Editado por Eduardo de Lácara
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....................Miguel Barrachina, diputado nacional del PP



1808 y la nación enferma

Ahora que se cumple el doscientos aniversario de la Guerra de la Independencia se pone de manifiesto como en la era de la globalización, en España, el localismo y el nacionalismo están ganando sorprendentemente la batalla de las ideas.

En Gerona, como en Bilbao, y en tantos otros sitios donde el separatismo se enseña en los colegios socialistas y nacionalistas, hace doscientos años y en ausencia de gobierno central, con vacío absoluto de poder, el pueblo se manifestó a través de las proclamas.

“Españoles: el peligro es inminente…Fernando VII, nuestro único y legítimo Soberano, nos inspira amor y lealtad,…Valencia, Aragón, Murcia, Mallorca, y demás Provincias de España: unid con nosotros tan cristianísimo voto: levantaos todos a una, y tomando unánimes las armas por una causa la más justa y sagrada,… y lograremos el común deseo de ver colocado en el trono de España a nuestro amado Fernando VII.” Gerona, 15 de Junio de 1808.

En 1808 se puso de manifiesto un sentimiento preexistente de pertenencia a la Nación Española que desde tiempos remotos se venía dando, ¿qué ha cambiado en Gerona o en Vizcaya, para que recientemente una universidad pública prohibiera la entrada de los miembros de la Familia Real por la que sus tatarabuelos dieron la vida?

Ha ocurrido sencillamente que el interés egoísta, el sentimiento localista, se ha impuesto sobre el general. El virus del nacionalismo ha prendido incluso en partidos de la izquierda supuestamente universalista e históricamente llamados “españoles” hasta el punto de hacer enfermar a nuestra a Nación.

En el levantamiento contra el invasor francés, como en tantos otros lugares de España, en mi ciudad, Segorbe, se organizó el Batallón de Voluntarios del Campo Segorbino que llegó a alcanzar los 1.700 efectivos de lo que hoy es la provincia de Castellón.

La sangre de este heroico grupo, con más voluntad que instrucción y que fue exterminado en la ciudad de Zaragoza durante el Segundo Sitio, se mezcló para siempre con el agua del río Ebro, el mismo río que ya no quiere ser español sino solo de alguna de sus regiones.

Lo hemos debido hacer muy mal, entre todos, para que en estos 200 años nuestros sentimientos, nuestros afectos, se hayan resentido de tal manera que avergonzarían a los que entonces, hombro con hombro, supieron morir juntos.


Los Calvo Sotelo


Mataron a Calvo Sotelo, ¡Fixeron ben!” (hicieron bien), así comienza el libro “Pláticas de familia” que escribió Don Leopoldo Calvo-Sotelo Bustelo, y la frase refleja lo escuchado por el propio autor en Ribadeo, cuando contaba con diez años y acababan de asesinar a su tío José.

Las biografías de los Calvo Sotelo son una buena manera de contar la reciente historia moderna de España.

El pasado lunes acompañé en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso de los Diputados a la familia de Don Leopoldo, mi madrugón segorbino me permitió ser el primer y, durante algunos minutos, único diputado que estuvo ante el féretro. Tiempo suficiente para identificar en el rostro de sus ocho hijos al propio Leopoldo en sus fotos de juventud que recoge las “Pláticas de familia”.

En los momentos de mayor convulsión en la España reciente un Calvo Sotelo ha sido involuntario actor principal.

El asesinato por la guardia de la República de líder monárquico José Calvo Sotelo precipitó el levantamiento militar de 1936, entonces su sobrino Leopoldo no podía imaginar que en su propio debate de investidura para la presidencia del gobierno, un 23 de febrero de 1981, otros uniformados intentarían torcer el rumbo nacional.

Hoy una sobrina de Don Leopoldo es ministra del ejecutivo socialista, Mercedes Cabrera Calvo-Sotelo, y antes que ellos, Ramón Bustelo, su abuelo materno, ya fue diputado por Ribadeo durante dos décadas hasta la llegada de la dictadura de Miguel Primo de Rivera.

De los escritos de Leopoldo se aprecia un más estrecho vínculo con la familia materna, “los Bustelo” asentada en el municipio lucense de Ribadeo en el que ya descansa el ex presidente.

Quien quiera acercarse más a la familia paterna de Don Leopoldo, y al asesinado José Calvo Sotelo, puede recurrir a la minuciosa biografía escrita por Alfonso Bullón. Sobre José es mejor leer que escribir, pues de todos aquellos cuyas ideologías extremas propiciaron el enfrentamiento entre españoles, se siguen hiriendo sentimientos.

Sólo dentro de algunos años de José Calvo Sotelo se podrá escribir sin prejuicios, de quien fue ministro de Hacienda en la dictadura de Miguel Primo de Rivera, y cuya ideología favorable al golpismo, se extremó de tal modo que el hijo de Miguel, José Antonio, ni lo aceptó como militante de Falange.

No obstante y a pesar de su deriva ideológica, que le condujo a la muerte por guardias de asalto de militancia socialista, el actual régimen municipal nació de su mano, y la creación de Campsa o la modernización de la fiscalidad lo convierten en una figura, que superadas las adulaciones franquistas y los odios republicanos, dibuja certeramente uno de los extremos en los que cayó España.

Felizmente su sobrino Leopoldo hizo un recorrido bien distinto y fue un gran Presidente desde el centro político.



La victoria de la estética

Si en un país en el que se bate record en número de parados, tipos de interés y crecimiento de los precios, su presidente está entregado a la negación de la evidencia y a los golpes de efecto mediáticos, es obvio que la estética, la imagen, se ha impuesto sobre los contenidos, sobre la eficacia en la gestión.

Ayer en el Congreso de los Diputados se convalidó el decreto que restituye parcialmente, y sólo hacia el norte socialista, el trasvase del Ebro. La vía del decreto es la misma que se utilizó para paralizar las obras del gran acuerdo alcanzado en el Consejo Nacional del Agua y que cristalizó en la ley del Plan Hidrológico Nacional.

Lo llamativo es que Zapatero derogó un trasvase a seis provincias necesitadas, y lo que ahora se repone es “una aportación puntual de agua” sólo para una de ellas, Barcelona, que lo merece sin duda tanto como las otras cinco.

Para el presidente socialista no importa los cuatro años perdidos, ni la legislatura concluida con miles de hectómetros cúbicos de agua desaprovechados, sino la operación cosmética de cambiarle el nombre a las cosas para ocultar la situación real.

Algo parecido vimos cuando se negoció con los terroristas llamándole “proceso de paz” con resultado de fracaso.

No importan ni los fiascos, ni la ausencia de gestión, preocupa exclusivamente la imagen, y así se han hecho los nombramientos ministeriales, y así se están tomando las primeras decisiones.

La situación de “estanflación”, estancamiento económico con inflación, es el peor de los escenarios que estudiábamos en macroeconomía y reclama una auténtica revolución fiscal y laboral como la que tuvo lugar con Aznar en 1996.

Sin embargo la respuesta socialista a esta enorme crisis, es otra vez meramente estética, negarla, llamándole “desaceleración”, y ocultarla con un cheque de 400 euros pagados con nuestros exagerados impuestos. Pura imagen nuevamente.

La nueva legislatura consuma la victoria de la estética sobre el contenido, de la forma sobre le fondo, de la falsa sonrisa sobre eficaz gestión. A la justa medida de Rodríguez Zapatero.



Junto al PSOE

La banda criminal ETA acaba de atentar contra la sede del PSE de Elgoibar, y ya van seis ataques contra los socialistas desde la ruptura de la tregua en junio del 2007.

El más doloroso el que le costó la vida a Isaías Carrasco a dos días de las pasadas elecciones.

Esta sede guipuzcoana de Elgoibar ha padecido ya numerosos atentados y felizmente sigue abierta.

Todos los demócratas, en este tiempo de recrudecimiento criminal y hostigamiento al PSE, estamos junto a ellos, han de saber que la inmensa mayoría de los vascos les secunda y deben notar la presencia de los 44 millones de españoles a su lado.

Nunca hubo “proceso de paz” porque previamente tampoco hubo una guerra, de haberla habido la habríamos ganado los demócratas, que además de tener razón somos algo más del 98% de los españoles.

Muchos españoles, posiblemente la mayoría, nos disgustamos profundamente cuando vimos al secretario general del PSE Pachi López sentado de tú a tú con el etarra Otegui.

Hoy partidarios de este último, que por decisión gubernamental anidan en las instituciones, como la concejal de ANV en Hondarribia Miren Legorburu afirman que “el PSOE, PP y PNV  tienen las manos manchadas de sangre". ¿Cabe alcanzar acuerdo alguno con quien además de justificar el asesinato, parte de planteamientos tan delirantes? Indudablemente no, confiemos en no caer en los errores de la pasada legislatura.

UCD sufrió en su día una criminal campaña de acoso que le hizo claudicar en el País Vasco, el Partido Popular tiene sedes clandestinas y en nuestros mítines hay más policía que simpatizantes, a pesar de ser la tercera fuerza política y contar con líderes del valor de María San Gil, Carlos Iturgaiz o Regina Otaola. Al PSE no debe pasarle lo mismo.

Contra ETA todos estamos con el Gobierno, y frente al ataque al PSE todos nos sentimos socialistas vascos.


Barcelona sí, Castellón también

En esta nueva legislatura Castellón va a seguir habitando en la marginación. Las primeras decisiones de Rodríguez Zapatero así lo indican, la restitución parcial del derogado trasvase del Ebro sólo hacia el norte indica la “idea de España” que tiene el presidente socialista. 

Durante el debate de investidura de esta lX legislatura tuvimos que aguantar el giro puramente estético de Zapatero proponiendo su “idea de España”, ya la conocíamos y la hemos vuelto a sufrir con sus primeras decisiones.

El gran acuerdo alcanzado por más del 80% de los miembros del Consejo Nacional del Agua y plasmado en la ley del Plan Hidrológico Nacional fue destruido por la vía del decreto, y ahora otro decreto ley, repondrá el agua pero sólo para los que votan PSOE.

Esta es su “idea de España”, también puesta de manifiesto con sus  políticas nacionalistas. Sus presidentes en Baleares, Galicia y Cataluña están dando nuevas vueltas de tuerca a la represión lingüística. 

El último episodio conocido es el del colegio mallorquín Mestre Guillemet de Santa Eugènia, donde su director llamado Miquel Coll, hace que los niños cambien su lengua materna por la catalana incluso en el tiempo de recreo, donde se les llama la atención si no se someten a los caprichos lingüísticos del socialismo balear.

Este presunto señor Miquel Coll abusa de su condición de maestro para someter a niños indefensos a sus deseos de “normalización”, haciéndoles además un enorme daño pedagógico, con aumento extraordinario en el fracaso escolar de aquellos a quienes no se educa en su lengua materna.

Cabe recordar a dos catalanes nacionalistas, desde la derecha y desde la izquierda. Francesc Cambó uno de los padres del nacionalismo catalán, decía con razón: "No se le quite al niño la lengua que le es propia, porque ello es quitarle el carácter."

Y desde la izquierda Josep Benet en la UNESCO en 1951 afirmaba que “se tortura a nuestros niños durante los primeros años de escuela aprendiendo una lengua que nos es la materna”.

Por cierto que una de las conclusiones de aquel debate de la UNESCO de 1951 en París fue que “es axiomático que el mejor medio para enseñar a un niño es la lengua materna”.

Hay un lugar común entre socialistas y nacionalistas, ambos reducen nuestras libertades para que la sociedad se ajuste a sus caprichos totalitarios.

Desgraciadamente la “idea de España” de Rodríguez Zapatero va  a seguir siendo la de todo para algunos y nada para otros, y Castellón está entre estos últimos.

Barcelona sí necesita agua, Castellón también, que se nos juzgue por nuestras necesidades y no por nuestro color político.


Zapatero, felón

El trasvase a Barcelona no se llamará trasvase, sino “aportación puntual de agua”, con la misma facilidad con la que a la negociación con los asesinos le llamaron “proceso de paz”. ¿Quién puede estar en contra de la paz o de una aportación puntual de agua? Nadie, es cuestión de manipular en lenguaje para convertir lo malo en bueno o viceversa.

Pero si al final lo del “agua” era una cuestión terminológica, que hubiesen empezado por ahí y en lugar de haber derogado los trasvases que les hubiesen cambiando el nombre y hoy Barcelona dispondría del agua que reclama, merece y el propio PSOE sacó del Plan Hidrológico Nacional.
 
Rodríguez Zapatero que afirmó en Zaragoza hace sólo un mes “lo dije aquí hace cuatro años. Hoy lo reitero: mientras sea presidente del Gobierno no habrá trasvase del Ebro”, ha vuelto a mentir a los españoles. Es un felón, un embaucador, y esta vez además, un alevoso porque lo orquestó con antelación y lo supo durante toda la campaña.

Lo advirtió premonitoriamente Mariano Rajoy en el debate de investidura  “lo que está sucediendo con los vecinos de Barcelona y de otros muchos ayuntamientos de España es una injusticia, en algunas ocasiones hasta una burla. No se les puede decir que hay trasvases buenos o malos, porque de la sensación de ineficacia se podría también llegar hasta la sensación de injusticia.”

Y ciertamente es una gran injusticia, “una humillación” en palabras de Francisco Camps, que quienes financiaron las manifestaciones de  los anti-trasvase, tras obtener sus votos se apresten a reclamar parte de  lo por ellos mismos derogado.

El colmo es que, además, Cataluña votó la pasada semana contra los trasvases que se aprobaron en el Comité de Regiones de la UE dentro del Informe Camps que obtuvo el respaldo mayoritario. Inaudito.

Será el noveno trasvase del Ebro, dos de ellos abastecen Bilbao desde los años 60, y es curioso que tras reconocer que los trasvases vuelven a ser buenos, estos lo sean sólo hacia el norte, donde llueve 7 veces más que al sur del río más caudaloso de España.

A pesar de que la Comunidad Valenciana ha hecho sus deberes y que  hasta el propio INE reconoce que triplica a Cataluña en la cantidad de agua reutilizada, será esta última la única que lo reciba. Un escándalo.


Repugnante imposición lingüistica

Hay un lugar común entre socialistas y nacionalistas, ambos reducen nuestras libertades para que la sociedad se ajuste a sus caprichos totalitarios.

Los gobiernos social-nacionalistas en Baleares, Galicia y Cataluña están dando nuevas vueltas de turca a la represión lingüística. 

El director del colegio público Mestre Guillemet de Santa Eugènia en Mallorca, un pájaro llamado Miquel Coll, hace que los niños cambien su lengua materna por la catalana incluso en el tiempo de recreo.

Sencillamente repugnante, que este cobarde se meta con los niños y con su lengua ¿por qué no lo intenta con los padres?

Este presunto señor Miquel Coll abusa de su condición de maestro para someter a niños indefensos a sus deseos lingüísticos. Haciéndoles además un enorme daño pedagógico, con aumento extraordinario en el fracaso escolar de aquellos a quienes no se educa en su lengua materna.

Es curioso el viraje de los nacionalismos en España, que secundan las imposiciones lingüísticas de los presidentes autonómicos de Zapatero, tanto a derecha como a izquierda, cuando antes pedían libertad de elección.
 
Así uno de los padres del nacionalismo catalán, varias veces ministro, y fundador de la Lliga Regionalista en 1901, Francesc Cambó que decía con razón: "No se le quite al niño la lengua que le es propia, porque ello es quitarle el carácter."

Y desde la izquierda Josep Benet en la UNESCO en 1951 afirmaba que “se tortura a nuestros niños durante los primeros años de escuela aprendiendo una lengua que nos es la materna”. Una lastima que Benet cuando fue diputado olvidara este derecho para la mayoría de niños catalanes que son castellanohablantes.

Por cierto que una de las conclusiones de aquel debate de la UNESCO de 1951en París fue que “es axiomático que el mejor medio para enseñar a un niño es la lengua materna”.

Esta exigencia de libertad para educarse en lengua materna era tan válida con Franco como lo es ahora con Rodríguez Zapatero, el de los nuevos derechos de ciudadanía.

Los presidentes autonómicos socialistas imponen su modelo lingüístico totalitario, dañando a los niños y reduciendo nuestra libertad de elección en algo fundamental como es la lengua, será esta la proclama “idea de España” del recién investido presidente.



Zapatero hereda de Zapatero

Ya no hay trasvase que derogar, tropas que retirar, leyes educativas que anular, ni herencia que malgastar. Rodríguez Zapatero es ahora sucesor de sí mismo y se enfrenta a sus propias carencias.

Ya no puede gobernar contra el Partido Popular, ahora cada vez que sus medidas perjudiquen al conjunto de los españoles ya podrá responsabilizar más que a sus ministros de sus evidentes fracasos  económicos, hídricos, judiciales, territoriales o inmigratorios.

Hoy, cuatro años después, mientras los agricultores del Sur y de Levante siguen mirando al cielo esperando la lluvia, Zapatero ya no tiene trasvase que derogar, sino sequía que atender, y son los socialistas catalanes, que jalearon la paralización de las obras ya iniciadas del trasvase del Ebro, quienes ahora lo demandan de su afluente el Segre que también se contemplaba en el Plan Hidrológico Nacional.

Solo en la España de Zapatero, la de Chiki li Quatre, la parte seca cede agua a la húmeda. Un auténtico “sainete del que salen perdiendo los ciudadanos” como ha advertido Mariano Rajoy en el debate de investidura de hoy.

Almería, donde se sitúa el único desierto de Europa,  trasvasa agua desalada por barco a un norte diez veces más lluviosos, y estaría muy bien, ya que el agua es de todos los españoles no de ningún territorio, sino fuera antieconómico, lento, contaminante y de peor calidad que el agua trasvasada de los ríos.

Ahora en este segundo debate de investidura de Zapatero ya no se anuncian retiradas de tropas de Irak sino que se envían contingentes, mayores incluso, a Afganistán.

Ya no podrá Solbes hablar de despensa medio llena o medio vacía porque la despensa, junto a los electrodomésticos, se los llevaron los del banco. ¡Qué tiempos aquellos en los que heredamos el gobierno de Aznar y no de Rodríguez Zapatero!

 


Apasionante legislatura

Acabo de jurar por segunda vez como diputado nacional en un contexto bien distinto al de hace cuatro años, tanto en la forma como en el fondo.

La escena parlamentaria ha cambiado mucho más de lo que  de lo que parece.

Es la primera vez en nueve legislaturas que un presidente del Congreso de los Diputados resulta elegido en segunda vuelta y sin mayoría absoluta, y donde el principal grupo de oposición bate record representativo sumando 154 escaños.

Esta cifra de 154 diputados está más próxima a la de un grupo de gobierno –la primera victoria popular en 1996 fue con 156 escaños- que de oposición y refleja el crecimiento en 515.000 votos obtenido por Mariano Rajoy.

Además, a la desaparición de Eusko Alkartasuna y Chunta Aragonesista, hay que añadir la pérdida de grupo parlamentario de ERC, IU y Coalición Canaria, y la mengua en escaños del PNV, que en muchos casos eran el eco del gobierno de Zapatero y ahora o no están o se les espera con mayor beligerancia hacia el ejecutivo.

Este cambio de escenario y actores, se sintetiza en Soraya Sáez de Santamaría nueva portavoz del Grupo Popular, cuya juventud manifiesta el inicio de un nuevo periodo que reclama la partición y el esfuerzo de todos.
 
Suceder a una personalidad política del nivel de Eduardo Zaplana es sin duda complicado pero el unánime respaldo con el que cuenta Rajoy a la hora de tomar decisiones facilitará el proceso.

A los cambios en el escenario y en los actores hay que añadir las sustanciales modificaciones en el fondo de la política gubernamental. Ya no hay tropas que retirar, la economía se hunde, no es lo mismo heredar del PP que del PSOE, y hasta la supresión de los trasvases se arruina cuando queda descubierto el “pinchazo” del río Segre.

Apasionante legislatura, trufada de cambios y novedades.



Los costosos pactos de Zapatero

La primera votación de investidura de Rodríguez Zapatero y sus pactos subsiguientes nos salieron muy caros a los esapñoles.

Tal y como Maragall afirmó “ni una gota de agua para valencianos ni murcianos”, y Zapatero y Carod Rovira pactaron, nos quedamos sin el trasvase de aguas del Ebro que ahora sí se reclama por los socialistas para Barcelona.

Las cesiones a los nacionalistas fueron constantes, y la división territorial extraordinaria.
Ahora el precio de los nuevos acuerdos para el presente debate de investidura vuelve a ser desconocido, lo que contrasta con la transparencia de los pactos escritos de 1996 de apoyo a Aznar por CIU y PNV.

Lo más probable es que el coste sea menos evidente pero más perjudicial si cabe.

Así con el PNV las transacciones ya han comenzado, y a pesar de que en la Caja Vital de Alava los ahorradores próximos al PP fueron mayoría, los socialistas han elegido a los nacionalistas.

Es una pena que los acuerdos del PSOE y el PNV sean para repartirse entidades financieras y no para velar porque le 97% de los niños de aquella provincia, de lengua materna castellana, puedan elegir libremente idioma.

Esta perdida de libertades, más difícilmente mensurable, puede ser la tónica de la lX legislatura, en la que la alianza social-nacionalista en Galicia, Baleares y Cataluña dará nuevas vueltas de tuerca para el establecimiento de una uniformidad idiomática, cultural e ideológica, cuya premisa es la supresión de libertades lingüísticas, ya sean en el colegio, la administración o la empresa.

Antes o después habrá que asumir que en cuestiones básicas, como las competencias del Estado o la lengua, no se puede depender de pactos coyunturales, y una reforma constitucional deberá librar al gobierno socialista de turno de trueques de coches oficiales a cambio de nuestras libertades.



Legislatura nueva, errores viejos

¿Una nueva legislatura o más de lo mismo? Mientras las palabras de Rodríguez Zapatero anuncian lo primero sus acciones indican lo segundo.

El probable presidente ha anunciado, lucha contra el terrorismo y  dialogo con todos los partidos, lo mismo que la pasada legislatura en la que sólo se persiguió a ETA en los últimos meses y se reformaron normas básicas sin diálogo con el partido que dirige Rajoy.

Lo que sí ha sido ya un cambio es que hace cuatro años se llegó al gobierno al grito de retirar las tropas de Irak y ahora una de las primeras medidas ha sido elevar el número de soldados en Afganistán.

Y lo que también es una evidencia, que marcará definitivamente la legislatura, es que no es lo mismo recibir la herencia económica del Partido Popular que del PSOE, y que agotada la inercia de los primeros años ahora será Zapatero quién determine cual es su modelo económico, si lo tiene.
   
Sin embargo junto a las novedades políticas hay viejos errores que permanecen, como la supresión de vínculos entre españoles.

Finalizadas ya las costosísimas campañas en las que Zapatero se publicitaba como “Gobierno de España”, que en su totalidad han supuesto más de 1.000 millones de euros y él mismo, y sus gobiernos autonómicos vuelven donde solían.

Así, el hasta hace nada "Gobierno de España" está suprimiendo la palabra "nacional" del nombre de sus organismos, que se llamarán "estatales".

El Instituto Nacional de Meteorología, acaba de perder la denominación con la que hace siglo y medio fue creado y que respetaron todos nuestros gobernantes salvo Zapatero. Ahora se va a llamar Agencia Estatal de Meteorología y a cambio nace el Centro Nacional de Meteorología de Cataluña.

También las históricos museos nacionales forman ahora la "Red Estatal de Museos", y de manera progresiva se instala en el imaginario colectivo que España es tan sólo un Estado que agrupa a naciones distintas, lo cual además de una falsedad histórica supone una vulneración de la Constitución.

 Otro gobierno socialista, el de Galicia, que ya subvenciona las lápidas funerarias en gallego y sólo permite apagar incendios a quienes acreditan requisito lingüístico, acaba de editar un decálogo para que en las fiestas patronales las verbenas sean al menos en 50 % en gallego y que pongan "especial énfasis para que las liturgias religiosas sean en lengua gallega”, además reclama que "en el momento de la Consagración de la Misa se interprete el Himno Gallego".
Lo dicho, nueva legislatura socialista y viejos y dañinos errores.


Miguel Barrachina, diputado nacional del PP
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