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    en clave familiar

.......................................................por Emili Avilés i Cutillas


Al acabar el curso, superemos el desconcierto educativo

Al acabar el curso escolar, considero que vale la pena recordar un asunto contra el que, en España, nos damos de bruces, gobierno tras gobierno. Es un tema que ya viene desenfocado desde los años ochenta e imposible de “concertar” de una manera realmente justa. Esto es, la necesidad de conseguir una educación de calidad y que respete la diversidad de los ciudadanos y de los padres para elegir escuelas distintas a las creadas por los entes públicos.
 
Seguro que estaremos de acuerdo en algo básico: Que la familia y la escuela son clave para educar buenos ciudadanos, que los padres y madres de familia necesitamos orientación y buenos criterios educativos. Esto se puede hacer desde la escuela pública. Pero no es de recibo que los centros de enseñanza, de iniciativa social o institucionales, con gran arraigo y prestigio en nuestro país, puedan quedar por falta de ayudas o por imposiciones ideológicas, fuera de un sistema educativo moderno y de calidad. Sería un gravísimo atentado a la libertad, en sus múltiples facetas. Sería imponer una escuela única, como panacea de progreso, cuando en tantos países desarrollados ya están de vuelta de ello. Mientras más variadas sean las escuelas, más se perfecciona el derecho a elegir.

Una buena manera de mejorar sería reconocer explícitamente la importancia del ideario de cada centro, sea público o privado, como sello de calidad y transparencia. Así, en real sintonía, se pueden realizar proyectos comunes –padres, profesores y alumnos-, esfuerzos compartidos, estrategias eficaces para el desarrollo integral de niños y jóvenes. O sea, despolitizar la educación, con transparencia, aunando esfuerzos y evitando prejuicios. La enseñanza pública y la privada son complementarias, ambas imprescindibles para garantizar la libertad de enseñanza.

Es de interés común asegurar que los que manden en cada momento no vuelvan a utilizar la educación como arma ideológica, cosa que siempre acabamos pagando los ciudadanos con menos recursos. Además, el “café para todos” impuesto por algunos gobernantes sobre la educación de nuestros hijos, no facilita un ambiente de libertad ni una mayor calidad en el sistema educativo. Y ustedes me dirán y quién puede querer unas conciencias manipuladas o una libertad eliminada en este país: pues quien permita o mire para otro lado ante una adoctrinadora y obligatoria Educación para la Ciudadanía, o ante el perseguido derecho de todos a aprender y usar el castellano en cualquiera que sea la parcela de la nación en la que uno se encuentre, o cuando se llama educación sexista la que en realidad busca una educación personalizada, pues la educación diferenciada no discrimina, todo lo contrario, busca favorecer a chicos y chicas porque considera que, de 7 a 18 años, en aulas separadas los forma mejor.

(Por cierto, no nos dejemos confundir, la educación diferenciada no es un privilegio, es una opción. Y como los padres tenemos el derecho de poder elegir, cada uno debe optar libre y gratuitamente por la educación que considere mejor para sus hijos: mixta o diferenciada).

Además, si gobernantes y gobernados partimos de la verdad sobre el hombre  llegaremos a soluciones prácticas y acertadas. Defenderemos la libertad, tanto la propia como la de los demás. Nos dedicaremos, con todas las fuerzas y altura de miras, a lo más apasionante de este milenio: luchar  por ser buena referencia y estímulo de progreso para los países del tercer mundo. Nos desviviremos,  allí y aquí,  en la defensa de la dignidad humana.

Nuestros hijos, andando el tiempo, en un entorno cada vez más globalizado,  nos agradecerán haber crecido en un país donde, de verdad, se respete y defienda la pluralidad y la tolerancia. Pero, insisto que para ello, urge que las decisiones que se tomen sean a favor de todos y no en contra de la otra mayoría.



¿Qué es preferible ser injusto o padecer la injusticia?

Creo no ser exagerado al protestar por la dictadura silenciosa imperante en los medios de comunicación. Día sí y día también asistimos a un seudo-terrorismo censurador de aquella información que llega a la opinión pública. Quizás sea un pacto de silencio sobre temas que contradigan a los políticos de turno que nos mandan y a quienes les pagamos. Tal vez sea una autocensura que “nos evite los disgustos” de conocer  la cruda realidad. Sea como sea, papá Estado campa de nuevo a sus anchas.
 
Entenderán mi atrevimiento en relacionarlo con la improvisación del gobierno central ante nuestra crisis galopante, ante las perdidas multimillonarias por huelgas previsibles y no bien afrontadas, ante la sinrazón de las bombas de terroristas –tal vez perceptores de alguna ayuda económica oficial- al diario El Correo; ante leyes educativas en contra de las opinión de inmensidad de asociaciones de madres y padres de familia que ven conculcados sus derechos constitucionales de poder elegir escuela o de educar moralmente a sus hijos según sus convicciones.  Pues no, no puede ser que a estas alturas de la historia de la humanidad alguien se vaya a conformar con que impere la “ley del más fuerte”.

¿Qué hacer? ¿Es suficiente con  intentar no ser uno injusto, ir a votar “el mal menor” y que cada palo aguante su vela? Evidentemente no. Un país democrático no puede consistir en una ciudadanía de súbditos, ni en una partitocracia oligárquica y sin vocación de servicio. Sí es posible y urgente que desde la sociedad civil surjan más iniciativas para orientar y sensibilizar a los políticos sobre lo que parece mejor, más prioritario para el bien común.  Entonces, en esos temas, poner todas las fuerzas, buscar consensos, aglutinar sensibilidades. Los políticos, si quieren, lo pueden hacer bien. Para eso hace falta que no les embrujen los faustos del poder.

Pero, ¡ay!, muchas veces ya vemos que es  difícil. El interés particular y cierta inercia de “rodillo” arrasan y desdibujan lo que ocurre, tirando balones fuera, atrasando soluciones eficaces y que sirvan para todos. Ya veremos lo que ocurre con el precio de la luz, la subida de los combustibles, el encarecimiento acelerado de la cesta de la compra, etcétera. Lo pagaremos los mismos de siempre, la gente de a pie. Quiero ser optimista, pero por lo que se ve, ni el gobierno central ni los autonómicos - al menos por lo que respecta a Cataluña- están afrontando las necesidades con rigor y transparencia.

Como muestra, un botón. Imagínense ustedes que mientras un consejero de educación como el Sr. Ernest Maragall  habla ensimismado sobre excelencia educativa, recibe por parte de padres de familia catalanes un cuarto de millón de alegaciones a su Proyecto de Ley de Educación, pues conculca derechos fundamentales para toda la comunidad educativa.  Pero no se crean ustedes, ni caso, ¡eh! 

Para más señas, ¿a ver en cuántos medios aparece tratada con objetividad esta noticia?: El lunes día 9 de junio, por la tarde, en la Vía Augusta barcelonesa, de una manera familiar y festiva,  varios miles de ciudadanos pidieron libertad para elegir la educación que consideren oportuna para sus hijos.  Había cámaras y periodistas. Será la prueba del algodón. Ustedes mismos lo comprobarán. No digan que no les avisé.


¿Vuelven los caciques?

Es claro que los poderes públicos no están para que quien mande se sepa obedecido y controlador de los demás. La verdadera misión de cualquier responsable político o institucional, si es que desea evitar el autoritarismo, es  ayudar a construir la libertad de los demás, una libertad creativa, raíz de un verdadero bienestar. Eso facilita a todos obrar con la razón y en defensa del bien común. Es así como cada ciudadano se enmarca en un equilibrio de responsabilidad y libre albedrío. Situación que tiene una gran consecuencia práctica, que facilita enormemente la buena convivencia: En su esfera más próxima, cada persona también ejercerá la autoridad, cuando sea preciso, con justicia y eficacia.

Todo esto viene a cuento al saber que en algunos lugares, incluso de gran tradición democrática, se está condicionando cualquier derecho individual a las decisiones de unos pocos poderosos.  A eso se le llama democracia orgánica, una manera de gobernar más propia de los fascismos, de infausto recuerdo, que de un país moderno y libre de este nuevo milenio. ¿Quién querría regresar a aquellos horrores de opresión y vileza del siglo pasado?

Pues la mala noticia vuelve a estar muy relacionada con la familia y la educación. El lugar, la comunidad autonómica de Cataluña, otrora puerta de libertades para España. El instrumento, un ante-proyecto de ley que elimina, repetida y explícitamente, la libertad de los padres para elegir la educación de sus hijos; que obliga a entender la educación como un unidireccional servicio público, exclusivo de la administración. ¿Quién puede querer eso para sus hijos, ni para nadie?

A estas alturas de la historia de la humanidad es inimaginable que alguien pudiera ver justo el derecho feudal de pernada (establecía la potestad señorial de tener relaciones sexuales con toda doncella, sierva de su feudo, que se fuera a casar con otro siervo suyo). Pues algo parecido, en lo ideológico, es este proyecto de ley que se quiere presentar próximamente a votación en el parlamento catalán. Así pues, somos una vez más lugar de ensayos de la peor alquimia política, kafkiana y exportable, claro.

Pero, el caso es que tenemos derecho a pedir un sistema educativo que garantice la libertad de elección porque somos seres personales que crecen abriéndose al entorno y creamos formas de vida comunitaria. Es lo que nos facilita crecer en tolerancia y evitar el pensamiento único.

Ya Antonio Machado en su Juan de Mairena nos recordó que lo importante para el hombre no es poder decir todo lo que quiere sino pensar con auténtica libertad. O sea, dejémonos de tanto dirigismo estatal.

Urge un esfuerzo de todos, administración, centros educativos y padres de familia, para buscar lo realmente justo, evitando prejuicios y fijaciones prepotentes.

Ahora nos toca a los ciudadanos de a pie, de cualquier país y nación, salir sin complejos a una batalla abierta de las opiniones, buscando comprensión entre todos, especialmente sobre los puntos fundamentales de la dignidad humana. Pero eso va a ser imposible si resulta que los poderes públicos desconfían de la sociedad civil y de su vitalidad para crear entidades e iniciativas que faciliten el mejor desarrollo de la sociedad entera.

¿O es que hemos de relegar nuestros principios y valores a lo íntimo del pensamiento? Más bien, como ciudadanos de un país libre, deberemos poder compartir abiertamente inquietudes y diferencias, para luchar, unidos, por el bien común.

Así, seguro que reconocemos todos algo básico: Que la familia y la escuela son clave para educar buenos ciudadanos, que los padres y madres de familia necesitamos orientación y buenos criterios educativos. No puede ser que los centros de enseñanza, de iniciativa social o institucionales, con gran arraigo y prestigio en nuestro país, puedan quedar, ni siquiera sibilinamente, fuera de un sistema educativo moderno y de calidad.
 
En este contexto, importa mucho reconocer la importancia del ideario de cada centro, sea público o privado, como sello de calidad y transparencia. Así, en real sintonía, se pueden realizar proyectos comunes –padres, profesores y alumnos-,  esfuerzos compartidos, estrategias eficaces para el desarrollo integral de niños y jóvenes. Insisto, tanto en las escuelas públicas como en las privadas.
¿Dónde está el problema? Las cosas son como son, no como algunos políticos caprichosamente decidan, en un extraño afán por poner puertas al campo.

Si al querer elegir libremente el colegio para nuestros hijos, los padres de familia pedimos algo injusto o que atente contra alguien, que se nos diga en qué. Y si no, ¿por qué este maltrato continuado, sectario y obsesivo?

En todo caso, la libertad para elegir el centro educativo, donde los jóvenes ciudadanos reciban la formación necesaria, no es un privilegio, sino un derecho fundamental que tienen los padres. Además, esta diversidad será un gran antídoto para que a nadie se le ocurra instaurar un poder abusivo, ni local, ni autonómico ni estatal, como el de aquellos caciques del siglo pasado.


Por mis hijos, ¡viva la libertad!

De todos es conocida la difícil situación de nuestro sistema educativo, que desde muchos medios se denuncia, aunque los poderes públicos sigan, erre que erre, tirando balones fuera. Pues bien, la Generalitat de Catalunya quiere añadir más afrentas y sinrazones. Y es que la libertad de enseñanza vuelve a ser seriamente amenazada. Se puede ver, negro sobre blanco, en el Anteproyecto de Ley de Educación, presentado por el Departamento de Educación que dirige el Sr. Ernest Maragall (www.gencat.net/educacio/llei_educacio/pdf/Llei_edu_04_08.pdf).

El caso es que este texto vulnera de manera flagrante los artículos 10 y 27 de la Constitución, y diferentes normas internacionales sobre protección de los derechos humanos, puesto que no respeta el ideario o carácter propio de los centros educativos, no permite que los padres puedan educar a sus hijos de acuerdo con sus convicciones morales o religiosas, ni tampoco que puedan escoger libremente la escuela para ellos. También se opone a su artículo 16, que establece que España es un Estado no confesional, pero que ha de tener en cuenta las creencias de la sociedad española, ya que el anteproyecto afirma que la enseñanza ha de ser laica.

 Este anteproyecto también contradice al artículo 21 del nuevo Estatut de Catalunya, que habla de garantizar el derecho a la educación mediante un modelo educativo de interés público, y no un “servicio público”. El anteproyecto utiliza esta última expresión, para englobar no sólo a los colegios públicos, si no también a los concertados, con lo cual muestra a las claras su mentalidad intervencionista.

 Pero, y ya es el colmo de la sinrazón, incluso incumple varios artículos de la reciente LOE, ya que impone la escolarización obligatoria a partir de los 3 años, pese a que sólo lo es a partir de los 6 años de edad. Igualmente porque niega la posibilidad de concertar los centros que hayan optado por la educación diferenciada, ya que exige que sean mixtos. Esto se opone al artículo 116 de dicha Ley, que prevé que los centros privados que ofrezcan enseñanzas declaradas gratuitas y satisfagan necesidades de escolarización,  podrán acogerse al régimen de conciertos, sin ninguna distinción ni discriminación, y en su  Disposición Adicional Vigésimoquinta de la LOE establece simplemente que "los centros que desarrollen el principio de coeducación en todas las etapas educativas, serán objeto de atención preferente y prioritaria”, de manera que el hecho de que un centro educativo no sea mixto no es en ningún caso motivo para denegar la concesión del concierto correspondiente.

No les quiero cansar, pero como padre de familia y ciudadano de un país libre, considero que es preciso defenderse, pacífica pero enérgicamente, ante la injusticia y la intolerancia con las que algunos parece que nos quieren “regalar”. Todo por el simple hecho de verse seguros en el poder político y así pretenden hacer de su capa un sayo. Pero la verdad es que no se respetan a ellos mismos, pues no respetan a muchos ciudadanos que son insistentemente discriminados.

Reivindicar el derecho de los padres a educar a sus hijos de acuerdo con sus convicciones, así como la posibilidad de elegir el modelo educativo de escuela diferenciada, con el correspondiente derecho de estos centros educativos a recibir financiación pública mediante el concierto  correspondiente, es defender la libertad y la calidad en nuestro sistema educativo. O, lo que es lo mismo, preparar un mejor futuro para nuestros hijos y para la sociedad entera.



¿Está el Sr. Mariano Rajoy a la altura de las circunstancias?

Ortega y Gasset nos dejó escrito en sus Meditaciones del Quijote: “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”. Esta práctica, profunda y comprometedora reflexión viene a cuento especialmente. Y es que considero muy acertada la determinación de Mariano Rajoy para adelantar el Congreso Nacional del PP al próximo mes de junio y presentarse él mismo a la reelección, con un equipo renovado que trabaje para ganar las próximas elecciones generales.

Sería más fácil huir, desvanecerse o buscar corrientes favorables. Pues no, viva la sana tozudez, la disponibilidad para servir sin cálculos cómodos o egoístas, dar el buen fruto de una sabia cultura del esfuerzo, aunque pueda ser recriminado por algunos.

El caso es que, de las candidaturas presentadas en ese Congreso,  serán elegidos, mediante sistema de voto mayoritario a una sola vuelta, aquellos  que vayan a ostentar las funciones de dirección en el PP. O sea, que el presidente del PP inicia la buena tradición democrática de competir con otros líderes de su partido. Opino que es una respetabilísima manera de recomenzar  y cerrar filas para conseguir los 800.000 votos que le faltan para superar al PSOE-PSC-PSE y formar gobierno dentro de cuatro años.  ¡A qué tanto escándalo!

Al margen de los chichisbeos políticos, la noticia es esta determinación de Mariano Rajoy de seguir liderando el PP, mediante un procedimiento que ya no será excepcional y puede ser, definitivamente, el más adecuado para un partido moderno de centro-derecha.

Como experiencia no le falta, tiene los mejores datos, de primera mano, Mariano Rajoy podrá organizar una paciente y eficaz oposición. Es más, estará más libre para proponer una sensata alternancia en el gobierno de España, asunto que, visto lo visto, no debería causar tantos traumas y prejuicios. Creo que será una ocasión para evitar una política gubernamental demasiado politizada, poco útil para las personas.

Además, todos los que trabajen en la oposición, si quieren servir de verdad al bien común, han de poder tener unos firmes principios para la reflexión, criterio para juzgar las acciones del gobierno y una hoja de ruta muy clara para progresar en la sintonía con las necesidades de todos los ciudadanos. 

Es aquí donde creo que Mariano Rajoy puede favorecer tanto el planteamiento correcto de los problemas de la sociedad que vaya a hacer el gobierno, como las soluciones mejores, consensos incluidos.  Esperemos que el Sr. Zapatero no vuelva a ningunear  a 10 millones de votantes.
Por otra parte, seguro que el líder de la oposición ve como objetivo a corto plazo y primordial, mantener unido al PP; es éste un principio básico para poder presentarse con posibilidades de gobernar dentro de cuatro años. Pues que el Sr. Rajoy acierte en el equipo que le acompañe en estos nuevos tiempos, sabiendo que sólo 800.000 votos le han separado del PSOE.  
“Aunque me cueste, aunque no pueda, aunque reviente, aunque me muera”, decía Santa Teresa en momentos de gran contradicción. Estar a la altura de las circunstancias, dice el Sr. Rajoy. ¡Pues eso!   


Ciudadanos indefensos. ¿Hasta cuando?

Terrorismo, indefensión, lágrimas, impunidad, dolor, mentiras, incoherencias, oportunismos, egoísmos, concesiones,  lágrimas, lágrimas, indefensión, indefensión, lágrimas, lágrimas, confusión, inocentes insultados, unidad, lealtad, Estado de Derecho, democracia, lágrimas, indefensión, indefensión, huérfanos, viudas, injusticia, corrupción, inocentes insultados, lágrimas, lágrimas, indefensión, sufrimiento,  intereses partidistas, falsedades, protervos, protervos, concesiones, desespero, lágrimas, lágrimas, indefensión, indefensión, oídos sordos a las víctimas, afrentas, injusticia, desamparo, codicia, figurar, figurar, teatro, teatro, cobardía, cobardía, dolor, humillación, dolor, egoísmo, dolor, terrorismo. ¿Hasta cuando? 

Luz, determinación, Estado de Derecho, valentía, unidad, generosidad, nobleza, altura de miras, democracia, democracia. No nos rendimos. Somos más y defendemos la vida y la libertad.

Que afrontemos todos con valentía la provocación terrorista. Que nuestra democracia salga reforzada de esta nueva y dolorosísima prueba. Por Isaías Carrasco y por todas las víctimas de la barbarie terrorista.



Hacer más y hablar menos

Hemos visto desde el poder, repetidamente, obsesivamente, ningunear los matices y reflejos variadísimos de la pluralidad de luces de nuestra aún joven democracia. Sí, ésta que camina a tientas, con cortes de luz de sentido común, provocados por quienes precisamente nos deberían proteger de la primitiva oscuridad. ¿Hasta cuándo? ¿Qué debe ocurrir para que reaccionemos todos, sin la inercia de complejos ni sumisiones?

Todo el mundo sabe que ignorar lo evidente, manipular la información contrastada, seguir a pie juntillas un guión contrario a la verdad, es el colmo de la insensatez. Nunca un gobernante puede dejarse llevar por el desdén. Desdén por muchas cosas importantes, muy valoradas por otras personas y que él quizás no estime en su fuero interno. Despreciar la opinión de quien piensa diferente es la manera más rápida para convertirse en ineficaz gestor de los asuntos públicos.

Pues, ¡a qué esperamos! Que el afán por la justicia sea punto de salida y destino de la política. En nuestra mano está evitar que ningún gobernante únicamente se mueva por intereses partidistas y de poder.  Precisamente, esa capacidad es el privilegio de los ciudadanos libres. No va a ser fácil, pero podemos conseguirlo.

Rompo una lanza por el político que se muestre dispuesto y capaz de trabajar en un gobierno para todos. A quien no se le caigan los anillos por oír la voz de asociaciones de padres de familia, sobre temas sensibles a ellas, que sepa y quiera hacer autocrítica,  que no imponga leyes contrarias a la naturaleza humana, que busque con comprensión y paciencia la cohesión, el bien común y el consenso en los principales asuntos de Estado, que ejerza la autoridad sin autoritarismo, que se empeñe en un trabajo constante, riguroso y eficaz y evite las soluciones precipitadas y buenistas.

¿Qué equipo y líder político pueden ser los más idóneos para un país? ¿Quiénes pueden merecer la mayor confianza? Debería ser más sencillo tenerlo claro.  Y es que, ya no sólo algunos sesgados medios de comunicación sino, en ocasiones, los mismos políticos nos distorsionan la realidad de su mensaje.  ¿Tan arriesgado es tener principios e intentar presentarlos con coherencia? 

Las propuestas del “todo a cien” abundan demasiado y son pan para hoy y hambre para mañana.  A la hora de votar, creo que los ciudadanos tendremos muy en cuenta quién nos trata como personas inteligentes y quienes son capaces de luchar, sin sectarismos, por el bien común. De todas formas, aún hay quien piensa que las graves incoherencias, perezas, faltas de rigor, desdenes y privilegios partidistas, pueden quedar ocultos saliendo airoso de los debates o con mil y un apoyos mediáticos.

No quiero generalizar en la crítica, pero es de todos conocido el despilfarro de los dineros públicos. Urge dar más posibilidades a la sociedad civil y evitar cualquier macro-Estado protector, que pretenda imponernos, precocinado y a costa de nuestros impuestos, cualquier pensamiento político, moral, económico, pedagógico o sanitario.

Para llegar a acuerdos estables y de consenso puede ser muy oportuno repasar nuestra Carta Magna. La Constitución Española otorga a todos los ciudadanos una serie de derechos fundamentales de ámbito personal, público y también derechos vinculados con lo económico y social. Pues, ¡ea!, es cuestión de aplicarlos con fidelidad. De velar por su exquisito cumplimiento.

Aunque la clave de todo es el respeto y el derecho a discrepar, debemos estar dispuestos a sumar fuerzas. Para ello, será imprescindible entendernos en lo básico, buscar con pasión el bien de las personas, por encima de banderías humanas. El verdadero progreso de un país no es la exclusiva de los partidos políticos.

Son tiempos difíciles y complejos, “more challenge”, más reto, también más mérito. Ahora tenemos la gran oportunidad de llegar al fondo de lo que son las cosas, de saber priorizar, de implicarnos, de superar egoísmos y prejuicios, de luchar por la felicidad de los demás, que también será la nuestra. Esta batalla de paz por un orden justo me recuerda las palabras del maestro Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”.  A ver si esa reflexión nos las sabemos aplicar bien.

Todos nuestros esfuerzos los podremos dar  por bien empleados si este despertar de la sociedad civil mueve, inspira y orienta una actuación de los gobernantes más ecuánime, más solidaria,  más prudente y respetuosa con las personas. Es por ello que un sincero aprecio al itinerario vital de la niña del ejemplo de Mariano Rajoy  sea una buena referencia, para, ¡de verdad!, hacer más y hablar menos.


Motores de verdadero progreso


Considero que un medio imprescindible para neutralizar la falta de cooperación y sensatez en las relaciones político-sociales, es una mayor preparación de nuestros jóvenes, una más espontánea participación ciudadana en la vida pública, con nobleza y energía para liderar proyectos de mejora  que ayuden al bien común.  Por eso nunca, nunca, hacer el caldo gordo a quien busque o disculpe la exclusión (violenta o con maquiavélicas manipulaciones) de quien piensa diferente. Aprendamos a convivir, superemos el pensamiento único y sectario.

Soy padre de familia numerosa y profesor. Reconozco que me he de emplear a fondo para que mis hijos y mis alumnos desarrollen un sano espíritu crítico, que les ayude al conocimiento de lo que son las cosas en realidad y se vean atraídos por un siempre esforzado servicio al bien común. Intento que trabajen en equipo, que consigan debatir amigablemente con quien, en lo político (incluso en lo deportivo) o en cualquier asunto vital, piense diferente.

Pero además, hemos de estar convencidos de que sí sale a cuenta el juego limpio. Lo mejor que le puede ocurrir a un buen estudiante o a un buen profesional es tener colegas tan buenos o mejores que él. ¡A qué tanta rivalidad insana! Competir en buena lid es medio estupendo para optimizar proyectos y alejarnos de la mediocridad y el clientelismo.

Importa mucho animarnos todos a llegar a la verdad, ser sensibles para interesarnos por las necesidades de los demás. Preocuparnos más de qué es lo que yo puedo hacer por mi país y no tanto de qué voy a recibir de él.

Es realmente tiempo de rebeldía, pacífica pero con una clara determinación: Recuperar la inquietud por saber qué es el hombre y cómo asegurar su felicidad.

Como escribió Ortega y Gasset en “La Rebelión de las masas”: “…nunca como ahora estas vidas sin peso y sin raíz — déracinées de su destino — se dejen arrastrar por la más ligera corriente. Es la época de las "corrientes" y del "dejarse arrastrar". Casi nadie presenta resistencia a los superficiales torbellinos que se forman en arte o en ideas, o en política, o en los usos sociales”.

Para esa revolución, la estima, o como mínimo el respeto verdadero por cada una de las personas que nos rodean, será lo que asentará realmente nuestra profesionalidad, nuestro apasionado quehacer diario, nuestra razón de ser. Así, serviremos mejor, evitando desquitarnos de nadie ni  acomodándonos al piñón fijo de los prejuicios. Seremos, ¡pequeños, pero vitales, motores de verdadero progreso!


Algo más que buenos debates

A quienes les vamos a pedir que gobiernen próximamente nuestro país, les importa mucho vender bien el producto político que, hasta la saciedad, nos presentan con muy diversos estímulos.  Pero ya habremos comprobado múltiples deficiencias y bajas calidades en diversos contenidos programáticos. Por ejemplo, no todos le dan la misma importancia a la defensa de los derechos humanos -sí, sí, de los que este año celebraremos el 60 aniversario- aunque se les llene la boca para exigir nuevos derechos o propongan más Alianza de Civilizaciones, ideología de género y multiculturalismo. Como si la persona, la naturaleza humana, cambiase según nuestras opiniones particulares. Por favor, señores políticos, sean ustedes sensatos. Que el hombre no sea un lobo para el hombre. Presenten, con naturalidad, criterios propios, principios y hojas de ruta para solucionar los temas que de verdad preocupan a los ciudadanos. Y ustedes ya saben cuáles son, no se inventen otros para marear la perdiz o confundir a la opinión pública, que bastante tenemos con intentar formarnos un criterio propio.

Nos conviene a todos entender la sociedad como un juego de suma positiva. Es lícito intentar ganar unas elecciones pero nunca a costa de propuestas de relumbrón, inaplicables o contraproducentes para el buen desarrollo de la justicia y la convivencia.  Todos tenemos claro que una sociedad moderna es un sistema de cooperación. Pero vemos, que algunos hablan más de excluir absolutamente los planteamientos del contrario, que de su propio programa político. El odio o desprecio a quien plantee soluciones diferentes a las de uno, no son de este siglo ni  ayudan al progreso.

La condición humana pide cooperación y ella será un medio imprescindible para solucionar los problemas y afrontar los retos que tenemos en este siglo XXI. Participemos todos con nobleza, transparencia, energía para liderar, pero nunca con la exclusión -violenta o con manipulaciones soterradas- de quien piensa diferente. Además, el éxito inmoral es prematuro y a corto plazo, no sale a cuenta.


Responsabilidad y buen gobierno

La semana pasada, la ministra de Educación y candidata del PSOE al Congreso por Madrid, Mercedes Cabrera, estuvo en Bruselas para saber del informe de la Comisión sobre la situación de los sistemas educativos en los diversos países de la CE.  Pero, regresó  sin hacer ninguna declaración de intenciones, ni comentar nada sobre los muy negativas datos que allí se barajaron.
Sepamos de una vez que el problema del abandono escolar es especialmente acuciante en España, con una tasa media del 29,6% que duplica la europea (15,3%) y casi triplica el objetivo que se había marcado para el año 2010, según un informe de la Comisión Europea y, lejos de mejorar, según las últimas cifras comparativas de la UE, el problema se agrava.

En el 2000, un 29,1% de los estudiantes no terminaba la educación obligatoria, un porcentaje que en el 2006 se elevaba al 29,6%. España es el país más afectado por este problema, sólo por detrás de Malta (54,2%) y Portugal (42,6). Estos países, en cambio, han logrado reducir sus tasas de abandono escolar en los últimos años. Además, en España en el 2006, un 25,7% de los alumnos tenía dificultades de comprensión lectora, nueve puntos más que seis años atrás.

Sólo días después de volver a Madrid,  la señora Cabrera dijo, encima, que "ha sido una legislatura histórica en materia de educación por la reforma impulsada y por la convicción de que la educación es la mayor garantía de igualdad de oportunidades". Efectivamente, pero eso no lo puede conseguir este sistema educativo que carga en los profesores una desproporcionada parte de responsabilidad, excluye a los padres sistemáticamente, añade materias adoctrinadoras, obligatorias y evaluables como Educación para la Ciudadanía y prima lo fácil sobre lo esforzado que tiene cualquier plan de estudios de calidad.

Como en éste en muchos temas, en nuestro país estamos cansados de que quien manda relativice la realidad, e imponga opiniones y medidas parciales y subjetivas. Ese es el mayor de los dogmatismos. Lo mismo si son sindicatos, patronales o gobernantes, quienes lo esgrimen. La educación, la defensa de la vida, la seguridad ciudadana, la estabilidad familiar o el pleno empleo, no es terreno para experimentos partidistas. Aprovechemos la ocasión para participar en debates sensatos. Exijamos poder aportar ideas novedosas, defendamos lo que es propio a la naturaleza humana; huyamos de lo fácil, por acostumbrado, apartemos clichés y prejuicios.

Por ejemplo, y creo que es muestra para otros muchos asuntos, en el Pacto Nacional por la Educación hay posibilidades de trabajar por el bien común, sin menospreciar, como se ha hecho últimamente, las aportaciones imprescindibles de los padres y madres de familia. De nada sirve enfrentar a la enseñanza pública contra la de iniciativa social. Urge una mayor calidad en ambas, tanto como urge motivar y respetar la diversidad del pensamiento en la sociedad.

En todos los asuntos es claro que hemos de recuperar una mayor capacidad crítica, huir de una poltronería que afecta incluso al discernimiento. Recordemos que es la vitalidad de la sociedad la que va a proporcionar fortaleza al Estado de Derecho.


Por eso creo que es justo reclamar que los problemas de los ciudadanos no se intenten solucionar a micrófono cerrado, ni con cesiones electoralistas, ni con artificios para guardar las apariencias. Urge honradez y transparencia en la gestión y en los propósitos de quienes deseen liderar la política de un país. Eso sí facilitará un progreso real. Quien quiera ser presidente del futuro gobierno de España ha de estar sinceramente dispuesto a oír a los interesados y buscar consensos básicos en temas de interés nacional –inmigración, terrorismo, educación, empleo, políticas familiares y fiscales-  y así gobernar, de verdad, para todos.


Rompo una lanza por Carlos Herrera

Sólo he hablado con él en un par de ocasiones, en directo en su programa informativo de la mañana. Lo leo más que lo oigo y me parece ecuánime, trabajador y sinceramente preocupado por el bien común. Es más, por lo que me dicen mis compañeros del colegio, padres y madres de alumnos, familiares, el camarero del bar y la cajera del súper, es una persona que sabe llegar al fondo práctico y necesario de las cosas, que conecta con las prioridades de los ciudadanos de a pie.

Ante las dudas sobre quién habrá de moderar los debates televisados entre los dos principales líderes políticos de nuestro país, sin menospreciar la valía de otros estupendos comunicadores, rompo una lanza por Carlos Herrera, pues tiene la elegancia dialéctica para hacer aflorar en una conversación lo realmente importante, eso que los políticos demasiadas veces postergan. Espero que sea él quien dirija los debates entre Zapatero y Rajoy.

Como todos deseamos la transparencia en las intenciones de quien quizás vayamos a votar, tener a Carlos Herrera como moderador es una garantía para aprovechar bien esos deseados encuentros. Sacar de ellos agua clara para después decidir en consecuencia es imprescindible en una democracia que se precie. Todos saldremos ganando.


Consensos básicos y un gobierno para todos

Los ministros de Educación de la  Unión Europea han pedido a los gobiernos europeos que adopten medidas urgentes para combatir el abandono escolar, problema que afecta especialmente a España.

Como en éste en muchos temas, en nuestro país estamos cansados de que quien manda relativice la realidad, e imponga opiniones y medidas parciales y subjetivas. Ese es el mayor de los dogmatismos. Lo mismo si son sindicatos, patronales o gobernantes, quienes lo esgrimen. La educación, la defensa de la vida o la seguridad ciudadana no es terreno para experimentos partidistas. Aprovechemos la ocasión para trabajar todos por el bien común. Exijamos libertad de decisión, libertad de debatir, huyamos de lo fácil por acostumbrado, de los clichés y prejuicios.

Por ejemplo y creo que es un buen ejemplo para otros muchos asuntos, en el Pacto Nacional por la Educación hay posibilidades de trabajar por el bien común, sin menospreciar, como se ha hecho últimamente, las aportaciones imprescindibles de los padres y madres de familia. De nada sirve enfrentar a la enseñanza pública contra la de iniciativa social. Urge una mayor calidad en ambas, tanto como urge motivar y respetar la diversidad del pensamiento en la sociedad.

Para recuperar la cultura del esfuerzo y del respeto tendremos que contar con el trabajo de todos, con amplios y generosos acuerdos. Una libertad de andar por casa y sólo para unos cuantos no es bandera que ayude a progresar a una sociedad moderna. La calidad en la enseñanza pasa por la sinceridad en querer servir al bien común, demostrada por los que nos quieran gobernar.

Por eso creo que es justo reclamar que los problemas de los ciudadanos no se solucionan a micrófono cerrado. Urge transparencia en la gestión y en los propósitos, para conseguir así un progreso real y para todos. Esperemos que el Sr. Zapatero afronte en los debates los asuntos importantes, no como quiso hacer recientemente evitando hablar de la inmigración. Pero que no se nos ponga dramático, ni nos intente vender “pacificadoras” máscaras de gas para no contaminarnos de las “terribles” ideas demócrata-liberales del PP.

Quien quiera ser presidente del futuro gobierno de España ha de estar sinceramente dispuesto a consensos básicos en temas de interés nacional –inmigración, terrorismo, educación, empleo, políticas familiares y fiscales-  y así gobernar, de verdad, para todos.


Un sincero respeto a los ciudadanos