Editado por Eduardo de Lácara
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..............................................George Chaya www.georgechaya.org


Lecciones de la Segunda Guerra Mundial

A menudo, la dirección política y sus imprescindibles militancias siempre dispuestas a diseminar su odio antioccidental y anticristiano, nos dicen que la gran mayoría de las personas que profesa la fe islámica es pacífica, y que no piensa ni desea destruir a Occidente. Hasta en las cadenas de noticias y agencias engrasadas a base de petrodólares se sostiene que apenas el 1% de los 1.300 millones de musulmanes suscribe la doctrina yihadista que califica a América de Gran Satán y causa de todos los males.

Aquellos que aún dudan del poder de internet se veían sacudidos recientemente por un simple post en un blog que acabó en despacho de AP y difundido por doquier. Titulado "Por qué la mayoría silenciosa es irrelevante" y firmado por "E. Marek", el sencillo texto señala que para el Islam, que la mayoría de los musulmanes sean pacíficos o no es igual de relevante que lo fue para el Nazismo el hecho del pacifismo de la mayoría de los alemanes. En esos mismos años 30, los japoneses asesinaron a alrededor de 4,5 millones de chinos, y mataron a más de 2.600 americanos cuando el 7 de diciembre de 1941 atacaban Pearl Harbor. Y la mayoría de los japoneses era pacífica.

¿Tomaron Roosevelt o Churchill en cuenta a la hora de responder al militarismo Nazi o al expansionismo japonés que la gran mayoría de la ciudadanía era pacífica? La respuesta es no. ¿Se debería tener en cuenta que probablemente la mayoría de los habitantes de los países musulmanes prefiere dejarse de guerras santas y llevar su vida? La respuesta depende del grado de inocencia que adjudiquemos a esa mayoría y a su silencio.
 
En el presente, fanáticos yihadistas incitan al terrorismo contra Occidente, y asesinan a miles de personas en muchos países, tanto de Oriente Medio como de Occidente. La mayoría de los muertos en Irak no son americanos, sino iraquíes. ¿Dónde radica aún hoy el éxito de los terroristas? Su éxito radica en que los millones de ciudadanos musulmanes amantes de la paz se mantienen en silencio o apáticos ante el avance islamista.

Puede que la mayoría de los musulmanes sea pacífica. Pero en primer lugar, no hay suficiente condena a los actos terroristas por parte de quienes son los mayores perjudicados, es decir, la umma islámica. Ni en Oriente ni en Occidente. No hablemos ya si estos actos guardan alguna relación aparente con los palestinos, los mismos palestinos abandonados en el arroyo primero por los países musulmanes. Y a esta apología, se suma la ayuda directa o indirecta que reciben los terroristas de los gobiernos musulmanes, y que no es ajena a nadie de la comunidad internacional. La Unión Europea, defensora del multiculturalismo, aconsejaba recientemente a los gobiernos de los países miembros la vigilancia de la financiación de las mezquitas dentro de sus fronteras. Y es que sin ayuda para obtener explosivos, montar oficinas, mantener campamentos de entrenamiento o infraestructura de recaudación, no habría forma de que los terroristas pudieran llevar a cabo sus operaciones.

Seria deseable desde luego que los millones de musulmanes pacíficos tomaran las medidas adecuadas para evitar este resultado. Eso ayudaría a no privarnos al resto de la ilusión de que expresiones tales como "países árabes moderados" no son solo una forma de hablar.

El error de los líderes espirituales fue no hablar y denunciar a los terroristas para tratar de detenerlos. Hoy, nadie puede ser líder espiritual si lleva la contraria al pensamiento yihadista. El error de los gobernantes musulmanes fue no impedir que se arrastrara a miles de musulmanes a posiciones antitéticas con el modernismo y la paz. Hoy, nadie que no defienda el pensamiento yihadista puede ser gobernante musulmán.

Las personas que amaban la paz en Alemania, Italia o Japón se convirtieron en enemigos y blancos militares de las potencias Aliadas durante la Segunda Guerra Mundial. Fue el precio de no hablar. Los gobiernos musulmanes deberán estar preparados para sufrir el peso de Occidente en sus esfuerzos de lucha contra el terrorismo si no se inclinan por políticas consistentes con esta lucha y siguen permitiendo a los yihadistas operar sus países. Y ello es perfectamente legítimo y consistente con la historia.

Las lecciones de la historia son con frecuencia increíblemente simples, pero a pesar de todos nuestros esfuerzos, también son increíblemente tercas.


Europa: actuar o sucumbir

Varias páginas jihadistas han recogido y están dando difusión a dos fuertes mensajes que el líder de Al Qaeda, Osama ben Laden, lanzara en las últimas semanas. En ellos, el jefe terrorista amenaza a Europa con la yihad completa y absoluta en el total de su geografía, y promete recuperar en breve Al Ándalus para el pueblo de Mahoma en lo que parece ser la contundente respuesta islamista a las recientes expresiones de autoafirmación del continente europeo. 

Todo indica que la re-reproducción de algunas de las caricaturas danesas, el estreno del cortometraje del diputado holandés Geert Wilders y un enfoque más agresivo sobre la expansión de la agenda islamista por parte de los nuevos líderes europeos ha desencadenado  las iras de Al-Qaida. 

La vanguardia jihadista europea no encontraba esta oposición desde hacía años, porque Europa viene retrocediendo hacia la dhimmitudcomo no se ha visto en siglos, y la nueva clase dirigente emergiendo del viejo continente está provocando dolores de crecimiento en la otra orilla del Mediterráneo. La reacción, aunque tenue de momento, puede ser el principio de una política de rescate del continente.

La situación de partida en la Europa actual es alarmante. Sólo desde el 11 de Septiembre:

·         Francia ya ha designado más de 3 zonas a las que la policía del estado no puede entrar, y en las que el Código Napoleónico ha sido discretamente sustituido por la shari´a.

·         Bélgica ha desistido de deportar a los inmigrantes ilegales de África del Norte, que llevaban a cabo huelgas de hambre en diversas mezquitas de Bruselas.

·         Una jueza alemana desestimaba la demanda interpuesta por una mujer marroquí molida a palos por su esposo, argumentando que el estado alemán "no debe negar ni violentar sus creencias islámicas [del marido] y la cultura islámica".

·         El Arzobispo de Canterbury insta a los británicos a aceptar la legalización de la shari´a en el Reino Unido.

·         Los taxistas musulmanes de Noruega se niegan a transportar pasajeros ciegos, dado que sus perros lazarillo son "impuros" según el islam.

Aunque es ahora que Europa parece despertar lentamente, es llamativo pues observar el extremo de deterioro en que se encuentran los valores que sustentan al viejo continente. No son solamente los episodios de pasividad del estado y su resistencia a implementar el estado de derecho, al mismo tiempo incluso que aprueba documentos que dictan lo contrario, como el Tratado de Lisboa recién ratificado. La clase política europea parece escandalizarse en extremo con cuestiones como Abú Ghraib o sufrir ataques epilépticos ante la mera mención de la palabra "Guantánamo", pero ante realidades como la invitación a decapitar al Papa Benedicto XVI por el discurso de Regensburg o los bombardeos del norte y el sur de Israel con artillería pagada desde Irán y Siria, la clase política europea no parece igual de resuelta. Un funcionario del Departamento de Estado comentaba recientemente al Washington Post que las causas que defiende Europa le recuerdan a Margaret Thatcher con las Islas Malvinas: "no miente, es que sufre amnesia selectiva".

Y no es ningún secreto decir que los primeros en notarlo, antes que los europeos, son los jihadistas. Es pues lógico que sean ellos los primeros en acusar el cambio.

¿Durará esta situación? En su interpretación islamista, la principal diferencia entre el islam y el resto de las doctrinas religiosas monoteístas reside en que la doctrina del islam es dos cosas a la vez: sagrada e inmutable. Para las demás, la palabra de Dios es sagrada (por venir de él) pero está sujeta a interpretaciones. En el islam, la palabra es sagrada e inmutable a la vez, y cualquier cambio va contra Dios por este motivo. Sumado a que el Corán es un texto en el que ideas como "ofrecer la otra mejilla", "amar al prójimo como a uno mismo" o "la igualdad inherente entre todos los seres humanos" brillan por su ausencia, todo esto nos garantiza muchas sorpresas en el futuro. Europa acabará pues despertando, porque es cuestión de tiempo que la sorpresa sea lo bastante… sorprendente. Pero la pregunta es más bien a qué precio; ¿un explosivo químico en el metro de Londres? ¿Un suicida nuclear en París? Contra más tarde despierte, será más elevado el precio.

En mi opinión, lo que está sucediendo no es que Europa despierta, sino que los europeos a todos los niveles, desde las ciudades pequeñas a sus medios de comunicación, empiezan a comprender que el islam radical no comparte absolutamente nada en común con su propia visión de Europa como federación de países libres cuna del vals y el Moet. El problema reside en que la colosal burocracia europea, gobernada holgadamente por la izquierda política, está blindada frente a la opinión pública europea. La reciente ratificación del Tratado de Lisboa, subterfugio político para aprobar lejos de los europeos el tratado europeo rechazado con anterioridad, es prueba de que la ciudadanía europea no siempre decide el aro por el que pasa. Que la situación actual por tanto dure o no dependerá de si los ciudadanos europeos logran llamar o no la atención de sus líderes.

La yihad de Al Qaeda, por supuesto, no es una disciplina espiritual ni es yoga ni meditación, y ya sea mediante la da´wa (predicación), la infiltración o la destrucción, no va a esperar a que los europeos se decidan.

En el problema de Europa con la yihad se aglomeran muchos factores: el precio del petróleo, la cantidad de inmigrantes musulmanes en los suburbios o las políticas de defensa son unos cuantos. Lo que estos episodios nuevos ponen de manifiesto es que el problema de Europa es el mismo que el de Afganistán, Irak, Israel, el Líbano o Estados Unidos. Se trata de si toda una sociedad se atreve a ser libre y elegir su propia forma de vida o no, y lo que está dispuesta a hacer para defender su respuesta a esa pregunta.

Frente a la yihad islámica, Europa debe responder con políticas realistas y firmes, que deben llevarse hasta sus últimas consecuencias; cualquier cosa inferior a esto no funcionará, porque por primera vez en la historia, ya no está en juego un conflicto en algún país lejano; está en juego la propia existencia de Europa dentro del marco internacional de lucha contra el terrorismo.


George Chaya
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