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Fundación DENAES

..................................................por Fundación Defensa de la Nación Española
Esto lo arregla Alicia

Desde la Fundación DENAES para la Defensa de la Nación española denunciamos esta campaña por simplista y peligrosa. Porque utiliza la democracia como un velo con el que cubrir la dramática realidad de la crisis económica pretendiendo tranquilizar artificialmente a los españoles. La Fundación Confianza, responsable de lo que consideramos un insulto a la nación, debería asesorarse y modificar sus planteamientos si es que pretende, como dice, «arreglar esto».
Una insólita campaña publicitaria orquestada desde instancias afines al Gobierno nos viene repitiendo desde hace unos días un lema aparentemente amigable que, a poco que se repare, resulta sospechoso: «Esto sólo lo arreglamos entre todos».
Su responsable, la Fundación Confianza —aparentemente creada ad hoc para dar cobertura a la propaganda—, nace con la pretensión, sin duda propia del «optimismo antropológico» de Zapatero, de que los españoles «cambiemos nuestro estado anímico ante la crisis» (sic). Parece mentira que una entidad integrada por el Consejo Superior de Cámaras de Comercio junto a dieciocho grandes empresas del país emplee, según sus propias declaraciones, cuatro millones de euros en anuncios de prensa, radio y televisión, más el empapelado de las principales ciudades, con el único fin de que «tengamos ilusión», la misma receta con la que nuestro Presidente lleva el camino de los cinco millones de parados.
«Aliento empresarial», lo ha denominado el periódico El País; «terapia de grupo», lo han llamado sin bochorno sus patrocinadores. Un ejemplo perfecto de Pensamiento Alicia, decimos nosotros.
En efecto, tal y como Gustavo Bueno lo ha definido, es una característica de este tipo de pensamiento, por doquier en los medios de comunicación de masas, atribuir a nuestros deseos capacidad para cambiar la realidad. Un idealismo aparentemente bienintencionado que se convierte en pensamiento de mala fe cuando se deposita en los españoles la responsabilidad de una gestión económica que sólo puede realizar quien dirige el país.
Desde la Fundación DENAES para la Defensa de la Nación española denunciamos esta campaña por simplista y peligrosa. Porque utiliza la democracia como un velo con el que cubrir la dramática realidad de la crisis económica pretendiendo tranquilizar artificialmente a los españoles. La Fundación Confianza, responsable de lo que consideramos un insulto a la nación, debería asesorarse y modificar sus planteamientos si es que pretende, como dice, «arreglar esto».
¡Andaluces, levantaos!

El 28 de Febrero se celebró el «día de Andalucía», efeméride que conmemora los treinta años que se cumplen del 28 de febrero de 1980, fecha del referendo autonómico en que se aprobó el Estatuto de Autonomía de esta región española.
El estatuto de 1980, no solamente legitimó una situación de clientelismo y localismo que supera las más graves del país, sino que sembró los vientos que han traído las tempestades del actual estatuto, aprobado en 2007 por los dos grandes partidos nacionales, pues ellos mismos se ven arrastrados por la deriva autonomista, por la carrera suicida de las competencias y del «sálvese quién pueda».
El estatuto de 2007 abundó en la larga lista de ideas malformadas inaugurada por las «nacionalidades» de las que habla la Constitución de 1978; en este caso, de la chistera autonomista salió aquello de «realidad nacional», un eufemismo por el cual se ocultaba la verdadera intención de los firmantes: igualarse al estatuto catalán que define aquella región como «nación» en un flagrante ataque a la nación española. «No vamos a ser menos que los catalanes», se podía leer en algún cartel propagandístico que podría servir de emblema de una España que viaja enloquecida hacia su destrucción.
Este último estatuto, además, se empeñó en inventarse unas «señas de identidad» a la medida de la supuesta esencia andaluza que estaba postulando. En este caso, en grave afrenta a la historia de las regiones andaluzas y al sentir de sus gentes, se consideró a Blas Infante el padre de la Patria-ficción. Pero Blas Infante, converso a la fe de Mahoma, abogaba por una Andalucía llamada a recuperarse para el Islam. La identidad que quieren imponer a los ciudadanos españoles que habitan en la Comunidad Autónoma andaluza pasa, efectivamente, por la ficción historia de identificarla con el Al-Andalus y presentar a éste como un modelo a seguir hoy día. ¡Qué barbaridad!
Desde DENAES tomamos la letra (también ficción) del «himno de Andalucía» y decimos «¡Andaluces, levantaos!». Sí, pero hacedlo contra la mentira histórica y por la defensa de la nación española, ante la que todos los ciudadanos son libres e iguales y cuya preservación para las generaciones venideras es una responsabilidad que hemos heredado de las que nos precedieron.
El 'irreductible' PNV

En un acto carnavalero celebrado el sábado a las puertas de «Sabin Etxea» , casa natal en Bilbao de Sabino Arana Goiri, por las juventudes del Partido Nacionalista Vasco (EGI) , el presidente del PNV en Vizcaya Antonio Ortúzar y su acólito Íñigo Iturrate, representante nacionalista en el parlamento autonómico, además de disfrazarse de Asterix y Obelix procedieron a la lectura de un «conjuro» en el que en «clave de humor» se sostenía que desde la toma de posesión de «Pacus el Pez» (por Francisco Javier —«Pachi»— López) en calidad de «Proconsul de Hispaniones en Baskonia» (sic), el «País Vascorum» habría venido siendo infectado por una supuesta «gripe H» o «fiebre Hispaniae», dolencia cuyo principal síntoma no sería otro que la «piel rojigualda».
Frente a semejante epidemia —a la que no resultaría demasiado descabellado de tipificar como «fiebre española»— estos ilustres representantes del Partido Nacionalista Vasco contarían, imaginamos que en la «recámara», con un poderoso antídoto. Y con esto del antídoto, los representantes de esta fuerza política secesionista no se estarían al parecer refiriendo tanto a las bombas y la metralla de la ETA, cuanto a la «pócima bascona» (sic) que, suponemos estarían dispuestos a comenzar a distribuir entre la población vasca en adecuadas dosis desde la más tierna infancia como así lo hicieron durante los treinta años de gobierno peneuvista en esta comunidad autónoma.
Ahora bien, la alocución de estos galos redivivios, muy lejos de terminar aquí, continúa añadiendo las siguientes perlas a su repertorio de «barbaridades» (y nos parece que la palabra se ajusta excelentemente a la escenografía pre-romana elegida por Ortúzar y sus mariachis): «Rogolfus Aresius Lucenses de Hispania» —por Rodolfo Ares, consejero de interior del gobierno vasco— sería un «virus peligroso que trae malformaciones y que convierte nuestras tradicionales txapelas en el tricornium». En cuanto a los representantes del Partido Popular, el pregón peneuvista no se detendría en barras a la hora de descalificarlos con fórmulas igualmente gruesas pues que estos representarían «una vieja bacteria que se había afincado en nuestro país hace más de un siglo: la fiebre negurítica». En todo caso, agrega la letanía, «en Vitoria –Gazteiz se ha instalado un virus expansivo que viene del sur, trae pereza y vagancia» y que produciría efectos como el siguiente: «las personas aquejadas tienden a repantigarse en el triclinum y en lugar de escuchar txistus, dulzainas o soinuak, utilizan una caja pequeña que te entra por las orejas llamada, al parecer, I-Pod».
Pues bien, frente a semejante colección de disparates pronunciados para más INRI en el frontis de la casa de Sabino Arana , lo primero que nos parece necesario hacer notar desde la Fundación DENAES es la nitidez tan sorprendente con la que el Partido Nacionalista Vasco estaría en efecto dando muestras de encontrarse atrapado en el delirio permanente que es propio del aranismo : creemos que ciertamente resulta muy difícil en este sentido imaginar una muestra más profusa de insultos convenientemente aderezados con un tonillo racista particularmente insidioso y puestos , además, al servicio de un irrefrenable odio a España a la que se comenzaría por concebir como una «enfermedad» de la que la «Arcadia feliz» debe recuperarse con toda urgencia.
Pero si esto es así, todavía nos sorprenderá más que todo el numerito venga patrocinado por la mencionadas juventudes del PNV. Esto es, por una organización, EGI, que hace ya cuatro décadas descubrió el «remedio» más adecuado ante semejantes dolencias españolas, logrando con ello sintetizar el principio activo de la «pócima bascona» mediante la siguiente fórmula: Euskadi Ta Askatasuna.
El catalán sobre todo

Como ya es sabido, la Generalidad, o sea, el Gobierno autónomo de Cataluña, está ultimando un decreto por el que exigirá el catalán a los profesores universitarios. En su inexorable deriva hacia la secesión, era el organismo educativo que, al parecer, aún quedaba por purificar del español.
Pero sin contar con que dicha medida podría discutirse legalmente en tanto que se apoya en el Estatuto de Cataluña, en cualquier caso, ella viene precedida por una previa selección, dirán algunos, marginación hasta el exterminio, diremos nosotros, de cuantos profesores se mostraron desafectos al régimen instaurado por el «nacionalismo catalán», secesionismo en realidad, ya desde los años setenta. No hay más que saber lo que cuenta Jiménez Losantos en su libro de 1979 Lo que queda de España para comprobar que el texto legal que se aprobará, si todo sigue como hasta ahora, es la cobertura de lo que ya venía produciéndose de hecho. Y decimos «exterminio» en sentido literal, puesto que de sacarles de Cataluña se trataba con tal de que los planes del secesionismo tuvieran el menor estorbo posible. Ello ha ocurrido en el País Vasco de manera más evidente ante la amenaza de muerte de ETA; sin embargo, hasta ahora se ha minusvalorado la muerte civil, en su delicadeza aún más cruel que la física, que en Cataluña especialmente se ha cobrado numerosas víctimas.
Ahora bien, si ello es así, esta noticia al mismo tiempo nos ofrece un argumento insobornable para los patriotas españoles que, ya sean catalanes, ya sean de otros lugares de España, se resisten a esa muerte civil decretada por sus Gobiernos. Pues, para que una «nación» como Cataluña pueda tener existencia, previamente hay que aniquilar a esa parte de España que forma parte del territorio delimitado por los secesionistas como «suyo». Y claro está que semejante aniquilación dejaría un rastro, las reliquias y los relatos producidos durante lo que podría denominarse, en caso de que su plan secesionista se cumpla, «el surgimiento de la nación catalana». Personas, instituciones y territorio cuya historia, incluyendo al idioma catalán, es española, y a la que tendrán que renunciar so pena de admitir su crimen.
Eso es la Cataluña oficial, un país que necesita decretos ley para existir. Con unos profesores universitarios que, si hablan catalán, será porque han sido «prefabricados» en las enseñanzas básica y media instauradas hace décadas para dicho fin: no ser España. Un fin, como podemos observar, tan ridículo como indeseable. Y lo más importante, un fin que puede evitarse.
Pantanos de España

Las tierras íberas, de clima por lo general seco y de orografía apropiada para los embalses, han sido desde hace milenios terreno idóneo para la construcción de presas y pantanos. El embalse romano de Prosperpina (sobre cuya antigüedad se han abierto no hace mucho algunos interrogantes), que tomaba el nombre de una diosa primaveral asociada a la fertilidad, fue un hito en la historia de estas estructuras, y su perdurar a lo largo de los siglos ha recordado a generaciones enteras el liderazgo hispano de los ingenios hidráulicos.
Esta tradición no se frenó cuando nació España como tal, es decir, cuando los reinos cristianos del norte, en movimiento de reconquista hacia el sur, asumieron el papel rector de las distintas partes territoriales reunidas bajo la nueva identidad imperial. Muchos embalses fueron alimentando los regadíos españoles a través de canales, acequias, norias, y un largo etcétera. Desde el siglo XVI, muchas de esas obras se hacían en las provincias españolas de ultramar.
A finales del siglo XIX, cuando los territorios que habían conformado el Imperio español alcanzaron su mayoría de edad e independencia, los nuevos tiempos hicieron a muchos españoles, entre ellos el aragonés Joaquín Costa, pugnar por una adaptación del campo español a la situación internacional, lo que pasaba por aumentar su producción a base de nuevos regadíos. Este objetivo se plasmó en varias leyes e inversiones ya entrado el siglo XX, de entre las cuales destaca la ordenación del suelo hispano en «cuencas hidrográficas» de 1927, durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera.
Con esta ordenación trabajó la Segunda República. Manuel Lorenzo Pardo, hidrólogo con Primo de Rivera, fue el encargado de trazar el ambicioso Plan de 1933. A él se debe el proyecto de lo que fue, seguramente, el primer embalse hiperanual del mundo, el embalse del Ebro. La idea era aprovechar las muchas lluvias de su zona de cabecera, en Reinosa, para almacenar agua que pudiera garantizar las necesidades de los campos aguas abajo de Santander incluso en los años secos. En su recorrido de casi 1000 kilómetros, este río riega provincias y regiones clave en la historia de España, de Navarra a Cataluña, y su administración sólo podía darse a nivel nacional.
El marco nacional de políticas hidráulicas continuó sin sobresaltos con el nuevo régimen tras la Segunda República. Los famosos «pantanos de Franco», así como los primeros trasvases de importancia, supusieron en muchos casos la realización efectiva de los del plan de 1933, que a su vez bebía de épocas anteriores y de una larga tradición hispana.
Hoy, la cortedad de miras de la política autonómica aborrece todo plan nacional, sea hidrológico o de otro tipo, y el fanatismo que quiere reescribir la historia de España como si la democracia del 78 surgiera de sí misma, asocia los embalses a una supuesta megalomanía del encargado de inaugurarlos en el anterior régimen. Hoy, en definitiva, la misma unidad básica de la Patria, la que por su territorio trazan sus ríos y cuencas, se ve amenazada por los que atacan a España. Defendamos nuestras aguas comunes y estaremos defendiendo a la nación.
Patriotas sin patria

Un artículo de opinión del diario Gara del 9 de enero se ha hecho eco de nuestro editorial de estas Navidades dedicado a la lotería nacional. Un editorial cuyo título, «La Lotería es nacional, suponemos ha debido escocer lo suficiente como para que el diario secesionista vasco haya tenido que responderlo por extenso. Y como su esfuerzo por ridiculizarnos no ha servido para modificar ni un ápice la verdad de nuestro editorial, en lugar de repetírsela, responderemos a algunas de las cuestiones que, a propósito de su burda crítica, él mismo nos pone en bandeja.
Para empezar por el principio: el título con el que responden, «La lotería españoliza», viene a ser, según su autor, la conclusión a la que el nacionalista español representado por DENAES se agarra como a un clavo ardiendo con tal de encontrar alguna seña de identidad para su birriosa patria. Es curioso que alguien sin patria, pues la patria vasca es un engendro de su imaginación, se permita robar un fragmento del territorio de su nación canónica y eche después la culpa de su latrocinio a quienes lo padecen, los españoles a secas, nada de «nacionalistas españoles».
Pero en segundo lugar, y más importante: no es que España tenga como seña de identidad tal o cual rasgo (a cual más irrisorio –-toros, lotería— según el secesionista) sino que desde la Fundación DENAES lo que pretendimos fue poner en ridículo a quien deposita en semejante argumentación la existencia de una Nación. Porque son precisamente ellos, los que se dan a la búsqueda de la pureza de sus señas de identidad cultural sacrosanta, los que junto con el baile del Dantzari juegan a la lotería nacional, o sea, española y, por tanto, eliminable. España, afortunadamente, no tiene «señas de identidad», al menos no de esa identidad megárica en la que algunos vascos creen vivir como en una burbuja.
Quien ríe el último, ríe mejor. El antiespañolismo furibundo les ciega hasta el punto de no entender que comparten con sus compatriotas instituciones de larga tradición no por casualidad, como era el caso en aquellas fechas en las que la lotería nacional, por suerte o por desgracia –-que esa es otra cuestión— «paraliza» las noticias de todos los medios de comunicación y mantiene entretenidas a millones de personas en España.
Desprestigio internacional de España

La presidencia española de la Unión Europea, inaugurada con el año con proyecciones en la Puerta del Sol, ha sido recibida con menos algarabía por la prensa internacional. En numerosos editoriales, ésta se queja no sólo de la figura del «presidente de turno», molesto recordatorio de que la figura de la presidencia que ha aparecido tras la ratificación del Tratado de Lisboa es todavía muy débil. Pero, sobre todo, se pregunta cómo puede Zapatero pretender dar consejos en la UE cuando su papel en España es tan cuestionable.
Dos ejemplos de la semana pasada. The Economist, tras señalar en un artículo cómo el ataque del gobierno catalán a los toros lo es en realidad contra España, sugiere en otro a Zapatero que mejore las cosas en casa antes de abordar los asuntos europeos o las mundiales (concretamente, se mofa de sus esfuerzos por mendigar un puesto en el G-20 como si tuviera algo interesante que decir en esa cumbre).
El Financial Times, por su parte, tras lamentar las crecientes cifras del paro en EEUU y Europa (subrayando cómo en la economía europea el consumo ha dejado de ser un motor y cómo Alemania está en ciernes de ser superada por China como primera exportadora mundial), culpa a España de gran parte de este aumento y constata que nuestra juventud será la más perjudicada de toda la región.
Desde DENAES, recordamos que el desprestigio internacional de la imagen de España en el exterior, exacerbado por la crisis económica, demuestra que ningún partido puede ordenar convenientemente un país si considera que su «democracia» o sus «pueblos» son anteriores a su constitución como sociedad política, como Patria geográfica e histórica.
El español y la necesidad lingüística

El gravísimo problema que acucia a España en la educación, gravísimo en cuanto se encuentra vinculado a la propia existencia de la Nación española, pasa por una de sus horas más bajas.
No sólo porque con el nuevo decreto del gallego, cuyo borrador ha sido presentado de forma vergonzante por parte de Feijoo, se hayan frustrado las promesas electorales del PP en Galicia, sino porque quienes se suponen «de hecho» defensores de la lengua española en dicha Comunidad Autónoma, ejemplarmente «Galicia bilingüe», lo hacen bajo la capa políticamente correcta de la «libertad lingüística».
En efecto, los titulares de las noticias de estas Navidades nos hablaron de la «traición» de Feijoo a la «libertad de los padres para elegir la lengua vehicular de sus hijos en la educación», una traición según la cual en lugar de poder elegir la lengua (gallego o español), el político ha tirado por la calle de en medio con un «modelo trilingüe», solución insólita que ha venido a soslayar dicha «elección lingüstica» en virtud de la introducción del inglés como lengua «mediadora»: todo el mundo tendrá que estudiar en las tres lenguas, una de ellas extranjera —que será de hecho el inglés—, para evitar que pueda relegarse, o bien el gallego, o bien el español. Por cierto que a Rajoy le ha parecido que dicho modelo trilingüe debiera extenderse a todas las Comunidades Autónomas «bilingües».
Bien. Pues decimos que lo más triste de esta situación viene por parte de quienes se consideran de hecho los defensores de la lengua española –-incluyendo al PP—, porque ni siquiera ellos saben a ciencia cierta diagnosticar el verdadero problema al que se enfrentan, que no es, por mucho que les pese, el de la libertad, sino el de España, pura y simplemente.
Hay que saber que en España la única lengua común a todos los españoles es el español, y no por casualidad ni por decreto, sino por un proceso histórico que durante siglos ha resultado en que los españoles puedan entenderse con una sola lengua. Nadie lo eligió voluntariamente, sino que fue la necesidad de participar en empresas conjuntas lo que les llevó a hablar en español, lengua que si hoy es hablada por cuatrocientos millones de personas es gracias a dichas empresas, la mayor de las cuales fue y sigue siendo América.
Dejar todo esto en la defensa de la «libertad lingüística en la educación» y equiparar al español con cualquiera de las otras lenguas oficiales de cada Comunidad Autónoma, distintas entre sí, no parece enfrentarse a quienes, desde el secesionismo, consideran que la lengua está vinculada a la Nación y pretenden imponer el gallego (o el eusquera o el catalán) frente al español. Pues lo peor es que tienen razón. La Nación española está vinculada de manera necesaria al español, la única lengua en la que las leyes del Estado, por poner un ejemplo de texto escrito, se pueden promulgar de manera que las entiendan todos aquellos que han de cumplirlas.
Pongamos de una vez las cartas boca arriba y digamos sin complejo que no es posible que el Estado deposite en la elección de los padres la educación nacional. ¿Quién nos dice que los padres no elegirán libremente el gallego o el vascuence o el catalán como «lengua vehicular», concepto este abstruso donde los haya? Y entonces, cuando la cacareada «libertad lingüística» haya marginado al español, como de hecho ya sucede en el País Vasco y Cataluña, ¿quién se acordará de que era el español lo que había de defender como lengua común y propia de todos, insistimos, de todos los españoles?
El PSOE en Babia

La semana pasada diversos dirigentes del Partido Socialista Obrero Español han tenido a bien reaccionar frente a la carta enviada por el Presidente de la Generalidad catalana, el también socialista, José Montilla a más de 200 entidades de la llamada «sociedad civil» de aquella comunidad autónoma reclamando una «respuesta unitaria» en el caso de que la esperada sentencia del Tribunal Constitucional sea desfavorable al pseudo-estatuto de Cataluña.
En este sentido, tal y como nuestros lectores a buen seguro conocen ya, el presidente de la Comisión Constitucional del Congreso, Alfonso Guerra, amén de considerar «increíble» dicha misiva por parte de Montilla habría declarado que «los políticos catalanes están en la estratosfera».
Asimismo, y pocos días después, el ex presidente de la Comunidad de Madrid, Joaquín Leguina, quien se ha distinguido por una actitud sólidamente crítica del proceso disgregador de la Nación española que le honra, ha podido manifestar su coincidencia con las palabras de Guerra apostillando además que el 90% de los militantes socialistas criticarían el silencio oficial («silencio de los corderos» según las palabras de Leguina, a nuestro juicio certeras) del PSOE en lo que se refiere a asuntos de tanta gravedad como este.
Pues bien, desde la Fundación DENAES sin duda que hemos de comenzar por coincidir con Alfonso Guerra y Joaquín Leguina en la calificación que la carta de Montilla nos merece y debe merecernos. Una carta engranada además, a la manera de momento puntual suyo, en una cadena de amenazas formales y públicas dirigidas a la tan cacareada independencia del Alto Tribunal que ha de entender sobre la «constitucionalidad» del mal llamado estatuto.
Ahora bien, si es en efecto cierto que esta apuesta subversiva del Presidente de la Generalidad resulta verdaderamente «increíble» en su carácter chantajista, maniobrero o sencillamente sedicioso, ello, por sí mismo, no probaría que tales dirigentes «catalanes» (sin perjuicio de que alguno de ellos sea cordobés, es decir, charnego) viven en la «estratosfera». Al contrario, sus planes y programas, por más repugnantes que nos parezcan, pueden muy bien salir adelante si el estatuto sigue aplicándose en Cataluña con las gravísimas consecuencias que esto implica para la unidad de España como Nación Soberana.
Pero, adviértase, si ello es así, esto es, si tales planes resultan exitosos, semejante calamidad se deberá en parte a la complicidad objetiva de muchos dirigentes socialistas –-y no sólo, aunque acaso sí principalmente de José Luis Rodríguez Zapatero y sus ministros— que han venido solidarizándose de mil maneras distintas con las triquiñuelas de los secesionistas: por ejemplo, aquellos que aprobaron en el congreso el «estatuto» soberanista de la «nación catalana». Lo que en consecuencia puede dinamarse de todo ello es que son tales diputados —y entre ellos el propio Guerra— , y no tanto Montilla u otros líderes separatistas, los que verdaderamente estarán en la «estratosfera»… «o en Babia».
La lotería es nacional

Pese a quien pese, la atención del día 22 en España, a juzgar por los telediarios, fue para la lotería nacional.
Ahora que parece que se quiere acabar con aquellas instituciones representativas de nuestra nación, léase la fiesta nacional, sin embargo las hay de larga tradición con las que los separatistas no parecen tener problema.
Y a riesgo de presentar un nuevo blanco para su diana, sea el editorial de hoy dedicado a este juego español tan popular, pues conviene que recobremos fuerzas simplemente constatando la incoherencia entre las preocupaciones que aquejan a nuestros políticos en los parlamentos autonómicos y los desvelos con los que ayer muchos de nuestros compatriotas siguieron el Sorteo Extraordinario de Navidad.
En efecto, el juego de la lotería es sabido que vino con Carlos III, y que en su momento supuso la importación de una tradición napolitana, pero lo que se pasa por alto es que la Lotería moderna, tal como la conocemos hoy en día, se originó en el Cádiz de 1811, cuando la Guerra de la Independencia había dejado resentida a la Hacienda Pública y a Ciriaco González Carvajal se le ocurrió «un medio de aumentar los ingresos del erario público sin quebranto de los contribuyentes».
Y así tuvo lugar en Cádiz, el día 4 de marzo de 1812, el primer sorteo. Avanzando por el territorio nacional según se iban retirando los ejércitos napoleónicos, finalmente se celebró en Madrid el 28 de febrero de 1814, desde entonces sede de la «Lotería Nacional de Billetes».
¿Podría encontrarse mayor símbolo de la unidad de la Nación Española?¿Acaso en las Comunidades Autónomas con ínfulas de nación se ha dejado de jugar y retransmitir este Sorteo que nació en tan gloriosa ocasión?
Desde la Fundación DENAES para la Defensa de la Nación Española celebramos la pervivencia de esta centenaria tradición, prueba, entre otras, de las muchas ocasiones en que los españoles no reniegan de lo que son.
'Vete a Copenhague'

Y tras los referéndums, vino la realidad. Y es que Pérez Carod, al día siguiente de haberse creído dirigente de la nación catalana, tuvo que quedarse en la puerta...en la de la Cumbre del Clima de Copenhague, donde de nada sirvió su «carnet» de «Gobiernos Regionales de Desarrollo Sostenible» con el que pensaba colarse.
En Copenhague, en un acto institucional de esta envergadura, sin la acreditación española no se entra. Eso sólo pasa en España, en donde nuestros secesionistas domésticos, malcriados, se creen que todo el mundo es español.
Y, ay de sus camaradas de secesión, que le dejaron en la puerta. Ni solidaridad con el caído tienen los traidores, que empiezan por dejar a España y no dudan en llevar la acreditación española dejando atrás a Pérez Carod. Como Francesc Baltasar, del «equip de Govern de la Generalitat», que se transformó ante las azafatas, suponemos, en el españolito paleto que es.
Deberíamos enterarnos. Y viajar más, a lo mejor, no para conocer el mundo, sino para conocer lo que es España. En Copenhague, por lo menos, lo saben.
La noticia, aparte de la hilarante escena, no se agota en ninguna anécdota, sino que es un «ejemplo», en el sentido clásico de «enseñanza», del hecho mismo institucional de España.
Ni pseudoembajadas, ni pseudoreferendumes, ni pseudocarnets les valen a quienes confunden la realidad española con su deseo de eliminarla. En el fondo, incapaces de la política, los secesionistas sólo tienen convencida a una parte de los españoles, una parte aquejada de ignorancia culpable, sepámoslo, porque lo que es al resto de españoles y de las naciones con asiento en la ONU, difícilmente se nos va a insuflar la especie de que España no existe.
Y para terminar con alegría navideña, incorporemos al acerbo de las expresiones españolas una nueva.
La próxima vez que Pérez Carod tome la palabra en público, estaría muy bien que alguien le espetase: «¡Vete a Copenhague!».
La sedición tolerada

Siguiendo la estela de la consulta «soberanista» celebrada en el municipio leridano de Arenys de Munt el pasado 13 de septiembre, un total de setecientos mil ciudadanos españoles distribuidos en 167 localidades acudían el pasado domingo a lo largo y ancho de Cataluña a las «urnas» dispuestas al efecto por la organización secesionista Plataforma por el Derecho a Decidir. Tal iniciativa, arropada como es de sobra conocido por algunos de los nombres más distinguidos de la llamada «sociedad civil catalana» (de otro modo: por felones como puedan serlo Juan Laporta, Sergio López o Quimi Portet), no parecen haber preocupado demasiado al gobierno de España con su presidente a la cabeza. Y es que, tal y como habría declarado el propio José Luis Rodríguez Zapatero, haciendo con ello gala de su acreditada «vista de lince», tales consultas «no van a ninguna parte» al carecer dichos referéndums de naturaleza jurídica vinculante. Según esto, la iniciativa de los secesionistas catalanes carecería por completo de cualquier recorrido al punto que, en modo alguno, deberían inquietar a nadie. Sencillamente se trataría de una estrategia inútil, abortada desde sus mismos inicios.
Pero, sin perjuicio del incombustible optimismo de nuestro presidente que pareciera dar por supuesto, en nombre de no se sabe qué tipo de oscuro armonismo, que las leyes españolas lo aguantan todo, desde DENAES estimamos que esto es precisamente lo que está por demostrar. Es efectivamente cierto que tales consultas, independientemente del resultado que puedan arrojar, no ponen en absoluto en peligro la unidad y la identidad de la nación española por razón de su carencia de fuerza vinculante, pero ello no obsta para que sin embargo, constituyan evidentemente una amenaza gravísima dirigida contra la misma línea de flotación de dicha unidad e identidad , a saber, la soberanía indivisa del pueblo español sobre la totalidad del territorio nacional. Una amenaza que incluso habría sido apalabrada de manera realmente muy nítida por los traidores que han convocado las consultas de referencia: «Esta votación es la primera de una serie que debe abrirnos camino para ejercer el derecho de autodeterminación. Estamos en el inicio de un proceso nacional que tiene que terminar cuando los ciudadanos podamos votar en un referéndum vinculante que nos permita decidir nuestro futuro».
Ahora bien, en estas condiciones la pregunta que desde DENAES comenzamos por formular es esta: si los objetivos secesionistas de la Plataforma catalana que habría organizado las consultas representan , tal y como damos por cierto, una amenaza muy nítida a la soberanía de España como nación política y no como conglomerado federal de estados soberanos, ¿no estará asimismo el «optimismo antropológico» (léase: el «panfilismo») de ZP transformando directamente dichas amenazas en verdaderos peligros para la nación mediante el expediente de no tomárselas suficientemente en serio bajo la coartada de su carácter no vinculante puesto que, al parecer, ellas «no irían a ninguna parte»?
Y si esto es así, no podemos menos que recordar algo que debería resultar obvio: las amenazas contra la nación sencillamente no pueden permitirse. O dicho de otro modo: las consultas secesionistas catalanas no deberían haberse tolerado ni pueden tampoco continuar tolerándose en el futuro.
Denaes
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