Editado por Eduardo de Lácara
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...............................Helena Trujillo, psicoanalista de la Escuela Grupo Cero



Cuestión de sexo

Marta tiene 29 años y prepara las maletas para irse de vacaciones, ha contratado un viaje un tanto especial. Hace unos meses le llamó la atención un email que llegó a su correo que anunciaba viajes especiales para singles o solteros. Desde hace 3 años no mantiene una relación estable con ningún chico y es que parece “misión imposible” encontrar a alguien que no venga de una relación traumática o que quiera una relación formal. Ha conocido a varios con los que ha salido alguna que otra vez, llegó a la cama con alguno, pero no cuajó la cosa. Marta es una mujer bastante independiente y dedica la mayor parte de su tiempo al trabajo, pero también sabe disfrutar del tiempo libre, o al menos eso desearía, porque lo cierto es que a estas edades resulta difícil quedar con las amigas, la mayoría ya está casada, muchas de ellas con hijos, o en vías de matrimonio y, más que en divertirse, piensan en cenas románticas con sus parejas o en quedarse en casa porque la hipoteca está muy cara. Con estas perspectivas, le resulta bastante difícil enfundarse en su ropa más sexy para pisar fuerte en alguna pista de baile para conocer gente nueva.

Cuando contrató este viaje sus expectativas estaban muy claras: pasarlo bien, vivir nuevas experiencias y, tal vez, encontrar el amor. Sus padres le educaron en ideas bastante tradicionales, incluso fue a un colegio de monjas y durante muchos años su idea era encontrar al chico ideal y formar una familia. Lo intentó con el primero, con el segundo, pero la experiencia le fue mostrando que no es tan fácil como se lo habían pintado. Desde esas tempranas fantasías infantiles al día de hoy ha llovido bastante. Hoy en día Marta ha tomado la iniciativa en más de una ocasión, sin embargo muchos chicos rechazan su actitud activa e independiente. Al principio aprovechan la ocasión, pero luego buscan en ella esa mujer tradicional que aún nos vende nuestra sociedad y que cada día resulta más difícil encontrar. Se aplaude la incorporación de la mujer al mundo laboral, se admite que cada vez son mejores conductoras y que tienen una mayor capacidad adquisitiva, sin embargo en cuanto se emparejan, tanto ella como él tienden a esperar que la mujercita se ocupe de la casa y de los niños como lo hacían las mamás de entonces. A veces el juego sale bien los primeros tiempos, pero luego ella se siente insatisfecha por haber abandonado sus ideas y sus proyectos y él tampoco encuentra ya la mujer alegre y con iniciativa de la que se había enamorado. Las reglas del juego han cambiado.

En pleno siglo XXI los roles sexuales son muy distintos a otras épocas, el matrimonio, en el que muchos siguen aún confiando, ya no es un modelo que resista al paso de los años, cada día son más las parejas que se separan al poco de casarse y cada vez nos parecemos más a otros países donde la gente se casa dos, tres o hasta cuatro veces con distintas personas. Marta no quiere dejarse llevar por ilusiones románticas, en sus maletas ropa cómoda y también atrevida, y en su ánimo muchas ganas de vivir la experiencia. Nunca hasta ahora se había planteado hacer un viaje de este tipo, otras veces había ido con alguna amiga o algún novio al extranjero, pero desde hace varios años se quedaba con las ganas de conocer mundo porque no tenía con quién hacerlo. Le atrajo la oportunidad que se le brindaba de encontrarse con otras personas que, como ella, se habían quedado muchas veces plantados, no era por dinero, sino por la compañía y ahora la agencia te resolvía ese problema. Actividades programadas para ir rompiendo el hielo, excursiones, buenos hoteles, hombres y mujeres de edades similares con ganas de pasarlo bien. Llegar a sentir atracción por alguien o acabar viviendo una aventura es un extra no obligatorio.

Los días sucesivos decidirán qué experiencias vive o no Marta, pero está segura de que serán unas vacaciones muy diferentes en las que podrá dejarse llevar y ser una mujer activa, como a ella le gusta referirse, sin tapujos. El sexo para ella dejó de ser algo unido, necesariamente, al amor. Ahora es una forma más de comunicarse con otra persona, de sentir su cuerpo. No le obliga a nada más. Emparejarse es una cosa muy seria y lo hará sólo si encuentra la persona adecuada con la que pueda compaginar su vida, tal y como ella la ha decidido.



Hijos adolescentes. Padres desorientados


“Vinieras y te fueras, dulcemente” decían los versos de Aleixandre, sin embargo para muchos jóvenes y para muchos padres, la adolescencia no viene y se va dulcemente,  sino que es un período harto complicado. Averigüemos por qué.

Es de todos conocido que en la pubertad el desarrollo de los órganos sexuales y los cambios hormonales transforman el cuerpo del niño en un cuerpo biológicamente adulto, con capacidad de reproducción; no somos tan conscientes de que a nivel psíquico se da una metamorfosis de consecuencias definitivas: el adolescente debe dejar atrás la familia para construir una vida propia. Este es el principal motivo que desencadena, en muchos jóvenes, diversos síntomas que muestran el “dolor” que cada humano padece al dejar atrás el amor familiar y adentrarse en la inmensidad del mundo. En este tiempo, busca entre sus coetáneos las referencias, los afectos, los pilares sobre los que construir su identidad, pareciendo en muchos casos que olvida los valores inculcados desde la infancia.

La adolescencia es una época de rupturas y pérdidas, los padres protectores e idealizados de la infancia se pierden. El adolescente se siente fuera de lugar, las normas que antes se le aplicaban de forma efectiva ya no sirven, irrumpen en él nuevos valores e inquietudes, parece que hay que producirlo todo de nuevo, también la relación fraterno-filial. No todos atraviesan del mismo modo este tiempo. Muchos asumen estos cambios sin grandes aspavientos, ávidos de crecer. Otros se transforman, de la noche a la mañana, en chicos desobedientes, contestones y resulta bastante difícil “torearles”.

La rebeldía no siempre hay que entenderla con ese halo peyorativo tan difundido, es necesaria para que el joven y no tan joven definan sus criterios propios, el problema está en que no solemos tolerar que los demás tengan un pensamiento distinto al nuestro, mucho menos cuando se trata de nuestros hijos. En muchas ocasiones el principal problema estriba en que los padres siguen tratándoles como “su niñito o su niñita” no teniendo en cuenta el crecimiento que en él o ella se ha producido. El grito, el portazo o el enfado no siempre tienen que interpretarse de la misma forma, a veces la propia intolerancia de los padres incentiva la respuesta desproporcionada de sus hijos. Tampoco se trata de pasarlo todo y que el chico o la chica “hagan lo que les dé la gana”, son jóvenes y necesitan orientación, apoyo y también firmeza.

Como vemos la adolescencia no sólo es una prueba de fuego para el joven, sino también para sus padres. Ya sabemos que nadie nace sabiendo, aprender a ser padres también es un trabajo, aunque según vemos hoy en día, muchos no han reparado demasiado en ello. ¿El error es de los jóvenes o es que los padres no realizan adecuadamente su función? Considero que hay que dejar de hablar mal de los jóvenes, al fin y al cabo todos lo hemos sido y hemos cometido multitud de errores, sin que ello signifique que ahora seamos personas fracasadas ni delincuentes. Lo que es cierto es que muchos de estos “pipiolos” se encuentran desatendidos desde bien pequeñitos, muchos se han criado con las llaves de su casa, pasando la tarde solos frente al televisor o la consola, muchos dilapidan la tarde en los parques con sus amigos y otros han pasado más tiempo con los abuelos que con sus propios padres.

Mucho cuidado con echarle la culpa al trabajo, que frecuentemente actúa como cabeza de turco de esta problemática, los niños no necesitan 24 horas a sus padres, pero sí requieren unos cuidados básicos llevados a cabo por alguna persona y, por supuesto y fundamentalmente, unos criterios educativos claros y firmes. Ahí está el principal problema. Generalmente los padres nunca se han parado a pensar cómo hay que educar a los hijos, cómo hay que afrontar los distintos tiempos de su crecimiento,  incluso muchos no se han parado a solucionar sus propios problemas de pareja que suelen reflejarse en hijos problemáticos que recogen esta herencia.

No existen criterios educativos preestablecidos que sirvan para todos los hijos, ni consejos profesionales estándar que actúen como “barita mágica” para solventar un problema. Cada familia es distinta como lo es cada uno de los miembros que la integran, en ese sentido veo a diario en la consulta lo efectiva que resulta la atención psicoanalítica en jóvenes problemáticos o desorientados y en padres desesperados por el comportamiento de los mismos. Sólo a través de la educación, la tolerancia, la paciencia es posible un crecimiento saludable. Tampoco hay que olvidar que en este tiempo de la vida se manifiestan en muchos jóvenes procesos patológicos: depresión, ansiedad, enfermedades psicosomáticas, psicosis, anorexia, bulimia, etc. Por lo que no hay que banalizar cuando nuestro hijo o nuestra hija se muestran “trabajosos” en la adolescencia, en muchas ocasiones estos síntomas son la señal de alarma que nos avisa de que algo falla. Ponerles solución acudiendo a un profesional especializado evitará que la patología se instale, pues los jóvenes responden rápidamente al tratamiento, amén de evitar problemas mayores como el fracaso escolar, el aislamiento social o la drogadicción.



Helena Trujillo, psicoanalista del Departamento de Clínica Grupo Cero
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