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.......................................Alberto Acereda, director de Diario de América.............
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Otra derrota para Obama

El triunfo de Hillary Clinton en Virginia Oeste la noche del martes prueba el caos electoral en el que sigue sumido el Partido Demócrata en estas primarias. Que Obama iba a perder en ese estado era algo ya esperado, incluso por el amplio margen dado que ha alcanzado los más de cuarenta puntos porcentuales. Se trata de otra derrota para Obama, igual que la que se cuece ya en la primaria de Kentucky el próximo martes. Aun así, Obama tiene casi asegurada la nominación Demócrata por la ventaja acumulada, en parte lograda gracias a los errores pasados de la Clinton y, sobre todo, gracias a la agitación y propaganda mediática enarbolada en favor de su candidatura en estos meses. A todo eso se ha unido también la amplia maquinaria de maquillaje puesta en escena para aupar a un candidato de color como Obama, con más que dudosas credenciales para alcanzar la presidencia. Pero ahí está.
El destino mesiánico dispuesto teatralmente en torno al novato senador Obama se apoya en una vaguedad utópica calificada como “cambio” que, si bien podrá ser suficiente para alcanzar la nominación Demócrata en Denver el próximo agosto, no puede esconder los muchos problemas de cara a las generales. El primero de ellos radica en la imposibilidad de Obama por hacerse con los votos de la clase trabajadora norteamericana, y menos aún de las comunidades blancas, como reflejan las últimas primarias en la zona de los Apalaches. La excusa para ello, lanzada por varios grupos mediáticos favorables a Obama, se apoya en la supuesta condición poco letrada de dichos votantes sureños, en otro insulto más sólo permisible a los obamitas de turno, aunque jamás al resto.
La Clinton -como millones de votantes- sabe bien que ella está mejor preparada que Obama para afrontar las generales y que la imposibilidad de Obama para ganar votos tradicionalmente Demócratas resulta más que peligrosa para su partido de cara a noviembre. Pero la demagogia de Obama y la urgencia de la izquierda norteamericana por ubicarlo en la Casa Blanca están ganando la batalla en el seno del Partido Demócrata. Cuando la Clinton hizo mención a la cuestión del voto blanco hace unos días, los cazafantasmas mediáticos de Obama "que son casi todos en la progresía norteamericana- tardaron muy poco en saltar a la captura de la ex primera dama. Pero más allá de esas batallas raciales -y racistas-, típicas de los Demócratas como herencia de su pasado segregacionista, la verdad es que Obama es incapaz de ganar votos en un estado como Virginia Oeste. Y lo que ocurre es que estados como éste resultan claves para las presidenciales de noviembre, al igual que otros estados "Florida, por ejemplo- donde Obama perdió también ante la Clinton.
La prueba de esa incapacidad por parte de Obama de generar dividendos electorales contundentes de cara al próximo 4 de noviembre es que el mismo día de estas primarias en Virginia Oeste, y a sólo una semana de las de Kentucky, Obama suspendió un acto en Lexington (Kentucky) y se fue al pueblito de Cape Girardeau (Missouri) para llamar la atención mediática e intentar disimular el desastre que se le venía encima esa noche de martes de primarias. Cape Girardeau es el lugar de nacimiento del comentarista radiofónico más famoso de Estados Unidos: Rush Limbaugh, un conservador que pone cada día en evidencia la farsa de corsé y etiqueta llamada Barack Obama. La táctica de despiste de la campaña de éste, sin embargo, no ha podido esconder del todo su grave derrota, aparte de que no ha funcionado por dos razones: porque Obama ha perdido escandalosamente en Virginia Oeste y porque es más que dudoso que de Cape Girardeau" arraigadamente conservador- el mágico senador haya podido obtener simpatía o voto alguno.
A menos de tres semanas para el fin de las primarias, en fin, Obama tiene casi matemáticamente ganada la nominación, pero la paliza recibida en Virginia Oeste, como antes en otros estados claves, verifican la debilidad de su candidatura, pese a lo que los medios quieran contar. La Clinton intentará poner de nuevo en juego los estados de Florida y Michigan, pero su barca "pese a la gran victoria de Virginia Oeste- parece varada entre las arenas de las envidias y traiciones del Partido Demócrata. Ante estos resultados, el auténtico ganador de la noche del martes ha sido John McCain que, sin hacer nada, contempla cómo sus dos oponentes son incapaces de dar la estocada final a estas primarias. Lo malo para los Republicanos, y para McCain, sin embargo, es que en pocos meses son ya tres las plazas donde habitualmente ganaban sus congresistas que han pasado ya a manos de los Demócratas en elecciones especiales. Y esa es una mala señal para noviembre, gane quien gane al final la presidencia.
Feliz Día de la Madre

En Estados Unidos, como en muchos países del mundo, este segundo domingo de mayo celebramos el “Día de la Madre”. El recuerdo oficial de esta festividad tiene lugar en más de cuarenta países del planeta, en diversas fechas, formas y maneras. Desde las viejas civilizaciones y por vía de muchas de las antiguas religiones, la gran madre fue siempre un objeto de culto y reconocimiento. En Occidente nos remontamos a las fiestas primaverales de la antigua Grecia, cuando Rea era celebrada como la gran madre de los dioses, de Júpiter, de Neptuno, de Plutón. Conforme el sentimiento cristiano se fue extendiendo por todo Occidente, por Europa y por las Américas, se comenzó a honrar también a la "Madre Iglesia", como poder espiritual que daba vida y que protegía de todo mal al pueblo. Poco a poco, la festividad de la Iglesia se combinó con diversas celebraciones populares, como el "Mothering Sunday" para las sirvientas en la Inglaterra del siglo XVII, o como el “Mother´s Day” en Estados Unidos, celebrado oficialmente desde inicios del siglo XX cada segundo domingo de mayo. En España, el arraigado y sano catolicismo popular coincidió también con ese mes de Mayo, mes de María, mes de lirios y azaleas para la madre de Cristo.
El Día de la Madre es una de esas pocas fechas que salta por encima de particularidades nacionales, de políticas baratas o de oportunismos ideológicos. Todos tenemos una madre y, en la inmensa mayoría de los casos, todos la recordamos con profundo amor y con cariño. En esta fecha, la figura del padre se hace a un lado para honrar como se merece todo el esplendor de la mujer, en su más alta belleza, en su maternidad, en su juventud y en su vejez. En la distancia del espacio o del tiempo, el dicho popular de que “madre sólo hay una” se concreta en este día para hacerse más real y verdadero. Ese sentimiento es el que este fin de semana de mayo recordamos los norteamericanos y lo que, la semana pasada, recordaron también muchos españoles. El Día de la Madre constituye el reconocimiento de cada individuo y de cada sociedad de la importancia capital de la figura maternal: su don único y sagrado de generar, proteger y dar luz a la joya que es toda vida humana. En estos tiempos de relativismo cultural y bancarrota moral, este Día de la Madre debe a todos traernos nuestro particular recuerdo personal de aquella mujer y aquella madre a quien, por gracia divina, debemos la razón de nuestra vida y de nuestra existencia.
Nadie puede ser ajeno hoy al peligroso estado en el que se halla la maternidad en Occidente, con descendientes tasas de natalidad y con el escaso y a veces nulo esfuerzo de gobiernos y sociedades enteras por generar una auténtica cultura en defensa de la vida humana. Es precisamente en la protección y defensa de esa vida humana donde hoy cabe entender la razón misma para celebrar nuestra presencia en el mundo gracias a la figura de la madre y como evocación de aquella nuestra infancia. Nuestras historias personales, ya lo sabemos, son siempre distintas y apuntan a recuerdos, sonrisas, gestos y también a llantos, tiempos todos sellados en antiguas fotografías y en imborrables recuerdos para la eternidad. En el fondo de todos nosotros late siempre la llamada de la vida y del origen, de la madre de ayer y la de hoy, allá donde se encuentre. Para que siga habiendo madres y más días de la madre, valgan estas líneas de recuerdo y homenaje para todas las madres del mundo. Para la mía, si me lo permiten, va hoy un beso y un abrazo desde aquí y a través de las olas, el mismo beso y el mismo abrazo de entonces...
McCain debe aprovechar el caos Demócrata

El último debate televisado en Filadelfia anunció ya el desvarío político y personal en el que estaba entrando Barack Obama. Su actitud ante ciertas preguntas del debate y su quejica reacción posterior auguraba ya mal futuro. Aquellos síntomas se han presentado ya como enfermedad en las últimas primarias de Pennsylvania, ganadas por la Clinton a pulso y como confirmación de su derecho a seguir en campaña, pese a los que quieren echarla. Los diez estados más poblados de Estados Unidos son California, Florida, Michigan, Texas, Nueva York, Ohio, Pennsylvania, Illinois, Georgia y Carolina del Norte. Entre todos suman más de la mitad de la población norteamericana. Obama sólo ha podido ganar en dos de ellos –uno siendo su propio estado de Illinois-y está por ver aún si ganará en Carolina del Norte.
Lo visto en las últimas semanas en estas primarias Demócratas confirma que el aparente resfriado se ha hecho ya gripe en plena primavera anunciando el caos que recorre a día de hoy en el corazón del Partido Demócrata. Sin un candidato asegurado, con Obama expuesto en su mediocridad e incompetencia al faltarle el teleprómpter con el que leer sus discursos y con la artificial e inventada condición semi-mesiánica puesta al descubierto, la Clinton ha vuelto a escena. Será difícil quitarle la nominación a Obama, pero con los Clinton nunca se sabe y con los Demócratas, tampoco. Los ataques desde San Francisco a los supuestos amargados pueblerinos y devotos de Pennsylvania le han pasado justa y dura factura a Obama. Y lo mismo aquellos siniestros lazos fraternales con el reverendo Wright y el dinamitero Ayers.
Cierto es que la Clinton tampoco convence al electorado y en esas decenas de delegados que separan a uno y a otro aspirante se halla una distancia que tardará aún varias semanas más en clarificarse por parte de los superdelegados, asunto que preocupa mucho a la camarilla de Howard Dean, sobre todo porque verifica la incompetencia de los dos aspirantes en liza. Entretanto y sin apenas despeinarse, McCain tiene ahora mismo la carrera presidencial muy bien orientada. Si no comete errores, podría derrotar sin dificultad a cualquiera de estos dos chapuzas, versión Demócrata de Pepe Gotera y Otilio, mediocres a domicilio. Pero más allá de lo que pase en las nueve primarias restantes, la cuestión no radica ya tanto en saber quién será el candidato de los Demócratas.
Lo importante ahora mismo es conocer si realmente McCain será capaz -en caso de ganar- de ser un Presidente que no se doblegue a la más que posible mayoría Demócrata en las dos cámaras del Congreso. Porque a día de hoy parece que, paradójicamente, los Demócratas aumentarán su mayoría en la Cámara de Representantes y aun en el Senado. De alcanzar éstos de cinco a siete senadores más, la mayoría necesaria de sesenta votos en el Senado se pondría del lado Demócrata y haría de McCain un presidente con escaso poder de maniobra. Ante eso, de poco valdrían las nominaciones de jueces, los planes fiscales y otras tantas promesas electorales. Por eso importa tanto que, desde ahora mismo, McCain y los Republicanos aprovechen el caos de sus oponentes. Y, sobre todo, que no le pierdan la cara a los principios y valores que definen de verdad a la derecha conservadora norteamericana. Sí, la de Reagan.
Benedicto XVI eclipsa las primarias

El viaje del Papa Benedicto XVI a Estados Unidos ha servido para certificar varias cosas: la primera, que estamos ante uno de los más grandes pontífices de la historia de la Iglesia. Su presencia en la vida norteamericana a lo largo de esta semana se ha dejado notar en mucha mayor medida que lo visto en pasados viajes papales, incluido el de Juan Pablo II. Los actos, intervenciones y misas celebradas al hilo de su viaje, retransmitidos por las grandes cadenas de radio y televisión nacionales norteamericanas, dan cuenta del gran impacto de su viaje en el seno de la comunidad estadounidense, y no sólo de la católica.
Este fin de semana, a sólo dos días de las importantes y claves primarias electorales de Pennsylvania, Benedicto XVI ha seguido ocupando la primera plana en todas las informaciones. La emotiva misa final en el Yankee Stadium de Nueva York refleja la importancia de Benedicto XVI para un pueblo como el norteamericano que siempre miró con ciertas dudas a Roma. En la Casa Blanca, Benedicto XVI acertó al señalar que la búsqueda de la libertad en Estados Unidos se guió por la convicción de que los principios que gobiernan la vida política y social están íntimamente relacionados con un orden moral, sobre la base de la señoría de Dios Creador.
La historia norteamericana verifica cómo la democracia sólo puede florecer cuando los líderes políticos y sus representados son guiados por la verdad, que nace de firmes principios morales y también religiosos. En la Asamblea General de Naciones Unidas, Benedicto XVI no dudó en reconocer el papel superior que desempeñan las reglas y las estructuras intrínsecamente ordenadas para promover y defender la libertad humana. Además de reconocer el carácter sagrado de la vida, Benedicto XVI apuntó cómo los derechos asociados con la religión necesitan protección, en especial si se los considera en conflicto con la ideología secular predominante o con posiciones de una mayoría religiosa de naturaleza exclusiva. En la misa final en el Yankee Stadium de Nueva York, Benedicto XVI nos recordó cómo en doscientos años la Iglesia Católica en Estados Unidos se ha ido edificando en la fidelidad a los dos mandamientos del amor a Dios y del amor al prójimo. Desde la elevación de la primera diócesis estadounidense en Baltimore, a la Archidiócesis metropolitana, y la fundación de las sedes de Nueva York, Boston, Filadelfia y Louisville, hoy no cabe ya duda del importante papel del catolicismo en Estados Unidos. Unas horas antes, en la Zona Cero, el Papa rezó ante el recuerdo de los ataques terroristas del 11-S. Cuando un agente de la policía, disminuido físicamente tras aquel atentado, se le acercó a besarle el anillo arrodillándose, Benedicto XVI lo levantó emocionado y lo acogió en un gesto que –como tantos otros en esta visita- definen la figura de un hombre bueno, necesario para una época de peligroso relativismo moral.
Los norteamericanos, como millones de personas por todo el mundo, estamos sedientos de una figura que una a cuantos creemos en la libertad, más allá de etiquetas ideológicas o políticas. Benedicto XVI nos ha enseñado estos días, sin necesidad de decirlo, que el mensaje del catolicismo y de toda la familia hermana judeocristiana trasciende lo meramente religioso y se convierte en una actitud ante la vida tras los pasos de la divinidad. Ante una figura como la de Benedicto XVI, la sucia batalla política a la que asistimos cada día (sobre todo en este tiempo electoral de primarias y presidenciales) sólo puede observarse como un efímero charco de inmundicia, en especial si lo comparamos con el limpio mensaje espiritual, antropológico y humanístico que transpiran las palabras pronunciadas estos días por Benedicto XVI. Su presencia ha eclipsado, sin duda, las primarias. Su liderazgo espiritual y moral supera con creces las bajezas humanas y mundanas de quienes hacen de la política una mera forma secular de la existencia.
El último debate de los Obillary

Con el debate celebrado el miércoles por la noche en Filadelfia entre Obama y la Clinton se pone el telón final a los debates nacionales de estas primarias norteamericanas. Esta vez no ha habido palmaditas al hombro entre los aspirantes Demócratas, porque el dúo "Obillary" ha salido bastante escaldado de algunas inesperadas preguntas, sobre todo Obama, quien hasta ahora salía siempre de rositas de estos debates. Anoche ya no. A menos de una semana para una primaria tan importante como la de Pennsylvania, la Clinton saltó a escena con el cuchillo afilado y aprovechó en lo que pudo. Hubo más que tensión en un debate donde la imagen dada por este dúo dinámico no es, desde luego, la que espera el votante norteamericano. Los moderadores de la cadena ABC acertaron en sus preguntas, pero ya en la corte de Obama se quejan que uno de ellos fue un antiguo asesor de Bill Clinton...
El debate de anoche apuntó varias de las cosas que aquí venimos señalando sobre las polémicas suscitadas por uno y otro senador. Es por ello que Obama se vio contra las cuerdas al ser preguntado sobre el famoso pastor racista Wright...-; de las lamentaciones de Jeremías, a Obama le preguntaron luego por su metedura de pata con lo del asunto de los “amargados” pueblerinos de Pennsylvania…; Obama se puso blanco… y así se fue pasando casi toda laprimera parte del debate. Lo mismo ocurrió con las preguntas sobre la más reciente polémica de Obama: la de su amistad con Bill Ayers, un antiguo miembro del grupo terrorista de los sesenta, conocido como el “Weather Underground”. Obama no sabía dónde meterse. Y también la Clinton... que cuando se empezaba a envalentonar, acabó también pillada en otra mentira al preguntársele sobre lo de Bosnia. La Clinton tuvo que volver a disculparse por haber mentido días atrás alegando falsamente que aterrizó en 1996 en Bosnia como primera dama bajo el fuego de unos francotiradores… Las varias cintas de video difundidas después demostraban todo lo contrario.
Total, que entre disculpas, excusas, aclaraciones, dimes y diretes… Obama yo, Hillary tú... se pasó el debate, sin ideas nuevas, sin propuestas sobre temas importantes. Los últimos sondeos de intención de voto muestran que más de la mitad de los estadounidenses tienen ya una opinión desfavorable de la Clinton, a la que juzgan como deshonesta e indigna de confianza. En el caso de Obama, las opiniones negativas llegan ya al 39%, o sea 9 puntos más que en el pasado enero. Aun así, es posible que le dé todavía para ganar la nominación, aunque la Clinton parece tener más segura la victoria en Pennsylvania.
En cualquier caso, la caída de confianza popular en estos dos aspirantes Demócratas se debe a que si antes el electorado sólo conocía las andanzas de la Clinton, ahora va ya conociendo mejor la verdadera cara de Obama. El dúo “Obillary” es el que luego anda por ahí hablando mal de Bush y criticando el bajo índice de aprobación en las encuestas del Presidente. Los Obillary sabrán, imaginamos, que Bush no se presenta a las elecciones…
Bobama y los amargados pueblerinos de Pennsylvania

Es seña de las izquierdas progresistas –no sólo en Europa, sino también en Estados Unidos- pensar que el ciudadano medio necesita a toda costa del gran papá Gobierno para sobrevivir. Barack (B)obama, calificado como el “most liberal Senator” en Washington (o sea el más giliprogre), no podía pensar distinto. Tarde o temprano, ya se sabía, Bobama tenía que mostrar su verdadera cara: la del perfecto idiota norteamericano, para seguir con la saga ya en el lado Demócrata. Nada mejor para ello que hacerlo en San Francisco, cuna de la progresía nómada con permiso y duelo del pobre de Asís. Para ello, este orbásmico Bobama –sacando sus años universitarios de Ivy League- dijo en un acto para recaudar fondos para su campaña que ciertos ciudadanos –en concreto los pueblerinos de Pennsylvania- eran unos amargados apegados a las armas, a la religión o la antipatía. Según Bobama, todo eso genera en esos frustrados y amargados pueblerinos sentimientos contra los que no son como ellos, la inmigración o el libre comercio.
A Bobama, que quiso ejercer de filósofo meapilas o de alquímico maestro con esas palabras, le han llovido ya tortas en la prensa… y eso que van con él… Al salir a la luz la cinta con las sandeces pronunciadas por el intrépido senador, éste ha querido arreglar las cosas matizando, aclarando y considerando… como siempre. Pero la cosa ya no cuela. A una semana de las primarias en Pennsylvania, la Clinton -necesitada de más errores de Bobama para poder ganar en algún sitio- tardó sólo unas horas en poner a caldo a su colega senador y afirmó que Pennsylvania no necesitaba un presidente que mirara a sus ciudadanos por encima del hombro. Según la Clinton, los votantes buscan a alguien que les apoye y luche con ellos, que trabaje duro por su futuro, su empleo y sus familias. No le falta razón a la Clinton, aunque oportunismo… tampoco, sobre todo tras ver los vericuetos de sus impuestos... En el bando republicano, un asesor de McCain –ya que éste parece estar de ejercicios espirituales- replicó que las declaraciones de Bobama eran reveladoras del elitismo y la condescendencia de éste con la clase trabajadora norteamericana y probaban su falta de sintonía con el ciudadano medio.
El episodio, en fin, es paradigmático para mostrar la verdadera idea que estos giliprogres Demócratas tienen de la ciudadanía. Hasta hacia bien poco los medios le habían dado a Bobama casi un cheque en blanco para decir lo que quisiera y como quisiera. Le habían estado pasando todo y sonriendo a cualquier cosa: a lo tonto y a lo más tonto, a lo racista y a lo vulgar. Lo hacían porque este figurón de la progresía había sabido montar en pocos meses toda una leyenda personal de negro sufriente, de pobre y de víctima mesiánica que venía ahora a solucionar el mundo con su audacia de la esperanza… Conforme han pasado los meses, hemos asistido a la realidad de que Bobama ni es negro, ni es pobre, ni es víctima de nada… La víctima es el pueblo americano, como esos “pueblerinos” de Pennsylvania, insultados por un oportunista sin logro político alguno que se cree ya estar sentado en la Casa Blanca.
Con todo, en el avispero de la idiotez en que se sume la progresía norteamericana defecada por el Partido Demócrata, a Bobama se le quiere perdonar todo. Por eso, a la vista de tanta metedura de pata, a pesar de tanta bobada de Bobama, a pesar de tanto pastor racista escondido y tanto mafioso de Chicago, por si parecería abrirse la remota posibilidad de que le mosca cojonera de la Clinton resucitara y tuviera opciones… los patriarcas de la culpa blanca, del apaciguamiento y del calentamiento global –o sea, Jimmy Carter y Al Gore- están ya punto de salir esta semana al rescate de Bobama. Como acaba de informar un fiable diario escocés, el ex-presidente que nos trajo a los ayatolás y el clérigo preñado de dióxido de carbono están ya preparando el tiro de gracia final contra la Hillary. Y otra vez, el mudo McCain ve cómo la última encuesta apunta que ha descontado los 10 puntos de ventaja que le llevaba el negro mágico Bobama en un hipotético enfrentamiento electoral entre ambos por la presidencia.
MC Cain y Zapatero en la Casa Blanca

El País aseguraba hace unas horas en su edición digital, como recogía LD puntualmente, que John McCain está dispuesto a cambiar la política de distanciamiento con el Gobierno español impuesta por George W. Bush desde hace cuatro años. McCain se declararía así partidario de normalizar plenamente las relaciones bilaterales y de que Zapatero fuera invitado a la Casa Blanca. Ante esta información, algunos se han llevado las manos a la cabeza. Los cuatro lectores que nos siguen recordarán que hace ya casi un mes escribimos aquí mismo sobre Zapatero y las elecciones norteamericanas. Ya entonces advertíamos que con Obama o con Hillary en la Casa Blanca, Zapatero sería recibido en Washington y que también, con McCain de Presidente, tal recibimiento sería bastante viable. Conociendo a las "Tres Gracias" que aspiran a la Casa Blanca, Zapatero tendrá posiblemente acceso a alguna que otra fotillo en el Rose Garden.
Con todo, esa posibilidad no resulta ser tal porque lo cuente ahora El País al hilo de unas palabras que el diario prisaico dice que McCain pronunció en un vuelo desde Tennessee a Arizona. La posibilidad es real y más que creíble por el carácter mismo de este político de apellido McCain: sí, ese candidato tibio y disidente que resulta ser Republicano sólo a medias y Conservador en nada y a quienes algunos “moderados” e “independientes” siguen promocionando y elevando a las alturas. En España también, incomprensiblemente. Porque McCain es el mal menor de esas "Tres Gracias" de aspirantes actuales a la Casa Blanca, pero nada más. Bien los sabemos quienes llevamos varios años sufriendo a McCain como uno de los dos senadores de nuestro estado de Arizona en Washington. Pero tal es la situación y no cabe llamarse a engaño en la actual y ruinosa oferta electoral que traen estas presidenciales de 2008 para la ciudadanía.
Aun así, McCain no debería olvidar la ofensa de Zapatero a la bandera de EEUU, la que nos representa a todos los norteamericanos, como bien supo ver Bush. McCain no debería tampoco perder de vista que fue Zapatero quien traicionó a EEUU retirando las tropas de Irak. George L. Argyros era entonces Embajador de EEUU en España. Hoy, curiosamente, aparece como asesor de McCain desde California, lo que confunde y complica todo aún más todavía… Finalmente, McCain debería saber también del fracaso económico de varias negociaciones ente EEUU y España que han afectado directamente a empresarios españoles y norteamericanos.
Cierto es que a la hora de escribir estas líneas la web oficial de John McCain no dice nada absolutamente de este asunto, nada sobre España y menos aún sobre Zapatero, ni siquiera en el área dedicada a las informaciones de prensa. Pero más allá de eso, más allá de la figura de McCain o lo que haga o deje de hacer, lo que está claro es que esta información de El País facilita una orquestada maniobra del socialismo desgobernante español –apoyado por el diario prisaico- para contrarrestar el aislamiento internacional de la España de Zapatero. Paradójicamente, es también la triste confirmación de que –contra lo que habían repetido Zapatero, De la Vega y Moratinos a los españoles- las relaciones de España con EEUU no son inmejorables, sino que están necesitadas de urgente recomposición.
Dios en América

El libro de Newt Gingrich en versión española "Descubra la fe de una nación" nos invita a recorrer Washington, D.C. Con ello, comprobamos cómo en el espacio público y urbano de la capital norteamericana se hallan constantes referencias religiosas, fuentes históricas de la libertad norteamericana. Gingrich prueba documentalmente cómo los padres fundadores de EEUU comprendieron que para mantener la libertad en una sociedad libre se necesitaba poseer una inclusiva y firme creencia en Dios.
Newt Gingrich es conocido en la política norteamericana como el diseñador del “Contrato con América” que llevó al Partido Republicano en 1994 a obtener la mayoría en el Congreso por primera vez en cuarenta años. Con el impulso dado por Gingrich como Presidente de la Cámara de Representantes, el Congreso aprobó la reforma de la asistencia social, el primer presupuesto balanceado en toda una generación y el primer recorte de impuestos en dieciséis años. Los más recientes esfuerzos de Newt Gingrich por mejorar la vida y la política norteamericana se reflejan en iniciativas personales de gran valor como “American Solutions” y “Plattform for the American People”, entre otras. A ello Gingrich une además un talento especial para comunicarse con lectores y oyentes y para publicar libros que, sobre un sólido conocimiento histórico, político y cultural, ayudan a entender mejor la grandeza de Estados Unidos y las posibilidades de futuro. Bastaría recordar aquí títulos que en su día fueron éxitos de venta como Contract with América, To Renew America, Winning the Future, Pearl Harbor y –el más reciente- Real Change.
Uno de los últimos libros de Gingrich es Rediscovering God in America, publicado en 2006 y que expone cómo los líderes históricos de Estados Unidos expresaron siempre una abierta y sincera devoción a Dios. Gingrich y su equipo tuvieron el acierto de elaborar una edición de este volumen en lengua española, cuyo resultado es Descubra la fe de una nación, del que pronto se lanzó también un apasionante DVD y un breve vídeo del mismo. Se trata de un libro escrito desde un ángulo histórico y no teológico. Su objetivo es descubrir la verdadera fuente histórica de la libertad norteamericana y valorar objetivamente cómo los padres fundadores de Estados Unidos comprendieron que para mantener la libertad en una sociedad libre se necesitaba poseer una firme creencia en el Creador que llamamos Dios y más allá de confesiones concretas. El papel divino en la historia de los primeros pasos para la creación de la nación estadounidense y en el desarrollo de la libertad de este país resulta incontestable, como bien prueba este volumen.
Tras una interesante introducción sobre la presencia de Dios como Creador y sus constantes referencias en el ámbito público de la nación norteamericana, Gingrich va desmenuzando en varios capítulos la realidad visible de referencias a lo divino en múltiples lugares claves de Estados Unidos. En los Archivos Nacionales, por ejemplo, se puede ver el documento original de la “Declaración de Independencia”, la misma que recoge la célebre frase que afirma que los hombres han sido “dotados por nuestro Creador de ciertos derechos inalienables”. Gingrich recorre varios monumentos de la capital norteamericana, como los dedicados a George Washington, a Thomas Jefferson, a Abraham Lincoln, al de los Veteranos de Vietnam y al Monumento de la Segunda Guerra Mundial. El libro nos invita también a realizar un recorrido por edificios fundamentales en el devenir histórico, político y cultural de la nación norteamericana. En todos ellos, Gingrich busca y encuentra la huella de Dios como testimonio de una nación creada sobre la idea divina: así, en edificios y espacios públicos urbanos como el Capitolio de Estados Unidos, la Corte Suprema, la Biblioteca del Congreso, el Edificio Ronald Reagan y hasta en la Casa Blanca o el Cementerio Nacional de Arlington. Este fascinante itinerario a pie por Washington, D.C., va acompañado de direcciones y mapas, imágenes seleccionadas de la gira y otros detalles que hacen de este volumen una pequeña obra maestra para leer con gusto. Paralelamente, la gira aquí explicada sirve para negar a todos cuanto desean eliminar a Dios de la historia de los Estados Unidos.
Este libro de Newt Gingrich ayuda a entender que el firme compromiso con la libertad religiosa resulta ser la piedra angular de la libertad estadounidense. Precisamente, quienes alcanzaron la costa Este de Estados Unidos allá en los primeros años del siglo XVII lo hicieron para poder practicar libremente sus creencias religiosas y huir de la falta de libertad y del absolutismo monárquico europeo. Ese afán de libertad fue el que trajo a los puritanos con su voluntad de crear una “ciudad asentada sobre un monte” que sería un faro de luz con su creencia religiosa y su piedad. A todo esto se unirían los peregrinos, los cuáqueros y los católicos. Es así cómo ya en la segunda mitad del siglo XVIII, los padres fundadores entendieron la importancia de diseñar una forma práctica de gobierno que permitiera a los grupos religiosos la libertad de expresión para pronunciar sus fuertes creencias en el ámbito público. Fue en ese marco histórico que Estados Unidos proclamó su Declaración de Independencia donde se afirmó bien alto que todos los hombres “son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; entre los que están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. Esta es la cláusula sobre la que Estados Unidos se forjó, con un rechazo al concepto de que el poder sólo proviene de Dios por medio del monarca y luego al pueblo.
Animado por ese texto plantado con claridad por Thomas Jefferson, llegaría así al primer presidente, George Washington, quien en su inauguración del 30 de abril de 1789, puso su mano derecha sobre la Biblia y después de hacer el Juramento agregó: “So Help Me God” (“Así me ayude Dios”). Luego se inclinó y besó la Biblia que estaba frente a él. Años después, Alexis de Tocqueville anotó en su perspicaz ensayo La Democracia en América (1835): “No sé si todos los estadounidenses tienen una fe sincera en su religión, porque ¿quién conocerá el corazón humano? No obstante, tengo la certeza de que sostienen la fe como elemento indispensable para el mantenimiento de las instituciones republicanas”. Casi un siglo después, también Abraham Lincoln supo ver que el nuevo nacimiento de la libertad de Estados Unidos requeriría que la nación buscara la fuente de sus libertades en el mismo lugar que lo había hecho antes de la Guerra Civil: bajo Dios.
Newt Gingrich prueba también en este libro con argumentos sólidos el implacable esfuerzo desarrollado por el progresismo secular de las izquierdas a fin de expulsar a Dios del ámbito público de Estados Unidos. Porque, debe señalarse, la idea de que la separación de Iglesia y Estado no aparece en ningún lugar de la Constitución de los Estados Unidos. El empeño por borrar a Dios de la sociedad se comprueba en la decisión de 2002 dictaminada por el Noveno Circuito de la Corte de Apelaciones de Estados Unidos citando que la frase “Under God” (“bajo Dios”) es inconstitucional cuando, de hecho, fue apoyada por más del noventa por ciento del pueblo estadounidense, con la firma del entonces presidente Eisenhower en 1954. Esta desafortunada decisión es paradigmática del ataque fundamental a la identidad estadounidense que valora que los derechos inalienables provienen de Dios. Gingrich argumenta con razón en su libro que reconocer a una nación “bajo Dios” es clave en un país como Estados Unidos que tiene tanta diversidad religiosa, sobre todo porque la frase trasciende cualquier fe o denominación y es, por tanto, inclusiva. La idea de una sociedad sin valores espirituales y religiosos que busca prohibir las referencias públicas a Dios y eliminar sistemáticamente todos los símbolos religiosos del ámbito público no se atiene a la voluntad de los padres fundadores, ni tampoco al talante de la gran mayoría de los norteamericanos desde ayer hasta nuestros días. Aun así, esa tradición y esos valores enraizados en la misma creación de este país aparecen rechazados por el catecismo de la progresía secular que vive entre las elites intelectuales, judiciales y mediáticas norteamericanas y que juzgan negativamente toda expresión religiosa. Este libro –Descubra la fe de una nación, es la mejor respuesta.
Newt Gingrich. Descubra la fe de una nación. Grupo Nelson, 2007.
Más pastorcillos para la telecomedia Demócrata

El caos ha cundido ya entre los dirigentes del Comité Nacional Demócrata (DNC), con Howard Dean a la cabeza, respecto al turbio estado de las primarias Demócratas. Tan nerviosos andan ya que el propio Dean ha pedido a los delegados y superdelegados que para el primero de julio se aclaren con la nominación y le den el nombre definitivo del candidato final –Obama o la Clinton- para evitar lío en la Convención de Denver. El nerviosismo no se debe tanto a que juzguen que McCain sea un candidato imbatible (que no lo es), ni tampoco a que las encuestas les sean ahora mismo desfavorables. Los nervios proceden de la cada vez más visible y caótica división entre los grupos internos de poder de la maquinaria Demócrata. Varios de sus políticos más conocidos –como el senador Patrick Leahy- ya han pedido públicamente a la Clinton que se retire de la carrera presidencial. La dama se niega y echa al ruedo a su rescate hasta a su hija Chelsea Clinton.
A los Demócratas les faltan todavía diez contiendas electorales y les queda por resolver lo que harán con los votos de Florida y Michigan ganados por Hillary. Pero más allá de los debates de poder internos entre los Demócratas, lo que sigue llamando poderosamente la atención es el lamentable espectáculo perpetuado por la segunda parte de la saga de reverendos y pastorcillos racistas. Tras el caso del pastor de Obama, y como la Clinton no podía ser menos que su oponente, a Hillary le ha salido ahora el apoyo de otro pastor racista de nombre James David Manning. Este pastorcillo -no venido de Belén, sino del barrio neoyorquino de Harlem y de laAtlah World Missionary Church- se dedica a sermonear sobre el asunto racial llamando a Obama de todo menos bonito, como se observa en este vídeo. Además de acusar a Obama de haber nacido pura basura humana no esconde su apoyo a la Clinton y sigue defendiendo sus insultos en posteriores entrevistas.
Para ampliar los episodios en esta telecomedia Demócrata de pastorcillos, y como Obama tampoco podía ser menos en esto de la actualidad, estos días pasados salió Obama con la patraña de quetenía decidido dejar la iglesia de no haberse jubilado su pastor, el Reverendo Jeremiah Wright (sí, el pastor racista del que dimos cuenta aquí días atrás). Las de Obama son falsas excusas. Falsas, tardías y peores aún cuando justo en estos días pasados también, el periodista Jeff Goldblatt publicó unas informaciones contrastadas con documentos públicos que prueban que el tal Reverendo Wright pasará el resto de su vida en cómoda jubilación y en una casa de lujo dentro de una urbanización privada en Chicago. El precio de la casa del supuesto humilde pastorcillo y devoto guía espiritual de Obama supera el millón y medio de dólares. Esto hace el Reverendo Wright, el mismo que se pasó una vida entera contándole al rebaño progre de su iglesia (y de ahí lo aprendió Obama y su esposa Michelle) de la imperante necesidad de evitar el clasismo que genera el capitalismo norteamericano: creación de los malvados hombres ricos y anglos.
En esta nueva entrega de la telecomedia Demócrata de pastorcillos, no cabe duda de que estos honestos y limpios Demócratas están haciendo un equipo ganador. No extraña que Howard Dean se tire de los pelos mirando a la Convención...
Alberto Acereda, director de Diario de América acereda@diariodeamerica.com
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