dando las gracias a esa persona que está siempre a mi lado, en los malos y en los buenos momentos. Que aguanta mis silencios. Que algunas veces son muchos. Que sabe esperar a que yo esté bien. Que me regala media falda, medio bolso, media camiseta o medio abono del Getafe. Que me compra ropita. Que se bebe mi vino. Que es especial.
Que aunque no te lo diga, gordito, te quiero un montón.
Marta Casquero
redaccion@diarioliberal.com
|